Estás recostada en un árbol del Encinar. El Sol se filtra entre las hojas, el suficiente para notar su calor. Ves a tu Bulbasaur recostado en la hierba, dejando que los rayos acaricien todo su cuerpo. Notas un leve zumbido, pero no te suena como a un Beedrill. Quizás era el sonido que generaba uno, antes de aparecer tras usar el movimiento Cabezazo. Podría ser una buena captura. Ahora mismo sólo tenías un Bulbasaur adormilado. Todo lo contrario que tu Jigglypuff, alegre y danzarín. Este da vueltas sobre su compañero Pokémon. Y canta su dulce música. Al menos, eso es lo que estás viendo. Pero no oyes ninguna nota. Sólo ese zumbido constante. Definitivamente, habías de darle un cabezazo al árbol. ¿Pero cuál de tus Pokémon sabían el movimiento? No, ninguno de ellos lo sabía. Aquí la única que podía dar un cabezazo eras tú. O mejor dicho, ya lo habías dado. Empiezas a parpadear, y por fin empiezas a ver la realidad. Si, estás en un bosque. No, no eres una entrenadora Pokémon.

Eres Jessica Cruz, una de las Green Lantern del Sector 2814, donde se encontraba el planeta Tierra. Y la última miembro de la Liga de la Justicia. Habías entrado juntamente con Simon Baz. ¡Simon! Tenías que encontrar a tu compañero Green Lantern. Aprovechando el tronco del árbol, empiezas a ponerte en pie mientras te duelen múltiples partes de tu cuerpo. Pero más te dolía cada nueva pregunta sin respuesta. Pues éstas alimentaban tu ansiedad. Por ello, el dolor físico te mantenía la cabeza despejada. Lo suficiente para lograr ponerte en pie. Algo bajaba por tu ojo izquierdo. Te palpo y te duele lo suyo. Miras y el dedo había quedado ensangrentado. Tienes la ceja abierta. ¿Del cabezazo contra el árbol?

Entonces te quedas totalmente petrificada. No es que te asuste la sangre. Bueno, te asustan muchas cosas. Muchísimas. Podrías hacer una lista. Esta la juntarías con las partes de tu cuerpo que te duelen. Y no sabes cuál lista saldría ganando. Pero el miedo no procede de la sangre en tus manos. Es por tus manos. Desnudas. Sin nada. Sin un anillo de Green Lantern. ¡Cálmate Jess! Seguramente habría caído por el suelo. Debías encontrar el anillo, y entonces podrías encontrar a Simon. Te das la vuelta, para apoyar todo tu cuerpo contra el tronco del árbol. Miras a un lado y a otro, pero no ves anillo alguno. Tu cuello se quiere partir de la tensión. Y no es únicamente la física.

La ansiedad está allí, atascada. A punto de salir por tu boca, como si fuese la rabia de un Red Lantern. A escasos momentos de invadir tu cerebro, y dejarte paralizada.

¡Necesitabas tu anillo de Green Lantern! Intentándote liberar, te vas al suelo a rebuscar entre la maleza. Te muerdes el labio, aunque ambos han quedado tocados de la caída. Caer. Caísteis todos. Los que iban en la nave junto a Batman. Superman y Wonder Woman. Simon Baz. ¡Simon! Las lágrimas querían bajar con la misma fuerza que caía el Zorro Volador. Pero tenías que encontrar a tu compañero. Él podría ayudarte mejor a encontrar tu anillo de Green Lantern desaparecido. Te reincorporas de rodillas, y con el dorso de la mano derecha intentas secarte las lágrimas. Pero la muñeca había quedado dañada.

Te secas con la izquierda, y tomas una gran bocanada de aire. No estabas sola. Estabas con los mayores superhéroes que había visto este planeta. Y estabas con Simon. E ibas a encontrarle. Entonces lo notas. O ya lo notabas desde antes, pero entonces te percatas. Allí había algo más. No estabas sola. El zumbido de tu cabeza se había despejado. Pero esa sensación que había algo más, desde el primer instante tras recobrar el conocimiento, persistía.

Pero no escuchas nada, como tampoco escuchabas al Pokémon rosadito. En el espacio exterior era normal estar largos viajes sin escuchar ruidos. Incluso este silencio en un planeta extraterrestre podría llegar a ser natural. Podría. Pero estabas en la Tierra. Estabas sola y no debería. No estabas sola y deberías estarlo. No, debías estar con Simon. Y no podía estar lejos, caísteis prácticamente juntos. Tenías que encontrarle. Juntos siempre habíais sido más fuertes. Y uno nunca abandona a su compañero. Pero no veías nada más que árboles. Y no escuchabas nada. Quizás esa sensación que había algo, era tu propia ansiedad intentando apoderarse una vez más de ti. Necesitabas una referencia, y entonces la viste. Viste algo de sangre que había quedado en el tronco. Aunque dolía, hurgaste en la herida de tu ceja.

Y lo que antes eran algunos resto de sangre sin sentido, ahora formaban el símbolo de los Green Lantern.

Cierto era que había quedado en rojo. Pero tampoco tenías nada con que pintarlo de verde. Y tenías una referencia, un punto con el que no perderte. Y si ya no podías perderte, sólo quedaba encontrar. Y una vez encontraste la fuerza en tu interior, la recompensa no tardó en aparecer. Al verle nuevamente, tu cuerpo quedó tan liviano que parecía que podrías flotar en el aire. Sin necesidad de anillo de Green Lantern. Algo que no tenías. Ni tu… ni Simon. Pero la alegría de encontrar a tu compañero bloqueaba tu ansiedad.

Corriste lo más rápido que te permitió tu cuerpo hasta ponerte a su lado. No sabías porque no tenías el anillo de Green Lantern. El hombro se te había dislocado. No es que no te doliesen muchas otras partes de tu cuerpo. Seguías sin recordar como fuisteis derribados en esta isla. Ni cuanto tiempo lo habías pasado inconsciente. La lista de problemas se iba acumulando, pero todas pasaron a un segundo término. Jessica Cruz, tu compañera, había aparecido. Al menos, ambos seguíais con vida.

Cuando la viste a tu lado, viste que algo no andaba correcto. Donde veías el símbolo verde de Green Lantern en su rostro, sólo había una ceja ensangrentada. Ella tampoco llevaba el anillo de Green Lantern. Los protectores del planeta Tierra, del Sector 2814, ambos incapaces de proteger nada. Ella te pregunta cómo estás, y le señalas el hombro. Cuando comprende lo que le estás pidiendo, retrocede asustada. No parece estar dispuesta a ayudarte a recolocarte bien el hombro.

Lo habrías hecho tú mismo, pero aún andabas algo falto de fuerzas. Pese a ello, le dejas claro que si no te ayuda ella, lo harás tú. Cuando antes se haga, será mejor para ti. Ella sigue asustada, sin estar convencida. Por ello le cuentas que no es la primera vez que se te sale el hombro. Desde pequeño siempre te había gustado la velocidad. A ti y a tu mejor amigo Nazir. En una acampada en un bosque tal que este, ambos cogisteis los quads. En esa ocasión, quien acabó malparado fue Simon. Y Nazir, quien acabaría casándose con su hermana Sira Baz, ayudó a colocar nuevamente en su sitio el hombro salido.

Finalmente Jessica liberó su labio inferior de sus dientes. Se acercó hacia ti, y siguiendo tus instrucciones, recolocó el hombro a su sitio. Te seguía doliendo mucho, pero notabas que el cuerpo ya fluía de la forma adecuada. Jess no te miraba, intentando ocultar sus lágrimas. Pero con tu mano agarraste la suya. Ella suspiró, y te volvió a mirar con una sonrisa. Tu mejor amigo. Tu mejor amiga. Nunca estabas solo. Y os quedasteis en silencio, mirándoos. Porque teníais la sensación que no, que allí había algo más.

Teníais que poneros en movimiento. Sin anillos, sin el resto de miembros de la Liga de la Justicia, erais presa fácil. Y si Jessica te había encontrado, quizás podríais encontrar al resto. ¿Pero dónde buscar? No, no estabais de acampada. Estabais en plena misión. Y recordabas el objetivo que marcó Batman. Antes que todo se precipitara. Antes del dolor, de la soledad. Pero ya no estabais solos. Y el dolor podía desaparecer. Sólo había que llegar a esa fortaleza.

Aún te duele mucho el hombro, y Jessica lo sabe. Por ello, tu fiel compañera, ofrece su cuerpo para que apoyes el tuyo. Empezáis a avanzar, con uno de tus brazos caídos. Los dedos rozan tu muslo, y entonces maldices no llevar contigo una pistola. La habías empezado a llevar para casos como estos. En situaciones donde el anillo podía quedar inservible. Pero si os habían quitado los anillos, ¿te habrían dejado contigo la pistola? Y si fuese así, ¿habría tenido utilidad real?

Lo habías discutido mucho con Batman. Ningún superhéroe de la Liga de la Justicia parecía a favor de las armas. Pero de los contrarios a ellas, nadie como Batman. Pero el mundo no era Gotham City. Entendías sus motivaciones, incluso te había convencido para renunciar a ella. Y ahora la echabas en falta. No, realmente no era así. Era algo que habías superado. Y que no necesitabas. Nunca jamás, cuando estabas junto a Jess. Ella era un arma aún más poderosa que el propio anillo de Green Lantern.

Si ella encontraba fuerzas para luchar, todos debíamos encontrarla.

El Sol había descendido bastante. Si no avanzabais rápido, podía llegar el anochecer sin haber llegado a la fortaleza. Y no parecía el lugar más seguro para pasar la noche, pese a no estar heridos de gravedad. Os movíais por una fe ciega en los miembros de la Liga de la Justicia. Ellos la tenían con vosotros, apenas dos cadetes recién licenciados en el arte de ser superhéroes. La recomendación de Hal Jordan había ayudado, pero aun así, eran palabras mayores. La Liga de la Justicia.

Te disculpas con Jessica. Sientes no ser Barry Allen, entonces seguro que no le importaría pasar por estos páramos una noche. Ella te golpea en la boca del estómago, sin sentirlo. Sin disculparse. No dices nada, y finalmente te mira preocupada por si te ha hecho daño de verdad. Te ríes abiertamente, como su mano pegándote un capón por ello. Le dices que te gustaría estar con Diana, y Jessica se sorprende. Ella pensaba que hubieras preferido pasar la noche con Batman. Esto te ha dolido más que los golpes físicos. Y es ahora ella la que se ríe.

Algo animada, intentas recordarle a Simon tu vida antes de ser primero Power Ring y luego Green Lantern. Cuando ibas de caza con tus amigos. Antes que todos ellos fuesen asesinados, y te encerraras por años junto a un terrible miedo. Habías abandonado esa habitación cuando llegó ese anillo verde. Pero la ansiedad nunca te abandonaría. Pero tampoco lo haría Simon. Ni tampoco le abandonarías. Lo único que os estaba abandonando, era el Sol. Cierto que las tonalidades le daban un mayor encanto. Pero la sensación de no estar solos aumentaba con la falta de luz.

Simon te pregunta que solíais cazar. No eras muy de pegar tiros, aunque algún ciervo había llegad a caer. Aunque lo mejor era el jabalí estofado que cocinaba Anne, siempre que Sergio lograba dar caza con alguno. No, lo tuyo era la caña de pescar. Los ríos y lagos. Tus mejores capturas habían sido peces dorados. Esto le provocó una gran sonrisa en Simon. Pero antes que pudiese explicar el porqué, ambos os quedasteis detenidos. La sensación de que había algo más estaba más presente. Hasta los pelos de los brazos se os había erizado.

Estuvisteis un rato callados. Mirando a un lado y a otro. Protegiéndoos la espalda el uno al otro. Finalmente, tuvisteis claro que allí no había nadie más. Antes de reanudar la marcha, algo si había cambiado. Ahora era la Luna quien coronaba el cielo. Era luna llena, y el cielo estaba muy despejado. No estabais totalmente oscuras. Y si así lo fuera, no importaba. Pasase lo que pasase, erais Green Lanterns.

En el día más brillante, en la noche más oscura, el mal no escapará a mi vista. Que aquellos que adoran al mal, teman mi poder: ¡la luz de Linterna Verde!

Los anillos seguían sin estar junto a vosotros, pero recordar el lema os había animado. U os había dado fuerzas, por si teníais que hacer frente a algún desconocido enemigo. No sabíais si ibais en la dirección correcta de día. De noche no parecía ser más fácil. Pero Simon parecía más relajado. Le preguntas el motivo, y este señala hacia arriba. Hacia el cielo. Hacia las estrellas. En el espacio, estas podían significar la siguiente misión. Una trepidante aventura. Una dura batalla. Tener que salvar el universo una vez más.

Pero aquí en la Tierra, significaban algo muy especial. Orientación. Quizás no habías ido de caza como Jessica, pero eso no significa que todo este entorno te resultase totalmente hostil. Cuando eras pequeño, te sentabas en el suelo del patio de tu casa. Junto a tu hermana Sira. Y mirabais las estrellas. Ella se le daba mejor recordar todas las constelaciones. Pero no quería impresionar a Jessica, para atraerla a tu tienda de campaña. Sabías que Batman había marcado una ruta sureste con el Zorro Volador.

Miraste bien las estrellas, implorando que no estuvieseis habiendo ido en dirección totalmente contraria. Aún estabais en el hemisferio norte, con lo que debías buscar la Estrella Polar. La Osa Menor. Respiras aliviado, pues la ruta había sido tirando hacia el este. Probablemente la mejor ruta a continuar, era entre sur y sureste. No querías que os desviarais demasiado, pero crees que habéis avanzado mucho pese a vuestro estado. Que de haber ido siempre en la dirección correcta, quizás estaríais muy cerca de llegar a vuestro objetivo.

Además erais dos pares de ojos, con lo que siempre que tuvierais referencia astral, no debería haber pérdida. Al pensar esto, echas de menos tu visión esmeralda. Ya fuera antes del ataque, o ahora para poder encontrar al resto de vuestros compañeros de la Liga. Con una ruta y Jessica a tu lado, definitivamente dejas que el buen humor se imponga a todo tu dolor físico. Pero no el cansancio. No lo quieres reconocer, ni tampoco tu compañera, pero necesitáis descansar. Las estrellas estarán aún por horas.

Jessica te deja recostado en un árbol, y ella se sienta en uno contiguo. El cansancio es duro, pero ninguno dejáis que sea el otro quien esté vigilando mientras el otro duerme. Ella dice de decidirlo a piedra, papel o tijeras. Y usa el brazo izquierdo, sabiendo que el tuyo aún está tocado. Hace trampas para que descanses, pero te niegas. Levantas el brazo derecho, indicando que lo tienes disponible. Jess tuerce la boca en desaprobación, pero tras un leve suspiro acepta. A la de tres ambos reveláis vuestra mano. Ambos habéis elegido una piedra. El puño cerrado. Como cuando usáis vuestros anillos de Green Lantern.

Os miráis, mostráis una pequeña sonrisa, y desistís. Ambos sabéis que el otro no os dejará no descansar. Intentáis no cerrar los ojos. Intentáis entender este lugar. Intentáis comprender como caísteis toda la Liga en este lugar. Intentáis muchas cosas, pero cada vez os pesan más los párpados. Aunque no queréis reconocerlo. El mal no descansa. Vosotros sí. Pero ni en los sueños sabéis dejar de ser compañeros. Si es que esto es un sueño…

Jessica había pescado muchos dorados antes de conocerse. Pero juntos también. Claro que este, el cuál volvía a alzarse ante vosotros, era gigante. Con brazos y piernas. Reclamando por su hermano. Y llevando en su mano un submarino. Como si fuese un coche de carreras de juguete. Era sin duda el rival de mayor tamaño al cual os habíais enfrentado como miembros de la Liga de la Justicia. Para Hal Jordan hubiese sido pan comido. Pero estaba junto a John Stewart, Guy Gardner y Kyle Rayner surcando las galaxias. La Tierra y el Sector 2814 eran responsabilidad vuestra.

En el tiempo que llevabais en la Liga de la Justicia, habíais oído historias. De mayores amenazas que esa, que algunos habían resuelto por su propia cuenta. Pero eran esos días, en los que te dabas cuenta de porque debía existir la Liga. De porque un único superhéroe, aunque fuese el más poderoso de todos, no daría abasto. Destruirlo no fue la tarea más difícil. Y menos aún aunando esfuerzos con el resto de compañeros, y las enseñanzas y conocimientos de Hal. Si, a veces se hacía raro hablar así de uno de los Green Lantern más impulsivos.

Salvar vidas era la tarea más complicada de cualquier superhéroe. Y la prioritaria. Siempre habrá amenazas, pero ante ellas, la gente sólo nos tiene a nosotros. Por ello, cuando visteis al submarino caer de ese Cara Dorada, olvidaste todo lo demás. Olvidaste la ansiedad que corre por tus venas. Olvidaste que había superhéroes más poderosos y experimentados que tú. Seguramente, en ese momento, hasta olvidaste que te llamabas Jessica Cruz. Lo único en tu mente era salvar gente inocente. Y por ello, el anillo también olvidó todas las dudas, los conflictos. No fue una construcción elaborada. No eras Kyle Rayner. No fue una construcción precisa y compacta, pues tampoco eras John Stewart. No fue algo fanfarrón, espectacular. Sabías que no eras ni Hal ni Guy.

Ni tan siquiera era algo que le habías visto hacer a Simon. Era simplemente voluntad sólida. Burdo. Tosco. Suficiente.

Cuando tus creaciones desaparecieron, el submarino seguía flotando en el cielo. Wonder Woman y Superman habían cogido el relevo. Habías hecho un trabajo impresionante. Te sonrojaste cuando The Flash te felicitó. Pero no era recompensa suficiente. Tocaba seguir recorriendo el globo terráqueo. Allí donde vuestros anillos de Green Lantern hiciesen falta. Porque no se diferenciaba vuestras tareas de las que hacíais como miembros de la Liga de la Justicia. Sólo cuando el mundo estuvo un día más a salvo, te permitiste sonreír. Te permitiste volver a abrir los ojos. Y allí estaba Simon Baz, tu compañero. Este también se desveló, y te devolvió la sonrisa.

Ambos os negabais a volver a cerrar los ojos, así que decidisteis seguir avanzando. Con él a tu lado. Con las estrellas dándoos guía. Con la convicción de si encontrabais la fortaleza, encontraríais a vuestros compañeros. Que la sensación que os acompañaba todo el bosque, dejaría de ser sólo eso. De ser algo malo. De volverse una realidad. Como lo erais vosotros. Avanzabais y la Luna descendía. Hasta que el satélite se convirtió en corona. Pues no quería irse, sin ver que habíais llegado a vuestra destinación.

Pronto abandonaría vuestra visión, pero lo haría detrás de la fortaleza. Podía irse sin problemas. No sólo porque habíais alcanzado vuestro destino. Porque si se iba, si se apagaban todas las estrellas del firmamento, seguiría habiendo luz. La luz de los Green Lantern. No hacía falta que os mirarais, pues lo veíais en vuestro compañero. El anillo seguía donde había estado siempre. Quizás no lo habíais visto, pero en ningún momento habíais dejado de ser Green Lanterns. Era momento de reuniros con el resto de miembros de la Liga de la Justicia. Juntos.

Continuará…

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