Rune / Silver Surfer

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Edición original: Marvel Comics / Malibú Comics – abril-junio 1995
Edición España: Comics Forum – junio 1996
Guión: Chris Ulm, Dan Danko (1) Glenn Herdling (2)
Dibujo: Henry Flint (1) John Buscema (2)
Entintado: Mark McKenna (1) Bill Anderson (2)
Color: Tim Divar, Emily Yoder, Violent Hues (1) Mike Rocwitz, Prism Riot, Andy Walton (2)
Portada: Barry Windsor-Smith (1) John Buscema (2)
Precio: 595 pesetas (tomo en formato prestigio de cuarenta y ocho páinas distribuidas en dos historias con portada propia).

 

Las entregas centrales del tercer volumen de la colección prestigio de Comics Forum presentaron una serie de historias donde el denominador común eran los encuentros más o menos estelares entre personajes de distintas editoriales o de líneas de publicación ambientadas en épocas diferentes. En el caso que tenemos hoy por aquí, su existencia está relacionada con una serie de operaciones empresariales que tuvieron su lógica consecuencia en el ámbito creativo. En la actualidad, forma parte del paisaje editorial la comprobación de que la adquisición de empresas como Marvel por parte de gigantes del entretenimiento como Disney tiene implicaciones que afectan principalmente al pez pequeño. Esta ley del sector, que causa no pocas suspicacias entre la parroquia lectora veterana, ha existido siempre y ya se veía en los tiempos en las que la propia casa de las ideas o su distinguida competencia se hacían con los derechos y las creaciones de otras editoriales. Retrocedamos veinte años en el tiempo y echemos una ojeada a la historia de Malibú Comics.

A principios de los noventa, el sector editorial se había visto sacudido por la fundación de Image Comics. Siete dibujantes habían decidido cortar sus lazos con la gran empresa y habían decidido demostrar que era su talento el que sustentaba las ventas, en lugar del uso de personajes ya consolidados. Aunque sus números no fueron ni de lejos tan lustrosos como los que habían alcanzado previamente, había que reconocer que las cifras seguían siendo mareantes. Por tal motivo, autores y editores se embarcaron en un enfrentamiento sin cuartel para demostrar quién se llevaba la razón y el gato comercial al agua. Detrás de Image aparecieron otras iniciativas en las que se buscaban tanto la independencia como el negocio. Así, autores veteranos como Jim Starlin, Walter Simonson, Art Adams o Mike Mignola se embarcaron en el sello Legends; Jim Shooter y Bob Layton comandaron la aparición de Valiant Comics y de repente, el mercado se vio inundado por nuevas colecciones con mil y una variantes mercadotécnicas para ocupar el espacio de la competencia. En un momento determinado, una compañía como Malibú Comics llegó a hacerse con una selecta porción de la tarta comercial al albergar bajo su ala las publicaciones iniciales de Image. La grata experiencia llevó a sus responsables a sustituir a los independizados imagineros por una línea editorial de cosecha y titularidad propias. El resultado de esta iniciativa fue el Ultraverso.

El Ultraverso era un producto de corte superheroico arquetípico. Personas normales empezaban a hacerse con poderes, a vestir pijamas chillones, a darse de bofetadas y a organizarse. Guionistas veteranos como Steve Englehart o Steve Gerber y dibujantes de calidad como Norm Breyfogle, George Pérez, Terry Dodson o Barry Windsor-Smith colaboraron para desarrollar una serie de personajes y colecciones en el marco de un universo cohesionado. El truco de los eventos servía para presentar personajes y hacer picar a la afición con nuevas colecciones y no se cortaron mucho a la hora de utilizar todo tipo de tácticas que incluían la combinación entre vídeo y cómic o la aplicación del coloreado por ordenador (que añadía un indudable atractivo al producto final). Hay que reconocer que Malibú tuvo un éxito considerable para partir de cero. Una de sus colecciones daría nombre a uno de los éxitos cinematográficos de la década (Hombres de negro); otra se vería adaptada a la pequeña pantalla (Nightman); otra más (Ultraforce) tendría una versión animada. Sin embargo, la crisis del sector se llevó por delante todo aquello: la implosión del mercado puso a Malibú en manos de Marvel Comics.

Cuenta la leyenda que el interés principal de Marvel para hacerse con su competidora venía dado por el acceso a la tecnología de coloreado informático. Cierto o no, la idea de sacar de la circulación a un competidor -y de hacerse con un catálogo de personajes donde había algunos ciertamente interesantes- no era del todo mala. La adquisición tendría su inmediato reflejo en la preparación de encuentros que desembocarían en un nuevo statu quo entre uno y otro sello. El enfrentamiento entre Rune y Estela Plateada sería uno de ellos. El primero era una de las creaciones más atractivas de Malibú, principalmente por el hecho de que su creador gráfico no era otro que el mítico Barry Windsor-Smith. Junto al guionista Chris Ulm (co-fundador de la editorial californiana) habían creado un villano de origen extraterrestre y condición vampírica que había depredado a la humanidad durante siglos incontables (asumiendo roles relacionados con diversas mitologías como Anansi, Huitzilopochl o Tánatos). Su serie es, con toda seguridad, la menos arquetípica de todo el ultraverso e incluía referencias al peligro nuclear, cultos mistéricos a deidades un tanto cabronas y misterios varios. Don Barry desplegó todo su talento e hizo al personaje doblemente atractivo para la afición. Como consecuencia lógica de este éxito, el vampiro extradimensional protagonizaría no uno ni dos, sino cuatro cruces entre Marvel y Malibú. Dos de ellos estarían co-protagonizados por Conan el bárbaro (cuyas aventuras aún se publicaban en la casa de las ideas) en lo que sería el reencuentro entre el cimerio y su primer dibujante. Dos se recogerían en un curioso formato de doble portada –flip book, que le dicen los pitingloparlantes- y tendrían a Estela Plateada.

El tomo recopilatorio del encuentro recoge dos historias que se desarrollan de forma paralela, hasta confluir en sus páginas finales en un único hilo en el que, por fin, los protagonistas del evento se enfrentan. En el lado de Malibú, Rune es el protagonista y se encuentra visitando el universo 616 por obra y gracia de Thor (en la conclusión de una saga llamada Godwheel en la que quedó sancionada definitivamente la absorción por parte de Marvel). Ávido del fluido vital de la comunidad superhumana, el vampiro traba conocimiento de la existencia de unas poderosas joyas –las gemas del infinito- que decide hacer suyas. En el lado de Marvel, Estela Plateada es el reluctante recluta que el Tribunal Viviente posiciona para evitar que Rune se haga con las mentadas alhajas y éstas puedan reconfigurarse una vez más en un guantelete. El enfrentamiento final entre el surfista argentino y el violáceo monstruo se saldaba con la posibilidad de nuevos hilos argumentales que implicaban el intercambio de personajes entre uno y otro universo.

El argumento precedente fue la excusa vender en un mismo tomo dos medias historias absolutamente prescindibles y de calidad más bien pésima. La historia protagonizada por Rune tiene como primer hándicap el hecho de que su creador gráfico sólo participe con una espectacular portada. El interior corresponde a un mediocre Henry Flint que deja patente su incapacidad para dibujar correctamente a personajes bien conocidos. La historia que le toca convertir en imágenes a lápiz resulta tan lamentable que sólo se puede concluir que una parte y otra están a la par. De un plumazo, los guionistas se cargan a la Guardia del Infinito de Adam Warlock, con el fin de que Rune pueda hacerse con las gemas con una insultante facilidad. Bien es cierto que la franquicia cósmica de Marvel agonizaba en ausencia de Starlin, pero la forma en que se despacha a Thanos (una misera viñeta) es sólo un ejemplo de algo mal hecho. Sólo Adam Warlock parece enemigo de nivel suficiente para esta nueva amenaza, pero únicamente por el hecho de que ya está decidido que el antiguo Él se pase al Ultraverso como némesis de Rune.

Por su parte, la historia narrada desde la perspectiva de Estela Plateada no es mejor. Su responsable literario es Glenn Herdling, un guionista sin talento que firmó alguna de las peores historias publicadas por Marvel en esos años en cabeceras olvidables. Suya fue la tarea de contar el enfrentamiento con Rune, aunque en realidad prodiga otra de esas aventuras sin gracia del surfista en las que el protagonista parece un burdo remedo de la versión escrita por Stan Lee. Mucha introspección, mucho monólogo de todo a cien y mucha mortificación, las premisas para que el respetable suelte bufidos de hastío en cada viñeta. Afortunadamente, el dibujante de esta historia es el maestro John Buscema que, aunque ya iba a medio gas (se retiraría en ese año y moriría poco tiempo después) demostró que seguía teniendo y reteniendo (aunque su versión de Rune dé bastante vergüenza ajena).

El resultado final, como puede comprobarse, es una doble historia tópica, aburrida y pésimamente ejecutada que no aportó nada a sus protaogonistas, más allá de la disuasión a potenciales lectores.

Después de su encuentro, Estela Plateada seguiría penando un poco más, hasta que George Pérez y J. M. DeMatteis dieron un último impulso a su colección más longeva. Rune, por su parte, protagonizaría una nueva colección (de la que algo vimos por aquí poco después) pero él y el Ultraverso acabarían cancelados y poblando el desván de las franquicias que esperan su oportunidad.

ilustración de John Buscema
Portada de la versión de Marvel

  Edición original: Marvel Comics / Malibú Comics – abril-junio 1995 Edición España: Comics Forum – junio 1996 Guión: Chris Ulm, Dan Danko (1) Glenn Herdling (2) Dibujo: Henry Flint (1) John Buscema (2) Entintado: Mark McKenna (1) Bill Anderson (2) Color: Tim Divar, Emily Yoder, Violent Hues (1) Mike…
Guión - 3
Dibujo - 5
Interés - 4

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4 Comentarios en "Rune / Silver Surfer"

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frankbanner49
Lector

vaya,que curioso.

no recordaba nada de este proyecto.ni sabia que existiese,vamos.gracias a la reseña de luís javier veo que tampoco es que me perdiese gran cosa.mejor.

si recuerdo que tuve en su momento el de conan/rune.la parte de smith molaba.

del ultraverso tengo buenos recuerdos(difusos,pero buenos).un universo de nuevos heroes,y algunos buenosdibujantes como el mismo barry smith,o george peréz que se paseó por alguna que otra colección.luego hacian crossovers con el universo marvel y la cosa se fué apagando como una vela.

a ver si alguien en marvel se acuerda de la tierra 93060,y hace algo con ella.

flashpoint
Lector

Yo agregaría al artículo que las series de Malibú, como las de Leyend o Valiant eran muy adictivas porque las historias estaban muy bien hechas y los dibujos aunque a veces parecían clásicos acompañaban muy bien las tramas.
Aún guardo con mucho agrado las ediciones españolas de Malibú de Ultraforce con un George Perez dinámico a rabiar, Nightman, que si bien el cómic podría haber sido mejor entretiene más que otros de la época. James Robinson publicó Firearm un gran cómic de acción, además salió Bravura un sub sello donde Howard Chaykin publicó Power and Glory, Walter Simonson su Star Slammers, y Peter David continuó con las aventuras espaciales creadas por Jm Starlim en la obra Dreadstar.
Hay mucho para rebuscar y descubrir de que la compañía estaba muy bien, además con los colores digitales los lectores estábamos fascinados.
Ojo que la compañía pasó a manos de Marvel sólo porque se pagó tres veces su valor comercial, todo porque la empresa del trepamuros estaba desesperada por capturar lectores y subir la calidad de sus series.

AlbierZot
Lector

Muy fan del Ultraverse, de Firearm (una magnífica colección masacrada por los crossovers) y de todo lo que llevase la firma de Gerard Jones. En especial un grupito de inadaptados llamado FREEX, Solitarie junto a un enorme Jeff Johnson y la Ultraforce del todopoderoso George Pérez. Una verdadera lástima que aquello quedase en agua de borrajas porque los mimbres eran buenos y el trabajo de Jones era impecable dentro del ABC de los súpers bien hechos, con alma y estilo.

AlbierZot
Lector

Qué buen momento perdido para que durante toda esta Todonuevización, y con Robinson presente, se hubiesen recuperado las aventuras de Alec Swan.

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