Limited Edition. El Prisionero

Analizamos el nuevo Limited Edition, que nos trae un proyecto caído en el olvido, la traslación a cómic, por parte de Marvel Cómics, de la serie de televisión El Prisionero, con guiones de Steve Englehart, junto al arte de Jack Kirby y Gil Kane.

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Edición original:. The Prisoner. Art Edition
Edición nacional/ España:.Panini Cómics y SD Distribuciones
Guión:.Jack Kirby y Steve Englehart
Dibujo:. Jack Kirby y Gil Kane
Entintado:.Mike Royer
Formato:. Tomo en tapa dura
Precio:.

24,95 euros

Las ideas y proyectos. La cantidad de veces que alguien acomete uno de ellos con ilusión y éste se queda en el tintero. Nunca podremos llegar a intuir siquiera las situaciones en las que el germen de algo, que podía ser bueno, malo, pésimo o genial sobre el papel, ha quedado atascado en la mesa de algún editor. En muchas ocasiones en los estadios iniciales, solo esbozadas las líneas generales; en otros casos, con la maquinaria ya rodada. En el mundo del cómic tienen que haber cientos de ejemplos, por no decir alguna cifra mayor. En Marvel, uno de esos proyectos malditos fue la adaptación de una teleserie británica de gran popularidad, El Prisionero, emitida por primera vez en las islas en 1967, llegando a Estados Unidos al año siguiente. Durante la década de los setenta, la Casa de las Ideas se hizo con gran cantidad de propiedades para adaptarlas al campo del noveno arte, conceptos que igual se relacionaban con el cine, la literatura o la televisión. Cualquier terreno valía en aras de continuar una clara expansión. Entre ellas se localizaba el programa protagonizado por Patrick McGoohan, como hemos dicho, un show que en su día contó con una gran popularidad. En el año 1976 se hacía público a través de uno de los canales habituales de la compañía, el “Bullpen Bulletins”, que en fechas cercanas se iba a publicar la adaptación de El Prisionero con el marchamo de Marvel impreso en su portada. Y eso jamás ocurrió. Se sabía que existió la dichosa intentona porque la gente que trabajó en ella, caso de Steve Englehart, así lo declararon a los cuatro vientos. De hecho, en una de esas convenciones a las que asistía, la Bay-Con de San Francisco, cogió una de las páginas de Gil Kane, que terminó de entintar Steve Leialoha y rotular Tom Orzechowski, y la presentó al gran público. Hablamos de una fecha tan lejana como mediados de los setenta. El proyecto de El Prisionero de Marvel se había convertido en una leyenda urbana, hasta ahora.

Cuarenta y dos años después, el conglomerado editorial ingles que posee la licencia, llamado Titan Publishing Group, ha podido acceder al material original de la fallida serie regular, que por razones desconocidas, Marvel nunca quiso terminar, ni por supuesto distribuir. Al ser un trabajo inacabado, no le quedó otra más que publicarlo como una Art Edition, con un tamaño mayor al comic-book, en base a escaneados a partir de las planchas originales, todas ellas en manos de coleccionistas privados. Panini Cómics y SD Distribuciones han recogido tal cual la edición de Titan para disfrute del coleccionista hispano. Repetimos, no es que se trate de una obra para “leer”, ya que se considera un propósito inconcluso, aunque al menos sí tenemos una de las partes parcialmente montada. Nos encontramos ante una pieza de museo, un trozo de arte de gran valor, cuyo rescate se puede catalogar como un hecho más que afortunado. Estamos aquí para explicar las interioridades de este volumen y para una mejor comprensión del mismo, consideramos que es imprescindible hablar, al menos de manera sucinta, de la serie de televisión a la que homenajea.

Patrick McGoohan era una de las estrellas más importantes de la pequeña pantalla en Inglaterra. Su fama se empezó a consolidar a inicios de los sesenta con su papel de John Drake en Danger Man (“Cita con la Muerte”, traducción libre en nuestro país). Un agente del MI6 que vivía trepidantes aventuras y que se convirtió en sensación en un periodo que va de 1960 a 1968. McGoohan estaba cansado del ciclo repetitivo que suponía Danger Man, por lo que se dirigió a los mandamases de la cadena ITV para comunicar que no pretendía continuar con el papel de Drake. Lew Grade, el mismísimo presidente de la cadena, intentó que se quedara en el redil ofreciéndole carta blanca para un nuevo proyecto que el mismo actor podía libremente seleccionar. De aquí surge El Prisionero, presentada como otra serie de espías, en apariencia, pero con un importante fondo a tratar. Patrick supo involucrar a George Markstein para que compartiera las labores de guion. Éste había sido escritor destacado en Danger Man, por lo que McGoohan conocía bien su talento.

La idea para la serie parte de una historia que el propio Markstein recordaba sobre la II Guerra Mundial, en la que se contaba que un grupo de espías enemigos habían sido recluidos en un pueblo artificial situado en Escocia, sin ser conocedores de su verdadero paradero. El guionista le dio una vuelta de tuerca para adecuarlo al tiempo histórico actual, la Guerra Fría, y así comenzar a articular las bases sobre la que se edificaría el programa. El Prisionero nos habla de un grupo de personas confinadas en un lugar recóndito conocido como La Villa, de la que es imposible escapar, debido a sus innovadores sistemas de seguridad (ejem, ejem, ese gran globo blanco….). Número Seis, el personaje interpretado por McGoohan, es tan misterioso como el resto de secundarios del plantel. Se sabe que es un antiguo agente secreto que tenía intenciones de renunciar, pero se desconocen los motivos últimos por lo que es llevado a la Villa. Todas las tramas de esta primera y única temporada giran en torno a este Número Seis, sus intentos infructuosos de escapar, mientras que el espectador queda embelesado con los enigmas que rigen tan particular lugar.

El Prisionero, serie de culto

Es obvio que sobre el papel no deja de ser una serie de intriga y acción, pero la dupla creadora supo insuflarle una pátina algo más incisiva. Primero, la complejidad de acometer un protagonista que no es héroe victorioso, sino una simple persona encadenada a la inevitabilidad de su derrota, una que es constante, durante la práctica totalidad de la serie. Luego por la introducción de elementos futuristas, añadidos con gotas de la contracultura y un espíritu un tanto surrealista, una extraña mezcla que consiguió que el programa alcanzara un estatus de serie de culto. Y eso que su final fue abrupto y nada consensuado.

Hay diversas fuentes que indican que McGoohan quería hacer las temporadas con pocos episodios, mientras que la cadena exigía nada menos que treinta y seis. Finalmente se pactó un término medio, que iría entre los 16 y los 22, dependiendo de si gustaba más o menos a la audiencia. Esto obligaba a la dupla creativa a alargar el plot original, improvisando sobre la marcha. El principal protagonista ejercía las funciones de actor, productor, escritor y, en ocasiones, hasta de director, llegando a producirse roces entre las dos mentes al mando. Markstein no aguantó muy bien las intromisiones de la estrella, por lo que abandonó en el episodio trece, dejando la totalidad de la responsabilidad de la escritura en McGoohan. Y a partir de aquí, la serie comenzó a zozobrar. Tanto que la cadena la canceló, exigiendo al actor que escribiese un episodio final para el que correspondía al #17. “The Fall Out” es el título del episodio, que tenía como cometido dejar todo cerrado y bien cerrado, pero no gustó nada al respetable. Las iras de los aficionados se extendieron como la pólvora, provocando una ingente cantidad de quejas ante un evidente final apresurado.

Patrick McGoohan, estrella indiscutible del programa

Sea como fuere, el show consiguió un alto nivel de aceptación, llegando a venderse en otros lugares del mundo (entre ellos, esta España nuestra). Un excelente termómetro del acervo cultural sobre un producto son Los Simpsons, con su consiguiente parodia (en la que participa McGoohan), prueba fehaciente de que El Prisionero llegó a calar en toda una generación. Otro dato interesante para calibrarlo es el grado de copias recibidas. Y para ello contamos con un remake del año 2009, que no fue nada alabado por la crítica. El simple hecho de la emisión en EEUU ya nos habla de éxito. La televisión americana era reacia a comprar shows de fuera de sus fronteras. Casos como Los Vengadores (nada que ver con la versión Marvel), El Santo o este The Prisoner contaban con el privilegio de airearse en los hogares americanos. En esta ocasión fue la CBS la que corrió el riesgo de comprar este novedoso programa, para delicia de los seguidores americanos que buscaban salir de lo obvio.

Una serie de éxito, que contaba con un nutrido grupo de entusiastas, y además tenía unos guiones perfectos para ser trasladados al cómic fueron algunas de las cualidades que los editores de Marvel apreciaron en El Prisionero para decidirse a comprarle a ITV los derechos de reproducción. Fue Marv Wolfman, a la sazón importante figura en el organigrama, el que sugirió la adquisición. Ante semejante proyecto se necesitaba alguien que comprendiera la idiosincrasia de la serie y, sin comerlo ni beberlo, tenían a la persona indicada, el propio Wolfman. El bueno de Marv era adepto de la producción británica y trató de convencer a Gene Colan para que aceptase ser su compañero en ese viaje. A Colan no le gustó el programa de McGoohan y no parecía motivado para dibujar la cabecera. Así que el editor se agenció a Gil Kane, que sí parecía un poco más interesado. Y en esas Marv dejó de ser jefe de redacción, por lo que, de momento, El Prisionero pasaba a un estatus de paralizado.

Frente a las desconocidas interioridades de la editorial, contamos con el testimonio de Steve Englehart, que a la postre acabaría involucrado en la confección del cómic. En el tomo tenemos un extenso texto firmado por él, donde intenta trasladar el momento, la línea temporal de los acontecimientos, pese a que hay aspectos que seguramente hasta un miembro del Bullpen desconocería. Uno de ellos es el trasvase del proyecto por parte de Wolfman-Kane hacía nada menos que Jack Kirby, el Rey de los cómics. Steve simplemente nos lo anuncia con un lacónico “le ofrecieron El Prisionero a Jack Kirby”, sin más explicación, ni contexto. Probablemente la compañía tratara de capitalizar su regreso, pero no tenemos más datos que nos permitan ahondar en una posible explicación.

Nuestro Jack se reconocía también como seguidor de la misma y acababa de retornar a casa, en 1976, tras un largo periodo de actividad en DC Comics. El Rey se hacía responsable del encargo en calidad de autor completo, es decir, guion, lápices y edición. Mike Royer, su fiel escudero, se dedicaría a las tintas mientras que la editorial ya proveería el colorista de turno, ente caso, Glynis Wein. Jack hizo lo estipulado, dejó terminadas las diecisiete páginas comprometidas, con lápiz y textos finalizados, centradas en la llegada de Número Seis a la Villa, como si se tratara del piloto de la serie; todo preparado para que Royer entintara. A mitad del proceso de confección de las tintas, el tebeo queda cancelado. Otra vez, un nuevo misterio. Sin ningún motivo aparente, parece que nos vamos a quedar sin el cómic sobre El Prisionero.

Un Kirby, sin acabar

Dudamos mucho que las razones para su parada técnica fueran creativas, es decir, que en las altas instancias no gustara el trabajo de Kirby. Estamos ante los instantes iniciales de su llegada, cuando el entusiasmo por su vuelta todavía se sentía en el ambiente. Pero lo cierto es que algo debió fallar puesto que se decidió, de manera inmediata, volver a lo que había planteado Marv Wolfman. Pero éste ya no estaba involucrado en el proyecto, por lo que de la necesidad surge otro equipo creativo, el formado por Steve Englehart y Gil Kane.

Nuevamente, nos remitimos a las propias palabras de Englehart donde cuenta con pelos y señales como afrontó la confección del cómic. Se tuvo que repasar los 17 guiones de rodaje y la llamada biblia del Prisionero, un memorándum que realizó la ITV específicamente para Marvel, con el objetivo de que no hubiera ninguna salida de tiesto. Se tenía que respetar muy mucho el esquema del show de McGoohan. Steve conocía el programa bastante bien, no le resultó complicado ponerse al día. Tenía bastante claro el cómo proceder: “el primer número del cómic iba a ser una adaptación de “La Llegada”, el primer episodio de la serie de tv. Recuerdo que lo guionicé usando sencillamente lo que pasaba en el episodio…… Algo muy básico, pero es que aquel primer episodio ya era tan icónico que no iba a demostrar lo ingenioso que era yo tratando de reinventarlo”. Obviamente, hablamos de dos medios distintos, por lo que Englehart tuvo que tomar algunas decisiones creativas para que el escrito fuese eficiente en el terreno del cómic: “había un cambio que sí era forzoso…. En los cómics, sin movimientos de cámara, sin banda sonora, necesitas algo que conecte la trama, y ese algo era un monólogo interior”.

Lápices de Gil Kane

Parece que la cosa iba sobre ruedas pero….. Steve decidió irse de Marvel. La llegada de Gerry Conway al puesto de máxima responsabilidad, alguien con quien estaba enfrentado personalmente, hizo que cogiese la puerta de salida de la editorial. Finiquitó las diversas colecciones que todavía tenía sin cerrar, clausurando así una importante página de su vida. Solo había un pequeño asunto pendiente, el cómic de El Prisionero, que todavía no había echado a andar de forma oficial. Jim Shooter, que entonces se consideraba el número dos editorial, le dijo a Englehart que no se haría cargo de la escritura, por dejar la compañía de manera precipitada. Steve le dijo que llevaba un trabajo avanzado y que en su momento fue el guionista designado. Se lo debían. Y Shooter le dio un plazo tan razonable como entregarlo a la mañana siguiente. Steve Englehart alumbró el guion de “La Llegada” en una noche insomne, en el que se suponía que iba a ser su último trabajo en la Casa de las Ideas. A duras penas, pero llegó a entregarlo.

Inconvenientes, piedras en el camino, todo lo que queramos, pero ya teníamos la base literaria para que la máquina se pusiese a trabajar. Contábamos con el guion de Steve, los dibujos de Gil Kane y se había asignado a Steve Leialoha como responsable de las tintas, pero de la obra nada más se supo. Así lo cuenta Englehart: “nunca se publicó. Ni tampoco la versión de Jack Kirby. A lo mejor Marvel había decidido que “no era más que un tío atrapado en una isla”, o puede que hubiera otras razones. No lo sé. Lo único que sé es que todo el proyecto cayó en un agujero negro”. Lo que estaba claro es que existían muestras de su intento de traslación. Y en el mundillo se sabía. Con la no publicación del cómic, de manera natural, la editorial perdió los derechos, por lo que los originales dejaron de tener valor; fueron vendidos a coleccionistas privados, hasta que Titan ha logrado reunir todo el conglomerado para esta edición tan particular.

Otra muestra de Kane, sin entintar

Como hemos dejado reflejado en las líneas iniciales, este tomo supera el concepto de cómic. Se trata de un material de degustación para amantes del dibujo de Kirby y de Kane. Las dos partes incluidas son el piloto de la teleserie; no verán mucho más que los primeros contactos de Número Seis con la Villa. Eso sí, al menos la de Kirby, sin estar entintada en su totalidad, es legible a la manera clásica. El extracto correspondiente a Kane son únicamente sus lápices con algunas anotaciones del guionista y del editor. Por tanto, aquellos que busquen una historia con su inicio, nudo y desenlace ya pueden ir abandonando la idea de acercarse a este Limited Edition.

El concepto de Art Edition supone que se han incluido gran cantidad de extras para una adecuada compresión de la obra inacabada. Para empezar, hay un prólogo de Mike Royer acerca de sus experiencias con El Prisionero. Luego tenemos un artículo extenso de Steve Englehart con gran cantidad de interioridades sobre el proceso creativo. A continuación, se nos muestra el guion completo de ese #1 fantasma, a cargo de Steve, junto con las planchas de Gil Kane. Rick Parker se encarga de rotular los originales de Kane, para que el aficionado lo pueda leer a la manera clásica. Así, tenemos dos formas de acercarnos a la historia dibujada por Gil: una pura, sin retocar, a tamaño grande; y otra en miniaturas, con los añadidos de los textos de Englehart. Por último, dedicado a los fans, bastante información sobre la serie de la televisión británica. Incluye el dossier de prensa que facilitó ITC a todos los medios en 1967 y un texto de Rick Davy acerca del impacto del show en la tv moderna. Como pequeños añadidos tenemos dos breves biografías de Jack Kirby y Gil Kane, la plancha que Englehart llevó a la Bay-Con y una icónica splash page de Kirby coloreada por Mike Allred, a petición de Titan.

Splash page de Kirby, coloreada por Mike Allred

A pesar de que por comodidad nuestra lo enlistamos en el terreno del MLE, se trata de otro producto bien distinto. De inicio, de Marvel ya no tiene nada. Si bien el material original provenía de ahí, le debemos a la británica Titan su salida a tiendas. Panini y SD han copiado tal cual el modelo de su homóloga inglesa. La estructura, organización y disposición del volumen provienen directamente de ahí. Se trata de un formato bastante lujoso, con papel de alta calidad para la reproducción y gran tamaño (34×26 cm.). Perfecto para su propósito, pues como hemos repetido a lo largo de este texto, hablamos de una Art Edition, pensada para nuestro sentido más visual.

En conclusión, siempre es una excelente noticia recuperar proyectos malditos, que por razones incomprendidas, cayeron en el olvido. Y este El Prisionero lo es. Pocas veces contamos con la suerte de acceder a ese tipo de material. Por cierto, con autores implicados de primer nivel, como los ya citados Jack Kirby, Steve Englehart y Gil Kane. Si El Prisionero hubiera salido adelante, en cualquiera de las dos versiones, estamos convencidos de que estaríamos ante un gran clásico de los años setenta. Pero no fue así. Aquí solo podemos atisbar posibilidades, brillos de eventualidades, de algo que pudo ser importante pero que ni siquiera contó con la posibilidad de ser. Observar la grandeza de dos gigantes del lápiz como Kirby y Kane, o el cómo hubiera enfocado la traslación literaria el guionista Steve Englehart, al tratarse de una serie de culto como esta, bien merece su parte de reconocimiento. Pero no nos vamos a engañar, este tomo se concentra claramente en el sector coleccionista. Su valor intrínseco gira inevitablemente hacia el objeto, más que hacia la obra concreta. Por tanto, queda en manos del posible comprador el decidir si este tipo producto entra dentro de sus prioridades.

Nos vemos”.

Edición original:. The Prisoner. Art Edition Edición nacional/ España:.Panini Cómics y SD Distribuciones Guión:.Jack Kirby y Steve Englehart Dibujo:. Jack Kirby y Gil Kane Entintado:.Mike Royer Formato:. Tomo en tapa dura Precio:. 24,95 euros Las ideas y proyectos. La cantidad de veces que alguien acomete uno de ellos con ilusión…

El Prisionero

Inventiva de Englehart - 6
Talento de Kirby - 9
Talento de Kane - 9
Valor como objeto - 9.6

8.4

Valoración Global

De nada sirve valorar algo que es incompleto y cuyo objetivo, como edición, es apelar al gusto de entusiastas y coleccionistas

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Como de costumbre, sr. Porras, excelente artículo. Ya no es que las artist edition sean un producto que no me interese coleccionar, si además es de una adaptación de una serie de televisión (que debo reconocer que no he visto) y encima es un proyecto cancelado… pocas opciones tiene de ser adquirido por mi parte, la verdad. Sin embargo, sí que le reconozco su valor como rareza y la calidad de los nombres implicados. Por cierto, ¿estamos ante un Titan Limited Edition, pues?