Million Dollar Baby

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MILLION DOLLAR BABY (EEUU 2004, Drama, 137 Minutos)
Dirección: Clint Eastwood.
Guión: F.X. Toole, Paul Haggis.
Reparto: Clint Eastwood, Hillary Swank, Morgan Freeman, Jay Baruchel, Mike Colter, Michael Pena.
Música: Clint Eastwood.

Valoración: 10/10

Resumen: Maggie es una humilde camarera con un sueño: convertirse en boxeadora.

Crítica: Echando un vistazo a los cientos de películas que se producen en Hollywood cada año, muchos se cuestionan acerca de cuántas de ellas reúnen ciertos valores de calidad cinematográfica, otrora imprescindibles, pero perdidos hoy en día entre el beneficio comercial y el capitalismo artístico. Tal vez no más de una veintena (exagerando la hipérbole por exceso y no por defecto) sean perfectos recipientes visuales de una historia auténtica, conmovedora e imperecedera. Con tal descorazonador panorama, no es muy difícil concluir cuál es la mejor obra del ejercicio.

Million Dollar Baby sea probablemente la agraciada con semejante honor, y la verdad, es que virtudes no la faltan. La cinta de Eastwood, sorprendentemente descubierto ahora en su faceta como realizador por el público más casual, reúne ciertas cualidades que brillan por su ausencia en la mayoría de filmes actuales. La primera, y sin duda la que marca la diferencia, es la sencillez. Es esta sencillez, que durante el metraje llega a convertirse en apabuyante humildad, el punto de partida de la mayoría de las últimas obras del Eastwood director.

Partiendo de una historia aparentemente sencilla, Eastwood crea una atmósfera de cotidianeidad mediante una dirección que controla con maestría el ritmo narrativo, la cadencia de imágenes mediante planos desprovistos de la menor intención efectista (lo que es realmente un efecto sorprendente) y una visión que profundiza en cada personaje hasta desmenuzarlo paulatinamente ante el público escena tras escena. El realismo y la naturalidad de los diálogos acentúan la sensación de verosimilitud de un drama que se desarrolla entre enormes dosis de humor y una humanidad desbordante.

Eastwood usa el mundo del boxeo como trasfondo para llevar a cabo una acertada alegoría de la vida, dotando al polémico deporte de un cariz cargado de dignidad y honor. Pero Eastwood no limita su renovado genio al ámbito de la dirección o la creación musical, sino que renace interpretativamente con uno de sus habituales personajes, de apariencia ruda pero de profundas motivaciones, que lleva acompañándole durante toda su carrera, y que en esta ocasión, tal vez marcado ya por la experiencia, borda.

El resto del reparto es un acierto similiar. Hillary Swank realiza una interpretación sublime, sin duda la mejor del año en su categoría, que por justicia debería valerle su segundo Oscar. Maggie, es una mujer humilde, cargada de humanidad pero capaz de llegar al límite del sacrificio por alcanzar el sueño que llena su vida. Tanto Swank como su alter ego son una metáfora simbólica del mensaje de la película y de su desarrollo técnico. Por si la presencia gigante de ambos protagonistas fuera poco, Morgan Freeman realiza una meticulosa labor de apoyo, ejerciendo de conciencia consejera pletórica de sabiduría y de, sobre todo, sentido común.

Pero Million Dollar Baby no es tan sólo una historia de boxeo o de superación personal. La trama atraviesa momentos de incontenibles carcajadas para abordar a continuación el dolor de un padre rechazado por su hija, de un viejo boxeador marcado por un combate que no debió ser el último o del recuerdo ensalzado de una hija hacia la figura del padre perdido. Toca la américa profunda para sacar a la luz la pobreza más miserable, la conversión deshumanizada de los que la sufren hacia un ruin deseo de supervivencia y termina tratando de un tema tan controvertido como la eutanasia. Y lo hace sin ninguna pretensión mesiánica, sino simplemente como un acotencimiento causado por la marcada personalidad de sus personajes, y que gracias a su tratamiento previo, se antoja una conclusión obvia y natural.

Million Dollar Baby es un regalo para aquellos que desean disfrutar de una obra maestra, sin la necesidad de estar dotados de la paciencia necesaria para contemplarla con la perspectiva que ofrece el tiempo.

O.K.: Su aura de historia eterna.

K.O.: Que no se hagan, o al menos se intente, más películas como esta.

La Escena: La solución del último combate.

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