Perros de la pradera

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Edición original: Chiens de prairie (Guy Delcourt Productions, 1999).
Edición nacional/ España: Perros de la pradera (Norma, 2000).
Guión: Philippe Foerster.
Dibujo: Philippe Berthet.
Color: Dominique David.
Formato: tomo rústica 56 págs.
Precio: 1.300 ptas.

 

Aunque los géneros decaigan, nunca se van del todo, y les basta un destello aislado para rebrotar en el corazón de quienes los amamos. ¿Cuántas veces se ha matado al western en los últimos diez, veinte, treinta años? Y ahí sigue, no voy a decir que con una salud de hierro, está claro que en un perfil bajo respecto a sus tiempos de gloria, pero ahí sigue, ya digo, con Tex, con Blueberry, con Durango o con el que toque. A veces, también, con relatos unitarios que se embeben de los viejos mitos para recuperar el sabor a sol, tierra y pólvora de los mejores exponentes del género, como este Perros de la pradera obra de Foerster (guion) y Berthet (dibujo).

Deadwood, 26 de julio de 1876. J.B. Bone es un pistolero de leyenda. Uno de los últimos que todavía hollan los caminos de un Salvaje Oeste a medio civilizar. Ladrón de bancos y asesino de mujeres, Bone se ve obligado a cuidar de un chaval mientras intenta cumplir la promesa que le hizo a un viejo amigo. Y el grupo de cazarrecompensas que le persigue tampoco ayuda demasiado…” [Extraído de la contraportada]

Berthet es sobradamente conocido por estos pagos al ser el dibujante de Pin-Up, el sentido homenaje que Yann (guionista) y él realizaron a Milton Caniff. A priori, su estilo caricaturesco no es el más indicado para la contundencia de una trama que, aunque evoca figuras legendarias (Wild Bill Hickcok, Calamity Jane, Custer, etc.), se inspira en la corriente desmitificadora que se ha dado en llamar “crepuscular”. En este sentido, puede señalarse la sombra de Sin perdón, dirigida y protagonizada por Clint Eastwood en 1992, con sus asesinos cansados y parcialmente redimidos. Berthet, que hace un buen trabajo con el ritmo del tebeo (a pesar de algunas decisiones cuestionables como la confusa planificación del atentado contra Wild Bill en págs. 11 y 12), carece de ojo para el paisaje, y en sus planchas muy rara vez vuela la épica de los espacios abiertos tan grata al género (algo que sí logró -por ejemplo- Rubén Pellejero en Lobo de lluvia). Los densos colores de Dominique David subrayan el caracter rocoso de figuras y escenarios, incluso en exceso.

Foerster, por su lado, sigue los patrones del género, con pistoleros, atracos, indios, cazarrecompensas y rebaños de búfalos. Sin embargo, en su núcleo anida una oscuridad que arrima la historia al noir, especialmente en su vertiente revisionista más truculenta (tipo Chinatown o La dalia negra), coqueteando incluso con el gore en el personaje de Tulsa Jake Black, quien acostumbra a cortar la cabeza de los fugitivos para no cargar con el cuerpo entero hasta las oficinas de la autoridad.

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Foerster enmarca la historia en la leyenda con el sencillo truco de ser narrada por un personaje conocido de la época, Calamity Jane (nacida Martha Jane Canary-Burke en 1852), dando así carta de naturaleza a su creación, el asesino J.B. Bone. Bone, encadenado a la promesa hecha a un amigo muerto, es un personaje trágico, un hombre que tomó demasiadas decisiones equivocadas. El escritor guarda un par de ases en la manga para que el relato, una sintética variación del hombre perseguido por sus semejantes, conserve la apreciada tonadilla general pero no suene demasiado visto. Acertadamente, se incide poco en el significado del título, por demás evidente. Solo en la página 15, J.B. lo explicita en el diálogo, refiriéndose a su mudo acompañante: “No eres mucho peor que un perro… ¡De hecho, mirándolo bien, serás una compañía mucho más humana!

Perros de la pradera dejará un buen sabor de boca en los aficionados al cómic en general y a los amantes del western en particular, con el aliento no de los grandes clásicos del séptimo arte (La diligencia, Río Bravo, Horizontes lejanos) sino de las nostálgicas y voluntariosas revisiones más recientes (Open Range, Apaloosa, Tombstone).

  Edición original: Chiens de prairie (Guy Delcourt Productions, 1999). Edición nacional/ España: Perros de la pradera (Norma, 2000). Guión: Philippe Foerster. Dibujo: Philippe Berthet. Color: Dominique David. Formato: tomo rústica 56 págs. Precio: 1.300 ptas.   Aunque los géneros decaigan, nunca se van del todo, y les basta un…
Guion - 8
Dibujo - 7
Interés - 8

7.7

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Nací siendo muy pequeño en Galicia y luego en Madrid fui creciendo hasta una complexión ordinaria. Entretanto, mi mente se volvió una turbulencia de Shakespeare, Lennon, Tarkovski o Superman que me ha llevado por extraños derroteros, incluyendo el periodismo económico y la presentación de actos en el Ritz. Cumplido el tercer año en Zona Negativa, aún sigo sorprendiéndome del cariño y la afición de mis lectores, la verdadera razón de ser de todo esto.

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