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Edición original: Comics en Gotham by Gaslight: An Alternate History of the Batman y Batman: Master of the Future (DC Comics, 1989 – 1991)
Edición nacional/España: DC Must-Have. Batman: Gotham a luz de gas (Panini Comics, 2025)
Guion: Brian Augustyn
Dibujo: Mike Mignola, Eduardo Barreto
Entintado: P- Craig Russell, Eduardo Barreto
Color: David Hornung, Stve Oliff
Traducción: Bárbara Azagra
Realización técnica: Estudio Fénix
Rotulación: Symmaceo, Kleiner Flug
Corrección: Enrique Acebes
Formato: Cartoné. 136 páginas. 19,00€

Verás otros mundos nacer

«Me llamo Jack»

Tras la txollada que supuso Crisis en Tierra Infinitas, DC quedó muy limpia, ordenadita, pulcra y… multiversalmente previsible.

Pero la cabra tira al monte, o el murciélago a Gotham. En la editorial se desarrolló un tic, un picorcito, como el que sufren las personas que tienen miembros amputados.

Había un picor, unas ganas, unas ansias donde antes estaba la locura de tierras paralelas de DC.

En los ochenta Brian Augustyn y Mark Waid desarrollaron una amistad basada en gustos comunes y afinidades. Trabajaban en despachos afines y de las miles de conversaciones que tuvieron, llegaron a la conclusión de que las historias de superhéroes se estaban agotando, al menos en su imaginación.

Waid sugirió un pequeño cambio que crearía mundos. Coger los personajes y cambiarlos de contexto radicalmente (época y lugar) y ver que surgía. Waid y Augustyn empezaron a especular, proyectar, proponer… hasta que Brian con un hilo de voz dijo “¿Y Batman en la época victoria enfrentándose a Jack el Destripador?”

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El caminito del crimen

A Waid le entusiasmó la idea, animó a su colega a desarrollarla y éste expuso las líneas principales en un par de folios para presentarla a Dick Giordano. La idea era que fuera en formato Anual, pero al editor le gustó tanto que decidió que saliera en formato prestigio. Rápidamente se pusieron en contacto con Mike Mignola para que fuera el dibujante, una estrella en ciernes. Este acababa de dibujar Cosmic Odissey para DC y se iba a Marvel para ilustrar a un tal Lobezno, o algo así.

Augustyn y Waid le explicaban las cosas a Mignola como por casualidad, a ver si le entusiasmaba el proyecto. Inicialmente el futuro creador de un tal Hellboy, o algo así, se mostraba reticente, pero poco a poco empezó a meter cucharada en las ideas de los guionistas… entonces se dio cuenta que estaba ya implicado en el proyecto, que no había vuelta atrás. Se convirtió en el dibujante.

Hasta aquí un pequeño resumen que salió en el Omnibus americano dedicado a esta obra y sus secuelas, y que Panini tiene a bien de incluir en esta edición.

Batman: Gotham a luz de gas fue el primer Elseworld, como tal, en DC, aunque no salió bajo el logo del sello. Eso fue a partir de la reedición. Pero sirve como bautizo de una de las ideas más prototípicamente deceítas de DC.

El tomo empieza con una intro del escritor Robert Bloch (Psicosis) que la redacta como si fuera una carta del propio Jack el Destripador. Desde el Infierno, se titula (sí, va por allí la cosa).

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Mignolismo

Yendo al tebeo, tenemos la historia de Bruce Wayne que vuelve de Europa a Gotham. Es como el regreso de Año Uno pero a finales del siglo XIX. Bruce regresa a la mansión donde le espera Alfred. Sus padres, como marca el canon, han sido asesinados por un atracador random (aunque luego veremos que no tan random, porque el mesianismo le da simbolismo a todo).

Poco a poco, la ciudad despierta pasmada ante una serie de hechos sorprendentes: La presencia de Jack el Destripador y Batman en la noche gothamita. ¿Son distintos? ¿Son la misma persona?

Augustyn escribe una ciudad asfixiante, sucia, oscura, corrupta, neblinosa. Porque nos dicen que es Gotham, porque uno piensa que se trata del Londres de Jack.

La atmosfera social también es agobiante, las consabidas tendencias políticas anti-Batman, el comisario pro-murciélago.

Todo se desarrolla en una trama sencilla, llena de detalles y guiños, que marcará la esencia de los elseworlds del futuro. Tenemos la iconografía y el contexto básico y esencial de Batman en la ciudad. Alfred, Gordon, el crimen original, Arkham… adaptado al nuevo escenario. Ahí está el encanto y la magia de los elseworlds, que más allá del juego establecen y señalan los signos de identidad básicos y esenciales de los personajes de DC.

La historia se resuelve de forma algo previsible, al menos a la vista de los lectores de hoy que tenemos igual una mirada demasiado escéptica, si no cínica, de los tebeos. En su momento se trató de un cómic top dentro de la bibliografía de Batman.

Un guion que está muy bien, muy de su época.

Pero la estrella de la función es un Mike Mignola que ya empezaba a depurar su estilo y a parecerse en lo que piensa uno cuando oye el nombre: Mike Mignola. Deja atrás el autor más impreciso y dubitativo de Odisea cósmica o Mundos de Krypton y se acerca al de Drácula o Hellboy. No es un punto medio, es más cercano a este segundo Mike Mignola.

Hablamos del paso de un buen dibujante a una superestrella.

Quizás ayude las condiciones de publicación de un prestigio o el género que mezcla el terror gótico con el de época. La cuestión es que Mignola está lanzado y se luce en unos escenarios hechos para él: mansiones, estatuas, callejones, niebla, terror, trajes decimonónicos…

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El autor se permite elementos narrativos creativos que ayudan a dar sensación de que nos encontramos ante un asesino metódico, maníaco y obsesivo.

El resultado es un elseworld clásico, entretenido, disfrutable, terrorífico… una colaboración de lujo que se disfruta en su relectura. Pero es difícil discernir el factor nostalgia de esa primera vez que vimos a Jack el Destripador aterrorizar Gotham.

El tebeo tuvo un éxito tal que se planificó una secuela con el mismo guionista y el dibujante uruguayo Eduardo Barreto. Panini incluye en el tomo estos dos Elseworldls a pesar de que el título da idea de que se trate solo del primero.

Batman y el maestro del futuro es una historia mucho más luminosa y alegre. Gotham ha dejado atrás el siglo XIX, el horror, la superstición, la bestialidad, la oscuridad que asola la razón… y se lanza hacia la luz, hacia una época de inventos y de progreso.

La ciudad acogerá la exposición universal como ejemplo de esta nueva era de esperanza en el futuro y la prosperidad.

Sin embargo, tenemos la aparición de un pirata francés, Le Roi que somete a Gotham a la amenaza y el chantaje.

Se trata de un villano más luminoso y frívolo, aunque igualmente letal, que ejemplifica el paso a unos años mucho menos irracionales, más festivos.

Augustyn aprovecha para mostrarnos como avanza Gotham, como evoluciona como ciudad nido del horror a crisol de maravillas.

Eduardo Barreto hace un trabajo notable y eficiente, de un marcado barroquismo, que nos trae a la mente trazas de John Buscema o José Luís García López. El uruguayo destaca por la capacidad de dar tridimensionalidad a los escenarios, de crear espacios detallados y completos. Son un contraste fuerte con la lectura del cómic actual (que gráficamente está a un nivel muy estimulante) donde los fondos son meros y tenues espejismos que se encuentran en la parte de “atrás” de los personajes, sin embargo, en los lápices de Barreto los protagonistas están dentro de los escenarios, están “rodeados” de la escena y del contexto.

Destaca también la cartelería, los trajes de época, los peinados y el ambiente. Muy detallados e integrados en una estética mucho más superheroica que en la primera parte.

Y ya que comparamos… (algo inevitable, claro)…

En el dibujo de Mignola vemos como predomina la atmosfera, los matices dentro de la oscuridad y la negrura (como los esquimales, pero al revés), mientras que en el de Barreto la fuerza está en el detalle y en la “puesta en escena” casi de escenario teatral.

La serie tuvo una continuidad (aparte de la que publica actualmente DC) que integró el universo de “Luz de Gas” en la continuidad DC en el evento Convergencia.

Este 2025 DC ha recuperado el sello elseworld a la manera tradicional, mediante la secuela de Caballeros Oscuros de Acero y ha continuado la saga de Lus de Gas con una nueva miniserie realizado por Andy Diggle y Leandro Fernández.

Si queréis profundizar en los elseworlds, no dejéis de escuchar nuestro podcast al respecto.

Lo mejor

Mignola.
• El recuerdo de una época dorada.

Lo peor

• La trama de la secuela.

ESCÚCHANOS EN NUESTRO PODCAST

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Alejandro Ugartondo
Autor
6 diciembre, 2025 12:29

No hay que olvidar que en esta obra a Mignola lo entinta P. Craig Russell, un artista con una gran personalidad gráfica, que encaja muy bien con los lápices del dibujante. A lo mejor, si Mignola se hubiera entintado a si mismo, tendríamos una obra visualmente más cercana a Hellboy.

En cuanto al guion, creo que Augustyn se luce más en el segundo que en el primero. En Luz de Gas la fuerza está en la presentación del contexto, pero el conjunto no deja de ser una revisitación de los elementos básicos de Batman, y el resto de la historia es bastante previsible. En cambio, en Amo del Futuro hay más desarrollo de personajes y la trama es más juguetona