Vertigo: Historia y estado de una línea editorial

La línea Vertigo no va bien. Ya hemos hablado puntualmente en artículos dedicados a series diversas acerca de cómo le hacen muchísima falta nuevos “buques insignia” que sustituyan a Y, el último hombre o a una 100 Balas a la que le quedan muy pocos números; buques insignia como en otro tiempo lo fueron The Sandman, Predicador o Transmetropolitan. Pero también, en otro terreno, le hacen falta miniseries como las de antaño, capaces de condensar historias magníficas con subtextos conceptualmente poderosos. Hoy y aquí, trataremos este tema con mayor profundidad, con datos y análisis, al tiempo que echaremos un vistazo a algunos de los cambios que el subsello adulto de DC está experimentando poco a poco.

Empecemos con un hecho: la línea Vertigo siempre ha sido un terreno consagrado a cierto grado de experimentación. En su corta vida de apenas quince años ha producido muchísimo material y ha comenzado un número considerable de series regulares, muchas de ellas canceladas tras unos cuantos números. Si las ventas no acompañaban lo suficiente en los primeros arcos argumentales, la colección se cerraba de forma más o menos decente y santas pascuas. Sin embargo, siempre a lo largo de su historia ha gozado de dos grandes puntales: cuatro o cinco series regulares con una calidad y unas ventas sobresalientes y miniseries excelentes que permitían a diversos autores desarrollar productos personales sin comprometerse excesivamente. Todo ello, con una garantía de producto distintivo y maduro que funcionaba como alternativa al mundo superheroico del Universo DC.

Historia de una línea

De hecho, es relativamente fácil organizar en etapas la trayectoria de la línea en función de estas series maestras y de los autores preponderantes en cada una de ellas. Así, podemos definir una etapa fundacional en la que la segunda ola de autores británicos nutrió los guiones de las obras del sello: Neil Gaiman, Jamie Delano, Grant Morrison, Garth Ennis o Peter Milligan se adscribieron rápidamente a Vertigo, la mayor parte de ellos mediante el traslado de obras que ya se estaban publicando bajo DC desde hacía años (The Sandman, Hellblazer, Animal Man, Doom Patrol, Shade, el hombre cambiante). Después, tras un breve período de consolidación nacieron las primeras colecciones para Vertigo que se extendieron desde mediados de los 90 hasta más o menos el cambio de siglo (Los Invisibles y la regular de Los Libros de la Magia en 1994 o Predicador en 1995), a las que hay que sumarle la Transmetropolitan de Warren Ellis que, habiéndose gestado para el fugaz sello Helix, pronto se sumó a la lista. Como puede comprobarse, la dependencia de la mente y el buen hacer británicos en estos primeros años fue prácticamente total en el terreno de los guiones y, en menor medida, en el de los dibujantes, donde se alternaban los británicos (Dillon, Yeowell, McKean, Fabry) con los americanos (Bachalo, Robertson, Kieth, Dringenberg).


Las primeras de Vertigo

Paralelamente, a lo largo de todos estos años la línea se veía complementada además por dos hallazgos entralazados: la gran calidad y prestigio de una ingente cantidad de miniseries y la creación de subsellos dentro de la propia Vertigo. Sobre las primeras, ¿qué os voy a decir? Desde lo mejor de Ennis, Milligan o Morrison hasta el refrito más nefasto auspiciado por la imitación de The Sandman, todo ello en un prolífico campo experimental de pruebas que fue una auténtica gozada. Sobre los segundos, comentar que su importancia en España fue limitada porque prácticamente no se hicieron distinciones en las ediciones patrias, pero en origen supusieron una clara adscripción temática para los productos y sus autores con cabeceras tales como Visions (con puntos en común con el UDC), Voices (para one-shots), Verité (para one-shots y miniseries de no más de tres números), V2K, Vertigo POP! (para productos de estilo pop con vocación globalizadora), o Vertigo X (subsello creado en el 2003 para conmemorar el 10º aniversario de la línea). La última de estas iniciativas, Vertigo Crime (para género negro), nos la han presentado este mismo año.

Sea como fuere, con el cambio de milenio todas las colecciones de largo recorrido o ya habían acabado, o bien necesitaron nuevos testigos. Y así, entre 1999 y 2002 surgieron los proyectos que habrían de definir una nueva era: 100 Balas (1999), Lucifer (2000), Y, el último hombre (2002) y nuestra querida Fábulas (2002), la única en activo actualmente y sin visos de acabar. A ellas hay que añadir una American Century (2001) abortada en su número 27 por bajas ventas –al igual que Deadenders en 2000, Codename: Knockout o The Crusades en 2001– o las tardías Blanco Humano (si bien procedía de la miniserie de 1999) y Los Perdedores (2003). En todo caso, en este período resulta patente que la presencia de profesionales estadounidenses empieza a ser floreciente en la parte guionística (Willingham, Azzarello, Vaughan, Brubaker, Chaykin, Seagle, Rodi) mientras que la artística se internacionaliza con nombres como Pia Guerra (canadiense) o Eduardo Risso (argentino), comenzando los británicos un retroceso en el que quedan como bastiones nombres tan notables como Mike Carey o Mark Buckingham. Ahora bien, curiosamente también vemos que los productos empiezan a errar el tiro: se consiguen colecciones regulares muy buenas y rentables, pero a fuerza de aumentar también el número de cancelaciones por bajas ventas y, por qué no decirlo, por una disminución en la calidad media de los guiones. ¿Estaban los estadounidenses menos preparados intelectualmente que sus antecesores británicos? ¿Dominó el sentido de la pretensión sobre la ambición de profundidad?


¿Alguien las recuerda
hoy en día?

Bueno, da igual… el caso es que de esta guisa llegamos a la siguiente hornada de nuevas series en 2006, una en la que los pasteleros no estuvieron muy finos y en la que quemaron casi todas sus tartas: American Virgin, Loveless, Testament, Los Exterminadores… sólo DMZ sobrevive dignamente en esta debacle. Tan tremenda fue que al cabo del año (2007) ya había nuevos intentos, si bien la mayor parte de ellos otra vez infructuosos: Crossing Midnight, The Vynil Underground, The Un-Men, Scalped… y, de forma similar, podemos contar una única superviviente hasta llegar al presente 2008. Por cierto ¿sabéis qué? Hoy en día casi todos los guionistas de estas colecciones son estadounidenses.

El momento actual

El momento actual resulta casi igualmente desesperanzador. Actualmente, por encima de la barrera de los veinte mil ejemplares mensuales vendidos en su primer mes en EE.UU. sólo hay una serie y, ni es nueva ni os resultará sorprendente su título: Fábulas. Pero es que hay más… en ventas destacables (en torno a los quince mil ejemplares) sólo hay dos colecciones, y ambas son heredederas argumentales (Fábulas presenta: Jack) o creativas (House of Mystery) de la primera. Todo ello nos indica una cosa: actualmente Vertigo tiene un nombre propio conocido como Bill Willingham –y su sidekick Matthew Sturges–.

Siguiendo la escala, a continuación sobrevienen unos cuantos títulos de salud notable aunque tampoco disparatada: la excelente Northlanders, las recién llegadas Madame Xanadú (que se hunde poco a poco en cuanto le quitan la variación de portadas) y Air, y la nuevamente magnífica DMZ. Las únicas –si descontamos la veteranía de Hellblazer o la terminal 100 Balas– capaces de moverse en torno a los diez o doce mil ejemplares vendidos. Nuevamente extraemos una conclusión: el único que está produciendo obras rentables y conceptualmente sólidas es esa bestia parda conocida como Brian Wood que amenaza seriamente con convertirse en el paradigma de la nueva generación Vertigo.


Épica en Northlanders

Pero quitando estas excepciones, finalmente, encontramos todo un auténtico desastre en cuanto a ventas: Scalped, Young Liars, la segunda temporada de Army@Love… todas moviéndose en torno a la barrera de cancelación de los siete mil ejemplares al mes y muy cercanas al límite permitido (los temidos 6.000). Pero es que aún hay más: las nuevas miniseries no están funcionando para nada y, como Greatest Hits, se quedan en productos mediocres que no le llegan ni a la suela de los zapatos a cosas como Skreemer o El Asco. Si queréis encontrar un repaso por todo lo que está por venir, podéis encontrarlo en este artículo de hace unas cuantas semanas.

¿Motivos para todo esto? Como en casi todo hoy en día, sólo podemos hablar de sistemas multifactoriales: la saturación en productos superheroicos que hace que el comprador no pueda permitirse experimentar con su presupuesto, el auge de productos de otras editoriales de una calidad pasmosa, la maldita manía del decompressive storytelling que hace que alguien que pruebe se aburra fácilmente, la competencia que se hacen las propias series editando recopilatorios casi al mes de terminar el arco argumental… pero no nos engañemos, lo más importante es sin duda que la mayor parte de las series que se están editando son malas; o, al menos, no de una calidad tan incuestionable como antaño. Son pretenciosas, abusan del cliffhanger, se pierden en subtramas de dudoso interés, aburren. ¿Les estará jugando una mala pasada a los americanos el eterno cliché de su sistema educativo y su preparación cultural? ¿Eran más potentes las cultas y exquisitas mentes británicas? ¿O tal vez es que el sello se está convirtiendo en cuna de un excesivo realismo cuando lo que espera el lector tradicional son tramas pegadas a la magia (The Sandman, Fábulas, House of Mystery), la ciencia ficción (Transmetropolitan, Los Invisibles) o lo sobrenatural (Hellblazer, Predicador)? En principio DMZ o Northlanders irían en contra de esta hipótesis, pero son tan increíblemente extraordinarias que lo compensan a base de guiones deslumbrantes.

Retorno (gráfico) al viejo continente

Del puñado de editores que ha conocido Vertigo hasta la fecha, son siete los más destacados: en primer lugar, y como no podía ser de otra manera, se encuentra Karen Berger, una licenciada en Literatura e Historia del Arte que fue la creadora e impulsora de la línea en 1993 y que, con una mente privilegiada, supo seleccionar y ganarse a los mejores autores para que escribieran sus historias al amparo de su criatura. Asistente en un primer momento del todopoderoso Paul Levitz, supo revitalizar a los largo de la década de 1980 unos cuantos títulos de superhéroes antes de comenzar un reclutamiento de autores británicos que, junto a la capitalización de las obras que inicialmente iba a editar el sello Touchmark Comics de la Disney (sí, la Disney), le permitieron poner en marcha el proyecto Vertigo. Ahora mismo es la directora ejecutiva y máxima capitoste del asunto.

En segundo lugar, tenemos a seis figuras destacadas: Art Young, que editaba gran parte de las series pre-Vertigo que luego se unieron al sello, que luego se mudó a Touchmark y que se trajo sus títulos de vuelta (hoy en día casi fuera del mundillo); Tom Preyer, responsable de la transición de esas series pre-Vertigo y gran artífice de las primeras colecciones creadas en el sello junto a Axel Alonso (actualmente el primero fuera de órbita y el segundo en Marvel); Jonathan Vankin, guionista y editor, que tiene tendencia a que los cómics de los que se encarga se conviertan en truños o en productos excesivamente minoritarios; Shelly Bond, una persona muy prolífica y capaz que ha conseguido marcarse tanto los grandes éxitos de los últimos años –Fábulas, House of Mystery– como gran parte de sus fracasos –American Virgin, The Crusades–; y finalmente tenemos a Will Dennis, principal responsable del título de este apartado.


Luca Rossi en
House of Mystery

En efecto, de un tiempo a esta parte Dennis ha pasado, como ya hiciera su superiora hace años, mucho tiempo en Europa. Pero no sólo buscando guionistas, sino también y en mayor medida, dibujantes. Respecto a los primeros, suyo ha sido el fichaje del escritor escocés Ian Rankin para la nueva línea Vertigo Crime. Pero respecto a los segundos, la lista es interminable: Riccardo Burchielli (DMZ), R.M. Guéra (Scalped), Davide Gianfelice (Northlanders), Víctor Santos (Filthy Rich)… así como otro buen número de artistas que se encuentran trabajando en títulos de otros editores, tales como Luca Rossi (House of Mystery) o Alberto Ponticelli (Unknown Soldier). Eso por no hablar de los británicos, claro –que se han mantenido siempre ahí–, o de los argentinos Eduardo Risso y Marcelo Frusin. Al respecto de todo esto, en una reciente entrevista a Víctor Santos en el blog De Vertigo (próximamente también en Zona Negativa), se le preguntaba al autor sobre el tema y ésta fue su respuesta: “Sí que están abiertos a artistas de todo tipo. La diferencia que creo que existe con otros géneros como el superheroico es que en este, aunque también están abiertos a la colaboración de extranjeros, te piden que entres con el estilo de fábrica de la editorial. Creo que Vertigo busca que aportes algo nuevo, algún tipo de sensibilidad (no sé si la llamaría “europea”) que les ayude a renovarse continuamente”.

Dos palabras clave: “renovación” y “europea“… europea casi tirando a italiana, diría. ¿Qué ofrecemos los países mediterráneos al sello Vertigo y, concretamente, qué le ofrece Italia? Contestando a la primera de estas cuestiones, el arte gráfico europeo siempre ha tenido características muy atrayentes en principio para un sello como el que nos ocupa: estilización, expresividad, dramatismo y líneas definidas poco profusas a la hora de retratar a los personajes al tiempo que plasticidad y un sentido exquisito, contemplativo, de la composición en los paisajes. Eso sin contar la afinidad argumental de las obras, claro. Pero también ha tenido importantes escollos, especialmente en el terreno francés de la bande dessinée, como son una concepción de la industria y el papel social del cómic muy desarrollado, una categoría de los ilustradores muy acusada en el sentido artístico más que en el artesanal/industrial, y unos ritmos de trabajo tremendamente pausados con serializaciones que duran años. Justamente en este terreno es donde entra “el país de la bota”.


Trabajos de Burchielli y Gianfelice
(respectivamente) para John Doe

El fumetto italiano siempre ha sabido conjugar sus ambiciones autorales y sus particularismos estéticos “a la europea” (una gran estilización y una narratividad muy dinámica) con una visión industrial del tebeo como entretenimiento. Es por ello tal vez que, a la hora de escoger a dibujantes de cara a una renovación formal de la línea, los editores de Vertigo se hayan fijado en artistas responsables de cómics como Dampyr, Dylan Dog o Nathan Never, obras en la esfera de una editorial como es Bonelli Comics en cuyas páginas se forjaron los talentos de gran parte de los profesionales que se están importando. De hecho, sólo un ejemplo bastará para ilustrarlo: el cómic en el que Will Dennis clavó los ojos cuando fue al Salone Internazionale del Fumetto de Napolés en 2003 fue John Doe, de Eura Editoriale. Un rápido vistazo a los créditos o a páginas especializadas nos permite observar que en él han trabajado tanto Riccardo Burchielli como Davide Gianfelice, y que de todas sus portadas se ha encargado Massimo Carnevale (Y, el último hombre). Y en mi opinión, está funcionando: personalmente he notado enormemente el cambio de paradigma estético en la línea y, es más, lo he recibido con agrado. Queda por ver si esta internacionalización es suficiente para darle nueva vida a un sello como es Vertigo en el que, si bien el dibujo ha gozado de importancia, siempre ha tenido como base guiones mucho más poderosos de los que ahora hay de media. ¿Veremos nuevos movimientos en este sentido en los próximos meses? ¿Quién sabe?

Conclusión

La buena marcha de Vertigo en el momento presente pasa por dos nombres propios: Bill Willingham y Brian Wood. Aparte de esos dos guionistas, todo parece indicar que la línea precisa de una profunda renovación en cuanto a escritores; renovación que puede venir de las manos de nuevos talentos totalmente desconocidos o de antiguas glorias. Respecto a esto último, las cosas están feas: Vaughan está muy disperso en innumerables proyectos (incluyendo la televisión), Morrison está en el UDC, Brubaker en Marvel… pero sin embargo, otros genios de la talla de Alan Moore –nombre que se asocia al sello a pesar de no haber estado nunca directamente implicado en una de sus obras– o Peter Milligan (nuevo guionista de Hellblazer, por cierto) están en un estado cercano al retiro. Gaiman también, pero siempre fue hombre de una única obra.

Si dicha renovación debe proceder del Nuevo o el Viejo continente ya es otro cantar. De momento, a nivel gráfico parece que ésa es la dinámica. A nivel argumental, ¿quién sabe? ¿será una nueva oleada de autores británicos la que renueve el sello? ¿hay categoría y capacidad en Estados Unidos? ¿Y qué tal le vendría a Vertigo una inyección de talento procedente de la BD francesa? Preguntas al aire sobre las que especular pero que, desde luego, ninguno de nosotros podemos responder con total seguridad.

Páginas recomendadas

Artículo sobre Vertigo en la Wikipedia inglesa, web oficial de la línea y página principal de la siempre excelente Comic Book Database.

Historia del sello editorial al detalle en Tebeosfera.

Últimos datos de ventas disponibles en The Beat (Publishers Weekly) y en ICv2.