La Otra América: Richard Corben - Zona Negativa
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Recientemente se celebraba en varios blogs españoles el 40 aniversario de Richard Corben en los cómics. Zona Negativa no podía faltar al homenaje a uno de los autores independientes más importantes de las últimas décadas que en los últimos años se ha convertido en habitual tanto en Marvel como en DC o Dark Horse, siempre aportando su peculiar e inconfundible estilo gráfico a cada proyecto que aborda, desde el Motorista Fantasma hasta Hulk, pasando por La Cosa del Pantano, Hellblazer o Luke Cage. A día de hoy, con 64 años, Corben sigue innovando y creando escuela. Hagamos un pequeño repaso a su carrera para saber por qué.

La Otra América: Richard Corben

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EL NARRADOR APASIONADO

Sobre Richard Corben (Missouri, 1940) se pueden decir muchas cosas, pero tal vez la que lo resuma todo es que… es único. Gran parte de los dibujantes actuales han aprendido a dibujar copiando dibujos, lo que genera un estancamiento en fórmulas reconocidas y una perpetuación de imposturas y errores adquiridos. Corben, gran admirador de Miguel Ángel o Leonardo da Vinci, es consciente de la importancia no sólo del aprendizaje del dibujo al natural, sino de la riqueza que supone ser un autor multidisciplinar. Sus incursiones en el cine suponen nuevos descubrimientos y aportaciones a su técnica narrativa, sus esculturas son otro modo de aprehender la tridimensionalidad del mundo real para después poder traspasarla fielmente a las dos dimensiones del papel. Porque Corben puede admirar a muchos autores, desde Will Eisner a Frank Frazetta, Víctor de la Fuente, Wally Wood, Alex Toth o Carlos Giménez, pero no se parece a ninguno de ellos. De igual modo, muchos de sus coetáneos que se manifiestan admiradores de su obra, como Simon Bisley, Tanino Liberatore, Moebius o (de nuevo) Frank Miller, poco tienen mucho que ver con Corben. Puede que Liberatore aprendiese de los volúmenes de Corben, o que Miller adoptase algo de su narrativa efectista y voluptuosa, pero desde luego, son otra cosa. Tal vez sea Robert Crumb, otro de sus admiradores, quien más se acerque gráficamente en algunas de sus historias al bueno de Rich, con esa extraña mezcla marca de la casa (de ambos) de caricatura y exageración con acabado realista y volumétrico. Corben tiene pues, un estilo propio y definido. Es imposible ver una página de cómic y no reconocer su trazo o sus argucias narrativas, que funcionan tan bien que repite a menudo sin que pierdan eficacia. Sin duda Corben debe mucho al The Spirit de Eisner en sus historias más cinematográficas, aquellas en las que se desarrollan recursos del cine como los primerísimos planos, los travelling, picados o contrapicados o la cámara lenta.

A nivel puramente de dibujo, hay una serie de características que definen a Corben, como puede ser el modo en que se mueven sus personajes o, a pesar de un impresionante dominio anatómico, la negativa a renunciar a la caricatura que le permite el medio del cómic para potenciar determinados rasgos, herencia de otros de sus ídolos del cómic como Harvey Kurtzman o EC Segar. Por supuesto, podríamos hablar de su dominio del color o de la técnica de overlays (confundida a menudo en su día con el uso de aerógrafo) que prácticamente inventó él y que utilizó durante mucho tiempo, una técnica que requería de una visión del color que muy pocos tienen. Resumiendo, se podría decir que Corben realizaba en su estudio la labor inversa a la del impresor: componía varios acetatos con distintas gamas de colores que al superponerse daban como resultado el color final. De este modo tenía la seguridad de que sus colores se imprimirían tal como él los había ideado, pero por otra parte resultaba una práctica tediosa y agotadora. Pero durante mucho tiempo esto no fue problema para Corben, un autor cuyo nivel de producción es elevado y que da la sensación de que nunca ha tenido miedo al trabajo duro para obtener resultados satisfactorios. Otra de sus características identificativas es el uso de esos escorzos imposibles a lo Neal Adams, esas viñetas con el punto de vista a ras de suelo o desde puntos inverosímiles o el gusto por resaltar efectos de iluminación extremos, bien mediante la trama manual o las masas de negro compactas, más habituales a medida que pasa el tiempo.

A DOS METROS BAJO TIERRA

A lo largo de su carrera, como muchos de los grandes (volvemos a mencionar aquí a Moebius, Eisner, Miller…) Corben ha tenido que o ha querido reinventarse varias veces. De 1968 a 1972 publica sus historias en distintos fanzines underground, florecientes por aquel entonces, mientras trabaja en una empresa de animación. Muchos ejemplos del trabajo de aquella época se han publicado en España, y la mayoría de ellos fueron recogidos por Toutain en distintos tomos de la Obras Completas del autor. Tras un trazo grueso y algunas incongruencias anatómicas que le acompañarían a lo largo de toda su carrera, Corben explora sus temas favoritos: terror, fantasía y ciencia-ficción, con una gran influencia tanto de los cómics EC de los años ’50 como de la literatura de la misma época. Aunque Corben nunca forma parte del underground más “clásico”, es decir, aquel que hace apología de las drogas o el amor libre, sí que muestra una vena antirreligiosa y antisistema, y tampoco falta el alegato antibélico en una de sus historias más celebradas de la época, Rowlf, una subversión de los cuentos clásicos donde ya están presentes muchas de las cualidades (y alguno de los defectos) del Corben futuro e incluso algunas que después casi abandona, como el simbolismo o la parodia. Rowlf se edita primero serializado en un fanzine, en blanco y negro, y posteriormente se reedita como monografía, resultando un éxito de ventas. Nada mal para una historia donde la mayoría de los diálogos son en un idioma inventado.

Ya en aquella época Corben da muestras de su gusto por HP Lovecraft y su círculo adaptando Las ratas de las paredes, y crea los personajes y el escenario de lo que después será Den III: Hijos del Fuego en la historia corta Un Demonio Sentimental. Su héroe genérico de mandíbula cuadrada, su heroína/damisela desvalida de grandes pechos, ojos y caderas y su viejo brujo repelente ya pululan por muchas de sus historias. En realidad, Corben acostumbrará a reutilizar personajes, situaciones, escenarios e incluso reelaborar guiones y dibujos a lo largo de toda su carrera. Sin embargo, algunas de las mejores historias son aquellas en las que estos arquetipos no aparecen: El Amor del Cojo Lem, La Casa de Harvey el Horrible o CidOpey, su primera historia a color que además representa, por su alegato anti-drogas, un nadar contra corriente respecto a lo que se puede leer en otras revistas underground de la época.

AFILANDO LA HERRAMIENTA

Su entrada en las publicaciones de James Warren en 1972 marca el segundo de sus ciclos. Prácticamente por imposición editorial, las historias continúan la senda de los cómics de horror de los años ’50, pero Corben, que ya se dedica a tiempo completo al noveno arte, tiene la posibilidad de experimentar con el color, amén de entrar contacto con los entresijos del mundo editorial y con varios guionistas profesionales. Lo primero le sirve para revivir su propia editorial, Fantagor Press, tras el descalabro inicial en 1970. Desgraciadamente, por una u otra razón, Fantagor Press nunca llegaría a dar los frutos que podrían esperarse del talento de su propietario y autor principal. Lo segundo le sirve para entablar relaciones duraderas con guionistas como Richard Margopoulos o Bruce Jones, que después darían lugar a interesante colaboraciones. A lo largo de toda esta etapa, Corben produce sobre todo historias cortas, entre las que destacan algunas adaptaciones de cuentos de Edgar Allan Poe como El Cuervo, La Sombra y El Retrato Ovalado o las historias realizadas junto a Bruce Jones como Profundo y Una y Otra Vez, Por Siempre Jamás y Dentro de Ti sin Ti, trilogía que sería el germen de Rip in Time años más tarde. Gracias a algunos de estos trabajos, Corben se convierte en el dibujante favorito de los lectores de las publicaciones Warren.