Comando G (La Batalla de los Planetas)

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1949
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Edición original: Top Cow Comics – agosto 2002 – septiembre 2003
Edición España: Planeta DeAgostini Comics – mayo – noviembre – 2004
Guión: Munier Sharrief, Alex Ross
Dibujo: Wilson Tortosa
Entintado: Wilson Tortosa,
Color: Shane Law, Udon
Portada: Alex Ross
Precio: 3-4 € (serie limitada de seis números en formato magacine de 48 páginas cada uno)

 

Avísenme si ya se la saben, pero ¿conocen aquella canción que dice Son cinco jóvenes de gran valor, que tienen una fuerza superior; son inseparables, son invencibles ¡son el Comando G! Si la respuesta a la pregunta es positiva, seguramente conocieron una serie de animación que TVE empezó a emitir en España en enero de 1980 y que respondía al nombre de La Batalla de los Planetas. El argumento venía recogido de forma resumida en otra de las canciones de la versión local del anime: entre galaxias hay una guerra; un comando defiende a la Tierra de invasores y se enfrenta con una organización, Spectra y los horrores que desencadena para hacerse con el control del planeta. Es el quinteto de guerreros adolescentes previamente mencionado el que compone ese Comando G que lucha contra ese despiadado enemigo extraterrestre. Una premisa atrayente y épica, si no fuera por un pequeño detalle: la guerra interestelar no existía.

Para explicar la singular paradoja que cierra el párrafo anterior, hay que retroceder un poco más en el tiempo y viajar al Japón de los años setenta. En el otoño de 1972, la productora Tatsunoko estrenaba la serie Gatchaman (科学忍者隊ガッチャマン Kagaku Ninjatai Gatchaman). Una traducción aproximada podría ser «equipo de ninjas científicos Gatchaman» y contaba las aventuras de cinco jóvenes adolescentes dotados de una doble identidad como súper-héroes que, bajo la dirección de un mentor adulto, combatían los ataques de una misteriosa organización terrorista, en sus intentos por controlar los recursos naturales del planeta. La serie fue concebida por el prematuramente fallecido Tatsuo Yoshida –fundador de la empresa- y presentaba desde el inicio muchos detalles atractivos. Para empezar, los diseños de los personajes protagonistas, probablemente los uniformes más afortunados e icónicos de cuantos se hayan visto en el área del súper-sentai. Cada uno de los ninjas-científicos tenían un ave referente y sus uniformes reflejaban ese vínculo. Para seguir, cada uno tenía además un vehículo individual más una potente nave de combate para los momentos de acción conjunta. Para continuar, el quinteto había sido entrenado por un mentor en una serie en un particular estilo de lucha, teniendo cada uno un campo de trabajo individual en el que destacar. Para terminar, la organización rival –empezando por su comandante de campo- mantenía una serie de secretos y sorpresas que acompañarían a la serie hasta su finalización, después de un centenar de episodios. El tono era ciertamente adulto y trataba temas que, aún hoy, soy objeto de debate: el aprovechamiento de los recursos naturales, la contaminación, el uso responsable de la tecnología, la identidad sexual… son solo un par de ejemplos de cuantos poblaban una serie caracterizada por su naturaleza episódica pero que contaba con varias tramas secundarias dotadas de continuidad. El carácter comprometido de ciertas temáticas, la presencia de una cierta carga de violencia y el tono oscuro de la historia completaban un producto llamado a convertirse en referente del género y franquicia de larga duración.

Un breve salto espacio-temporal y nos plantamos en los Estados Unidos, en 1978. Es en ese año cuando la compañía norteamericana Sandy Frank Syndication se hace con los derechos de Gatchaman. El ejercicio de esta adquisición no será una mera traducción y doblaje del original, sino un profundo lavado de cara, para convertir un relato centrado en la Tierra en algo distinto. En el año anterior había visto la luz La guerra de las galaxias, por lo que la epopeya espacial estaba de moda. La decisión de la empresa yanqui fue reducir en una quinta parte el número de episodios, eliminando aquellos aspectos más «incómodos» como la transexualidad o la carga de violencia. El material original fue remontado para que la lucha entre los jóvenes ninjas científicos y la organización terrorista se convirtiera en un duelo entre las fuerzas de la Tierra –y sus aliados- y las perversas fuerzas del planeta Spectra, a la que se dio el título de Battle of the Planets (en una innegable maniobra para seguir arrimando el ascua de Lucas a la sardina propia). Para ello, se recurrió a un truco tan antiguo como cargante: la narración omnisciente. Además, como la película de éxito contaba con dos robots en el elenco protagonista, el papel de voz fuera de pantalla se otorgó a otro dúo de seres mecánicos que, desde unas instalaciones de control metidas con calzador –el Centro Neptuno- se encargaban de anunciar al equipo –rebautizado como G Force- la llegada de las amenazas de turno. El cubo con patas 7-Zark-7 y su perro mecánico Roberto-1 fueron el instrumento del que se valieron los avispados productores yanquis para introducir unas narraciones que reforzaban la premisa espacial de la serie. Para ello se encargaron nuevas animaciones para el Centro Neptuno y sus dos ocupantes, de calidad notoriamente inferior al original. Por si esto no fuera suficiente, estas adiciones introducían un tono cómico que no existía en el original y que contrastaba poderosamente con el tono más oscuro y adulto de la versión nipona. El material original seguía rezumando el espíritu que le había impreso su creador, y a poco que la audiencia tuviera el ojo bien abierto y una cierta edad podía darse cuenta de que aquellas adiciones no encajaban bien. Zark 7 y su chucho podían resultar simpáticos para un público no muy mayor –aunque quizá se les escapara el conato de cíber-ligoteo prehistórico que el primero se tenía con Susan, una computadora ubicada en Plutón-; sin embargo, una audiencia de más edad pronto acababa harta de aquel dúo metálico cuyos apuntes, chascarrillos y comentarios resultaban tan innecesarios como irritantes.

Battle of the Planets resultó ser un éxito que rápidamente se extendió por todo el mundo. A España llegó de la mano de TVE en la fecha indicada al inicio del presente artículo. Un doblaje de calidad –realizado por voces fácilmente reconocibles ahora y entonces- y una cabecera cantada por el grupo musical infantil de éxito –Parchís- convirtieron a la serie en uno de los éxitos de la temporada y un referente infantil para un público que veía en aquel producto una nueva versión de Mazinger Z. El hecho de que el producto original fuera un anime de los años setenta, tendía puentes entre el aspecto gráfico de los protagonistas de este y los que acompañaban al legendario robot luchador de Gô Nagai. Un científico bigotudo como mentor –igual que el Gennosuke Yumi del laboratorio de investigaciones foto-atómicas- y un oponente un tanto torpe de sexualidad confusa contribuían a unas semejanzas que se completaban con la existencia de un arma cuasi-invencible –la nave Fénix del Comando G- y su constante enfrentamiento con engendros mecánicos de gran tamaño enviados por / desde Spectra. Sin embargo, las adaptaciones a los distintos mercados hispano-parlantes derivaron en nuevos cambios en las denominaciones de personajes y organizaciones, añadiendo más madera a la guerra de confusiones, duplicidades y embrollos generada a partir de la adaptación de la productora Sandy Frank Syndication.

Aquí, la cabecera utilizada a partir del cuarto capítulo:

Y aquí, una interpretación de la otra canción alusiva a la serie, para una película protagonizada por Parchís:

Hechas pues las advertencias oportunas, pasemos a los personajes principales de la(s) series(s):

• G1 / Mark / Ace Goodheart / Ken Washio / Águila. Líder y comandante del equipo. De apariencia tranquila y tan competente como héroe como engañosamente frío. Un piloto sobresaliente.
• G2 / Jason / Dirk Daring / Jo Asakura / Cóndor. Segundo al mando. Expeditivo y contundente, tiene cierta tendencia a chocar con el líder del grupo. Un francotirador experto.
• G3 / Princesa / Agatha «Aggie» June / Jun / Cisne. Tercera del quinteto y única fémina del mismo. Elegante y letal, se convertirá a largo plazo en motivo adicional de tensiones entre los dos anteriores. Sus especialidades son la electrónica y los explositovs
• G4 / Keyop / Pee Wee / Jinpei / Golondrina. Cuarto miembro y benjamín del equipo. Su extremada juventud –más próximo a la niñez que a la adolescencia- le convierten en algo próximo al recurso cómico de la serie, así como un vehículo de identificación del público más joven que, no obstante, tenía preferencia por cualquiera de los tres precedentes.
• G5 / Tiny Harper / Hoot «Hooty» Owl / Ryü Nakanishi / Búho: Quinto integrante y piloto de la nave Fénix. Obeso y bonachón, su campechanía contrasta profundamente con la naturaleza expeditiva de G1 y G2 y con la elegancia de G3. Junto a G4, se encarga de las escenas más ligeras.
• Jefe Anderson / Doctor Benjamin Brighhead / Kozaburo Nambu-hakase: jefe científico del equipo, mentor de sus integrantes y tutor de aquellos en posición de orfandad. Su posición será análoga a la del profesor Yumi en Mazinger-Z, aunque en el original será el guardián de unos cuantos secretos que se irán revelando a lo largo del metraje de la serie original.
• Zoltar / Galactor / Berg Katse: lugarteniente de la organización Galactor / Spectra. Jefe de campo de las operaciones de su entidad, evoca por más de una razón al Barón Ashler de Mazinger-Z, no siendo la más importante su tendencia a meter la pata.

No están todos los que son, pero son los ejemplos de un elenco atractivo. Los héroes del quinteto tienen personalidades marcadas y diferencias, más allá de atuendos, aves rectoras o vehículos individuales. Todos los miembros son igualmente importantes y cada uno tiene ocasión de destacar, aunque la balanza se incline principalmente hacia G1. Su adversario principal, la cabeza visible de la organización terrorista / extraterrestre, es a su manera un personaje trágico. Las mutilaciones perpetradas en Estados Unidos no lograron eliminar estos atractivos.

Si pasamos a la parte de la acción, hay que añadir el enorme acierto que los animadores nipones tuvieron a la hora de diseñar tanto la nave principal –el Fénix- como los distintos mechas a los que debían enfrentarse. Además, aparte del vehículo principal, cada miembro del Comando G tenía su propio modo de transporte: un avión, un coche de carreras, un todoterreno y una motocicleta componían el parque móvil de un equipo joven, aunque sobradamente preparado.

Visto todo lo anterior, resulta comprensible que, ya fuera como Gatchaman, Comando G o Fuerza G, aquella serie resultara irresistible para la audiencia infantil y juvenil de los años setenta y ochenta. El hecho de que en su Japón natal haya habido varios productos derivados en la forma de series paródicas, OVAS o animes vagamente inspirados en el original. Puede que las modas ya no acepten los pelos largos, los pantalones de mil rayas o las camisetas con número del original, pero debo insistir en el detalle de que pocos uniformes tienen el atractivo de los que lucen esta panda. Aquí puede verse un ejemplo, en la forma del relanzamiento nipón de los años noventa:

Así las cosas, no resulta en modo alguno extraño que Alex Ross –que en sus ilustraciones deja patente su amor por los dibujos animados con los que creció- se embarcara en el proyecto de relanzar al Comando G en forma de maxi-serie de tebeos. Si además, tenemos en cuenta que a principios del milenio los Estados Unidos parecían inmersos en una fiebre nostálgica que echaba mano de los éxitos del pasado, parecía inevitable que Tiny, Keyop, Jason, Mark y Princesa tuvieran su oportunidad (como la estaban disfrutando He-Man y los Masters del Universo, las tortugas ninja, los Thundercats o los Cazafantasmas). El célebre ilustrador se encargaría de las portadas y del argumento, dejando el peso del proyecto a dos autores poco conocidos: el guionista Munier Sharrief y el dibujante filipino Wilson Tortosa. Juntos arrostrarían con la tarea de llevar al Comando G al siglo veintiuno.

La dificultad inicial del proyecto venía dada por la multiplicidad de versiones que circulaban por la memoria colectiva global. En el mercado estadounidense estaba presente el recuerdo de la falseada guerra estelar; en el latinoamericano había sido emitida una versión más próxima al original nipón, pero sin ser exactamente el mismo. ¿Tendríamos al equipo de ninjas científicos que luchaba en la Tierra contra una organización criminal? ¿Volveríamos a las andadas de una batalla interplanetaria falsificada? Y siendo así ¿tendríamos que soportar los chascarrillos metálicos de Zark 7, su chucho Roberto 1 y su cíber-novieta Susanita? Gracias a Dios, nada de esto último tuvo lugar y los autores decidieron ir a las exitosas raíces de la franquicia.

La maxiserie –que Planeta DeAgostini publicó aquí en seis números dobles- se utiliza como un vehículo perfecto para matar la nostalgia y para presentar a las nuevas generaciones a los personajes y su entorno. Dado que la versión escogida es la nipona, será la vieja guardia la que se vea un tanto sorprendida por la dureza de lo que van a encontrar en el tebeo. Gráficamente, Tortosa recrea muy bien con un estilo decididamente «amerimanga» el aspecto arquetípico de los personajes, tanto en su identidad civil como en la uniformada, lo que contrasta con el tono oscuro de la trama. Los personajes mantienen sus rasgos definitorios, aunque quien vuelva a ellos tendrá, insisto, la sensación de que son más desagradables de lo que recordaban. Por cuestiones evidentes, los nombres escogidos son los que introdujo la productora estadounidense, aunque el trasfondo sea el del original. La historia narrada tiene carácter fundacional, sentándose las bases del escenario en el que se va a desarrollar la misma: reunión del grupo; fricciones para que su funcionamiento sea óptimo; preparación, testeo y primera misión de la nave Fénix; plantado de misterios como la identidad de Zoltar, la conexión entre este y el mentor del Comando G o el origen del más joven de los miembros del equipo; uso moderado y en la sombra del elemento alienígena, para concluir en un climático enfrentamiento entre el grupo y las fuerzas de Spectra.

En resumidas cuentas, se trata de una maxi-serie pensada para jugar con el factor nostálgico e intentar captar a nuevas generaciones a una franquicia que siempre ha tenido potencial. Bajo este formato, el Comando G tuvo ocasión de tener un par de especiales en solitario para sus personajes más populares, amén de un par de encuentros con los Thundercats (otra serie animada del pasado que se relanzaba en esos años) y con Witchblade (producto marca de casa Top Cow). En Japón –que en los noventa había lanzado una nueva versión del equipo de ninjas científicos- se estrenó en 2013 una película de imagen real, con los conceptos esenciales del clásico:

En ese mismo año vería la luz Gatchaman Crowds, donde se renuncia a los aspectos definitorios del original y se limita a usar los conceptos de la doble identidad y la lucha contra una amenaza de reminiscencias alienígenas.

  Edición original: Top Cow Comics – agosto 2002 – septiembre 2003 Edición España: Planeta DeAgostini Comics – mayo – noviembre - 2004 Guión: Munier Sharrief, Alex Ross Dibujo: Wilson Tortosa Entintado: Wilson Tortosa, Color: Shane Law, Udon Portada: Alex Ross Precio: 3-4 € (serie limitada de seis números en…
Guión - 6.9
Dibujo - 7.8
Interés - 7.1

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billyboy
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billyboy

Recuerdo vagamente comando G, me pillo muy muy pequeño y eso que creo que tengo que ser una persona con una memoria portentosa por lo que recuerdo de mi infancia y lo poco que recuerdan de ella mis amigos (cosas de la guardería por ejemplo), en las autonómicas de mi región nunca terminaron la serie pero años después la continuaron en antena 3, el único problema que le veía era lo de siempre en el anime de la época, la lentitud con la que avanzada la trama, pero me impacto mucho el final

Aviso de Spoiler

no estaba acostumbrado a ver una serie de animación donde el protagonista muriese, creo que de esa época solo recuerdo el amargo final de “cierto anime de boxeo”

Igverni
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Gracias por tu artículo, Luis Javier. Excelente repaso, no conocia estas diferencias entre el original y el que llegó a España.

Muy de acuerdo en que los uniformes son perfectos y tras mas de 40 años no han envejecido nada.

Yo recuerdo disfrutarla en TVE, y detalles como la momia o el centipedo. Menudo abuelo!!

Ashler
Lector
Ashler

Gran articulo!

Ha despertado un montón de nostálgicos recuerdos inolvidables de mi infancia, como el de poner una y otra vez la cinta de parchís, con los temas de esta serie, en el coche camino al pueblo a pasar las vacaciones con mis padres y mi hermano.

Me han dado ganas de leerme los cómic que mencionas de Alex Ross y de ver el live-action nipón, que de este si que no tenia conocimiento.

Nippur
Lector

En Argentina, pudimos ver esta serie por primera vez en 1980, en la versión de Sandy Frank pero, por suerte, sin la canción de los Parchís