DC Noir. Parte I (1939-1986).

Un recorrido por callejones oscuros y bares de mala muerte. Crimen, corrupción y soledad.

Por
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2016

El cañón humeante de una pistola. Gabardinas. Políticos depravados. Rateros de buen corazón. Sordidez y tristeza. La silueta de una mujer fatal. Seguramente casi cualquier lector será capaz de identificar todo esto como elementos propios del género negro; pero, al contrario que la fantasía o la ciencia ficción, el noir no cuenta con una legión de seguidores demasiado amplia. Quizá sea porque el noir no cuenta con unas coordenadas de género demasiado claras, e incluso limita con los territorios del realismo, como decía el gran Manuel Vázquez Montalbán.

El género negro nace a partir de la novela policiaca ideada por Poe, Conan Doyle y Agatha Christie, y al contrario que esta última no muestra tanto interés por la resolución de los crímenes y no plantea una división tan clara entre buenos y malos. El sexo, la violencia y la tortura, la angustia existencial y la soledad son elementos comunes en estas historias. Algo totalmente comprensible si tenemos en cuenta el contexto histórico en el que nació: unos Estados Unidos marcados por la Ley Seca, el crimen organizado y la Gran Depresión.

El término negro es un remanente de la revista donde se publicaron los primeros relatos de Chandler, Hammet y otros: Black Mass (aunque ellos mismos preferían el término hard-boiled). El noir pasó a los comics a través de Black Mass y otras revistas pulp. Uno de los primeros comics propiamente noir llevaba por título Detective Comics, y por fecha de portada Marzo de 1937.

Por tanto, algún aguerrido crítico podría argumentar que el género negro es más consustancial a DC que el mismísimo Superman. Yo no lo haré, en parte porque estas primeras historias tienen muy poco que ver (prácticamente nada) con el DC que conocemos; y no lo haré tampoco porque este artículo tiene un objetivo muy concreto: estudiar las mutaciones del género negro vistas a través del prisma de los superhéroes de DC, y no al revés.

Así que enfunden su pistola, pónganse el sombrero y la gabardina, salgan a la calle y sumérjanse en el aroma de la niebla y en la colonia de una mujer fatal. La experiencia será apasionante, se lo garantizo.

Antes del Boom (de 1939 a 1980)

No deja de ser curioso (pero desde luego no casual) que la santísima trinidad de DC Comics (Superman, Batman y Wonder Woman) responda a la santísima trinidad de la literatura de género (ciencia ficción, noir y fantasía, respectivamente). Así que, como es lógico nuestra primera parada ha de ser la cueva del hombre murciélago.

El primer Batman se parecía bastante poco al Batman de hoy en día, y aun así se parecía a él más de lo que creemos. El vigilante que hizo su aparición en Detective Comics #27 (todavía no sabíamos su nombre, ni tampoco que bajo la máscara se ocultaba Bruce Wayne) usaba pistola, unos extravagantes guantes morados y no tenía reparos en usar fuerza letal. Poseía además el encanto oscuro y el atractivo erótico de los grandes mitos del decadentismo, como Drácula o Satanás.

Los enemigos contra los que luchaba este precursor del glam vivían en lóbregos castillos góticos o en sórdidos laboratorios, y oscilaban entre el mal cotidiano del ratero urbano y el mal absoluto del mismísimo demonio. Pero, como todos sabemos, Batman no sería Batman sin su némesis número uno.

El Joker apareció por primera vez en Batman #1, y tanto su método criminal (aterrar a sus víctimas anunciándoles la hora de su muerte) como su aspecto (un colorido traje de payaso) recordaban poderosamente a los villanos de opereta de la novela victoriana. De hecho, su rostro era el rostro de Conrad Veidt, el actor más representativo del cine expresionista alemán, una serie de películas que los grandes directores y productores de Hollywood estaban a punto de descubrir, y que serían la semilla ineludible de los grandes films noir que todavía estaban por venir: Casablanca, El Halcón Maltés, Perdición, Cat People, El sueño eterno, etc.

No obstante, si hubo una película que influyó al comic de la Edad de Oro, esa fue Ciudadano Kane, otra cinta con una deuda más que evidente con el expresionismo alemán (y sobre la que todavía se discute acerca de su pertenencia o no al género negro).

El film de Orson Welles proyecta su expresionista sombra sobre la obra magna de Will Eisner, The Spirit, protagonizada por el protector homónimo de una ciudad manchada por el negro y, en ocasiones, por el blanco de la nieve. The Spirit, a su vez, marcó de forma bastante evidente las primeras aventuras de Patrick “Eel” O`Brian, también conocido como Plastic Man, un superhéroe que pasaría a formar parte del Universo DC tras la gran crisis de mediados de los años 50. Además, cuentan las crónicas que Orson Welles y Fritz Lang (otro precursor del género) eran voraces lectores de tebeos, y sobre todo de The Spirit. Eisner llegó a incluir a un personaje llamado “Urso” Welles en sus historietas.

“Urso” Welles.

Tras el ataque de Pearl Harbour, los superhéroes no dudaron ni por un segundo en subirse a los aviones y los barcos del ejército estadounidense para combatir en los campos de batalla de Europa Central y en el Pacifico.
Y al regresar a casa, como les ha ocurrido y ocurrirá a todos los soldados que en el mundo han sido y serán, se dieron cuenta de que el mundo y la vida no habían esperado por ellos. La popularidad del superhombre americano empezó a decaer rápidamente, mientras su lugar en el nicho de mercado era ocupado por un montón de nuevos personaje. Y entre estos personajes se encontraba, por supuesto, el detective.

En 1947, William Gaines heredó la editorial propiedad de su padre, y reunió a los mejores dibujantes y guionistas del medio con el objetivo de crear la mejor editorial de la historia del comic, al menos en lo que a relación cantidad/calidad se refiere: EC Comics.

EC tocó todos los palos, y lo hizo de la mejor forma posible: suspense, terror, ciencia ficción… y genero negro, por supuesto. Las publicaciones de EC no se cortaban un pelo en mostrar a la juventud de América el tenebroso y atractivo mundo del crimen, el sexo y el asesinato.

Ello llamó la atención de un oscuro psiquiatra germano-americano llamado Fredic Wertham, obsesionado con los niños y los medios de comunicación de masas. Por algún extraño motivo, Wertham llegó a la conclusión de que existía una relación directa entre las viñetas de los comics y el crimen. Defenestró los comics de EC, acusó a Batman de pedófilo y a Wonder Woman de lesbiana, y sus pataletas, por ridículas que fueran, encontraron predicamento en el Senado Americano de la época de la caza de brujas.

DC Comics, que durante la última década había visto como EC, Fawcett y otras editoriales le comían el terreno, dijo elegir el mal menor, y propuso un mecanismo de autocensura conocido como Comics Code Autorithy. El Comics Code solo dejaba espacio para el tipo de publicaciones blandas al estilo “american way” que publicaba DC, que no tardó en comprar los personajes propiedad de las editoriales que había llevado a la quiebra.

El Batman de los 60.

El Joker fue creado por Bill Finger, Bob Kane…y Jerry Robinson. Aunque no está del todo claro la participación de este último hombre en la creación del icono más reconocible del rincón noir de DC Comics, lo que sí está claro es que ya a mediados de los años 40 estaba bastante olvidado. Sobrevivía dando clases de dibujo en Nueva York. Entre sus alumnos sobresalía un muchacho tímido y extraño llamado Steve Ditko. Si por algo se recordará a Dikto es por haber co-creado el mito de Spiderman junto a Stan Lee en Marvel, pero no es menos cierto que produjo sus mejores trabajos tras dejar La Casa de las Ideas por su compromiso ético con el objetivismo randyano.

Más allá de sus historias de terror para Warren (una especie de revival de las revistas de EC comandado por Archie Goodwin, un sujeto que volverá a aparecer en nuestra historia), Ditko destacó por sus atrevidos y radicales héroes urbanos: Mr. A, Blue Beetle, The Question, etc. Dikto tendió un puente entre el pulp de la Edad de Oro y la sensibilidad política y el realismo sucio que inundaría la obra de Moore, Miller, Ennis, Brubaker, Rucka y Azzarello. Pero antes de llegar a estos titanes, debemos detenernos en una obra de culto nunca suficientemente valorada.

Dennis O´Neil era un joven periodista de tendencias izquierdistas que gustaba de tratar temáticas sociales en sus historias. Neal Adams se había convertido en una superestrella de los comics americanos después de su trabajo en Deadman (un título de terror con toques detectivescos) los X-Men, gracias a su acabado hiperrealista y sus dinámicas composiciones. Cuando O´Neil y Adams trabajaron juntos por primera ven en Green Latern/Green Arrow el mundo de la historieta sufrió un giro copernicano.

Si hasta ese momento eran los superhéroes quienes se habían acercado al mundo real, descendiendo casi literalmente desde su trono celestial, en manos de O`Neil y Adams era el mundo real el que se aproximaba a los superhéroes. Des este modo, Oliver Queen se convirtió en un cuarentón amargado y Hal Jordan en una especie de poli fascista y reaccionario. Los enemigos a los que ambos deberían enfrentarse se llamaban racismo, ecologismo, sexismo y pobreza. Era una cuestión de tiempo que un par de hombres con este enfoque acerca del medio donde trabajaban terminaran recalando en el héroe noir por excelencia.

En las peores épocas de la censura, Batman se había convertido en un superhéroe ridículo que por pelear peleaba con marcianos. En manos de O´Neil y Adams, Bruce Wayne volvió a ser el detective que siempre fue en su fuero interno, aunque sus aventuras seguían teniendo un deje aventurero muy atractivo, pero que demostraba que el personaje todavía estaba lejos de completar el periplo oscuro al que estaba destinado.

Desde muy pequeño, Frank Miller había sentido una fascinación profunda por el género negro. El noir de Hollywood y las novelas de Mickey Spillane atraparon su imaginación, y ya adulto y por consejo de Dennis O`Neil, decidió trasladar todas esas influencias (y unas cuantas más) a la colección de Daredevil.

En sus manos, un superhéroe ridículo como Darevevil se convirtió en el primer héroe verdaderamente hard-boiled de la historia del comic. El ambiente urbano y decadente que le rodeaba ya había sido dibujado anteriormente, pero era la psicología lo que convertía a Matt Murdock en un héroe de género negro. Mientras The Spirit o Batman (hasta aquel momento) luchaban por los inocentes siguiendo ciertas nociones abstractas acerca del bien y del mal, Matt luchaba por rabia, por un conflicto interior no resuelto en relación con su padre, y por ciertas ideas erróneas (o no) en relación con el catolicismo. En manos de Miller, Daredevil se hizo humano.

Cuentan las crónicas que el primer tanteo de Miller para llevar sus historias noir a DC consistió en una llamada a Steve Ditko. Miller le propuso revivir al personaje de Mr. A, héroe randyano por excelencia, algo a lo que Ditko se negó rotundamente. Otro proyecto que Miller planeaba realizar junto a Steve Gerber (un relanzamiento de Wonder Woman que acabaría cayendo en manos de George Pérez) tampoco fructífero, así que el bueno de Frank ocupó dos años en proyectos alejados del noir, con Ronin a la cabeza.

Entre tanto, al otro lado del Atlántico, Gran Bretaña se estaba convirtiendo en el caldo de cultivo perfecto para un tipo de noir muy particular. Desde el final de la 2ª Guerra Mundial, Inglaterra había conocido una época de bonanza económica en manos de una serie de gobiernos progresistas. Ello, unido a los sentimientos de las nuevas generaciones respecto al imperialismo inglés que acababa de morir, dio como resultado un nuevo movimiento dentro de la ciencia ficción conocido como New Age. Pero Margaret Thatcher trajo la oscuridad, el noir.

Y Alan Moore trajo el punk.

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Pablo MenendezMateh Recent comment authors
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Apenas estoy leyendo el artículo, pero veo que el autor coincide con mi forma de ver a la Trinidad. El autor dice “No deja de ser curioso (pero desde luego no casual) que la santísima trinidad de DC Comics (Superman, Batman y Wonder Woman) responda a la santísima trinidad de la literatura de género (ciencia ficción, noir y fantasía, respectivamente)”. Yo siempre pensé que la Trinidad abarca los tres grandes géneros en los cuales se pueden clasificar las aventuras: De aspecto científico/tecnológico/espacial (Superman), callejero/urbano/de terror,/etc (Batman) y mágico/mitológico/fantástico (Wonder Woman).