#ZNSeries – MacGyver (2016), de James Wan

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Dirección: James Wan
Guión: Peter M. Lenkov, Lee David Zlotoff
Música: Keith Power
Fotografía: James L. Carter
Reparto: Lucas Till, Addison Timlin, Michelle Krusiec, George Eads, Roman Mitichyan, Joshua Boone, Afsheen Olyaie, Sunil Malhotra, Anita Kalathara, Torrey Vogel, Jennica Schwartzman, Shaniece Cole
Duración: sesenta minutos
Productora: CBS Television Studios / Lionsgate
País: Estados Unidos

 

Si fue usted joven, menor, infante o ser aún no emancipado en los años ochenta, recordará sin duda un buen puñado de títulos en los que se prometía aventura sin mayor trascendencia cada semana. En mi caso, que corresponde a la generación del último baby boom, recuerdo con especial cariño las sobremesas veraniegas y las tardes de los sábados y, ocasionalmente, de los domingos, pues por allí se emitieron series como El Coche Fantástico, El Equipo A, Hart y Hart o aquella de la que toca hablar hoy, MacGyver. En el otoño de 1987, un tipo con cazadora, peinado «mullet» y una versátil navaja suiza se asomó una tarde de sábado para sustituir a cuatro hombres del ejército estadounidense que habían formado un comando. Protagonista y narrador-apuntador, el tal MacGyver se enfrentaba al desafío de rescatar a un equipo científico atrapado en un laboratorio subterráneo y evitar al mismo tiempo una fuga química de consecuencias catastróficas. Aquel episodio piloto tuvo la virtud de engancharme a mí y a gran parte de mi generación, hasta el punto de que el nombre o, mejor dicho, el apellido del protagonista, ha quedado para la posteridad como sinónimo de persona habilidosa o manitas.

¿Qué era lo que tenía aquella serie de especial? Treinta años después y habiendo revisado alguno de sus primeros capítulos, debo señalar que algunos de los elementos definitorios de MacGyver no eran precisamente originales. Así, no era cosa extraña que el Equipo A escapara día sí, día también fabricando algún tipo de armatoste a partir de la chatarra circundante; la benevolente Fundación Fénix que tenía en nómina al habilidoso personaje interpretado por Richard Dean Anderson era de objetivos tan difusos como la Fundación para la Ley y el Orden que empleaba a Michael Knight. Los enemigos eran malvados y despiadados, pero rara, rarísima vez había que lamentar alguna pérdida humana. Sin embargo, MacGyver resultaba ser un héroe completamente distinto de cuantos copaban los favores de una adolescencia ahíta en testosterona: era un pacifista declarado que odiaba las armas y nunca hacía uso de la fuerza letal. Su navaja era el equivalente al destornillador del Doctor Who, una herramienta y no un arma; su mejor cualidad era gran inteligencia, enriquecida por un desarrollado sentido táctico. Súmensele a ello conocimientos variados en todo tipo de disciplinas y el resultado es un caballero con la habilidad de enfrentarse a misiones imposibles sin ir disparando a troche y moche. Todo un detalle, en unos días en los que Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Chuck Norris o Charles Bronson no salían de casa sin un cañón de buen calibre. El encanto principal de las aventuras de MacGyver era comprobar cómo saldría en cada capítulo del embrollo de turno y cómo se las arreglaría para cumplir con el encargo que su jefe y sin embargo amigo Peter Thorton le endilgaba. Durante siete años y dos telefilmes, la fórmula funcionó a la perfección y compensó los agujeros, que los había.

Para empezar, hay que indicar que la trama de la serie se enmarca claramente en plena guerra fría. En 1985, la URSS y los Estados Unidos de América aún eran los colosos que se miraban con suspicacia y tenían al mundo siempre al preocupante borde de una guerra nuclear. Aún estaba por llegar la perestroika de Mikhail Gorbachov y la posibilidad de un derrumbamiento del telón de acero ni se olía. Consecuentemente y aunque no se mencionaba, quedaba claro que la Fundación Fénix jugaba la carta de los intereses estadounidenses, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Así las cosas, no es raro que algunas de las primeras misiones de MacGyver tuvieran lugar en el bloque del este y que a este lado de la cortina de hierro sus adversarios tomaran, en no pocas ocasiones, el aspecto arque-tópico de los movimientos armados de corte guerrillero que tenían en jaque a la hegemonía estadounidense en Iberoamérica. En España se recuerda con especial detalle la aventura de Mac en el País Vasco, presentando a lo que bien podía haber sido ETA como una especie de banda montañesa modelo Curro Jiménez de allende los mares, en un monumental dislate histórico, geográfico y cultural. Sin embargo, los disparates en materia de documentación se repetían tan pronto como la historia salía de las fronteras estadounidenses: así, veíamos a un agente doble de la RDA lucir un uniforme más propio del III Reich y a los soldados de un innominado país magrebí convertidos en trasuntos de la Legión Extranjera. Los productores de la serie se jactaban de la fidelidad científica, a la hora de llevar a cabo los experimentos que sacaban al protagonista de apuros, pero era evidente que en el resto de las ramas del saber no habían reparado en lo más mínimo.

Por otra parte, la serie seguía claramente el tópico episódico hegemónico de la época: cada entrega de la serie era autoconclusiva y el personaje rara vez evolucionaba. Como Michael Knight o Templeton Peck, también triunfaba entre sus partenaires femeninas, pero no se le conocían relaciones estables. Poco a poco, sin embargo, se fueron uniendo algunos personajes fijos. Así, su amigo Jack Dalton (Bruce McGill) se convirtió en el prescindible y cargante alivio cómico de la serie, al presentar al típico colega fardón, torpe y un tanto incompetente que ayudaba menos de lo que estorbaba; surgió también una némesis a la altura en la forma del asesino profesional Murdoc (Michael Des Barres) que, como su propio nombre indica, estaba un poco loco y pertenecía a una organización criminal digna de equipararse con la Kaos del Superagente 86; se tentó a la suerte con un posible interés romántico en la forma de la agente Nikky Carpenter (Elyssa Davalos) que tenía con el protagonista una relación de amor-odio… nada terminaba de cuajar y MacGyver siguió yendo por la vida haciendo amistades pero cabalgando solo hasta que, en los compases finales de la serie, descubrimos (la audiencia) que su nombre de pila era Angus (en un episodio modelo Un yanqui en la corte del Rey Arturo que indicaba que aquello se agotaba) y (tanto la audiencia como él) que tenía un hijo con el que quería recuperar el tiempo perdido. Dos epílogos en la forma de telefilmes (uno de ellos dedicado a la búsqueda de la Atlántida, en lo que era una curiosa semejanza con Indiana Jones and the Fate of Atlantis) y Mac viajó al olimpo de los personajes ficticios legendarios.

En un tiempo en el que las ideas originales parecen escasear –aunque sobre esto he discutido largamente con el amigo Raúl Silvestre- la posibilidad de que las aventuras de MacGyver volvieran se convirtió en un rumor constante en los últimos tiempos. Si su parodia del SNL MacGruber había tenido su propia cinta; si las hermanas Beauvier siguen viéndole en sus reposiciones (aunque Los Simpson son lo suficientemente longevos como para que Patty y Selma disfrutaran en primicia de la serie, al menos desde la segunda temporada); si El Coche Fantástico y El Equipo A habían contado con sus respectivas y repetidas oportunidades ¿por qué no podía el señor de la navaja volver a hacer de las suyas?

Por otra parte, la nostalgia por el personaje había provocado que MasterCard promoviera su recuperación en un anuncio para emitir durante la Super Bowl. Richard Dean Anderson volvía, más de una década después, a representar al primer personaje que le había dado fama y fortuna:

Así las cosas, cuando se anunció finalmente el lanzamiento de una nueva versión de MacGyver, las reacciones fueron principalmente escépticas. Después de todo, la mayor parte de los rescates de épocas pretéritas se habían saldado con fracasos, pues por cada Galáctica había tres o cuatro Coches Fantásticos. Además ¿no estaba el personaje demasiado unido a la figura de su intérprete original? Cercano a la setentena, era evidente que Richardín Anderson no iba a volver a enfundarse el uniforme de faena, pero siempre cabía la posibilidad de sorpresas. El resultado final, concretado en el puñado de episodios emitido hasta ahora, no ha sido lo que se dice halagüeño.

El primer detalle que debe mencionarse de este nuevo MacGyver es el hecho de que no actúe solo, sino que forma parte de un equipo que recupera a ilustres secundarios del original, pero les da un papel más activo. Así, Jack Dalton (George «Nick Stokes del CSI Las Vegas para siempre» Eads) sigue ocupando el puesto de semi-gracioso, pero se ha convertido también en el músculo y arsenal del equipo; Nikki Carpenter (Tracy Spiridakos) es a la vez agente de campo y pareja de Mac; las órdenes corren por cuenta de Patricia Thorton (Sandrine Holt) que al contrario que el viejo Peter, no tiene problemas en arremangarse y participar de la acción. El bueno de Angus –cuyo nombre se revela a las primeras de cambio- sigue haciendo uso de un talento casi anti-natural para aprovechar todo cuanto tiene a su alrededor (señalado oportunamente a la parroquia al modo Sherlock o CSI) y sigue haciendo uso de una capacidad meta-humana para usar su navaja suiza de mango rojo y los clips sujetapapeles (por los que tiene una querencia solo comparable con la del sesámico Blas). Todo esto presenta un modelo pretendidamente más realista e inclusivo respecto de la serie de los ochenta, pero aquí me temo que acaban los detalles positivos.

El segundo detalle que debe mencionarse y ya en el plano negativo, es el hecho de que MacGyver haya abandonado su proverbial pacifismo para embarcarse en una forma más expeditiva de resolver las misiones. No solamente choca con la filosofía del personaje el hecho de que Dalton sea y tenga la función de pistolero del grupo, sino también el detalle de que ya en el piloto no tenga empacho en cargarse a varios perseguidores haciendo que su vehículo embista contra el de ellos. Este nuevo Mac ha sido entrenado para ser más contundente, pero mucho me temo que los responsables de esta nueva versión han errado el tiro a la hora de eliminar algo que, ahora como en los ochenta, es una singularidad loable. Después de todo, se ha hecho lo posible por mantener a don Angus como un héroe analógico que desprecia la tecnología digital. De otra forma, muchos de los acertijos se resolverían haciendo uso de cacharros de última generación.

Después de haber visto los cuatro primeros capítulos, tengo la extraña sensación de que esta nueva serie intenta hacerse creíble, cuando la premisa de la original era la de que, hasta cierto punto, debíamos suspender la realidad hasta cierto punto. En aquellos primeros capítulos, los oponentes apuntaban de forma más o menos directa a los adversarios de los Estados Unidos; aquí se indican claramente –y no es casualidad que algunos de los escenarios de las misiones hayan sido colocados en Corea del Norte o Venezuela-, pero resulta contradictorio pretender un mayor grado de realismo cuando al mismo tiempo se intentan mantener elementos de la «acción blanca» que definían al clásico. Algunos de los argumentos presentados –como la misión de rescate de un antiguo amor de Dalton- están manidísimos, pero si encima su desarrollo calca tópicos que ya eran viejos en las series de los setenta, mal vamos. El esfuerzo por recuperar la emoción de ver a Mac desplegando sus talentos es casi palpable, pero cuando tienes a tu vera a tres personas que son muy buenas en sus respectivos campos, la tensión se diluye.

Las interpretaciones tampoco ayudan especialmente a que la audiencia se meta en el serial. Lucas Till presenta a un MacGyver más seguro de sí mismo y casi sobrado, lo que contrasta con la campechanía y cuasi-humildad de la versión de Anderson; esto hace que el protagonista pueda convertirse en un personaje cargante para la audiencia. George Eads hace todo lo posible para que nos olvidemos de sus largos años en el laboratorio criminalístico de Las Vegas, pero no hay que engañarse, pues la verdad es que sus talentos interpretativos no son precisamente ni variados ni prolijos. Por su parte, Sandrine Holt desempeña un papel correcto como jefa ejecutiva y ejecutora de la unidad, pero su función es al menos tan secundaria como la de su homólogo del original.

La nostalgia y el afecto por el original están presentes en grandes y pequeños detalles. Así, en una primera infiltración Patricia Thorton se hace llamar Ms. Elcar –en claro homenaje al difunto Dana Elcar, intérprete de Pete Thorton-; ya he comentado que los sujetapapeles y la navaja suiza hacen acto casi constante de presencia en las manos de MacGyver. La música de entrada de la serie copia los primeros compases del original, aunque luego evolucione a una fanfarria que recuerda poderosamente a las de las películas de personajes marvelianos. Hay cariño por el producto y se nota que alguno de los responsables del original anda en el ajo, pero me parece que este nuevo manitas no tendrá, ni de lejos, el impacto del antiguo. No obstante, hay que indicar que la serie se ha ganado al menos una temporada completa. Veremos si hay una segunda.

  Dirección: James Wan Guión: Peter M. Lenkov, Lee David Zlotoff Música: Keith Power Fotografía: James L. Carter Reparto: Lucas Till, Addison Timlin, Michelle Krusiec, George Eads, Roman Mitichyan, Joshua Boone, Afsheen Olyaie, Sunil Malhotra, Anita Kalathara, Torrey Vogel, Jennica Schwartzman, Shaniece Cole Duración: sesenta minutos Productora: CBS Television Studios…
Guión - 6
Dirección - 7.5
Interpretación - 6.2
Interés - 6.6

6.6

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Alan ScottgusgusJack O\'Lantern Recent comment authors
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Jack O\'Lantern
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Jack O\'Lantern

Uf, menudos recuerdos de la serie original. A un servidor que lo pilló tierno y influenciable lo marcó y mucho. Acabé estudiando ciencias por su culpa, y aun guardo como un tesoro una navaja suiza que me regaló mi padre, exacta a la de McGyver.

Por cierto, que en el episodio piloto de la serie original el protagonista utiliza una metralleta. Supongo que el personaje no estaba aun bien definido a esas alturas. Sí, es cierto, años después volví a mirarme la serie. Tierno y influenciable, lo dicho.

gusgus
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gusgus

Prefiero mis recuerdos. Pasare de esta como paso de Arma mortal o Rush hour por poner dos ejemplos de remakes que nada aportan en general

Alan Scott
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La intente ver, y no aguante 5 minutos lamentablemente. No puedo opinar sobre la calidad de la serie, solo confesar que me genero tal rechazo el actor y el ambiente que no pude continuar viendola.