Un cómic antes de dormir (2) : Lydie

Lydie es sin lugar a dudas la gran obra maestra de Zidrou y Jordi Lafebre, una historia emotiva, enternecedora, de esas que recordarás para siempre.

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Edición original: Lydie (Dargaud)
Edición nacional/ España: Norma Editorial
Guión: Zidrou
Dibujo: Jordi Lafebre
Color: Jordi Lafebre
Formato: Cartoné, 72 págs.
Precio: 17,5€

 

Tras oir hablar mucho y muy bien del trabajo que viene realizando Zidrou en el mercado francés desde hace años decidí sumergirme en la lectura de Lydie, uno de sus grandes éxitos y probablemente una de las obras más difíciles de digerir de cuantas he leído últimamente. Basta fijarse en la sinopsis editorial que aparece en la ficha de producto de Norma Editorial para saber que estamos ante un cómic de corte íntimo y dramático: “¿Quién dice que no existen los milagros? Cada día ocurren centenares de ellos, tan pequeños que ni los vemos. Incluso algunos son tan cotidianos, que hemos olvidado que son milagros. La pequeña Lydie murió al nacer, pero aun así, su madre dice que está allí. ¿Quiénes somos nosotros para quitarle la ilusión? ¿Por qué no puede ser uno de estos milagros?”, como en todas sus historias, y he devorado unas cuantas después de Lydie, la clave no está en lo que cuenta sino en cómo lo cuenta, sinceramente, me cuesta encontrar un guionista en el mercado americano o japonés que se le acerque a la hora de derrochar tanta sensibilidad por centímetro cuadrado de viñeta, sus historias son de las que te dejan un “algo más” tras su lectura, la sensación de haber leído algo que no sólo consigue conmover al más duro de los lectores sino que además te conforta esos euros gastados en una experiencia que sabes que recordarás y leerás saliendo del piloto automático en el que tendemos a caer con la lectura del género superheróico.

Y obró el milagro. Lápices de Jordi Lafebre.

Hablar de Lydie no es fácil, la historia es ni más ni menos lo que dice la sinopsis, Zidrou nos traslada a un ficticio lugar que lleva por mote el callejón del bebé con bigote, tiene un porqué, y no sólo queda revelado sino que además juega su pequeño papel en la trama, en el vive Camille junto a su padre, una chica joven más guapa que inteligente y que se encuentra en la recta final de un embarazo del que aquel que la dejó encinta nunca quiso saber nada. Por desgracia, Camille pierde el bebé a dar a luz, y la que iba a ser su hija, la pequeña Lydie no la oiremos llorar ni reir a lo largo de la historia, permitidme esta pequeña licencia para los que hayáis leído la historia.

Siguiendo la corriente a Camille. Lápices de Jordi Lafebre.

A los pocos días, Camille llama vociferando a su padre, la pequeña Lydie está allí, en su cunita, ha bajado del cielo tras ver como la tristeza había embargado sus vidas, pero ni su padre, ni los lectores vemos nada más allá de unas sábanas mullidas y una cuna vacía. El padre alarmado piensa que finalmente Camille ha perdido la razón por el dolor y decide seguirle la corriente, ¿que daño puede hacer si ella es feliz creyendo que su pequeña ha vuelto a la vida? A partir de este momento, y tras su presentación en sociedad, todos sus conocidos, toda la gente del callejón se alineará para seguir la corriente a Camille bajo el mismo criterio que su padre, ¿si ella es feliz y no hace daño a nadie para que sacarla de esa ilusión? A raíz de esta extraña situación se desarrollan una serie de divertidas vivencias, esos adolescentes que buscan aprovecharse de su estado, o esos niños que comparten clase con la pequeña Lydie, porque claro, como va a dejar de ir a la escuela si a fin de cuentas es lo que hacen los niños de su edad.

Misterio en la clase de Lydie. Lápices de Jordi Lafebre.

Lydie es una historia enternecedora, con la que es imposible no conmoverse pero que no busca el gag fácil con el que tocar nuestro lado más sensible, es una obra brillante por el conjunto de detalles que la construyen, desde el hecho de que el narrador de la historia sea una estatuilla de la virgen apostada en un saliente de uno de los pisos del callejón pasando por una caracterización de los personajes magnífica y en un muy corto espacio de páginas, con pequeñas apariciones personajes determinantes adquieren una dimensión que ya nos gustaría ver en el cómic americano.

Lo que tiene que hacer un padre por una hija. Lápices de Jordi Lafebre.

Si magnífico es el trabajo de Zidrou, descubrir a Jordi Lafebre como dibujante ha sido una de las más gratas sorpresas que me he llevado en mucho tiempo, su trazo bellísimo se ajusta como un guante al tipo de historia, sus figuras desprenden esa ternura necesaria para empatizar con los personajes y las situaciones que viven.

Con todo conviene avisar de que en función del estado de ánimo del lector podemos estar ante una obra difícil de digerir, muy dura por momentos diría yo, aunque también es cierto que esos pequeños golpes de fino humor que nos regalan de tanto en tanto palían esa sensación de estar leyendo un drama de los que es imposible te dejen indiferente. Lydie es un cómic magnífico, hasta la fecha de los cuatro o cinco que he leído de Zidrou diría que es el que más me ha gustado, una pequeña obra maestra que no deberíais dejar escapar, ya sea para probar vuestro primer “Zidrou” o para entrar con él en el rico mercado de la bande dessinée.

  Edición original: Lydie (Dargaud) Edición nacional/ España: Norma Editorial Guión: Zidrou Dibujo: Jordi Lafebre Color: Jordi Lafebre Formato: Cartoné, 72 págs. Precio: 17,5€   Tras oir hablar mucho y muy bien del trabajo que viene realizando Zidrou en el mercado francés desde hace años decidí sumergirme en la lectura…
Guión - 9
Dibujo - 9
Interés - 9

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Valoración

Una obra maestra del cómic, un cómic tan duro como enternecedor. Un clásico instantáneo de Zidrou y Lafebre.

Vosotros puntuáis: 8.9 ( 2 votos)
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Naci en Sabadell (Barcelona) en 1978 aunque siempre he vivido en Barbera del Vallés. Mi afición por los cómics de superhéroes se comenzó a gestar en el momento en que mi profesor de EGB, Joan, me dejó algunos números de Clásicos Marvel que contenían las historias: La muerte del Capitán Stacy, La muerte de Gwen Stacy y La última cacería de Kraven. Desde ese momento me convertí en fan absoluto de Spiderman y por extensión de Marvel Comics. Con el paso de los años aprendí a paladear el buen cómic sea cual sea la editorial, el personaje o autor. En 1999 fundé Zona Negativa como el rincón donde hablar de aquello que me apasionaba, el resto es historia.

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