Capitán América: Operación renacimiento

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Edición original: noviembre 1995 – septiembre 1996 -Marvel Comics
Edición España: 2010 – Panini Cómics
Guión: Mark Waid
Dibujo: Ron Garney, Pino Rinaldi
Entintado: Dennis Rodier, Mike Seller, Mike Manley
Portada: John Kalisz
Precio: 9,25 € (serie limitada de dos tomos en tapa blanda de la serie Marvel Gold

 

El formato paniniesco conocido como “Marvel Gold” ha sido el vehículo por el cual se han recuperado en España etapas, aventuras y sagas más o menos viejunas que tenían la condición de clásicos. En el caso que nos ocupa, la versión económica del sello recoge aquí una de las etapas más celebradas de la colección del Capitán América, que no es otra que la primera en la que Mark Waid y Ron Garney dirigieron los destinos del vengador abanderado.

A mediados de los noventa, Marvel arrastraba las consecuencias del estallido de la burbuja especulativa que había hinchado las cifras de ventas hasta niveles inusitados. Las que habían sido sus franquicias punteras –Spider-Man y los mutantes- afrontaban sucesivos macroeventos extendidos a lo largo de múltiples cabeceras con las que se intentaba saturar el mercado. A la hora de exponer la calidad media de aquellos tebeos (y los de buena parte de las editoriales estadounidenses) es más normal escuchar y leer denuestos que parabienes. Sin embargo, es de justicia reconocer que en aquellos años se firmaron bastantes trabajos que, a la larga, han superado esa prueba que marca el tiempo y que les ha permitido alcanzar la condición de clásicos. En esta línea se podrían incluir el Excalibur de Alan Davis, el Factor-X y El Increíble Hulk de Peter David, el Blackwulf de Glenn Herdling y Ángel Medina o el tebeo del que toca hablar aquí, en el que Mark Waid y Ron Garney demostraron que el Capitán América era un personaje que aún podía sorprender.

En la serie del Capi acababa de concluir la larguísima etapa comandada por Mark Gruenwald, que se había extendido a lo largo de una década y que, después de una historia como tan memorable como la saga de los capitanes, había entrado en un proceso de lenta decadencia en la que tuvo mucho que ver la elección de dibujantes de perfil alarmantemente bajo. Gruenwald, que durante todos aquellos años se había preocupado de construir en la colección un trasfondo y un elenco de secundarios que no tenía mucho que envidiar al de Spider-Man, se despidió de la colección dejando a Steve Rogers al borde de la muerte, cosa que su sucesor aprovecharía en su primer número para explicar qué significaba el Capitán América. A continuación, recuperó al personaje por medio de un giro argumental cuyas bases estaban plantadas en la etapa anterior e inicio una trepidante aventura en la que recuperaba a uno de los personajes emblemáticos de la historia del abanderado: Sharon Carter, la Agente 13. En opinión de Waid este personaje, que había sido compañera, aliada y amante del Capi, había sufrido una de las muertes más absurdas de la historia del tebeo (lo que en el campo de los empijamados no es poco decir). La explicación de su milagrosa supervivencia venía en un paquete junto con una actitud mucho más cínica y hostil hacia su antigua pareja de lo que el pobre Steve Rogers quería aguantar. El primer arco argumental, donde el Capi tuvo que hacer equipo a su pesar con Cráneo Rojo, sorprendió positiva y notablemente a una afición que pensaba que el abanderado estaba, creativamente hablando, más muerto que carracuca. Una aventura trepidante, llena de acción donde Waid demostraba nuevamente su habilidad para recuperar franquicias teóricamente agostadas como la de Flash y donde tuvo mucho que ver la presencia a los lápices de Ron Garney, un dibujante que venía de impresionar a la peña con su trabajo en Nightstalkers y que ofreció a un Capitán América dinámico, bizarro y carismático.

El segundo arco argumental, El hombre sin patria, resultó ser, afortunadamente, más de lo mismo y presentó a un Steve Rogers despojado de su uniforme, su escudo y su nacionalidad estadounidense. Lo primero ya le había sucedido en otras ocasiones; lo segundo era un torpedo en toda la línea de flotación. Otros cinco números en los que el Capi debía limpiar su nombre y en los que la afición se frotaba las manos pensando en lo que vendría después… que resultó ser Rob Liefeld. La maniobra conocida como Heroes Reborn supuso el abrupto final de este ciclo que apenas duró once números (de los que aquí están recopilados diez, ya que hay uno perteneciente a un olvidado y olvidable cruce con las otras colecciones vengativas llamado Primer signo). Mark Waid y Ron Garney volverían a contar las aventuras del Capitán América, pero ésa, como suele decirse siempre, es otra historia.

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samanosukeTiegelLuis Javier Capote PérezPedroKonshu Recent comment authors
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I love your hair
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I love your hair

Dios….¿¿Carracuca murió?? ¡¡Pero cómo fue eso!!!

Espaiderman
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Espaiderman

Maldita sea, Marvel también ha matado a Carracuca!!!??? Cómo te pasas, Quesada!

Khonshu
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Khonshu

Yo soy un gran defensor de Blackwulf, pero de ahía acompararlo con el Hulk de David o el Excalibur de Davis… En los 90 hubo algunas cosas más de muy buen nivel:
Los New Warriors de Nicieza, el Iron Man de Kaminski, el Ghost Rider de Mackie (antes de que se le fuera la bola), la Guardia del Infinito de Starlin, el Spiderman 2099 de David,  los Vengadores de Harras… y seguro que muchas más cosas que no me vienen ahora a la mente. Los 90 no fueron tan malos en realidad.

Pedro
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Pedro

Era Carracuca o tía May.

Tiegel
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Tiegel

Carracuca de la Tierra… Álzate!

samanosuke
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>Las que habían sido sus franquicias punteras –Spider-Man y los mutantes- afrontaban sucesivos macroeventos extendidos a lo largo de múltiples cabeceras con las que se intentaba saturar el mercado. A la hora de exponer la calidad media de aquellos tebeos (y los de buena parte de las editoriales estadounidenses) es más normal escuchar y leer denuestos que parabienes.
 
Vaya, esto me suena… Nos están haciendo ir en círculos…
 
Menos mal que siempre tenemos cosas como los Marvel Gold (genial de precio este Capi) y los próximos Extra Superhéroes para leer algo americano mainstream de calidad.