Astro City: Álbum de familia

Alegres metaforas del auge y caída del sueño americano.

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Porque cuando pienso en París sólo tengo una cosa en la cabeza. —Cerró los ojos, pensativo—. Siempre veo el mismo callejón muy estrecho con casas altas a los dos lados. Es de noche, hace frío y llueve. Y no se ve a nadie, a excepción de un francés en la esquina con la gorra hundida hasta los ojos. —El joven miró inquieto la cara de su interlocutor—. ¿Cómo es posible que tenga esa sensación de nostalgia por un sitio en el que nunca he estado? ¿A usted qué le parece?


Carson McCullers, Los extranjeros

¿Qué es un recuerdo? Es la memoria azotada por las intermitencias proustianas del corazón. Es la interpretación, codificación y almacenamiento de los signos y las señales que asimilamos como parte de nuestra estrategia diaria de supervivencia dentro del mundo de los objetos terrenales. Es algo que no fue, no es y nunca será. Y sin embargo existe. La nostalgia viene a ser algo así como el sentimiento experimentado por lo que no fue, no es y nunca será. Astro City es un recuerdo teñido de nostalgia.

El comic-book americano se define por la historia de lo que nunca ha sido, y por los ataques subterráneos que han dinamitado su potencial de década en década. Es de sobra conocido que, tras la caza de brujas de la Era McCharthy, ciertas editoriales (entre ellas DC Comics) promovieron un mecanismo de autocensura que limitaba las posibilidades expresivas del medio. En la década de los 60, el potencial del comic como vehículo urderground quedó eclipsado por el triunfo del “kennedyman”. En los 90, el comic alternativo se convirtió (o fue convertido) en una retahíla de estampas nihilistas horriblemente escritas y dibujas. En la década presente, el comic independiente (el de verdad) ha sido fagocitado por empresas que, en líneas generales, imitan los esquemas conceptuales de las dos grandes.

Kurt Busiek lo sabe muy bien, e incluso podría llegar a argumentarse que las historias que componen este volumen están escritas en base a retazos de lo que nunca fue, no es y nunca será.

Una cuestión de familia.

Astro City: Álbum de familia

Edición original: Astro City vol. 2, núms 1 a 3 y 10 a 13 USA
Edición nacional/ España: Astro City: Álbum de familia (ECC Ediciones)
Guión: Kurt Busiek
Dibujo: Brent Anderson
Formato: Cartoné, 224 págs. A color.
Precio: 22,00 €

La primera historia contenida en este tercer libro de Astro City (y que viene precedida por un maravilloso prologo de Harlan Ellison) se titula Bienvenidos a Astro City. Narra la historia de un padre recién divorciado que se muda a la ciudad con sus dos hijas pequeñas.

Este cuento breve ganó el Eisner de 1997 a mejor historia corta, y al leerlo uno no entiende muy bien porque. A primera vista, es bastante continuista con lo que Busiek ha escrito anteriormente y parece tener solo un par de detalles importantes. ¿Cuáles?, se preguntará el avispado lector. El primer vistazo al memorial de El Agente de Plata y el énfasis de Busiek en la importancia de la familia nuclear y en los “buenos viejos tiempos”.

Y sin embargo…y sin embargo hay algo más, algo escondido tras las apariencias, como ocurre siempre en Astro City. El hecho de que el principal elemento sobrenatural (y el agente del cambio) del relato sean una pareja de dioses en disputa conyugal mientras que el protagonista acaba de separarse de su mujer da que pensar. ¿Son los superseres de Astro City una representación metafórica de los conflictos internos de los hombres y mujeres de a pie? ¿Son los hombres y mujeres de a pie los auténticos superseres? ¿O todo lo contrario?

Bienvenidos a Astro City.

Los siguientes dos capítulos del libro suponen un magnifico recorrido por y un homenaje a Los 4 Fantásticos de Lee y Kirby. En la búsqueda de Astra, la pequeña de la familia que se escapa para aprender a jugar a la rayuela, encontramos referencias a los principales mitos de la fantástica familia dentro de una historia tremendamente entrañable. Incluso el trazo de Brent Anderson parece emular por momentos a El Rey de los Comics.

La historia de El Chatarrero se encuadra en una peculiar moda revisionista, producto, quizás, de la madurez alcanzada por el medio en estos años. Lejos quedaban los tiempos de los villanos ridículos de opereta. El auge y caída de El Chatarrero nos demuestra algo que, en el fondo, todos sabíamos: los héroes y los villanos se mueven por las mismas motivaciones básicas, diferenciándose solo en el camino que emprenden para ponerlas en práctica.

Con el díptico dedicado a Jack Caja-de-sorpresas Busiek (quien por cierto ya había tenido una relación muy estrecha con Spiderman ya por esos años) se atreve a hacer algo que no sería efectivo hasta muchos años después (para posteriormente ser tristemente revocado): dotar de evolución y trasfondo a Peter Parker (o a su trasunto).

Hijos. Hay que quererlos.

Jack Caja-de-sorpresas es un superhéroe casado, maduro y enfrentado a los conflictos inherentes a la paternidad y el legado. Diez años después, Straczynski decidió que Peter Parker debía ser un superhéroe casado, maduro y enfrentado a los conflictos inherentes a la paternidad y el recuerdo.

Algunas voces dirán (o querrán hacernos creer que) Parker es un superhéroe juvenil, pero Busiek (como Lee antes y Straczynski después) entiende que Parker es un héroe (sin el super) cuyo mayor poder es la capacidad de crecer. Como escribió mi compañero Juan Sangrós: “La escalera a los cielos de los superhéroes de alma compleja y rica humanidad quedó destruida. Volveremos a ver al Peter Parker complejo y humano, lo sé, porque yo no quiero vivir en un mundo en el que mi superhéroe favorito es un reflejo en el lodo de lo que un día fue.”

Y Parker también lo sabe.

La última historia incluida en el tomo supone un agradable soplo de aíre fresco. ¿Recordáis lo escrito al principio de este artículo acerca de los recuerdos? Los recuerdos teñidos de nostalgia son, por definición, subjetivos. Contando el relato de ascensión y caída de Leo el chiflado, Busiek se desmarca golpeando el péndulo de la nostalgia con un pesimismo atroz. Un poco como Toro Salvaje (referencia prístina de la historia) hizo con Rocky.

¿Leo el chiflado, Humphrey Bogarth o Jake LaMotta?

La odisea personal de Rocky Balboa (o de la mayoría de personajes que hasta ahora se han paseado por Astro City) refleja el lado optimista del sueño americano: la creencia de que cualquier hombre libre es capaz de alcanzar sus metas si persevera con el suficiente optimismo, empuje y corazón como para vencer a sus demonios internos.

Por el contrario, el viaje órfico de Jake LaMotta (y de Leo el chiflado) articula las pesadillas ocultas tras la fachada del éxito: el anhelo de poder y respeto como metáfora de una masculinidad herida, el impulso autodestructivo a duras penas contenido y la hipocresía imperante en una Babilonia moderna y fagocitadora de los mejores deseos del ser humano.

Busiek demuestra con este inesperado regalo que su apuesta por un comic optimista y con (eso que ha venido llamándose) valores no es una postura fútil o inercial, si no el resultado de una toma de conciencia tras haber ponderado los muchos aspectos de este triste, miserable y a pesar de todo espléndido mundo muestro, así como de los recuerdos que le dan forma.

Y, que demonios, ver a un Looney Tune putero, borracho y alcoholizado es algo que sin duda satisfará al viejo nihilista retorcido y punkarra que todos llevamos dentro.

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