Detenerse para recordar
Desde nuestra atalaya de lectores adultos a veces se nos olvida, pero el cómic juvenil es el que marca el ritmo y el volumen en el mercado de las viñetas. Las obras para los más pequeños siempre tienen un hueco especial y un atractivo importante, tanto a sus ojos como a los de sus padres, siempre pendientes de acercarlos a la lectura de la mejor manera. Y es por eso que por esta Santa Casa siempre intentamos tener al menos un ojo puesto en las novedades infantiles y juveniles que nos llegan a las librerías, conscientes de que, además, muchas veces esconden obras de una calidad deslumbrante.
Eso es precisamente lo que nos pasó hace tres años con El pez mágico, la obra con la que Trung Le Nguyen echó abajo la puerta de la escena internacional. Con aquel debut autoral, el autor vietnamita conquistó lectores, premios y corazones gracias a un relato formidable que mezclaba la identidad sexual, la identidad cultural y la magia de los cuentos en un solo tapiz excelentemente bien construido. Uno de esos flechazos sin remedio. Y como no podría ser de otra forma, tras saber del lanzamiento de su siguiente obra había una expectación alta.

Esa nueva creación se titula Angélica y el príncipe oso, una nueva novela gráfica publicada originalmente por Random House (una vez más) y que a nuestro país llega de la mano de Astronave (una vez más). La división juvenil de Norma repite con Nguyen, que vuelve a encargarse de toda la labor creativa de una obra que va dirigida a lectores a partir de 14 años.
Angélica y el príncipe oso nos presenta a Angélica, una infatigable adolescente que, ironías de la vida, finalmente se fatigó. Tras años de participar en todo tipo de iniciativas, proyectos y actividades, la carga termina pasándole factura y decide cortar con todo y empezar un nuevo año centrada exclusivamente en sus prácticas en el teatro de la ciudad, un lugar muy querido entre la comunidad y que le concede paz. Aunque no tanta como el célebre príncipe oso Per, protagonista de la obra emblema del teatro, con el que ha comenzado a hablar por redes sociales y a compartir sus preocupaciones. ¿Pero quién se esconde detrás de esa cuenta?
Bajo esta premisa, Trungles nos adentra en una historia que sigue los códigos básicos de la tendencia actual en el cómic juvenil, esto es, historias cotidianas sobre adolescentes enfrentándose a distintos tipos de conflictos emocionales desde un enfoque comprensivo, sin ahondar en el juicio. Ya sea tratando el duelo, el respeto a la pareja y a uno mismo en una relación amorosa o la identidad sexual, hay un afán por dejar de lado la acidez y plantear cada tema de un modo tierno y carente de juicios afilados. Es sin duda una característica que puede hacer bostezar al lector adulto en busca de desafíos mayores, pero que claramente no tiene el foco puesto en ese tipo de lector, sino precisamente en ese adolescente al que va orientada, y al que se quiere aproximar con delicadeza.

Es cierto que resulta inevitable sentir cierta bajada de nivel de complejidad y de riesgo en esta obra con respecto a El pez mágico, donde Nguyen estaba absolutamente deslumbrante y lograba aunar sensibilidad, ternura y complejidad en su historia (no deja de resultar paradójico que aquella tuviera una menor calificación de edad que esta). Pero es algo que se entiende al leer las notas finales del autor, en las que atestigua que en esta ocasión buscaba sumergirse en una historia mucho más ligera. Reconozco que esperaba más, pero también entendí rápidamente que yo ya no era su público.
Algo parecido sucede en el apartado artístico, y es que en esta obra nos encontramos una versión menos ambiciosa, en la que el artista vietnamita abraza un estilo más convencional en cuanto a color y experimentación en las páginas. Lo cual no afecta a su calidad, dicho sea de paso: Nguyen tiene un trazo excelente, una narrativa férrea y una expresividad de rostros envidiable. Eso sin olvidar esa preciosidad que hace con los cabellos de los personajes. Hablamos de un artista de primer nivel, pero en esta ocasión decide equiparar dibujo con guion, simplificándolo y haciéndolo más accesible para los lectores. A pesar de todo, hay algunas páginas en las que vemos su mejor versión.

En lo que respecta a la edición, Astronave mantiene su buen hacer con un tomo en tapa blanda con solapas de buena factura, con las citadas notas finales del autor y una pequeña colección de bocetos como material complementario. La traducción, al igual que en su obra anterior, viene firmada por Juan Naranjo, que es siempre una garantía de calidad.
En definitiva, Angélica y el príncipe oso es una obra sencilla y agradable. Para su segundo trabajo autoral, Trung Le Nguyen decide optar por algo más ligero y menos ambicioso que su contundente ópera prima, y crea un cálido slice of life enfocado al lector juvenil con el que tratar de manera positiva sobre el duelo y la complejidad de las relaciones adolescentes.
Lo mejor
• La magnífica expresividad de los rostros de Nguyen.
• Su manera amable de acercarse al lector adolescente.
Lo peor
• Resulta muy ligera en comparación con su anterior trabajo.
Guion - 7.8
Dibujo - 9
Interés - 7.5
8.1
Tierna
Trung Le Nguyen regresa con una obra más infantil y sencilla que acerca a los más jóvenes temas tan variados como la autoexigencia, la identidad o el duelo.








