El Príncipe del Mar

Tras el gran éxito cosechado por Los Dioses Mienten, Milky Way nos acerca un interesante tomo recopilatorio de tres historias cortas de Kaori Ozaki, donde mezcla el drama con un estilo optimista y cautivador.

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Edición original: Ningyo Ouji, Shinshokan 2015.
Edición nacional/ España: Milky Way Ediciones 2016.
Guión: Kaori Ozaki.
Dibujo: Kaori Ozaki.
Traducción: Salomón Doncel-Moriano Urbano.
Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 224 páginas.
Precio: 8€.

 

Una de las bondades que ha traído consigo la “democratización” del manga en nuestro país es la eliminación de muchos prejuicios a la hora de enfrentarse a la lectura de una obra procedente del país del sol naciente. Poco a poco el lector ha ido sabiendo a adaptarse a la situación de que la demografía de una obra no tiene porque encajonarla en un arquetipo de desarrollo o de personajes, y de la misma manera ha aprendido que el estilo artístico no es definitorio del contenido. Una de las autoras que más ha representado con éxito este arte de contar una cosa con un envoltorio casi radicalmente opuesto ha sido Kaori Ozaki, que con su pequeña colección de relatos recogidos bajo el título de El Príncipe del Mar afianza el éxito que cosecho tras la publicación de Los Dioses Mienten.

Pese a que su reconocimiento en España ha sido reciente, gracias a la publicación por parte de Milky Way del tomo autoconclusivo de Los Dioses Mienten, Ozaki es una autora que lleva creando desde mediados de los años 90. Nacida en 1976, Kaori Ozaki comenzó su andadura en el mundo del manga con publicaciones cortas para la editorial Shinshokan. Knife (1993) y Piano no Ue no Tenshi (1995) supusieron el debut de una autora que ya dejaba entrever su sintonía con el mundo del drama, aunque en este caso encajado dentro de un estilo más shôjo. No sería hasta finales de siglo, en 1999, cuando Ozaki conseguiría su primera (y única si hablamos de duración) gran serie: Meteor Methuselah, más conocida como Immortal Rain y que Milky Way tiene ahora mismo en plena publicación, con 2 de 11 tomos en el mercado.

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Gracias al gran éxito que cosechó con Immortal Rain, Ozaki se mantuvo hasta el año 2011 serializando secuelas y precuelas de la misma hasta que su primera publicación fuera de Shinshokan trajo consigo un cambio de temática. Realmente en cada nueva etapa, Ozaki ha ido demostrando su creciente madurez artística y vital e introduciendo nuevos elementos en sus obras. Siempre manteniendo un toque de drama y romance de fondo, con Immortal Rain se atrevió a enmarcar todo dentro de un relato de fantasía y toques de comedia. Eso se cumple también en ese año 2011, en el que firma la que es por el momento su mayor creación hasta la fecha: Los Dioses Mienten. Publicada por Kodansha (y por Milky Way en España), es la primera de sus narraciones que incorpora un elemento más costumbrista, dentro del llamado slice of life, acentuando los elementos dramáticos y conmovedores, pero manteniendo intacto su estilo de dibujo. Se gesta así la creación de una gran obra, con una sensibilidad especial y una sólida narrativa que dejaba patente el potencial de Ozaki.

Tras el tanto anotado con Los Dioses Mienten, Ozaki se preocupó por afianzar este nuevo estilo temático que se movía entre las aguas de lo adulto y lo juvenil, materializándolo en El Príncipe del Mar. Lo primero que llama la atención de este manga es su estructura, que cuenta con un par de relatos cortos a modo de introducción, independientes entre sí y autoconclusivos, que dan paso a otro relato, de mayor extensión pero también breve y que da título a la obra. Ozaki ya había demostrado en anteriores ocasiones su gran habilidad para gestionar la narrativa de un tomo autoconclusivo, pero con una sola historia, y gestionar ahora un volumen de igual extensión pero compuesto por tres historias totalmente separadas entre sí podría suponer un reto. Sin embargo la autora muestra de nuevo que no es necesario alargar una historia o tener que apoyarla con los otros relatos para poder contar algo si se sabe hacer bien. Y así nos encontramos tres relatos de duración dispar (uno corto, otro medio y otro más bien largo) que sin embargo son perfectamente claros, fluidos y mantienen la capacidad de emocionar y la intención de la autora sin altibajos.

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Como ya hemos dicho, una de las temáticas que más presente ha estado en la carrera de Ozaki ha sido el drama, la tragedia, pero siempre enmascarada a través de un dibujo y un ambiente estilizado, de gran expresividad y sencillez que embauca al lector para cogerle con la guardia baja. Es un estilo que se adapta perfectamente a la intención de la mangaka de emocionar e impactar al lector pero sin caer en el sentimentalismo barato y aportando un punto de vista nuevo. Ozaki es especialista en crear obras que a la vista son bonitas, embelesan y cautivan pero que en su interior esconden algo mucho más triste, depresivo y nostálgico. En este sentido podemos encontrar en su obra temas pesimistas, nihilistas o deprimentes, similares a los que Inio Asano trata en sus obras, pero expresados de una manera menos directa y obvia, más plástica, con una cotidianeidad ahogada por la fantasía como podríamos encontrar en los relatos de Yuki Urushibara, con una evidente nostalgia implícita y que deja un sabor amargo en el lector pero no carentes de optimismo. Es algo difícil de definir, pero Ozaki es capaz de mostrar en su narrativa algo que normalmente solo podría expresarse con el arte (cosa que también hace), y que es dejar al lector esa sensación de que la historia le está sonriendo con los labios, pero no con los ojos. Que ofrece una ventana de esperanza pese a que los posos de la tristeza siempre van a quedar, pero que no hay que rendirse y dejar de disfrutar de la vida (o de la obra).

Una de las características principales de El Príncipe del Mar, que comparte con otras creaciones de Ozaki, es la solidez de la narrativa. La autora sabe perfectamente cómo contar una historia y en este tomo lo demuestra por partida triple, conociendo en todo momento el qué quiere mostrar al lector, el cómo y por dónde llevarle hasta el cuándo final, en el que la trama rompe y llega al clímax o moraleja. Sin embargo, esta perfección formal tiene la contrapartida, como ya ocurría en Los Dioses Mienten, de ser en ocasiones demasiado rutinaria. El lector es capaz de seguir el hilo a la perfección pero sin plantearse nada más, es demasiado simplista en ese aspecto. Las historias conmueven, llegan al lector, pero se quedan ahí al finalizar, viven del momento y no perduran después.

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Con todo ello no se puede decir que sean malos relatos, todo lo contrario, sobre todo por lo que nos cuentan y la sutileza con la que presentan los aspectos más desagradables. Esto es patente sobre todo en la primera de las historias, Ametsukigahara, donde se muestran temas como el acoso, la soledad, la depresión o el rencor de una manera que les hace presentes pero sin llegar a extremos explícitos. La autora crea un ambiente y lleva al lector a través de esos aspectos sin usar simbolismos exagerados, sino recurriendo a la escala de valores y la cotidianeidad de sus personajes y su arte, mostrando pero sin mostrar y narrando a través de lo visual. Ese aspecto se verá mucho más acusado en la segunda y más corta de las historias, Un día de nieve, donde Ozaki monta en pocas páginas una genial fábula enormemente triste pero a la vez con un gran optimismo y un carácter vitalista que recuerda al lector que después del invierno, siempre llega la primavera. De hecho ese precepto, el “Nunca llueve eternamente” que diría el Cuervo de James O’Barr está muy presente en este tomo y en general en la obra de Ozaki, reflejando esa necesidad de hacer frente a las adversidades y aguantar las patadas de la vida, pero de una manera mucho más dulce y que, por contraste, impacta más.

Llegamos de esta manera al último relato, que da nombre al tomo y es el más extenso, El Príncipe del Mar. De la tríada de historias es sin duda la más accesible para el público, pero al mismo tiempo la más arquetípica. Es además bastante menos trágica y moralista que el resto del volumen, incorporando elementos de fantasía, mucho más simbolismo y bastante dosis de amor, tanto de pareja como familiar. Refleja también ciertos elementos de folklore y vuelve a utilizar, como es frecuente en muchos autores japoneses, el agua como un elemento ligado a la vida y la muerte, que separa ambos mundos y provoca el “renacimiento” de los personajes al interactuar de algún modo con ella. Quizá el aspecto más interesante es la sutil rotura de los esquemas de roles de género que se intuye en la relación de los dos protagonistas, siendo el chico el más frágil y sentimental y la chica la fuerte y protectora. Tiene también cierto aire Ghibli en algunas situaciones, por esa mezcla de sentimientos y fantasía, pero en general resulta la más simple de las tres y puede que la más olvidable, o al menos puede impactar y llegar bastante menos que las otras dos.

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Por último, aunque ya hemos dado pinceladas en este aspecto, mencionemos un poco acerca del dibujo de Kaori Ozaki. El principal punto positivo es que la autora sabe usar a su favor el apartado artístico, no está ahí simplemente porque sea bonito o porque si no existiese no sería un manga, sino que a través de él, Ozaki es capaz de narrar, de sugerir y de mostrar, algo que ayuda muchísimo a una historia de pocas páginas y la hace fluir de una manera muy sencilla. En general los diseños son buenos, aunque algo similares entre sí, destacan sobre todo por su belleza y su sensibilidad. Trabaja muy bien el aspecto de la valoración de la línea adaptándola a cada situación. Sin embargo es un dibujo con puntos negativos. Por un lado su sencillez, aunque buscada, resulta excesiva en algunas ocasiones, especialmente en los fondos. Es un dibujo muy limpio, pero demasiado vacío, con un buen uso de la trama pero poca presencia de la tinta, restando protagonismo al juego de luces y sombras (algo que afecta sobre todo a la parte final del último relato). En las historias más cortas, pese a la buena valoración lineal, es demasiado inorgánico, demasiado rectilíneo y anguloso. Es un apartado visual muy agradable y muy claro para el lector pero que no explota todas las posibilidades que le ofrece el medio, con repetición de planos, expresiones, colocación y tipos de viñeta… Cumple con su cometido, pero al igual que pasa con la narrativa, se deja llevar y va a asegurar.

El Príncipe del Mar sigue la línea marcada por Kaori Ozaki en Los Dioses Mienten, ofreciéndonos una serie de relatos bonitos, sencillos y vistosos que nos hablan de la vida y los sentimientos, la superación y el optimismo. Una narrativa muy cuidada y una enorme habilidad de la autora a la hora de gestionarla en historias de tan pocas páginas, ya que algunas de ellas podrían haber dado para un tomo en su conjunto (sobre todo Ametsukigahara, de la que queda la espina de no poder ver desarrollar su potencial con una mayor extensión). En general es un gran tomo único, que quizá peca de continuista y simplista, pero que resulta satisfactorio y es capaz de combinar muy bien ese toque trágico con lo vitalista de los finales. Si os gustan otras obras de Kaori Ozaki es una lectura muy recomendada, pero si os acercáis a su estilo por primera vez quizá sea mejor tener primero un contacto con Los Dioses Mienten.

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  Edición original: Ningyo Ouji, Shinshokan 2015. Edición nacional/ España: Milky Way Ediciones 2016. Guión: Kaori Ozaki. Dibujo: Kaori Ozaki. Traducción: Salomón Doncel-Moriano Urbano. Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 224 páginas. Precio: 8€.   Una de las bondades que ha traído consigo la “democratización” del manga en nuestro país…

Valoración Final

Guión - 7.5
Dibujo - 6.5
Interés - 7

7

El Príncipe del Mar es uno de los tomos recopilatorios de historias cortas que mejor narrativa y construcción tienen, hasta el punto de contar con relatos con un enorme potencial para llevar aun más peso. Ozaki realiza un fenomenal trabajo a la hora de contrastar temas como el pesimismo y el optimismo, algo que refleja también con el estilo de su arte y el contenido de su obra. Sin embargo es un tomo que peca de sencillez y de tomar pocos riesgos, pese a que lo que quiere hacer lo hace a la perfección. Una buena lectura si ya eres aficionado al estilo de esta mangaka y un tomo interesante, en general, especialmente por la inclusión de Ametsukigahara.

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