Portada Macarras interseculares de Iñaki Domínguez y Marina Cochet

Edición original: Macarras interseculares (Astiberri, 2025)
Guion: Iñaki Domínguez
Dibujo: Marina Cochet
Color: Marina Cochet
Maquetación:: Alba Diethelm
Corrección: Soraya Pollo
Edición: Lucía Álvarez
Formato y precio: Cartoné. 160 páginas. 20€

La intrahistoria de las tribus urbanas de Madrid.

«Hoy, según la RAE, viene a ser una persona chulesca y agresiva.»

El antropólogo, filósofo y escritor Iñaki Domínguez publicó en 2020 de la mano de la editorial Melusina el ensayo Macarras interseculares: Una historia de Madrid a través de sus mitos callejeros. Una crónica urbana de la vida callejera y la contracultura de la capital de España que abarca desde la década de los sesenta hasta principios de este siglo. Aunque es un retrato muy local resulta fácil de extrapolar a lo que se ha vivido en otras de las grandes ciudades del país, aunque con diferentes protagonistas. Un libro con carácter casi mitológico que se ha convertido en una pieza de culto gracias a la crudeza y visceralidad con la que está contado que su escritor ha transformado en el guion de un cómic hominino que Marina Cochet se encarga de dibujar y Astiberri de editar con su buen hacer particular.

Por las páginas del cómic se pasa una buena representación de los miembros más destacados de las diferentes tribus urbanas que formaban parte del día a día de la capital y que formaban parte de la delincuencia habitual participando en actos violentos y delictivos como el tráfico de drogas de todo tipo. Grupos que ya han pasado a formar parte integral de nuestra memoria colectiva como los rockers, punkis, raperos, neonazis, quinquis, pijos, mods, bakalas… Un catálogo de villanos, mártires, héroes o dioses según quien lo lea, que se bascula entre un bestiario y una recopilación de relatos mitológicos, al que complementa un minucioso y detallado mapa en las guardas donde podemos ver los barrios y lugares que frecuentaban. Pero, pese a las deformaciones que siempre efectúa el tiempo en la memoria de quienes cuentan las historias, la mayoría de lo que nos relata tanto el cómic como el libro está basado en los testimonios de quienes los protagonizaron y viven para contarlo así que son dolorosamente cercanos a la realidad. Algo que lo convierte en el fiel retrato de la cara oscura de una época, ese que nunca aparecerá en los manuales de historia, ya que en ningún momento glorifica ni juzga nada de lo que nos cuenta.

Saltando adelante y atrás en el tiempo el cómic nos cuenta una serie de anécdotas relacionadas con una tribu urbana o uno de sus miembros más icónicos y conocidos mediante capítulos cortos de carácter autoconclusivo que nos permiten ir descubriendo como cambiaba la realidad y la sociedad de cada década y los diferentes trasvases de poder. Ese carácter tan episódico de cada capítulo se aleje de lo que nos solemos encontrar en los ensayos y se asemeja muchos más a las series formadas por historias sin continuidad ni linealidad temporal, pero con similitud temática, que se publicaban en revistas como El Víbora entre las que no desentonarían para nada las que forman parte de este tomo. Esto también provoca que la lectura sea algo más irregular y la visión global quede algo deslavazada, ya que todas las historias no son igual de interesantes. Entre todo ellas brillan particularmente la que habla de cuando se producía pánico, es decir, cuando escaseaba la heroína y los yonquis tenían que buscar sus dosis como podían o la que nos cuenta como los iranies exiliados tras la revolución de Jomeini se hicieron con el control del tráfico de drogas a finales de los setenta. Sin embargo, la lectura completa y atenta de todas sí que permite hacernos una composición global de la realidad que protagonizaron estos grupos, pero se echa en falta algo de información sobre el contexto en el que sucede cada historia para poder comprender el momento sociopolítico del país en cada una de ellas.

Marina Cochet hace un gran trabajo de documentación que nos permite sumergirnos en los diferentes barrios de esa Madrid más marginal que no aparece en los folletos turísticos. También brilla en su representación de cada una de las diferentes tribus urbanas que son perfectamente reconocibles. Su estilo gráfico toma elementos del cómic europeo más naturista con el nervio del underground, pero tratando de ser lo más cercano a la realidad tanto en las figuras humanas como en los escenarios. La excepción la encontramos en el uso del color con una paleta que va variando en función de la tribu urbana que protagonice la historia para reflejar su idiosincrasia o el tipo de atmósfera que requiera la historia. De esta forma nos encontramos con historias llenas de colores llamativos como la de los grafiteros o los bakalas junto con otras en las que predomina el rojo sangre por su carga de violencia o los tomos negro por las cargadas sombras donde transcurren. En Charlie contra los iranies el uso de diferentes colores sirve para diferenciar el punto de vista de la misma historia. Un recurso muy sencillo, pero muy bien resuelto.

Gracias a sus diferentes historias cortas Macarras interseculares de Marina Cochet e Iñaki Domínguez nos permite asomarnos a las diferentes realidades de los barrios de Madrid más conflictivos y al crisol de tribus urbanas que los habitaban. Una historia que a modo de mosaico de diferentes piezas nos permite conocer el lumpen, el ambiente y las costumbres de una ciudad que hoy nada tiene que ver con la del siglo pasado, pero por ello no es menos peligrosa, aunque los delincuentes ya no están en los barrios, ahora ocupan los despachos de empresas, hospitales y edificios gubernamentales. Un retrato extraído de las vivencias de quienes los protagonizaron que sorprende por su crudeza y la verdad que exuda cada página que nos traslada a una época donde en las calles convivían en libertad el caos, el peligro y las drogas.

Lo mejor

• Descubrir todo ese submundo desconocido.
• La posibilidad de comparar el Madrid de la época con el actual.
• La gran representación visual de las diferentes tribus urbanas y sus barrios.

Lo peor

• Se echa en falta algo de contexto en algunas historias.
• La irregularidad entre las diferentes historias.

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Diego García Rouco
Nacido en Barakaldo en 1977 donde sigo viviendo. Descubrí los cómics en una librería de barrio con Tintin, Asterix, SuperLopez y los personajes de Ibáñez. En 1989 descubrí los superheroes de la mano de Stern y Buscema con el numero 73 de la edición de Forum de Los Vengadores. A estas lecturas se fueron incorporando la novela gráfica y el manga, de los cuales, a diferencia de los superheroes, nunca me cansé. Todavía sueño con ser agente Espacio-Temporal y de Planetary, con visitar mundos de fantasía con el señor T., Philemon, Lord Morfeo, Arale y Thor. Viajar con Reed, Ben, Susan y Johnny al futuro y pasear por el cuartel de la Legión. Recorrer la antigua Roma con Alix y una cantimplora de poción mágica. Buscar Mú, perderme en un viaje al corazón de la tormenta, contemplar el Olmo del Cáucaso mientras paseo por un Barrio Lejano leyendo El almanaque de mi padre. Conseguir beber la sangre del Fénix. Leer, al fin, algún articulo de Tintín y de Fantasio sin que me molesten los absurdos inventos de Gastón. Perderme por las murallas de Samaris, mientras de la pirámide flotante de los inmortales cae John Difool. Enamorado de la chica de los ojos rojos y de Adele. Y cabalgar hacia el amanecer con Buddy Longway, Red Dust y el teniente Blueberry. Con un poco de humo azul en los labios...
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