Píldoras Nacionales 26

RESEÑAS


El hijo, Mario Torrecillas y Tyto Alba; Ediciones Glénat; 160 págs., color, 24,00 €.

A mí, que fuí objetor de conciencia, la primera vez que vi una cartilla militar me llamó poderosamente la atención aquello de Valor: se le supone. Lo traigo a colación porque en este mundillo nuestro – y en especial, en este país por el que transitamos – a los autores de cómic creo que debe suponérseles la pasión de hacer historietas. De otra forma, lo suyo no se explica: muchas horas de trabajo, honorarios mayoritariamente insuficientes y reconocimiento sólo por parte de un fragmento muy minoritario de población. Sí, moverse por los andurriales del tebeo es algo que únicamente se entiende desde la enajenación del creador que no puede sustraerse de la necesidad de proyectar su mundo interior a través del constructo artístico. Y si eso siempre tendrá algo de cierto – aunque te llames Ferry, Guarnido o Giménez - resulta especialmente claro en lo que respecta a Mario Torrecillas y Tyto Alba porque lo suyo, más que enajenación, es absoluto delirio, fiebre de narrar sin paliativo alguno. Es eso lo que encontramos en El hijo, en un grado infinitamente superior al que estos mismos autores demostraron en Santo Cristo.

La premisa de la obra, al menos para mí, resultó abiertamente atractiva desde un principio: un ex-boxeador regresa a Barcelona tras la Guerra Civil, sólo para descubrir que su madre acaba de escapar de un manicomio de los Pirineos junto a una docena de enfermos mentales, arrasando un pueblo cercano en su camino hacia las montañas. Los lugareños quieren venganza y el hijo espera poder encontrar a su madre antes que ellos. Si ya estos mimbres resultan prometedores, lo que Torrecillas y Alba nos ofrecen es incluso mucho más interesante: una maraña infinita de encuentros desasosegantes, que manifiestan el rostro verdadero de una sociedad mortalmente enferma, donde la locura acecha en todo lugar, tanto a nuestro alrededor como dentro de nosotros mismos. Hay instantes cómicos (genial la anécdota del enfermo mental que atiende las llamadas del psiquiátrico), momentos cargados de ternura y compasión teñidos también de algo remotamente similar a la esperanza de que las cosas puedan cambiar… Pero por encima de todo sobresale el peso de una tragedia de proporciones globales, en la que la ignorancia y los prejuicios, sumados a la crueldad de un modelo social despótico, magnifican la aridez y radicalidad antisocial de la patología psiquiátrica para contribuir a un amago de desenlace desgarrador, sólo parcialmente aliviado por el verdadero final, éste sí abierto a la esperanza. Sin duda, las experiencias vitales de Mario Torrecillas, que alimentan parte del contenido de la obra, dotan a la misma de una entidad que debe celebrarse.

En lo que a Tyto Alba se refiere, decir que no debe de haber ninguna otra historia en la cual un estilo tan desaliñado y desagradable como el que escoge para este cómic cobre tanto sentido. Alba, en la línea de esa tendencia expresionista que inaugurara Bill Sienkiewicz en su día… pero mucho más cercano a ilustradores como Sfar, se mantiene fiel en todo momento al tono emocional de las ideaciones de Torrecillas, en un ejercicio de complementariedad que le honra aunque puede ser del (dis)gusto de muchos lectores. Personalmente, considero que podría haberse trabajado un tanto más la gestualidad de los personajes y el detalle de sus escenarios, pero sigue resultando indudable que su grafismo se adapta como un guante al argumento del tebeo y que, el resultado global del mismo, merece recibir nuestra recomendación. Si os sabéis un tanto enfermos, ¡¡este es vuestro cómic!!

Y David Fernández nos habla de…

 El vecino 1 y 2; Santiago García y Pepo Pérez; Astiberri Ediciones; 136 págs.; 19,00 €.

Comenta Pepo Pérez en su página web que El Vecino surgió a raíz “de una charla casual durante la primavera de 2002 en la que le comenté (a Santiago García, guionista del tebeo) que me apetecía hacer algo en cómic, pero algo hecho en serio, un álbum completo a color, algo así. Él me contó una idea que tenía para una historia pensada tiempo atrás, y la idea me encantó. Así que le dije que adelante.”. Apenas unas líneas –más extensas en el texto enlazado-, relato de una génesis en la que se intuye desenfado y complicidad, pero también ilusión y fe en un proyecto cuanto menos atípico. Durante el último lustro, los seguidores de esta serie nos hemos visto sorprendidos por un impredecible e interesantísimo proceso evolutivo, apreciable en cada una de las entregas publicadas hasta la fecha. Tres tebeos que, tras la reciente reedición de los dos primeros álbumes en un único volumen, podemos disfrutar en formato “novela gráfica”. Y es precisamente esta reedición la que comentaremos en las líneas que siguen a continuación.

Para quienes se aproximen por vez primera a este tebeo, comentar que El Vecino narra las peripecias de un joven llamado José Ramón, quien con la intención de preparar a conciencia unas oposiciones, abandona su pueblo natal con destino a una gran ciudad indeterminada. Su existencia es monótona, aburrida, anodina, limitada casi en exclusiva a horas y horas de estudio… hasta que se topa con su vecino Javier: periodista, extrovertido, gorrón, caradura, ligón. En definitiva, la antítesis de José Ramón, quien no tardará en descubrir el gran secreto de su vecino: bajo la identidad de Titán, ejerce como superhéroe, protagonizado su particular cruzada contra el crimen.

Partiendo de esta premisa, con puntos en común con otras propuestas superheroicas, no sería de extrañar que Santiago García y Pepo Pérez se hubieran limitado a abordar la enésima aproximación al género, sazonada con las dosis de humor a las que invita el argumento. De hecho, en la primera entrega de las dos recopiladas en este volumen, el humor está muy presente, hasta el punto de que se podría calificar como una sitcom costumbrista. En este sentido, el gran mérito de los autores es tener la habilidad de combinar algún que otro guiño a los clásicos del género con una sensación de naturalidad y realismo –dejando a un lado el elemento fantástico– muy poco habituales en este tipo de tebeos, jugando un papel decisivo tanto las localizaciones como las caracterizaciones de los personajes. Unas caracterizaciones que parten de arquetipos que facilitan el inmediato reconocimiento e identificación del lector, para a medida que se desarrolla la historia, enriquecer las personalidades de los protagonistas.

Hacíamos referencia a su comicidad, pero El Vecino va mucho más allá: en la segunda historia recopilada en este tomo asistimos a un giro radical de tono –e incluso de estilo– que anticipa el rupturismo definitivo apreciable en El Vecino 3, todo un ejercicio de valentía saldado con ingenio y brillantez. La amistad, la madurez, la asunción de responsabilidades, la vida laboral y familiar, componentes de denuncia social: parece que todo cabe y nada sobra en esta serie, cuyo crecimiento y desarrollo también se aprecia en un apartado gráfico perfectamente adaptado a las necesidades argumentales de cada volumen.

A estas alturas, no queda duda de que El Vecino merece librarse de la etiqueta de “superhéroes a la española” que en ocasiones la acompaña, por cercenar y restringir el verdadero alcance e identidad de una serie mucho más rica y compleja de lo que inicialmente aparenta. Una serie que por méritos propios se ha convertido en una de las propuestas nacionales más valiosas de los últimos años, ahora presente en las librerías especializadas en un formato atractivo y uniforme, cortesía de Astiberri Ediciones.

En la Guía del Cómic entrevistan a…


Entrevista a Miguel B. Núñez, realizada con motivo de la publicación de El Corazón de los Árboles (Polaquia, 2009), un recopilatorio de historietas cortas de diferente procedencia. Núñez (Madrid, 1970) ha publicado historias breves en revistas como NSLM, El Víbora o Tos y cuatro monografías (las últimas, Stroszek y Muertemanía) con varias editoriales.

Por Valentín Vañó.

LOS PROFESIONALES RECOMIENDAN….

Ruben Pellejero (Autor - Un poco de humo azul) recomienda…


Las calles de arena, de Paco Roca; Astiberri Ediciones; 104 págs., color, 15,00

“La decisión de escoger Las calles de arena de Paco Roca ( la excelente 2ª edición, por supuesto) es más bien un deseo propio de reivindicar públicamente mi admiración por este autor que la de recomendar una obra que a estas alturas es ya de sobras conocida. Estaba deseando leer algo más de Paco Roca desde que salió Arrugas ( desconocía bastante sus trabajos anteriores) y esperaba su próxima obra con mucho interés. Recelaba un poco de que volviese a elegir otra vez un tema de fuerte carga social, emocionalmente hablando. Por suerte en Las calles de Arena esto no ocurre, bien al contrario, nos encontramos desde un principio con un trabajo que apuesta por el fantástico y que nos desconecta pronto con la cotidianidad. Nada nos vincula a priori emocionalmente con lo narrado y así podemos disfrutar sin complejos ni valoraciones ajenas a la obra con su personaje principal en ese recorrido onírico y surrealista por esas calles y ese hotel lleno de personajes carismáticos e interesantes. El elegante dibujo no supera nunca esa delgada línea que separa la busqueda gráfica del exceso virtuosista y además consigue transmitir de modo claro y sin aparente esfuerzo las ideas que su historia va generando. Las calles de arena desprende una coherencia visual y narrativa admirable. Todo se va destilando con precisión de alquimista logrando un relato con una aparente sencillez de forma pero con un laborioso proceso constructivo en su interior. La obra se alimenta de ciertos referentes literarios ( lo deja bien claro el propio autor en la cita de Lewis Carroll) e incluso hay aspectos del diseño de las calles, que me recuerdan las arquitecturas imposibles de M.C.Escher (igual me equivoco) o la Torre de Babel de Bruegel , pero todo ello no es para censurarlo sino que son aspectos que enriquecen aún más la obra. Mención aparte son la galeria de personajes que aparecen en el cómic, merecedores cada uno de ellos de una obra propia de por sí: el personaje que nunca consigue tener la maleta preparada para marcharse, la cartera que escribe cartas desde su soledad, el vampiro que vive en su casa “girasombra”, el hombre obsesionado por morir y muchos más. No quiero dejar de lado el uso del color en este libro con algunos hallazgos muy interesantes: los rojos atrevidos de los pasillos del hotel , los rojos de los interiores en contraste con sus opuestos los verdes del exterior en las escenas nocturnas, la exquisíta inundación final. Sí, Paco Roca me ha convencido sobradamente y a partir de ahora estoy condenado a seguir su trayectoria de un modo irremediable. Os la recomiendo de veras. Un placer.”

Está previsto que en marzo de este año Astiberri Ediciones publique la obra de Ruben Pellejero titulada L’Écorché, aquí bajo el titulo de En carne viva.

José Antonio Serrano (Divulgador – Guía del cómic) recomienda…


El mundo según Ptolomeo, de Bernardo Vergara; Diábolo Ediciones; 80 págs., color, 13,95 €.

Bernardo Vergara es, posiblemente, uno de los mejores autores actuales de El Jueves. Como mínimo, uno de los más versátiles, capaz de firmar con buena mano tanto humor costumbrista para adultos como chistes de actualidad política y series para un público infantil. También uno de los más prolíficos, pues a su página fija en El Jueves (con la serie Los Ilegales), casi siempre añade alguna historieta adicional de actualidad en el semanario, y se encarga también de una viñeta diaria en el periódico Público. Este 2009 ha sido especialmente provechoso para los que seguimos de cerca el trabajo de Vergara, y nos ha dejado dos libros recopilando parte de su producción: una recopilación integral de Harry Pórrez, la parodia de Harry Potter que realizó con el dibujante Víctor Rivas, y este álbum que nos ocupa.

El mundo según Ptolomeo es, sin lugar a dudas, el mejor libro hasta la fecha de su autor, donde se puede ver a las claras que ha alcanzando su madurez creativa, y que se centra principalmente en su faceta de humor costumbrista, recopilando todas las historietas más “atemporales” que ha realizado en este registro durante últimos años, sobretodo para El Jueves. Religión, tipos de políticos, los videojuegos, la televisión, la industria cinematográfica, la SGAE o los medios de comunicación son solamente algunos de los temas que toca Vergara en este libro, que incluye como guinda un par de parodias especialmente inspiradas de 300 y El Señor de los anillos. Un volumen que puede presumir, por cierto, de proporcionar horas de lectura (literalmente) y de incluir algunas páginas especialmente densas capaces de competir con 13 Rue del Percebe o ¡Para tí que eres joven! en el número de chistes diferentes que es capaz de “colar” por plancha. En definitiva, que es un gran tebeo de risas, ¡denle una oportunidad, carajo!

Y para finalizar, un deseo en voz alta: ojalá 2010 sea igual de productivo en cuanto a ‘recopilaciones Vergarianas’ que el año que hemos dejado atrás, que uno se podría acostumbrar fácilmente. Ojalá algún editor se anime a recopilar Los Ilegales, serie en la que Vergara está dando su do de pecho en los últimos meses a más de un nivel, y cuyo tema central -la inmigración ilegal y todo lo relacionado con éste fenómeno- ha demostrado últimamente que está más de actualidad informativa que nunca (empadronamientos de Vic mediante) y que parece que lo seguirá estando en los próximos meses de antesala electoral catalana. Y ya puestos, y para los más pequeños de la casa pero también para los fans del género superheroico más creciditos, ojalá algún editor se anime también a recopilar Multiman, la serie infantil que Vergara realizó en colaboración con Álex Sanvi (un dibujante a reinvindicar, últimamente visto en la revista vasca Xabiroi) y que estaba protagonizada por un héroe muy particular, con la habilidad de ‘escoger cualquier superpoder según le venga en gana’. Por pedir que no quede.”

Carles Santamaría (Ficómic – Saló Internacional del Còmic de Barcelona y Saló del Manga) recomienda…


Bohemio pero abstemio, memorias de un hombre de segunda mano, de Ramón Boldú; Astiberri; 206 págs., B/N, 18 €.

Ramón Boldú es un narrador gráfico compulsivo, carente de pudor a la hora de desnudar su vida ante los lectores. Boldú pertenece a una generación de buscavidas, en el sentido de buscarse la vida pasándoselo lo mejor posible, que atravesó los años de la mitificada transición, allá mediados los setenta, con una inenarrable alegría en el cuerpo. Su testimonio de mil y una desventuras, que tienen muy poco de heroicas, llegan al corazón o al hígado, dependiendo de la viñeta. Su visión desvergonzada como testigo parlanchín, de dibujo abigarrado con globos de texto comprimido, no deja títere con cabeza, empezando por él mismo de quien no realiza un retrato demasiado amable. Esto si que es un auténtico cuéntame cómo pasó porque yo no me enteré de casi nada.”

Juan Ángel Martín Mota (Librero – La Comicteca) recomienda…


La Marea de San Pedro, de Tomeu Pinya; Astiberri Ediciones (Colección Sillón Orejero); 96 págs., color, 10,00 €.

“Siguiendo esa regla no escrita de tratar de no repetir tebeos en esta sección, había pensado hablar sobre La Marea de San Pedro y hoy me encuentro con que ya ha sido reseñada por David Fernández y, seguramente, mucho mejor de lo que lo haré yo. En fin, siento romper la regla, pero esta historia me ha encantado y quiero ofrecer mi propio punto de vista.

Tengo que reconocer, muy a mi pesar, que La Marea de San Pedro es la primera obra que leo de Tomeu Pinya pero que, sin duda, será un autor al que pienso seguirle la pista a partir de ahora.

La Marea de San Pedro es un drama de amores imposibles pero, lejos de lo que algunos pudieran pensar dicho esto, no es un tebeo cursi ni ñoño. Es una historia de hombres rudos y curtidos en las labores del mar, acostumbrados a jugarse la vida cada día en sus barcas. En verdad, es una historia muy dura. Como el mar y sus gentes. Pero no el mar del que disfrutamos los turistas en verano, tranquilamente en nuestras tumbonas, con las gafas de sol y el protector solar, sino ese mar cruel y traicionero que se cobra en vidas humanas el fruto de sus entrañas y al que los pescadores no dejan nunca de temer. Una historia emotiva y que llega.

El dibujo, sencillo y en blanco y negro, acompaña perfectamente al guión y consigue transmitir la valentía de los que salen a pescar, la incertidumbre de los que les esperan en tierra, el amor en las miradas, el respeto cuando aparece el patrón, etc. Ya sé que las comparaciones son odiosas pero no puedo dejar de mencionar a Frederik Peeters. Seguro que es cosa mía pero… hay algo en este cómic que me recuerda a ese otro autor. ”

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