ATERRIZAJE FORZOSO
«Ahora más que nunca… necesitamos el armamento del futuro.»
Bueno, pues esta serie de reseñas llega a su fin con la presente, que está destinada a cubrir el tercer y último comic-book con lomo de este volumen de la cabecera, editado en nuestro país por panini cómics. El hecho que ya había tenido lugar en Estados Unidos, y que adelantaba en la reseña anterior, se ha consumado en la edición española, siguiendo la nueva política editorial de La Casa de las Ideas ninguna serie tiene garantizado superar la decena de entregas y esta etapa de Iron Man se ha quedado en ese camino. Con cierta dificultad para conectar con el público desde el inicio, la obligación de atender a un evento editorial que ha engullido la mitad de los números de la serie, un guionista con poca experiencia y un cuerpo editorial hostil con las novedades, pocas eran las facilidades que acompañaban este relanzamiento. Veremos si este final nos deja algo que se pueda rescatar de lo que en un inicio estaba planteado para ser una saga mucho más larga.
La trama hacia el final de la serie se centra por completo en el cruce con Un mundo bajo Muerte. Tony ha llegado a un acuerdo con una milicia insurgente en Latveria que, armados con productos Stark, podrían librar una guerra contra Muerte que supusiera una distracción y un desgaste suficiente para acabar destronando al tirano. Sin embargo, ahora debe convencer a Muerte para que sin saberlo lleve a cabo su parte del plan al tiempo que esconde los detalles del retorno de Industrias Stark a la fabricación de armamento a amigos y aliados. Además, deberá lidiar con el nuevo sindicato y actuar como mentor para Vishte Taru, un prisionero rescatado que quiere tomarse una venganza personal contra Muerte.

El guion de Ackerman no está especialmente inspirado. Sus diálogos son bastante inconsistentes, oscilando entre referencias y memes que provienen del mundo real y que encuentran su sitio en esta obra de forma algo forzada y discusiones más serias entre personajes que se sienten adultos y competentes. La trama parece tener una dirección clara pero como suele pasar en estas ocasiones ha sido acelerada hasta el extremo, los actos de los protagonistas y lo que tiene lugar en estos números no deja en buen lugar a Tony ni a ninguno de sus principales aliados en este volumen. Ackerman combina instantes de reflexión sobre el papel de Tony como empresario en este universo con otros en los que parece no ser del todo consciente de sus acciones. En estos diez números no ha dado tiempo para desarrollar ninguna dinámica interesante entre los personajes, dejando unicamente aquellas que hayan sido heredadas de historias que preceden a la obra.

En el dibujo, la cosa también es una caída sin control. Los últimos cuatro números se convierten en un baile de dibujantes que en ocasiones llega a suponer que números individuales estén dibujados a seis manos. A los lápices y tintas contamos con Julius Ohta, Guiu Vilanova y Michael Dowling. El trabajo de Ohta aquí está lejos de su mejor versión, sus escenas de acción carecen de dinamismo y más que experimentar con diseños de página originales se limita a viñetas ligeramente menos rectangulares. El estilo de Dowling dista notoriamente del de Ohta y realmente solo aparece en un puñado de páginas, en las que podemos ver que resulta apropiado para una trama de espías que no dependa en exceso de la acción. Vilanova aparece hacia el final para hacerse cargo del último número, no he resultado ser un fan de su estilo, que encuentro falto de detalle y finura. En los colores volvemos a encontrar a Alex Sinclair, que también parece bajar el nivel del tomo anterior y a Michael Atiyeh que aunque no hace un mal trabajo con los lápices de Ohta, se le nota con dificultades con el de Vilanova.
En definitiva, un final que tira a lo pobre. La estupenda portada de Yasmine Putri para aquel primer número, sumada con la noticia de que un periodista ganador del Pullitzer se iba a hacer cargo de la colección me permitieron generar expectativa para esta etapa del personaje. Se trataba de un movimiento arriesgado por parte de Marvel, algo poco característico aunque quizá sean conscientes de que Iron Man parece haberse convertido en una serie de segunda. La apuesta no ha dado beneficio, lo que en los primeros números era falta de refinamiento debido a la poca experiencia aquí se acerca más a la incompetencia y la que en mi opinión es una cantidad exagerada de dibujantes no hace sino sumar a la sensación de que el cómic se ha hecho rápido y mal.
Lo mejor
• Los momentos en los que se desarrolla una trama de espionaje.
Lo peor
• Todo se viene abajo hacia el final.
Incapaz
Guión - 4.5
Dibujo - 5
Interés - 5
4.8
Un final que tira a lo pobre.








