Saló BCN 29: sobre expos y otras cosas

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MIL VIDAS MÁS

Llegados al domingo, día de cierre del Saló de BCN, ya se había apoderado fuertemente de mí la sensación de que -un año más- me había faltado tiempo. La certeza de que hubiese necesitado mil vidas más (o cuanto menos, unas tres) para abarcar la amplia oferta de contenidos que ofrece el Saló del Còmic de Barcelona. Mesas redondas, exposiciones, encuentros formales e informales, saldos y ofertas que no se pueden desatender, incunables a precios prohibitivos… Trabajando, con familia y bajando cuatro ratos perdidos a la Ciudad Condal, es imposible absorver todo lo que el Saló pone a disposición del público. Queda, eso sí, la sensación de que durante cuatro días hemos estado inmersos en una festival de vibrantes sensaciones y el ansia de que el año transcurra con celeridad para así llegar cuanto antes al próximo Saló (¡¡el XXX!!).

Pero, mejor, vayamos por partes…


¡Quién pudiese ser Madrox los días de Saló! (¡O Triplicada! grita mi entraña DC-Adicta)

MESA(S) REDONDA(S)

No pude estar en la mesa dedicada al cómic italiano (Avanti, fumetto italiano!) ni en la dedicada al cómic catalán (El còmic en català, aquí i ara). No pude estar en la de autores de cómic (Pasado, presente y futuro de la profesión de autor de cómics) ni en la de eso otro (Novela gráfica biográfica autobiográfica) ni en la de los -dicho con cariño- gamberrotes (Ennis y Ezquerra, mano a mano). Ni siquiera pude averiguar si realmente era verdad que desperdiciarían a Kurt Busiek y Brent Anderson poniéndolos a hablar sobre las redes sociales (¿Cuántos amigos tienen los superhéroes en facebook?). ¡¡¡¡Y ME HUBIERA ENCANTADO PODER ESTAR EN TODAS ELLAS!!!! (conste que lo intenté, pero no conseguí triplicarme)

Sí que pasé fugazmente por la del 23-F (23-F. A golpe de viñeta) donde Carles Santamaría -imagino que improvisado moderador ante la ausencia de Carles Prats– parecía tener más cosas que comentar que los propios autores invitados. De hecho, llegué justo cuando alguien del público pretendía que Bartolomé Seguí teorizase sobre la implicación del Rey en el golpe de estado, envite que Seguí esquivó con elegancia, para que justo después Santamaría explicáse la anécdota de que los golpistas eran dados a comentar sus planes en tabernas y tascas hasta que un camarero de Comisiones Obreras se percató de lo que allí se cocía (Carles Santamaría, en cuanto a anécdotas, es un pozo sin fondo).

De todas formas, donde más quise estar (y creo que no era el único), fue en la mesa redonda sobre género negro que protagonizaban Andreu Martín, Brian Azzarello y Raule, profesionalmente moderados por Yexus (Escribiendo cómics policiacos).

La sala estaba llena a rebosar.

Me senté en la penúltima fila porque sabía que debía marcharme a la media hora.

Primero llegó Andreu Martín, que reaccionó con efusividad y alegría cuando Yexús se acercó para saludarle. Poco después aparecía Raule para quedar anclado en un lateral de las primeras filas (entonces yo todavía no lo sabía, pero debía de buscar alianzas afectivas para que no le devorasen los nervios… imagino)

Azzarello tardó un poco en dejarse caer y, para cuando lo hizo, Andreu Martín había desaparecido. Además, aunque el guionista americano venía escoltado por el mejor interprete de mesas redondas sobre cómic que encontrarse pueda (Diego), traía una cara bien larga. Muy larga. Encima, si consideramos el tipo de barba que luce y el hecho de que masticaba constantemente un chicle con la boca cerrada… podéis haceros una idea del cuadro. Afortunadamente, cuando Raule y Azzarello ya se sentaban a la mesa, llegó Martín a toda prisa. Yexus empezó la ronda de presentaciones precisamente con Andreu Martín y, quizás fuera impresión mía, pero diría que la expresión de Azzarello se fue suavizando a medida que Diego le iba traduciendo que el escritor que tenía al lado no era ningún mindundi.

Después, empezaron las preguntas. Primero, una para cada uno. Luego, las de grupo.

En esa ronda inicial Andreu Martín quiso dejar muy claro cuál era, hoy como novelista, su deuda para con el cómic, a la par que se enorgulleció de sus etapas iniciales como guionista de tebeos, motivo por el cual -dice- vuelve al medio si tiene la oportunidad. Azzarello, por su parte, se reconoció en la pregunta de Yexus como fiel a la tradición del género pero rabiosamente moderno, por el simple hecho de que ubica en contextos supermodernos al prototipo de personaje indispensable para la novela negra: el perdedor. Raule, presentado por Yexus como un escritor del siglo XXI, se reivindicó antes como léctor que como guionista. Más todavía, se tildó a sí mismo de flipado que había querido dar a luz un cómic de entretenimiento que no diese trégua al público (como Indiana Jones), partiendo de que el cine (John Woo salió a relucir) era para él una referencia básica.

En esos compases de obertura, sucedieron dos cosas curiosas.

Cuando Azzarello tuvo por fin la palabra, muy serio, bromeó sobre que parecía estar en un interrogatorio puesto que tenía un foco que le apuntaba directamente. Sólo Diego se rió. Yo, en la penúltima fila, a pesar de mi penoso inglés, sonreí por debajo de la nariz. Breve silencio y respuesta extensa de Azzarello a la pregunta de Yexus. Traduce Diego y repite la broma del estadounidense. Nadie se ríe. Pero, de repente, el foco se apaga. ¡Azzarello sonríe! ¡Al fin! A partir de ese momento todo parecía poder fluir.

La sala antes y después de que Azzarello dijese ¡Que se deshaga la Luz!

Raule, quien luego empezaría a responder a las preguntas de forma un tanto inconexa e incómoda, y que desde el principio hacía gala de un serio semblante, reconoció a alguien que entraba y se sentaba justo detrás de mí. Creo que se trataba de Roger Ibáñez. Durante unos instantes el rostro del guionista de Jazz Maynard se relajó y pareció sonreirle agradecido al recién llegado. Durante unos instantes. Eso es amistad… y es bonito de ver en un gesto tan simple y tan fugaz y, si es así, hace que todavía tenga en mejor consideración a esta pareja autoral de compatriotas nuestros.

Cuando empezaron las preguntas genéricas, se estableció un orden de respuestas que se iniciaba con Andreu Martín y finalizaba con Raule. A la pregunta de si la ambiguedad moral constituía uno de los pilares del género negro, Martín contestó afirmativamente. Explicó que suele decirse que sus novelas tratan del lado bueno de los malos y del lado malo de los buenos y, recuperando la referencia de Azzarello a los perdedores, también se refirió a ese ámbito de apariencias engañosas propio de este tipo de relatos en los que el perdedor puede ser también el héroe. En el fondo -explicó- la buena novela negra es de las más morales que existen, porque siempre hay quienes transgreden la legalidad vigente y quienes los persiguen, aunque luego esté por ver quienes son los buenos y los malos. Siguiendo con ese hilo argumental, remató diciendo que otros géneros narrativos ni se plantean ese aspecto de la transgresión, pero que la buena novela negra siempre supone una cierta reflexión moral. Azzarello siguió profundizando en su esquema y comentó que, en su opinión, el género negro trata acerca de personas normales que cometen un error y luego tratan o bien de enmendarlo o bien de ocultarlo… pero ni una cosa ni la otra les funciona y cada vez acumulan más errores, hasta que todo se sale de madre. Según este guionista, la fuerza del género reside en eso, en que trata de los errores de gente normal y corriente, y lo hace siguiendo un paradigma según el cual estas historias nunca pueden tener un final feliz.

Después de semejantes disertaciones, Raule se puso a empezar mil frases sin terminar ninguna y, después de quedar en silencio unos instantes, dijo: “estoy quedando como un capullo, pero después de lo dicho no se me ocurre nada”. Yexus supo leer la situación y fue a plantear rapidamente otra pregunta y Azzarello, dueño de la escena desde que apagaran el foco, bromeó: “Pues a partir de ahora que sea Raule quien empiece la ronda de respuestas.”

Así se hizo, aunque yo tuve que marcharme justo entonces, todavía a tiempo de oir como Yexus preguntaba si la denuncia social era otro de los elementos constitutivos del género y Raule le respondía que Jazz Maynard se planteó como un cómic de entretenimiento en el que la denuncia quedaba en un segundo plano y que, por tanto, sería absurdo pretender que con esa historia habían hecho crítica social.

Salí de la sala pensando que, tal como aparenta en las distancias telemáticas, Raule es un gran tipo. Nada endiosado. Capaz de tragarse sus miedos y salir a una palestra con dos monstruos del género para luego acabar mostrando sin tapujos su fragilidad ante el público de la sala. Le felicitó por eso, aunque confío en que pudiese relajarse un tanto más en lo que quedó de charla.

EXPOSICIONES: MENOS ES MÁS

Fiel a la filosofía adoptada durante estos últimos años, en esta edición, desde Ficomic, volvieron a apostar por dotar de protagonismo al original, procurando que este nunca quedase ensombrecido por una escenografía excesiva. Esto alcanzó su máxima expresión en la que fue en su conjunto -para mí- la mejor exposición de este Saló: la dedicada a Ruben Pellejero.


Bocatto di Cardinale

Dividida en distintos segmentos, cada uno dedicado a una obra y presentado por un crítico distinto contactado expresamente para la ocasión por el mismo autor, esta exposición destacaba por el minimalismo escenográfico y la belleza de las obras mostradas. Después de que el autor y la organización barajasen la posibilidad de que cada segmento-obra tuviese un color de pared diferenciado, acabaron optando por que esa diferenciación cromática se concretase únicamente en los carteles separadores, dejando que los originales -cargados de colorido y vigor- descansasen sobre paredes blancas.

Esa sencillez, la enorme calidad del trabajo de Pellejero (probablemente, junto a Miguelanxo Prado, el dibujante español con los originales a color más bellos del país) y el adecuado sostén discursivo que otorgaban los textos seleccionados, hicieron de esta una exposición redonda que hizo las delicias de su autor y que imagino que contribuyo -y no poco- a que en el stand de Glénat agotasen todo el material de Ruben Pellejero que habían traido hasta el Saló.

Pruebas e ilustraciones de El silencio de Malka, Un poco de humo azul y Aromm

Si hemos dicho y repetido que esta era la mejor exposición, queda claro que ahora viene bajada, aunque esta sea suave y agradable.

Posiblemente, la segunda exposición que destaca tanto por los originales que contiene como por constar de las adecuadas explicaciones y de una atractiva escenografía, sencilla pero respetuosamente llamativa, es Comicats, un recorrido por los felinos más famosos del Noveno Arte que en un principio debía dividirse entre gatos callejeros y gatos domésticos hasta que la realidad impuso que no era fácil establecer parcelaciones. Personajes tan emblemáticos como el gato de los Freak Brothers o páginas de rancio abolengo como las de Krazy Kat justificaban pasear por esta ciudad nocturna que resultó muy del agrado de la mayoría de visitantes.

Las felinas son peligrosas, parece decirse Blacksad a la salida de la muestra, mientras custodia las páginas de George Herriman, Javier Pulido y Diego Olmos

Pasamos luego al espacio dedicado a Tarzán, nuevamente con unos originales para caer de espaldas y con una mínima explicación acompañándolos, aunque esta vez la escenografía funciona de forma más conceptual que efectiva. De todas formas, teniendo páginas de Hal Foster, Burne Hogarth y Richard Corben… ¿a quién le importan esas minucias?

Un sucedáneo de enredaderas y lianas sobre las que se dibuja el Hombre Mono da entrada a la exposición

Todavía dentro de la tesitura de lo brillante, encontramos las exposiciones de los premios del año anterior.

En ese espacio el fanzine Gato Negro disponía de un apartado resuelto con sobriedad y elegancia donde se presentaban algunos originales destacables y una contextualización del conjunto muy completa.

Como en Comicat, aquí también los gatos se apoderan de la exposición

La zona dedicada a Alfonso Zapico buscaba fundir la fachada de la “La Maison des artistes” de Angoulême, donde este autor se halla becado, con la estética arquitectónica que suele impregnar sus dibujos. La propuesta dió lugar a hallazgos expositivos ocurrentes y atractivos.

“La Maison des artistes” de Zapico con las cartelas en los ventanales

En lo que respecta a esta parte, cabe destacar la muestra dedicada a El arte de volar. Nuevamente, los originales de Kim son dignos de contemplar y la escenografía de la misma estuvo pactada con el autor, girando ésta alrededor de los distintos muros a los que el protagonista va enfrentándose a lo largo de la historia, un hallazgo conceptual de tremenda fuerza que fue ejecutado por los encargados de las exposiciones con una solvencia ajustada.

Distintos muros configuran el itinerario personal del protagonista

Detalle de los muros que parcelaron la infancia del autor, dejándole sin horizontes

Brecha abierta en el campo de concentración de Limoges

Pared interior de una cotidianidad franquista hipócrita y castrante

El monótono y omnipresente enlosado de la residencia de ancianos

Llegado el momento de los peros, nos referiremos primeramente a la exposición dedicada al golpe de estado del 23-F. Si de originales se trata, no hay problema. Esta exposición presentaba páginas de prestigiosos autores de nuestra historieta y, para el que esto escribe, siempre constituye un verdadero placer asomarse al trabajo de Bartolome Seguí o Keko, por citar sólo dos nombres. De hecho, las muestras escogidas resultaban muy interesantes, puesto que presentaban distintas fases en la confección de las páginas mostradas. Ahora bien, el hecho de que ninguna cartela acompañase al original y que el visitante debiese percatarse de que debía seguir la exposición ayudándose del magazine que El Mundo le dedicó al levantamiento de los insurrectos, así como también algunas alteraciones de la uniformidad en la disposición de los cuadros que hacían que alguno quedase orientado a la inversa del sentido general, provocaban que el conjunto desmereciese ligeramente. Como dijo uno de los responsables de la exposición: algo de lo que aprender para próximas ocasiones.

El magazine aguardaba a unos visitantes que observaban la exposición sin percatarse de ello. El espacio expositivo, lleno de recodos, dificultaba la normal disposición de los originales

Y si, como decíamos, la exposición del 23-F llamaba la atención por sus originales, podríamos argumentar que en las Antípodas se hallaba la exposición dedicada a los Héroes del cómic europeo, ingente compendio de décadas de historieta de género producida para el Viejo Continente que, a pesar de no contar con ningún original, constituía un verdadero festín de erudicción servido para el público gracias al Ministerio de Cultura y a la labor de Toni Guiral y el propio Carles Santamaría. Exhaustiva y atractiva, se comprende su planteamiento a base de reproducciones si tenemos en cuenta su condición de exposición itinerante. Imaginamos, no obstante, que precisamente por sus enormes dimensiones y la ausencia de originales se le otorgaría una ubicación marginal que parecía negarle la trascendencia divulgativa que sin duda tenía.

Recorriendo varias paredes laterales del recinto, sobre las que parecía descansar descuidadamente, la exposición presentaba un rico elenco de personajes

También en el apartado dedicado a las exposiciones hubo un lugar para la amistad y el recuerdo, puesto que la exposición De pérdidos al Rillo realizada en memoria del caricaturista Javi Rillo aglutinó el esfuerzo de diversos compañeros que quisieron rendirle un sentido homenaje y obtuvieron, a cambio, el interés explícito del público visitante.

En memoría de Javi "Metal" Rillo

Sin capacidad para poder profundizar en algunas de las exposiciones restantes, desde la dedicada a la revista Capçalera a la de Creación Injuve, antes de acabar nos detendremos en el espacio zombi. Y digo espacio zombi porque, franqueando dos inmensas puertas, el espectador se sumergía en un espacio multimedia donde los muertos vivientes, en todo tipo de soportes, eran los verdaderos protagonistas.

Entráis en una zona donde todo es susceptible de corromperse

Como el año pasado con la muestra centrada en los maridajes entre rock y cómic, desde la organización volvieron a realizar un completo recorrido por uno de los ámbitos de la cultura popular que mayor éxito está teniendo últimamente. Así, en distintas secciones temáticas que iban desde los blockbusters del sub-género zombi al tramamiento humorístico del tema -pasando por espacios dedicados al videojuego, talleres de maquillaje que daban horripilantes frutos y un escenario donde grupos musicales y aficionados se dejaron las tripas-, se hacía un ligero muestreo de lo que habían dado de si don zombi y sus amigos tanto en cómic como en cine.

De todo... y de todo un poco

Un esfuerzo ingente en el que perderse que da idea del tesón con el que desde la organización del Saló acometieron la empresa, aunque para el que esto escribe lo más interesante resultara, aparte de las páginas de Charlie Adlard, la revisitación que para la ocasión algunos autores realizaron de sus personajes. Según he podido saber, lo que empezó barruntando la posibilidad de tunear a lo zombi a figuras emblemáticas del Noveno Arte como Tintín, se transmutó en lo que finalmente ha sido: proponer a autores de nuestro país que diesen una descompuesta versión de sus mejores creaciones, cosa que -según parece- algunos como Roger Ibáñez disfrutaron sobremanera según afirmó el propio dibujante.

Páginas de Roger Ibáñez y Quim Bou

Páginas de Pepo Pérez, Laura Pérez, Manel Fontdevila y David Rubín

No puedo cerrar este repaso sin agradecerles a Guillermo Bosch y a David Nieto las múltiples explicaciones que me dieron acerca de los entresijos de todas y cada una de las exposiciones, así como a David Fernández por el montonazo de fotos que puso a mi disposición para que esta sección tuviese el respaldo gráfico necesario. Parte de esas fotos (y muchas más) podéis consultarlas en el siguiente enlace.

ENCUENTROS (Y DESENCUENTROS)

Días propicios para reencontrarse con gente a la que se lleva tiempo sin ver, el Saló es un espacio privilegiado donde hacer actualización de afectos. Para el que esto escribe, poder compartir momentos, conversaciones y experiencias con mis compañeros de ZN y con mis ex-compañeros de Ficomic constituye un agradable ungüento anímico.

La tesitura del momento quiso que se desarrollase también, durante aquellos días, un encuentro entre críticos y divulgadores de cómics donde pude poner rostro a muchas personas a las que no conocía apenás (o a las que conocía sólo “de leídas”). No me extenderé en listar nombres, pero sí quiero explicitar que me fue especialmente grato ver a Marc Bernabé, José Antonio Serrano y Koldo Azpitarte, así como conocer a Javier Mora y Jaume Vaquer.

Todo ello sirve para constatar que, al menos para mí, el contacto interpersonal es una de las cosas más importantes… sino la que más. El inmenso placer de descubrir a una persona afable o la grata satisfacción de sentirse recordado y estimado convierten los pasillos del Saló en una oportunidad constante y, durante aquellos días, pude hacer esa experiencia innumerables veces. A todos los que cruzásteis conmigo una sonrisa o compartísteis conmigo algún momento… gracias y hasta el año que viene (espero).

PD: No puedo despedirme sin darles de nuevo las gracias a Alfonso, Pedro, Pepe, Quim, Guibo, Pilar, Carles, Tomás, Fèlix, Gon, Vicente y Darío. Hicieron posible un momento cargado de encanto.

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jorgenexo
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jorgenexo

La virgen. Espero no morirme sin visitar alguna vez el Saló…

guibo
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guibo

… y la expo de TBO4Japón!?
muy bueno el articulo,
un saludo: UNO!

PUSTE
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Para mí la mejor exposición fue la de Tarazan con unas laminas bestiales de Harold Foster o Hogarth. Impresionantes!

Pere
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Pere

La conferencia de los superhéroes y las redes sociales/internet/ordenadores estuvo bastante bien. Vale que podrían haberles metido en otra, pero para nada creo que estuvo desaprovechada y Kurt Busiek contó varias anecdotas

Sergio (tirafrutas)
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Sergio (tirafrutas)

Ay, Toni, que al final no nos reencontramos el domingo 🙁

Raule
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Ay, Toni! Me tienes en demasiada estima… Fue un desastre de mesa redonda por mi culpa, pero no me fustigaré más por ese tema, tranquilo. Me quedo con la imagen de mis admirados Andreu Martín y Brian Azzarello con un ejemplar de Jazz Maynard bajo el brazo. Eso anima a cualquiera!
Un fuerte abrazo, amigo y gracias por todo!