Klezmer 4: ¡Trapecio volador!

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Edición original: Klezmer 4: Trapèze volant!, 2013, Gallimard.
Edición nacional / España: Klezmer 4: ¡Trapecio volador!, Colección Nómadas, noviembre 2014, Norma Editorial.
Guión, dibujo y color: Joann Sfar.
Formato: 120 páginas a color editadas en cartoné.
Precio: 20 €.

 

Si algo caracteriza la obra de Joann Sfar es su tendencia natural a la libertad. Libertad en todos los sentidos, ya sea temática, aunque siguiendo unos patrones personales, o estilística, donde en un mismo tebeo, qué digo un mismo tebeo, en una misma página, experimenta con lápiz, tinta, acuarela o rotulador con total impunidad. El marco de la viñeta es un lugar para el francés creado para ser violado por aquello que le pique esa mañana. Para bien y para mal. Klezmer 4 se presenta con descaro como un ejemplo perfecto de las bondades y los defectos del autor de El minúsculo mosquetero. Sfar considera el tebeo como su campo de juegos particular. A su incontenible capacidad para generar página tras página se junta esa incontinencia visual, donde el autor demuestra que necesita dibujar a diario, crear viñetas a destajo, soltándolas por otras nuevas al comienzo del día siguiente. De esta manera, su estilo es tan anárquico como suelen serlo sus tramas. No te acerques a Sfar si quieres estructuras de guión convencionales o dibujos de tono académico. Acércate a Sfar con una perspectiva mejor: como quien va a disfrutar de un fresco pictórico. No es temerario comparar al francés con un cualquier pintor impresionista. Sfar no pretende narrar convencionalmente, sino que se obsesiona con recrear la propia vida desde la perspectiva de la emoción y la atmósfera. Para eso, como el gran Gipi, domina el uso del color en función de aquello que quiere hacernos sentir.
A Sfar no le interesa la coherencia de una escaleta de guión donde todo está perfectamente hilvanado. El creador de El Profesor Bell, de un tiempo a esta parte, pretende –y consigue- hacernos partícipes de conceptos abstractos e intangibles como el paso del tiempo, el recuerdo, la música y el amor. Si el amor y el sexo son los ejes centrales sobre los que gira su obra, no resulta el por qué sino el cómo su objeto de estudio. Sfar quiere que recuerdes tus mejores polvos o evoques en tu memoria aquellas tardes de primeros romances, para hacerte cómplice de las vicisitudes y alegrías de sus personajes. Su paleta se despliega entonces con todo el poder de sugerencia del abanico cromático, logrando que el lector se sumerja en la emoción del relato no por el interés de los vericuetos de la trama sino gracias a lo logrado de la ambientación y la atmósfera. Gracias al genial –aquí sí, repito, genial- uso del color, Sfar nos proyecta a tugurios infectos, a alcobas calientes o a las calles de Odessa de noche. Y esa precisión emocional lograda gracias a su dominio de los colores permite que manipule nuestras emociones y recuerdos como si fueran teclas tocadas por un pianista experto. Colorear no es recrear el color de cada objeto, sino, como aprende el autor del estudio de los maestros de la Pintura, la manera para recrear estados de ánimo.

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De esta manera, Sfar, además de por otras razones formales y temáticas más evidentes, se convierte en un autor superlativo. El color, ese gran olvidado tanto por los lectores de tebeos, como por los estudiosos del mismo, demuestra ser una de las grandes bazas de un autor que pretende manejar tu cerebro desde una perspectiva visceral. Esa visceralidad, esa vehemencia en las formas, se convierte en Klezmer en algo que puede dar la razón a aquellos que denostan la falta de concreción en el trazo de Sfar. El autor es aquí más libre que nunca y se lanza a la caricatura desde perspectivas que no suele abordar, con extraños picados y aberrados contrapicados, con lentes forzadas y una tendencia al feísmo que puede provocar el rechazo en lectores de gusto cerrado. En según qué viñetas, Sfar tan solo aboceta las figuras, dejando que sea el color quien rellene y defina las formas. Sus personajes deambulan por sus páginas estirados, deformados, llevando el caricato a límites extremos, ya sea por necesidades del guión o por esa naturaleza salvaje del trazo del autor. Por si esto fuera poco para provocar el grito de los puristas, Sfar se lanza a colorear no sólo con sus sabias acuarelas, sino que experimenta de manera arbitraria con lápices de colores y rotuladores, como si hiciera partícipe al lector de las pruebas previas al tebeo en sí. Esto, que puede hacer huir a más de uno, resulta un placer para quien conoce las particularidades del francés y se deja llevar por esa extraña musicalidad de unas páginas que tirotean la retina con su desvergüenza formal.

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Y si descarado es Sfar en las formas, tanto lo es en la temática. Klezmer, como decía, no sólo habla de la música judía del mismo nombre al tiempo que relata las desventuras de un grupo de músicos ambulantes, sino que, como casi toda su obra, pretende poner en evidencia la alegría de vivir. Ese joie de vivre es desplegado a lo largo y a lo ancho, con concreción y con desvaríos, con ejemplos concretos y con el tono y la atmósfera. Es decir, todas las viñetas están contagiadas de esa sensación de que la vida, por más miserable que pueda llegar a ser, tiene momentos de alegría, de placer físico y sentimental, que hace que merezca la pena vivirla. Sus personajes son pobres, desgraciados, tipos con un pie en la tumba, genios locos o individuos melancólicos, pero siempre, siempre, logran hacernos recordar que la vida hay que apurarla. Entonces, cada viñeta reboza no solo de personalidad, sino de cierta melodía, cierta cadencia intrínseca al trazo y al color, pero también a la palabra, que logra que cualquier situación expuesta se antoje verosimil, por muy muy impensable que pueda llegar a ser. Sfar domina además la caracterización a través de los diálogos, de modo, aún usando personajes a veces arquetípicos, sus vivencias resultan frescas y cercanas, gracias también como digo, a ese acertado y preciso uso de la palabra. Sfar está más atento así a lo que sienten sus personajes que a lo que les sucede. Se preocupa más del cómo que del qué, le importan más al autor las costumbres mundanas, el día a día, lo inmediato, permitiendo una intimidad digna del amigo cercano y una humanidad pasmosa, como si lo relatado fuera la vivencia real de alguien contada de primera mano.
En resumen, dominando el color, el trazo y la palabra, Sfar crea interés en relatos caóticos que parecen deambular sin rumbo claro. Como la misma vida. Y como tal, nos sorprende, nos atrapa y nos lleva por donde quiere.
Quizá no sea Klezmer la obra adecuado para el neofito en Sfar –esto lo dejaríamos para títulos más accesibles como Vampir o El gato del rabino-, pero quien haya probado del francés, sin duda disfrutará de nuevo con sus particularidades.

  Edición original: Klezmer 4: Trapèze volant!, 2013, Gallimard. Edición nacional / España: Klezmer 4: ¡Trapecio volador!, Colección Nómadas, noviembre 2014, Norma Editorial. Guión, dibujo y color: Joann Sfar. Formato: 120 páginas a color editadas en cartoné. Precio: 20 €.   Si algo caracteriza la obra de Joann Sfar es…

Review Overview

Apartado Gráfico - 7
Guión - 7
Interés - 7

7

Las particularidades de Sfar permiten el disfrute de un tebeo caprichoso a un autor que es sinónimo de acierto, pero al que a estas alturas se le puede exigir más.

Vosotros puntuáis: 8.2 ( 1 votos)
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