Portada Astérix en Lusitania de Fabcaro y Didier Conrad

Edición original: Astérix en Lusitanie (Hachette, 2025)
Edición nacional/España: Astérix en Lusitania (Salvat, 2025)
Guion: Fabcaro
Dibujo: Didier Conrad
Color: Thierry Mébarki
Traducción:: Isabel Soto y Alejandro Tobar
Formato y precio: Cartoné. 48 páginas. 11,90€

Saudade de Goscinny.

«Me llamo Venagaes y vengo desde mi Lusitania natal para pedir vuestra ayuda…»

Obélix trepando a la Esfinge, Astérix manipulando a los distintos grupos de godos para que luchen entre ellos, ambos irrumpiendo en un partido de rugby en Britania… son escenas que ya forma parte de la historia del humor y del cómic que llenaban de magia y diversión esos álbumes en las que nuestros adorados galos viajaban a correr aventuras por territorios como Germania, Egipto, Britania, Grecia o Hispania, etc… Así cuando se anunció que en el álbum cuadragésimo primer álbum de la serie nuestros héroes visitarían Portugal de nuevo renació la esperanza de encontrarnos con una historia que fuera digna de los mejores momentos de la serie pese al estrepitoso fiasco que había sido El lirio blanco, el primer álbum de la serie guionizado por Fabcaro. Sin embargo, pese a la capacidad de Didier Conrad de mimetizar el estilo de Uderzo y regalarnos algunas preciosas viñetas del país vecino, Astérix y Lusitania es otra nueva decepción. Quizás una de las mayores por la absoluta falta de ambición, ideas y chispa que desprende el guion, algo que resulta una enorme sorpresa siendo solo el segundo de la serie que ha realizado Fabcaro. Puede que la enorme losa de continuar una serie tan querida le resulte abrumadora y paralizante, pero el resultado es un cómic de esos que te aportan tan poco que según cierras prácticamente ya has olvidado por completa. Dejándote con la sensación, en la parte del guion, que se ha producido únicamente porque ya tocaba uno nuevo de la serie como todos los años impares. Algo nunca pasaba con los álbumes de creados por Goscinny y Uderzo.

Página promocional de Astérix en Lusitania.

Una falta de ganas que ya podemos ver desde las primeras páginas, ya que el desencadenante del viaje de Astérix y Obélix a Lusitania es una petición de ayuda de Venagaes –ojo con la publicidad encubierta del nombre en castellano-, un antiguo esclavo que conocimos brevemente en La Residencia de los Dioses donde protagonizaba un gag descacharrante, para ayudarle a rescatar a su mejor amigo Aversivés. Está preso en una cárcel de Olisipo, la actual Lisboa, acusado de atentar contra la vida de Julio César envenenando la salsa Garum que produce para enviar regularmente a Roma. Aunque esta premisa no es un prodigio de inventiva y originalidad se convierte en la excusa para que los galos visiten uno de los pocos territorios europeos occidentales que les quedaban por conocer, pero es la primera pista para alertarnos de que estamos ante una historia creando con el piloto automático, algo que es una constante en todo lo que vemos en el resto del álbum. En ese sentido negativo también llama la atención el poco partido que se le saca al personaje, puesto que tras explicarles la historia de Viriato en cuanto llegan a la costa desaparece sin que se explique la causa, dejándoles solos en la misión que le había llevado a emprender un largo viaje.

Al principio de la reseña recordamos algunos de los mejores momentos de esos álbumes en los que Goscinny hacia viajar a los galos, peto, por desgracia, en Astérix en Lusitania no nos encontramos con ninguna escena memorable, con la salvedad del momento en que una patrulla de romanos está persiguiendo a los galos y un fado sirve para deprimirlos y que abandonen el empeño. Seguramente sea el momento más divertido y brillante de un álbum que no está llego de ellos, todo lo contrario. Lo que si abunda hasta la saciedad son las referencias al bacalao, a los fados y a la saudade del pueblo lusitano, obviando casi cualquier otra peculiaridad de carácter de los habitantes o lugar geográfica o monumentalmente emblemático del país.

Otro de los aciertos que nos encontramos es el personaje de Gama, una mujer de armas tomar de las que no han abundado en la serie. El resto de los personajes, ya sean los lusitanos –todos presos de la saudade y el pesimismo, sin casi excepción- con los que se cruzan y les prestan su ayuda, o los antagonistas son anodinos. Además, tampoco no encontramos con ningún portugués famoso caricaturizado, de hecho, el único reconocible es un centurión con los rasgos de humorista británico Ricky Gervais. La idea más novedosa que aporta Fabcaro a la trama es que Astérix y Obélix se disfrazan de portugueses, algo inédito hasta la fecha en la serie, pero tampoco sirve para crear ningún momento brillante. Mucho más destacado es el trabajo de Conrad y Mébarki a la hora de reflejar la belleza de los paisajes de Portugal y una Lisboa que consiguen hacer reconocible y coherente con lo que hemos ido viendo durante años en la serie. Un trabajo visual impecable del que solo se puede criticar que sigue siendo excesivamente deudor del de Uderzo. Pero es una herencia imposible de obviar.

Estamos ante una historia donde apenas hay acción y si muchos diálogos e intentos infructuosos de chiste, algo ralentiza la lectura y que no es nada habitual en una serie que siempre ha tenido un equilibrio entre la comedia y la aventura. Otro de los problemas de este tomo es la resolución de la historia en la que suponemos que se buscaba que Astérix volviera a dar muestras de ese ingenio vivo que siempre le ha caracterizado, pero, sin entrar en destripes, el plan que idea es realmente sencillo, tanto que lo podría idear Ideafix.

A diferencia de lo que suele tradicionalmente ocurre en los álbumes que transcurren en fuera de la aldea en este nos encontramos con una crítica política que está centrada en el capitalismo, la globalización y la barra libre que tienen algunas empresas para hacer y deshacer a sus anchas. Pero también una muy poco afortunada que asocia la delincuencia a la inmigración. Lo curioso es que quienes expresan ambas opiniones no son ni los protagonistas ni algún lusitano sino un matrimonio de turistas galos jubilados. Otro clavo más en un cómic con un guion del que no se puede decir que sea realmente malo ni que tenga cosas que rechinen, pero resulta mediocre y lo que es peor muy poco divertido. Por desgracia hay un dialogo en el álbum que es la mejor definición de lo que sentimos mientras avanzamos en la lectura de Astérix en Lusitania: “Bah, con ánimo o sin él, el final será el mismo.”. Es decir, decepción tras decepción, con algún brote verde que te hace concebir esperanzas, pero al final siempre acaba en desastre. El problema es que es aplicable a todos los álbumes de la serie desde la muerte de Goscinny, la única excepción es ¡Por Tutatis!, el álbum de Lewis Trondheim en el que los galos aparecían dentro de la serie de su personaje Lapinot.

Lo mejor

• El chiste sobre como la tristeza de los fados frena el ímpetu de la patrulla romana.
• Conrad sigue demostrando que tiene la identidad visual de la serie establecida por Uderzo completamente controlada.

Lo peor

• Un guion plano y aburrido.
• No hay casi ningún momento ni chiste memorable.
• El plan de Astérix para probar la inocencia de Aversivés no es precisamente una buena muestra del ingenio que le caracteriza.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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Alejandro Ugartondo
Autor
5 noviembre, 2025 15:03

Sin haber leído esta entrega, un fallo que encuentro en el resto de álbumes de esta nueva etapa es la falta de ritmo o, mejor dicho, un ritmo muy relajado que no ayuda a destacar la acción ni la comedia. Creo que la publicación serializada de los álbumes originales, hacía que Goscinny se tuviera que esforzar para que pasaran cosas interesantes cada pocas páginas, lo que le da al conjunto de la obra un ritmo excelente y la senasación de que pasaban más cosas que en los álbumes actuales.