Hace unos meses analizamos el primer tomo editado por
Si después de haber leído esto no os llama la atención esta serie, no os preocupéis, que os seguiré dotando de razones para cambiar de opinión durante este artículo, aunque si sois neófitos y no habéis leído ningún número, os insto a que le echéis un vistazo primero a la reseña del primer tomo, más que nada por evitar spoilers.


Podemos dividir este tomo en dos partes bien diferenciadas: los números 7 y 8, en los que Kenan recibe un entrenamiento muy particular, y los dos siguientes en los que nuestro protagonista viaja a Metrópolis. Cada una de las partes es una historia con un ritmo y unas intenciones diferentes pero que evidentemente encajan entre sí, y una es la consecuencia de la otra. En los primeros números, Yang explora el reciente trauma de la pérdida del Kenan, profundizando en los sentimientos de venganza del personaje y en cómo canalizarlos a través de un entrenamiento muy especial con un viejo sabio experto en artes marciales, con un tono aparentemente prototípico, especialmente visto en películas de artes marciales, pero que Yang consigue darle la vuelta por completo en los siguientes números, y en el que además de explorar los sentimientos del personaje, conocemos más detalles de sus poderes. Algo destacable es que el guionista no descuida al resto de personajes secundarios, añadiendo una subtrama para sus compañeros Deilan y Baixi, en la que conoceremos el pasado y la familia de éste, y que continuará por otros derroteros en los siguientes números, haciendo la trama tan interesante e importante como la principal centrada en Kenan.
Tras estos números, Kenan viaja a Metrópolis como se anuncia en las portadas para encontrarse con Luthor y Superman, siendo estos dos encuentros lo menos interesante en favor de la introducción de unos excéntricos villanos en un extraño conflicto en el que veremos una evolución de Kenan y una reflexión muy importante para el devenir del personaje, que le hace madurar y convertirse poco a poco en un adulto, y demostrando que esto va más allá de ser una colección juvenil al uso, y que quiere hacer algo interesante e importante con el personaje. Y cuando piensas que todo está siendo quizás un poco manido, Yang se permite el lujo de introducir un inesperado giro de tuerca que te deja torcido y con unas ganas insaciables de saber y ver qué viene a continuación.


En el apartado artístico tenemos a








