Motorista Fantasma / Cable: Siervos de la muerte

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Edición original: Marvel Comics – septiembre 1991
Edición España: Comics Forum – enero 1994
Guión: Howard Mackie
Dibujo: Guang Yap
Entintado: Bud LaRosa
Color: Fred Mendez
Portada: Sam Kieth
Precio: 675 pesetas (tomo en formato prestigio de sesenta y cuatro páginas)

 

El otrora boyante formato prestigio sirvió a su debido tiempo para albergar la recopilación de historias que habían visto la luz editorial en otros cauces. En el caso de Marvel, la aparición de estos tomos en tapa blanda con lomo había sido casi coetánea de una cabecera, Marvel Comics Presents, cuyos contenidos se prestaban bastante bien a una recuperación de estas características. El título en cuestión pertenecía a una revista de cadencia semanal en la que compartían espacio historias cortas y seriales de extensión variable; cada relato o capítulo tenía ocho páginas y Lobezno era una presencia fija. Allí vieron la luz aventuras como Arma-X de Barry Windsor-Smith, reencuentros como los de Doug Moench y Shang Chi o Pantera Negra y Don McGregor; jóvenes promesas dieron el primer paso hacia la fama o el olvido y, en definitiva, se foguearon en una serie pensada lo mismo para un roto que para un descosido. La mayor parte de las historias es directamente olvidable y sólo unas pocas han superado la prueba del tiempo. El caso que nos ocupa hoy tuvo una segunda oportunidad, no por criterios de calidad (que no tenía en demasía) sino de oportunidad.

Hace veinticinco años, los antihéroes surgidos a partir de la influencia / copia descarada del trabajo de Alan Moore o Frank Miller se estaban enseñoreando del género superheroico. Las editoriales se afanaban por buscar en su fondo de armario para actualizar o recrear personajes que pudieran adaptarse a la nueva moda. El Castigador había abierto brecha pocos años antes; Lobezno crecía en popularidad mes a mes; las barbas, las cazadoras y los modales de gente dura se contagiaban como la cepa anual de la gripe… En este escenario, un nuevo Motorista Fantasma venía a sustituir las carreteras del medio oeste estadounidense por las concurridas calles neoyorquinas, mientras la franquicia mutante se encontraba con una suerte de Frank Castle a su medida, con un pasado tan misterioso como el de Logan y una reputación de tipo poco recomendable: Cable. Son los inicios de la burbuja especulativa y hasta las aventuras más infames y chafalmejas se venden si cuentan entre sus páginas con alguno de estos nuevos valores. Siguiendo la cuestionable regla de que más es sinónimo de mejor, los editores juntan en dúos, tríos y cuartetos a sus oscuras gallinas de los huevos de oro para seguir exprimiendo una ubre que parecerá inagotable durante los siguientes cuatro años.

Siervos de la muerte recopila un serial de ocho capítulos en el que el Motorista Fantasma y Cable unen fuerzas para intentar desvelar el misterio que envuelve a una joven fugitiva. El primero, por su condición sobrenatural y el segundo, en el transcurso de una patrulla rutinaria, acaban dando con sus huesos (literal y figuradamente) en el rico mundo subterráneo marveliano. La socorrida civilización del subsuelo sale a su encuentro para exigir la devolución de una de sus parroquianas, la cual se resiste a lo que parece ser un sino inevitable. Nuestros seispesetas, grandes defensores del libre albedrío, se meten donde no les llaman para hacer lo que mejor saben: repartir estopa. Como puede comprobarse, estamos ante una historia que argumentalmente no pasaría a la posteridad por su originalidad y si bien es cierto que a estas alturas (ni a aquéllas) se pueden pedir peras al olmo, no es menos cierto que en este caso apenas se sale de una olvidable mediocridad.

El equipo creativo está compuesto por el guionista Howard Mackie y el dibujante Guang Yap. El primero se encargaba de contar las historias protagonizadas por el Motorista Fantasma, manteniendo esa posición durante varios años y expandiéndola a toda una franquicia propia (los hijos de la medianoche). El segundo es uno de esos nombres que apareció en un puñado de tebeos a principios de los noventa y desapareció en el olvido. Sus labores fueron principalmente las de autor de relleno y sustituto de ilustradores tan ilustres como Rob Liefeld. En este trabajo se puede comprobar perfectamente cuál fue la causa última de esta desaparición. No era especialmente malo, pero tampoco destacaba por nada (rasgo éste que convertía en virtud las atrocidades del mentado patrono de ADLO! o su amigo y vecino Todd McFarlane). El único rasgo de interés en la parte gráfica vino dado por las portadas de Sam Kieth, una de las cuales sirvió de portada a la recopilación. Otro gallo hubiera cantado si este caballero hubiera sido el responsable de todo el dibujo, pero la historia fue, simplemente, otra.

En conclusión, tenemos una historia olvidable que ha envejecido bastante mal y que no sirve ni para la nostalgia. Recomendada únicamente para completistas devotos de uno u otro personaje, fanáticos de los noventa estilo Robert Kirkman y similares.

En el comienzo...
Cable, por Guang Yap, Bud LaRosa y Fred Mendez

  Edición original: Marvel Comics – septiembre 1991 Edición España: Comics Forum – enero 1994 Guión: Howard Mackie Dibujo: Guang Yap Entintado: Bud LaRosa Color: Fred Mendez Portada: Sam Kieth Precio: 675 pesetas (tomo en formato prestigio de sesenta y cuatro páginas)   El otrora boyante formato prestigio sirvió a…
Guión - 5.5
Dibujo - 5
Interés - 4

4.8

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Alejandro Ugartondo
Autor
4 agosto, 2015 9:21

Antes que nada me gustaría agradecerte este repaso que estás haciendo a las publicaciones en formato prestigio que hizo forum en los 90. Por mi edad, es un formato que conozco bien aunque no compré mucho porque para mi era un poco caro y mi presupuesto de entonces era bastante exiguo.

La verdad es que se publicó bastante material olvidable, como el que reseñas aquí, pero también sirvió para dar salidas a pequeñas joyas como el especial del Mojoverso con Excalibur y dibujos de Arthtur Adams o verdaderas obras maestras como Elektra Asesina.

Quedo a la espera a ver si te animas a reseñar La Legión de la Medianoche que fue el primer prestigio que me compré y del que guardo grato recuerdo aunque he de reconocer que hace más de 20 años que no lo leo y no sé qué tal ha aguantado el paso del tiempo.