Estela Plateada – La historia de Norrin Radd

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A mediados de la década de los 60, la pareja formada por Stan Lee y Jack Kirby atravesaba uno de los mayores períodos creativos que se han visto nunca en el mundo del cómic. Amparados por el método de trabajo que habían ideado, el famoso “Método Marvel”, Lee y Kirby habían llevado las aventuras de los Cuatro Fantásticos a un nuevo nivel y habían creado en el intervalo de unos pocos meses a algunas de las figuras más relevantes de su universo de ficción. Medusa, Rayo Negro, Crystal, Gorgón, Karnak, Tritón, Máximus y toda la especie inhumana sólo acababan de ser introducidos cuando los dos autores se lanzaron a elaborar una historia especial que celebraría la llegada de la cabecera a su quincuagésimo número. Poco esperaban que aquellos tres números se convirtiesen en uno de los hitos más importantes no sólo de sus respectivas carreras, sino de toda la historia del medio. Entre Fantastic Four 48 y Fantastic Four 50 USA (con fechas de portada de marzo – mayo de 1966) se desarrolló lo que hoy se conoce como la “Trilogía de Galactus”, en la que los Cuatro Fantásticos se enfrentaban a la mayor amenaza concebible y se introducía a un peculiar personaje plateado que surcaba las corrientes del cosmos a lomos de una tabla de surf: Silver Surfer, Estela Plateada. En este artículo vamos a repasar su trayectoria, desde su primera aparición en tiempos de Lee y Kirby hasta el reciente relanzamiento de All-New All-Different Marvel.

El Hombre y el Rey

Cuando Lee y Kirby comenzaron a trabajar en la “Trilogía de Galactus” el planteamiento del que partieron era bastante sencillo. Los Cuatro Fantásticos habían luchado contra todo tipo de villanos, habían viajado tanto al espacio como al mundo subterráneo, habían descubierto toda una civilización oculta y habían derrotado al Doctor Muerte más veces de las que podían recordar. ¿Qué les quedaba por hacer? Esa pregunta les llevó a plantearse otra cuestión: si ya habían vencido a todos los villanos concebibles, ¿por qué no hacer que se enfrentasen a una fuerza imparable ante la que la idea misma de victoria fuera imposible? ¿Por qué no hacer que los Cuatro Fantásticos se enfrentasen a Dios? Ambos autores pensaron en alguien tan poderoso que estuviese por encima del bien y del mal, algo que no se había visto hasta entonces en los cómics. Así fue como concibieron a Galactus, el Devorador de Mundos, un ser cuya hambre sólo podía ser saciada por la energía procedente de planetas enteros. Aunque pretendiese consumir la Tierra, Galactus no era un villano sino una especie de fuerza de la naturaleza. No albergaba maldad ni odio, ya que estaba muy por encima de esas mezquindades propias de seres inferiores. Para él consumir un mundo habitado era tan significativo como para nosotros pisotear un hormiguero.

Jack Kirby y Stan Lee
Jack Kirby y Stan Lee

Ya sólo por el atrevimiento de enfrentar a sus héroes contra una figura semejante, la “Trilogía de Galactus” ya merecería ser recordada. Sin embargo, otro personaje presentado en sus páginas llegaría a eclipsar al propio Galactus pese a que en un principio ni siquiera se había pensado en introducirlo. Para explicar esto debemos refrescar el funcionamiento del “Método Marvel”. Todo comenzaba cuando Lee y Kirby hacían una puesta en común de sus ideas para el argumento, de donde salía una breve sinopsis que luego Kirby se encargaría de desarrollar con sus lápices. Kirby dividía la historia en escenas y aportaba el ritmo, tras la cual pasaba sus páginas a Lee para que añadiese los diálogos y los textos. Cuando ambos habían hablado sobre el argumento del Fantastic Four #48 USA en ningún momento barajaron la posibilidad de que el depredador cósmico contase con un heraldo montado en una tabla de surf que anunciase su llegada, pero Kirby lo añadió por su cuenta. Se dice que al ver las páginas en las que aparecía por primera vez a Lee no le hicieron demasiada gracia y le pidió explicaciones a su compañero. Kirby expuso que le parecía apropiado que una entidad de la categoría de Galactus contase con algún tipo de enviado, de igual forma que Dios cuenta con sus ángeles. En cuanto a la decisión respecto a su poco usual método de transporte, simplemente bromeó diciendo que ya estaba cansado de dibujar naves espaciales.

No obstante, pese a que con frecuencia tendemos a pensar que Estela Plateada es un personaje que le debe mucho más a Kirby, fueron los diálogos de Lee los que acabaron de definirle, complementando las hieráticas y majestuosas poses que plasmó el artista en sus páginas con unos diálogos profundamente teatrales, casi shakespearianos, que acabaron encandilando a los lectores. Estela Plateada era un personaje abocado a la tragedia y cargado de una tremenda angustia existencial, pero al mismo tiempo era capaz de mostrar una genuina y muy humana empatía que en última instancia le llevaría a colocarse del lado de los humanos y a enfrentarse a su señor. Y así, el que había sido concebido para ejercer el papel de ángel, se convertiría en un ángel caído. O más bien en un Jesucristo que se sacrificaba para salvar y redimir a los simples humanos.

La “Trilogía de Galactus”

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Fantastic Four #48 USA ni siquiera comenzaba con el principio de la “Trilogía de Galactus”, sino con el final del arco de los inhumanos iniciado en los números anteriores. Esto fue así porque en aquella época Kirby producía páginas a granel, superando el límite establecido por los cuadernillos en formato comic-book. En esa época de grandeza el torrente de creatividad era imparable y tras abandonar a los inhumanos, cuya ciudad oculta acabó siendo aislada tras una cúpula impenetrable, los Cuatro Fantásticos se encontraron con nuevos peligros. Al volver a casa se toparon con el cielo cubierto de llamas, lo cual había provocado el terror entre los pobres habitantes de Nueva York. Poco después, las llamas serían sustituidas por una cortina de asteroides, lo cual desafiaba cualquier explicación científica. Todo aquello no era más que una estratagema por parte del Vigilante, que había optado por romper su juramento de observar la Tierra sin interferir para tratar de ocultarla de la vista del heraldo de Galactus, quien buscaba nuevos mundos que pudiesen alimentar a su amo.

No obstante, el truco del Vigilante no logró detener a Estela Plateada, que atravesó la ilusión y descubrió el planeta rebosante de vida que ocultaba. La Cosa se enfrentó a él y lo lanzó desde la azotea del Edificio Baxter, pero no antes de que hubiese enviado una señal a Galactus. El Devorador de Mundos hizo su imponente entrada al final de ese mismo número, en la que apenas se disimulaba que se trata de la versión Marvel de Dios. De hecho, incluso llevaba una enorme G en el pecho (de “God”, “Dios”).

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En el siguiente número, los Cuatro Fantásticos se enfrentaron contra Galactus en una batalla que no tenían esperanza de ganar. La mejor posibilidad de evitar que la deidad cósmica consumiese la Tierra era que el Vigilante enviase a la Antorcha Humana hasta el hogar del propio Galactus, su gigantesca nave-mundo, donde se encontraba el único artefacto del cosmos que podía infundir temor en el Devorador de Mundos. Mientras Johnny intentaba cumplir con su cometido y el resto del cuarteto contemplaba con impotencia cómo Galactus iniciaba los preparativos para alimentarse de su planeta, Estela Plateada recuperaba la consciencia en el interior del apartamento de Alicia Masters, la escultora ciega que había sido pareja de la Cosa. A través de Alicia, Estela descubría la belleza que ocultan los seres humanos en su interior y llegaba a la conclusión de que no podía dejarlos morir aunque eso significase tener que traicionar a su amo.

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Así, el Fantastic Four #50 USA se abría con un majestuoso Estela enfrentándose a Galactus por el destino de la humanidad. Sin embargo, pese a sus inmensos poderes cósmicos Estela no era nada más que una sombra del poderío de su señor, que encontraba poco más que irritante su despliegue. Pero el combate de Estela concedió el tiempo suficiente a la Antorcha Humana para que concluyese su búsqueda, reapareciendo justo a tiempo para entregarle a Reed el objeto que detendría a Galactus: el Nulificador Supremo. Dicho artefacto tenía el poder de destruir el mismísimo cosmos, de ahí que incluso el Devorador de Mundos lo temiese. Con el Nulificador en la mano, Míster Fantástico obligó a Galactus a abandonar su intento de alimentarse de la Tierra y a marcharse, pero no antes de que saldase cuentas con su heraldo rebelde. Por haber osado alzar su mano contra Galactus, Estela fue despojado de su capacidad para surcar el cosmos y exiliado en el mundo que había querido proteger, que fue envuelto por una barrera invisible que le impediría salir al espacio. Esto tendría serias consecuencias para la relación entre Alicia y la Cosa, pero supondría que Estela se convertiría en un personaje recurrente que volvería a aparecer con frecuencia en las páginas de la colección. El propio Estela prometía regresar tras explorar las maravillas del mundo que había ayudado a salvar antes de montar en su tabla y volar hacia el horizonte.

Puede que la “Trilogía de Galactus” fuese su cúspide, pero el torrente creativo de Lee y Kirby no acabó ahí ni mucho menos. Las últimas páginas de ese número sirvieron para preparar el siguiente, ese clásico titulado “Este hombre… ¡este monstruo!” (Fantastic Four #51 USA, con fecha de portada de junio de 1966). Sólo un número después, el equipo viajaría hasta la misteriosa tierra de Wakanda para encontrarse con Pantera Negra, el primer superhéroe negro de la historia del cómic. Aquella fue la Era Marvel de los Cómics, sin duda.

El vagabundo cósmico

Estela apareció en diversas ocasiones en la cabecera del cuarteto fantástico, pues no había tardado mucho en convertirse en uno de los personajes más demandados por los lectores, que ardían en deseos de saber más acerca del misterioso y noble surfista. Su segunda aparición no se hizo mucho de rogar, pues volvió a la palestra en la historia publicada en Fantastic Four #55-60 USA, que se abría con algo que todos los fans querían ver: un nuevo enfrentamiento contra la Cosa. Celoso de la relación que había establecido con Alicia, Ben Grimm acabó intercambiando golpes con él de nuevo. En uno de los momentos más recordados de Fantastic Four #55 USA (octubre de 1966), la Cosa intentaba romper en vano su tabla plateada, momento que Lee aprovechaba para contar que no se trataba de un simple transporte, sino de una extensión de su propio ser.

Tras abandonar la pelea y despedirse de Alicia y los Cuatro Fantásticos, Estela reanudó sus vagabundeos con tal mala suerte que acabaría visitando la pequeña nación europea de Latveria, patria del Doctor Muerte. El maquiavélico villano no tardaría mucho en engañar al ingenuo alienígena, llegando a robarle sus poderes cósmicos por medios tecnológicos y adquiriendo la capacidad de manipular su tabla. De esta forma, un Doctor Muerte investido con el poder cósmico inició una campaña de dominación mundial que acabaría con la épica batalla del Fantastic Four #60 USA (marzo de 1967), en la que sólo un astuto engaño orquestado por Reed Richards conseguiría despojar a su archienemigo de sus dones robados y devolver la tabla a su legítimo propietario.

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Estela volvería en Fantastic Four #72 USA (marzo de 1968), donde trataría de obligar a los seres humanos a descubrir la bondad y la compasión por la fuerza y tendría que enfrentarse de nuevo contra los Cuatro Fantásticos antes de entrar en razón. Estela retomó sus vagabundeos tras percatarse de que su mensaje nunca podría ser transmitido mediante la violencia.

No mucho después, en Fantastic Four #74-77 USA (mayo – agosto de 1968), un hambriento Galactus volvería para demandar los servicios de su antiguo heraldo, de forma que debía encontrar un nuevo mundo que consumir o alimentarse de la Tierra. La subsiguiente aventura llevaría a Estela y a los Cuatro Fantásticos hasta el Microverso y Subatómica, donde se encontrarían con Psicoman. Una vez cumplido el deseo del Devorador de Mundos, Estela volvía a ser exiliado de nuevo a la Tierra, de forma que su antiguo señor pudiese localizarlo con facilidad en caso de que lo necesitase. Para Estela esto supuso un golpe demoledor, pues se le había permitido gozar momentáneamente de la libertad que tanto ansiaba y se le había vuelto a negar.

La tragedia de Norrin Radd

¿Pero quién era en realidad Estela Plateada? Pese a su tremenda popularidad, apenas se habían esbozado unas pocas pinceladas acerca de su origen en las páginas del cuarteto. Había llegado el momento de narrar su origen y sus aventuras en solitario, de forma que Stan Lee se alió con John Buscema para poner en marcha una nueva cabecera protagonizada por el surfista. Así, Silver Surfer Vol. 1 #1 USA (fecha de portada de octubre de 1968) se tituló apropiadamente “¡El origen de Estela Plateada!” y mostró al fin al ansiado trasfondo del personaje.

Antes de viajar por el espacio gracias a su tabla, Estela había sido Norrin Radd, un astrónomo del lejano planeta Zenn-La. La sociedad de aquel mundo era una auténtica utopía en la que la guerra y las enfermedades había sido erradicadas tiempo atrás y en la que la ciencia había alcanzado un desarrollo increíble. Pese a todo, Norrin era un alma inquieta y su ansia de descubrimiento le llevaba a alzar constantemente su mirada hacia las inmensidades cósmicas. Sólo hallaba solaz entre los brazos de su amada, Shalla-Ball.

Pero todo cambió el día en que los instrumentos de Norrin detectaron a una nave alienígena aproximándose a su mundo. Sabiendo que la de Zenn-La era una sociedad pacífica y temiendo las intenciones hostiles del navío visitante, Norrin convenció al consejo de científicos de su mundo para que le proporcionase una nave con la que acudir al encuentro de los invasores. Ni siquiera él podía esperar que aquella nave perteneciese a Galactus, el Devorador de Mundos, que había acudido para saciar su hambre interminable consumiendo las energías de Zenn-La. Aterrorizado ante la posibilidad no sólo de perder su planeta natal sino también a Shalla-Ball, Norrin le ofreció una alternativa a la deidad cósmica: a cambio de que perdonase Zenn-La, él mismo se convertiría en su heraldo y dedicaría su vida a buscar otros mundos que pudiesen paliar su hambre. De esta forma, Galactus le otorgó sus poderes cósmicos, su apariencia plateada y el tablero que le permitiría recorrer los senderos espaciales, convirtiéndole en Estela Plateada. Para salvar aquello que amaba, Norrin tuvo que renunciar a su vida y a su amor, obteniendo consuelo en las maravillas del universo que ahora estaban literalmente al alcance de su mano.

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La cabecera de Estela Plateada fue uno de los trabajos más inspirados de Stan Lee, que otorgó ciertas aspiraciones literarias a sus textos cargados de introspección. Aquel cómic no era la enésima historia de superhéroes y supervillanos, sino que pretendía ser algo más; una tragedia épica incluso. Esto se puso en evidencia cuando la colección alcanzó su tercera entrega. Después del encontronazo con los invasores Badoon del segundo número, el tercero introducía nada más y nada menos que a la versión marvel del diablo: Mefisto.

Ante la hostilidad con la que siempre era recibido por los seres humanos a los que trataba de ayudar, un súbito estallido de ira de Estela llamó la atención del señor de los infiernos, que de inmediato buscó la manera de apoderarse de la noble alma del surfista. Así, Mefisto secuestró a Shalla-Ball y la arrastró hasta su reino con la intención de usarla para obligar a Estela a cumplir su voluntad. Estela no se dejó amedrentar y viajó hasta el reino demoníaco, donde fue tentado repetidamente por Mefisto. Sus intentos fueron en vano, pues el alma del surfista no se quebrantó. Finalmente, Mefisto trató de absorber la esencia de Estela en el interior de su mente, pero al hacerlo quedó expuesto a la mente de su enemigo. Incapaz de enfrentarse a la innegable pureza de Estela, el demonio fue vencido, por lo que envió a Shalla-Ball de vuelta a Zenn-La y al surfista de vuelta a la Tierra, donde seguiría atrapado por la barrera invisible que había erigido Galactus para mantenerlo exiliado y sería incapaz de reencontrarse con su amada. Evidentemente, Mefisto no se daría por satisfecho con el resultado y no tardaría en volver a atormentarle, pues había desarrollado un intenso interés por quebrantar su alma. En esta serie incluso las victorias del héroe protagonista eran amargas.

Un número después, Loki envió a Estela hasta Asgard para utilizarlo como arma contra su hermano Thor, provocando una contundente pelea entre ambos. Loki había engañado al surfista al hacerle creer que Thor era una amenaza que pretendía conquistar el hogar de los dioses nórdicos y secretamente potenció los poderes de Estela con los suyos propios durante el combate, aunque el embuste no tardaría en ser descubierto y un enfurecido Loki enviaría a Estela de nuevo a la Tierra. El pobre Estela, para quien aquel mundo aún estaba por descubrir, parecía condenado a ser constantemente engañado y manipulado por los demás.

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En Silver Surfer Vol. 1 #8-9 USA (septiembre – octubre de 1969), Mefisto volvía a enredar a nuestro protagonista en sus redes gracias al espectro de Josst van Straaten, el legendario Holandés Errante. Tras aumentar sus poderes y trasformarlo en la criatura conocida como el Fantasma, el villano le envió a la Tierra a atormentar a Estela, primero con visiones de Shalla-Ball y luego haciendo que sus poderes se volviesen contra los humanos por los que velaba. El Fantasma trató de apoderarse del alma del surfista obligándole a tomar la vida de una víctima inocente, pero fracasó en su empeño y en última instancia acabó conmovido por la nobleza de su rival. Como consecuencia, Mefisto le devolvió al reino de los muertos y el surfista acababa derramando una lágrima de compasión por el destino de sufrimiento eterno al que se encaminaba su rival.

El tono trágico continuó en los dos siguientes números (Silver Surfer Vol. 1 #10-11 USA noviembre – diciembre de 1969), en los que aquel que en el pasado había sido Norrin Radd se reencontraba al fin con su amada Shalla-Ball. La historia comenzaba con Yarro Gort, uno de los hombres más ricos de Zenn-La y aspirante a la mano de Shalla-Ball. Para demostrarle que su antiguo amante había muerto o había caído en los brazos de otra mujer, Yarro Gort abandonó Zenn-La junto a Shalla-Ball con rumbo a la Tierra. Mientras eso sucedía, el surfista se encontraba en una ciudad sudamericana oprimida bajo la tiranía de un dictador apodado el Capitán. Tras liberar a una guerrillera que luchaba por la libertad llamada María, ésta recompensó a Estela con un beso… con tan mala fortuna que la escena sería contemplada por Shalla-Ball mientras su nave llegaba a la atmósfera terrestre.

La nave de Yarro Gort sería derribada poco después por los seguidores del Capitán, que no tardaron en ver las ventajas que aquella tecnología alienígena les podía proporcionar. Yarro Gurt accedió a colaborar con los militares para obtener su libertad, mientras Estela seguía combatiendo junto a los rebeldes. En la batalla final, Shalla-Ball trataría de impedir que Yarro Gurt usase sus armas contra el surfista, recibiendo una severa herida. Tras las muertes del Capitán y Yarro Gurt, Estela reconstruyó la nave espacial y la envió de vuelta a Zenn-La con su amada en su interior, con la esperanza de que la ciencia de su mundo natal fuese capaz de salvarle la vida.

En Silver Surfer Vol. 1 #14 USA (marzo de 1970), Estela se enfrentó con Spiderman por el más inocente de los malentendidos, pues una telaraña del trepamuros se enganchó por accidente en su tabla y el surfista se lo tomó como un ataque. No obstante, ambos acabaron en buenos términos. En el siguiente número, se reencontraría con un viejo conocido, en este caso la Antorcha Humana de los Cuatro Fantásticos. Mientras pasaba por las proximidades del Edificio Baxter durante sus vagabundeos, Estela observó a la Antorcha negociando con un grupo de militares que buscaban al alienígena plateado. Pensando que trataban de capturarle, el surfista se enzarzó en combate con Johnny, aunque no tardaría en descubrir que los militares le buscaban no para encarcelarle, sino para que les ayudase con su programa espacial. Avergonzado por estos acontecimientos, Estela optaría por alejarse de allí y abrazar de nuevo la soledad.

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Un número después, Mefisto volvería al ataque y trataría de derrotar a su enemigo otorgándole aquello que más deseaba: la libertad del exilio que le había impuesto Galactus. Para probar si aquello era cierto, Estela se apresuró a viajar hasta Zenn-La en busca de Shalla-Ball, pero su amada había desaparecido. En realidad había sido secuestrada de nuevo por Mefisto, que una vez más pretendía chantajear a su enemigo y obligarlo a volverse en contra de la humanidad.

Al volver a la Tierra, el combate entre Estela y Mefisto llamó la atención de Nick Furia y SHIELD, que quiso intervenir para poner fin al conflicto. Irritado, Mefisto le ordenó a Estela que acabase con SHIELD si alguna vez quería volver a ver con vida a Shalla-Ball, a quien había ocultado en alguna parte del planeta. Pero en secreto el taimado demonio había escondido a Shalla-Ball en la base de SHIELD con la siniestra intención de que Estela la matase y así al fin su alma quedase rota para siempre. Por suerte el engaño fue descubierto a tiempo, pero Mefisto volvería a separar a los amantes enviando de nuevo a Shalla-Ball hasta Zenn-La y reinstaurando la barrera que aislaba a Estela en la Tierra.

El Silver Surfer Vol. 1 #17 USA sería el último dibujado por John Buscema. El siguiente número, que cerraría ese volumen inicial, trajo de vuelta a Kirby para ilustrar el enfrentamiento entre Estela y los Inhumanos. Aquel número acababa con la ominosa promesa por parte del surfista de que tras haber sido acosado, engañado, perseguido y manipulado sin cesar durante su estancia en la Tierra juraba convertirse en un enemigo de la humanidad. Pese a la enorme calidad que atesoraron aquellas dieciocho entregas, la serie fue cancelada, dejando aquella promesa en el aire. Afortunadamente, Estela no tardaría mucho tiempo en encontrar una nueva cabecera en la que codearse con la flor y nata del Universo Marvel.

Defensor de lo imposible

En The Defenders Vol. 1 #1 USA (agosto de 1972), Steven Englehart y Sal Buscema pusieron en marcha la serie regular protagonizada por el inesperado grupo de héroes formado por Hulk, Namor y el Doctor Extraño (que ya había contado con un serial propio en Marvel Feature: The Defenders #1-3 USA). Aquel número mostró a Hulk y al Doctor Extraño tratando de rescatar al Hombre Submarino de las garras del perverso Necrodamus. Namor había sido derribado por un poderoso enemigo y ahora el villano pretendía sacrificarlo en honor a sus deidades oscuras. Tras el oportuno rescate, Namor reveló que aquel que le había derrotado en primera instancia no era otro que Estela Plateada, el antiguo heraldo de Galactus, y por ello debían encontrarle.

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A lo largo de varios meses el Doctor Extraño recorrió el mundo usando su forma astral en busca del surfista, hasta que encontró que se estaba ocultando en un valle secreto del Himalaya. Sospechando las fuerzas que se podían ocultar en aquel remoto lugar, los Defensores viajaron hasta allí y se encontraron con Estela. El conflicto entre ellos fue rápidamente interrumpido por la aparición del villano Calizuma y sus magos guerreros, que habían ejercido su diabólica influencia sobre el inocente alienígena. Solucionada la amenaza, el Doctor Extraño le ofreció a Estela la posibilidad de usar su magia para hacerle sortear la barrera de Galactus que le mantenía atrapado en la Tierra. El intento acabaría en desastre cuando los cuatro se vieron transportados hasta la dimensión mística del Sin Nombre, donde una vez más tuvieron que combatir por sus vidas. De regreso en la Tierra, el surfista se lamentaría de haber sido engañado una vez más por los humanos y se marcharía, dejando a Extraño dudando de su capacidad para liderar a los Defensores en la buena dirección.

No obstante, Estela volvió apenas dos números después, en The Defenders Vol. 1 #6 (junio de 1973), para integrarse como miembro del grupo y luchar contra amenazas como Attuma o el Fantasma Rojo. El surfista también participaría en el mítico choque entre Defensores y Vengadores orquestado por Loki y Dormammu. Ambos equipos se enfrentaron entre ellos por la posesión del Ojo Diabólico y Estela midió sus fuerzas contra la Visión y la Bruja Escarlata. En última instancia, Defensores y Vengadores descubrieron que estaban siendo manipulados y se aliaron para derrotar a los villanos, quedando el místico objeto en manos del Doctor Extraño. Poco después, Estela abandonó a los Defensores y siguió su camino en solitario.

La historia que nunca fue

Durante los años siguientes Estela volvería a aparecer en las páginas de los Cuatro Fantásticos, donde se enfrentaría al Doctor Muerte. Poco después declinaría el puesto en los Vengadores que se le ofreció tras ayudarles a derrotar al Hombre Molécula y participaría en el segundo encontronazo entre Vengadores y Defensores gracias a los villanos Nebulon y Supernalia. Pero Estela siempre optaría por la mantenerse en la soledad que le consumía en su exilio, que ya duraba casi una década en el mundo real.

La casualidad quiso que para celebrar tan macabro aniversario Stan Lee y Jack Kirby se uniesen de nuevo en 1978 para elaborar un proyecto muy especial en el que se narraría de forma distinta la historia de la primera llegada de Estela a la Tierra. Se trata de la novela gráfica Silver Surfer, co-publicada por Marvel Comics y Fireside Books. En esta historia fuera de continuidad los creadores del personaje plasmaron el enfrentamiento entre Estela y Galactus sin incluir a los Cuatro Fantásticos y añadiendo nuevos elementos como el personaje de Ardina, una mujer creada por el Devorador de Mundos para tentar al surfista y devolverle así al redil. Esta novela gráfica supuso otro imponente derroche de talento por parte de Lee y Kirby, que dejaron claro que la faceta trágica del personaje era una de sus señas de identidad.

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La novela de Silver Surfer estaba cargada de poses declamativas, diálogos rimbombantes y reflexiones introspectivas por parte de su taciturno protagonista. Era una historia apasionada de amor, triunfo y sacrificio y fue una de las mayores aportaciones que Lee y Kirby hicieron para la mitología del personaje pese a que ni siquiera estuviese en continuidad.

El fin del exilio

Ya comenzada la década de los 80, apareció Silver Surfer Vol. 2 #1 USA (junio de 1982), número especial de 48 páginas y única entrega de ese volumen. Co-escrito por Stan Lee y John Byrne (originalmente era una propuesta de guión de Lee para una película sobre el personaje que Byrne quiso adaptar a las viñetas) y dibujado por Byrne, aquel número supuso el ansiado final del exilio terrestre del surfista… al menos durante unas pocas páginas.

Desesperado tras su enésimo intento de atravesar la barrera de Galactus, Estela pidió ayuda a Míster Fantástico, que diseñó un artilugio de rayos alfa capaz de debilitar lo suficiente la barrera invisible como para que pudiese atravesarla durante un instante. Feliz tras lograr su objetivo, el surfista se dirigió de inmediato a Zenn-La con la intención de reunirse con Shalla-Ball. Pero para su sorpresa, su mundo natal había sido arrasado. El vengativo Galactus había pagado su disgusto hacia su antiguo heraldo destruyendo su planeta, pero aquella no era la peor noticia: Shalla-Ball había sido secuestrada y llevada de nuevo a la Tierra por Mefisto, siempre dispuesto a aprovechar cualquier oportunidad de aplastar la ya torturada alma de su enemigo.

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Una vez más, Estela volvió a la Tierra para enfrentarse al señor de las mentiras, pero como siempre Mefisto escapó de la derrota con una ruin estratagema. El demonio envió a Shalla-Ball de regreso a Zenn-La, obligando a Estela a que la siguiese sólo para descubrir que otra vez había quedado atrapado tras la barrera de Galactus. Pese a verse de nuevo exiliado y separado de su amada, Estela le otorgó parte de su poder cósmico a Shalla-Ball, de forma que pudiese recrear su destruido planeta cuando llegase a su destino.

De nuevo atrapado en aquel mundo del que nunca podría formar parte, Estela volvió a cruzarse con los Cuatro Fantásticos durante su batalla con el nuevo heraldo de Galactus: Terrax el Indómito. También participó en los acontecimientos de las Secret Wars II, luchando junto al resto de héroes terrestres junto al Todopoderoso y uniendo su poder al del Hombre Molécula para deshacer el daño que había recibido la Tierra.

El exilio llegaría a su conclusión esta vez sí en 1987, con el comienzo de la nueva cabecera regular del surfista. El proyecto había empezado algunos años atrás e incluso había cambiado de manos, pero al contrario que la anterior cabecera sí contó con el favor de las ventas. De hecho, este tercer volumen llegaría casi a las ciento cincuenta entregas. Steven Englehart y Marshall Rogers fueron los encargados de la primera etapa, que arrancó en Silver Surfer Vol. 3 #1 USA (julio de 1987), número en el que Estela conseguía superar la famosa barrera y llegar hasta el espacio a tiempo para rescatar a Nova (heraldo de Galactus en ese momento) de los Skrulls. Esto le valió el perdón de su antiguo señor y la capacidad de surcar de nuevo el cosmos.

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Como no podía ser de otra forma, su primera parada fue Zenn-La, que había vuelto a la vida y se había convertido en un lugar utópico donde naturaleza y tecnología convivían bajo el mandato de la emperatriz Shalla-Ball. El tan esperado reencuentro entre los amantes no acabó teniendo las consecuencias esperadas, pues su nuevo cargo como emperatriz había cambiado a Shalla-Ball y enfriado las emociones que le unían con quien en el pasado había sido Norrin Radd. Por otra parte, la presencia de Estela en Zenn-La podría convertir el renacido planeta en blanco de sus muchos enemigos, por lo que tras despedirse de Shalla-Ball el surfista partió hacia la inmensidad del espacio una vez más.

Cerrados al fin los cabos sueltos que habían marcado el devenir de la serie en el pasado, Englehart se propuso darle un toque más desenfadado, con más énfasis en la aventura y menos en la tragedia. El guionista convirtió a Mantis, personaje que él mismo había creado en las páginas de los Vengadores, en la inesperada compañera de Estela y puso el enfoque en las andanzas del surfista en el cosmos. Con el eterno conflicto entre los Kree y los Skrulls de fondo, Englehart preparó una larga trama en la que los Antiguos del Universo (el Gran Maestro, el Coleccionista, el Corredor, el Campeón y el Jardinero) conspiraban para acabar con la vida de Galactus y así convertirse en el poder supremo del universo. Para alcanzar dicho objetivo utilizaron ciertas gemas que más adelante darían mucho que hablar en manos de otro guionista. Al finalizar aquella aventura, Estela había dejado a Mantis y comenzado a viajar con Nova, personaje con el que empezaría a desarrollar una estrecha relación.

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El primer punto de inflexión de la serie se produjo en Silver Surfer Vol. 3 #15 USA (septiembre de 1988), con la llegada de Ron Lim a los lápices. Durante los últimos años de la década de los 80 y buena parte de la de los 90, fue el característico estilo de Lim el que definió la imagen de la plana mayor de personajes cósmicos de Marvel, incluyendo por supuesto a Estela Plateada. Durante los siguientes números, villanos como Ego el Planeta Viviente o el Superskrull se pasaron por las páginas de la serie antes de que ciertos conflictos editoriales llevasen a la marcha de Englehart. El guionista se despidió de la serie en Silver Surfer Vol. 3 #31 USA (diciembre de 1989), un número inusualmente introspectivo en el que Estela se encontraba con el Tribunal Viviente, el juez de los seres cósmicos.

La parábola

Mientras se publicaba el tercer volumen, entre diciembre de 1988 y enero de 1989, Stan Lee volvió una vez más al personaje con el que tanto se había implicado en el pasado para escribir otra de las historias más reverenciadas del surfista: Parábola. Publicada originalmente en Silver Surfer Vol. 4 #1-2 USA y dentro del sello Epic, Lee vio esta historia como la oportunidad de hacer un cómic de aspiraciones artísticas más allá de lo comercial. No en vano lo iba a dibujar uno de los talentos más renombrados y admirados del cómic europeo: Jean Giraud, también conocido como Moebius.

Parábola era otra versión de la “Trilogía de Galactus” original, en la que el Devorador de Mundos llegaba por primera vez a la Tierra (aunque prescindiendo de los Cuatro Fantásticos como ya hizo la novela gráfica de Lee y Kirby). Sin embargo, en esta historia se exploraban temas relacionados con la religión y el fanatismo como no se habían visto antes en los cómics de Lee. Aquí Galactus se presentaba directamente como un dios que llegaba a la Tierra exigiendo la devoción de la humanidad, mientras que Estela era un paria que había renunciado a su señor y debía malvivir en el mundo humano del que no formaba parte. No obstante, aquello no era más que un ardid por parte de Galactus, cuyo objetivo era mantener sumisas a las masas mientras consumía las energías del planeta. Estela se enfrentaría a la deidad cósmica por el destino de la Tierra como había hecho en las versiones anteriores de esta historia fundacional del Universo Marvel y, aunque el resultado sería el esperable, los matices serían nuevos. La conclusión de Parábola, con Estela hablando ante las Naciones Unidas, supuso una importante crítica a nuestra sociedad, a nuestro modo de pensar y a lo poco que nos merecemos una figura mesiánica como la del surfista.

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Parábola ganó un Premio Eisner en 1989 y a día de hoy sigue siendo un obra reverenciada a ambos lados del Atlántico.

El germen del infinito y lo que vino después

El Silver Surfer Vol. 3 #34 USA (febrero de 1990) supuso un importante hito tanto para Estela Plateada como para el Universo Marvel. Jim Starlin se puso a los mandos del guión de la cabecera, que continuó contando con el dibujo de Ron Lim. Starlin, al que se conocía como “Míster Muerte” por su tendencia a matar a los personajes que pasaban por sus manos, era famoso por un conjunto de historias protagonizadas por el Capitán Marvel, Adam Warlock y Thanos en años anteriores. Starlin fue el artífice de la mítica novela gráfica de “La Muerte del Capitán Marvel”, además de ser el creador de personajes como Thanos o Drax el Destructor. Su llegada a la colección del surfista puso las semillas para una nueva era de gloria para los personajes cósmicos de la editorial, pues fue allí donde se gestó lo que hoy conocemos como la trilogía del Infinito: El Guantelete del Infinito, La Guerra del Infinito y La Cruzada del Infinito.

La portada de aquel número 34 anunciaba el regreso de Thanos, a quien la Muerte había resucitado para poner fin al gran desequilibrio universal producido por el hecho de que había más seres vivos en el cosmos de los que habían muerto jamás. Con un nuevo genocidio universal en mente, materia en la que el Titán Loco ya tenía experiencia, Thanos se dispuso a enfrentarse con la única figura que podía interponerse en sus planes, que no era otro que Estela. Pero su primer combate no fue físico, sino dialéctico. Thanos llevó al surfista a un viaje por distintos planetas, tratando de explicar su postura respecto al gran desequilibrio que pretendía corregir… y de paso engañándole para que diezmase a un mundo inocente sin querer.

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Tras comprobar lo taimado y peligroso que podía ser el Titán Loco, Estela decidió luchar contra él. No obstante, Thanos había preparado un nuevo engaño mediante el cual hizo creer a Estela que había muerto. Con el camino despejado, el villano inició una búsqueda por todo el cosmos que le llevaría a arrebatar una a una las gemas del infinito a sus propietarios, los Antiguos del Universo (Thanos Quest #1-2 USA, septiembre – octubre de 1990). Una vez reunidas y engarzadas en su guantelete, Thanos adquirió el estatus de divinidad suprema. Aliado con Mefisto, el viejo enemigo del surfista, Thanos se enfrentó a él y al renacido Drax el Destructor, derrotándolos con facilidad (Silver Surfer Vol. 3 #44-45 USA, diciembre de 1990 – enero de 1991).

Estela viajaría a la Tierra para avisar de la amenaza en la que se había convertido el Titán Loco, lo cual provocó el enfrentamiento de Thanos no sólo contra los héroes terrestres sino también contra el resto de seres cósmicos del universo (The Infinity Gauntlet #1-6 USA, julio – diciembre de 1991). El evento de El Guantelete del Infinito, también escrito por Starlin, estuvo íntimamente conectado con la colección del surfista, en la que personajes como Thanos, Mefisto, Drax y Adam Warlock se dejaron ver con asiduidad durante las entregas de la época. No obstante, Starlin tuvo que dejar la colección en el número 50 para centrarse en la macrohistoria que tenía entre manos. El arco de Silver Surver Vol. 3 #51-59 (julio – diciembre de 1991, coincidiendo con la miniserie que narraba el evento) ampliaba los acontecimientos de El Guantelete del Infinito y desarrollaba el papel de Estela con mucho más detalle, pero pasó a estar escrito por Ron Marz.

infinity-gauntlet-silver-surfer

Con la derrota de Thanos, Adam Warlock se convirtió en el nuevo poseedor del guantelete del infinito, aunque pronto fue obligado a repartir las gemas entre los miembros de su Guardia del Infinito. Con el primer capítulo de su trilogía del Infinito concluido, Starlin se centró en preparar el siguiente y la cabecera del surfista, dirigida ahora por Ron Marz, dejó a un lado la carga de solemnidad y trascendencia para volver a centrarse en la aventura y la exploración. A la etapa de Starlin no le había faltado diversión (baste recordar la aparición del Hombre Imposible o los chistes a costa de Drax el Destructor, que había renacido con una inteligencia muy limitada), pero al final la figura de Thanos y la descomunal escala del conflicto cósmico habían acabado acaparando toda la atención.

Con el Titán Loco, Adam Warlock y las gemas del infinito en otra colección, las páginas de Estela se centraron en sus viajes y sus batallas contra enemigos como el Coleccionista o Reptyl. Pese a todo, la sombra de Starlin era alargada y pronto la colección se vio afectada por el segundo capítulo de la trilogía del Infinito: La Guerra del Infinito (Silver Surfer Vol. 3 #67-69 USA, julio – agosto de 1992), en donde Estela se enfrentaría a su antiguo amo Galactus para salvar al Doctor Extraño.

Justo a continuación Ron Marz se lanzó a narrar la que quizá fue su historia más recordada: La Guerra de los Heraldos (Silver Surfer Vol. 3 #70-73 USA, agosto – diciembre de 1992), en la que todos los viejos heraldos del Devorador de Mundos se enfrentaban a su último elegido: el cruel y sádico Morg. Temiendo las consecuencias que un heraldo como ese podía tener para el universo, Estela se reuniría con Nova, el Caminante Aéreo, el Señor del Fuego y Terrax para detenerle, en una batalla de grandes proporciones en la que nos todos los ex-heraldos saldrían con vida. Nova, con quien Estela había mantenido un romance algún tiempo atrás, moriría en el conflicto y su cuerpo sería depositado en el corazón de una estrella.

La última saga de la trilogía del infinito, La Cruzada del Infinito, también tuvo su impacto en la serie, aunque en este caso fue algo menor (Silver Surver Vol. 3 #83-84 USA, agosto – septiembre de 1993). Estela vivió aventuras junto a la Sota de Corazones, Genis-Vell (el hijo del Capitán Marvel) y la Guardia del Infinito. Se reencontró con Shalla-Ball por enésima vez, reviviéndola después de que se sacrificase para salvar Zenn-La. Formó equipo con Quasar y Bill Rayos Beta, además de participar en ocasionales reuniones de los Defensores. Sin embargo, la marcha de Ron Lim de la colección (su último número fue Silver Surfer Vol. 3 #82 USA, aunque siguió realizando las portadas durante una temporada) hizo que el interés de los lectores comenzase a decaer poco a poco. Ron Marz también se marcharía, tras guionizar Silver Surfer Vol. 3 #100 USA (enero de 1995) y co-escribir las dos siguientes entregas. Esta había sido la época más exitosa del personaje, que incluso llegaría a protagonizar su propia serie de animación en aquellos años.

La siguiente era de la serie fue algo confusa, tanto para el personaje como para sus lectores . Mike Lackey se encargó de unos guiones en los que destacó el encuentro entre Estela y el Doctor Muerte, pero pronto cedió su puesto a George Pérez (Silver Surfer Vol. 3 #111 USA, diciembre de 1995), quien se encargó de narrar aventuras que no parecían estar en sintonía con la estética hiperbólica y violenta que se imponía en los cómics del momento.

La serie se intentó relazar un año después en Silver Surfer Vol. 3 #123 USA (diciembre de 1996), esta vez con J. M . DeMatteisSilver_Surfer_v3_83 al guión. Estela perdió su capacidad de sentir emociones y viajó de nuevo hasta la Tierra para reencontrarse con Alicia Masters, con la ilusión de poder reconectar así con su humanidad. De esta forma, Alicia se convirtió en su compañera de viaje durante un tiempo. También se descubriría que todo lo que creíamos cierto sobre Zenn-La era en realidad una compleja y enrevesada ilusión. Estela incluso se reencontró con su largo tiempo desaparecido hermano Fennan. Pero ni siquiera el regreso de Mefisto sirvió para salvar la colección, que fue cancelada en noviembre de 1998, siendo Silver Surfer Vol. 3 #146 USA el último número del volumen más largo que ha tenido el surfista hasta la fecha.

La oleada aniquiladora y sus consecuencias

En 2003 se inició el quinto volumen de su serie, centrado en explorar a Estela como alegoría de la figura mesiánica. Abarcó catorce números en total, aunque no hizo demasiado ruido. Estela también tuvo su papel durante el célebre arco Planet Hulk, en el que se enfrentó al Coloso Esmeralda en los duelos de gladiadores del planeta Sakaar (The Incredible Hulk Vol. 2 #94-95 USA, junio – julio de 2006). Ese mismo año supuso la vuelta de Estela a la actualidad gracias al gran evento que se estaba gestando en la vertiente cósmica de Marvel: Aniquilación.

Aniquilación era en realidad un compendio de miniseries relacionadas que arrancaban tras un número especial y que desembocaban en la miniserie central (Annhilitation #1-6 USA, octubre de 2006 – marzo de 2007). Todo comenzaba con la llegada de Annihilus y su oleada aniquiladora desde la Zona Negativa, que arrasaba todos los mundos con los que se cruzaba. Una de las muchas consecuencias del paso de la oleada fue la liberación de los dos dioses proemios (seres cósmicos pertenecientes a los inicios del universo) Tenebroso y Aegis, que se encontraban prisioneros en el interior de las Kyln, una antiquísimas construcciones situadas en el extremo del universo. Aconsejados por Thanos, en ese momento aliado de Annihilus, Tenebroso y Aegis decidieron vengarse de su captor, que no era otro que Galactus. De esta forma Galactus fue derrotado y entregado a Thanos, que comenzó a utilizar al Devorador de Mundos como fuente de energía para la oleada aniquiladora.

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La intervención de una reunión de personajes de toda índole (Nova, Star-Lord, Drax, Phyla-Vell, Ronan…) detendría a Annihilus, permitiendo así que Estela liberase a un debilitado Galactus. Con un hambre mayor de la que había sentido nunca, el Devorador de Mundos necesitaba con urgencia un nuevo heraldo que le guiase hacia planetas rebosantes de energía y el surfista accedió a desempeñar ese puesto por segunda vez. Su nuevo estatus se afianzaría en Annihilation: Heralds of Galactus #1-2 USA (abril-mayo de 2007), en donde Estela derrotaría a Tenebroso y Aegis y partiría en busca de un lugar que pudiese saciar a Galactus.

Ese mismo año se publicó Silver Surfer: Requiem #1-4 USA (julio – octubre de 2007), una miniserie del sello Marvel Knights escrita por J. Michael Straczynski y dibujada por Esad Ribic en la que se narraba la agonía y muerte del personaje y que por tanto estaba situada en una continuidad paralela. También por esas fechas Estela se enfrentaría a los Cuatro Fantásticos, que en ese momento estaban formados por Pantera Negra, Tormenta, la Cosa y la Antorcha Humana (Fantastic Four #545-546 USA, junio – julio de 2007). Su rol como heraldo le llevaría a enfrentarse a Nova, a Saakar (el hijo de Hulk) y a Bill Rayos Beta, posponiendo así la alimentación de Galactus.

Sus deberes como heraldo mantuvieron a Estela alejado de las sagas que se derivaron de Aniquilación, como su secuela directa Aniquilación: Conquista. Sin embargo, sí que tuvo papeles menores en El Imperativo Thanos (The Thanos Imperative #1-6 USA, agosto de 2010 – enero de 2011), donde los Guardianes de la Galaxia, Nova y un nutrido grupo de seres cósmicos se enfrentaron a la amenaza del Cancerverso y a un revivido Thanos. Tras la desaparición de Nova y Star-Lord, Estela se unió a Bill Rayos Beta, Ronan, Gladiador y Quasar para formar un grupo conocido como los Aniquiladores, guardianes de la paz galáctica inspirados por el sacrificio de Star-Lord (Annihilators #1-4 USA, mayo – agosto de 2011, y posteriormente Annihilators: Earthfall #1-4 USA, noviembre de 2011 – febrero de 2012).

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Aunque era poco usual, Estela hizo que Galactus se alimentase de una estrella y, mientras su amo se recuperaba de la experiencia, volvió a la Tierra temporalmente. Allí fue atacado por el Alto Evolucionador, que le robó su poder cósmico. Estela se alió con la Doctora Suzi Endo para derrotar al Evolucionador y recuperar lo que se le había robado (Silver Surfer Vol. 6 #1-5 USA, abril – agosto de 2011). Esta historia, escrita por Greg Pak, supuso el sexto volumen de la colección, aunque bien podría haber sido publicada como una miniserie más.

En aquel momento la necesidad de Galactus se había vuelto tan acuciante que Estela tenía poco margen de maniobra. El Devorador de Mundos decidió encaminarse de nuevo hacia la Tierra para buscar la semilla de Galactus, un objeto creado en el albor del tiempo que podía dar lugar al nacimiento de un nuevo universo. De una semilla similar había nacido el Árbol del Mundo que veneraban los asgardianos y de hecho el objeto que buscaba el Devorador de Mundos se hallaba en Asgard, situado en ese momento en Broxton, Oklahoma.

Mietras Galactus se enfrentaba a Odín, Estela buscó la semilla, que había sido hábilmente ocultada por el pequeño Loki en el interior del Árbol del Mundo, de forma que su búsqueda sería completamente inútil. Eso puso fin al conflicto entre el Devorador de Mundos y los asgardianos, aunque el heraldo recibió la orden de permanecer en la Tierra para vigilar lo que sucedía con la semilla. De esta forma, Estela pasó un tiempo en Broxton y aprendió a deshacerse de su envoltura plateada y a adoptar una forma mucho más humana. Todo lo anterior se narró en The Mighty Thor Vol. 1 #1-6 USA (junio – noviembre de 2011), obra de Matt Fraction y Olivier Coipel.

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Fraction retomó al personaje en la última encarnación de los Defensores (The Defenders Vol. 4 #1-12 USA, febrero de 2012 – enero de 2013), en la que Estela se reuniría con el Doctor Extraño, Namor, Puño de Hierro y Hulka Roja para resolver el misterio del Motor de Concordancia. Tras pasar por las manos de este guionista, el surfista quedó a la espera de que otro escritor decidiese usarlo. Finalmente, el encargado de hacerlo fue alguien inesperado que conduciría a Estela a una nueva era de gloria.

Delirios pop espaciales

En 2014 el nombre de Dan Slott estaba ya tan asociado a la franquicia arácnida que parecía difícil verle trabajar con un personaje tan alejado de ella como Estela. El popular guionista había mostrado su interés por el personaje en más de una ocasión y tenía varias ideas, pero el ritmo quincenal de la cabecera del trepamuros prácticamente imposibilitaba que alguna de esas ideas llegase a materializarse. No obstante, se produjo un inesperado alineamiento cósmico que permitió que Slott se encargase de un nuevo volumen de la colección del surfista, que en esta ocasión estaría dibujado de forma íntegra por el inimitable Mike Allred.

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Slott se inspiró en una de sus series de televisión favoritas, la británica “Doctor Who”, para dar forma a sus ideas para Estela. En “Doctor Who”, un alienígena que usa el nombre de Doctor (y que pertenece a una especie conocida como los Señores del Tiempo) recorre el espacio y el tiempo a bordo de una nave espacial que es algo más que una simple nave (la TARDIS), con frecuencia acompañado por una chica humana. Estela podía ser un buen equivalente para el Doctor dada su naturaleza y su experiencia, mientras que su tabla podía ser algo más que un mero transporte y empezar a actuar con cierta voluntad propia. Sólo faltaba encontrar a la acompañante adecuada para viajar con Estela. No era la primera vez que se le daba una compañera al surfista (recordemos a Mantis o a Alicia Masters), pero en esta ocasión era importante que se tratase de una chica normal y corriente, sin ningún tipo de experiencia con seres superpoderosos. Era necesario alguien que pudiese asombrarse antes las maravillas que Slott y Allred iban a desplegar en la serie.

Silver Surfer Vol. 7 #1 USA (mayo de 2014) empezaba con Estela siendo elegido por Zed el Incrédulo, un curioso personajillo que poseía una de las localizaciones turísticas más extravagantes del universo: el Impericon. Dicho luchar estaba siendo amenazado por una criatura cósmica conocida como la Reina Nunca y todos los campeones que Zed había enviado contra ella habían sido derrotados. Para asegurarse de que Estela luchase contra la reina, Zed secuestró a quien se supone que era el ser más importante del universo para el surfista, pero para su sorpresa no fue Shalla-Ball ni ningún otro rostro conocido, sino una humilde chica terrestre llamada Dawn Greenwood.

Mientras Dawn ayudaba a escapar a los seres queridos de los campeones caídos de Zed, Estela se encontraba con la Reina Nunca y descubría que deseaba llegar al Impericon para recuperar su corazón, que había sido robado por Zed y era utlizado como la fuente de energía que mantenía entero aquel imposible lugar que era el Impericon. Tras devolverle el corazón a la reina, Estela y Dawn decidieron viajar juntos por el universo.

Silver_Surfer_01

Pero antes realizaron una breve parada en la Tierra, donde Estela tuvo la oportunidad de conocer a la familia de Dawn, concretamente a su hermana gemela y a su padre. Aquello acabó llevándoles a vivir una extraña aventura junto al Doctor Extraño y a Hulk, sus viejos compañeros de los Defensores, cuando tuvieron que despertar a Pesadilla, el soberano del reino de los sueños, que por vez primera en mucho tiempo se había quedado dormido (Silver Surfer Vol. 7 #4-5 USA, agosto – septiembre 2014).

Pese a lo distendido de las primeras entregas, a Slott no se le había olvidado que aún debía afrontar el estatus de Estela como heraldo de Galactus. Por tanto, tras unas cuantas aventuras siderales, el surfista y Dawn llegaron al mundo de Newhaven, donde se habían refugiado los supervivientes del hambre del Devorador de Mundos, todos ellos últimos miembros de sus respectivas especies. Allí Dawn descubrió el pasado de Estela como Norrin Radd y la labor que había realizado como heraldo. No mucho después el propio Galactus llegaría a Newhaven con la intención de alimentarse, lo cual obligaría a su heraldo a volverse de nuevo contra él.

En un intento desesperado por salvar su planeta, todos los habitantes de Newhaven se ofrecieron al unísono para seguir los pasos de Norrin Radd y convertirse en heraldos de Galactus a cambio de que su mundo fuese perdonado. El Devorador de Mundos los rechazó a todos, pero entonces Dawn se ofreció a sí misma. Estela le imploró a Galactus que no la tomase… porque se había dado cuenta de que la quería. Profundamente conmovidos por el sacrifico de la chica humana, los habitantes de Newhaven accedieron a evacuar el planeta y dejar que Galactus lo consumiese. Así, al fin el dios estelar pudo alimentarse a placer y Estela ejerció una última vez como heraldo al guiar a la flota de refugiados de Newhaven hasta su nuevo hogar (Silver Surfer Vol. 7 #8-10 USA, marzo – mayo de 2015).

Silver Surfer Mike Allred

Dicho hogar, bautizado como Nuevo Newhaven resultó ser una trampa, pues en realidad era una criatura viviente llamada Euforia que utilizaba su atmósfera para influir en sus habitantes y crear ilusiones que los mantuviesen felices. Una vez liberados de su influencia, unos pocos eligieron escapar de allí, aunque el resto optaron por permanecer. Estela y Dawn siguieron sus viajes en solitario, llegando el momento en el que Dawn pudo confesar sus auténticos sentimientos hacia el surfista (Silver Surfer Vol. 7 #11-12 USA, junio – agosto de 2015). Habría que destacar que el número 11 supuso un interesante experimento, al estar sus viñetas dibujadas como parte de una cinta de moebius que obligaba al lector a plegar las páginas del comic-book. Por desgracia, esta peculiaridad se pierde en las ediciones en tomo.

El último arco de este volumen se situó dentro del escenario de “Last Days” como consecuencia de los acontecimientos de Secret Wars (Silver Surfer Vol. 7 #13-15 USA, septiembre de 2015 – enero de 2016). Mientras Estela y Dawn viajaban por el cosmos, asistieron al colapso multiversal producido por la última incursión y tuvieron que escapar a otro plano de existencia. Allí encontraron a Eternidad… o más bien a lo que quedaba de él después de que el multiverso desapareciese para dar lugar al Mundo de Batalla regido por el Dios Emperador Muerte.

secret wars silver surfer

A Estela y Dawn se les ofreció la oportunidad de recrear el viejo universo gracias al poder del Conformador de Mundos, lo que acabó generando por error a un duplicado de Estela. Todo aquello era en realidad una manipulación del villano Glorian, que esperaba la ocasión para matar al Conformador y apoderarse del universo recién nacido. Al igual que Dawn se vio obligada a elegir entre los dos Estelas, el surfista tuvo que elegir en última instancia entre el nuevo universo del Conformador o lo que quedaba del viejo universo. Tras escapar de Glorian, ambos optaron por volver al viejo universo, que para entonces ya había sido recreado por Reed Richards (Secret Wars #9 USA, enero de 2016). De nuevo con todo un universo que explorar, los dos compañeros decidieron retomar sus aventuras.

De todo este volumen son muchos los hallazgos de Slott que se podrían destacar, como el interés de mostrar la dualidad Estela Plateada/Norrin Radd al hacer que nuestro protagonista pase casi tanto tiempo en una forma como en la otra, la idea de que Dawn le pida a Estela que le lleve a descubrir partes del cosmos que ni siquiera él ha visitado con anterioridad o la importancia que se le da a la tabla, que es casi otro personaje más del reparto. De hecho, en esta etapa la tabla incluso acaba siendo bautizada por Dawn: “Toomie” en inglés o “Ami” en castellano, cuyo origen viene de un inteligente juego de palabras en base a una confusión de la joven terrestre (que escucha “To me, my board” o “A mí, mi tabla”). La tabla tiene cierta voluntad propia y en ocasiones actúa más como una mascota que como un simple objeto. Es cosa de los misterios del poder cósmico.

Pero si por algo destaca esta era del personaje es por el delirante derroche de imaginería visual que despliega Allred en sus páginas de inconfundible estilo pop. Todo, desde los diseños de los personajes alienígenas a las manifestaciones del poder cósmico del protagonista (kirby dots incluidos) presenta una atractivo indudable. Con una estética clásica y a la vez rompedora y rebosante de color, este volumen de la colección es una verdadera oda a al descubrimiento y a la imaginación. Por suerte Slott y Allred no acabaron allí su andadura, sino que con el reciente relanzamiento de All-New All-Different Marvel ha comenzado un nuevo volumen (el octavo ya) en que el vuelven Estela y Dawn dispuestos a maravillarnos de nuevo.

Estela es uno de los personajes más antiguos de Marvel, con décadas de historias gloriosas a sus espaldas y con el trabajo de algunos de los autores más importantes del medio entre sus páginas. Su destino ha estado vinculado a Galactus, ha sido su heraldo y su enemigo, ha viajado por el cosmos, ha conocido el amor y el desamor, ha vivido la tragedia y sus acciones han dado forma al Universo Marvel que conocemos. Y, pese a todo, ese viejo cliché de que lo mejor aún está por llegar nunca ha sido más cierto que cuando hablamos del futuro del surfista.

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7 Comentarios en "Estela Plateada – La historia de Norrin Radd"

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Reverend Dust

Brutal y exhaustiva recopilación y análisis. Sólo he echado en falta (porque soy muy fan) la miniserie de Simon Spurrier y Tan Eng Huat, “En tu nombre” (In thy name), que salió a la par que la de Strac, que le hizo lógica sombra. La época de 4F vs. Silver Surfer, vaya.

Alejandro Ugartondo

Excelente artículo Miguel Ángel. Silver Surfer es uno de mis personajes Marvel favoritos. De todas sus versiones me quedo con la de Lee y Buscema aunque hay otras que son muy buenas. Tengo curiosidad por la de Englehart y Rogers que no he leido pero tiene muy buena pinta

Álvaro

No decís nada de la etapa de Ron Garney, para mí un gran dibujante. Tengo sus grapas de cuando salieron originalmente.

fer13

Creo recordar haber leído en algún sitio que la que era un intento de vender los derechos para una peli era la novela gráfica de Lee y Kirby. Y por eso narra el origen de inicio sin recurrir a oros personajes de la casa. ¿Alguien me lo puede confirmar?

flashpoint

El cómic que dibujó Byrne sí, tal cómo lo dice el artículo. Lo que pasa es que Lee y Kirby siempre intentaron vender al personaje, porque por algún problema con los derechos el Surfista era compartida y no sólo de Marvel (increíble pero cierto). Por eso es que se publicó el especial por Simon y Shuster.
Otro dato importante. Cuando Kirby ganó la demanda a Marvel, porque ganó los derechos de los 4F, Thor, Iron Man, los Inhumanos y Hulk entre otros, también tuvo que ceder al Capitán América, cuyos creadores no sólo fueron Simon y él, sino también Marvel; lo mismo que Silver Surfer, porque sin la editorial y sus apariciones en los cómics que ellos publicaban no existirían.
Como dato anexo, el problema está que Kirby quería quitarle los derechos a la Marvel y quedarse con sus creaciones. De ahí tantas demandas.

Luisru

Gran artículo. Me gustaría romper una lanza por la etapa de Steve Englehart (aunque no se haya reeditado, los retapados de la edición de Forum son relativamente fáciles de conseguir). En ella se recuperaban muchos personajes cósmicos antiguos, que luego también usaría Jim Starlin y Estela recuperaba su grandeza en el escenario cósmico del Universo Marvel. Y, bueno, la etapa de Slott y Allred me está encantando (solamente he leído el primer tomo), como una especie de Doctor Who cósmico, de lo mejorcito del guionista desde su añorada Hulka.

Yisus Iglesias

Hola, me estreno en esta página (hace tiempo que la sigo, me animo a comentar ahora) para decir que que gran artículo (pese a ir por la mitad, cuando tenga tiempo lo leo).
P.D: veo que el autor es feminista. Me pregunto si se animaría a hacer una reseña de un cómic con cierto interés, La Concejala de igualdad creo que se llamaba.

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