Los casos de Detective Conan (I): demasiada sangre para una estrella

Nos adentramos en uno de los primeros casos de Detective Conan, el manga creado por Gosho Aoyama y protagonizado por Shinichi Kudo / Conan Edogawa

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Bienvenidos a la primera de una colección de reseñas que pretenden homenajear al manga que más tiempo lleva publicándose en nuestro país: Detective Conan, de Gosho Aoyama.

Para el lector que no esté habituado al manga (o para aquel que sí lo esté pero no conozca esta serie porque haya estado perdido todos estos años en el desierto de Gobi) debemos comenzar diciendo que Detective Conan narra las aventuras de Shinichi Kudo, un joven detective japonés de diecisiete años que bien podría ser la reencarnación moderna del mismísimo Sherlock Holmes. Nada se escapa al ingenio deductivo de nuestro protagonista, ganándose una buena reputación entre los expertos de todo el país; pero un día, siguiendo la pista a unos extraños hombres de negro (más tarde descubriremos que son miembros de una organización criminal de elevado poder), es emboscado y dejado a su suerte tras habérsele suministrado una droga experimental que, en vez de acabar con su vida sin dejar rastro, lo encoge a la edad de nueve años. Encerrado en el cuerpo de un estudiante de primaria, Shinichi asume la identidad de Conan Edogawa y se dispone a investigar todo lo relacionado con sus asaltantes mientras convive y resuelve distintos casos junto a su novia, Ran Mouri, y el padre de ésta, Kogoro, también detective.

Siendo el encogimiento de Shinichi el único elemento fantástico de la obra, nos encontramos ante un título que ahonda en los mecanismos de los enigmas policíacos más originales y enrevesados que el cómic puede ofrecer. Aunque se enmarca dentro del género shonen (juvenil), Detective Conan es un manga que ofrece un gran abanico de casos en los que su autor muestra con bastante crudeza asesinatos, suicidios y otros misterios de corte detectivesco que reflejan la realidad más actual y lacerante de distintas problemáticas sociales.

No obstante, el manga de Aoyama no sólo funciona como un entretenido catálogo de sucesos cuyas resoluciones desafían al ingenio de cualquier lector; nos encontramos ante una obra que busca homenajear a los grandes autores del género detectivesco: el nombre que escoge Shinichi Kudo para crear su nueva identidad es una mezcla entre Arthur Conan Doyle y Edogawa Rampo; nuestros protagonistas residen en el distrito ficticio de Beika (Baker Street, la famosa calle londinense en la que vivía el ficticio Sherlock Holmes) y el río que atraviesa sus calles se llama Teimuzu (adaptación del nombre inglés del río Támesis); Kogoro Mouri adopta su nombre del detective creado por Edogawa Rampo, Kogoro Akechi… y un largo etcétera.

Sherlock Holmes, Cordelia Gray, El Padre Brown, Kogoro Akechi, Colombo, Hércules Poirot... Gosho Aoyama no duda en recomendar grandes obras del género detectivesco a través de un buen número de referencias

Publicada por primera vez en 1998 de la mano de Planeta DeAgostini Cómics / Planeta Cómic, la serie ha experimentado hasta cuatro cambios de formato y encandilado a diferentes generaciones. Conocida por la gran mayoría del público en España gracias a su versión anime, Detective Conan contó con una primera publicación que fue cancelada a los trece tomos (1998-2000), seguida de una edición de medios tomos y tomos formato A5 que se mantiene hasta la actualidad (vol 2. Desde 2002 – presente) y completada con una reedición de los trece primeros números con el mismo formato (vol 1. 2004-2005). Todo este lío editorial de formatos y periodicidades se intentó enmendar con una nueva edición cuyos números equivalen a dos tomos de la serie japonesa e incluye toda la historia desde el principio (2011-presente). Podéis encontrar una reseña del primer número de esta edición (la más recomendable para empezar el manga a día de hoy) aquí.

Dejando a un lado que la editorial podría haber aprovechado mejor la ocasión con esta nueva edición (a un amplio número de aficionados no les gustó que se siguiera occidentalizando su lectura y no contase con mayores calidades), lo cierto es que económicamente merece la pena y su formato es cómodo para la lectura. Eso sí, tirón de orejas a Planeta por no incluir los extras que trae cada tomo japonés en esta última edición, pues Aoyama utiliza cada volumen para hablar de detectives del género literario o fílmico y recomendar algunas de sus historias y películas.

Por último, en cuanto a temas editoriales, cabe comentar que Planeta se atrevió a publicar, además, un spin-off de las aventuras del detective más famoso del manga creadas por los asistentes de Aoyama: Detective Conan Special. Una propuesta interesante que fue cancelada a los 31 números. En su país de origen esta colección aglutina 42 volúmenes a día de hoy.

Sobre la edición original del manga, resta decir que Gosho Aoyama comenzó su serialización en las páginas de la revista Shonen Sunday de la editorial Shogakukan en 1994. Actualmente lleva publicados 93 números que se traducen en más de mil capítulos (cifra alcanzada este mismo año) y sumando.

Por su prolijidad, cuando hablamos de Detective Conan no sólo estamos hablando de un manga; estamos hablando de todo un fenómeno social y cultural que en su país de origen alcanza casi 900 episodios anime, 12 capítulos especiales u OVAs, una veintena de películas (la número 21 se estrenará el próximo año), varios videojuegos, bandas sonoras, series especiales de acción real, cortos… Por no hablar de cafeterías franquicia, museos propios y exposiciones temáticas recurrentes. Un superventas generacional muy admirado.

Por todo ello, desde Zona Negativa hemos decidido comenzar esta colección de reseñas que a cada entrega analizará algunos de los casos más destacados del manga. Desde el principio y a un ritmo adecuado junto a la publicación de la serie en España.

El caso que hoy nos ocupa tuvo lugar entre los capítulos 6 y 7 del manga, que se pueden encontrar dentro del primer número del vol. 1 y de la nueva edición en nuestro país. Fue publicado en Japón en junio de 1994 y se trata del primer caso de «habitación cerrada» al que se enfrenta nuestro protagonista.

Personajes que hacen su aparición en este caso

Shinichi Kudo/Conan Edogawa Joven detective de dieciesite años encerrado en el cuerpo de un estudiante de primaria. Es el protagonista absoluto de Detective Conan. Posee una inteligencia por encima de la media y cuenta con una habilidad deductiva fuera de lo normal. Su aliado, el Dr. Agasa, le proporciona todo tipo de artilugios con los que puede superar las limitaciones que le supone tener el cuerpo de un niño. Aunque no es demasiado sentimental, está enamorado de Ran Mouri. Su objetivo principal es dar con el paradero de los Hombres de Negro y recuperar su estado normal. Su lema: sólo existe una verdad.
Ran Mouri. Compañera de clase de Shinichi. Estuvo saliendo un tiempo con él hasta su repentina desaparición. Adopta a Conan sin saber que éste es su amado y lo supervisa allá donde va haciendo de canguro. Práctica kárate y tiene un carácter muy fuerte. Toda una heroína que salvará a Conan de algún que otro apuro. Echa mucho de menos a Shinichi.
Kogoro Mouri. Padre de Ran. Cincuentón divorciado que regenta una oficina de detectives pese a no ser muy bueno en ello. Bebedor, mujeriego e impulsivo, es la contrapartida de Shinichi/Conan. Pasa de ser un detective de tres al cuarto a ser toda una referencia después de que nuestro protagonista lo use para explicar sus deducciones y resolver los casos que salen a su paso.
Dr. Agasa. Traducido al español como Doctor Agase, es el principal aliado de Shinichi. Vecino y amigo de los padres del protagonista, es un inventor que suministra todo tipo de artefactos a Conan para que pueda hacer frente a sus enemigos. Desde una pajarita imitadora de voces hasta unas zapatillas propulsoras, pasando por un patín a reacción. De momento es el único que conoce la auténtica identidad de Conan.
Inspector Megure. Inspector de la policía metropolitana de Tokyo. Veterano oficial que se preocupa mucho por sus subordinados. Tiene poca paciencia y tiende a ser un demasiado conservador, lo que limita su capacidad para el pensamiento flexible. No siente mucho respecto profesional hacia Kogoro desde sus días en la policía común y admira a Shinichi por sus grandes dotes detectivescas
Yoko Okino, su mánager y Yuko Ikezawa. Principales sospechosos de este caso. Yoko y Yuko son dos idols que guardan un gran parecido físico. También mantienen una relación de amor/odio en lo profesional, pues Ikezawa siente celos hacia su compañera de trabajo. Mouri es un auténtico admirador de Yoko Okino que, además de en éste, hará su aparición en otros casos.

Descripción del caso

Tras haber sido encodigo y asumir la identidad de Conan Edogawa, Shinichi lleva unos días viviendo su nueva vida junto a Ran y su padre. Lamentando que aún no dispone de información suficiente sobre la misteriosa organización criminal (ármate de paciencia, pequeño detective, a fecha de diciembre de 2017 llevas más mil capítulos tras ellos), acude a la casa de su aliado, el Dr. Agasa (Agase en la versión española), que le otorga su artilugio más preciado: la pajarita imitadora de voces. Este aparato será de vital importancia a partir de ahora dado que nuestro detective lo utilizará para exponer sus deducciones a través de personas adultas, tras anestesiarlas (la policía se toma a chiste las intrépidas deducciones de un niño de primaria, pero si las dice un cincuentón somnoliento la cosa cambia).

A su regreso a la agencia de detectives Mouri, se encuentra una escena que será habitual: la del poco profesional Kogoro Mouri, padre de Ran, que sigue sin trabajo y se ha pasado todo el día bebiendo cerveza y viendo idols por la televisión. Y justo de eso va este caso, de idols japonesas. Nuestros protagonistas reciben entonces la visita de Yoko Okino, la idol favorita de Mouri, que ha decidido acudir a una pequeña agencia de detectives de mala muerte, lejos de los focos de atención mediática, para resolver su problema.

La cantante, que viene acompañada por su mánager, cuenta que desde hace unos días está siendo acosada por una persona cuya identidad desconoce y que le hace llegar todo tipo de cartas y llamadas constantes. Mouri acepta el caso y decide acudir al apartamento de la estrella del pop para investigar; a él se suman Ran y Conan (a partir de ahora, Conan se las apañará para ir a donde vaya Mouri en cada nuevo caso).

Como si de un manga se tratase, nuestros protagonistas se encuentran un cadáver a su llegada al apartamento y deciden llamar a la policía (que estará presente en todos los casos que vayan apareciendo y estará personificada en representantes de la ley como el inspector Juzo Megure). La víctima tiene un cuchillo clavado en la espalda y Conan comienza a investigar. Nuestro protagonista descubre en la escena del asesinato un pendiente que pertenece a Yuko Ikezawa, una amiga de Okino. Rápidamente se conforma una lista de tres sospechosos: Yoko Okino, su mánager y Yoko Ikezawa, por ser los únicos con acceso al apartamento.

Mientras Mouri se dedica a hacer todo tipo de deducciones peregrinas y erróneas (otra constante en los diferentes casos que vayan surgiendo mediante la que el autor contrapone la estupidez de un “profesional” a la brillantez de un “amateur”), Conan hace su magia. Y nos referimos a hechizos o conjuros, la inteligencia de este chaval de 17 años encerrado en un cuerpo de 9 años roza lo divino.

A través de un buen número de pistas y deducciones lógicas obtenidas mediante una aguda observación, Shinichi/Conan llega a lo que siempre persigue con cada nuevo caso: la verdad, que es solo una.

Aviso de Spoiler

Resulta que la víctima, Akiyoshi Fujie, es un exnovio de instituto de Yoko Okino. Tanto el lector como los protagonistas desconocían esta información porque la idol la mantenía en secreto, aconsejada por su mánager. Y si bien es cierto que Yuko Ikezawa es la principal sospechosa del crimen (se ha encontrado uno de sus pendientes en la escena del crimen), ésta confiesa que visitaba con asiduidad el piso de su amiga a escondidas para intentar sacarle «trapos sucios» porque estaba celosa. En una de estas ocasiones, se encontró con un hombre desconocido dentro del apartamento que intentó acercarse a ella y con el que forcejeó antes de poder huir, dejando tras de sí uno de sus pendientes. Ese hombre era el exnovio de Okino, que era en quien le mandaba cartas y llamaba constantemente, intentando contactar con ella.

Conan se fija en el calor inusual que hace dentro del apartamento, unas gotas de agua alrededor del cuerpo y un pequeño hoyo en el parqué. Con estas pistas, y habiendo corroborado la coarta de la principal sospechosa, deduce que se trata de un suicidio y no de un asesinato.

Fujie se quitó la vida porque, tras acudir al piso de su exnovia (a la cual no había dejado de amar), confundió a Ikezawa con Okino (pues son dos actrices que guardan mucho parecido) y, ante el rechazo con forcejeo de ésta, quedó sumamente resentido y decidió suicidarse inculpando a Yoko. El cómo lo hizo es lo más original del caso: colocó un cuchillo en un bloque de hielo, de forma que éste quedara de pie. Subió la temperatura de la calefacción y se lanzó de espaldas sobre el cuchillo desde una silla. El resultado fue un hombre que parecía haber sido apuñalado por la espalda, un charco de agua bajo el cadáver y una silla volcada cerca del cuerpo, lo que podría haber sido un signo de forcejeo previo a la muerte. Bien jugado, Aoyama.

La policía encuentra, además, un diario que pertenecía a la víctima tras registrar su apartamento y la hipótesis de Conan se refuerza. Akiyoshi se había obsesionado con su exnovia, ahora convertida en una idol de gran éxito.

Tras resolver el caso, nuestros protagonistas vuelven a casa y Conan se las ingenia para llamar a Ran desde una cabina, prometiéndole que volverá (Ran llevaba unos días muy delicados tras la repentina desaparición de su novio y éste, que está mucho más cerca de lo que ella cree, se las arregla para que parezca que está por ahí de parranda resolviendo casos).

Algunas curiosidades del caso:

-Conan utiliza por primera vez su pajarita imitadora de voces.

-Se trata del primer caso en el que Kogoro aparenta resolver un caso mientras está dormido. En otras palabras, comienza la leyenda de “El detective durmiente”.

-De igual manera, es la primera vez (y una de las pocas) que Mouri no se duerme por el reloj anestesiante de Conan, sino por un mal golpe.

-También es el primer caso en el que nuestros protagonistas se enfrentan a un suicidio en vez de a un homicidio, que resulta ser lo más frecuente de la serie (nuestro detective pasa a ser un imán de crímenes).

Valoración

Nos encontramos ante uno de los primeros casos a los que se enfrenta Shinichi Kudo tras asumir la identidad de Conan Edogawa. Se compone de cuatro capítulos de suma importancia ya que aparecen distintos elementos que serán claves para el desarrollo de la historia a lo largo de sus muchas entregas: la pajarita, las aparentes deducciones de un Mouri somnoliento (que pasará a llevarse toda la gloria) y la idea constante de que la verdad se esconde detrás de lo aparente, mucho más allá de lo aparentemente simple. La verdad es, por lo tanto, algo obvio que muy pocas personas observan por casualidad.

Conan Edogawa es el Sherlok Holmes de los años 90. Y como bien dijo el creador del detective victoriano, «Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad». Éste debe ser el mantra que se ha repetido, y sigue diciéndose, el autor de Detective Conan desde su creación. Aoyama plantea una serie de casos que van desde lo ingenuamente simple hasta lo endiabladamente complejo, planteando una gran colección de enigmas a cada cual más extraño y original.

Para el caso que hoy nos ocupa, Aoyama ha utilizado un par de elementos que veremos más delante de forma más o menos regular: un caso de habitación cerrada (cuando la víctima yace en el interior de una estancia cerrada cuyos accesos desde el exterior no son fáciles de ver a simple vista, haciendo muy difícil el trazar la ruta de entrada y salida que ha tomado el asesino) y la presencia de elementos sociales de la actualidad japonesa como lo son, en este caso, las idols.

En cuanto al tema de la habitación cerrada, en esta ocasión no ha supuesto grandes trabas. Al tratarse de un suicidio, no ha hecho falta crear una hipótesis sobre cómo ha podido entrar y salir el asesino. Por otro lado, en cuanto al tema de la idol, Aoyama consigue reflejar muy bien una triste que realidad que viene dándose con la figura de estas estrellas del pop nipón: la obsesión que sienten sus admiradores por ellas. Algo que roza lo enfermizo y que el autor utiliza aquí de manera narrativa, primero para crear el problema y luego para despistar sobre la auténtica intención del sospechoso (con todas las cartas y llamadas que dice recibir la cantante).

El autor logra recrear el riguroso control al que están sometidas estas celebridades por parte de sus mánagers, productoras o discográficas en cuanto a temas personales. Muchas de estas chicas tienen prohibido hablar de su vida privada, sobre todo en lo que concierne a temas amorosos presentes o pasados, y resulta impensable que alguna de ellas pueda llegar a tener novio. La idea es que se muestren lo más puras e inocentes posibles para cumplir con las fantasías de todos esos fans que se gastan grandes sumas de dinero en sus conciertos y productos.

En este caso, los celos y la obsesión sobre una idol han sido los culpables de una muerte, pero el lector encontrará otras obras que tratan de igual manera esta realidad. Perfect Blue, de Satoshi Kon, es una película anime que tiene como tema principal esta problemática social. Por otro lado, Netflix ha estrenado recientemente un documental titulado Tokyo Idols, que muestra a la perfección la vida de una de estas cantantes pop, a través de todo el fenómeno fan que arrastra.

En definitiva, un caso interesante y entretenido; aunque aún estamos lejos de todo lo bueno que puede ofrecer Detective Conan. Agárrense a sus asientos, que esto acaba de empezar.

Bienvenidos a la primera de una colección de reseñas que pretenden homenajear al manga que más tiempo lleva publicándose en nuestro país: Detective Conan, de Gosho Aoyama. Para el lector que no esté habituado al manga (o para aquel que sí lo esté pero no conozca esta serie porque haya…
Originalidad del caso - 7.5
Dificultad del enigma - 7
Interés - 7

7.2

Aoyama introduce el concepto de «habitación cerrada» a su historia y juega con elementos típicos del género. Por otro lado, la inclusión del tema idol es un aliciente que suscita interés sobre el caso. Es cierto, no obstante, que en un momento dado se oculta algo de información para sorprender al lector hacia el final, pero no aburre y sabe captar su interés.

Vosotros puntuáis: 8.32 ( 9 votos)

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2 Comentarios en "Los casos de Detective Conan (I): demasiada sangre para una estrella"

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Cristian Miguel Sepulveda

Enhorabuena por esta genial y original iniciativa Alejandro, muy bien narrado el caso y los detalles, así como su posterior análisis. Recuerdo Detective Conan como uno de los animes más queridos de mi infancia y me encantaba el corte clásico y el tono de los casos que presentaban. Nunca me aventuré a leer el manga, y lo cierto es que se antoja una magna tarea, pero quien sabe si no me pillaré algún tomito de estos de Planeta para de vez en cuando ir leyendo los casos del que es ya un absoluto referente en el género, Detective Conan.