Johnny Craig. Maestro del suspense

Ahora que Diábolo Ediciones está recopilando la mejor producción de la mítica editorial norteamericana E.C. Comics, nos parece necesario recordar a uno de sus autores más importantes. Se trata de Johnny Craig que realizó algunos de los mejores relatos cortos de la década de los cincuenta, siempre con un estilo exacto, conciso y muy cristalino.

Por
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1978

LIMPIAMENTE ME ESTÁS MATANDO

Explicaba el gran Wally Wood, uno de sus compañeros de fatigas en E.C. Comics, que las historias de terror escritas y dibujadas por Johnny Craig eran las más limpias que uno podía encontrar en el medio, y es una gran verdad. Contrariamente a la mayoría de dibujantes y escritores de la época precode Craig huía de lo evidente, de lo explícito, de lo chabacano y siempre prefería insinuar a mostrar, sugerir a exhibir; su estilo era transparente, sobrio y muy limpio.

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Johnny Craig fue durante más de cinco años un maestro del relato corto, normalmente de seis a ocho páginas, y la mayoría de sus historias se decantaban por la temática criminal con un ligero toque psicológico o fantástico. Sus protagonistas eran personas corrientes que se enfrentaban a sus debilidades y a sus conflictos a través del crimen, a veces como víctimas, otras como verdugos pero normalmente en ambos casos acababan perdiéndolo todo. Era un autor elegante pero fatalista…

EL ORIGEN DEL COMIC BOOK MODERNO

En la editorial Entertaining Comics se reunieron algunos de los mejores creadores norteamericanos de las décadas de los cuarenta y cincuenta para publicar un puñado de comic books innovadores, apasionantes y de inaudita calidad.
Bajo el manto del empresario, guionista y editor William Gaines trabajaron cuatro genios como Wallace “Wally” Wood, Bernard Krigstein, Harvey Kurtzman y nuestro admirado Johnny Craig.

Les acompañaban auténticos maestros de las viñetas como Jack Davis, Reed Crandall, Graham Ingels, George Evans, Albert Feldstein y John Severin. Complementaban la nómina de habituales unos artistas tan competentes y carismáticos como Al Williamson, Joe Orlando, Jack Kamen, Will Elder o Marie Severin.

Y también contaron con colaboraciones esporádicas, algunas de auténtico lujo, de otros artistas como Alex Toth, Joe Kubert, Gene Colan, Frank Frazetta, Georges Roussos o Sid Check, entre otros.

Todos juntos entregaban cada dos meses varias revistas con cuatro historias cada una de una extensión que variaba entre las seis o las ocho páginas, de géneros diversos, con temáticas siempre sorprendentes, casi siempre atractivas y en muchos casos críticas con lo que se entendía en aquella época como la verdad establecida.

Los relatos de guerra no solían glorificar al ejército estadounidense y muy menudo se fijaban en las víctimas de los conflictos bélicos como los habitantes indígenas, los niños o las personas más débiles. Este era el reino de Harvey Kurtzman, a cargo de dos cabeceras como Two-Fisted Tales y Frontline Combat, además y durante cinco números también publicaron un comic book de aviación titulado Aces High! donde brilló con luz propia George Evans.

En cuanto a la ciencia ficción, las historias se centraban en las paradojas temporales, en los enredos entre alienígenas y humanos o en algunas adaptaciones de relatos de famosos escritores como Ray Bradbury, al principio sin permiso y luego con su consentimiento. Aquí dirigía el cotarro el propio editor Bill Gaines, ayudado por Al Feldstein, siendo el territorio gráfico de Wally Wood y en menor medida de Al Williamson o Joe Orlando. Las cabeceras fueron Weird Science, Weird Fantasy y Weird Science-Fantasy.

Famosa página de apertura de Joe Orlando

También trataban temas sociales y criminales que se agrupaban en dos comic books titulados Shock SuspenStories y Crime SuspenStories donde se atrevieron a cuestionar el patriotismo desmesurado, donde denunciaron la corrupción policial y donde incluso abordaron el tema del racismo y las sectas supremacistas como la del Ku Klux Kan. Eran responsabilidad de Al Feldstein y gráficamente destacaban Jack Davis, Reed Crandall, George Evans, Jack Kamen y el propio Craig.

Finalmente, las más famosas eran las que estaban dedicadas al cómic de terror. En concreto fueron tres cabeceras tituladas; The Crypt of Terror/Tales from the Crypt; The Vault of Horror y The Haunt of Fear, un territorio pantanoso que se repartían Albert Feldstein y Johnny Craig para que se lucieran colosos del arte del calado de Graham Ingels, Bernard Krigstein, Jack Davis o los mismos Craig y Feldstein.
Los relatos que incluían marcaron una época, la mayoría combinaban terror y casquería con sentido crítico y humor. Eran explícitos pero no desagradables y contenían momentos memorables que han pasado a la historia del medio y que han servido de inspiración a multitud de autores y artistas de todas las generaciones posteriores y de casi todos los rincones de este planeta.

Hubo algunas cabeceras más como la revista satírica MAD, que sobrevivió a la salvaje ofensiva censora de la industria, u otras como Panic y Piracy que fueron mucho más efímeras. Esta línea editorial que se llamó New Trend duró poco más de un lustro, el primero de la década de los cincuenta, y se topó con la ira de los sectores más reaccionarios de la sociedad de aquella época y de una parte importante de la industria del tebeo norteamericano que acabaron por hacerla desaparecer. Uno de los más afectados por este exterminio social, artístico y laboral fue Johnny Craig.

BIOGRAFÍA DEL GUARDIÁN DE LA CRIPTA

John Thomas Alexis Craig, más conocido por Johnny Craig, nació en Pleasantville en 1926. En los primeros años de la década de los 40 empieza a trabajar y muy pronto su afición por los comics le lleva a ser el aprendiz del dibujante Harry Lampert (que se encargaba de la primera versión de The Flash para All-American Comics), cuando éste se incorporó al ejército durante la II Guerra Mundial pasó a trabajar con Sheldon Mayer. Allí empieza a dibujar algunas historias supervisadas por otros dibujantes pero su carrera se detiene al ser llamado a filas en 1943.

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De izquierda a derecha: Johnny Craig, Albert Feldstein y Bill Gaines

En 1946 se reincorpora a la vida civil y toma contacto con la editorial que sería su casa, que en aquel tiempo se llamaba Educational Comics. Empezó como rotulador, corrector y cartelista. Poco a poco se atreve a dibujar algunas historias encargándose también de varias portadas para los títulos románticos junto a Albert Feldstein bajo el pseudónimo conjunto de F.C. Aljon.
Colabora esporádicamente para otras editoriales de la época pero su progresiva dedicación a EC y su meticulosidad a la hora de trabajar (lo que lo convertía en un dibujante lento) le hacen centrarse en la casa de los Gaines.

Algo más tarde dibujará varias historias en los títulos policiales de la compañía como eran War Against Crime! y Crime Patrol, donde empezará a encontrar su estilo característico y se familiarizará con el relato realista semidocumental.

Al morir el fundador de Educational, ésta pasa a manos de su hijo William Gaines que para evitar la bancarrota cambiará la línea editorial y también el nombre de la compañía por Entertaining Comics. Junto con Al Feldstein y Harvey Kurtzman, el ambicioso Gaines reconvierte todas las revistas y las agrupa en tres géneros: las bélicas dirigidas por Kurtzman; las de ciencia ficción que dirigirá él mismo y las de crimen y terror de las que se encargará Feldstein. Los guiones corren a cargo de Feldstein, Kurtzman y Gaines y para el dibujo contratan a los mejores freelance del momento; son los Bernard Krigstein, Wally Wood, Jack Davis, Reed Crandall, George Evans, Al Williamson, Graham Ingels, John Severin… que realizarán algunos de sus mejores trabajos para esta editorial.

Johnny Craig tiene un estatus diferente en la EC ya que es el único que escribe y dibuja sus historias (a parte de los editores Kurtzman y Feldstein) y además acabará editando una de las revistas; The Vault of Horror para la que utiliza como presentadores a dos personajes llamados The vault-keeper y Drusilla.

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Típica página de inicio con The vault keeper y Drusilla

Tanto en los títulos de terror como en los de suspense Johnny Craig realiza casi un centenar de historias a lo largo de casi cinco años y se encarga así mismo de numerosas portadas. A raíz de la persecución que la editorial recibe y de los continuos intentos de censura que acaban desembocando en la creación de un férreo código de control – el Comic Code – por parte de las editoriales, E.C. Comics pasa a desarrollar otro tipo de temática que le supone un drástico descenso de las ventas por lo que la editorial se descompone pasando a ocuparse de una sola cabecera: MAD, una revista de humor que resistirá hasta la actualidad. Johnny Craig, al igual que la mayoría de autores de la época, vuelve a ser freelance otra vez.

Aquí abajo podéis contemplar una selección de algunas de las mejores portadas que Craig realizó para la editorial E.C. Comics.

En la década de los sesenta Johnny Craig se convierte en dibujante publicitario y colabora esporádicamente en algunas revistas de la editorial ACG como Unknown Worlds. No es hasta la década de los setenta cuando Archie Goodwin, editor de varias revistas en blanco y negro de la editorial Warren, vuelve a contar con él para realizar algunas historias de terror. En estas historias firma a menudo con el pseudónimo de Jay Taycee que es como se pronuncian sus iniciales J.T.A.C. en inglés para no repercutir en su trabajo de publicista. Colabora también con Marvel y DC entintando algunas historias de Iron Man, por ejemplo. Su estilo y su lentitud no convencen a los editores de las dos grandes y tras algunos episodios desagradables Craig decide retirarse del mundo de los comics a principios de los ochenta. A partir de entonces se dedicará a pintar y a realizar trabajos de encargo (comissions) para sus numerosos fans.

Johnny Craig murió el 13 de septiembre de 2001 a los 75 años.

INFLUENCIAS Y ESTILO

Johnny Craig conservará pocas influencias de sus primeros maestros Lampert y Mayer durante su carrera; sin embargo se fijará en dos de los más grandes autores de prensa del momento para construir su estilo personal. Tanto Will Eisner como Milton Caniff influyen de manera poderosa el dibujo de Craig, así como en su puesta en escena.
De Eisner se fija sobre todo en los encuadres, en la iluminación, en el uso expresivo del color, en la estructura narrativa del relato corto y en la presentación de las historias llegando a realizar, al principio de su carrera, algunas splash pages iniciales muy parecidas a las de The Spirit.

De Caniff se fija en el dibujo, en la caracterización de los personajes principales y secundarios y en la forma de entintar que lo emparenta a otros ilustres seguidores del estilo Sickles/Caniff como Frank Robbins, Mort Meskin o Mel Graff.

Él, a su vez, se convirtió en la inspiración de numerosísimos autores posteriores a su paso por E.C. Comics y fue en una referencia para muchos de los guionistas y dibujantes que quisieron acercarse al mundo del suspense y del terror. Frank Miller en sus inicios es un autor muy influido por Will Eisner pero también por Johnny Craig.

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Página de Daredevil vol.1 #179. Frank Miller y Klaus Janson

También podemos encontrar muchas similitudes entre el editor de The Vault of Horror y gran parte de la obra de Steve Ditko. El autor de Pleasantville influenció, así mismo, a numerosos autores de la esfera más alternativa como Charles Burns o los hermanos Beto y Jaime Hernandez, que suman su admiración por Craig a la de Harvey Kurtzman.
A parte de los citados, los españoles Josep Mª Beà y Alfredo Pons son algunos de sus fans reconocidos en nuestro país. Mezzo al dibujo y Pirus a los guiones también son otros que pueden ser considerados alumnos del maestro del suspense.

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Página del relato Causa y efecto. Alfredo Pons

Y los últimos, por hora, pero no los menos importantes son la pareja creativa formada por Ed Brubaker y Sean Phillips. Obras fabulosas como Criminal o The Fade Out no se entienden sin toda la tradición de películas de serie negra de los cincuenta y sesenta, pero tampoco sin el trabajo de Johnny Craig que siempre será un referente donde agarrarse para todos los creadores que ambicionen entender y plasmar el lado más oscuro, doloroso y oculto del alma humana.

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Pagina de The fade out #11. Sean Phillips

Uno de los aspectos más destacados de la obra de Johnny Craig es su elegancia a la hora de abordar los relatos de terror. En este caso sus referentes más claros son los grandes maestros del cine como por ejemplo Jacques Torneur, director de películas maravillosas como Yo anduve con un zombi, El hombre leopardo, la soberbia La noche del demonio y sobre todo La mujer pantera.

En la historia titulada The curse of the full moon! (publicada en The Crypt of Terror #17 en abril-mayo de 1950) nos encontramos a un personaje que está obsesionado por la posibilidad de ser el hombre-lobo que asola varias ciudades. Craig no nos muestra al monstruo más que en dos viñetas que corresponden a dos supuestos flashbacks del protagonista. Todo el suspense, toda la tensión la ilustra con las dudas y el sufrimiento de un personaje torturado. Cuando se resuelve la incógnita en lugar de ofrecernos el ataque del monstruo el autor se sitúa otra vez en los tejados de la ciudad. Con esa solución consigue que el lector se imagine el desenlace y lo convierta en algo aún más terrible y al mismo tiempo nos recuerda que esta historia es una más de las que ocurren en la ciudad. Toda una lección de elegancia y eficacia narrativa.

Sin alardes, de manera invisible, emparentándose a otros maestros del cine como Howard Hawks u Otto Preminger, el autor escoge el punto de vista más adecuado para hacer avanzar la acción de la manera más eficaz. En …and all through the house… (publicada en The Vault of Horror #35 del año 1954) vemos a una mujer que intenta cerrar su casa a cal y canto para evitar que un asesino fugado se introduzca en ella y ponga en peligro la seguridad de su hija pequeña. A parte de los elementos sorprendentes del guion que no pensamos desvelar, podemos apreciar que la puesta en escena resulta modélica en su aparente sencillez, en como describe la angustia de esta mujer; cada encuadre, cada ángulo está perfectamente estudiado y es destacable el uso del silencio, de la pausa para aumentar la ya de por sí insoportable tensión.

En otro relato; en Split personality (The Vault of Horror #30) podemos ver en la página 2 como cada viñeta está diseñada al milímetro, concretamente las cinco últimas, donde destaca la elección de los puntos de vista picado y contrapicado, usados de manera violenta pero elegante, siguiendo la evolución natural de la acción.

Johnny Craig. Maestro del suspense

Decía François Truffaut que los pioneros del cine, y más en concreto Howard Hawks, siempre situaban la cámara en el lugar idóneo, que su ubicación era impecable. Y sin embargo, el mismo Truffaut afirmaba de Fritz Lang que siempre colocaba la cámara de manera implacable. Esta vuelta de tuerca en la narrativa es la que también aplicaba Johnny Craig en sus historias. Si nos fijamos en la extrordinaria primera viñeta de la historia …On a dead man’s chest! (The Haunt of Fear #12, de 1952) podemos ver a un hombre bastante mayor tatuándose el pecho delante de su mujer y de su hermano menor. El encuadre, la iluminación y el color no dejan lugar a ninguna duda, si el joven y la mujer ya no se entienden, no tardarán mucho en hacerlo. Todo esto lo captamos sin una sola palabra al respecto sólo con la puesta en escena. No hay mejor manera de empezar un relato que no podremos dejar de leer hasta el final.

Johnny Craig. Maestro del suspense

Porque Johnny Craig sabía ser impecable y al mismo tiempo implacable a la hora de dibujar todas sus viñetas.

LOS AÑOS EC. EL CASO CRAIG

Fue en EC donde Johnny Craig encontró el hábitat adecuado para expresar todo el arte que tenía dentro. El hecho de poder escribir sus propios guiones y más tarde poder editar una de las revistas de la editorial le hacía sentirse valorado y le daba un enorme margen de libertad creativa para la época.

La compañía dirigida por Bill Gaines ofrecía, además, unas condiciones de trabajo inauditas en comparación al resto de editoriales. Permitía que cada dibujante – también cada escritor – desarrollase su estilo propio, los dibujantes estaban acreditados en cada revista y algunos incluso firmaban la primera página, pagaban bien y existía un ambiente familiar, de compañerismo que les hacía estar orgullosos de trabajar en EC.

Sin embargo este éxito supuso que E.C. Comics se granjease numerosos enemigos. Los primeros; las otras editoriales celosas de las ventas y el prestigio que de forma constante iba aumentando entre fans y jóvenes lectores. Por otra parte los sectores más reaccionarios vieron en esta editorial un peligro a raíz de la publicación de diversas historias de talante muy crítico con la sociedad americana. El racismo, la intolerancia, el falso patriotismo y la absurdidad de la guerra eran algunos de los temas tratados en las revistas editadas por Gaines que encendieron las iras de los intolerantes. Las teorías del Dr. Frederic Wertham que asignaban un papel preponderante a los comic books a la hora de explicar el fracaso escolar y la delincuencia juvenil fue la chispa que encendió la hoguera de la censura. El Senado de los Estados Unidos formó una comisión para estudiar si era necesario censurar los comic-books. Comparecieron partidarios y detractores de la censura y William Gaines fue uno de los principales testigos aunque parecía un acusado. Durante la comparecencia de su editor, Johnny Craig tuvo un involuntario papel protagonista.

Los acusadores se centraron en los comic de terror y sexuales (¿?) y en un momento de la vista, durante su interrogatorio, le enseñaron a Gaines la portada del número veintidós de Crime SuspenStories dibujada por nuestro admirado Johnny Craig.

Sr. Gaines, ¿esta portada tiene buen gusto?
Para un comic de terror, sí – respondió el editor. Si se fija – añadió – no se ve la parte seccionada del cuello oculta por el encuadre.

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La portada citada en la comisión del Senado

Es uno de los mejores elogios que nunca se le ha podido hacer a un artista: ser eficaz y al mismo tiempo elegante.

Aunque la comisión senatorial acordó no censurar por ley a los comic books, las editoriales se reunieron para elaborar un código de autocensura (el Comics Code) que en la práctica impedía a EC editar la mayoría de sus revistas – no se podía enseñar muertos vivientes, vampiros, hombres lobos, cadáveres descompuestos… tampoco se podía escribir la palabra tumba, cripta, horror, terror, sangre, crimen o muerte en los títulos y los temas quedaron constreñidos a un público infantil. Las revistas que no cumplían este código no llevaban el sello de aprobación del Code en la portada y por lo tanto los distribuidores se negaban a difundir estas revistas. Lo que no hizo el Senado lo acabó haciendo la parte más reaccionaria de la industria del comic book norteamericano.

William Gaines intentó cambiar el enfoque de sus revistas y sacó varias cabeceras con temáticas profesionales o versiones suavizadas de las de guerra y ciencia-ficción. Johnny Craig se encargó de la dedicada al periodismo llamada Extra! y colaboró en la de temas médicos bajo el título M.D. Este nuevo enfoque se llamó New Direction y fue un importante fracaso de ventas.

Para burlar la censura, intentaron seguir con las historias clásicas de E.C. Comics en unas revistas en blanco y negro y con un formato de relato ilustrado. Estas revistas se llamaron picto-fiction para las que Craig realizó algún relato esporádico. Sin embargo la mezcla de edulcoración de los temas con el boicot de las distribuidoras acabaron de hundir a la editorial que se quedó con una única cabecera, la revista de humor llamada MAD que revolucionó el mercado y ha sido un éxito de ventas hasta la actualidad, al principio dirigida por Kurtzman y luego por Feldstein.

Fuera de EC hacía mucho frío y Johnny Craig se refugió en el dibujo publicitario como tantos otros en esta oscura época. James Warren, propietario de Warren Publishing con varias revistas de cómics en blanco y negro en el mercado, pero sobre todo su editor Archie Goodwin intentaron a principios de los sesenta volver a enganchar a Craig al mundo del cómic aprovechando que las cabeceras en blanco y negro no pasaban por el Comics Code, pero fue algo efímero.

A raíz de la paulatina pero inexorable apertura de la sociedad norteamericana los cómics de EC empezaron a ser reivindicados por las nuevas generaciones. En Warren intentaron captar algunos de estos autores; Reed Crandall, Alex Toth, Georges Evans… y Craig. Este hizo algunas colaboraciones bastante estimables pero su lentitud y la desconexión con los gustos del momento le fueron retirando paulatinamente. Eso sí las jóvenes generaciones recogerían orgullosas su testigo.

LENTO PERO LETAL

Su fama de dibujante moroso era legendaria. Esta lentitud se debía a la meticulosidad y rigor con la que Craig abordaba sus historias y al hecho de ser un dibujante autodidacta. Muchas veces repetía páginas enteras dos o tres veces hasta que conseguía el resultado adecuado y esto hacía que raramente pudiera entregar más de una o dos historias al mes.

Autoretrato de Johnny Craig

Y sin embargo, el arte de Johnny Craig resistirá inmutable, inalterable e inmarcesible al paso de los años. Su enorme influencia se acabó expandiendo como un veneno por las generaciones posteriores y no sólo en autores de cómics sino por las venas de otros artistas como ya lo hizo en cineastas como Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick, los hermanos Ethan y Joel Coen o Quentin Tarantino que han sido inoculados por la amarga visión del género humano descrita con precisión por Craig.

Uno no puede evitar ver ecos muy poderosos del estilo de Craig en Psicosis – de hecho toda la película es una suerte de homenaje al espíritu de E.C. Comics – o en la serie de televisión La hora de Alfred Hitchcock o en Frenesí, una de las últimas películas del genio inglés. También en El resplandor y en Lolita se notan ramalazos del artista de Pleasantville, así como Kurtzman está omnipresente en Senderos de gloria, las tres de Kubrick y, finalmente, uno creería que Craig participó activamente en los guiones de Sangre fácil, Muerte entre las flores y, más aún, en la obra maestra de los hermanos Coen titulada Fargo o en algunos segmentos de Reservoir Dogs y Pulp Fiction del siempre inquieto realizador Quentin Tarantino.

En el universo de Johnny Craig, la pesadilla, el crimen y la venganza son los motores de sus relatos y son los mejores instrumentos para acabar describiendo a unos personajes constantemente sumidos en sus terribles obsesiones.

Quim Casas escribió sobre Fritz Lang, pero sus palabras son perfectamente extrapolables al arte de Johnny Craig:
… prefería la noche al día, las sombras a las luces, los hombres torturados por su pasado y su presente (…) los seres de dos caras, las máscaras y disfraces, los amagos amorosos, los sueños ominosos, los decorados opresivos, las atmósferas recargadas, los silencios oblicuos, los miedos interiores. La normalidad en su acepción más ortodoxa no tenía sentido…” y sigue más adelante “...los temas recurrentes afloran sin problemas: la fatalidad del individuo, la rigurosidad del destino, el aroma de una tragedia negra y desesperanzada, la sombra omnipresente de la muerte…“.
Y es que Lang y Craig podrían haber sido hermanos de sangre.

Cómic, cine y televisión son medios donde la imborrable huella de Johnny Craig siempre seguirá presente. La oscura visión del mundo que refleja su obra nunca morirá, ni tampoco su influencia en la cultura popular porque el suave veneno que destilan sus historias puede parecer de acción lenta, pero siempre es letal.

Salut!

BIBLIOGRAFÍA

A parte de la obra de Johnny Craig y de las revistas donde publicó, quiero citar las siguientes fuentes:

La revolución E.C. y la nueva tendencia de los comic books, de Dennis Wepman. En Historia de los comics vol.1 dirigida por Javier Coma. De Toutain Editor.
E.C. Comics y la reconversión de los comic-books. En Del tebeo al manga vol.3 dirigida por Antonio Guiral. Publicada por Panini Comics. Incluye además una ficha biográfica escrita por Santiago García.
Foul play!, de Grant Geismann. De Harper Design (2005).
Johnny Craig, el artista metódico en la web La cripta del terror de Luis Torres.
La historia de E.C. Comics. En la web La cripta del terror de Luis Torres. Una serie de siete posts que os dejo aquí y que podéis encontrar bajando en el resumen de posts de la columa de la izquierda.
EC, paradigma del horror pre-code por Alberto García en Tebeosfera. Dirigida por Manuel Barrero.
Why My Mother Threw Out My Comic Books (Part 2 of 3: The Rise and Fall of EC Comics in the 1950s), de Adam Blatner. Publicado el 18 de junio de 2009 en su web.
En las sombras: E.C. Comics. Una serie de artículos sobre esta editorial escritos por Pedro García y recopilados en el blog Un tebeo con otro nombre.
– En Entrecomics pudimos encontrar un coloquio entre Harvey Kurtzman, Wally Wood y Bernard Krigstein. Maravilloso post donde conocimos un poco la filosofía y ambiente de E.C. Comics. Se podía complementar esta lectura consultando además el listado de links de éstos y otros autores de E.C. Comics en la imprescindible sección Oldies but goldies de la misma web. Desgraciadamente ya no están disponibles.
E.C. Comics y la Ciencia Ficción, artículo de Gustavo Higuero. En Zona Negativa. Publicado el 06 de marzo de 2020.
Jacques Tourneur, retratos en penumbra por Quim Casas en la revista de crítica cinematográfica Dirigido por #243.
– Los libros: Fritz Lang de Quim Casas y Fritz Lang en América de Peter Bogdanovich.
– Y, finalmente, si queréis bucear en el tenebroso ambiente de los comics de horror precode fuera de la E.C. Comics podéis leer los casi veinte artículos englobados bajo el título Tebeos precode: aterrorizando el american way of life en El blog ausente, escritos por Abscence. Os dejo con el primero; a partir de éste podréis seguir el hilo. Son apasionantes e imprescindibles.

Este artículo es una revisión, adaptación y ampliación del publicado en mi extinto blog La canción de Tristan el 15 de diciembre de 2010.
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Jaime Sirvent
Jaime Sirvent
Lector
15 octubre, 2021 0:01

Grandísimo artículo Tristan,muchísimas gracias por la currada que te has pegado,por lo didáctico que es y por lo bien escrito que está.