INTRODUCCIÓN
El cómic de terror está viviendo un momento impresionante en Estados Unidos, cosa normal si tenemos en cuenta que lo mismo se puede trasladar a la literatura o el cine, por ejemplo. Los últimos años hemos visto cómo se multiplican las publicaciones de este variado género que, con sus atmósferas inquietantes, nos ha sabido dar de todo. Pero a esta cantidad y esta variedad le ha acompañado una calidad impresionante que se ha materializado en forma de premios y ventas, en ocasiones trascendiendo al propio noveno arte para llegar a lugares insospechados.
A los creadores les gusta el terror, a las editoriales independientes les está dando buenos resultados y nosotros, dentro de esta iniciativa desde la web con motivo de Halloween, os presentamos cinco obras a tener en cuenta. Ya de paso os recomendamos nuestro podcast sobre terror, cuya tercera entrega podéis escuchar aquí.
Entren sin miedo. No mordemos. ¿O quizás sí?

Ice Cream Man Volumen 1 al 10, de W. Maxwell Prince y Martín Morazzo. Moztros (Image Comics). Contiene Ice Cream Man #1-40 USA; Tomos cartoné. 128 páginas cada uno. 20,90€ cada uno.
Se habla poco de Ice Cream Man. Quien entra en el mundo del temible heladero no sale, sus historias atrapan como pocas gracias al terror, al enganche y, sobre todo, a la imaginación desbordante de sus autores, pero es verdad que no es una serie de moda. Y debería.
Ice Cream Man sale de la mente del guionista W. Maxwell Prince y el dibujante Martín Morazzo, con Chris O’Halloran al color, como una antología. Sí, una antología de historias cortas, cada una de ellas del tamaño de un comic-book normal en el mercado americano, interconectadas por dos personajes, fundamentalmente está un pulcro heladero vestido de blanco y figura de terror que de alguna manera rodea todas las historias, sumada a la de un vaquero vestido de negro que aparece muy de vez en cuando. El resultado sencillamente es más variado de lo que nuestra humilde mente pueda imaginar.

A pesar de que alguna vez parece que va a haber una historia sobre entidades de un plano metafísico superior, cuando trata la rivalidad entre los personajes antes mencionados, en realidad no hay un hilo conductor más allá de explorar historias que se pueden enmarcar en el género del terror, en su más amplia acepción. No esperen explicaciones, esperen suicidas divagando mientras caen de un edificio, drogodependientes con viajes terribles, ciudades caóticas, la muerte desde el punto de vista de un niño, un accidente de tráfico, arañas, terror en el espacio, en el psiquiátrico… una temática inmensa, pero también una experimentación digna de las mejores obras, con números que se pueden leer en ambas direcciones, historias que se parten en tres, números que imitan enciclopedias, barajas de cartas, bestiarios, capítulos con el mismo relato desde diferentes perspectivas y un largo etcétera. Todos sus números son muy buenos, pero cada tomo consigue tener siempre uno o dos que destacan por intentar llevar el medio un poco más allá del cómic convencional.
En España Moztros lleva publicados diez tomos, recopilando los cuarenta primeros números, pero en Estados Unidos esta serie, publicada por Image Comics, va por el undécimo y siguiendo, viento en popa con más historias programadas y prometiendo sorprender, con dos autores que se ve que tienen mucho que decir en este maravilloso arte y varias editoriales les tienen puesto el ojo.
En definitiva, Ice Cream Man es un cómic recomendable para cualquier persona que guste lo más mínimo del terror, con una variedad asombrosa y al que se puede entrar en cualquier momento. No tengan miedo de tomar un buen bocado de esta fría muerte, saldrán satisfechos.

Una invitada en casa, de E.M. Carroll. Sapistri (First Second). Contiene A guest in the house USA; Tomo Cartoné. 256 páginas, color. 29,95€
Cuando se hacen iniciativas como esta, en las que destacar cierto número de obras de todos los tiempos, y encontramos una obra que salió este mismo año, podría parecer que como redactores estamos teniendo poca memoria y dejándonos llevar por la última obra que más nos gustó. Que la inmediatez nos está nublando la vista al mirar al tablero completo. Pero podéis tener claro que la inclusión de Una invitada en casa obedece única y exclusivamente a un motivo: que es una obra maestra, no solo del terror, sino del cómic en general.
Siendo sinceros, no es que se pueda decir que esto fuera una completa sorpresa cuando se estrenó. Y es que Una invitada en casa suponía el tercer y último trabajo publicado de E.M. Carroll, una autora que con su corta bibliografía había logrado hacerse con un hueco fijo en la escena del cómic por derecho propio. Su inimitable dibujo en la frontera entre lo bello y lo inquietante, sus páginas de creatividad infinita y su dominio del terror y el suspense, virtudes presentes todas ellas en Cruzando el bosque y La noche en que llegué al castillo y que confirmaron a una estrella rutilante en el firmamento de las viñetas. Pero nada podía prepararnos para lo siguiente.
Publicada por First Second Books originalmente y por Sapristi en nuestro país, Una invitada en casa se presenta como una versión libre de Rebecca, la novela de Daphne du Maurier que ascendió a la cultura popular gracias a la adaptación cinematográfica llevada a cabo por Alfred Hitchcock. En ella conocemos a Abby, una mujer gris y poco fascinante que disfruta de su nueva vida tras casarse con un hombre viudo e irse a vivir junto a él y su hija adolescente. Una convivencia profundamente marcada por la perenne sombra de la difunta esposa. Sin embargo, cuando una extraña presencia comienza a aparecerse ante Abby, esta comenzará a indagar en el pasado de su antecesora, bajo la sospecha de que su marido no le ha contado todo.

Bajo este planteamiento aparentemente lejos de la innovación y siguiendo arquetipos conocidos, Carroll construye un asfixiante relato de terror de primerísima categoría. Rompiendo con su habitual despliegue visual, la autora nos introduce en la vida de Abby con un dibujo parco, en tonos grises y con rotulación aséptica, a juego con la anodina e insatisfactoria vida de su protagonista. Una identidad visual solo perturbada por pequeñas chispas de color en sus momentos de crisis, perfectamente acompasada por una narración en off con pulso de cirujano. Pero entonces llegan los fantasmas.
Según la presencia sobrenatural hace acto en escena y rompe la rutina de Abby, las páginas van cogiendo energía y llenándose de figuras y viñetas en las que la Carroll más preciosista toma el control y nos hipnotiza con imágenes dignas de ser enmarcadas. Explosiones de creatividad y color que van de la mano de cómo la protagonista de la obra va adquiriendo coraje para afrontar los misterios que envuelven a su predecesora. Una vorágine de belleza, inquietud, lujuria y color que termina explotando con un final de sobresaliente alto, que te vuela la cabeza después de 250 páginas de tenso suspense.
Una invitada en casa lo tiene todo. Un guion preciso como un reloj. Un dibujo embriagador como un perfume. Una prosa asfixiante como una soga. Una obra colosal por una autora colosal. La apuesta segura para pasar la mejor noche de Halloween posible a la luz de una vela.

Razorblades 1 y 2, de Dan Watters, James Tynion IV, Ram V, Ricardo Lopez Ortiz, Steve Foxe, Tini Howard, Fernando Blanco y varios artistas. Moztros (Image Comics). Contiene Razorblades volume 1 y 2; Tomo cartoné. 408 páginas. 23,90€
Las antologías de terror solían ser un terreno fértil en el cómic norteamericano para nuevos autores con ganas de despuntar y autores consagrados en busca de un buen desafío. En los años 50, EC Comics forjó historia del cómic americano con tres revistas que escandalizaron a toda América y acogieron talentos como Wally Wood y Al Williamson. En los 60 y 70, las revistas de la editorial Warren Publishing (Creepy, Eerie y Vampirella) presentaron al público americano a autores de la talla de José Gonzalez, Josep Beà y Richard Corben, por no hablar de las aportaciones de autores como Bernie Wrightson y Neal Adams. Y en los 80, Stephen R. Bisette, el famoso dibujante de La Cosa Del Pantano, editó una pequeña antología experimental de terror llamada Taboo que contó con la presencia de algunos de los autores más interesantes y/o prometedores de esa época. En Taboo nacieron series como From Hell, pero también hubo espacio para historias breves, ilustraciones e incluso relatos de prosa.
Razorblades es el intento de Steve Foxe y el omnipresente James Tynion IV por crear una versión moderna de Taboo, de la que se declaran fans. La influencia de esta revista no podría ser más evidente, ya que el formato es el mismo: historias breves, ilustraciones, relatos de prosa y hasta una historia larga. Tenemos incluso historias que sirvieron de base para cómics más extensos, como fue el caso de Black Hole en Taboo. Pero, ojo, esta antología no es una mera copia. Al igual que su referente, Razorblades deja a todos los autores invitados contar lo que más les apetezca, ya sea una historia relativamente convencional o algo extremadamente experimental en forma o contenido.

Como en todas las antologías, hay historias mejores y peores, pero en general el nivel de calidad es relativamente alto, algo bastante meritorio incluso si tenemos en cuenta el increíble plantel de autores que Foxe y Tynion reunieron. Incluso las historias de asesinos en serie o monstruos en el bosque, clichés habituales del cómic de terror americano, consiguen ser interesantes, en buena parte porque el formato impide alargar innecesariamente las ideas de los autores.
Entonces, ¿logra Razorblades igualar o superar a su referente en calidad? Si no tenemos en cuenta a la citada From Hell, un privilegio editorial al alcance de muy, muy pocas antologías, la respuesta es un claro sí.
Desafortunadamente, Razorblades parece haber sufrido el mismo problema que Taboo, que no es otro que el tiempo y esfuerzo necesario para publicar una entrega. Con lo ocupados que están Foxe y Tynion escribiendo cómics no es de extrañar que la serie esté suspendida indefinidamente desde hace dos años. A ver si vuelve pronto.

Bottomyards, de Ezra Claytan Danjels y Ben Passmore. Nuevo Nueve (Fantagraphics). Contiene Bottomyards USA; Tomo rústica. 152 páginas. 22€
El “terror social” atraviesa un auge en los últimos tiempos. Si bien podemos trazar un camino que nos lleva a encontrarlo en los fundamentos del terror desde sus inicios, también se puede apreciar que en los últimos años nos han llegado obras de enorme influencia con una crítica más directa que nunca. Desde películas tan galardonadas como Parásitos o Déjame salir hasta otras más centradas en pasar un buen rato como El menú. El fenómeno está por todas partes. No es de extrañar, dada la evolución del mundo en el que vivimos.
En el terreno del cómic, también hemos tenido una buena dosis de estas propuestas con lanzamientos como Eat the Rich (Sarah Gailey y Pius Bak), Infiel (Pornsak Pichetshote, Aaron Campbell, José Villarrubia y Jeff Powell) o la reciente Bajo los árboles, donde nadie te ve (Patrick Horvath).
En la misma línea, aunque con un enfoque todavía más independiente, más incómodo, más underground, en 2021 nos llegaba Bottomyards, de Ezra Claytan Daniels y Ben Passmore, publicada en España por Nuevo Nueve. Aunque en su día pasó bastante desapercibida, en ella hay elementos por los que puede valer la pena prestarle un poco de atención.

Bottomyards nos cuenta la historia de Darla, una aspirante a diseñadora de moda, y su amiga Cynthia. Son dos jóvenes que están dando los primeros pasos en la vida, por lo que buscan un alojamiento de precio asequible en el que poder apoyarse. No obstante, lo que parte como un inicio ilusionante, como una comedia de tono ligero, pronto se torna en un viaje terrorífico y delirante hacia la locura y la enfermedad.
La experiencia de lectura que ofrece Bottomyards es la mar de curiosa. No tiene por qué ser, necesariamente, una lectura agradable ni divertida. Tiene un ritmo lento, farragoso, con escenas estáticas en las que todo parece conectado con la misma lógica que dicta un mal sueño. Sus escenas llegan a hacer que te cuestiones lo que haces ahí. Prácticamente te invitan a cerrar el tomo. Al mismo tiempo, despiertan una cierta fascinación sucia por la que sigues leyendo, por la que te haces preguntas sobre la obra y sobre tu persona, mientras pasas las páginas con el impulso de la incomodidad.
Al terminar, puede que no vayas a decir que lo has disfrutado, pero el cómic presente se quedará contigo de manera más pegajosa que otros tantos. La mezcla de comedia con terror corporal y crítica social, la representación de la pobreza y su marginación como una enfermedad de naturaleza lovecraftiana… Este terror no cala en los huesos, sino en el corazón de los momentos más cotidianos.

La noche del Gul, de Scott Snyder y Francesco Francavilla. Norma Editorial (Comixology). Contiene Night of the Gul #1-5 USA; Tomo Cartoné. 176 páginas. 28€
Una fórmula clásica y efectiva de historias de terror no podía faltar en esta lista de recomendaciones para Halloween. Y La Noche del Gul tiene muchos elementos típicos, entre el homenaje y los tropos, que apoyados en las señas reconocibles los autores plasman con maneras y estilos propios.
Scott Snyder y Francesco Francavilla postulan en esta serie, del sello Best Jackett Press que fuera editada en español por Norma Editorial, una historia escrita y dibujada desde el amor a las producciones cinematográficas de terror de la primera mitad del siglo XX que perviven en nuestro acervo cultural y memoria colectiva. El medio para desarrollarla es uno de los protagonistas, Forest Inman, quien a su vez también es un apasionado del cine que desde su frustrada carrera como director se dedica a la restauración de filmes. En su trabajo se topa con una cinta perdida de un legendario cineasta, T.F. Merrit, de la que nunca se pudo ver su final y lleva el mismo nombre del cómic: The Night of the Ghoul. Forest se dedicará a encontrar a aquel director, del que sólo quedan algunos rastros en internados de distintos lugares del mundo, para entrevistarlo a partir del hallazgo.
Un elemento más de la trama es que el protagonista involucrará en esta investigación a su hijo adolescente en pos de componer una relación familiar que no parece estar funcionando añadiéndole otro cariz de drama a la narración, lo cual justifica además por una conexión con el propio cineasta de la legendaria película y el motivo de su realización.
El cómic progresa con dos narraciones paralelas: una reproducción de la cinta del filme perdido y la entrevista de Forest Inman a Merrit en el hospicio en el que se encuentra. En cuanto a la primera, Francavilla se luce consiguiendo que no se vea tanto como un storyboard sino más como si estuviéramos viendo la cinta fotograma a fotograma. Y en la narración principal, vemos al artista en su esplendor y estilo tradicional, con dominio de las sombras, colores y rasgos de los personajes, creando la atmósfera terrorífica que necesitamos para leer esta historia.
El toque definitivo del terror está en el guión de Snyder, que lo estructura de manera tal que la tensión y el misterio sean sostenidos hasta el mismo final de la historia, llevando el horror de un clásico film del género hasta nuestra vida cotidiana presente. ¿Dónde reside la maldad? ¿Cómo se esconde el origen de todo el mal? ¿Cómo reconocer a un verdadero monstruo cuando se presenta ante nosotros? El terror está mucho más cerca nuestro de lo que imaginamos.
Y hasta ahí llegamos con La Noche del Gul de Snyder y Francavilla.
Pero hay más, mucho más, miles y miles más muhahahahaha… pero eso ya otro día.









