Predicador: La sublimación del road comic gamberro

 

Edición original: 1995/2000; Vertigo (DC Comics).
Edición España: I Zinco II Norma editorial; III Planeta (oct. 2005/may. 2007); IV Planeta (may. 2010); V ECC Ediciones (jul. 2014/-).
Guión: Garth Ennis.
Dibujo: Steve Dillon.
Entintado: Steve Dillon.
Portadas: Glenn Fabry.
Color: Matt Hollingworth / Pamela Rambo.
Precio: ¿? tomos a ¿? € c/u (Rústica, alrededor de ¿? páginas c/u). Otras ediciones descatalogadas

 
Breve historia editorial

Inmediatamente después de su fundación en 1993, la línea Vertigo de DC Comics funcionaba básicamente por su condición de “heredera”. Tras hacer acopio de multitud de series de temática adulta del UDC, el sello debía renovarse con colecciones de largo recorrido que, por un lado, lo asentaran definitivamente con productos creados ad hoc y que, por el otro, lo hicieran desligarse de la compleja continuidad de un universo ficcional con muchos años a cuestas. A tal fin, y a los largo de los años 1994 y 1995, debutaron unas primeras apuestas como fueron Los Invisibles o Los Libros de la Magia que, bien por falta de ventas, bien por falta de independencia, no resultaron exitosas a la hora de constituir un buque insignia para la compañía. Todo eso estaba destinado a cambiar en 1995, el año en el que Garth Ennis, Steve Dillon y Glenn Fabry lanzaron al mercado su nueva criatura: Predicador.

El proyecto surgió por voluntad de una todopoderosa Karen Berger (editora jefe de la línea) que descubrió al joven norirlandes que se convertiría en guionista de la colección de la misma forma en que había encontrado previamente a gente como Alan Moore o Neil Gaiman: leyendo cómics británicos. Tras admirar su trabajo de corte provocativo en la revista Crisis –concretado en historias como Troubled Souls, For a Few Troubles More o True Faith que ofrecían una imagen iconoclasta del cristianismo–, una Berger que llegó a decir de Ennis que siempre la noqueaba como escritor con un montón de cosas que expresar le dio a su protegido una oportunidad de oro: hacerse cargo de Hellblazer tras la marcha de Jamie Delano, y con Steve Dillon a los lápices durante la mayor parte de la etapa. Y tras probar su valía tanto en ésta como en otras colecciones, la idea de Predicador llegó ella solita.

Desde entonces, la cima: durante cinco años, sesenta y seis números y varios especiales, la colección arrebató por completo el corazón al público (se llegaron a vender cincuenta mil ejemplares mensuales), a la crítica y a los premios más prestigiosos (incluyendo el Eisner al mejor guionista en 1998 y a la mejor serie en 1999), al tiempo que generaba una ingente cantidad de merchandising y proporcionaba jugosos dividendos al equipo creativo por los royalties derivados de la creación –y consiguiente propiedad intelectual– de los personajes. Y aunque finalizara a finales del siglo XX, aún hoy en día sigue generando beneficios debido a los tomos recopilatorios y a las numerosas reediciones de la obra en diversos formatos; todo ello mientras gente como Stephen King (que ha reconocido la influencia de Predicador en La Torre Oscura) o Brian K. Vaughan (que en Y, el último hombre dedica un cameo al mechero Zippo que reza “Fuck Communism”) la siguen reivindicando y mantienen su relevancia.

En otro orden de cosas, la historia editorial de la serie en España es muy convulsa. La primera editorial en publicar Predicador en nuestro país fue Zinco, con dos tomos: Libro Uno, que recogía los números #1-4 USA y Ciudad Desnuda, con los números #5-7. A partir de aquí, Norma Editorial recogió el testigo para erigirse como la primera casa en publicar íntegramente la obra en nuestro país. Norma escogió para hacerlo el formato prestigio, que la recopilaba en distintos arcos argumentales mediante prestigios de dos o tres números USA, mientras sacaba también, en dicho formato, los especiales que se sucedían. Es interesante conocer esta edición porque es la que más claramente permite establecer la distinción entre la serie regular, que abarcó 66 ejemplares en total, y los números especiales (escritos también por Ennis pero con distintos dibujantes). A continuación la resumimos:

A partir de aquí, Norma comenzó a editar la serie desde el principio en tomo, pero sólo le dio tiempo a publicar tres números y un recopilatorio de portadas (Predicador: Vivo o muerto) antes de perder los derechos en favor de Planeta DeAgostini. La editorial, siguiendo la política de rescate de series, emprendió dos tipos de ediciones al mismo tiempo: una regular orientada a quioscos y lectores neófitos en tomitos de 2 números USA mensuales, que se vio cancelada en su número 20 (febrero de 2008) por bajas ventas, y otra en tomos para librerías especializadas que continuó sin problemas, recogiendo el testigo de Norma Editorial, hasta su finalización en mayo de 2007. Los nueve volúmenes resultantes, fiel reflejo de los TPB disponibles en el mercado americano y con la ventaja de integrar series y especiales, son hoy en día muy difíciles de atesorar en tanto en cuanto los correspondientes a Norma se encuentran absolutamente descatalogados. En cualquier caso, ésta sería su guía de lectura:

  • Rumbo a Texas (#1-7 USA). Norma Editorial. Descatalogado.
  • Hasta el fin del mundo (#8-17 USA). Norma Editorial. Descatalogado.
  • Orgullosos americanos (#18-26 USA). Norma Editorial. Descatalogado.
  • Historia antigua (Especiales El Santo de los Asesinos, La historia de ya-sabes-quién y Los muchachotes). Planeta. 13,5 €.
  • Dixie Fried (#27-33 USA y Especial Cassidy: Sangre y Whiskey). Planeta. 12,95 €.
  • Guerra bajo el sol (#34-40 USA y Especial Guerra Privada). Planeta. 14,95 €.
  • Salvación (#41-50 USA). Planeta. 15,95 €.
  • Se acerca el infierno (#51-58 USA y Especial En lo Alto de la Silla, aquí rebautizado como Con la cabeza bien alta). Planeta. 15,95 €.
  • Alamo (#59-66 USA). Planeta. 14,95 €.

Esta situación, no obstante, cambia en mayo de 2010, justo cuando Planeta DeAgostini, coincidiendo con el Salón del Cómic de Barcelona, publica una nueva edición en integrales. En total, se compone de tres tomos que pueden adquirise por separado o en un cofre conjunto, y que se distribuyen como sigue: Antiguo Testamento vol. I (Predicador #1-33 USA), Antiguo Testamento vol. II (Predicador #34-66 USA), y Nuevo Testamento (libro de portadas Dead or Alive y especiales). Se puede ver una foto del cofre en esta entrada (otra más aquí). ¿Qué tal esta edición? Bien pero tiene sus peros… ocupándonos primero de lo prosaico, hemos de decir que el aspecto externo de los volúmenes está muy conseguido: imitan razonablemente bien una Biblia, están muy bien encuadernados y poseen una guía marcapáginas de tela muy útil para leer poco a poco el tebeo. Además, la edición integral presenta un cofre interno para su ubicación en la biblioteca personal del lector y una caja externa de cartón, provista de asa, que imita una caja de madera basta. Pasando a evaluar el contenido de los volúmenes, hemos de decir en primer lugar que para esta revisión, por motivos logísticos, sólo hemos considerado el primer volumen de los tres presentados, que contiene un texto de Garth Ennis y los 33 primeros números de la colección regular. ¿Punto a favor de la edición? Una traducción estupenda y ajustada, con abundantes notas aclaratorias y con algunas licencias pero bien adaptada en lo que se refiere al idioma coloquial que impera en el cómic (sólo empañada por un error de concordancia en el artículo inicial de Ennis), un papel mate óptimo para apreciar el colorido y el trazo, y un precio realmente imbatible.

¿Puntos polémicos? Tres y de distinta envergadura: en primer lugar, cabe destacar que se rompe en cierta medida el sentido de lectura de Predicador; al contrario que en otras colecciones, los especiales tienen no poca relevancia en el desarrollo de la trama –especialmente el dedicado a El Santo de los Asesinos– y dejarlos para el último de los volúmenes es una opción discutible. Empero, también se puede razonar: dichos especiales cuentan con diversos dibujantes mientras que la regular queda totalmente en manos de Steve Dillon, y podría argumentarse que se ha hecho en favor de la coherencia estética de la obra; además, por otra parte, nada impide a un lector intercalar entre el primer y el segundo tomo la lectura de los especiales (aconsejable por el que suscribe). Como segunda pega, tenemos que Predicador es una coedición con Italia con todo lo que implica para la rotulación y, en especial, para una de las características primordiales de su protagonista: el uso de distintas voces (la humana y la “espiritual”, por llamarla de alguna forma). Así, cuando Jesse Custer usa “La Palabra”, los bocadillos están bordeados en rojo, cambia la tipografía con respecto a la del resto de personajes y la tonalidad no es negra, sino gris. Y aunque se aprecia a simple vista si está usando la palabra o no, es igualmente cierto que cambia su color reconocible rojo (aquí tenéis una muestra del original y otra de su versión española). Pegas mayores o menores según cada cual y que deben entenderse no como errores, sino como decisiones editoriales… decisiones que, entre otras cosas, permiten el precio enormemente ajustado del producto o que si alguien no quiere comprar especiales y portadas no esté obligado a ello. Pero lo que sí es un claro fallo de reproducción es la trama presente en el número #18 USA, titulado Texas y el astronauta; fallo que afecta a todo el número (aquí el original y aquí la versión española) y que permite intuir un error de materiales, de realización o de impresión. Lástima que un error tan tonto empañe una edición tan ambiciosa.


En cualquier caso, esta edición solo se puede adquirir ya en mercados de segunda mano o tiendas con muy buen fondo. Tras la pérdida de los derechos de DC Comics/Vertigo por parte de Planeta DeAgostini, la serie se descatalogó y desapareció del mapa durante un par de años. No es hasta julio de 2014 cuando la nueva licenciataria, ECC Ediciones, anuncia su propia edición.

Como último dato importante, cabe destacar que la HBO tuvo previsto durante un tiempo estrenar en 2008 una serie de TV que adaptara Predicador. El responsable habría sido Mark Steven Johnson (Ghost Rider, Daredevil) y de dirigir piloto se iba a encargar Howard Deutch (lo mejor que tiene en su curriculum son dos capítulos de Historias de la Cripta y lo último medianamente conocido ha sido la secuela de La Extraña Pareja y Más falsas apariencias). Tras la cancelación de dicho proyecto, la obra pasó por las manos de la productora de Kevin Smith, que planeaba hacer una película de unos ajustadísimos 25 millones de dólares de presupuesto y que incluso llegó a hacer pruebas de maquillaje, pero todo quedó en nada. Tiempo después, todos los rumores apostaron insistentemente por un largometraje basado en el cómic, que produciría la Columbia, y que nacería con vocación de abrir una trilogía. Tras la marcha del director inicialmente previsto, Sam Mendes, se apuntó a D.J. Caruso (Disturbia) como posible sustituto para rodar un elogiado guión escrito por John August. La productora deseaba para el filme una clasificación R (prohibida la entrada a menores de 17 años si no van acompañados de un adulto), si bien se confirmó que la violencia del original quedaría atenuada. Empero, todo en balde: el proyecto se fue eternizando y nunca más se supo de él.

A este respecto, tal vez el escepticismo que Ennis arrojó sobre cualquier posible adaptación de su obra esté jugando malas pasadas: “Probablemente nunca habrá una película de Predicador; nunca iremos más allá del guión, algunas buenas intenciones y mucha especulación sin fundamento. Lo más probable es que sea lo mejor, considerando la mierda que casi hacen de ella”. Como curiosidad, comentar que aunque para el rol protagonista le encajaban por aquel entonces Ben Affleck, Johnny Depp, Billy Crudup o Jim Cavaziel, la inspiración cinematográfica para Jesse y Tulip no es otra que la pareja formada por Nicholas Cage y Laura Dern en Corazón Salvaje. Más aún: para el Santo de los Asesinos él siempre tenía en la cabeza a Clint Eastwood, pero Steve Dillon en quien se inspiraba era en James Coburn. De un modo u otro, parece que Ennis –quien siempre prefirió una adaptación televisiva en un canal de cable– y los aficionados estamos de suerte: a finales de 2013, y gracias a Badass Digest, se supo que la AMC (responsable de excelentes producciones como Mad Men o Breaking Bad, y canal de emisión de la adaptación de Los muertos vivientes) ha realizado un encargo de piloto para llevar la serie a la pequeña pantalla. Ya veremos si fructifica esta vez.

Argumento

Todo el mundo en el Paraíso está asustado. Dios ha decidido tomarse unas vacaciones más que forzadas al escaparse de su control y dirigirse a la Tierra una entidad conocida como Génesis, fruto de la cópula de un ángel y un demonio, y poseedor de un poder muy especial: La Palabra de Dios; es decir, la capacidad de hacer que todos los que comprendan sus órdenes las obedezcan. Pero esta entidad no puede pasearse por el mundo tal cual, sino que precisa fusionarse con un cuerpo terrenal. El escogido para albergarlo resulta ser Jesse Custer, un pastor religioso sin vocación, obligado a seguir una carrera clerical, que parece salido de La saga de Gösta Berling, en permanente crisis de fe, y bajo el que se esconde un tipo duro americano que bebe whiskey, fuma Marlboro, suelta tacos, no permite que nadie le falte al respeto y que tiene grabada a fuego las palabras honor y amistad.

Con conciencia plena de sus poderes y de la situación, Custer emprende un periplo por América en busca de Dios para obligarle a obtener de él la verdadera explicación de por qué el mundo es una mierda. En el camino, le acompañarán su recién reencontrado antiguo amor (Tulip), y un vampiro irlandes de un siglo de edad, totalmente amoral, que se convertirá en su único amigo, Cassidy. Todo ello con la ayuda y los consejos providenciales de un invitado sorpresa: John Wayne tal y como lo vimos en Centauros del Desierto. Pero no estarán solos en este periplo, pues al menos tres personajes tendrán un especial interés en buscar a Custer: Caraculo, un adolescente deforme por haber perpetrado un suicidio fallido emulando a Kurt Cobain, lo buscará por haber inducido mediante sus poderes a su padre (un auténtico malnacido) a matarse; Herr Starr, miembro de alto rango de una misteriosa y todopoderosa organización conocida como el Grial intentará usarlo para sus oscuros fines; y, por último, tenemos al Santo de los Asesinos, un antiguo forajido resucitado para la ocasión y transmutado en un asesino celestial imparable, con el encargo de lavar la ropa sucia de la Corte Divina encontrando a Custer y enviándolo al infierno de un balazo.

Personajes principales

Jesse Custer. Pastor religioso sin vocación y en permanente crisis de fe, a la par que protagonista por antonomasia de la colección, cuando el don conocido como La Palabra de Dios le es ofrecido no dudará en recorrer el país para enfrentarse a un Dios que, además de tener el mundo hecho un estercolero, no ha perdido el tiempo en correr para ponerse a salvo. Durante la peripecia, tendrá además la oportunidad de reencontrarse con el amor de su vida, trabar una amistad improbable, acabar (literalmente) con su castradora familia y enfrentarse a toda una sociedad secreta que codicia su don. En el terreno de la construcción de personajes, Custer encarna todos los valores que Ennis siempre ha imprimido a sus héroes y los sublima: americano orgulloso, hijo de un veterano de Vietnam, amante enamorado, fiel amigo, valiente, aguerrido, honorable, respetuoso, fuerte, educado con mujeres y ancianos, expeditivo con los malechores, con una moral maniquea… su misma imagen es un cliché, con los vaqueros y la chaqueta, la barba de cuatro días y el sempiterno cigarrillo. Todo un vaquero contemporáneo que dejó con la mandíbula desencajada a republicanos y demócratas por igual.

Tulip O’Hare. El interés romántico de Jesse Custer y coprotagonista de la colección supone toda una declaración de intenciones por parte de Ennis, que parece que compone con Tulip su ideal femenino. Así, O’Hare, que quedó huérfana de madre en el parto y fue criada por su padre como si fuera un chico, es una excepcional tiradora, una dura oponente cuerpo a cuerpo y una mujer de gran carácter; pero también es femenina como pocas, extremadamente sensual (y sexual) y relativamente frágil en el terreno emocional. Podría decirse que Ennis construye a Tulip a partir de Custer (o viceversa), ya que ambos tienen prácticamente los mismos valores morales y conductuales, y solo se diferencian en las características psicológicas que Ennis atribuye a los distintos sexos. En lo que a la serie respecta, aunque Tulip tenía un tortuoso pasado con Custer, no será hasta que este último reciba el don de la Palabra cuando se vuelvan a encontrar, haciéndose desde entonces inseparables en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, y hasta que la muerte los separe. Más o menos.

Proinsias Cassidy. El hallazgo más extraordinario de esta colección es su capacidad para integrar a este vicioso, solitario y deslenguado vampiro en la trama sin que a Ennis le tiemble el pulso. Conocido simplemente como Cassidy –de hecho, su nombre de pila no se revela hasta bien avanzada la colección–, este irlandés lleva en el mundo más o menos desde principios de siglo, coincidiendo su vampirización a manos de una vieja bruja con las postrimerías del Alzamiento de Pascua irlandés de 1916. Desde entonces ha hecho de todo: desde prostituirse hasta convertirse en adicto a todo tipo de drogas, todo ello en una existencia aburrida que torna a su fin cuando conoce al dúo protagonista y se embarca con ellos en la aventura; una aventura que, para él, constituye un viaje de redención y perdón. No en vano, es el personaje que tiene el periplo emocional más intenso de toda la serie. Una curiosidad: odia a sus decadentes congéneres afectados y románticos. Más: aunque necesita sangre para mantenerse, no necesita ni que sea humana ni que sea fresca. Y, en todo caso, prefiere el whiskey y la cerveza. Y la última: el personaje vuelve a mencionarse en The Boys #27.

Herr Starr. Tuerto del ojo derecho desde que fuera atacado de pequeño por unos gamberros en el colegio (a quienes después asesinó), antiguo miembro de las fuerzas especiales alemanas y de la GSG 9, segundo al mando de la todopoderosa organización secreta conocida como el Grial y siempre vestido de blanco, Herr Starr no se detendrá ante nada para hacer suyo el poder que posee Custer a lo largo de toda la colección. Dejando a Dios de lado, sirve así como antagonista principal de la serie, si bien pese a ser temible y malvado, sus peripecias han pasado a los anales del cómic por ser de las más cómicas jamás vistas hasta la fecha. Sus contestaciones lapidarias inigualables, sus chispeantes diálogos con la ayudante que le acompaña de forma solícita a lo largo y ancho del globo, y su condición de “malvado más amputado en la historia de la ficción” le llegaron a granjear el puesto 66 como mejor villano en el ranking de la web especializada IGN.

El Santo de los Asesinos. El patrón de todos los matarifes fue en su día un implacable, sanguinario y taciturno soldado confederado que, al igual que el Clint Eastwood de Sin Perdón (en el que inequívocamente se inspira) se redimió tras enamorarse y casarse con el amor de su vida. Herido de gravedad tras acabar salvajemente con los asesinos de su esposa, su odio fue capaz de helar el infierno a su llegada, asesinó al mismísimo Diablo y se le acabó permitiendo regresar al mundo para sustituir a un Ángel de la Muerte con cuya espada forjó dos Walker Colts que jamás se quedan sin balas. Virtualmente imparable, totalmente indestructible y con una siniestra parquedad en palabras, es despertado de su reposo por los ángeles del Cielo específicamente para acabar con la amenaza que Custer supone para sus integrantes, constituyendo así el segundo antagonista principal de la colección. La banda de rock Legitimate Businnes le dedicó un tema al personaje.

Caraculo. Este chaval desgraciado, víctima de bullying e hijo del sheriff de extrema derecha que inicialmente se encarga de investigar el caso de Jesse Custer, es el resultado de un intento de suicidio con el que pretendía emular a Kurt Cobain. Tras el fatídico incidente que le acaba costando la vida a su progenitor, y una vez que Cassidy le dijera que su cara parecía un culo, adopta el nombre de guerra de Caraculo –Arseface en el original– y se convierte en un cazarrecompensas algo patosete con una única finalidad: llevar a Jesse Custer hasta la justicia. Probablemente su evolución vital es la más estrafalaria de cuantos personajes recorren el cómic… todo un detalle por parte de un Ennis que, consciente de que la historia del chico podría haberse interpretado como trágica y dramática, consigue hacer de él un objeto de aboluta risión. Con el tiempo, además, se ha convertido en uno de los personajes más recordados por los lectores y, por consiguiente, más emblemáticos de Predicador.

Hablan los implicados

Garth Ennis, sobre la colección: “La serie iba a ser un western. Y sus personajes iban a ser personajes de western. El héroe defendería la justicia. La chica sería muy guapa. El amigo sería un picaruelo. Los villanos serían todos unos cabrones. Y también habría un bufón, un tipejo que siempre andaría dando vueltas por la escena. Además de eso, tendríamos al Santo de los Asesinos, que iba a ser la voz de la condena personificada. De ahí es donde proceden los personajes. Por supuesto, después cada uno de ellos recibió un montón de capas añadidas. Tulip es la voz de la razón, y es quien mantiene a raya a Jesse. Es debido a su capacidad para defenderse solita por lo que él ha tenido que cambiar de idea sobre el lugar que deberían ocupar las mujeres. Jesse es el héroe, es su búsqueda, es su historia. Es un personaje a la antigua usanza por sus valores, no por su carácter ni por algunas de sus respuestas o instintos. Cassidy es el picaruelo, y también es, y eso es algo que empieza a resultar aparente en la serie, un poco impredecible. Porque si hay algo de lo que tengo interés en hablar, además de la religión, es de la amistad, de lo que debemos esperar de nuestros amigos, y también de la debilidad, de la redención; todo eso aparecerá. En cuanto a los villanos, me siento orgulloso de decir que son pura mierda. Starr es un puto monstruo, y es uno de los personajes que más me gusta escribir porque con él puedo soltar todos los pensamientos negativos que me produce el mundo. Si no le arruina el día a alguien, entonces no disfruta. Y el Santo, por supuesto, es un matarife. Todos los personajes que he mencionado llegarán hasta el final. Todos tienen un papel que desempeñar en el gran plan. Y también Caraculo”.

Garth Ennis, contradiciéndose a sí mismo: Predicador no empezó realmente como un western. Era un cúmulo de ideas y personajes que lentamente fui convirtiendo en un todo coherente, más por instinto que por otra cosa. No fue hasta relativamente tarde cuando me di cuenta de que empezaba a tener un aire de western contemporáneo. Una vez que vi cómo de americana iba a ser la historia, me pareció la forma obvia de proceder”.

Garth Ennis, sobre el subtexto de la obra: “No puedo ponerlo en una sola frase porque por una parte Predicador va sobre la fe, supongo que también sobre la búsqueda de Dios y de la fe, y sobre la manipulación y el abuso cometido por figuras en las que la gente tiene fe. Pero por la otra, también se centra en los tres personajes principales y en las cosas que exploro a través de su honor, lealtad y amistad. Y para mí un tema es tan importante como el otro”.

Garth Ennis, sobre el formato de la colección: Predicador siempre fue una serie regular. Siempre se pensó como un cómic en el que podría escribir lo que me diera la gana cada mes, y en cierta manera supongo que estaba destinado a ser un poco más parecido a Hellblazer o a cualquier otro libro de Vertigo. Hasta el número #3 o el #4 no me di cuenta de que la historia tenía un final definido y que sabía cuál era [...] Respecto a las series regulares, creo que es más fácil escribir en arcos argumentales (una expresión terriblemente fea esa de “arco argumental”). Es más fácil escribir de esa forma simplemente porque así, si empiezas una historia dices ‘vale, me voy a tomar cinco números para concluir esto’; no te permites divagar e intentas mantener el asunto lo más atado posible”.

Garth Ennis, sobre Tulip y Cassidy: “Para ser honestos, creo que un montón de mujeres reaccionaron positivamente ante Tulip. Pero ése es el límite del análisis acerca de las lectoras de la serie que obtendrás de mí. Porque cada vez que veo a un tío empezar a hablar acerca de sus lectoras, siempre me da la sensación de que es un Don Juan de primera. Creo que lo parodié en Predicador, cuando Tulip se encuentra con su amiga Amy, y Amy ha estado saliendo con aquel escritor capullo. Y él está todo el tiempo con cómo intenta empatizar con el dolor femenino y esa clase de cosas. Y ésa es mi visión de esa clase de gente, así que no voy a hacer ningún intento de analizar esta clase de fenómenos. Todo lo que puedo decir es que estoy jodidamente contento con que las lectoras estén ahí [...] Cassidy es de Irlanda del Sur porque pensé que un vampiro dublinés estaría gracioso, y quería tener mi propio Alzamiento de Pascua. Mi retrato del Estado Libre Irlandés viene de mi propia experiencia con las frías, inhóspitas y pequeñas ciudades limítrofes y mi interés en la paranoica mentalidad de la ética presbiteriana”.

Garth Ennis, sobre los excesos censurados: “Caraculo terminaba diciéndole al Papa que se besara el culo en lugar de chuparse la polla, por ejemplo. Otras veces habría sido más detallado, como cuando Starr entraba en conflicto con los Detectives sexuales… originalmente lo pillaba Fellatio Freddie, no Buggery Bob, aunque la versión revisada terminó siendo mucho más graciosa y condujo a toda clase de barbaridades. En cualquier caso, cada vez que pasaba algo como lo de Columbine había un pánico generalizado, y el dibujo se cambiaba y en Vertigo sufrían como los que más [...] De hecho había un especial más de Predicador que Karen Berger se negó a publicar porque era muy bruto, aunque ya no lo sea. Iba sobre los Detectives sexuales. Algún día se imprimirá; tarde o temprano todo se imprime”.

Steve Dillon, sobre su trabajo: “Predicador [...] es un proyecto basado en los personajes, en los diálogos. No reclama un dibujo llamativo. Un dibujo llamativo podría ir en su contra. Hay ciertas escenas en las que el dibujo tiene que causar impacto, claro, pero es una idea general. Garth me da nueve páginas de gente sentada y hablando, y no quiere que los lectores desatiendan lo que están diciendo. No me importa. No son nueve páginas de lucha, que son diferentes y tienes que comunicar más información. No… son sólo nueve páginas de gente hablando en un sitio. Otros dibujantes llorarían tirándose de los pelos con cosas como esta, pero a mí me divierten bastante”.

Karen Berger, sobre los autores: “Garth tiene una gran comprensión acerca de la condición humana. Obviamente es muy irreverente y rompedor, pero hay una humanidad real en su material y tiene un gran oído para el diálogo. [...] Miro el trabajo de Steve de hace veinte años y miro el trabajo de Steve hoy en día, y honestamente creo que ha sido bueno y profesional en cualquier punto de su carrera. Steve ayudó realmente a hacer comprender las expresiones y las emociones que estaba manejando con un grupo de personajes que realmente le permitieron ir por esa vía”.

Análisis conceptual

Predicador es un cómic que se presta enormemente a la disección argumental, dramática y referencial. Argumentalmente hablando tenemos un western clásico, retocado aquí y allá, que busca vehicular y afianzar los valores y los códigos estéticos de las películas de vaqueros en el mundo de hoy. Ennis parte de una consideración: que, aunque gran parte de la temática de los westerns se basa en el cruce del país estadounidense casi de punta a punta, en pos de aventuras o fortuna, hoy en día ese motor está ya un poco obsoleto. A partir de esta base, el guionista le da una vuelta de tuerca al asunto y plantea en su lugar una historia sobrenatural –muy del gusto de los lectores de la línea– que constituye únicamente una coartada; un mcguffin que ponga en marcha el viaje a través de Estados Unidos y las peripecias al más puro estilo “road comic” que corren los protagonistas.

Pero el hecho de ir buscando a Dios para pedirle cuentas permite introducir una actualización de otro de los puntos clave del western: ese aire crepuscular, estoico y cínico, que nos hace pensar que no hay nadie totalmente honrado ni causa completamente justa. En efecto, los protagonistas quieren encontrar al Todopoderoso para hacerle pagar por su pasotismo frente a un mundo que se derrumba, que cada vez está más degradado y es más decadente (como vamos viendo en cada punto del viaje de Custer). Es aquí dónde encaja el retrato de la sociedad actual que crea Ennis: corrupción política, consecuencias de la guerra de Vietnam, depresión de áreas rurales, pornografía, sadismo, violación, drogadicción, inmigración, pobreza… El mundo apesta y, si damos por sentado que Dios existe, él es el claro responsable por no mover ni un dedo. Vemos así que el mcguffin pone en marcha la acción y es también parte fundamental de la contextualización. Pero acción y contextualización forman parte de ese mundo, de ese género al que se homenajea, que inspira y que es el de las películas del Oeste, algo que se explicita directamente en el personaje del Santo de los Asesinos, en la presencia de John Wayne como guía espiritual en los momentos difíciles y en el propio título de la colección (Predicador era el nombre con el que se conocía al protagonista de El jinete pálido).

Además, dramáticamente los personajes son, como en los westerns, arquetipos: un tipo duro, una chica igual de dura pero también frágil, un amigo algo traicionero pero de buen fondo, y los malos, auténtico hijos de perra. Vemos aquí otra actualización: la del héroe del western. Porque si hay algo a lo que la serie le haga un homenaje es al tipo duro “a la americana”: muy masculino, fuma marlboro, dice tacos, hace el amor como un dios, reverencia a su país, su padre fue a Vietnam, no llora, se crió bajo las duras reglas del Sur más profundo, etc. No deja de ser gracioso que el único villano sin remedio de la serie sea europeo. Pero también el cómic vende unos valores como son la amistad, la lealtad y el honor que, aunque fallidos en su tratamiento (pues querrían centrar más la historia sin llegar a hacerlo), están indudablemente ahí. Jesse Custer es un tipo al que admirar; el único héroe de esta historia y es imposible identificarse con ningún otro personaje de este tebeo (excepto Tulip, su contrapartida femenina).

Son tan poderosos estos arquetipos que desean subrayar que los personajes que llevan todo el peso son seis o siete, los que se citan en la sección correspondiente de este artículo (sin incluir a Dios, cuya presencia se intuye a lo largo de todo el tebeo). De esta forma, y aunque usa gran variedad de secundarios, Ennis no quiere complicaciones: desea que el lector pueda identificar perfectamente quién es el bueno y quién el malo porque, para él, no hay grises morales. Sólo hay un personaje que es en sí mismo un gris moral: Cassidy. Es un crápula, un vividor de comportamiento y maneras erráticas del que no entendemos realmente qué es lo que pretende o a qué juega. Pero a la vez, consecuentemente, es el personaje que más cambia y el único que viaja emocionalmente hacia algo (la redención o la condena). Todos los demás personajes son maniqueos porque están seguros de sí mismos, mientras que Cassidy entra en terreno de grises porque su personaje es el fiel reflejo de la inmadurez.

Pero sin duda alguna, lo que más caracteriza a este cómic es su irreverencia, derivada del cinismo (y del estoicismo también) de los antihéroes. Las frases lapidarias y la violencia (tan hiperbólica que no provoca repulsión) son puntos clave del guión, y nos recuerdan al mejor Leone; ese que ponía en boca del Tuco de El Bueno, el Feo y el Malo la genial frase de “cuando se dispara… no se dice nada” (tras acribillar a un sicario que lo que tenía a tiro y que quiso darle el típico discursito antes de matarlo). Claro que hay también evidentes similitudes con Reservoir Dogs o Pulp Fiction, películas de las que curiosamente esta serie es contemporánea y cuyo espíritu fue recogido en ese cine gamberro que abanderan películas como Lock & Stock o Snatch. En el centro del humor negro y gamberro, la frase lapidaria, cortante, es signo inequívoco de carisma para un personaje (de ahí su éxito), al tiempo que la falta de miedo a no ejercer la violencia y la absoluta tranquilidad a la hora de hacerlo, aumentan ese mismo carisma. Son características que implican redaños y agallas, al tiempo que inconformismo social. Y cuando se muestran sin tapujos, resultan muy provocativas, bordeando el filo que separa lo hiriente de lo humorístico/cool.

Después tenemos otro tipo de ataque más sociocultural, destinado a potenciar ese efecto de sociedad decadente: son las imágenes porno-snuff, los gustos sexuales de Herr Starr, el típico suceso escabroso, etc. Y también hay un dardo envenenado en la figura de esa organización, el Grial, dirigida por fanáticos y con tantos tentáculos geopolíticos. El planteamiento de base del Grial es el mismo que el de la novela El Código Da Vinci, y si no tuvo el cómic tanto impacto social es por el carácter minoritario de este medio frente a la novela. No en vano, ambos se basan en una teoría planteada en 1982 por el “ensayo” histórico (es un decir) The Holy Blood and The Holy Grail, aquí traducido como El Enigma Sagrado. Pero las connotaciones que adopta esa teoría en el cómic, la hacen muchísimo más subversiva: el nombre Jesse Custer tiene las iniciales JC, el nombre de su padre también, y su madre se llamaba Mary. A su vez, el nombre de Tulip se escogió premeditadamente para que tuviera ecos de la mitología persa (los tulipanes crecieron a partir de las gotas de sangre derramadas por un amor eterno), lo que nos lleva a pensar en María Magdalena y sus relaciones con Jesús. No obstante, sí es cierto que tanto cóctel puede en ocasiones hacer perder el norte, de forma que en un cuerpo argumental tan profuso se pieda parte de la subversión, quedando ésta en conceptos simplemente provocativos. Pero la pregunta sigue ahí: ¿Es Jesse Custer la nueva encarnación de Jesús?

A la vista de este apartado y de los puntos desarrollados resulta sencillo entender por qué a muchos lectores el arco de Salvación les encanta sin apenas tener trascendencia para la trama principal. En los números que lo constituyen la serie se deshace de su coartada, de ese mcguffin que supone la ausencia de Dios, y entra al trapo de forma directa. Custer es un forastero que llega a una ciudad regida por un villano patético y prepotente y se hace con el puesto de sheriff, desarrollando cierto interés romántico con su ayudante (una mujer de armas tomar) y combatiendo la perversión del lugar, sólo para encontrar en una moraleja final de aupa que no puedes fiarte de nadie. Incluso de los que son aparentemente rectos y nobles. Salvación nos gusta porque condensa, en sí misma, el espíritu de Predicador sin tanto alargarse y con más simplicidad. O lo que es lo mismo: el espíritu de los mejores westerns.

Análisis técnico

La composición de página y el uso de viñetas en Predicador es muy funcional. El número de viñetas por página es de 5-6, con formato cuadrangular, de bordes remarcados y con una suave ondulación (como si estuvieran trazados a pulso). No existe ningún tipo de viñeta predominante y su formato varía con frecuencia, pudiendo encontrar viñetas panorámicas, proporcionadas, ocupando toda la página, etc. A nivel compositivo, las viñetas suelen estar en una ligera superposición, más estética que necesaria para la narrativa (aunque aporta dinamismo). Otro aspecto a destacar es que los recuadros no rellenan por completo toda la pagina, sino que queda un espacio desocupado generalmente de color blanco. Eventualmente el componente figurativo no se enmarca en ninguna viñeta, sino que aparece directamente sobre la página, aumentando el efectismo de disparos y demás acciones repentinas y/o agresivas.

El dibujo de Steve Dillon consigue dos efectos importantes: mantener su identidad como dibujante, distinguiéndose en calidad cuando se le compara con los ilustradores de los especiales; y mantener una coherencia absoluta en la representación de cada personaje a lo largo de 66 números. Este segundo logro se ve favorecido por un estilo de dibujo que exacerba los detalles faciales, pero que emplea al mismo tiempo un uso de las proporciones muy estricto, tanto corporal como facialmente. En la vida real, las personas son capaces de distinguirse unas de otras en base a rasgos claramente sobresalientes (como Dillon aumenta el número de estos rasgos, permite diferenciar a los personajes entre sí), pero se reconocen individualmente sin necesidad de comparación mediante las distancias que estos rasgos presentan entre sí, algo que Dillon también controla a la perfección (lo que le permite a la vez que los personajes se diferencien entre sí y se parezcan siempre a sí mismos). Cada personaje tiene un conjunto de rasgos característicos (tipo de pelo, barba, nariz, forma de ojos) que lo hace claramente identificable.

La pega de este sistema es que como profesional requiere un gran esfuerzo. Muchos dibujantes simplifican el nivel de detalle para así poder trabajar más rápido y gozar de mayor libertad a la hora de plasmar la expresividad de los personajes. Sin embargo, el método de trabajo de Dillon imposibilita esto, obligándole a dotar de verosimilitud cada expresión. En otras palabras, si Jesse Custer existiera en la vida real, es probable que sus rasgos se alteraran (cuando sonríe, está triste, se cabrea, etc) de la misma forma en que lo hace en el cómic. Ahora bien, Dillon sí puede permitirse trabajar rápido: le basta tener bien claras las proporciones de los rasgos entre personajes porque, luego, su detallado está constituido a base de trazos repetitivos, de fácil ejecución, que mantienen la frescura del dibujo. Un buen ejemplo es la página que viene a renglón seguido: la cara de Custer está muy detallada, pero vean que las cejas, las sombras y los matices se componen de multitud de trazos regulares individualmente poco complejos, mientras que las verdaderas líneas maestras (las que definen la nariz, los labios o los ojos), son en realidad muy pocas.

Por último, comentar que las portadas de Glenn Fabry se basan en un estilo altamente detallista, pero que a diferencia del de Dillon, resulta hiperrealista y no tan suelto. Es probable que emplee técnicas de fotorrealismo pues en muchas portadas es fácil ver la sombra de Johnny Depp o Peter Weller bajo los rasgos de Custer. En todo caso, son portadas agresivas, que buscan más el efecto en el lector que la armonía compositiva. Todas ellas fueron recogidas en el libro Predicador: Vivo o Muerto, editado por Norma Editorial, e incluidas en el tercer volumen integral de Planeta.

Valoración personal

Ésta es probablemente la valoración más difícil que me ha tocado hacer hasta la fecha, así que veamos si puedo explicarme: Predicador es un cómic que, como dijeron tiempo ha en Cosas de frikis, mola. Como obra iconoclasta, hiperviolenta, gamberra, lapidaria y entretenida pocas le ganan. Es inevitable carcajearse y pasárselo bomba con lo bestia que es Ennis y lo gráfico que es Dillon, haciendo cómic lo más llamativo de las películas de Tarantino o Rodríguez. Ahora bien, uno la acaba y se encuentra con que no le ha dicho nada, que no va a ninguna parte y que termina cuando a Ennis le da la real gana. Podría pensarse que no todo tiene que ser profundo; que el entretenimiento sublimado y bien llevado es suficiente para que un cómic merezca estar en un lugar de honor en nuestras estanterías. Y así es. Pero el problema es que la serie tiene pretensiones que van más alla: pretende ser una loa a la amistad, a la camaradería y al “estilo de vida americano”. Y ahí es cuando falla estrepitosamente: los tíos duros no pueden tener excusas, y las series como éstas, tampoco. Ennis sí resulta más efectivo cuando introduce cierto cinismo y aire crepuscular en la trama (como en Salvación, uno de los mejores arcos argumentales de la serie, el que menos tiene que ver con la trama central y, sin embargo, el que más disfruté) pero son momentos muy puntuales.

Predicador entretiene, y divierte. Pero es demasiado larga, Ennis no tiene claro hacia dónde ir (mete demasiados argumentos centrales) ni cómo terminarla y acaba intentando abarcar un sentimentalismo y unas ambiciones emocionales que la serie ni puede ni debe cumplir. Entretiene, pero resulta excesiva; es gamberra, pero intenta trascender. Pero ¡ey! sigue siendo la bomba, marcó una época y se disfruta como ninguna otra serie. Recomendaría su lectura a cualquiera que no busque, a cada paso, una obra maestra. Básicamente porque Predicador no lo es; simplemente es un gran, grandísimo y carismático cómic. A mí, con eso… ya me vale.

Páginas recomendadas

Artículo sobre Predicador en la Wikipedia. En inglés, por supuesto. Resultan muy interesantes los resúmenes de cada TPB USA y los enlaces que analizan a cada personaje. También es recomendable echarle un ojo a la ficha en Comic Book Database. Y por último, también tenéis disponibles todos los comentarios originales de esta entrada.

Página sobre Predicador en la Guía del Comic. Excepcional reseña con mucho contenido, pero algo desactualizada en lo que se refiere a ediciones y vigencia de los enlaces. No obstante, sigue siendo un artículo de referencia en castellano.

Preacher’s Divinity. Sin lugar a dudas, la mejor página sobre esta serie, de referencia obligada para cualquiera que lea Predicador. Está en inglés, pero el contenido es interminable: noticias, fondos de pantalla, todas las portadas originales, comentarios de muchos números y un largo etcétera. Recomiendo asimismo echarle un ojo a este análisis en The Irish Journal of Gothic and Horror Studies.

Entrevistas imprescindibles. Sin duda la mejor se encuentra en Fortune City (más una recopilación de entrevistas que una en sí misma), aunque también son recomendables las de RTVE, la nuestra de creación propia, Orbzine, Sequential Tart, Publishers Weekly y Comics Bulletin.

Última actualización de este artículo: 17 de noviembre de 2013