El paraíso perdido

Damos un viaje por los sombríos pero atrevidos parajes que John Milton ideó y que Pablo Auladell transformó en bellas imágenes. El paraíso perdido, obra capital de la literatura inglesa, fue adaptada con gran maestría y pericia por el dibujante alicantino que se enfrentó al clásico inmortal y salió muy bien parado.

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Edición original: El paraíso perdido de John Milton (Sexto piso, 2015)
Guion: Pablo Auladell
Dibujo: Pablo Auladell
Formato: Cartoné, 320 páginas
Precio: 25€

El pensamiento y el espíritu quedan invencibles, pero… ¿y si nuestro vencedor todopoderoso hubiese dejado intactos nuestro espíritu y nuestro vigor para que podamos soportar el sufrimiento de un castigo eterno?

Una adaptación debe cumplir unos requisitos indispensables si quiere estar como poco a la altura de lo que adapta. Entre ellos, quizás el más importante, conocer su lugar como adaptación y no como copia. Conocer su lugar implica saber cuál es el medio en el que se adapta y el medio del que proviene la obra adaptada. Esto muchas veces, por no decir todas, hace que la obra resultante de la adaptación tenga su propia identidad. No como un hermano gemelo (la mayoría de las veces desfavorecido), sino como un hijo que contiene los genes del progenitor, pero que se labra su propio camino. Y éste es el caso de El Paraíso perdido de Pablo Auladell, que lleva a cabo una obra que es fiel al relato pero adaptada a un medio diferente. No pretende un duplicado, sino una emancipación del acercamiento del comic al poema. Tampoco lo adapta a una época diferente, lo que seguramente lo hubiese convertido en una caricatura de lo que fue, cosa que se agradece por el respeto que se refleja hacia el clásico de John Milton.

Quien se enfrenta a lo inmortal

Pablo Auladell, nació en Alicante en 1972. Licenciado en filología en la universidad de Alicante siempre tuvo inquietud por el mundo del cómic. En 1996 entró a formar parte del colectivo La Taberna del Ñu Azul, donde publicó varias historias cortas en fanzines. Su Premio Nacional de Cómic Injuve, ganado en el 2000, fue el detonante para comenzar con su carrera profesional como autor en este medio.

En 2005 fue seleccionado para la exposición Ilustrísimos que representó a España en la Feria de Bolonia obteniendo el Segundo Premio Nacional de ilustración. Y en 2006 ganó el premio Josep Tountain al autor revelación de Salón Internacional de Cómic de Barcelona 2006. Viajando a 2012, con la obra escrita por Pablo Albo e ilustrada por Pablo Auladell, Alas y olas, obtiene el segundo premio de Ministerio de Cultura en la categoría de libro infantil.

Ha llevado a cabo admirables adaptaciones de obras tan reconocidas como Potemkin, adaptación de la película de Sergei Eisenstein con Norma editorial, o Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn del gigantesco Mark Twain con la editorial Sexto piso. Pero fue en 2015 cuando traería su obra más alabada, la adaptación de El paraíso perdido editada también por Sexto piso. Gracias a ella, sería galardonado con el Premio Nacional del Cómic de 2016. El jurado lo eligió por “El gran valor artístico y la fuerza visual inspirada por la intemporal visión de Milton, su tratamiento del color, el uso original de la iconografía y la narrativa que consigue al mismo tiempo ser arquetípica y plenamente actual”.

La honda que usó contra Goliat

Esta adaptación se divide en cuatro Cantos (capítulos) en contraposición a los 12 libros con más de 10000 versos sin rima de la original. Pero su condensación, a pesar de serlo y por tanto de conllevar los recortes implícitos, no le pasa una factura tan agravante como se pensaría en un principio.

Satán, 96 páginas: En él vemos su llegada al abismo del tártaro junto con sus huestes tras su derrota, y su pérfido plan de hacer daño al intocable Dios por medio de su última creación, el ser humano.

Un jardín de delicias, 52 páginas: En este segundo capítulo vemos la primera interacción de Satán con Eva, y cómo es expulsado del Edén tras su intento de corrupción.

Los primeros recuerdos del mundo, 102 páginas: Aquí asistimos mediante un flashback a la llegada del hijo predilecto de Dios y por el que Satán se revela. Tras su alzamiento por la libertad a no postrarse, se llevan a cabo las múltiples batallas en el cielo que terminan tornándose a favor de los fieles a Dios.

La espada flamígera, 53 páginas: Finalmente, Satán convertido en serpiente lleva a cabo su venganza a Dios por haberle creado tan ambicioso.

La adaptación resume perfectamente la obra original, poniendo el foco en uno de sus temas principales como lo es la pesadumbre de la libertad. Dejando un poco más de lado el problema del mal y el sufrimiento, enfocado desde quien quiere responder a la pregunta de por qué un Dios bueno y todopoderoso decide permitirlos siéndole tan fácil evitarlos. Es obligado que esos temas aparezcan, pues son pilares de la obra, pero el cómic pone más el énfasis en la libertad que otorga el juicio y el criterio de elegir, y que eso conlleva la aceptación de las consecuencias de esas mismas elecciones. Algo que está muy presente en el personaje de Satán, “Está tan lejos de concederme la paz como yo de mendigarla”, y en el de Adán “Conoce a la vez el bien y el mal. Pero solo puede vanagloriarse de conocer el mal ganado y el bien perdido”.

En cuanto al dibujo, Pablo lleva a cabo un despliegue de calidad, y sobre todo de precisión estilística. Con unos fondos dignos de William Turner, los personajes son como estatuas cinceladas en mármol, y no por su estatismo sino por su complexión. A veces pareciera que las obras de arte que las emulan en los museos hubiesen cobrado vida. Como si el autor hubiese decidió brindarnos la posibilidad de ver una historia hecha por estatuas y cuadros clásicos de museo. Un estilo que a pesar de sus defectos, evidentemente intencionados, en cuanto a las proporciones o a la ambigüedad de los fondos, se hace uno con la obra y de alguna manera indispensable una vez concebida su unión con la historia.

También los bocadillos y las didascalias toman partido. Con un azul celeste para los ángeles y un morado gastado para los demonios, confiere a las páginas, que se debaten entre los primeros planos de personajes de tez blancuzca o planos muy generales normalmente emborronados por la grises brumas de los decorados, puntos de luz que hacen respirar y equilibrarse a las páginas.

El autor sale muy bien parado de la adaptación pese a que el nombre de Milton y de su Paraíso sean demasiado absorbentes como para no hacerle sombra. Lleva a cabo un trabajo muy digno y que de alguna manera se parece al estilo con el que lo hubiera llevado acabo William Blake, quien ilustró algunos de sus pasajes.

Una digna contienda

Es inevitable hablar de John Milton cuando se habla de una adaptación de su poema inmortal. Las implicaciones que tuvo su obra magna fueron demasiado sonadas en todo occidente como para no hacer sombra a mucho de lo que había hasta entonces y a mucho de lo que habría desde entonces. William Blake escritor del poema Milton, quien decía muy convencido que el propio Milton, como lo hicieron el profeta Ezequiel, Voltaire o el mismo Jehová, se aparecía de vez en cuando ante él: “Milton me visitaba con aspecto juvenil. Y (también) como un viejo con una larga y ondulada barba”, afirmó que Milton escribió encadenado acerca de los ángeles y Dios, y en libertad, cuando de diablos y demonios; porque fue un verdadero poeta y del partido del Diablo sin saberlo. “Vale más reinar en el infierno que servir en el cielo”.

La adaptación de esta obra es respetuosa con el poema que en gran parte cambió la historia de la literatura y del mundo religioso en occidente. Esa ambigüedad en la que Satanás es tan víctima, tan engañado y tan protagonista como el ser humano, es algo que trastocó el paradigma. Lo alteró porque sentimos empatía con lo que hasta entonces era la maldad, y lo maniqueo comenzó a diluirse. Y es algo que nuestro autor no corrompe.

Porque El paraíso perdido es algo que engloba mucho más que la obra, se separa de la ficción para incidir en la realidad. El hecho de que la única exigencia por parte de Dios fuese no comer del árbol de la ciencia, es el ejemplo perfecto de esa idea recurrente en la ficción, y en la realidad, de que lo prohibido atrae por su condición de no poseído. “Si tal es el placer que proporcionan las cosas prohibidas, sería de desear que, en vez de un árbol, se nos hubiesen prohibido diez”. A fin de cuentas Milton habla de Dios, de Satán, de Miguel, de Adán y Eva, pero ellos no han acabado siendo los verdaderos protagonistas de su historia. Porque ninguno de los citados son los herederos de aquel paraíso perdido. Lo somos nosotros, y con la obra de Pablo Auladell es un verdadero placer serlo.

Edición original: El paraíso perdido de John Milton (Sexto piso, 2015) Guion: Pablo Auladell Dibujo: Pablo Auladell Formato: Cartoné, 320 páginas Precio: 25€ “El pensamiento y el espíritu quedan invencibles, pero… ¿y si nuestro vencedor todopoderoso hubiese dejado intactos nuestro espíritu y nuestro vigor para que podamos soportar el sufrimiento…
Guión - 9
Dibujo - 9
Interés - 9

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Inmortal

El solemne trabajo de Pablo Auladell es un ejercicio de solvencia y belleza visual. Le mantiene el pulso a una obra que pocos podrían acometer sin ser engullidos por su alargada sombra, y evidencia un respeto por el clásico que se hace indispensable para elevar a la adaptación al lugar donde merece estar.

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