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Pedro y yo

 

Edición original: Pedro and Me (Henry Holt and Company LLC, 2000).
Edición nacional/ España: Astiberri (Colección Sillón orejero, 2008).
Guión y Dibujo: Judd Winick.
Formato: Novela Gráfica.
Precio: 16€.

 

Creo sinceramente que si George Orwell levantara la cabeza y viera la repercusión que ha obtenido su magnífica novela 1984, en particular su creación del estado totalitario definitivo bajo el nombre de “Gran Hermano”, él sería el primer sorprendido. Supongo que podría sentirse halagado de que David Bowie le dedicara parte de su álbum Diamond Dogs, así como de su influencia posterior en creadores como Alan Moore y David Lloyd, autores de V de vendetta. Ignoro la emoción que podría embargarle al descubrir que su crítica feroz al totalitarismo ha cuajado para millones de personas en un banal programa de televisión de esos que llaman reality show. Es, por demás, un misterio como dos grandes (y ácidas) novelas de ciencia ficción (1984 y Crónicas marcianas) han quedado impresas en el ideario popular como programas chuscos de entretenimiento. Pero no nos desviemos.

En 1993 el invento ya era tan exitoso que la MTV daba el visto bueno a la tercera parte del espacio The Real World, siguiendo las premisas de lo que aquí conocimos gracias a (o por culpa de) Mercedes Milá. Claro que mientras aquí nos dejaban perlas como “¿Quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza?” o tipos iracundos amenazaban con inflarnos a “yoyas”, allá en las Américas la cosa había adoptado un cariz diferente. Porque ¿se imaginan en España a un dibujante de historietas compartiendo habitación con un joven homosexual seropositivo, activista comprometido contra el SIDA? Pues allí tuvieron a Judd Winick y a Pedro Zamora y de eso es de lo que trata este libro.

¡Un momento!, diréis. ¿Cómo que dibujante de historietas? ¿Pero el Winick ese no es el guionista que recuperó a unos Outsiders en plan macarra? ¿Que pasó con más pena que gloria por la colección de Green Arrow, sucediendo a los inspirados Kevin Smith y Brad Meltzer? Pues sí… y no. O sea, es el mismo tipo, sí, pero entonces soñaba con vender su tira Nuts&Bolts a los diarios, siguiendo el camino de sus admirados Calvin&Hobbes. Y esta novela gráfica, una conmovedora oda a su amigo desaparecido, sigue los parámetros del llamado slice of life, donde las ilustraciones buscan la sinceridad y la empatía y no la recreación de modelos anatómicos perfectos. Y así Winick, que en sus encargos para los tíos en mallas resulta un escritor del montón, nos revela en esta, su obra más personal, una sensibilidad genuina y un dominio nada desdeñable de la narración en viñetas.

Dejar el mundo mejor de como lo encontramos

Esta doliente historia sobre la fugacidad de la vida, la pérdida y la memoria, está narrada en primera persona por Winick, si bien el centro de atención recae en Pedro Zamora. El profundo contraste entre ambos insufla vitalidad y verdad a cada línea, a cada imagen, a cada situación. En seguida se percibe que esta ha sido una labor de años. Y no porque sea informativamente denso, como suelen serlo aquellas que precisan un quintal de documentación, sino por lo contrario, es decir: por su depuración máxima. Todo fluye de manera natural, y sólo el ojo atento repara en los bruscos cambios de ritmo, en el juego entre caricatura y retrato, en la descomposición de la página en pequeñas viñetas que representan meses y años o en el efecto de una splash-page donde parece detenerse el tiempo. Hay mucha elaboración en la puesta en escena, pero no la clase de trabajo del genio que busca nuevas formas de expresarse sino la honrada dedicación de quien quiere que sus palabras y actos lleguen a todos de forma sencilla e inequívoca. O, por mejor decir, las palabras y actos de Pedro Zamora.

Pero ¿quién es Pedro Zamora? La respuesta simple: un inmigrante cubano que llega a EE.UU. a los 8 años, con su camiseta de Superman, y descubre a los 17 que es seropositivo. En los tardíos ’80 aquello era una sentencia de muerte, pero, lejos de desmoronarse, decide que los años que le queden los dedicará a vivir y a informar a los adolescentes de todo el país para que no contraigan la temible enfermedad.



La respuesta compleja: un ser humano, con todas las virtudes y miserias que ello conlleva, y que Winick ha sabido reflejar con una maestría que ni se le sospechaba. Tal vez uno de sus mayores logros consista en evitar la hagiografía. Pedro Zamora no es un héroe, al menos no como la perversión de la ficción nos ha hecho creer que son los héroes. No me refiero a que sufra, ame o muera, esos recursos con que los autores adornan a sus criaturas para pretender humanizarlas, sino a que no hay un plan detrás, a que las cosas no acaban cuando deben, sino de repente, a traición y sin una explicación satisfactoria que nos conforte con su sentido. Simplemente, suceden. Y los que quedamos tratamos de explicar lo que ha pasado, porque el dolor necesita respuestas. Esa es la sensación que todos hemos tenido al perder a un ser querido y es la que el autor ha logrado destilar para nosotros. Podemos ver a Pedro en una de sus charlas ante universitarios y descubrir al chaval que fue detrás de la misma parafernalia de la oratoria, en uno de sus momentos más altos. Pero también podemos ver la muda súplica de sus ojos cuando la enfermedad le está matando sin remisión. Y sabemos la comida que le gusta, y asistimos a su nerviosismo por la cita con el hombre que será, finalmente, su marido.

En otro importante aspecto se alza Winick victorioso. No hay morbo alguno en este drama. No se oculta la homosexualidad de Pedro, ni su precocidad sexual, ni su lugar de origen, ni los aspectos más indecorosos del VIH; tampoco se magnifican, justifican o poetizan. Son sus circunstancias, inseparables de lo que fue, pero incapaces, por sí solas, de revelar lo que fue o, al menos, todo lo que fue. La dimensión humana del relato aplasta cualquier posible polémica sobre su contenido y su pasmosa sencillez nos gana sean cuales sean nuestras sensibilidades o preferencias.

Como en los telefilms al uso, Pedro y yo acaba con un “Qué fue de… ” Por una vez, no resulta forzado. Tal vez aquí la palabra impresa tenga ventaja sobre la imagen. O tal vez la misma obra sea un gigantesco “¿Qué fue de Pedro Zamora?”, por lo que se lee casi como un epílogo.

Winick salió muy contento de The Real World. Hizo amigos. Conoció a su mujer. El show le dio popularidad. Pero, a lo que a nosotros compete, le proporcionó una experiencia de hiper-realidad que le permitió abordar con éxito y conocimiento esta empresa. La amistad que relata con Pedro es intensa y sincera, aunque no muy larga: unos pocos años. Sin embargo, las circunstancias que concurren (desde el programa de televisión a la situación de su amigo) propician un entendimiento que no se alcanza, a menudo, en toda una vida.

Publicado en su país de origen en enero de 2000, Pedro y yo recibió elogios de destacados profesionales como Neil Gaiman, Brad Meltzer, Phil Jimenez, Greg Rucka o Frank Miller y se hizo con seis premios de la American Library Association, además de ser elegido mejor libro del año por Publisher Weekly y ser candidata a los Eisner. En España ha sido publicado por Astiberri en un imprescindible tomo en rústica de casi 200 páginas por 16 euros.

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Javier Agrafojo

Nací siendo muy pequeño en Galicia y luego en Madrid fui creciendo hasta una complexión ordinaria. Entretanto, mi mente se volvió una turbulencia de Shakespeare, Lennon, Tarkovski o Superman que me ha llevado por extraños derroteros, incluyendo el periodismo económico y la presentación de actos en el Ritz. A punto de cumplir el año en Zona Negativa, aún sigo sorprendiéndome del cariño y la afición de mis lectores, la verdadera razón de ser de todo esto.

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3 Comentarios

  1. #1

    Leí esta obra en su momento y la recomiendo absolutamente. Si bien estamos acostumbrados a obras de since of live autobiográficas en el panorama independiente, aquí hay una sensibilidad y un sentido de la observación que va mucho más allá del ombligismo. De hecho, el protagonista de esta historia no es el autor, sino Pedro. Y, como bien dice la reseña, lo aborda todo con gran sensibilidad y sin caer en los tópicos, siendo la fuerza vital de Pedro el eje vertebrador.

    Magnifica reseña de una gran obra, que no se parece en nada al Winick escritor de supers que conocemos. Si bien muchos autores escriben magníficamente supers pero cuando se lanzan a obras más personales éstas quedan flojas, en este caso es lo contrario. Por eso, yo muchas veces me he preguntado por qué el amigo Winick no ha hecho más obras por ese estilo (o al menos yo no las conozco) en vez de la enésima tontería sobre Catwoman.

    Por añadir algún defecto, a mí personalmente me resultó un poco floja la parte que habla del show de gran hermano en sí. Quizás sea mi lado cotilla, pero creo que esa parte no está del todo bien perfilada y muchos personajes desaparecen sin más…

  2. #2
    El Asombroso Espaiderman

    Hay muy pocos cómics que realmente me hayan hecho soltar una lágrima, y este es uno de ellos. Sin duda, lo recomiendo a todo el mundo.

  3. #3
    Javier Agrafojo

    Spirit, es cierto que los protagonistas de The Real World pasan como de puntillas, excepto Pedro y Pam, pero yo lo prefiero así para no perder intensidad en hilos argumentales que no conducen a nada. Lo del chófer, por otra parte, es un apunte surrealista de quitarse el sombrero.

    Espaiderman, los tipos duros como nosotros no lloran. Digamos mejor que se nos metió una arenilla en el ojo… ;-)

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