Marvel Limited Edition. Especial Vampire Tales

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Bienhallados todos los asistentes a estén festín vampírico y sobrenatural que ha tenido a bien recuperar el binomio Panini y SD Distribuciones. Vampire Tales es el nombre de un magazine editado con el sello Curtis, la parte de la editorial Marvel dedicada a las revistas en blanco y negro para adultos, recuperado de forma íntegra para el mercado español en un único Marvel Limited Edition. La relajación del Comics Code Autorithy durante los setenta y la búsqueda de nuevas temáticas por parte de Stan Lee y sus editores, propició un floreciente mercado con renovados géneros por explotar, muchos en estas revistas pensadas a un un tamaño mayor al habitual (aspecto no respetado en la edición española), en estricto blanco y negro, y libres del paso por el organismo censor. La espada y brujería, las artes marciales y, sobre todo, el terror forman parte de esas cabeceras que ayudaron a diversificar la editorial en un momento muy necesario. Nos quedamos con la temática del horror, pues fue de las más exitosas. Y entre toda su producción, fijamos la vista en el magazine exclusivo de los vampiros, reproducido tal como salió al mercado originariamente (algo así como se hizo en Amazing Fantasy, aunque éste era en formato cómic). Tenemos ante nosotros todo un manual al gusto de los amantes de los no muertos, la sangre y el ambiente de ultratumba, pues esta cabecera no solo destaca por sus historias, con un nivel de atrevimiento superior al de sus hermanos en comic-book , sino que aporta curiosidades en forma de artículos, fotografías y mucha información sobre el mundo del vampirismo. Nótese que se deja fuera al más famoso de todos ellos, el Conde Drácula, por disponer el noble transilvano de su propio espacio en revistas análogas.

Al abordar este especial se ha decido dividirlo en varias partes. Para comenzar, debido a la abundancia de datos sobre el fenómeno vampírico localizados en el volumen, hemos tratado de ordenar la información más relevante para facilitar la tarea al lector. Al contar con personajes muchas veces ajenos al Universo Marvel, en historias autoconclusivas, se ha preparado un estudio de aquellos que sí tienen lazos con el resto del entorno compartido. Dejamos para el último punto la reseña en sí del volumen, donde exponemos nuestras impresiones generales sobre el MLE. Sin más dilación, vayan preparando sus abalorios anti-vampiros pues la hora más oscura se acerca inexorable. Y el momento es ahora.

The Vampyr. El mito

A menos que sean especialmente duchos en el tema, cuando hablamos de vampiros y vampirismo lo más socorrido es recurrir al “Drácula” de Bram Stoker como el primigenio molde maestro de una moda que acabó extendida como la pólvora. No vamos a negar la influencia de la obra del escritor irlandés, pero sí es cierto que la información sobre estas criaturas de la noche se remonta a épocas muy antiguas y la variedad del mito ha transformado leyendas en muchos y variados territorios. Tampoco es nuestro objetivo hacer un exhaustivo y detallado recorrido por la historia del fenómeno, pero sí nos proponemos acotar un poco las referencias disponibles, lo que nos va a ayudar a comprender mejor el tomo que tenemos entre manos.

En civilizaciones tan antiguas como las que se circunscriben a las zonas geográficas de la arcaica Babilonia se habla de seres que volvían de la muerte en busca de sangre caliente. En las cercanías nos encontramos con los asirios, que reconocen a Ekimmu, un espectro que devoraba casi íntegramente a sus víctimas. Sin alejarnos mucho, en el Valle del Éufrates se ha localizado en una cueva un extraño pictograma que ha dado mucho que hablar, pues se interpreta como un hombre copulando con una vampira…sin cabeza. La explicación más difundida es que el objetivo del pictograma era ser una especie de advertencia ante la posible visita de tan incómodos huéspedes; disuadir su posible intención de penetrar en la cueva. No es complicado conectar estas tradiciones con una historia vampírica en toda regla. En el Egipto de los faraones es muy conocida la leyenda de Sekhmet, la diosa leona (representada con la cabeza del citado animal, cuerpo de mujer y el obligado disco solar). A pesar de ser una divinidad sanadora, su periplo comenzó como portadora de males, llamada para castigar a la humanidad revoltosa. Lo más importante para nosotros es que hay relatos que exponen como bebía sangre de sus víctimas. En la antigua Creta forman parte del folclore popular los Katalkanas, cuya definición como no muertos en busca de sangre tiene el suficiente parecido para emparentarlos con nuestros protagonistas. En la Grecia clásica tenemos a Lamia, cuya representación como mitad humana, mitad serpiente, aportaba una imagen terrorífica para una buscadora de sangre humana. Por no hablar de los Rakshasa de la India, descritos por los autóctonos como espíritus malévolos que daban vida a cadáveres, aunque su festín principal en este caso fueran animales, y no tanto los humanos. En realidad, tales mitos y leyendas se sustentan en la importancia de la sangre como elemento revitalizador en las culturas antiguas.

La transfusión y permeabilización de los mitos y leyendas en la antigüedad produjo que se extendieran por diversos territorios. Respecto a los vampiros, es conocido que se divulgaron a través de la Ruta de la Seda, tierras eslavas y los Cárpatos, donde arraigaron de forma fehaciente. El tejido formado alrededor de este concepto quiso ser legitimado más allá de toda duda, por lo que se iniciaron una serie de historias que los emparentaban con el inicio de los tiempos. Toca hablar del Antiguo Testamento, pues hasta aquí se pretende conectar con el primigenio vampiro. Lilith fue la primera mujer de Adán, anterior a la archiconocida Eva. Creada a imagen y semejanza de Dios, acabó siendo un experimento fallido ya que su alma era oscura. Toda la descendencia engendrada por ella resultó ser espíritus malignos, por lo que fue desterrada. Esto no fue motivo para que ella dejase de entregarse al placer de beber sangre. Otra teoría habla de que el primer ejemplar vampírico fue nada más y nada menos que Caín. Cuando el hermano malvado mató a Abel, fue igualmente desterrado con la maldición de una sed de sangre insaciable y un terror inapelable a la luz del sol. Hay incluso quien afirma que Lilith y Caín llegaron a interactuar en forma de poderosos aliados.

El sugerente poder que fue conformando en el imaginario popular la figura del vampiro no tardaría en tener reflejo en el ilustrado campo de la literatura. Sin embargo, algún tiempo antes de eso, un clérigo francés llamado Auguste Calmet, exponía al mundo sus investigaciones sobre el tema en el “Tratado sobre los Vampiros” (fechado en 1746 y publicado en Paris). Un erudito de la iglesia católica que hablaba sin pudor sobre los resucitados que salen de su descanso eterno para hurtar la sangre de los vivos. Y así comenzaron todos los mitos al respecto, como su asociación a los murciélagos, la imagen arquetípica o los variados métodos para terminar con su no-vida. Calmet sería el primero de muchos en dejar sus impresiones acerca de los vampiros de forma escrita, unas obras que nos introducen en todo un submundo, con distintos enfoques e intenciones según los autores responsables.

Uno de los primeros atrevidos que se propuso tocar el tema es Wolfang von Goethe. El autor de “Fausto” tomó como base una antigua historia de Flegón de Trales (historiador del S.II d.C., originario de la zona de Lidia) para narrar un poema donde un joven visita a su amada justo antes de su matrimonio para descubrirla muerta. Pero este no es el fin de la oda, ya que el destino de la muchacha es convertirse en vampira y vagabundear en busca de sustento. El S.XVIII fue prolífico en este tipo de aportaciones y hay datados numerosos poemas menores, entre los que podemos citar “Der Vampir” de August Ossenfelder, donde la fascinación por la muerte y el acceso a las bondades ocultas de una virgen nos muestran un ejemplar vampírico de lo más romántico; “Werke” de Christoph Martin Wieland, escritor que se movió entre temas más bien etéreos, como este escrito de juventud, y otros más trascendentes; y “Lenore” de Gottfried August Bürguer, donde el amor incondicional de una dama hacia su caballero vampiro le hace cabalgar a través de un trayecto dominado por los muertos, tras el cual su destino será fatal. En esta tesitura, ni siquiera la sacrosanta ópera se libró del influjo de esta moda. Italianos y alemanes son las estrellas rutilantes de medio por lo que huelga decir que provendrán de estos territorios las más importantes aportaciones (Dissertazioni sopra i Vampiri, I Vampiri, Der Vampyr).

Llegados a este punto toca hablar de la que se considera una de las primeras obras capitales respecto al vampirismo, “El Vampiro” de John Polidori. Cuentan las leyendas que esta creación literaria fue gestada en aquella tarde lluviosa, a orillas del lago Leman, donde Mary Shelley, Percy B. Shelley, Lord Byron y el médico de éste, John William Polidori, se retaron a escribir cada uno un relato de misterio sobrenatural para pasar el rato. Ahora sabemos que de aquí surgió “Frankenstein o el moderno Prometeo”, pero también una pequeña composición de apenas cuarenta páginas, primero atribuida a Byron, aunque luego reclamada por el tal Polidori, no tan conocida por el gran público. Esta obra, ciertamente menor, se considera la piedra de toque del vampiro tal y como lo asumimos en la sociedad occidental. La historia es realmente simple; Lord Ruthven es un encantador noble inglés con muchos y variados atributos. El Sr. Aubrey, un nuevo rico de la Inglaterra industrial, cruza su camino con este Lord y queda innegablemente prendado de su carisma, tanto como para acompañarle en un viaje (es la época del Grand Tour) a la Europa continental. Ruthven hace gala de comportamientos extraños, incluso amorales para Aubrey, por lo que éste decide seguir su camino en solitario. Grecia será el destino final, donde ambos reencuentren sus caminos y Aubrey sea consciente de cómo se las gasta el noble inglés, vampiro hasta la médula, como todos han podido suponer. Literariamente, no se puede decir que sea un dechado de virtudes pero la sabia contraposición entre realidad y deseo, encarnada en los dos caracteres capitales, hace que veamos en este relato uno de los principales atractivos por lo que el vampiro se torna todo un estereotipo. No pocos han señalado la influencia de la figura de Byron en el personaje de Ruthven, ya que se le tiene por uno de esos escritores excéntricos, polémicos y de carácter complicado. Polidori, que tuvo que sufrir su compañía por motivos profesionales, bien pudo derivar mucha de su experiencia personal con Byron en el primigenio vampiro. El libro “The Vampyr” gozó de cierto éxito en la época, incluso obtuvo traducciones libres en otros países (caso de Alemania o Francia, donde tenemos “Lord Ruthven ou les Vampires”). Polidori fue totalmente ajeno a este reconocimiento. Se suicidó en 1821, de forma triste y solitaria.

El Siglo XIX no está exento de sus propios hitos con respecto a la temática, destacando aportaciones de maestros como Arthur Conan Doyle con “El Parásito”, donde el escritor nos narra la historia de una especie de vampira psíquica; o el peculiar acercamiento de H.G. Wells en “El florecimiento de la extraña orquídea”, donde el protagonista no tiene forma humana sino que es una “sencilla” planta. Aunque si hay que detenerse en una influencia palpable en el género ese es “Varney el Vampiro o el Festín de Sangre”, atribuido a James Malcolm Rymer y a Thomas Preskett Prest. Un gigantesco mamotreto de más de ochocientas páginas (precisando que habían repetidas en el original), presentada en origen como novela por entregas, en el que sus autores trataron todo tipo de tópicos sobre el vampirismo. Lo realmente importante de esta obra es que, pese a que el protagonista se comporta al inicio como un malvado de manual, tiende a presentarse con el paso del tiempo como un arrepentido, aquel que es consciente de su siniestra naturaleza, pero a la vez lucha contra ella. Este modelo, hasta ahora desconocido, tendrá una abundante representación posterior (baste citar el mismo ejemplo de Morbius en la editorial Marvel). Mucha de la imaginería mostrada en esta novela también servirá de inspiración a Stoker. Podríamos seguir largo tiempo nombrando más ejemplos pues la lista se antoja bastante extensa: “El Vampiro” de Reginald Hodder (1913), “Porqué la sangre es vida” de Francis Marion Crawford (1905), “Carmilla” de Sheridan Le Fanu (1872), o el “Drácula” de Bram Stoker (1897), serían algunos de ellos, y este último punto es de obligado receso.

Libro fundamental para comprender el fenómeno y clásico de la literatura universal, la grandeza de este creación no se cimenta en la originalidad, ya que como hemos repasado en líneas anteriores, adopta muchas de las bases ya presentadas en “El Vampiro” de Polidori o en “Varney” de Rymer y Prest. La gran aportación es su espectacular armazón estilístico, constituido no únicamente en forma de novela, sino que utiliza recursos tan variados como la epístola, diarios, artículos de prensa o informes clínicos; todo un prodigio en el que la prosa del narrador nos introduce sin tapujos en los mundos del Conde Drácula y consigue atraparnos de forma instantánea, no solo por su lujosa ambientación, también por su agudo tratamiento de personajes. Es bien sabido que las nociones del vampiro fueron tomadas en base a las historias que circulaban sobre un personaje histórico conocido como Vlad Teples (Vlad Draculea, era su nombre original). Un príncipe rumano del S. XV, héroe de guerra y enemigo acérrimo de los otomanos, su sobrenombre de “Empalador” le vino por ser su método preferido de ejecución; gusto que debió exceder de lo normal pues se han documentado auténticos bosques de empalados. Esa fama de sanguinario fue la que le vino a la cabeza a Stoker en cuanto ideó a su carismático protagonista, aunque tuvo que remozarlo como un aristócrata rumano del S. XIX venido a menos. Como buen imprescindible, este texto ha sido copiado, homenajeado y adaptado en incontables ocasiones. Incluso se cuentan versiones apócrifas que hablan de la resurrección y vuelta a la vida del rey de la noche tras el final del “Drácula” de Stoker.

No hacemos el descubrimiento del siglo si hablamos de la novela de Stoker como el culmen del fenómeno vampírico. La imagen del Conde es conocida en todo el globo, además como parte de la cultura de masas, al haberse trasladado al cine en numerosas ocasiones. Ya le podemos poner la cara que deseemos, la clásica de Bela Lugosi, la de Christopher Lee o la de Gary Oldman en la adaptación hecha por Francis Ford Coppola, el buen Drácula es parte del imaginario popular y principal impulsor de la moda del vampiro. Subgénero este que tiende a reaparecer en épocas cíclicas y que vive sus últimos momentos de gloria instalado en las cómodas faldas de la literatura juvenil (con el fenómeno “Crepúsculo” y demás sucedáneos por bandera). Pero si en algún detalle destaca este Vampire Tales es por dejar fuera al más importante de los no-muertos (básicamente, porque ya contaba con una cabecera regular en comic-book, Tomb of Dracula, y un magazine en exclusiva, Dracula Lives!), y centrarse en un buen puñado de historias manejadas por vampiros anónimos, desconocidas criaturas de la noche, que van a guiar nuestros pasos por los once números que rellenan el contenido del tomo. Si acaso, alguna cara conocida sí tendremos, personajes Marvel con un mayor recorrido editorial, y a ellos les dedicamos los siguientes puntos.

Morbius. La maldición hecha ciencia

Michael Morbius es un componente fundamental en esta recopilación de Vampire Tales. Es el eje conductor más estable en todo el volumen pues aparece en la práctica totalidad de los once magazines. La historia de este científico hecho vampiro hay que retrotraerla al año 1971, cuando Roy Thomas y Gil Kane continuaron en ese persistente intento de horadar el organismo censor que se escondía bajo el sello del Comics Code Autorithy. Ya se había conseguido un gran éxito al presentar la “Trilogía de las Drogas” en Amazing Spider-man sin la aprobación del Code, lo que se tradujo en una bajada de los inflexibles parámetros de la moral bien pensante. Lo más llamativo es que se podían recuperar aspectos del género del terror, hasta ahora estrictamente prohibidos desde la instauración del Comics Code. Roy Thomas, como aventajado pupilo de Stan Lee, vivió ese proceso en directo, ya que fue parte activa. Thomas era el habitualmente designado para continuar en colecciones allí donde se veían abandonadas por el editor jefe, y la cabecera del trepamuros no iba a ser una excepción. El caso es que al bueno de Roy nunca le gustó Spidey y no tuvo un mayor interés que el de cubrir la papeleta. Lee y Kane habían pertrechado un #100 donde de obsequio por tamaña efeméride le adjudicaban unos cuantos brazos extras al pobre Peter. Thomas tuvo que lidiar con esta trama pero su principal objetivo fue añadir un villano en forma de vampiro. Por fin las criaturas de la noche estaban disponibles en la Casa de las Ideas.

Tanto Roy, como guionista, Gil Kane, como dibujante, y Lee como editor, pusieron ideas en común para ver cómo podían introducir sin estridencias un no-muerto en la cabecera. Thomas y Kane eran partidarios de que fuera el vampiro por antonomasia, Drácula, la flamante estrella invitada. A Stan no le parecía que el viejo conde casase con el trasfondo de Peter Parker, por lo que finalmente se optó por la solución salomónica: vampiro, sí, pero de nuevo cuño y con su propio disfraz, acercándolo a la imaginería superheroica. El equipo creativo giró hacia la ciencia ficción, algo que Thomas no tiene reparos en admitir (de hecho, cita literalmente un cinta de terror serie B del año 1957 titulada “El Vampiro” como fuente directa de cómo se convirtió en una criatura de la noche y otra película del 56, “Planeta Prohibido”, de donde extrajo el nombre de Morbius). Gil lo dibujó con un sencillo atuendo y le dio la cara de Jack Palance, un reconocido actor que estaba de moda en la época. Ya teníamos los moldes para introducir el producto en el horno, y ese momento es Amazing Spider-man#101.

Tenemos a Parker metido en un embrollo monumental, pues de repente se ve,nada más y nada menos, que con cuatro brazos extra, muy cercana a la imagen de una auténtica araña. Enseguida se da cuenta de que hay alguien que puede tener la solución al problema, el doctor Curt Connors, alias el Lagarto. Concretan un punto de reunión en la casa de Southampton del doctor. Tras esto, nos dirigimos a un barco que surca tranquilo el ancho mar. En apariencia pues una serie de extrañas muertes señalan al misterioso huésped de la bodega. En efecto, es Michael Morbius, el vampiro viviente. El citado tripulante es atacado por la totalidad del pasaje y no tiene más remedio que saltar de la embarcación….para recalar en el punto de encuentro entre Spiderman y Curt Connors. A partir de aquí ya pueden imaginar que el conflicto no se hace esperar. La trama dura hasta el #102, ejemplar en el que tenemos un importante interludio donde Thomas y Kane nos muestran un poco de luz sobre el personaje (interludio reproducido en Vampire Tales#5, en elegante blanco y negro).

Michael era un prestigioso investigador europeo (griego a más señas), galardonado con el Premio Nobel por su labor en la investigación bioquímica. Todo iba sobre ruedas, trabajando codo con codo con su colega Nikos, y con una tranquila vida sentimental junto a Martina. Hasta que una extraña enfermedad sanguínea comenzó a afectarle. Al ser su campo de experimentación, el doctor Morbius decidió sobrepasar la barrera de lo aceptable y dio inicio a un programa que involucraba murciélagos de raíz vampírica. Todo un cóctel atronador que terminó por convertirlo a él en un nuevo tipo de vampiro de corte científico cuando se sometió al proyecto como conejillo de indias. Morbius ya no tendría que lidiar con esa enfermedad; otra dolencia mucho más malvada vendría a sustituirla, la sed de sangre. El buen Nikos fue su primera víctima y desde ese instante percibimos al personaje con muchas aristas, para nada un despreciable ser entregado al placer de la sangre. Al contrario, el desdichado bioquímico debe saciar su sed porque se encuentra en su renovada naturaleza, pero se muestra arrepentido cada vez que comete actos de felonía hacia la humanidad.

Como hemos dicho, la historia finaliza en el #102, con Peter recuperando su imagen habitual y Morbius desaparecido en un rio, sin paradero conocido. Sería otra colección relacionada con el trepamuros, Marvel Team-Up, la que trajera de nuevo a colación al premio Nobel hecho vampiro. En el #3 (año 1972, fecha de portada), recuperamos la triste figura del caballero vampiro, recibiendo ayuda por parte de dos inocentes humanos. Los 4F, en los zapatos de la Antorcha Humana, se verán involucrados en la búsqueda de Morbius, a petición de Martina. En el #4 entran en acción los X-Men, para enredar si cabe un poco más la madeja. Tras estos pequeños entrantes y su debut, pasa a formar parte de un entorno más propicio encarnado en las revistas para adultos.

Correcto, ya tenemos a Morbius en Vampire Tales (fecha de portada 1973). Un confundido personaje que busca su hueco en la humanidad y termina por encontrarse con Amanda Saint, perseguida por un culto demoniaco, más concretamente, seguidores del Demonio del Fuego. Los lazos entre Amanda y Michael sustentan la pesquisa acerca de la parentela de la muchacha, mientras que el constante asedio del culto infernal no les pone las cosas fáciles. Nos encontramos ante las historias más inspiradas del personaje, ya no solo por los autores implicados (donde destaca un Don McGregor en gran estado de forma), sino porque un caracter como este necesita un enfoque más oscuro, más sangriento, para alcanzar su potencial. En sus actuaciones previas en comic-book, Morbius se comporta como un villano, por momentos cerca de ser un anti-héroe, y apenas se le muestra en su vertiente vampírica. Aquí seguimos disfrutando de sus aristas, de sus intentos de rechazar su naturaleza, pero cuando ésta sale a la luz, se muestra en toda su crudeza. Vampiro ahora, vampiro siempre.

El buen recibimiento de sus actuaciones en Vampire Tales propició que se le otorgara un segmento en el cómic Adventure into Fear (#20-31, desde febrero de 1974 hasta diciembre de 1975, fechas de portada). Luchando contra cultos de todo tipo, y sustentado por escritores de talento como Steve Gerber, Mike Friedrich, Doug Moench o Bill Mantlo, volvemos a la vertiente más superheroica, aunque no se deja de tratar el problema del vampirismo en lo que respecta a su portador. Y es que de nuevo estamos en el terreno del comic-book y hay que lidiar con el Comics Code. Una breve vuelta al sector de los magazines en Marvel Preview#8, titulada de forma acertada Legion of Monsters, y luego un lento peregrinar como secundario, casi siempre en el entorno de Spiderman. Incluso, a inicios de los ochenta, se llegó a jugar con su posibilidad de una curación, aunque rápidamente esa idea quedó desmontada (Peter Parker The Spectacular Spider-man#38). Con la llegada de los años noventa, y adscrito al fenómeno “Rise of the Midnight Sons”, obtuvo su cabecera más longeva, con el inicio del volumen 1, compuesto por 32 ejemplares regulares, e iniciado por Len Kaminski y Ron Wagner.

Este se puede considerar su mayor logro pues poco más relevante se le puede extraer a nivel editorial. Se sabe que se registró en Civil War y que estuvo adscrito a A.R.M.O.R., grupo de operaciones interdimensionales especialistas en zombis y demás criaturas de la noche. También fue visto durante los hechos de Spider-Island, colaborando con Franken-Castle (la versión del Punisher hecha a retales tras su lucha con Daken durante el Reinado Oscuro) e incluso durante los momentos finales de la vida del Doctor Octopus con la mente de Peter Parker. Una última vuelta de tuerca al personaje se produjo en 2002, con motivo de Marvel Now!, ya que desde las altas instancias se dio luz verde para el segundo volumen de Morbius. Una cabecera fallida pues apenas duró nueve números. El intento por parte de Joe Keatinge y Richard Elson de ubicar las aventuras de Morbius en un entorno urbano, con historias apegadas a la realidad más que a la fantasía, no obtuvo el respaldo del aficionado. Y desde entonces, nada más se supo.

Morbius es un personaje peculiar, tremendamente adscrito al credo marveliano. Un ser dotado de increíbles poderes por los azares de la ciencia pero dibujado con unos evidentes pies de plomo, y no ajeno al toque melodramático al persistir su tira y afloja romántico con su amada Martina. Tiene el honor de ser el primer vampiro de la editorial, antes de que Drácula se convirtiese en una estrella en la Casa de las Ideas. Y no se puede negar el potencial como anti-héroe trágico, pues mal que le pese al pobre Michael, esta maldición le va a acompañar lo que le reste de vida.

Satana y Lilith. Las hijas del Averno

Aunque circulamos por terrenos adscritos al vampirismo, en este volumen podemos encontrar alguna que otra historia que se aleja un poco de ese esquema, pero siempre con el terror como fin último. Y que elemento causa tanto horror, si acaso todavía más que el vampiro, tal que el mismo diablo. Hay que ser preciso, aquí debemos centrarnos en Satana, la hija del mismísimo. En unos años donde para añadir diversidad de género en los cómics se pensaba en hacer versiones femeninas de variados personajes Marvel, en el Bullpen optaron por presentarnos a la hija del demonio en Vampire Tales#2, cortesía de Roy Thomas y John Romita Sr. De hecho, fue el mismo Thomas el que presentó una versión sui generis del mismo diablo por primera vez en la editorial con su etapa en la cabecera de Doctor Extraño. Dibujado por Gene Colan, se nos mostraba con la personalidad de Satanish, ya que la diversificación de demonios y diablos desde aquellos lejanos días ha dado para auténticas dinastías; al fin y al cabo, no dejan de ser representaciones del mal puro, en diversas variantes y encarnaciones. Así pues, al Diablo con mayúsculas no lo hemos llegado a ver en los cómics Marvel (como tampoco a su contrapartida en forma de Dios, único y verdadero….bueno en realidad sí; razón a Steve Englehart y Frank Brunner). Pero sabemos que sus dos vástagos oficiales pasean por la Tierra y los infiernos con el apellido Hellstrom. Al bueno de Daimon lo vamos a dejar de lado, pues no hay ninguna aportación suya al tomo, y pasamos a quedarnos con Satana.

Retornamos a octubre de 1973, fecha de portada del segundo número de Vampire Tales, donde una pequeña historia de cuatro páginas impacta en el lector. El talento de Romita Sr. hace que sigamos los pasos de una joven en la oscuridad de la noche, por barrios más bien abandonados. Esto tiene mala pinta, ¿verdad? Pues sí, las obscenas criaturas que surcan la noche acechan a la muchacha que resulta ser la peor de ellas, Satana, la hija del Diablo. Este pequeño aperitivo constituyó el inicio de un pequeño serial dedicado a su persona en el magazine. Su objetivo primordial es localizar almas deshonestas prestas a ser pasto de su voraz apetito. Y de vez en cuando, tratará de comprender este extraño mundo al que su padre se ha empeñado en enviarle. Thomas y Romita ya no volverían a interactuar con el personaje. Recogen el testigo Gerry Conway, al guion, y Esteban Maroto, al apartado artístico. El impacto causado por los dibujos del artista español fue tremendo en el Bullpen, tanto que hay un artículo propio en la revista explicando la intrahistoria de la creación del personaje, la llegada de Maroto y su renovada aportación gráfica al mismo. Así, sabemos que la idea de incluir a la hija del demonio fue de Stan Lee; luego Thomas (que no aporta una gran cantidad de texto al magazine pero era el editor principal de la línea de revistas) y Romita se plantearon retar al lector, presentando tres personajes distintos, sin identificar quien era la auténtica Satana hasta el final. Ese tratamiento quedó descartado y se prefirió jugar con la ambientación y la narrativa gráfica como mejor solución.

En Vampire Tales ya la tenemos formada como constructo demoniaco. Sus aventuras y desventuras en forma de búsqueda de almas se asumen como consustancial al personaje. Para descubrir su relación con el Diablo tenemos que dirigirnos a Marvel Spoptlight#13 (fecha de portada 1974), curiosamente un tebeo que nos muestra el origen de su hermano mayor, por ende, el suyo también. Nacidos como hijos de Victoria Hellstrom, una mujer normal y corriente, se revela que el marido era el mismo diablo en persona. Incapaz de asumir tal detalle, la madre murió al poco tiempo, por lo que la tutela de los chicos quedó para su maléfico padre. No sería hasta Marvel Premiere#27 (fecha de portada 1975) donde nos centramos en la propia Satana, ya que esta aventura se considera anterior a su periplo en Vampire Tales. En este cómic la vemos batallar contra un peligroso demonio llamado Basilisco.

No se puede decir que sea un personaje con una larga y compleja carrera editorial. Ha sido utilizada con cuentagotas y muy adscrita a las series con bases cercanas al terror y a lo sobrenatural. En el campo de las revistas para adultos, se puede apuntar que se dio una vuelta por Haunt of Horror#5 (fecha de portada 1975), donde Chris Claremont y George Evans nos enseñaban una Satana más infernal que nunca. Luego, es necesario resaltar que ha paseado de manera ocasional por el entorno del Doctor Extraño (al igual que su hermano Daimon). En tiempos recientes, ha sido parte durante una buena temporada de los Thunderbolts liderados por Luke Cage, especialmente en la porción final donde estuvieron perdidos por el espacio-tiempo. Por el momento, parece que la Hija del Diablo ha preferido refugiarse en los submundos. Eso no ha sido impedimento para que le haya causado problemas al nuevo y diferente Doctor Extraño de Jason Aaron y Chris Bachalo. Con Satana nunca estamos suficientemente alerta.

Otro personaje femenino Marvel del que tenemos representación en el magazine es Lilith. De este caracter tenemos un par de encarnaciones que quizás haya que aclarar. La primera es una historia de una sola página aparecida en Vampire Tales#4. A cargo de Tony Isabella y Ernie Chua, echamos la vista atrás, hacia tiempos bíblicos, y observamos a Lilith como la primera esposa de Adán y su paso paulatino a tener el honor de ser la primera vampira de toda la humanidad. Esta visión procede de tradiciones antiguas, pero no es la que realmente nos interesa. En Vampire Tales#6 (fecha de portada 1974) recuperamos a Lilith, la hija mayor (porque el viejo conde tiene más descendencia) de Drácula. Con el equipo creativo compuesto por Marv Wolfman y Steve Gerber al procesador de textos, y Bob Brown y Tom Palmer al dibujo, hace acto de aparición en su forma vampírica en una trama que atañe a padres e hijas, como no podía ser de otra forma. El personaje había sido creado ese mismo año en Giant Size Chillers#1 por Wolfman y Gene Colan, los artífices fundamentales de la Tumba de Drácula, aunque basado en un diseño de John Romita Sr. (autor también de la portada del especial). El aspecto físico del personaje se buscó de forma intencionada que fuese en consonancia con el de su padre. Sabemos de la historia de Lilith como hija natural del conde y de Zofia, la primera esposa del rey de los no muertos. Llegado un punto, Drácula se cansó de su mujer y buscó nueva compañía, por lo que ambas acabaron desterradas del castillo familiar. Zofia no pudo aguantar tal desaire y se suicidó, dejando huérfana a la pobre niña. Ésta terminó por ser adoptada por una familia gitana, conocedora de hechizos varios, pues cuando el vampiro acudió a reclamar a su hija, la madre adoptiva, llamada Gretchin, formuló las palabras mágicas que le dieron los singulares poderes vampíricos a Lilith. Se diferencia de su padre en cuanto a que no tiene ningún temor por los símbolos sagrados y no le afecta el calor del sol, lo que la hace distinta del resto de sus congéneres. La relación entre padre e hija ha sido complicada, y no siempre en plena sintonía, pero eso no hace a la hija de Drácula una persona de confianza. De hecho, las sucesivas muertes de Lilith han producido que haya ocupado algunos cuerpos de personas especialmente odiadas para el viejo conde.

Por su especial relación sanguínea, fue un personaje que tuvo recurrentes apariciones estelares en Tomb of Dracula, y también alguna que otra historia en magazines, como su protagonismo en Marvel Preview#12, al lado de su nobiliario padre. Cierto es que su momento álgido fue durante la popularidad de las colecciones regentadas por Drácula, ya que a mediados los años ochenta, con la trama de la Fórmula Montesi en Doctor Extraño, los vampiros desaparecieron del Universo Marvel, padre e hija incluidos. Con el deterioro de la fórmula, se produjo el retorno de las criaturas de la noche, por lo que Lilith acabó por volver a la arena superheroica, paseando su palmito por cabeceras como Ghost Rider o Spider-man Unlimited. Trató de reformarse, dejar un poco al lado su vertiente vampírica, al unirse a Nick Furia y sus Comandos Aulladores, enésimo intento de reformular agentes de S.H.I.E.L.D., esta vez formado por un grupo repleto de elementos paranormales, pero la cosa no salió tal y como se esperaba; desde entonces (hablamos del año 2006) no hemos vuelto a tener noticias de ella.

Es importante la conexión entre Lilith y el vampirismo. Por eso hay que advertir que existe otra criatura de la noche llamada Lilith pero que no se asocia en absoluto a Drácula. Hablamos de una poderosa diosa sumeria, mucho más antigua que el conde transilvano, que aparece representada también con forma vampírica, aunque su filiación sea más bien demoniaca. Quizás fuera el intento de Howard Mackie y Andy Kubert, sus creadores originales en la cabecera Ghost Rider (fecha de portada 1992), de conectar con aquella Lilith bíblica. Lo que sí debe quedar claro es que se trata de dos personajes distintos, a pesar de compartir nombre, cada una con sus peculiaridades y características propias.

Blade. El cazador cazado

La aportación de Eric Brooks, auténtico nombre del cazador de vampiros apodado Blade, al magazine se hace algo tardía. Protagoniza un par de relatos en Vampire Tales#8 y #9, y se anuncia su retorno en el #12, cosa que nunca llegó a ocurrir ya que la colección fue cancelada. Se cierra el volumen con la promesa de una trama escrita por Chris Claremont y Tony DeZuñiga que jamás vio la luz. Cosas del directo. Hasta ese momento, el autor que había guiado sus designios en la revista había sido su creador original, Marv Wolfman, acompañado a los lápices por DeZuñiga. Para conocer el nacimiento y desarrollo del personaje debemos remitirnos a la Tumba de Drácula de Wolfman y Colan. En el #10 de la serie, el equipo creativo nos sorprende con la llegada de Blade, diseñado a medida del gusto por la Blaxploitation tan en boga en los años setenta. Se presenta como un cazador de vampiros a la búsqueda de la presa más especial, el rey de los no muertos, Drácula en cuerpo y alma. Pronto se asociará al grupo protagonista y será un secundario recurrente en la cabecera. En el #13 se explica al lector su origen. Eric es originario del Soho londinense, donde su madre ejercía como prostituta. Embarazada de Blade y presta a dar a luz, hizo su entrada triunfal un vampiro llamado Deacon Frost, haciéndose pasar por médico, todo para aprovechar la situación y saciar su sed de sangre con la indefensa parturienta. Criado por las compañeras de su difunta madre, Eric aprendió la lección de valerse por si solo. Sus ansias de venganza fueron colmadas cuando conoció a Jamal Afari, que tiempo atrás se ocupó en el oficio de cazador de vampiros. De él aprendió todo su repertorio y cuando se vio capaz, dio inicio a sus actividades anti-vampíricas.

Blade fue un activo regular de la cabecera hasta su práctica finalización. Tanto Wolfman como Colan se preocuparon de que hubiera historias interesantes para el cazavampiros. Después de que los hijos de la noche fueran exterminados por la Fórmula Montesi, cayó en el terreno del olvido. La década de los noventa fueron unos años de oscuridad, propicia para el retorno de los no muertos, por lo que Blade se incorporó a la iniciativa “Hijos de la Medianoche”, que agrupó al sector de lo sobrenatural bajo el mismo paraguas. Así, durante este periodo, llegó a protagonizar hasta tres volúmenes distintos con su nombre como atractivo llamativo, de apenas unos ejemplares de duración cada uno, hay que decir: el más longevo es el primero, fechado en 1994, con diez ejemplares; el segundo, con solo tres números guionizados por Don McGregor en 1998; el tercero, un fallido intento de reiniciar al personaje que se quedó en un único ejemplar, también en 1998. A esto que hay que añadir un especial fechado, como no, en el noventa y ocho (le llamaremos el año Blade), cuyo título era Blade: Sins of the Father. Hay que recordar que estamos en pleno auge del cazador de vampiros pues suyo es el honor de ser trasladado con éxito a la pantalla grande en una cinta protagonizada por Wesley Snipes. A las puertas del siglo XXI se publicó Blade: The Vampire Hunter (#1-6, más un especial #1/2), además de contar con un par de recorridos extras en lo que va de centuria, que tampoco es que hayan sido muy extensos. En 2002 fue parte de la Línea MAX, el sello adulto de los héroes Marvel, con una mini serie a cargo de Christopher Hinz y Steve Pugh. Marc Guggemheim y Howard Chaykin abrirían el volumen cinco en 2006, para cerrarlo doce números después. Por cierto, queda pendiente un sexto, con la supuesta hija de Blade como reclamo, anunciado desde hace largo tiempo y cuya polémica por la cuestión racial ha dejado aparcado al proyecto sine die. Hay que señalar también que ha formado parte del MI-13, junto al Capitán Britania y otros distinguidos héroes británicos, bajo la batuta de Paul Cornell y Leonard Kirk.

De entre todas sus variadas aventuras, quizá lo más llamativo es despejar la incógnita de cómo se convirtió él mismo en una criatura de la noche, aunque en su caso puede caminar bajo la luz del sol. Para conocer esa trama debemos mirar de nuevo al año 1998, fecha de portada de Marvel Team-Up vol.2#7, escrito por Marv Wolfman y dibujado por Thomas Derenick. El cazador de aberraciones sobrenaturales se alía con Spiderman en una trama vampírica, donde uno de ellos, Henry Sage, estaba elaborando un suero para que los no muertos pudieran circular a la luz del día. Esta historia cuenta con la participación de Morbius, el vampiro viviente, dominado por la poderosa entidad conocida como Hambre. En el fragor de la batalla, Morbius mordió a Blade, cuya especial composición de la sangre le mantenía alejado de la maldición, pero el caso del doctor es bastante distinto, como bien sabemos, al ser un tipo de vampiro científico. Desde entonces, Eric Brooks pasó a ser integrante de la fauna que más odiaba. Pese a esto, el bueno de Eric es capaz de caminar bajo la luz del sol y trata de revertir los efectos de la sed mediante sueros.

Blade es un personaje, si no recurrente, más o menos habitual en el panorama Marvel. Durante un periodo de tiempo, con gran popularidad al contar con una trilogía fílmica. Se podría citar como algunas de sus actuaciones más relevantes la asignación al proyecto de operaciones especiales Vanguard, su larga estancia en el MI-13, su apoyo a los X-Men durante la crisis vampírica de San Francisco o su inclusión como miembro de pleno derecho en los Mighty Avengers de Al Ewing. Y todavía contamos con la esperanza de que su esperada nueva serie regular, donde se avanzaba su participación junto a su hija, sea desbloqueada y Blade pueda contar con renovadas aventuras. Después de todo lo que ha tenido que sortear en su cruzada contra los no muertos, sería del todo injusto que cuestiones ajenas al medio fuesen las causantes de esa cancelación.

Marvel Limited Edition. Vampire Tales

 

Edición original:. Vampire Tales #1-11
Edición nacional/ España:. Panini cómics y SD Distribuciones
Guión:.V.V.A.A.
Dibujo:.V.V.A.A.
Formato:.Tomo en tapa dura
Precio:.

47.95 euros

 

Cuentos de vampiros. Historias para no dormir, llenas de criaturas de la noche y sangre por doquier. Desdichados humanos luchando contra la maldición. De todo esto nos vamos a encontrar en la lectura del último MLE publicado por Panini y SD, repleto de buen y terrorífico material. Debemos empezar aclarando su estructura, pues se han recopilado los once ejemplares del magazine, tal y como salieron en USA. Eso implica que vamos a encontrar variadas historietas en cada número, casi siempre con alguna aventura de Morbius y afortunadas recuperaciones de material basado en el terror de la era Timely, previa al Comics Code (en los primeros números; ya de cara a la mitad del volumen, todo el repertorio será creado para la ocasión). Pero no tendremos cómic de forma exclusiva, ya que hay un variado surtido de artículos y fotografías que nos explican una respetable cantidad de aspectos sobre el fenómeno del vampirismo, ya sean cuestiones mitológicas, históricas o pura cultura popular (cine y literatura), todos ellos realizados por primeros espadas de la editorial. Y eso es algo que debemos tener en consideración, pues la cantidad de autores implicados en la confección de la revista solo se puede catalogar de primer nivel. Pero dejemos esta apreciación para cuando el relato se halle más avanzado.

El vampiro viviente, Michael Morbius, es el hilo conductor más estable en todo el volumen. Suya es la única historia rio que se puede seguir de principio a fin. Acosado por su maldición, el buen doctor encuentra un aliciente en su maltrecha vida al proporcionar ayuda a la pobre Amanda Saint, en el punto de mira de un culto infernal. Hay que dejar claro que nos encontramos ante las mejores historias realizadas con protagonismo de Morbius. Puede que esto suene a poco aliciente, al tratarse de un personaje secundario en la editorial, casi rozando el aspecto marginal. Eso no resta el indudable valor que es necesario otorgarle a este serial, pues estamos ante un vampiro pleno de potencial, y los autores implicados supieron sacarle el mejor partido posible. Respecto al guion, gozamos de la participación de escritores como Steve Gerber, Don McGregor y Doug Moench, tres guionistas de reconocido prestigio. Y tampoco es pongamos objeción al aspecto gráfico: Pablo Marcos, Rich Buckler, Tom Sutton, Mike Vosburg o Sonny Trinidad son algunos de los artistas acreditados. Como obsequio, aparece reproducido la explicación del origen del vampiro científico (tal y como se publicó en Amazing Spider-man#102) a cargo de Roy Thomas y Gil Kane, eso sí, pasado por el tamiz del blanco y negro.

Otro aspecto llamativo es la recuperación de material antiguo. Es conocido que Marvel se volcó con el fenómeno magazine cuando tuvo los resortes necesarios para acometer la empresa, básicamente, a la salida de Martin Goodman como máximo responsable empresarial. La cantidad de revistas que puso en circulación hacía necesario un tejido del que no se disponía al principio de la aventura. La solución ha sido, ahora y siempre, rellenar páginas con material ya publicado. En este caso tiene su sentido pues eran historietas que no se podían reeditar desde la instauración del Comics Code, por lo que lectores jóvenes de los setenta se podían acercar por primera vez a joyas del terror de los años cincuenta, cuando la editorial se llamaba Timely-Atlas. Podemos citar entre los autores recuperados a Bill Everett, Mannie Banks, Carmine Infantino o el mismo Stan Lee. A este respecto me gustaría destacar la historia publicada en Vampire Tales#2, obra del gran Jim Steranko. Una historia corta de 1968 (no tan antigua como el resto), prodigiosa en cuanto a composición y finalización. Una joya para disfrute de todos los usuarios del tomo. A partir del #5, ya que contamos la inclusión de la trama de Thomas y Kane con Morbius, se acaban estas recuperaciones y se dispone de material exclusivo para el magazine.

El resto del contenido, referente al aspecto de la historieta, nos trae diferentes episodios, con la característica intrínseca de ser contenidos en sí mismos. Es decir, tramas planteadas para ser disfrutadas, degustadas y pasar a la siguiente. La mayoría están interpretadas por desconocidos vampiros, anónimas criaturas de la noche y sus maltrechas víctimas humanas. Algún conocido aparece por sus páginas, casos de Blade, Satana y Lilith, cuya vida y milagros hemos glosado líneas arriba, pero son la excepción a la regla general. Respecto al valor de la narración podemos decir que hay de todo, algunas mejores y otras peores. A pesar de que puede que adolezca de alguna trama más bien floja, el poso que nos deja tras su lectura es bastante positivo. Sin acercarse al nivel de truculencia que atesoraban en tiempos las producciones de EC o sus coetáneos de Warren, suelen ser argumentos bien pertrechados, narrativamente sólidas y tocando variados enfoques acerca del vampirismo. Solo nombrar alguno de los guionistas implicados ya es indicativo de que, como mínimo, es trabajo bien hecho: Steve Gerber, Don McGregor, Marv Wolfman, Chris Claremont, Roy Thomas, Doug Moench, Tony Isabella o Gerry Conway forman la alineación principal de este Vampire Tales.

Otro aspecto narrativo totalmente novedoso en este tipo de recopilaciones son los artículos explicativos sobre diversos temas que afectan a los no muertos. Tenemos a Chris Claremont haciendo un repaso de la historia del vampirismo, glosando la obra de un especialista en el tema, Montague Summers. Estos cinco escritos, repartidos a lo largo de varios ejemplares, son de lo más interesante que nos ofrece Vampire Tales; de sus páginas se ha extraído valiosa información para confeccionar esta entrada. Por otro lado, gente como Mark Evanier, Carla Joseph, Doug Moench o Gerry Conway elaboran cuidados textos acerca de cine y literatura vampírica, que van desde encarecidas recomendaciones hasta glosar las peores adaptaciones que se han realizado para el séptimo arte. Calidad y variedad para todos los amantes de la sangre y los colmillos. Estos apuntes informativos fueron desapareciendo conforme nos acercamos al cierre del volumen.

El aspecto gráfico es notable. Antes de perderse en sesudas disertaciones, teniendo en cuenta la gran cantidad de dibujantes y entintadores que son parte de la confección de la revista (más de una veintena), es la idea que subyace tras la lectura del volumen. Alguno de los mejores especialistas en el blanco y negro como Alfredo Alcalá, Ernie Chan, Sonny Trinidad o Tony DeZuñiga, junto al talento de dibujantes habituados a pasear por el mainstream como Rich Buckler, John Romita Sr., Tom Sutton, Val Mayerik o Billy Graham son suficiente garantía como para afrontar el repaso de este tomo sin reticencias en cuanto al apartado artístico. Este MLE, como ya ocurrió con recopilaciones de magazines anteriores (caso del Rampaging Hulk), sale en nuestro territorio a tamaño comic-book, lo que hace que se pierda algo de calidad al verse reducido sensiblemente. Este pequeño detalle le resta algún punto pero nada que implique un contratiempo insalvable. Pero si hay una cuestión que interesa resaltar en cuanto al arte de la revista es recordar el temprano desembarco de la primera armada española en el mercado americano. Algunos dibujantes patrios llevaban desde inicios de los setenta trabajando para publicaciones estadounidenses. Por el particular estilo de dibujo de la mayoría de ellos, su principal destino fue la editorial Warren, en la sección de tebeos de horror para adultos. Este intento de aproximarse a ese tipo de cómic, por parte de Marvel, abría las puertas a varios artistas hispanos, que los editores de la Casa de las Ideas no tardaron en promover en el ámbito de los magazines. En Vampire Tales tenemos a nueve artistas de la tierra aportando su granito de arena al mercado del noveno arte yanki. En el #1 tenemos acreditado a Jordi Bernet, el inmortal dibujante de Torpedo y Andrax; en el #2 y el #9 observamos la firma de Jesús Blasco, uno de nuestros mejores representantes de la historia realista; Esteban Maroto, el más prolífico, pues dejo su sello en cuatro números del magazine, aparte de trabajar de manera esporádica en otros proyectos de la editorial; a Vicente Ibáñez Sanchís lo tenemos en el #3, con su característico estilo hiperrealista; en ese mismo número localizamos a Vicente Alcázar, otro artista habituado a trabajar en Warren y que hizo un tímido acercamiento a la producción Marvel; Vampire Tales#6 es el ejemplar en el que aparece Andrés Balcells y en el #4 le toca el turno a José Lombardía, autor legendario que los más viejos del lugar recordarán por las célebres Hazañas Bélicas. Todavía nos quedan dos artistas por nombrar, José Antonio Domingo y Josep Martí Ripoll, ambos más especializados en la ilustración, por lo que su aporte se reduce a portadas. Como se puede comprobar, una primera avanzadilla de algo que se ha convertido en habitual a día de hoy, la conquista del comic-book americano por parte de talentosos autores españoles.

A modo de despedida y cierre, no queda más remedio que alabar el buen gusto de la Marvel de los setenta. El sano intento de salir del redil de los superhéroes nos deja un material muy apetecible, sobre todo en el terreno de los magazines. Este Vampire Tales hará las delicias de todos los amantes del terror en general y de los vampiros en particular. Es una obra tan específica y tan centrada en ese tema que si tus gustos no se mueven por esos derroteros no es muy recomendable hacerte con este volumen. Por otra parte, si no te asusta el terror y disfrutas con historias autocontenidas, junto con personajes Marvel de raíz sobrenatural, la compra de este tomo será una sabia decisión. Y es que resulta del todo llamativo el influjo que ejercen las llamadas criaturas de la noche en el imaginario popular. Antaño, ahora y, seguramente, dentro de otros cien años más. Y si a eso le añades buenas historias a gran nivel gráfico, ya tenemos una mezcla ganadora. Poco más se puede pedir.

Bienhallados todos los asistentes a estén festín vampírico y sobrenatural que ha tenido a bien recuperar el binomio Panini y SD Distribuciones. Vampire Tales es el nombre de un magazine editado con el sello Curtis, la parte de la editorial Marvel dedicada a las revistas en blanco y negro para…

Vampire Tales

Guion - 7
Dibujo - 7.9
Interés - 6

7

Valoración Global

Material que hará las delicias de aquellos que gusten del terror en general, y del vampirismo en particular. Historias muy bien trazadas y notable aspecto gráfico

Vosotros puntuáis: 7.46 ( 4 votos)

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24 Comentarios en "Marvel Limited Edition. Especial Vampire Tales"

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sibaix
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A nivel gráfico sublime con algunos de los mejores dibujantes de los 70, imprescindible.

Krokop
Lector

Muy buen artículo, con muchos datos curiosos.
Se ve que en las revistas Marvel de este tipo recaló la producción de todos los dibujantes realistas españoles de la época cuando no estaban nutriendo las cabeceras de la Warren, o poco menos.
Quizá quede algo eclipsado, al menos para quien le interese por ese aspecto, debido a que las reediciones de Creepy y Eerie son recientes, y parte del material más relevante de Maroto, Beá y demás autores de la época se está recuperando ahora.
Por lo demás el tomo tiene que ser digno de echarle un vistazo, por lo menos para ver los dibujos y leer el ‘At stroge of midnight’ de Steranko haciendo tiempo mientras alguien se decide a reeditar ‘Marea roja’, y la reseña es muy completa.

TheBaldRocker
Lector

Así que Bernet, Maroto y una impresionante selección del bullpen de los 70`s,
no Artur? Y 48 pavos detrás… En fin…
Que sí, hombre, que sí, que tiene una pinta de collons!
Y gran repaso a la cultura y al mito vampírico te has marcado, por cierto.
Como ya te comenté está en compras pendientes. Digamos que después de tu magnífica exposición, ha subido unos cuantos puestos en la lista, que ya sabes tú que a mi todo este material me gusta mucho. Además que algo ya lo conozco de tiempos del pleistoceno y eso 🙁 Pero es que la susodicha lista comienza a ser ya tan extensa…
Bueno, a ver si llego a tiempo, antes de que se agoten los 1500 tomos, no?
Eh, poca broma, que ya se van dando casos!
Rockeros saludos, amigo.

Dynamo
Lector

Una auténtica gozada de artículo, Señor Porras. Un disfrute en todas sus partes.
Un gran repaso del mito vampirico, tanto fuera de Marvel (excelente la novela de Stoker, por supuesto), como dentro.
En la época Forum de la colección de Spiderman para mi era un aliciente cada vez que aparecía Morbius. Y en general cualquier aparición de figuras chupasangres en las colecciones que seguía, ya hemos hablado alguna vez de la extraordinaria historia del Barón Sangre en el Capitán América en la época de Stern y Byrne.
Respecto a la literatura vampirica,hace un tiempo me atreví, contra todos mis prejuicios, a leer la novela ¨Drácula, el no muerto¨. Una especie de continuación de la novela de Bram Stoker escrita por su sobrino nieto Dacre Stoker. Ojalá hubiera hecho caso a mis prejuicios, no me gustaron los derroteros que tomo la historia.
Para acabar, este tomo me parece interesante, más aún viendo su entusiasmo con él y la atención que me merece el tema. Fuera del tomo, hace poco ,(creo que lo he comentado alguna vez, aunque no en esta página, si me repito ruego me disculpe) me llevé una grata alegría en el tomo 4 de Marvel Deluxe del Capitán América con una gran historia guionizada por Ed Brubaker y dibujada por el maestro Gene Colan. Historia ambientada en la época del Capi y Bucky en la segunda guerra mundial llena de elementos sobrenaturales del asunto que nos ocupa. Colan no había perdido su toque, a pesar de la edad con la que realizó el trabajo. Una historia publicada en USA en septiembre del 2009, en el número 601 de la colección del abanderado, titulada ¨Sangre roa, blanca y azul¨.
Vaya tocho me he marcado, lo dicho, gracias por su dedicación.

hammanu
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Para empezar felicito al sr Porras por el completísimo y detallado articulo sobre el tomo en cuestión (el cual he adquirido) y no puedo estar mas de acuerdo con la calidad de arte y guion del tomo. Obviamente las apariciones de Morbius de los 70 superan a las posteriores historias de lo que llaman ahora guionistas. Ya que ese tono terrorífico que mezclaba elementos pulp con pinceladas de erotismo es algo que se ha perdido desde hace mucho. Es una lastima lo que se podría hacer con esta mitología oscura marvelania y que poco se aproveche… ¡Por Lee! poner a seres sobrenaturales en un grupo como Shield es una memez, y al pobre Blade podrían darle un enfoque mas clásico en vez de beber tanto de las pelis o ponerle la típica hija porque es negro y ya se sabe copulan mucho desde que son jovencitos y tal. Aun me acuerdo cuando a Black Lighting le sacaron varias hijas de un sopetón. Y luego dicen que las dos grandes son muy liberales y usan un esterotipo racista con los personajes negros.

Omar Little
Lector

Maldito sea, Sr. Porras. Tiene usted el don de incitarme a comprar tebeos que, a priori, deseaba ignorar. Como siempre, un lujazo y un placer leerle.

frankbanner49
Lector

Desde luego,como se encarga de señalar el arriba firmante,no es este un tomo para todos los paladares.
Pero para los que crecimos con CREEPY, DOSSIER NEGRO, la RUFUS,VAMPUS, o revistas como la ESCALOFRIO (que contaba con el genio de López Espí en números como este que enlazo) ,este tomo es pura ambrosía.
comment image
Es curioso como ,tanto la nostalgia, como el paso del tiempo, colocan las piezas del tablero en su sitio. Yo era de los que echaban pestes en su momento cuando compraba Conan el barbaro,e irremediablemente, tarde o temprano, tocaba número con los filipinos, o con Val mayerick,algo que siempre me mosqueaba.
Y, sin embargo, ves el trabajo de estos señores en todo tipo de cabeceras como las que se están recuperando poquito a poquito,y no solo ves profesionalidad a espuertas,ves arte y belleza plástica.
El primero de los números con Pablo marcos es todo un aldabonazo.Sus composiciones recuerdan a Romita senior. Su dibujo esta lleno de fuerza y plasticidad. Alfredo Alcalá se sale en MUERTE SANGRIENTA,Tony DeZuÑIGA roza el delirio (en todos los sentidos) en PEDAZOS DE CRISTAL DEL ARCO IRIS,y al pobre Ernie chan (Ernie chua?) le toca bailar con la más fea con tan solo una única página de muestra.
Y es que verdaderamente VAMPIRE TALES es todo un baúl del tesoro a nivel gráfico. y un baúl lleno de sorpresas. No conocía,por ejemplo, el trabajo de Sony Trinidad,y me ha parecido todo un hallazgo (brutal,en FESTÍN DE SANGRE. Que grande hubiese sido contar con sus lápices en las principales cabeceras superheróicas). Me gusta mucho esa mansión envuelta en la bruma que dibuja Lombardia. SORBE EL DULCE VENENO ,con un Billy Graham (al que no tengo el gusto de conocer) es una pequeña gema. Me pregunto quien es ese “autor sin firma” que se pasea por esta gran recopilación. Es un gustazo encontrarte a Romita s.r. (ya sea en solitario,o entintando a Jesús Blasco) y a Bernet en un sitio como este. Esteban Maroto me ha parecido lo más brillante del conjunto (y mira que hay donde elegir). Su clasicismo brilla en relatos como el de LA NIEVE VIRGEN con esa primera página (soberbia). Siempre unos pasos por delante del resto de los españoles que también hacen un trabajo bastante más que estimable y solvente (el relato de Martí Ripoll de tan solo una página te deja con una sonrisa,xd), y Jesús blasco…es Jesus Blasco. Sencillamente.
A Virgilio Redondo,otro de esos autores de los que pocos conocemos su obra(yo no,desde luego), lo opaca de tal manera Alfredo Alcalá que resulta difícil reconocer su firma real como dibujante.
SIEMPRE,repito,SIEMPRE es un placer reencontrarte con Gil Kane DONDE SEA. Val MAyerik se transmuta por un día en Bernie Wrightson,y Howard Chaykin se marca un relato de asaltantes nocturnos a lo Dick Turpin de lo más majo (mejor en MUNDOS DESCONOCIDOS,donde también deja su firma).
Y el final del relato de Carmine Infantino,sencillamente, hiela la sangre.

En realidad,TODO el tomo (incluso un “algo DESHUBICADO Paul Gulacy) aporta de una forma u otra. Son un conjunto de 11 números (ey,¿que pasó con el anunciado número doce que acaba en AVENTURAS BIZARRAS?) que no están hechos para devorarlo del tirón,sino para padalearlo a cuentagotas, y disfrutando de un blanco y negro que realza unos lápices que sientan de lujo a la gran mayoría de artistas que se pasean por este tomo.
Me centro en los dibujantes,pero igualmente puede ampliarse al equipo de escribas tras cada uno de los artistas.
Los articulos ayudan a la inmersión en los materiales de la época, sin el “encanto”,eso,sí, del rotulado a mano de las revistas de Vertice.
Muy bién por incluirlas.Yo hubiese metido hasta la publicidad de los números originales,con sus anuncios de artes marciales,los de ELPLANETA DE LOS SIMIOS,las pastillas que proporcionan una fuerza asombrosa (¡ caspita!) y resto de la pesca. 😀
Me sumo a una de las pocas pegas que se puede poner a esta edición: el tamaño con respecto a la cabecera original. Algo más pequeña.
En cualquier caso,nada especialmente relevante en una edición de coleccionista que a uno aún le cuesta creer que, finalmente, haya acabado editándose.

En este punto,uno no puede sino agradecer a Julián Clemente (el equivalente a Antoni Guiral y su amor por Bruguera ,pero en materiales clásicos) a la gente de PANINI,y a su gran aliada,los de SD, por las cuidadas ediciones que están sacando al mercado ( un tomo con todo MUNDOS DESCONOCIDOS,por favor!!. ¡¡Es un material tremendo!!).
¿peloteo descarado?.
No,cohone, pura gratitud,joder.
Cuando toca putear,se putea,y cuando las cosas se hacen bien,(y con cariño),se deben reconocer (publicad MUNDOS DESCONOCIDOS..A-HEM).

A ti,hoy (para variar) no te reconozco tu trabajo,Arturo.
Otros lo hacen bastante mejor que yo.

Solo hay que poner en el buscador de Google VAMPIRE TALES,y una de las primeras entradas es esta tuya en ZN con un 70% de valoraciones positivas (el treinta por ciento restante entrarían, imagino,en la categoría de N.T.N.P.I.).

Creo que ya lo dice todo. 😉

P.D: FINIS.

Mimico
Lector

¡Enciclopédico y magistral artículo, Artur! Como siempre logras arrojar luz a historias, anécdotas, curiosidades y publicaciones de Marvel, parcial o totalmente desconocidas para un servidor. Un crack.

hammanu
Lector

A ver si tiene éxito este inapreciable material y Panini se anima a sacar mas material de magazines o Marvel stentero y de principios de los 80. Mi sueño seria claro esta una nueva edición de ROM o los Micronautas, el Ka-Zar de Bruce Jones y Anderson y ect…. La lastima ha sido el magazine del Castigador el cual no he comprado por principios; lo siento por Panini pero entre un material pobremente reproducido y mas pagar 22 euros por ¡88 paginas! se creen que los lectores usamos tarjetas black de esas.

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