Capitán Britania

Por
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Davis/PaniniBest of MARVEL: CAPITÁN BRITANIA

Guión: Alan Moore
Dibujo: Alan Davis
Entintado: Alan Davis
Color: Helen Nally, Andy Seddon, Clara Mulvaney
Contiene: X-Men Archives: Captain Britain #2 al 7

Tomo 18 x 26,5 cms, tapa dura 208 páginas a color, PVP: 18 euros

Existe una historia. La historia de cómo el Capitán Britania dejó de ser el Capitán Huevón. De cómo un Alan se convirtió en Davis. De cómo el otro se convirtió en Moore. Se la conoce comúnmente como la Saga de Jaspers y ha sido recopilada este mismo año en los USA. Hace poco también Panini Comics la puso a disposición de los lectores españoles en su colección Best of Marvel, con nueva portada de Davis, nueva introducción de Alan Moore y recuperando una página que había quedado “traspapelada” en anteriores ediciones de la saga.

En sus inicios el Capitán Britania fue creado desde los Estados Unidos para el público inglés. Pero su uniforme rojo de faz cubierta presentaba una pega: el león rugiente de su pechera. Ese símbolo, aunque perteneciente a la heráldica, también era usado en el Reino Unido para identificar los huevos frescos. La mencionada circunstancia propiciaría embarazosas asociaciones de ideas para cualquier superhéroe que se precie. Como si al Capitán España que aparecerá en los Ultimates le hubieran puesto el toro de Osborne en medio del traje. No es de extrañar, pues, que cuando las nuevas aventuras de Brian Braddock empezaron a ser producidas desde Inglaterra y por autores ingleses, a principios de los ochenta, lo primero que se decidiera fuese cambiarle el traje. De esa tarea vino a ocuparse Alan cuando aún no era Davis.

Porque, de hecho, el Capitán Britania fue el primer trabajo como dibujante semiprofesional que conseguía este genial artista. Y es en esta colección, ayudado por los consejos de Paul Neary, donde se le vio crecer como narrador gráfico. Alan emprendió la tarea de rediseñar el traje del Capitán con empeño y, para la nueva indumentaria, se inspiró en el uniforme de la Guardia Montada de Buckingham Palace, en combinación con la bandera británica y un yelmo en lugar de máscara. Alan Davis demostraba, ya desde sus primeras historias, un talento natural para el dibujo, pero aún incipiente y muy lejos de la maestría de la que hace gala hoy en día.

Fue en esas historias titubeantes y primerizas, que no se incluyen en el presente recopilatorio y que fueron guionizadas por Dave Thorpe con abundante ingenio pero sin excesivo arte, donde Davis fue emergiendo como el autor que es en la actualidad. Y para cuando Alan Moore llegó a los guiones, en la saga que se nos presenta, Alan Davis ya era un dibujante a tener en cuenta. No tenía aún el dominio absoluto que demuestra hoy día a la hora de retratar la belleza de cuerpo y rostro en hombres y mujeres, pero ya controlaba con seguridad y ciertas dosis de magia la anatomía, los planos, las sombras y la composición de página. Así, pudo ponerse a disposición del argumento de Moore, colaborando también en él, para ofrecernos una historia épica.

Alan Moore se incorporó a la serie porque David Thorpe, el anterior guionista, había llevado su afición por las alegorías políticas un tanto demasiado lejos dando, en su guión para el capítulo Amigos y enemigos, una visión maniquea del conflicto del Ulster que Davis y la editora Bernie Jaye se verían obligados a eliminar de la versión definitiva de la historia. Y desde la llegada de Moore, en los números que ahora se reeditan, todo empezó a cambiar. Nuestro inspirado guionista tomó las referencias artúricas de la etapa americana del personaje y la imaginería de Lewis Carroll aportada por Thorpe y las refundió totalmente para crear algo nuevo, una larga y emocionante aventura de superhéroes penetrada y animada desde su interior por inquietantes sensaciones de terror y catástrofe. Una historia que les hizo, a él y a Davis, ser merecedores de varios premios Eagle. Uno de los pocos relatos que dejó acabados en su etapa inglesa y, quizás, uno de los más populares en ese momento. Y, por supuesto, uno de los principales logros que le llevarían hasta los Estados Unidos para convertirse en “el relojero” supremo, el guionista definitivo.

Tal vez, por la falta de pretensiones del argumento, algunos dirán que esta saga no es otra cosa que “literatura juvenil”. Como si eso fuese un demérito. Como si el hecho de que una historia sea simplemente inteligente, entretenida e impactante no tenga suficiente valor. Pero es que en realidad, aunque quisiera, Moore nunca puede dejar de ser Moore, a pesar de su increíble capacidad para cambiar de registros de unos tebeos a otros.

Y aunque la historia del Capitán Britania sea sencilla, los textos de apoyo que puntean la trama siempre mueven a la reflexión. Sobre la muerte y la vida, sobre la naturaleza del espíritu del hombre, sobre las relaciones humanas, sobre el destino, los duelos, la hipocresía de los poderosos, el deber que aterroriza y la lucha interior que desata.

Aunque la historia sea sencilla, no adolece de falta de imaginación, sátira, ironía, crudeza, guiños al lector, profundidad de sentimientos o eventos con fuerte carga significativa y simbólica.

Aunque la historia sea sencilla, no por ello Moore y Davis dejan de experimentar narrativamente durante el transcurso de la misma, ofreciéndonos abundantes muestras de su habilidad. Especialmente destacable me parece la presencia de un recurso escasamente utilizado en las distintas “artes narrativas”: el flash-forward. Mientras que en el flash-back se explica el pasado desde el presente, en el flash-forward lo que se narra, desde ese mismo presente, son los acontecimientos futuros. Así, en el capítulo Acción Ejecutiva, vemos como la voz en off del narrador se conjuga en futuro, a la vez que las imágenes nos van mostrando ese supuesto futuro como si fuera presente. En pocos sitios he podido ver un uso tan hábil y redondo del mencionado recurso y, aunque esa fuera la única virtud de este cómic – que no lo es – ya sólo por ello merecería formar parte de cualquier “tebeoteca” que se precie.

Y, acabamos, aunque la historia sea sencilla, contiene de manera clara muchos de los elementos y recursos que formarán parte del discurso de Moore de ahora en adelante. El celebre eslogan de Watchmen, “¿Quién vigila a los vigilantes?”, se convierte en el mundo del Loco Jaspers en el expeditivo lema “Si fueran honrados, no llevarían máscaras”. Y, como en Watchmen, también aquí aparece un mancillado smiley en el escenario de un crimen. La Inglaterra fascista de V de Vendetta puede contemplarse, a su vez, en ese Londres sometido a la ley marcial que se nos muestra en la serie a partir del capítulo Diálogos a la luz de una vela. Por otra parte, la Lección de anatomía, que hizo famoso al inglés en Swamp Thing, tiene su equivalente en el capítulo Un harapo, un hueso, un mechón de pelo, donde el Capitán Britania es recreado. Y, por encima de todo, la marcada tensión y suspense que siembra Moore al inicio de American Gothic, arco argumental también perteneciente a la serie de la Cosa del Pantano, es casi aún más patente en la Saga de Jaspers, convirtiéndose en una de sus mejores bazas.

Al principio de la historia vemos como el Capitán Britania es derrotado a manos de dos feroces e imponentes enemigos y, por causa de ello, perece una Tierra paralela a la nuestra. Ya desde ese momento, los lectores, sabemos que esos dos enemigos volverán, más poderosos incluso, para que el Capitán Britania libre con ellos una batalla que no es capaz de vencer, esta vez en nuestra misma Tierra como telón de fondo y con el destino de todo el Omniverso en juego. La emoción está servida, las piezas dispuestas con precisión, la amenaza se cierne y, a la altura de El Ruido y la Furia, todo se desata. Nosotros, espectadores atentos, tiempo ha que habremos quedado presos en la trama.

Esta reseña apareció por primera vez en la Panini Comic News nº 12

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“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.
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Goto Dengo
Goto Dengo
Lector
12 enero, 2013 16:49

Que recuerdos… fue el primer gran “tocho” que me compré; mi primer comic caro (hablo de la primera edición que hizo forum). En aquella época me parecía una barbaridad gastarme 1.995 ptas en un comic (lo he ido a buscar y no marca el precio, pero creo recordar que era lo que costaba), pero fue despues de leer Watchmen y Excalibur y al ver los dos Alan juntos no pude dejarlo escapar.

Y no me arrepentí. Es de lo mejor que he leído de Moore. Aunque comentes que es “juvenil” a mi hubo momentos en los que me transmitía miedo, y el momento en que uno de los personajes se hace las necesidades encima de miedo me dejó impresionado.

Lo recomiendo totalmente