Cara de Luna, de Alejandro Jodorowsky y François Boucq

La isla Damanuestra es el grotesco escenario de una epopeya de liberación. El misterioso protagonista ejecuta un plan maestro que busca restablecer un frágil equilibrio natural.

Por
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Edición original: Face de Lune. Intégrales t01 y t02 (Éditions du Lombard. Noviembre, 2018 y abril, 2019)
Edición nacional/España: Cara de Luna. Norma Editorial. Octubre, 2020)
Guion: Alejandro Jodorowsky
Dibujo: François Boucq
Color: François Boucq, Claudine Pinet, Marie-Paule Alluard
Traducción: Enrique S. Abulí, Manel Domínguez
Formato: Cartoné, 312 páginas
Precio: 45€

Donde se nos habla de ovíparos, catedrales y maremotos

“¡Lo que está abajo tiene que alzarse, y lo que está arriba tiene que bajarse!”

La primera parte de la serie Cara de Luna, que podemos leer completa en este recopilatorio, nos recuerda poderosamente a algunos de los momentos más brillantes de la serie El Incal. Sus autores; el asombroso dibujante François Boucq y más en concreto el guionista común de ambas obras, Alejandro Jodorowsky, nos vuelven a sumergir en un universo dictatorial, opresivo, estratificado y al borde del colapso al que un insignificante elemento puede desequilibrar cual el aleteo de una mariposa. Tanto allí como aquí, unos outsiders emprenden una loca huida hacia a adelante que acabará poniendo en jaque el orden establecido y que acabará restaurando un cierto equilibrio universal. La gran diferencia con John Difool es que Cara de Luna – o borrado como lo llama cariñosamente Isha – sabe perfectamente lo que hace, tiene un plan maestro y lo ejecuta con la precisión de un relojero, con la pericia de un mago ilusionista. Y es quizás este aspecto lo que nos aleja un poco de la trama general de la serie; esta suficiencia de Cara de Luna nos quita algo de emoción, nos hurta el escalofrío de lo imprevisto y nos protege demasiado de lo peligroso.
Sin embargo toda la obra tiene numerosos puntos de interés, nos presenta grandes ideas y asistimos a momentos estelares que se manifiestan tanto gráficamente como argumentalmente.

Uno de ellos es la extraordinaria descripción que realizan los dos autores de todo tipo de dictaduras. Desde la junta militar argentina al régimen comunista de la RDA, desde el régimen franquista a la revolución cultural china, desde Pinochet a Pol Pot, desde el Estado de la Ciudad del Vaticano a… todos los totalitarismos están representados en la dictadura que oprime la isla de Damanuestra; un régimen que han llamado la República Democrática Ovárica. Por esto, el precario desequilibrio de fuerzas entre el liderazgo personal y omnipresente del Kondukator, protegido por un ejército de espías y soldados bobos, sustentado por una tecnología nocivamente ciega y controlado por el intrigante estamento eclesial son una perfecta metáfora de todos los autoritarismos desmesurados que han asolado la historia de la humanidad. La figura del enfermizo matrimonio – casi edípico – formado por el inestable Oscar Lazo y la venenosa Lili nos recuerda poderosamente la que formaron el matrimonio Ceaușescu que oprimió Rumanía durante más de veinte años y cuya caída – tan parecida a la de esta obra – significó el preludio del desmoronamiento del Bloque Comunista.
La República Democrática Ovárica es un sistema tan maduro, tan viciado, tan podrido que ante el mínimo desequilibrio, ante la mínima excitación sangra profusamente – como las dolorosas hemorroides de nuestro Kondukator – por lo que inexorablemente acaba exigiendo la inmediata eliminación del motivo de cada perturbación. Con el régimen autoritario de Damanuestra los autores nos ofrecen una precisa y exacta descripción del imperio del mal.

Otra magnífica idea es la presencia de una amenaza natural perpetua, en este caso las grandes olas de unos rítmicos maremotos que sirven al poder establecido para justificar su asfixiante opresión y que finalmente acaban castigando siempre a los más pobres, a los más libres y a los opositores. La forma en que Cara de Luna sortea esta amenaza es el primer indicio que tiene el régimen de lo peligroso que es para el sistema, de lo transgresor que resulta su mera existencia.

Y así mismo tenemos el travelling continuo de la primera parte de la obra. Esta escapada constante que emprenden Isha y Cara de Luna, que nos permite conocer hasta el último rincón de la isla de Damanuestra y que tanto nos recuerda a la revolución televisada que estalla en El Incal Negro y que tiene su apoteosis en El Incal Luz. Debido a circunstancias de la producción de aquella época los autores tuvieron que empezar la publicación seriada de Cara de Luna en (A Suivre) con un guion inacabado y muy pocas páginas de colchón por lo que su gestación se convirtió en una suerte de performance improvisada, en un proyecto de escritura automática de los que tanto admira el guionista chileno, que raramente resulta atractivo para el lector puesto que por muy rico que sea el inconsciente del artista siempre acaba recurriendo a los mismos temas, a los mismos giros argumentales, incluso a los mismos clichés.

La segunda parte, mucho más breve, nos describe un viaje iniciático, nos enseña con todo lujo de detalles el plan maestro de Cara de Luna y nos descubre la verdadera identidad de los componentes del pequeño grupo que devolverá la luz a la isla oprimida. El simbolismo deviene fundamental y la elección de una catedral como imagen alegórica de la futura liberación – por muy importante que fuera para la biografía de los dos autores – no resulta completamente adecuada; no es lo suficientemente universal por sus connotaciones históricas y culturales y por el pasado de sufrimiento y dolor que representó su construcción.

En el apartado gráfico la magia de François Boucq reina todopoderosa en toda la historia. Su estilo orgánico, hiperrealista y caricaturesco, al mismo tiempo, resulta ideal para encarnar y anclar a la realidad los delirios filosóficos, metafísicos y esotéricos del genial, pero irregular escritor chileno.

Su puesta en escena es majestuosa, espectacular y asombrosamente diáfana. La manera en que aborda los diferentes episodios de maremotos es casi temeraria, pero los resuelve con un dominio de la narrativa portentoso y un arte insólito, que nos sobrecoge hasta quitarnos el aliento y que recupera las splash-pages para lo que fueron concebidas; para sumergirnos completamente en la acción, para expresar la auténtica sensación de asombro, aquella que nos inunda cuando vemos al profesor Tournesol señalando un enorme cohete y preguntándole al capitán Haddock: “¿Esto es hacer el indio?” o cuando vemos a un surfista hirsuto y plateado volar sobre su tabla por los abigarrados tejados de Nueva York o, como aquí, cuando asistimos al grandioso espectáculo que nos ofrecen unas gigantescas olas marinas cuando asolan una isla diminuta y barren con su fuerza titánica todo lo que está indefenso en la superficie.
El artista de Lille plantea la división de sus páginas con un esquema de tres o cuatro tiras con un número variable de viñetas. Es una plantilla que modifica a conveniencia y que le sirve para los momentos más narrativos o los más reposados.

Su definición de los personajes es extraordinaria – como nos tiene acostumbrado en casi todas sus obras – y tanto los protagonistas como los secundarios acaban grabados en nuestra memoria por su personalidad y por sus rasgos físicos tan característicos, la mezcla de realismo sucio y caricatura los convierten en seres dotados de tanta vida que parecen salirse de la página. Una mención especial merece la encarnación del rostro del protagonista. La ausencia de rasgos definidos, salvo los ojos, supone un reto para el lector que debe lidiar con la presencia de un símbolo encarnado en una especie de mimo, ataviado con una especie de uniforme de colegial y con una permanente sonrisa davinciana que nos impide en todo momento saber lo que siente o lo que piensa. Su rostro es una máscara, una alegoría de la emancipación, un signo que significa libertad.
Otro aspecto fundamental de la obra es el inspiradísimo trabajo de diseño que un prodigioso François Boucq aborda para plasmar la realidad ficticia imaginada por el guionista de Juan Solo. El dibujante concibe un universo geográfico y cultural a medio camino entre las dictaduras comunistas del lado oriental del Telón de Acero, el nazismo, las abigarradas y desiguales repúblicas dictatoriales centroamericanas o un Estado Pontificio paranoico y ultra tecnificado, con resonancias lejanas a películas como Blade Runner o Alíen, el octavo pasajero y a la portentosa imaginación gráfica del ya implícitamente aludido Jean Giraud/Moebius. Los uniformes, los palacios y los centros de poder, barrocos y obsoletos contrastan con las dantescas cloacas de la urbe insular y con el folklorismo grotesco y enfermizo de los barrios de pescadores. El asqueroso burdel con una única y felliniana prostituta es una precisa y demoledora plasmación de una sociedad enferma, sin rumbo ni futuro. Además la poderosa iconografía religiosa del cristianismo, gestada durante siglos de dominación cultural aflora de una manera trasnochada y transgresora fundiendo católicos con ortodoxos, catedrales con Vírgenes Marías, mandorlas con huevos.

Como contraste a este claustrofóbico y bastardo contexto, la limpieza de la naturaleza supone un respiro a tanta degradación. El mar poderoso y salvaje, las pendientes de los montes suaves y frescas, el cielo claro e infinito o el desierto limpio y renovador están plasmados en todo su esplendor con toda su belleza. Una magnificencia que va más allá de su componente físico para convertirse en un elemento espiritual.
El coloreado corre a cargo del propio Boucq, eficazmente ayudado por Claudine Pinet y Marie-Paule Alluard en el segundo y tercer álbum respectivamente, y se caracteriza por el uso predominante del verde en su primera parte y por un tono apagado general donde también aparecen los violetas, los grises y naranjas. Es una paleta original y chocante que acentúa la sensación de estar visionando una película antigua, producida por las industrias cinematográficas oficiales de los países comunistas de mediados del siglo pasado, con un color trasnochado y demasiado pictórico.

En definitiva, todo el apartado gráfico consigue trascender y potenciar las intenciones críticas y mesiánicas del relato para aturdirnos con su contundencia narrativa y su magnificencia artística.

Queda para otro artículo el estudio pormenorizado de la sorprendente fortuna que don Alejandro Jodorowsky ha gozado respecto a sus socios dibujantes. La simple enumeración de algunos de ellos; Jean Giraud/Moebius, Juan Giménez, Georges Bess, Milo Manara, Das Pastoras y por supuesto François Boucq convierten al escritor franco-chileno en un auténtico privilegiado en este campo, aunque es de recibo suponer que su innegable talento y su manera libertaria y solidaria de trabajar habrán influido en esta situación.

El acabado técnico del libro a cargo de Norma Editorial es excelente. Este álbum tiene un tamaño generoso, las cubiertas son en cartoné, presenta un papel de calidad y una impresión sobresaliente que resalta todos los matices del color y nos proporciona detalles del arte hasta ahora inéditos. La edición cuenta además con dos extensos dosieres, sin firmar pero que uno de ellos sabemos que está escrito por Antoine Maurel, bien complementados por bocetos e ilustraciones que documentan el proceso creativo de la serie. El precio es elevado pero no abusivo teniendo en cuenta la calidad de la edición y que contiene el equivalente a tres o cuatro álbumes sencillos.

Cara de Luna de Alejandro Jodorowsky y François Boucq es una obra que nos atrapa por su ambiciosa premisa, por su frenético recorrido y por su realización gráfica casi insuperable. Lo endeble de su conclusión no invalida una gran serie que nos demuestra, una vez más, que lo importante de un viaje es su trayecto y no tanto su final, la meta. Citando al Gran Poeta, Cara de Luna nos vuelve a recordar una vez más que:

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar
”.

Proverbios y cantares XXIX
(Antonio Machado)

Salut!

Lo mejor

• El arte orgánico, único y asombroso de François Boucq.
• La excelente edición de Norma.

Lo peor

• Cierta sensación de Déjà Lu (Leído anteriormente)

Edición original: Face de Lune. Intégrales t01 y t02 (Éditions du Lombard. Noviembre, 2018 y abril, 2019) Edición nacional/España: Cara de Luna. Norma Editorial. Octubre, 2020) Guion: Alejandro Jodorowsky Dibujo: François Boucq Color: François Boucq, Claudine Pinet, Marie-Paule Alluard Traducción: Enrique S. Abulí, Manel Domínguez Formato: Cartoné, 312 páginas Precio:…
Guion - 8.5
Dibujo - 10
Interés - 9

9.2

Catedralicia

Una serie de las que ya no se hacen; libre espectacular y hermosa. Uno de los mejores trabajos de François Boucq y eso es…

Vosotros puntuáis: 8.78 ( 19 votos)
6 Comments
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Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
28 enero, 2021 15:00

Que barbaro lo de Jodorowsky. Como dicen, puede que empiece a repetirse pero tiene…91 años!!! Es como cuando alguien dice que Mc Cartney o Dylan repiten ideas…

Vielmehr
Vielmehr
Lector
En respuesta a  Dr Kadok
28 enero, 2021 15:26

Lo mismo parece ocurrir con Morrison, aunque no sé si el calvo pueda justificarse con la edad…

Dr Kadok
Dr Kadok
Lector
En respuesta a  Vielmehr
28 enero, 2021 17:59

Y mirá: los dos guionistas mas prestigiosos del momento de DC, Taylor y King, empezaron hace un par de años y sus obras salvo excepciones repiten temática y estilo muy estrechamente. La verdad que Alejandro se repita lo que quiera. Solo se me ocurre Moore como alguien que podia dar obras con temáticas y estilos muy, muy distintos en forma simultanea (como las que sacaba en ABC, o cuando hacia Que le pasó al hombre del mañana?, a la vez que Swamp Thing o Watchmen). Muy pocos. Y Morrison es otro, a mi me gusta el más psicotrópico metalingüistico, pero también tiene su costado clasicoide epico como en LJA.

Last edited 7 meses atrás by Dr Kadok
birdman
birdman
Lector
En respuesta a  Dr Kadok
29 enero, 2021 0:04

Esta obra no es reciente, tiene 15 años. Igualmente el Psicomago Chileno es muy superior a todos esos tipos que nombran, excepto el Chaman Barbudo de Northampton.

Vielmehr
Vielmehr
Lector
28 enero, 2021 15:26

A base de las reseñas que he leído, Jodorowsky parece el Morrison de la BD. Flipado, con sendos contactos y puede convencer a cualquier dibujante portentoso. Me guardo esta para la pila de pendientes.

Nippur
Nippur
Lector
28 enero, 2021 19:55

Dos autores muy interesantes aunque debo reconocer que lo que más me gusta de esta dupla es “Bouncer”