Forjando la Leyenda

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Acercarse al proceso mental, burocrático y artístico de una obra como DK es cuanto menos una tarea titánica. Este breve acercamiento tan solo pretende ser un chispazo que permita hacernos una idea de lo que Dark Knight significó para Miller, el cómic y los lectores de 1986.

Frank Miller, nació en Maryland, el 27 de enero de 1957 (58 años), es cuanto menos uno de los autores completos más influyentes de las últimas décadas. Hablar de Frank Miller no es hablar de un autor, es mucho más que eso. Hablar de Frank Miller es hablar del cómic en sí mismo, del cómic de los años ochenta y noventa, del cómic como medio para transmitir ideas y experimentar emociones y del cómic como industria.

Frank Miller se confiesa como un auténtico necesitado de los comics. Su afición por ellos era tal que a los seis años ya tenía muy claro a que se iba a dedicar el resto de su vida. Su evolución dentro de medio siempre fue muy clara y aunque dejó de leer comics de superhéroes durante un tiempo para dedicarse a los ensayos políticos, que serían fuente inagotable de inspiración para sus futuros trabajos, no terminó de alejarse por completo ya que la fantasía seguía formando parte de su vida.

Su carrera puede decirse que empezó en 1979 cuando sus lápices comenzaron a adornar las páginas de la serie de Marvel, Daredevil. Es cierto que no fue su primer trabajo, pero si su primer trabajo regular y el que comenzó a forjar a la leyenda.

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Miller llega a una serie donde el personaje está desahuciado y donde los guiones de Roger McKenzie poco o nada son capaces de aportar al personaje. Tan solo con el trabajo de Miller la serie comienza a despuntar cada vez más entre las demás colecciones Marvel. Su trazo y su innovadora manera de enfocar y narrar las historias hacen que su estancia en la serie dure hasta 1983 y pueda considerarse como una de las mejores etapas del personaje.

Tras su paso por la Casa de las Ideas recala en DC y comienza una serie limitada, Ronin, en la que se aleja de todo lo que anteriormente había hecho para centrarse en un personaje de creación propia. Su estilo gráfico cambia y evoluciona del que ha estado luciendo en Daredevil y vuelve a experimentar con lo que un cómic puede dar de sí.

Pero no sería hasta 1986, también en DC, cuando encararía el que tal vez junto con Batman Año Uno sea su mejor trabajo. Nos referimos a El Regreso del Caballero Oscuro. Una epopeya en la que Miller quiere contarnos cosas de Batman que hasta entonces nadie se había atrevido a contar.

El proyecto nace de forma muy simple, sin mucho ruido, a partir de unas notas redactadas junto al mítico Steve Gerber para el relanzamiento de Batman, Superman y Wonder Woman. Ambos se dieron cuenta que trabajan en líneas muy similares, Gerber en Wonder Woman y Miller en Batman, por lo que decidieron juntarlo todo y añadir a la ecuación a Superman. Según cuentan las leyendas aquello hubiera sido un cómic extraordinario de no ser porque todo acabó muriendo al no llegar a un acuerdo con la editorial. Una lástima, porque de la mente de estos dos enormes creadores solo se podía esperar lo mejor.

Steve Gerber, Jack Kirby, Mark Evanier y Frank Miller en 1986
Steve Gerber, Jack Kirby, Mark Evanier y Frank Miller en 1986

Pero no todo quedó en saco roto y Miller recicló ideas para crear el germen de la historia que terminaría siendo El Regreso del Caballero Oscuro. Desarrolló el concepto y contra todo pronóstico en DC se le abrieron las puertas para llevarla a cabo. Miller quería un Batman más listo, más rudo, más de todo, como si de una fuerza de la naturaleza se tratara y para ello nos lleva a su momento más bajo, retirado y sin motivación alguna en la vida.

Por aquel entonces el editor era Dick Giordano, que no solo se encargó de dar luz verde al proyecto, sino que lo potenció con sugerencias a un Miller sorprendido por la reacción tan positiva que tuvo ante las escenas más duras y contundentes de la obra. DC apostó por este trabajo y lo demostró al no publicarla en un formato barato y con papel de baja calidad, sino creando un formato nuevo de mucha mejor calidad y con un papel que permitiera saborear mucho mejor los detalles de la parte gráfica.

Para Miller hay dos tipos de lectores. Los optimistas que se decantan por Superman y los que piensan que el mundo va fatal y prefieren a Batman. Y eso a Miller le causaba un serio problema si quería usar a ambos personajes en su obra. Esta situación tan incómoda para el autor es lo que desencadena que tengamos a un Bruce Wayne de cincuenta años al empezar la historia, lo que lo hace distinto al Batman que todos conocen hasta ese momento. Por otro lado está Superman que continúa con su actitud de boy scout, cumplidor, sabiendo acatar las normas y buen soldado a la hora de cumplir las órdenes. Todo lo contrario del Batman que quiere mostrarnos Miller.

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Frank Miller no esconde que tiene un grave problema con la autoridad y es por tanto una de las cosas recurrentes en todo el desarrollo del caballero Oscuro. La crítica social y política no se esconde ni se camufla, se muestra con fuerza y de manera directa, mostrando la crueldad de una sociedad que está en pleno proceso de descomposición. Tal vez esta sea la primera vez que Miller abre las puertas a esas ideas que dan vueltas en su cabeza sobre cómo ve el mundo, a sus políticos, a la sociedad en sí misma y se ríe abiertamente de todo con el fin de aplacar su propios miedos.

Su trabajo es crudo y muy visceral, sale de las entrañas, para mostrar un Batman más poderoso que nunca, libre de remordimientos, libre de ataduras y capaz de hacer lo que nadie se atreve. Batman hace lo que hay que hacer y para él solo hay una forma de hacerlo.

Miller publicó su obra paralelamente a Watchmen, la otra obra que cambió por completo la forma de ver y entender el cómic. La obra de Moore, según las propias palabras de Miller le hizo la autopsia a los superhéroes y él, con el caballero Oscuro, se encargó del funeral.

Las consecuencias de estas dos obras fueron enormes. Todo se volvió más serio, más oscuro, más profundo y según Miller su influencia fue exagerada. Su trabajo siempre fue enfocado hacia ese público más maduro que demandaba este tipo de obras y que el mercado no acababa de proporcionarles.

Miller en 2015.
Miller en 2015.

Miller dejó parte de sus experiencias en la obra. Tal y como cuenta su mujer, fue atracado a punta de navaja durante el proceso de creación de la obra y esa experiencia la plasmó de forma narrada en Dark Knight. Su vida y su obra se empezaron a mezclar en lo que sin duda alguna era el proceso natural de un autor que nunca ha dejado de evolucionar y experimentar.

Miller cree en el individuo como catalizador del cambio, pero se muestra escéptico cuando en una misma habitación hay tres personas. Lo único que se puede esperar de esa situación es lo peor que se pueda imaginar uno. Disfruta creando reacciones ambiguas en el lector desarrollando una idea recurrente que es la de como una sociedad libre se protege a si misma mediante la tiranía a los demás.

Miller busca el simbolismo con Dark Knight, diseccionar el mito, ver que hay tras la leyenda y en el proceso dejarnos ver directamente quien está al otro lado del espejo. Todo un proceso cognitivo para unos lectores que de repente se encontraron con un cómic que rompía con las férreas cadenas que el medio se había estado autoimponiendo durante las últimas décadas.
Hoy, treinta años después, su obra por triste que pueda perecernos, sigue estando al día en los conceptos que en ella se detallan. Y es que eso es lo que tienen las obras maestras, que no mueren nunca. Como Batman.

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Mr. Cesar
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Alucinado me has dejado, Gustavo. Es lo que siempre he pensado y nunca le había puesto palabras. ¡Chapó por el análisis!

Dorin Theodor
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Dorin Theodor

Gustavo, muchas gracias por este cautivador y provocador artículo. Ahora, me han entrado ganas de prestar de la biblioteca por tercera vez El Regreso del Caballero Oscuro.

dhaldon
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dhaldon

Plas,plas,plas…me quito el sombrero, pedazo de artículo, pedazo de cómic y pedazo de autor, grande Miller.