
Dirección: Daniel Calpalsoro
Guión:Jorge Guerricaechevarría
Música: Amy Marie Beauchamp, José Cancela
Fotografía: Josu Inchaustegui
Reparto: Rodrigo de la Serna, Luis Tosar, Raúl Arévalo, Patricia Vico, José Coronado, Joaquín Furriel, Marian Álvarez, Luciano Cáceres, Luis Callejo, Joaquín Climent
Duración: 97 minutos
Productora: Morena Films / Vaca Films / TeleCinco Cinema / K&S Films / Telefónica Studios
País: España / Argentina / Francia
El primer fin de semana del mes de marzo de 2016 ha traído consigo el estreno de la última película dirigida por
La historia que presenta Calpalsoro trae la firma de
Lo primero que hay que indicar es que Cien años de perdón empieza, ya desde su propio título indicando cuál es su premisa: no estamos ante un relato de blanco y negro sino de amplia gama de grises, no siendo el más oscuro el que representa a los atracadores. La cinta recoge elementos que provienen de clásicos del género del asalto bancario como Pelham 1. 2. 3 o Plan oculto, pero añadiendo además una serie de elementos que representan de forma muy clara algunas de las tramas políticas que se han desarrollado en España durante los últimos quince años. No es casual, desde luego, la elección de la capital del Turia para ambientar la historia (y menos con la que está cayendo). Menos inintencionada es todavía la evocación de un escándalo parlamentario que sacudió la Comunidad de Madrid en el año 2003 (y hasta aquí debo contar). Expresiones tan habituales en los medios de comunicación como “tirar de la manta” o “salpicar al partido” se convierten en frases de repetición constante en boca de unos personajes que ven en el atraco un peligro aún mayor del que representan las armas y los explosivos. No hay ninguna mención directa pero los nombres y los apellidos aflorarán en la audiencia de forma automática.
En el apartado de interpretación hay que resaltar el buen trabajo que desarrolla, como se ha dicho, el elenco.
Cien años de perdón es, hay que repetirlo, una historia donde las líneas entre la ley y el crimen se difuminan. No hay buenos ni malos; solamente personas con sus respectivas historias. Los rehenes pueden encontrar más comprensión en sus captores que en su banco. Los representantes de las fuerzas del orden desconfían entre sí. Los colegas de partido no son amigos ni compañeros, sino circunstanciales compañeros de viaje que bien podrían convertirse en lastre llegado el caso. Los defensores del ordenamiento jurídico están dispuestos a vulnerarlo en nombre de intereses más oscuros. En resumidas cuentas, una de las cintas más interesantes de lo que va de año.








