Como la ilustración de la portada deja entrever,
Nadler y Cha nos ofrecen una historia que se aleja de los peores estereotipos del género al que pertenece, empezando por su original ambientación. Pocas veces vemos la Canadá rural del siglo XIX retrada en la cultura popular. Ambos autores se esmeran en acercarnos a los lectores a esa época, explicando la situación de los canadienses y mostrando pequeños detalles de la vida cotidiana en aquella zona, lo que es de agradecer. Quizás despierten el interés de algún lector por conocer más del pasado de los vecinos de Donald Trump. También en la elección de su protagoniosta se distancia


Pero por encima de todo, se prescinde de cualquier monstruo con forma de calamar u otro aspecto. El terror es mayoritariamente psicológico, como debería ser. Extraños sucesos, leyendas tétricas, parajes inhóspitos, noches que sumergen el mundo en el oscuridad más absoluta, gente muy rara… Nadler, Cha hacen uso eficaz de todos los recursos que les permite la ambientación de la serie, así como la pequeña mitología que se han inventado para la ocasión. Coordinando con atención los cuadros de narración con el dibujo, tarea para la que cuentan con el valioso apoyo del rotulista Hassan Otsmane-Elhaou, experto en la materia, saben aumentar la tensión gradualmente. Tensión que culmina con una escena final tan apasionante como intrigante.
No obstante, gran parte del debut de la serie gira en torno al drama familiar, que resulta igual de interesante que los elementos paranormales. Los diálogos de Nadler hacen creíble que una familia pueda volverse en contra de uno de sus miembros sin darse cuenta, que un ambiente familiar se convierta en una pesadilla tan aterradora como los oscuros secretos que moran en los gélidos bosques afuera. De este modo, consigue que simpaticemos, y mucho, con la protagonista antes de que entre en contacto con una realidad ajena a todo lo que conoce. Aunque si
Antes de terminar la reseña, quisiera expresar lo muy sorprendido que me ha dejado el dibujo. Nadler le pide mucho a Cha, quien pese a todas sus carencias, propias de un debutante, termina estando a la altura de las circunstancias. Cualquier perspectiva o expresión facial a la que falte pulido se olvida rápidamente mientras logre hacernos creer por unos instantes que estamos dentro del mundo de la serie, algo que indudablemente consigue. Y tampoco puedo olvidarme de mencionar la labor del colorista
En definitiva, me atrevería a decir que el comienzo de










