Adolf

Revisión de la obra maestra definitiva de Osamu Tezuka, Adolf, un intenso thirller histórico que narra la trágica historia de tres personajes que comparten nombre y un mismo destino fatal

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Adolf de Tezuka

Edición original: Adolf Ni Tsugu (Bungeishunjū).
Edición nacional/ España: Octubre 2013 (Planeta de Agostini).
Guión: Osamu Tezuka.
Dibujo: Osamu Tezuka.
Traducción : Jesús Pecé.
Formato: Cartoné 1264 págs (en dos tomos). B/N.
Precio: 50,00€.

 

Cuando se propuso a la redacción de ZN dedicar un día a Osamu Tezuka no tuve ninguna duda sobre qué obra escoger para rendir homenaje a este maestro del noveno arte. He de reconocer que mi contacto con la obra de Tezuka ha sido bastante superficial pero esta obra en particular me llamó la atención desde el primer momento que supe de ella y su lectura supuso una de las experiencias como lector más satisfactorias que he tenido en mis casi 40 años leyendo cómics. Me estoy refiriendo a Adolf (Adolf ni tsugu), la obra que toma el nombre del dictador de infame recuerdo y que supuso la obra culmen del autor.

La madurez artística de Tezuka

La carrera de Tezuka en el mundo del manga comenzó en los años 50 del siglo XX consiguiendo grandes éxitos que le catapultaron como el referente de la cultura popular de la época. Durante esos primeros años de éxitos, la obra de Tezuka estuvo muy orientada al público infantil y juvenil con magas como La princesa caballero, Astro boy o Kimba. No fue hasta bien entrada la década de los sesenta, cuando Tezuka empezó a experimentar con obras de contenido más adulto.

A finales de los 60 y durante los 70 nos encontramos a un Tezuka en plena madurez creativa. Él ha creado y pulido un estilo estético y narrativo que ha dado lugar a una floreciente industria, pero sus inquietudes artísticas le hacen ir más allá de lo que había hecho hasta el momento. Al igual que otros compañeros suyos, cree que el manga puede servir para tratar cualquier tema y que es un medio con capacidad para llegar a públicos muy amplios. En estos años es cuando empiezan a aparecer las obras más personales del autor y en las que vuelca sus inquietudes. Fénix, su obra más ambiciosa, empieza a gestarse en esta época, y le seguirán títulos como Oda a Kihirito, Buda o Blackjack.

Estas obras le reportaron el reconocimiento de la crítica quien vio en Tezuka un autor comprometido con su visión humanista y capaz de arriesgar con temas tan sensibles como la corrupción política o la homosexualidad. Quien había sido el creador de un medio de entretenimiento para la infancia y juventud se había convertido en un artista capaz de abordar temáticas complejas y polémicas para el público adulto sin perder ni un ápice de su imaginación y fuerza creativa.

Así, tras más de treinta años de carrera y evolución constantes, Tezuka abordó, en 1983, la que sería su última gran obra (aunque él aun no lo sabía), Adolf, en la que volcaría toda su experiencia y sabiduría como autor para ofrecer una historia sobrecogedora y emotiva sobre lo que une a las personas y lo que las separa en el marco de la Segunda Guerra Mundial.

La historia de los tres Adolf

Adolf es en realidad una historia coral que abarca 35 años de la vida de sus protagonistas entre los que se encuentras tres personajes llamados Adolf: Adolf Kaufmann, mitad alemán y mitad japonés que vive con angustia sus orígenes étnicos y que se verá arrastrado por la locura del nazismo, Adolf Kamil, judío de padres alemanes pero nacido y criado en Japón y, por supuesto, Adolf Hitler, el Fürher de la Alemania nazi. A ellos se les suma Sohei Toge, un reportero japonés que es el encargado de rememorar el drama de estos tres personajes unidos por un nombre y un destino trágico.

Hitler segun Tezuka
Hitler segun Tezuka

La historia empieza en Berlín, en 1936. Toge está cubriendo las olimpiadas cuando recibe un misterioso mensaje de su hermano, quién estudia en Alemania desde hace unos años. Cuando Sohei acude a la cita con su hermano, éste ha sido asesinado. Cuando acude a las autoridades para denunciar el crimen descubre que estas lo intentan acallar y pronto todo rastro de su hermano parece haber desaparecido y Sohei queda a la merced de la Gestapo y sus torturadores. Así es como descubre que su hermano estaba en posesión de unos documentos que guardan el secreto sobre el origen de Hitler y la prueba de que tiene sangre judía. Tal información podría acabar con el partido nazi y sus aspiraciones de implantar la nación aria. Sohei consigue escapar de los nazis y regresar a Japón, después de sufrir torturas y hacerse enemigo de uno los más crueles miembros de la Gestapo.

Mientras tanto en Japón, un joven Adolf Kaufmann, hijo de un diplomático alemán y una japonesa, sufre los abusos de sus compañeros japoneses por su ascendencia occidental. Su único amigo y defensor en Adolf Kamil, el hijo de un panadero judío de la ciudad de Kobe. La amistad de los dos jóvenes es motivo de rechazo por parte del padre de Kaufmann, quien no ve con buenos ojos que su hijo se relacione con judíos y pretende enviar al joven Adolf a Alemania para que ingrese en la escuela de las juventudes hitlerianas.

El señor Kaufmann recibe el encargo de localizar los documentos sobre el origen de Hitler y que se sospecha que han llegado a Japón. Los mismos documentos también están siendo buscados por los judíos de Japón, entre los que destaca el señor Kamil, padre del otro Adolf. De esta forma, ambos niños ven su destino ligado a unos documentos que traerán la desgracia y el sufrimiento a todos los que se vean involucrados con ellos.

El drama personal de todos los protagonistas se verá agravado por la guerra que asolará Japón y Alemania, trayendo miseria y muerte a millones de personas y provocando que los destinos de los dos Adolf, amigos de la infancia, acaben convertidos en enemigos irreconciliables movidos por el fanatismo y la intolerancia.

Una gran tragedia humana

Tezuka nos presenta Adolf como si de un thriller histórico se tratase, con el mcguffin de los documentos sobre Hitler como motor de la acción, pero lo que esconde bajo esta apariencia es una profunda tragedia de corte humanista sobre la crueldad del destino, la intransigencia humana y la inutilidad de los totalitarismos.

El artista juega con los géneros – el bélico, el thriller, el drama, el histórico – y recurre a un reparto coral para lograr una reflexión personal y profunda sobre el destino de las personas y el sinsentido de la guerra, abordándola no desde la perspectiva de los grandes conflictos armados sino desde la óptica de los conflictos personales y sus repercusiones.

El sufrimiento según Tezuka
El sufrimiento según Tezuka

La sabiduría artística de Tezuka se aprecia en toda la extensión de la obra y destaca en la construcción de unos personajes que enganchan al lector y lo arrastran con ellos a través de sus tragedias y desgracias. Contagiados de emociones extremas y sometidos a crueldades sin límite, Tezuka nos presenta unos personajes que no están construidos según un patrón naturalista o realista sino más bien como si fueran los protagonistas de una gran tragedia griega, cada uno de ellos representando grandes conceptos de la vida. Sohei se mueve por lealtad a su hermano muerto, Adolf Kaufmann se ve atormentado por sus orígenes mestizos y abraza un radicalismo que le es ajeno o el mismo Hitler que se ve a sí mismo como un luchador por la justicia.

Estos personajes principales son los que mueven la historia y con sus pasiones y desgracias conmueven al lector que padece junto a ellos las injusticias y crueldades a las que se ven sometidos. Pero la maestría de Tezuka no se limita a construir unos grandes protagonistas sino que también se aprecia en la utilización de una amplia galería de secundarios que interactúan con los protagonistas en diferentes momentos del relato y que dejan una huella tan emotiva como la de los personajes principales. Historias como la de la dueña del bar que espera el retorno de su prometido desaparecido en el frente o la del hijo del militar que actúa como espía comunista son muestras del enorme talento del autor, quien con unos pocos rasgos de personalidad y unas cuantas líneas de guion es capaz de crear pequeñas historias dentro de la historia principal capaces de conmover al lector.

Otro punto destacado de la obra es la falta de reparos que muestra el autor a la hora de mostrar la violencia y el sufrimiento de sus protagonistas. Si alguien tenía alguna duda sobre el tono adulto de la obra, esta se disipará en el primer capítulo con el asesinato indiscriminado de una familia de granjeros o con la escena de tortura de Sohei por parte de la Gestapo en el segundo capítulo. Tezuka quiere denunciar el sufrimiento que provocan los totalitarismos, la intolerancia y la guerra por lo que duda en mostrar las barbaridades que se cometen por su culpa. En este sentido hay que avisar que estamos ante una obra dura, con pasajes realmente impactantes (el primer asesinato de Kaufmann o la violación de la muchacha judía son especialmente luctuosos) que no dejan indiferentes al lector.

La violación de Elisa
La violación de Elisa

El tono oscuro y lúgubre de la obra, queda marcado desde la primera viñeta de la historia ambientada en un cementerio repleto de tumbas. Escenas así se repetirán a lo largo de la obra, sobre todo en los capítulos dedicados a la guerra, y son usadas por el autor para marcar el tono general del relato. Esto no evita que Tezuka se permita introducir algún toque de humor, acentuado por su caricaturesco estilo de dibujo.

La visión histórica

El trabajo de Tezuka a la hora de ambientar la obra es sencillamente magistral y profundamente documentado. Se nota que hay una ingente labor de investigación detrás de la historia tanto a la hora de situar los acontecimientos históricos que sirven de telón de fondo de la obra como a la hora de buscar referencias y personajes históricos que participan en la trama.

Sin duda hay una voluntad didáctica en algunos pasajes en los que el autor repasa acontecimientos que llevaron a la situación que vivió su país durante la década de los 30 y los 40, que sirve para presentar el contexto extremo en el que se desarrolla el drama de los protagonistas. Unos acontecimientos que el autor no duda en condenar a través de la voz de sus personajes a través de los cuales da salida a su visión humanista y antibelicista.

Es muy interesante la visión que Tezuka aporta sobre lo que pasaba en Japón durante los años anteriores a la Guerra. Así como el auge del nazismo y la situación en Alemania es un tema que se ha tratado en muchas y variadas obras, no ha sido así en lo que respecta a Japón, por lo menos para el lector occidental. El auge del militarismo, la persecución de los comunistas o la situación de la comunidad judía en Japón son tratados con atención por Tezuka y pueden suponer un descubrimiento para muchos lectores que desconozcan esa faceta de la historia.

La ambientación histórica también se refleja en el propio arte de Tezuka. Algunas viñetas estás realizadas directamente a partir de fotografías de la época y permiten al autor mostrar el horror de hechos tan crueles como la toma de la ciudad china de Nankin o los bombardeos de Kobe. Imágenes impactantes que muestran la crueldad de la guerra y de quienes la practican y que refuerzan la visión del autor sobre este tema.

También se aprecia la labor de Tezuka a la hora de incorporar personajes reales a la trama. El más importante de ellos es Adolf Hitler a quien el autor refleja en varios momentos de su vida, desde el triunfalismo de los primeros años del nazismo hasta la desesperación de los últimos momentos del III Reich. Tezuka hace un retrato muy particular del dictador, que en algunos momentos roza la caricatura pero que consigue transmitir la energía y el carisma del personaje a la vez que muestra las miserias de la persona que había detrás. En algunas de las escenas protagonizadas por Hitler, Tezuka realiza su propia interpretación de los discursos públicos del dictador con sus gesticulaciones y poses que transmiten el poder de la figura histórica, mientras que en otras da una visión personal y desquiciada que recuerda mucho a la brillante interpretación del personaje que unos cuantos años más tarde realizaría el actor Bruno Ganz en la película El Hundimiento.

Personajes históricos en Adolf

El esfuerzo del autor por dar realismo a su obra queda patente en el cambio en su estilo de dibujo que lleva a cabo cuando se encarga de dibujar otros personajes reales que aparecen en la trama como el estado mayor nazi o el espía comunista, Ramsey, que protagoniza un capítulo de la historia. En estos casos Tezuka vuelve a recurrir a referencias fotográficas para conseguir mayor verosimilitud en el relato y mayor calado histórico en el conjunto.

El mensaje de Adolf

Adolf es la última obra publicada de Tezuka y, aunque no es la más ambiciosa del autor ya que ese título recaería en Fénix o Buda, sí se puede considerar como la cumbre sus aspiraciones artísticas. El drama con tintes de tragedia que supone esta obra es el vehículo escogido por el autor para dar salida a su visión humanista de la humanidad.

En boca de sus personajes Tezuka deja claro que todos somos iguales y como tales deberíamos tratarnos, sin distinción de raza, credo u orientación política. El respeto por toda vida humana es fundamental para el autor y deja bien claro a través de los hechos presentados en la historia que cuando se pierde ese respeto se cae en la barbarie y el sufrimiento.

El Holocausto judío por Tezuka

El mensaje es claro y la forma de exponerlo de Tezuka huye de maniqueísmos, sobre todo en lo que se refiere a los personajes principales. A primera vista puede parecer que el Adolf nazi es el malo de la historia y el Adolf judío es el bueno, pero el desenlace del conflicto entre ambos personajes, ambientado en Israel en la década de los 70 deja bien claro que para Tezuka cualquier causa llevada al extremo de perder el respeto por la vida ajena pierde su legitimidad. El camino que lleva a convertirse de víctima en verdugo puede ser transitado por cualquiera y la violencia solo engendra más violencia.

El estilo gráfico de Tezuka

Uno de los elementos más llamativos de esta obra es su estilo de dibujo. A pesar de sus grandísimas aportaciones al mundo del noveno arte, Tezuka es un artista con un estilo muy personal y que nunca ha destacado por ser muy espectacular. Además, su estilo siempre ha pegado más con la temática de su obra dirigida al público infantil y juvenil y puede resultar chocante en una obra adulta y de temática tan seria como Adolf.

En las obras de madurez de Tezuka se aprecia un intento del autor por adaptar su estilo para un público más adulto. Lo consigue en parte, ya que sus personajes son más realistas que en otras obras suyas y el trabajo de ambientación y de decorados también está más elaborado, aunque mantiene algunos diseños de personajes muy característicos suyos. De todas formas cabe decir que cualquier reparo que se pueda tener sobre el estilo de dibujo de Tezuka queda olvidado enseguida gracias a su narrativa magistral, sus personajes carismáticos y al emocionante desarrollo de la trama. Como comentó nuestro compañero Jordi Querol en su reseña de la obra, “Tezuka no se lee por sus dibujos sino por su mensaje y genialidad a la hora de narrar”.

Ediciones españolas

Adolf ha contado con tres ediciones en nuestro país todas ellas a cargo de Planeta. La primera de ellas, de 1999, fue en cinco tomos en un formato parecido al Kanzenban. El primer y el tercer tomo incluían textos introductorios sobre la obra de Tezuka y sobre la época reflejada en la historia. También se incluían resúmenes cronológicos de los acontecimientos que tuvieron lugar durante el periodo en el que trascurren los diferentes capítulos de la obra.

La siguiente edición ya fue en formato cartoné, en dos tomos y con cofre, y tamaño un poco más grande que la anterior edición. En el 2013 apareció una nueva edición con este formato y cubiertas nuevas, y siguiendo la estética de la colección Biblioteca Tezuka. Esta última edición es la que actualmente está disponible en nuestro país.

Edición actual de Adolf en España

Todas estas ediciones han sido en formato de lectura occidental, por lo que todavía no hay una edición de esta obra en español que haya respetado su formato original. Esto ha provocado que algunos de los elementos mostrados en la historia sean incorrectos como el brazo utilizado por los personajes para realizar el saludo nazi o la forma real de las esvásticas.

  Edición original: Adolf Ni Tsugu (Bungeishunjū). Edición nacional/ España: Octubre 2013 (Planeta de Agostini). Guión: Osamu Tezuka. Dibujo: Osamu Tezuka. Traducción : Jesús Pecé. Formato: Cartoné 1264 págs (en dos tomos). B/N. Precio: 50,00€.   Cuando se propuso a la redacción de ZN dedicar un día a Osamu Tezuka…

Valoración

Guión - 10
Dibujo - 8
Interés - 10

9.3

Obra maestra

Obra cumbre de un maestro, intensa y emotiva, brilla en todas sus facetas. El broche de oro de la carrera de un genio único.

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Nací con la democracia en este país y casi aprendí a leer con Mortadelo, Asterix y Tintín. Mi primer contacto con los superheroes fue con un Pocket de Ases de Bruguera protagonizado por los Defensores y el Doctor Extraño lo que tuvo dos consecuencias: que me volviera un marvelita convencido y que sienta predilección por los personajes no tan relevantes de la Casa de las Ideas. Desde entonces he ampliado mi rango de lecturas y gustos aunque matengo mi condición de Marvelita y me sigue chiflando Tintín.

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Alejandro UgartondoLuisru Recent comment authors
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Justo estoy leyendo Adolf (alguien me hizo tremendamente feliz al regalarme el ultra-caro cofre por mi cumpleaños) y he de decir que es asombroso, la cantidad de cosas que pasan, lo intrincado y, a la vez, lo sencillo que resulta seguir el argumento (algo que ha influido en obras posteriores como 20th Century Boys) y la depurada narrativa de Tezuka. No sé si será su mejor obra (me quedan unas cuantas por leer) pero sin duda es una pasada.
Eso sí, no me gusta nada que no se haya respetado el sentido de lectura japonés, es absurdo que el saludo nazi se haga con el brazo izquierdo, no sé por qué se dice que es para llegar a más lectores occidentales… Es lo mismo que doblar las películas porque cuesta mucho leer los subtítulos. Venga ya. Que solamente hay que coger el libro al revés.
Y me parece que hay que tener mucho valor para, en un país tan nacionalista como Japón, criticar tan abiertamente a toda la sociedad japonesa de esos años, aunque se cebe especialmente con la alemana.
Por cierto, hay una errata en el apartado de ediciones, pone Plantea en lugar de Planeta.