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La Ley Sinde, una balada triste en internet

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Aviso importante: El artículo que sigue a continuación enlaza, únicamente con carácter informativo, a webs que alojan o que a su vez enlazan a contenidos sujetos a copyright. Ni Zona Negativa como medio ni el redactor de este artículo promueven o animan directa o indirectamente la descarga de estos u otros contenidos protegidos por derechos de autor.

A estas alturas habrá pocos que no se hayan enterado: el pasado martes 21 de diciembre de 2010, la así llamada “Ley Sinde”, en realidad disposición final segunda de la Ley de Economía Sostenible (pág 89.), se rechazó por parte de la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso tras la incapacidad del equipo de gobierno del PSOE –con la Excma. Sra. Ministra de Cultura Dª Ángeles González-Sinde Reig a la cabeza– de conseguir apoyos parlamentarios de otros grupos. Todo ello tras un aluvión de críticas, enfrentamientos, reacciones, lances y ataques informáticos que tuvo en vilo a la red española durante semanas antes de la votación de la ley, que aún hoy sigue coleando y que dará mucho que hablar en las próximas semanas, tras el anuncio de los interesados de intentar sacar adelante su propuesta en el Senado. Para los rezagados que no han leído periódicos, visto informativos u oído la radio durante la semana pasada, Rafa Martín –con su inconfundible estilo benaventiano (allí dirían que Benavente tiene este estilo rafamartinense, supongo)– ha hecho una excepcional recopilación de enlaces en Las Horas Perdidas que no repetiré yo aquí y ahora. Así que vamos al meollo de la cuestión: las descargas.

A día de hoy (casi) todo el mundo descarga. Películas, música, libros, cómics… se descarga de todo y, generalmente, se hace gratis, con el consiguiente perjuicio económico a nivel nacional e internacional para la industria de la cultura. Un perjuicio, mayor o menor según la fuente, ejercido desde unos medios que pueden resultar beneficiosos para algunos autores pero, al fin y al cabo, dañinos para muchos profesionales. Un perjuicio, finalmente, al que ni la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información ni el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual podían poner coto. ¿Motivo? Pues muy sencillo: por más que digan los mensajes que vemos antes de los DVDs originales, y por más que actores, cantantes o directores cinematográficos se empeñen, el uso no autorizado que implican las descargas de material protegido por derechos de autor no es ni una violación sexual, ni un robo, ni tiene nada que ver con el cultivo del tomate… si bien, por mucho que se empeñen los popes españoles de las redes P2P y las webs de descargas directas, tampoco es un ejercicio de mero préstamo desinteresado (como el que resulta de dejar un cómic a un amigo o de regalar una película a un desconocido). ¿Por qué? Porque tanto el robo como el préstamo implican que el propietario inicial del bien deja de poseerlo, involuntaria o voluntariamente. Así que no… la figura jurídica que entraña la piratería es otra muy distinta, se llama “copia”, y no debería estar sujeta a manipulaciones emocionales a través de falsas analogías. Por tanto, la gran pregunta sería… ¿es esa copia delictiva? Y la respuesta es que, a la luz de la legislación vigente, la copia es totalmente lícita.

¿Por qué es lícita (penalmente hablando, otro asunto es la licitud civil)? Para responder a esta pregunta hay que hacer referencia al auténtico caos legislativo que supone la propiedad intelectual en España, y la significación que conlleva el adquirir un bien cultural y su reproducción. En nuestro medio cuando alguien adquiere, por ejemplo, una película, se considera que adquiere una copia del bien cinematográfico y no el vehículo contenedor de ese bien; y, por tanto, en virtud de una excepción o límite al derecho del titular a la reproducción de la obra, se reconoce la posibilidad de realizar copias de seguridad del bien para salvaguardarlo. Así, si un DVD se rompe o degrada, un consumidor puede haber realizado lícitamente copias para poder seguir disfrutando de su película. Paralelamente, según el artículo 18 del texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual tenemos que “se entiende por reproducción la fijación directa o indirecta, provisional o permanente, por cualquier medio y en cualquier forma, de toda la obra o de parte de ella, que permita su comunicación o la obtención de copias”. Es decir, que copiar es una forma de reproducción. Y así llegamos a la madre del cordero, el artículo 31 de la citada ley, que dice así:

Artículo 31. Reproducciones provisionales y copia privada.

1. No requerirán autorización del autor los actos de reproducción provisional a los que se refiere el artículo 18 que, además de carecer por sí mismos de una significación económica independiente, sean transitorios o accesorios y formen parte integrante y esencial de un proceso tecnológico y cuya única finalidad consista en facilitar bien una transmisión en red entre terceras partes por un intermediario, bien una utilización lícita, entendiendo por tal la autorizada por el autor o por la ley.

2. No necesita autorización del autor la reproducción, en cualquier soporte, de obras ya divulgadas cuando se lleve a cabo por una persona física para su uso privado a partir de obras a las que haya accedido legalmente y la copia obtenida no sea objeto de una utilización colectiva ni lucrativa, sin perjuicio de la compensación equitativa prevista en el artículo 25, que deberá tener en cuenta si se aplican a tales obras las medidas a las que se refiere el artículo 161. Quedan excluidas de lo dispuesto en este apartado las bases de datos electrónicas y, en aplicación del artículo 99.a), los programas de ordenador.

Y, si alguien que se haya leído el 31.2 le ha dado al click donde reza “artículo 25″ se habrá encontrado con nada más y nada menos que el artículo que ordena el conocido como canon digital, una compensación gravada sobre equipos, aparatos y soportes materiales idóneos para realizar reproducciones exclusivamente para uso privado, mediante aparatos o instrumentos técnicos no tipográficos, de obras divulgadas en forma de libros o publicaciones que a estos efectos se asimilen reglamentariamente, así como de fonogramas, videogramas o de otros soportes sonoros, visuales o audiovisuales. O en otras palabras: una compensación económica cobrada a los fabricantes (aunque transmisible a los estamentos de la cadena de distribución en calidad de responsables solidarios) “por si” los dispositivos tecnológicos que adquirimos son usados con fines relativos a la copia privada.

Un “por si” que ha sido puesto en cuestión por una Europa que ha determinado que, si bien el canon puede aplicarse a las compras de particulares, no puede aplicarse a empresas o administraciones, y que es utilizado por los defensores de las descargas como garante de las mismas (cuando, en realidad, el canon compensatorio no implica transmisión de derecho alguno al consumidor). Resumiendo: el canon compensatorio lo sufragan los fabricantes o el resto de la cadena distributiva, lo hacen repercutir sobre el precio final del producto, se grava en virtud de la posibilidad de uso del medio tecnológico para realizar copias privadas, pero no se relaciona con el derecho del consumidor a realizarlas; un derecho que legalmente no es tal, sino un límite de los derechos de propiedad del titular de la obra. Por este motivo, las sociedades de gestión de derechos de autor se niegan a introducir el canon en el debate de las descargas de contenido protegido: tal y como está escrita la ley, el canon no tiene nada que decir en la legalidad o ilegalidad de las descargas. En cualquier caso, y finalmente, la guinda del pastel: el artículo 270 del Código Penal, que regula las penas aplicables a quienes contravengan todo lo anterior…

Artículo 270.

1. Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de 12 a 24 meses quien, con ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca, plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o en parte, una obra literaria, artística o científica, o su transformación, interpretación o ejecución artística fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a través de cualquier medio, sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. […]

2. Será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años y multa de 12 a 24 meses quien intencionadamente exporte o almacene ejemplares de las obras, producciones o ejecuciones a que se refiere el apartado anterior sin la referida autorización. Igualmente incurrirán en la misma pena los que importen intencionadamente estos productos sin dicha autorización, tanto si éstos tienen un origen lícito como ilícito en su país de procedencia; no obstante, la importación de los referidos productos de un Estado perteneciente a la Unión Europea no será punible cuando aquellos se hayan adquirido directamente del titular de los derechos en dicho Estado, o con su consentimiento.

3. Será castigado también con la misma pena quien fabrique, importe, ponga en circulación o tenga cualquier medio específicamente destinado a facilitar la supresión no autorizada o la neutralización de cualquier dispositivo técnico que se haya utilizado para proteger programas de ordenador o cualquiera de las otras obras, interpretaciones o ejecuciones en los términos previstos en el apartado 1 de este artículo.

Por tanto, retomamos, ¿por qué no son delictivas las descargas de material sujeto a copyright? Pues bien… en cuanto a la tecnología empleada, el P2P es sólo un sistema de compartición de archivos de toda clase, y las webs de descargas más empleadas (megaupload, rapidshare, hotfile, fileserve…) ofrecen únicamente un servicio de alojamiento de archivos y han demostrado ser cooperativas cuando se denuncia el alojamiento de material sujeto a derechos de autor (si bien no pueden controlar con inmediatez a todos sus usuarios y no tienen forma de discriminar este contenido cuando se sube a la red). Por su parte, las páginas de enlaces como Series Yonkis o Cinetube (que suelen tener ánimo de lucro, aunque no todas) no pueden a día de hoy criminalizarse porque, como indica el abogado especializado en estas lides D. David Bravo, “penalmente es indiferente que una web de enlaces tenga ánimo de lucro” ya que sólo enlaza –y no aloja– el contenido sujeto a derechos de autor. Además, tenemos a las operadoras, que que no son susceptibles de pagar canon compensatorio en base al canal de conexión a internet (ADSL, cable, teléfono, etc) por actuar como bus de transmisión y no como medio de almacenamiento. Y, finalmente, tenemos al usuario, que ve garantizada la obtención de copias de las obras a partir de fuentes lícitas (pero NO necesariamente originales, por lo que las webs de descarga son fuente susceptible de suministro) y que no tiene ánimo de lucro aunque el uso sea colectivo. Así que, a la luz de la legislación vigente, lo único discutible es cómo se armoniza el canon digital con los sistemas tecnológicos de protección de las obras (DRM, o Digital Rights Management), que impiden la lícita obtención de copias privadas a partir de fuentes originales.

LA LEY “SINDE”: UNA SOLUCIÓN IMPERFECTA Y CUESTIONABLE

Llegados a este punto, y para solucionar este pandemonio y acabar de una vez por todas con el perjuicio a una industria claramente afectada por las descargas, la ministra González-Sinde, ante las presiones de su propio gremio, de las sociedades de gestión de derechos de autor como la SGAE y de las majors estadounidenses, introduce en la anteriormente citada Ley de Economía Sostenible su famosa “Ley Sinde”, en realidad una disposición final segunda que reforma a un tiempo tres leyes en vigor. ¿El objetivo? Atajar el problema en el eslabón más débil de la cadena –las webs de descargas– para no criminalizar así al usuario (sería una medida antipopular que, ademas, conduciría al cifrado masivo y a dificultar la persecución de delitos más importantes), no perjudicar a las teleoperadoras (económica y fácticamente inviable) y no meterse en el berenjenal del derecho internacional atacando a los servicios de alojamiento. Un objetivo al que el que suscribe no le pone ninguna objeción (las descargas son perjudiciales para la industria, y los autores tienen justo derecho a cobrar por su trabajo), pero para el que se ha desarrollado una solución claramente problemática y peligrosa por tres motivos.


La “Ley Sinde”, una iniciativa peligrosa

En primer lugar, porque el papel principal de la actuación legal contra estas webs no reside en un juez, sino en una Comisión de Propiedad Intelectual dependiente del Ministerio de Cultura (artículo 158 de la LES) que el mismísmo El País define como “una policía cultural”, y que supondría una peligrosa injerencia del poder Ejecutivo en el Judicial, al tiempo que un agravio comparativo al suponer, de facto, una vía jurídica acelerada en un país con un grave problema de retrasos judiciales. En segundo, porque engaña a los autores al hacerles creer que sus problemas desaparecerán cuando, en realidad, se irán otra parte: ni Pirate Bay, ni Taringa!, ni OneClickMoviez ni ninguna web alojada en el extranjero se verá afectada por el problema. Si hubiera entrado o entrara en vigor, la “Ley Sinde” sólo conseguiría cortarle la cabeza a la hidra durante unas cuantas semanas (si no días) hasta que nacieran centuplicadas por doquier.

Y en tercero –y es el motivo por el que este artículo está publicado en esta web– porque su contenido es altamente peligroso para con la blogosfera patria. ¿Cuál es el gran problema de la “Ley Sinde”? Pues que la citada Comisión puede “adoptar las medidas para que se interrumpa la prestación de un servicio de la sociedad de la información o para retirar los contenidos que vulneren la propiedad intelectual por parte de un prestador con ánimo de lucro, directo o indirecto, o que haya causado o sea susceptible de causar un daño patrimonial”. Y sólo en el caso de que se puedan afectar los derechos y libertades recogidos en el artículo 20 de la Constitución, sería necesaria la previa autorización judicial. Es decir, que si esa ley saliera adelante, un blog –como éste– que realizara una crítica negativa –más que probable– a una determinada obra cinematográfica o “comiquera”, adjuntando además una portada de la obra o similar, podría irse al traste. Y es que ya no se necesita ánimo de lucro, sino únicamente la susceptibilidad de causar un daño patrimonial. ¿Derecho a cita? Pues sí, la Ley de Propiedad Intelectual lo recoge, pero desde que se modificó y se hizo extensivo únicamente con fines docentes, de investigación o para recopilaciones periódicas efectuadas en forma de reseñas o revistas de prensa, es fácil buscarnos las vueltas.

Después uno oye a Álex de la Iglesia, en su acalorado debate el martes por la tarde. Y después lee su Twitter, y después ve una entrada en su blog que contiene un fotograma de una película para cuya reproducción no ha solicitado permiso, y piensa que, evidentemente, el hombre no tiene mala intención. Pero cuando se vota una ley, se vota la redacción de esa ley y lo que puede o podría permitir, no su intención. Y luego ve uno que todo se ha intentado hacer de tapadillo, con nocturnidad y sin hacer mucho ruido (a las nueve de la noche en plenas fiestas el día antes del sorteo de lotería de Navidad) y se escama.


Álex de la Iglesia durante un debate con internautas (vía El País)

Dichas así las cosas, ¿no sería mejor sentarse, producir una ley de consenso que reforme amplia y debidamente toda la Ley de Propiedad Intelectual y, de paso garantizar el derecho a cita en base a porcentaje para todo aquel que, en estos tiempos de internet, desee hacer una reproducción parcial (pactada bajo máximos) de una obra sujeta a derechos de autor? ¿no sería mejor hacer una ley con la que todo el mundo se sienta cómodo antes que parchear, intentar colar, cabrear al personal y estar a malas? Yo creo que sí. Y quiero creer que todos, de Teddy Bautista a Javier Bardem, también lo preferirían. Soy consciente de hay un problema que hay que arreglar, pero hay que arreglarlo bien, no así. Aunque, dicho lo cual, hay que remarcar otra cuestión: con o sin consenso, ninguna ley solucionará el problema de la industria… ¿por qué? Porque la industria, tal y como se conocía, se ha acabado.

UNA REFORMA DE LA INDUSTRIA CULTURAL: LA AUTÉNTICA SOLUCIÓN

Cuando uno oye hablar a cualquier representante de la industria cultural de nuestro país observa razones poderosas y justas en sus reclamaciones pero también un objetivo utópico, pues sólo se puede acabar con las descargas que perjudican dicha industria volviendo a una situación pre-Internet. Pero Internet es el invento más importante del siglo XX, Internet ha cambiado el mundo y sus costumbres, e Internet no tiene vuelta atrás. Antes un espectador iba al cine, veía el tráiler de una película que llamaba su atención, leía sobre ella en una publicación especializada, asistía a su estreno tres o cuatro meses después de su lanzamiento en el mercado de origen, se esperaba otros tres o cuatro meses y podía comprarla si así lo deseaba para su visionado en reproductores domésticos a partir de una copia física. Pues bien: eso ya no es posible y no se puede retornar a ese modelo de negocio por más leyes que se aprueben y por más duro que se ponga el camino. Las cosas mutan, y cuando lo hacen de una forma tan vertiginosa, el resto tiene que cambiar para que todo siga igual. Es algo difícil, pero cuanto antes se asimile, antes podrá encararse el problema y aceptar la reforma de la industria cultural como la auténtica solución a la piratería. Porque hay que aprender a usar Internet en beneficio propio y hay que hacerlo ya.


La iTunes Movie Store en España: cara, atrasada, limitada, sin V.O. y con poco HD

La gran revolución que ha traído consigo Internet ha sido, sin duda, la de la inmediatez. En cualquier parte del mundo, con un simple ordenador conectado, podemos enviar emails que llegan al instante, compartir nuestras vivencias a tiempo real, hablar e incluso ver a nuestros conocidos mientras lo hacemos, acceder a ingentes bases de datos y transmitir documentos y trabajos (e incluso colaborar en ellos a varias manos) de toda clase. Consultar el DRAE, buscar en una enciclopedia, ver el catálogo de un museo, acceder a publicaciones científicas, informarnos de lo que pasa al otro lado del mundo… lo que antes llevaba minutos, horas, días, permisos, desplazamientos, contactos, tiempo y dinero, ahora se hace en segundos a golpe de click. Y lo más importante: cualquiera puede generar contenido. Pretender que este cambio de mentalidad no afecte al consumo cultural es estar ciego. Porque he ahí el quid de la cuestión: la inmediatez y la disponibilidad de la información y los bienes culturales –nunca antes se había podido consumir tanto cine, tanta música, o tanta literatura sin depender, además, de canales de distribución físicos y por tanto limitantes– se han convertido en necesidades para colmo indisociables. Es el “a cualquier hora y en cualquier lugar” elevado al cubo. Y la industria cultural, en lugar de satisfacer esa necesidad y aprovecharse de ese mercado, pretende, sencillamente, que quien está habituado a la celeridad espere, cuando el verdadero problema es que no se dan cuenta de que nadie desea esperar y, lo más importante, que nadie tiene ya que hacerlo con los medios que tiene a su disposición.

El choque se vuelve así inevitable… se siguen distribuyendo copias de prensa o con fines académicos de películas que, antes incluso de su estreno en Estados Unidos, ya están colgadas en la red (y encima ésta en concreto se retrasa en España hasta el 18 de febrero). Se sigue retrasando el estreno de una película lo suficiente como para que antes de su llegada a la salas de nuestro país ya haya salido en alquiler o a la venta al otro lado del Atlántico. Siguen descatalogándose auténticos clásicos por un tiempo ignoto. Se siguen retrasando los estrenos en nuestro país de series de televisión punteras y después se las maltrata en la parrilla en aras de la contraprogramación. Y en lugar de reconvertir las salas de cine y reenfocarlas a otros contenidos de forma masiva, de hacer estrenos mundiales extensivos a la red, de reducir la presencia de soportes físicos reduciéndolos a productos destinados al coleccionismo o de gestionar los derechos de emisión online con publicidad de series de televisión en V.O. al día siguiente de su estreno en Estados Unidos, se apuesta desde posturas cercanas al neoludismo por intentar que el consumidor dé varios pasos atrás, que vuelva a esperar o que se desplace a un centro comercial a una hora prefijada y que deje de descargarse, en menos de veinte minutos, copias en calidad media-alta (no hace falta ni recurrir al top manta ni hacerse con malas copias grabadas en el cine) a las que tiene acceso a cualquier hora del día y en cualquier lugar, y que puede ver cómodamente en su ordenador o su televisión.


Netflix, una idea estupenda aún pendiente en España

¿Leyes antipiratería? La mejor manera de multiplicar la oferta de webs de descargas, diversificándolas tras descentralizaciones puntuales (al principio fue Napster, después…). ¿Gravar a las teleoperadoras? Una forma de pasar la patata caliente que no cae en la cuenta de que el tráfico por el que pagan los usuarios podría emplearse en opciones legales ni en que supone una infraestructura de distribución gratuita para los productores de cultura (hasta el punto de que ellas plantean la opción contraria). ¿Cerrarse a Internet pensando que impera el gratis total? Negar el éxito de sistemas como iTunes (de momento caro y muy imperfecto en lo que compete a películas, pero afinadísimo en el terreno musical), Amazon, Netflix, Hulu, Spotify… sistemas que han rentabilizado el ancho de banda –mediante una mezcla de streaming y cloud computing, almacenamiento local condicionado, publicidad integrada y micropagos– para vender miles de millones de canciones, alquilar millones de películas, generar un mercado de suscripciones de cientos de miles de clientes e, incluso, basar parte de los servicios en la gratuidad condicionada al corte publicitario. Aquí, en cambio, tenemos servicios de exiguo y atrasado catálogo como Pixbox o Filmin, al tiempo que algunas privadas como Antena 3 van dándose cuenta de que colgar –incluso a baja resolución– sus series en internet de forma inmediata es una buena manera de rentabilizarlas y evitar el pirateo.

El camino será arduo pero, desde luego, pasa por ofrecer alternativas legales a las descargas antes de ilegalizarlas si lo que se pretende es vencer el rechazo de una sociedad que ya se ha acostumbrado a una nueva forma de consumir. Pasa por intentar aprovechar un nuevo e impresionante mercado que se abre ante la industria. Por saber que toda necesidad es una oportunidad de vender tu producto de nuevas maneras. Por adaptarse, en definitiva, en lugar de esconder la cabeza y rezar para que las cosas vuelvan a ser como eran a golpe, impotente, de leyes incapaces de enfrentarse a los peores enemigos posibles: el devenir del tiempo, y la realidad.

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66 Comments on "La Ley Sinde, una balada triste en internet"


Invitado
Alberto Benavente
28 diciembre, 2010

Jose, no es industria cultural. Es del entretenimiento. La cueltura existe desde hace siglos. Sin industria asociadas.

Por el resto: buen post. Pero me temo que hasta que lleguemos a la utopía (que es lo que és) de un Netflix patrio o cosa similar, lloverá a raudales.

28 diciembre, 2010

No, Alberto… la industria del entretenimiento también incluye los parques de atracciones o las discotecas (relacionadas con este asunto tangencialmente) y la cosa no va por ahí. La cultura existía antes que la industria cultural, sí, pero desde que el proceso industrial mediatizó la cultura, ésta se ha industrializado, desde el punto de vista de las escuelas económicas que derivaron del materialismo dialéctico. Los alemanes la llaman kulturindustrie, y fueron los que acuñaron el término. Adorno y esa peña… ¡Y gracias por comentar!

Invitado
quitus
28 diciembre, 2010

Por el resto: buen post. Pero me temo que hasta que lleguemos a la utopía (que es lo que és) de un Netflix patrio o cosa similar, lloverá a raudales.
eso implicaría “pagar por algo” y el debate de fondo es sobre pagar/ o no pagar. Itunes no a terminado con la piratería musical. el alquiler/compra legal por la red de DVD’s/Blueray’s tampoco lo hará. quien no quiera pagar siempre encontrará argumentos para no hacerlo. y ahí reside (gran) parte del problema. la utopía de pagar una factura telefonica que lo “incluya” todo, todavía esta mas lejos (aunque quizás sea el modelo final, puestos que la publicidad en internet está (económicamente hablando) muerta. una publicidad que se pagará bien en internet, podría llegar a reproducir el modelo de televisión abierta, pero eso, me temo es otra utopía. mas después del crack de las punto.com. ahí mucha gente se arruino (o vio como amigos suyos lo hacían). y hay que recordar que la publicidad, en gran parte, es un tema de “confianza”).

Invitado
quitus
28 diciembre, 2010

por cierto, empezar a debatir cuando empezó la “industria cultural” puede ser eterno. desde el momento que un autor “ganaba algo a cambio de su obra” (sea dinero, respeto social o sexo) la cultura se convirtió en una industria (otro tema es utilizar “industria cultural” como adjetivo de “industrialización de la cultura” y como algo negativo, que también sería meditable. sobretodo porqué es gracias a eso que gran parte de la población a tenido acceso a ella).

Invitado
Monje Voodoo
28 diciembre, 2010

Artículo muy interesante. Enhorabuena!

Invitado
Tiegel
28 diciembre, 2010

Si ya nos están obligando a pagar el canon digital (que a mi entender legaliza abiertamente la “piratería” al hacernos pagar “por si las moscas”), la ley sinde no tiene sentido.

28 diciembre, 2010

Quitus, no tengo datos precisos, pero desde que iTunes (con el que se paga relativamente poco) y Spotify (con el que no necesariamente hay que pagar) la piratería musical ha disminuido considerablemente. El responsable de Spotify en España, Lutz Emmerich, ha llegado a decir que el 80% de los usuarios de Spotify ya no usa redes P2P para descargar música. Para mí ése es el futuro: una mezcla de streaming y cloud computing, almacenamiento local condicionado, publicidad integrada y micropagos. Y, entonces sí, atacar la piratería musical una vez haya ofertas legales extendidas. Lo mismo con el cine, sólo que armonizando estrenos internacionales y online y reconvirtiendo las salas para el cine-espectáculo (Avatar u Origen se pagan por ver en el cine, El discurso del rey no necesariamente) y otros contenidos. Lo imposible es atacar las únicas fuentes que actualmente cubren una necesidad del espectador sin darle nada a cambio.

Muchas gracias, monje Voodoo 😀

Tiegel, lo explico en el artículo: legalmente (sin meterme en cuestiones morales o tácitas) el canon digital está construido bajo una premisa que nada tiene que ver con la descarga. El hecho de que la descarga sea legal actualmente depende de otros factores: ánimo de lucro, alojamiento o no de los archivos, necesidad de que la copia sea obtenida de fuentes originales o no, etc.

Invitado
Reverend Dust
28 diciembre, 2010

“[…] reconvirtiendo las salas para el cine-espectáculo (Avatar u Origen se pagan por ver en el cine, El discurso del rey no necesariamente)”

Dile tú a Woody Allen que haga películas que no se vayan a estrenar en salas de cine, a ver qué te cuenta xD

Respecto a todo lo demás, muy de acuerdo con el artículo.

Invitado
Luis Javier Capote Pérez
28 diciembre, 2010

Muy buen artículo, que explica la situación claramente. Yo añadiría un par de detalles más, como la torpeza (y cobardía) del Gobierno a la hora de sacar la norma, escondida bajo un proyecto en cuya página oficial no se mencionaba para nada esa Disposición Final Segunda. También la hipocresía de ciertos “artistas”, que hablaban de “lobby de los internautas” o de “ciber-mafia”, cuando simplemente se han encontrado con un colectivo que puede hacer presión como han hecho ellos desde tiempo inmemorial. Además, está el hecho de que en realidad, no se afecta a la cultura, sino a un modelo de industria del entretenimiento que se resistirá con uñas y dientes a cambiar. Se niegan a asumir que hay otras formas de editar y acceder a la cultura, en las que el autor puede obtener más beneficios. El artículo sobre los nuevos contratos de VÉRTIGO demuestra cómo están las cosas en este mundillo. La industria ha reaccionado tarde, muy tarde, a los avances tecnológicos, y lo ha hecho intentando poner puertas al campo.

Invitado
Luis Javier Capote Pérez
28 diciembre, 2010

En todo caso, eso sí, la descarga, préstamo de copias y demás, no es en modo alguno delictiva (no es ilícito penal) pero sí es un ilícito civil, en la medida en que el autor no autorice la misma. ¿Cuál es la diferencia? En el primero, es la cosa pública la que se encarga de perseguir y castigar el ilícito, siendo la “víctima” una persona a indemnizar. En el segundo, la persecución de la infracción ha de hacerla el propio interesado, contratando abogado y procurador.

Invitado
billyboy
28 diciembre, 2010

El problema es que esto puede crear otro monstruo saca dinero,la SGAE fue creada en su dia con buena intencion,para luchar contra la pirateria en defensa de sus autores,hoy se demuestra que es un saca dinero al que no le importa hacer de todo con tal de sacar unos cuartos incluso con gestos lamentables como meterse en bodas y cosas similares.
 
Tambien se puede meter en el saco el caso de los videojuegos,los DLCs o contenidos de pago tambien oparecian buena idea,una manera de luchar contra la pirateria dado que si lo querias tenias que tener el jeugo original para conseguir lo que seria las antiguas expansiones de PC,pues bien hoy se demuestra que casi todos esos contenidos de juego fueron recortados del juego final para meterlo de pago con casos tan lamentables como en los juegos de Capcom donde muchos ya estaban incluidos en el juego (trajes descargables en el SFIV o modos de juego en el RE5) o tener que pagar por la fase final como pasaba en un Prince of Persia.
 
Mucha gente se cuestiona esta ley por la propia Sinde dado que ella es una de las que mas ganaria con esta ley y parece que esta dispuesta a luchar como sea por ella por el simple y vil dinero.
 
Asi funciona este pais,en una crisis financiera y la gente rica solo esperando llenarse mas los bolsillos con ello,me hace mucha gracia ciertos graficos con lo que la industria pierde al año pro la pirateria,¿pero de verdad se creen que quien piratea realmente se gastaria el dinero en su producto si no lo pudiese piratear?,esta claro que en algunos casos si,pero en otros ni de coña y en lugar de hacer el esfuerzo en bajar de precio prefieren gastarse millones en la lucha contra la pirateria.
 
Pondre el caso de Ubisoft,se gasto un paston en un sistema anti pirateria el cual te obligaba a estar conectado a interent todo el rato para que siempre te verificase que el jeugo era legal,este sistema fue aplicado en la salida del assasins creed 2 de PC,a la semana todos los usuarios de PC que compararon el juego estaban enfadados debido a que si el server de Ubi caia o ellos sufrina un paron de internet el juego les tiraba al escritorio perdiendo todo lo que hicieron si no habian guardado,lo mas gracioso del asunto es que dos dias despues de la salida del juego ya estaba una version pirata del juego que no tenia ningun problema con lo cual era mejor la version pirata que la normal dado que no tenia el caprichoso sistema anti pirata………….y no digo nada del de Spore XXD.

Invitado
Tiegel
28 diciembre, 2010

Entiendo a lo que te refieres, José. A lo que me refiero reamente es que si ya estamos pagando eso (sin meterme tampoco en morales o éticas), no le veo sentido a cualquier otro tipo de legislación en ese campo. La copia ya era legal por todo lo que comentas, pero con esto además para mí remataron la cuestión. Por supuesto, es mi opinión y puedo equivocarme. Sea como sea, me alegro de que no haya salido adelante esta ley 

28 diciembre, 2010

¡Gracias a todos por comentar! Luis Javier, ¿seguro que es un ilícito civil? Durante la preparación del artículo no encontré nada al respecto. La propiedad intelectual se regula en la LPI y los ilícitos relacionados en el Código Penal. Y, de todas formas, si es por la autorización requerida para la copia por parte del titular de los derechos, ya ves el artículo 31.2… no se requiere autorización para estos casos.

Billyboy, ojo porque los videojuegos se consideran programas de ordenador y no están sujetos a copia privada sin autorización del titular de los derechos. Las páginas que enlazan juegos pueden ser perseguidas a día de hoy.

Tiegel… a eso iba. No estamos pagando por eso. La triquiñuela legal es inmensa, pero en realidad lo que estamos haciendo es sufragar la repercusión de una compensación gravada sobre la cadena de distribución de bienes tecnológicos en función de una limitación del derecho de autor. ¿Qué quiere decir esto? Que “acabas pagando” por poder hacer copias privadas, pero no estás pagando una compensación por el modo en que se obtienen. Es alambicado, lo sé, pero es importante tenerlo en cuenta. Por lo demás, el problema de la ley es que se puede cambiar. A este respecto la ley Sinde no sólo cambiaba los cauces mediante los cuales cerrar webs sino, más importante aún, la naturaleza que podía conllevar el cierre.

Invitado
X-ternon
28 diciembre, 2010

cometen dos errores graves una es querer parar la piratería con interviniendo en procesos que no necesariamente tienen como objeto la piratería como gravar los soportes físicos o interrumpir una conexión P2P que aunque no sea lo común no siempre se utilizan para descargar archivos pirateados. Otra es entender que si yo dejo de descargarme una película, un disco o una serie pasaré a pagar por esos contenidos, un disco descargado menos no es un disco vendido más, no dudo que las redes P2P hayan provocado descensos de ventas, tampoco lo afirmo, lo que si que es seguro es que  han ampliado en mayor medida su difusión, y estoy de acuerdo en que yo no tengo derecho a ver una película si los involucrados en ella quieren un dinero a cambio de su trabajo, cosa que es justa, pero la cuestión es que generalmente no les estoy produciendo ninguna pérdida.
El futuro está más cerca de plataformas como las que citáis más arriba, que se lo que parece buscan las distribuidoras y la SGAE. Creo que la SGAE se ha equivocado en el fondo y en las formas a la hora de defender unos derechos que si que tienen

Invitado
nemo
28 diciembre, 2010

Aún no ha pasado el peligro, falta ver si el Gobierno consigue que la ley se apruebe en el Senado en el mes de febrero, (la ‘menestra’ de Cultura ya ha dicho en El País que el proyecto sale adelante por sus santos ovarios sí o sí, sin cambiarle ni una sola coma, y si para conseguirlo hace falta ‘untar’ a los nacionalistas transfiriéndoles más competencias para arañar unos pocos votos, pues se hace y punto, ¡será por dinero!). Esto ha dejado de ser un debate sobre la propiedad intelectual y el tema de las descargas para convertirse en un concurso de a ver quién mea más lejos: la ‘menestra’ NO PUEDE permitir que la Ley Sinde no se apruebe porque sería su suicidio político, la Coalición de Creadores e Industrias de Contenidos, ‘lobby’ que agrupa a los productores de la industria del entretenimiento, tampoco permitirá que el Senado tumbe la propuesta, (han gastado demasiado dinero y presionado a demasiada gente para permitir esa derrota) y las majors de Hollywood están buscando una excusa para abandonar el mercado español, si la ley no se aprueba como ellos quieren amenazan con dejar de vender sus productos en nuestro país…
 
¿Cómo va a acabar esto? Mal, muy mal para el consumidor. Desde el momento es que resulta imposible que los políticos, las asociaciones de internautas, las sociedades de gestión de derechos y los productores de contenidos culturales se sienten juntos a la misma mesa sin levantarse a los diez minutos de empezar la reunión, está claro que la ley no va a contentar a nadie: los unos por considerar que se queda demasiado corta y los otros por creer que va demasiado lejos, y unos por otros la casa sin barrer…

Invitado
Maesemediarock
28 diciembre, 2010

Se merecen haberse dado la leche con esa Ley, no se pueden resolver las cosas a coñonazos y de esas maneras…
Con internet la gente tiene a disposición lo que quiere ver, leer y oír sin que nadie le de la brasa, con tu propio horario, sin publicidad molesta, en V.o o doblada, como quieras, te haces tu propia programación de acuerdo a tus gustos inquietudes y demás, y todo eso “gratis”( bien que se paga aqui el ADSL más caro y que peor va de casi toda Europa).
 
No veo una solución, y lo peor es que nos quieren fastidiar a base de bien y no saben todavía como, pero lo intentan…

Invitado
Javier Trujillo
28 diciembre, 2010

Estoy muy de acuerdo con este post. Bajo mi punto de vista, y soy autor, por lo tanto afectado, la Ley Sinde es un craso error. Como el SGAE no protege los derechos de los autores, sino de “algunos” autores, los que están ligados de forma potente al antiguo modelo industrial. Bajo mi punto de vista, la piratería a demostrado que internet es un modelo de difusión masivo en formatos que teóricamente, los mismos consumidores de la piratería negaban como atractivos. Todo el mundo se queja de que leer comics en internet “no es lo mismo” que en papel… ¿y porque se piratean y consumen con éxito? 😀 porque el modelo y el formato funciona. Es rápido, sencillo y cómodo. No tiene fronteras ni casi costes de producción. Entonces, con todas estas ventajas, unidas a que la queja de la incomodidad de la lectura en pantalla es tan peregrina como cuando se decía aquello de “yo no usaré el móvil, no me controlara”, y lo usaba todo el mundo por comodidad… pues con todas estas ventajas, ¿porqué no se ha generado ya un mercado rápido y barato industrial en internet?. Apple lo ha iniciado, y si no es barato es porque la antigua industria pone muchas cortapisas… y esa es la razón, el temor a dejar los beneficios que le dejaban a los especuladores intermediarios que representan a la antrior industria. Pero no pasa nada, la caída de la venta física de contenidos que no son en sí mismos físicos, sino ideas, sensaciones, sonidos, imágenes etc es imparable. Yo como autor sólo necesito que mi creación llegue al interesado, lo que quiero vender es la obra en sí misma, no el continente, sino el contenido, y por internet lo puedo hacer muy fácil y barato. Cuando esto ocurra generalizadamente la piratería será un recuerdo, porque, nadie piratea un perfume de percio barato y que está en todas las tiendas, se piratea una marca muy cara y poco asequible. Para mi esto está muy claro, ir en otra dirección no sólo es erroneo para proteger los derechos de autor, sino que es perder ganar mucho más industrialmente de lo que jamás se ha ganado.

Invitado
JAVIE
28 diciembre, 2010

Mi opinión es que la situación que vivimos hoy dia se debe a un equilibrio logico,propiciado este por años y años de abusos por parte de la industria,ya lo hemos hablado otras veces,en los 90s discos del canto del loco o alejandro sanz,costaban casi 30 euros en cualquier centro comercial,un precio hinchado por mil,estos se aprovechaban de que no podias conseguir el cd de otra manera,asi que o pagas lo que yo digo o te quedas sin musica.
 
 
¿Hay alguien que le extrañe la situación actual? Es decir,ahora que yo puedo descargarme ese cd totalemente gratis,porque la tecnología me lo permite,¿Ahora voy a tener yo remordimientos de un tipo que abusó de mi y que aun lo seguiria haciendo?
 
 
NO.

Invitado
kermitt
28 diciembre, 2010

Para mí que la única razón por la que aún no se ha aprobado la famosa Disposición Adicional Segunda es porque el PSOE no estaba dispuesto a pagar el precio que le exigían el PNV y CiU a cambio de sus votos, pero ya veréis como Zapatero se baja los pantalones en febrero, (no está la cosa como para permitirse más derrotas políticas en ese zoco persa en el que se ha convertido el Congreso de los Diputados).