
Lucha por conservar la utopía
«Soy la voz de los desfavorecidos. De los otros, de los marginados. De aquellos a quienes tú y los tuyos habéis negado la existencia.»
Muchas veces la descomunal oferta de cómics que cada mes invade nuestras librerías favoritas provoca que algunas obras de lo más interesantes pasen por debajo del radar de casi todo el mundo. Una injusticia que resulta tristemente habitual cuando se trata de obras nacionales publicadas por editoriales pequeñas que no tienen fuerza suficiente para competir por un hueco entre el aluvión de novedades procedentes de cualquier rincón del mundo. Así que para tratar de que no suceda lo mismo con Liberterra vamos a dedicarle esta reseña, ya que su lectura ha sido una gratísima sorpresa. Se trata de un cómic de ciencia-ficción con guion de Javier Mora (Sevilla, 1976), dibujo de Rubén Chacón (Palma de Mallorca, 1993) y color de Juan Moreno. Ha sido publicado por Cósmica editorial tras financiarlo a través de mecenazgo y desde hace un par de semanas se puede comprar en las mejores librerías con una edición de calidad que cuenta con un precio muy ajustado.
El cómic nos traslada al planeta Liberterra, un lugar donde hace varios años se produjo una revolución en contra de la OLC (Organización Libre de Comercio). Una organización que explotaba sus minas de Veradio. Tras el éxito de la revolución surgió un sistema de gobierno y social en el que se prima la igualdad entre robots y humanos creando una utopía de libertad, lejos de la voracidad del capitalismo desmedido y las desigualdades que trae siempre asociadas. Durante las décadas posteriores, sus habitantes han ido reconstruyendo el planeta con un sistema de gobierno autogestionado en donde la toma de decisiones queda en manos de una asamblea popular, aunque la joven Lena ejerce como alcaldesa de nuevo cuño. El descubrimiento de nuevas minas de Veradio ha vuelto a despertar el interés por Liberterra de los planetas más poderosos de la OLC y ahora están en plenas negociaciones para obtener un acuerdo ventajoso que les permita conservar la sociedad libre que han construido con tanto esfuerzo. Pero el conflicto de intereses que se provocan las nuevas riquezas hará que todo lo que han construido se tambalee entre traiciones, violencia y guerras.
Estamos ante un cómic con una premisa y desarrollo que no tienen nada que envidiar a obras de ciencia-ficción que nos llegan del mercado estadounidense o europeo cargadas de hype y que luego no responde a nuestras expectativas. Sin embargo, este cómic lo hace con creces gracias a un planteamiento inicial que nos remite de forma ineludible a ese enorme clásico de la ciencia-ficción política que es Los desposeídos de Ursula K. Le Guin. El guion de Mora explora todas las posibilidades de ese arranque inicial construyendo un mundo tan coherente como la propia historia que escribe y en la que abundan las sorpresas sin que nos dé un minuto de respiro. Un guion muy canónico en el que todo funciona a la perfección, con las dosis justas de acción, intriga y misterio para el lector. Un trabajo redondo que no busca reinventar la rueda, pero en el que se puede ver en todo momento el cariño que se ha puesto en cada palabra, personaje y escena de la obra.
Como en las buenas historias de ciencia-ficción algunas de las cuestiones que plantea la obra tienen su reflejo en la actualidad. En particular, todos los tejemanejes de la OLC que son capaces de agitar el miedo al diferente, en este caso a los robots, para conseguir hacerse con el poder y controlar la economía. Una estrategia y unos fines que coinciden con los de la extrema derecha que vemos en cualquier país occidental en los que en el nombre de una seguridad que ellos se encargan de poner en riesgo nos quieren hacer perder, sin que nos demos cuenta, libertades y derechos que ha constado mucho tiempo conseguir. También vemos como estos arribistas no tienen ningún escrúpulo en destruir la naturaleza para conseguir beneficio económico, algo que vemos todos los días en los discursos que niegan el cambio climático y proclaman la vuelta a energías que tienen un coste enorme para el medio como las fósiles o deciden ignorar los enormes riegos que suponen las nucleares.
En el apartado gráfico nos encontramos con un Rubén Chacón que nos deja ver un estilo muy deudor de autores estadounidense de trazo muy limpio y claro como Stuart Immonen que se complementa muy bien con el color de Juan Moreno repleto de tonalidades luminosas que reflejan la luz de un planeta que está recuperando su esplendor. Narrativamente estamos ante un trabajo muy sobrio y sin alardes, al igual que sucede con el guion, algo que también se puede aplicar a los diseños de los personajes, tecnología y mundos, en los que nos encontramos varios guiños que nos remiten a personajes del universo Marvel o DC.
Liberterra es un cómic que nos recuerda todo lo bueno que nos podemos encontrar en el género de ciencia-ficción, con un planteamiento muy atractivo y diferentes situaciones que nos permite reflexionar sobre la actualidad. No es una revolución en el género, pero es un cómic mucho más sólido y divertido que otros que llegan avalados por grandes nombres. Javier Mora, Rubén Chacón y Juan Moreno nos han traído un cómic en el que se puede apreciar todo el cariño y esfuerzo que han puesto en cada página.
Lo mejor
• La forma en la que se refleja la forma en la que está construida y organizada la sociedad del planeta Liberterra.
• El reflejo de muchos de los problemas actuales.
• Lo bien que combinan el color y el dibujo.
Lo peor
• Aunque es una historia muy sólida y bien estructurada algunos de sus planteamientos ya los hemos visto en otras obras del género.












