Starman
Escrito por Toni Boix el día 5 Marzo, 2005 =Valoración: 8′5 de 10.
Guión: James Robinson (con la colaboración de David Goyer)
Dibujo: Tony Harris, Peter Snejbjerg et al.
Tinta: Wade Von Grawbadger et al.
Color: Gregory Wright et al.
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StarmanEscrito por Toni Boix el día 5 Marzo, 2005 =Valoración: 8′5 de 10. Guión: James Robinson (con la colaboración de David Goyer) Dibujo: Tony Harris, Peter Snejbjerg et al. Tinta: Wade Von Grawbadger et al. Color: Gregory Wright et al. Colección de 81 números más algún derivado disponible casi por completo a través de los siguientes recopilatorios USA: Sins of the father; Night and day; A wicked inclination; Times past; Infernal Devices; To reach the stars; Stars my Destination; A starry Knight; Grand Guignol; Sons of the father.
El primer recopilatorio fue publicado en castellano por Ediciones Zinco. En la actualidad los derechos de publicación para nuestro país están en manos de Dolmen Ediciones.
Starman es a James Robinson lo que Swamp thing a Alan Moore o Sandman a Neil Gaiman. El uso de una franquicia conocida, con multitud de revisitaciones más o menos inconexas y no especialmente exitosas, para gestar una obra totalmente personal que, a la vez, integra la historia previa con respeto y en un todo homogéneo.
La afirmación debería matizarse en el caso de Swamp Thing. Cierto que esta cabecera había albergado sólo a dos variaciones del personaje y había dado a luz a historías que por si solas ya han entrado en la historia de los clásicos del género. Pero Moore se permitió recrearla acogiendo en ella, en su teoría del personaje, a todos los primos que a la criatura de Wein y Wrightson le habían salido allende de DC (Man-Thing en Marvel, Heap en Eclipse, etc).
Gaiman a su vez hizo lo mismo con Sandman, englobando, en su vasta historia sobre el Señor del Sueño, a todos los portadores de dicho nombre y a todo aquel personaje relacionado con el universo onírico de DC.
Y le llegó el turno a Robinson, recién salido de su loable y exitosa miniserie Golden Age donde había tratado con los personajes de los años 40 de la DC. Ted Knight, el Starman original, entre ellos. Según el autor:
Empecé a buscar personajes que me parecía poseían un potencial no explotado dentro del DCU, y enseguida tuve la impresión de que el potencial de Starman nunca había sido explotado a fondo a pesar de que siempre ha habido un Starman dentro del Universo DC desde la década de los años cuarenta.
Repasé las historias de la Edad de Oro de Jack Burnley, el creador de Starman, y me parecieron oscuras, misteriosas y llenas de sombras. Había una atmósfera general de cine negro o de terror que nunca ha vuelto a estar presente en el mito de Starman desde aquel entonces. Todo surgió de estos elementos: quería trabajar con la clase de personaje cuyas aventuras me gustaría leer, lo cual significa este tipo muy joven y despectivo, y mezclarlo con el Starman original de la Edad de Oro. Ese fue mi auténtico punto de partida.
Si hubó un fallo en las encarnaciones anteriores de Starman, es que todas ellas eran un poco como islas. Ninguna interactuaba lo más mínimo con los demás Starman. No había ningún gancho que las anclase al universo DC, aparte del hecho de que compartían el nombre con Ted Knight. En este cómic habrá un sentido de linaje e historia. Cada persona, viva o muerta, que ha llevado el nombre de Starman, tendrá alguna resonancia y significado en este nuevo cómic.
Con estas intenciones en mente y mucha ambición creativa, empezó nuestro autor su trabajo en esta extensa obra.
A lo largo de sus ochenta números, más algún derivado, muchos serán los elementos dignos de mención que irán aflorando en la serie. Sin duda demasiados como para que quepan en una reseña de esta extensión que, por larga que sea, se va a quedar corta. Es por esto que me limitaré a dejar correr en cascada, como en una lluvia de ideas, todo aquello que resulta sugerente y destacable de esta esplendida creación, sin voluntad de ofrecer un analisis en profundidad que sólo en otro formato tendría cabida y sentido.
Starman es un paseo por lo mejor del Universo DC. Pasado, presente y futuro. No sólo por los personajes que alguna vez llegaron a enarbolar la bandera de ser hombres de las estrellas, aunque también. Las colecciones que, en el momento de la publicación de Starman, estaban destacando por su calidad, como Sandman Mystery Theatre o Power of Shazam, cruzan sus caminos con ella. Personajes en desuso, como Elongated Man, Solomon Grundy o Black Condor, reciben brillantes interpretaciones de las manos de Robinson. Otros, como Swamp Thing, merecidos y justos homenajes. Desde filibusteros como Black Pirate a indios renegados como Scalphunter, pertenecientes a la extensa historia de publicaciones de esta editorial, encuentran su lugar en la colección de manera nada forzada, sino plenamente coherente y, además, potenciando y dando forma al relato principal. Un extenso relato unitario, en la línia de lo que hizo Morrison con Animal Man, pero a un nivel mucho más ambicioso. Incluso futuros y pasados probables reciben el toque de Midas del genial escritor: Jor-El, los Omega Men, la Legión de Super-heroes…
Starman es una historia de personajes en tres dimensiones. Malvados de gustos refinados, policías de todo tipo, ladrones de banco reconvertidos, hombres de ciencia, hombres de acción, pensadores, bohemios, gente corriente. Y frikies, coleccionistas de cachibaches, como el mismo protagonista principal. Donde los heroes son terriblemente humanos y los villanos también. Con malos que no lo son tanto y buenos que tampoco. Es, a este nivel, una historia de redenciones y encuentros, de degeneración y desengaño. Es, también por eso, una historia de amores y amistades. Algunas que se van forjando lentamente, otras que se ven truncadas.
Es una historia sobre lo difícil y lo sencillo que puede llegar a ser comportarse como un héroe. Un héroe de verdad, sin pose ni impostura. Simplemente dejándose llevar por la necesidad de implicarse en los problemas de los que tenemos al lado y nos importan.
Es una historia sobre una de las mejores ciudades imaginarias que habrase visto nunca en un còmic: Opal City. Más por delante que a la par de Gotham, Bette Noire, Terminal City o cualquiera de las creaciones de Peeters y Schuitten. Y es que Opal es telón y protagonista, es un puzzle de ciudades y una ciudad única. Es poesia y ciencia. Heroismo y perfídia. El amor de los amores de la gente que la habitan. Sin duda, una ciudad que enamora.
Es una historia de experimentos narrativos que, aunque no siempre acertados plenamente, consiguen transmitir y profundizar en la historia a partir de esos caminos de riesgo. Un ejemplo podría ser ese vaiven temporal al que nos vemos sometidos durante la saga de Grand Guignol, en una adelante y atrás alrededor de los mismos hechos según diferentes puntos de vista.
Una historia hecha desde la implicación artística de todos los que en ella participan. Robinson, Goyer, Harris, Snejbjerg dejan pedazos de si mismos en cada página. Un Robinson más literario en la primera fase de la obra, más natural en la segunda. Un Harris que fue creciendo tanto como artista durante ese proyecto y fue tal la perfección a la quería llegar en cada página como digno tributo a su sosías, Jack Knight, que acabó dejando la obra al no poder estar a la altura de las circunstancias en una serie mensual. Un Snejbjerg que, como Harris, empezó siendo prometedor y acabo siendo un dibujante completo y soberbio del que se ha publicado demasiado poco desde el final de la serie.
Starman es, también y sobretodo, para ir acabando la reseña y siendo consciente de dejarme muchas cosas en el tintero, una historia de padres e hijos. Sobre como los primeros se proyectan en los segundos y sobre como los segundos traducen lo que de sus progenitores aprendieron en su propia vida. Es por eso una historia de linaje. En la que se vierten los desencuentros, los choques y las diferencias que puntean una relación que, finalmente, se descubre como repleta de afecto y admiración. Un afecto y admiración que cuestan de expresar, incluso de percibir, en un día a día que se nos lleva y nos impide cuidar aquello que más nos importa. Que cuestan de expresar, incluso de percibir, en el mar caprichoso e intempestivo de nuestro sentir interior.
Starman es a Robinson lo que Swamp Thing a Moore o Sandman a Gaiman. Un 8′5 sobre 10, frente a las de Moore o Gaiman que se mueven por encima del nueve. Pero una de las mejores historias que ha dado el cómic en estos últimos años.
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