Fantasía Ficción
«¿Cuántas noches ha dormido Arturo Pendragon?»
Gracias a Panini, llega a nuestro país por sexta vez (dos de Zinco, una de Planeta y otras dos de ECC) una obra que en todo caso lo merece: Camelot 3000 de Mike W. Barr y Brian Bolland. Y en esta ocasión cargada de extras, entre introducción del propio Barr, portadas de Bolland con colores restaurados y notas y bocetos de ambos artistas.
Un relato que mezcla fantasía heroica con ciencia ficción, ilustrado con detallismo exacerbado. Una reinvención de los mitos Artúricos en un futuro distópico. Ante el peligro de una amenaza extraterrestre, Inglaterra necesita una vez más de su más insigne corte de caballeros. El Rey y Merlín renacerán, acompañados por las reencarnaciones de los más famosos de todos ellos.
La obra, publicada originalmente entre diciembre de 1982 (fecha de portada) y abril de 1985 (si os preguntáis como 12 números dan para tanto echadle la bronca a nuestro viejo amigo Bolland) supuso muchos riesgos para DC, tal como nos detalló con maestría Gustavo Higuero hace unos años (a ver cómo me las apaño para aportar algo nuevo.)

Recapitulemos; Primera maxiserie (12 números), primera venta directa (no retornable), primera en papel de alta calidad (baxter) y, para colmo, la primera serie USA en la que trabajó Bolland (sólo había hecho portadacas y complementos). También se puede considerar el primer paso significativo de DC hacia la originalidad y variabilidad, que terminaría siendo su propio sello distintivo frente a la Maravillosa competencia.
Barr tenía la idea en la cabeza desde el instituto, en 1976. Acababa de terminar un curso en literatura Artúrica y jugueteó con la idea de, si alguna vez tenía que volver el Rey Arturo, ¿por qué no en el futuro? Se guardó el concepto sabiendo que era goloso, pero que nunca podría venderlo como un novato.
Sin embargo, en los 80 ya trabajaba como freelancer para las dos grandes, así que se le brindaba la oportunidad perfecta. Probó primero en Marvel, ya que en aquel momento aún era la que ofrecía más posibilidades gracias a la línea Epic o con Marvel Preview, donde precisamente el editor Lynn Greame le recomendó hacerlo… pero la idea acabó cayendo de nuevo en el olvido.

Un año después era editor en DC y la editorial estaba precisamente buscando una historia para lanzar el formato de maxiserie. En una reunión con el director editorial Joe Orlando, el editor (a la postre de la obra) Len Wein y la jefa Jenette Kahn la idea no sólo pasó el visto bueno, sino que tras desechar nombres como Kirby o Simonson, Wein sugirió un dibujante británico recién llegado.
Bolland, encantado con la propuesta, recibió las ideas mucho antes que el guion y estuvo trabajando bocetos de todos los personajes, muchos más de Morgana, la cual le gustaba especialmente. De todos excepto Arturo, que precisamente terminó de perfilarse cuando recibió el guion completo del primer número. Los mitos se mezclaban con la realidad.
También fue Wein el que ayudó a Barr a alargar su historia hasta los 12 números, pues él la tenía pensada como algo más breve. Entre los dos construyeron el armazón situacional de la creación del grupo, el mundo del futuro, el peligro alienígena y hasta el enemigo principal. Además de eliminar de la ecuación cualquier relación con el resto del universo DC desde el principio.

Barr se basó principalmente en los trabajos de Thomas Mallory pero también cogió ideas aquí y allá, de T. H. White y Alfred Tenneyson. Lo que pocos sabemos es que por el mito pululan hasta 150 caballeros, así que el guionista eligió sólo 6 por simplificar (y ayudar a Bolland a no desfallecer) basándose en cómo encajaban en la historia o simplemente por la sonoridad de sus nombres.
El artista sin embargo no había leído nada de los mitos, pero aunque había visto las dos famosas películas del momento, Excalibur y Los Caballeros de la Mesa Cuadrada, no se basó en ninguna de ellas. Eran demasiado oscuras o sucias y él quería algo mucho más magno ¡Y vaya si lo consiguió! Su elegante estilo y sus diseños límpidos realzan la nobleza de los personajes.
Por cierto, no es por ello que Lancelot sea guapo. Barr sabía que el personaje clásico se hizo precisamente héroe para compensar su fealdad, y que su supuesta belleza es un mito moderno. Pero como resulta muy asentado, se consideró que resultaría difícil para el público si se cambiaba para la serie.

Lo que si le costó a Bolland es acostumbrarse al entintado de Bruce D. Patterson, por entonces un habitual de la Legion de Super-Héroes. Al principio sus lápices se excedieron en realismo para compensar, pero en cuanto vio la cantidad de trabajo que se podía quitar de en medio, la relación artística comenzó a fluir. Las tintas en todo caso pasarían a manos de un maestro como Terry Austin a partir del número 6 (aunque yo diría que Patterson era más fiel al original), tras una ayudita de Dick Giordano en el 5.
Los colores de Tatjana Wood, sin embargo, le parecieron que aplanaban su trabajo. Para un dibujante acostumbrado al blanco y negro, no se puede negar que los atractivos colores básicos del cómic estadounidense restaban volumen, aunque el trabajo de Wood es por otra parte acertado y correcto.
Detalles de un detallista aparte, la obra es un completo goce visual. Se puede tachar a Bolland de cierto estatismo en ocasiones, pero su narrativa no se resiente por ello. Para colmo sus diseños de página son rompedores y atrevidos, en pos, casi siempre, de engrandecer las figuras protagonistas.

Los rostros son enérgicos y reflejan un sinfín de sentimientos necesarios para el conflicto que requería Barr, que pese a marcarse una historia algo simplona (ahora discutiremos si lo es tanto), disfruta de poner a ciertos personajes entre la espada (nunca mejor dicho) y la pared.
Efectivamente, el guionista no se entretiene en un reflejo complicado de los Mitos, e igualmente nos explica poco de ese mundo futurista del siglo 31. Como hemos dicho se deshace de paja caballeril y va al Sota, Caballero y Rey. Los malos son malísimos y Arturo es intachable. Y los gobernantes de la tierra del futuro son tópicos personificados de racismos obsoletos.
Y sin embargo…
Tengo que admitir (y siento convertir la reseña en algo personal, pero tiene su razón) que, pese haberlo disfrutado como uno de mis guionistas favoritos de la infancia (sin saberlo), el Barr de mis revisiones adultas me resultaba algo simplista y naif en exceso (¡esos Outsiders!). Pese a completar ciertas colecciones que no pude disfrutar en aquellos tiempos con avidez, al releerlas perdían esa añorada sensación.

Fue con su Batman que comencé a ser consciente del valor de contar una historia de manera simple para acercarla a todos los públicos sin que pierda un ápice de fuerza. Tiene que haber cómics para todos, por supuesto. Pero los autores capaces de contar una historia llevándonos de la mano, da igual con qué florituras o la aparente falta de ellas lo hagan, valen su peso en oro.
Como saben otros críticos de esta página, no me estoy refiriendo a reiterar, considerar al lector por imbécil, subrayar lo obvio o maniqueísmos innecesarios. Al contrario, el talento reside en dejar los detalles justos que permiten entender el contexto sin abrumar, aprovechar los arquetipos que ayudan a encajar personalidades para perfilarlas con diálogos, o dar sentido a cada una de las viñetas aparentemente superfluas.
Nos guste más o menos la superficialidad de Barr, es innegable que domina ese arte. Llegar a todos los públicos simplifica sus historias, pero no les resta personalidad, entretenimiento y mucho menos interés. Y para colmo en este relato se atreve con complicaciones que aportan un jugosísimo extra.

Al final Arturo no es tan blanco, ni tan tonto, como lo pintan, y el eterno triángulo entre él, Ginebra y Lancelot no es ni ignorado ni perdonado, pero tampoco es negado egoístamente. Además de que Barr rebusca en uno de los puntos más oscuros de su trayectoria en los Mitos. Merlín sigue siendo tan misterioso como mandan los cánones y sus razones son tan grises como necesarias sus acciones.
Y está, cómo no, el juego con las personalidades previas a la reencarnación de los caballeros. Principalmente el del padre que se ve obligado a abandonar a su familia (aunque este sí que, como padre yo mismo, me parece que pasa demasiado de puntillas) y el famoso caso de Tristán, reencarnado en mujer.
En una primera relectura me pareció que todo el asunto era tratado con falta de tacto y sobrado machismo, pero en la última ocasión me ha parecido muy realista (¡hablamos de un caballero medieval!) y bien jugado, incluso resuelto de una manera bastante arriesgada y moderna.

Entre estos detalles y una trama que, pese a no tener vuelta de hoja, aporta misterios y giros de tuerca que consiguen mantener las ganas de lectura hasta el trepidante final, podemos decir que Barr pasa con nota… y que no es Bolland el único que ha conseguido mantener la obra como una de las más vendidas de la editorial con el paso de los años.
Entre ambos nos ofrecen un cuento redondo, una fantasía moderna, una distopía lo suficientemente edulcorada para disfrutarla a todas las edades. A la postre, una obra atemporal que no debería faltar en la biblioteca de ningún aficionado, ya sea un chaval ávido de aventuras o un humilde servidor, crítico con ínfulas de madurez.
Mecachis, si al final tendré que repasar los Outsiders…
Lo mejor
• El arte de Bolland
• La sugerente mezcla de géneros
Lo peor
• Cierta, aunque bienvenida, simplicidad









Ah! Bolland! El puto amo de las rayitas! Sólo por eso ya vale la pena el desembolso. Hija de su tiempo, eso sí, la obra cae en los simplismos y maniqueísmos que indicas, pero está llena de detalles imaginativos. Cómo la jodida Excalibur es capaz de hacer lo que hace en la batalla final es taaaan ochentero y taaaan imaginativo que se merece mis dieses.
Vaya, no sabía que Ecc la había sacado dos veces. Según he visto en tebeosfera la segunda fue en tamaño absolute, un poquito más grande que la de Planeta que es la que yo tengo.
En cuanto a la presente creo que deberíais informar de que se trata de una edición defectuosa en toda la tirada y que a día de hoy Panini no se ha decidido a retirarla ni ha indicado que vaya a realizar una edición corregida. Con lo cual sería mejor buscar alguna de las ediciones previas como las de Ecc que tienen papel estucado pero al menos no tiene varias páginas mal cortadas.
Estoy de acuerdo, Panini está cometiendo fallos graves de edición a la vez que ha subido los precios.
Está bien que nos quejemos un poco a ver si toman nota.
Yo de momento este lo dejo sin comprar.
El comic es un clasicazo, lo lei en la época de Zinco y le tenía ganas ahora.
¡Anda! Pues estaba yo pensando en sustituir mi ajada edición de Zinco por esta otra, pero ni de coña si tiene las páginas mal cortadas. Lo de las ediciones con errores de Panini se está convirtiendo en una fea costumbre. Supongo que lo de sacar 100 novedades al mes no ayuda a que su trabajo sea muy fino. Eso sí, mientras sigamos pasando por el aro, me temo que les resbalarán las quejas.
Yo lo tengo de la edición de Zinco en un mercadillo de comics de segunda mano. El que me lo vendió había forrado las tapas con el típico plástico de forrar libros y me quedo con esa edición. Peazo tebeo muy disfrutable y adelantado a si tiempo.
¿Dónde más la ha liado Panini?