
Los demonios de la irreversibilidad.
«¿En serio esta vida te ha envilecido tanto qué esperas que tu amigo se estrelle para paliar tu frustración?»
En la estupenda entrevista que los eximios Román de Muelas y Tristan Cardona le hicieron a Zerocalcare (Arezzo, 1983), seudónimo de Michele Rech, hace algo más de dos años cuando le preguntaron cuál de su trabajo inéditos en España le gustaría que se publicara respondió que los dos volúmenes que componen Macerie prime aparecidos entre 2017 y 2018 en un intervalo de seis meses. Aunque han tenido que pasar un tiempo -en el que, por suerte, no hemos estado huérfanos de sus obras ya que hemos podido disfrutar de obras tan interesantes como Un pulpo en la garganta y Será todo para mí– este 2026 ha comenzado con la edición de los dos volúmenes que forman la historia en un solo tomo con el título de Más allá de los escombros de la mano de Reservoir Books que con esta ya nos ha traído ocho obras del autor del barrio de Rebibbia. Una vez leído y disfrutado es muy fácil entender su interés por que viera la luz en castellano, ya que estamos ante uno de sus mejores y más emocionantes y lucidos cómics, y en su caso es mucho decir.

Cuando apareció este cómic Zerocalcare y sus amigos estaban en plena treintena y todos más o menos compartían esa sensación de frustración por no haber conseguido llegar a ser el adulto que soñaban de niños amparados por un sistema que prometía estabilidad y progreso que en los últimos años se ha parado en seco dejando solo escombros. Y es que por muchas materias que estudiemos de jóvenes realmente nadie nos enseña a ser adultos y aprender a serlo es una serie de ensayos de prueba-error con resultado a veces catastróficos, pero es un proceso irreversible. En las páginas de Más allá de los escombros nos encontramos de nuevo con un cómic de carácter autobiográfico tragicómico en que, a través de sus vivencias y las de sus amigos, Zerocalcare construye un retrato generacional que ahonda en problemas como la precariedad laboral, las incertidumbres de la paternidad, los problemas para ser madre o, incluso, el suicidio, entre otros. Pero también es el vehículo para que ver los propios problemas que el autor tiene para gestionar el éxito que ha ido cosechando que le ha generado un sentimiento de traición hacia sus amigos por su mejor situación económica y las contradicciones con algunos de sus ideales que le provoca su recién fama. El mensaje más interesante y tristemente necesario que deja el cómic es la necesidad de una comunidad frente a un entorno hostil y la necesidad de establecer relaciones de amistad sinceras que te impiden desmadrarte y hacer tonterías.

A esta altura de la carrera del autor de La profecía del Armadillo, Esqueletos o No sleep till Shengal sus seguidores ya sabemos que podemos esperar de sus cómics, pero aun así consigue que sigan resultando frescos y sorprendentes tocándote siempre el corazón y poniéndote frente a un espejo que te lleva a cuestionarte algunos aspectos de tu propia vida. Aunque desde fuera puede parecer que sus cómics siempre abordan los mismos temas, no es cierto, lo que siempre nos encontramos es con un autor lucido, social y políticamente comprometido y que nos habla de sus conflictos internos exponiendo sus contradicciones, que son las nuestras. Pero nunca pontificando ni juzgando. Algo que consigue abordando los temas de cara, sin necesitad de revestirlos de una capa de historia de género para justificar tratar temas complejos y humanos que así pasan de ser generacionales a intergeneracionales. Una tendencia que va desapareciendo en el cómic tal y como hace años que sucede en otros medios, pero que en los lectores del cómic más comercial son un tipo de historias que siguen encontramos mucha resistencia. Sin embargo, el éxito de autores como Zerocalcare es la prueba que propuestas alternativas surgidas desde la contracultura como las suyas son las que consiguen llegar a un público ajeno al medio.

Una de las constantes de la obra del autor italiano son el humor cargado de ironía y autocrítica junto con todo tipo de referencias frikis que aluden a su niñez, que también nos encontramos en este cómic, con especial importancia en esta ocasión del anime Capitán Tsubasa, conocido por los que somos más viejales como Oliver y Benji o Campeones. Como es habitual el italiano sabe hacer un perfecto y complejo ejercicio de equilibrios entre el discurso político, el social, el retrato íntimo y el humor. De esta forma, entre chistes y situaciones personales que nos pueden resultar familiares se van colando con naturalidad reflexiones sobre la realidad actual que son como golpes en el estómago. Tampoco podían faltar los personajes imaginarios que lleva usando desde el principio de su carrera para dar voz a sus conflictos internos, pero en esta ocasión va un paso más y nos encontramos con un mundo postapocalíptico con una historia propia que convive y dialoga con la vida cotidiana de los personajes. Además de servir como interludio para separar las diferentes escenas del cómic.

Gráficamente no encontramos con un Zerocalcare con su estilo heredero del cómic underground estadounidense, el alternativo europeo y con algunas influencias puntales del manga que leía. Una mezcla caracterizada por la fluidez narrativa y el equilibrio entre textos, diálogos y dibujos sin que en ningún momento se repita la información. Visualmente nos encontramos con si trazo nervioso, su buen uso de las masas de negros y sus personajes reconocibles, dinámicos y expresivos independientemente de si son personajes con rasgos humanos o caracterizados como animales antropomórficos.
En Más allá de los escombros volvemos a descubrir todas las cualidades que han convertido a Zerocalcare en una de las figuras indiscutibles del cómic mundial. Un estatus conseguido paso a paso sin dejar por el camino su compromiso político y social y una libertad creativa que nos recuerda todo lo bueno que nos queda por descubrir en un medio riquísimo. Un cómic divertido, lucido y comprometido que es un retrato agridulce de una generación a la que el mundo le ha obligado a pasar de la decepción a la resignación de jugar con las exiguas cartas que nos reparte el sistema.
Lo mejor
• Como siempre, entre chiste y chiste Zerocalcare lanza unas cargas de profundidad que te hacen cuestionarte muchas cosas.
• Una obra íntima y personal, pero que sabe ser realmente universal.
• El sentido del humor marca de la casa.
Lo peor
• La espera hasta que se publique su siguiente trabajo en España.








