Grandes Obras Marvel. La Trilogía de Galactus

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Aviso de Spoilers: El texto que tienen a continuación no es una reseña, ni siquiera una retrospectiva. Se trata de un análisis en profundidad de unos cómics en concreto, por lo que se necesita desvelar aspectos importantes para su pertinente comprensión. Se recomienda no continuar a partir de aquí si no se ha leído la obra en cuestión. Avisados quedan .

Bienvenidos, lectores y lectoras, a una nueva andadura que comienza con la Trilogía de Galactus. Permitan que les hable de un proyecto muy personal; uno que me va a llevar a intentar analizar diferentes obras de la historia de Marvel Comics a distintos niveles en busca y captura de las mejores, de las más significativas, de las obras que más impacto han dejado en el aficionado en la larga trayectoria de la editorial. Algunas veces el motivo de su elección será por su obvia calidad; otras veces vendrá dada por su repercusión en un momento histórico, pero siempre se tratará de ubicar en su contexto, tanto como un ancla hacia el pasado, como sus posibles lazos con el presente. En definitiva, se trata de ir un poco más allá, de conocer la trastienda de muchos cómics que hemos referenciado como simples lectores, pero que, en mi modesta opinión, se pueden disfrutar más y mejor si se conocen sus entresijos. Tengo a buen recaudo, como si fuera oro en paño, un suculento listado que guarda los primeros conatos de artículos, pero me parecía de recibo comenzar con aquella que dio el pistoletazo de salida a la Era Marvel de los cómics, los 4 Fantásticos de Stan Lee y Jack Kirby. Obviamente, la entrada se llama la Trilogía de Galactus, y a ella se le dedica un importante espacio, pero eso no es óbice para que sea puesta en un contexto mayor. Tomando como ejemplo esta entrada, voy a recoger etapas, sagas u obras unitarias según mi conveniencia pero siempre llevarán aparejada una definición en su marco correspondiente. Al tratarse de un proyecto tan personal, cualquier reclamación debe ser dirigida al autor de estas líneas. No existen unas directrices editoriales más allá de las mías. Este soy yo y mi visión del Universo Marvel. Sin más.

Antes de empezar quería dejar un agradecimiento muy especial. Con mi compañero y amigo Javier Agrafojo tuve el placer de debatir, compartir puntos de vista y analizar aspectos de los 4F, antes de ponerme a redactar el texto, ya que es un gran fan de la Primera Familia. Aunque él no aparezca reflejado en el artículo, muchas de esas conversaciones privadas me sirvieron para dirigir mis palabras hacia distintos puntos. Vaya desde aquí mi reconocimiento y mi aprecio. Sin más dilación, que comience que el viaje.

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El mito de Fantastic Four

Los mitos, las leyendas, se sustentan sobre los livianos hilos que confluyen entre lo cierto y lo inventado. Podríamos citar incontables casos y en todos ellos, tras profundos estudios, encontraríamos difícil localizar la verdad absoluta. La creación de los 4F está envuelta en brumas, en tantos dimes y diretes que renunciamos desde esta misma entrada a dilucidar y desentrañar como fueron aquellos momentos. Como máximo, aspiramos a exponer los datos más o menos fehacientes y las declaraciones de los implicados, y que cada cual saque sus propias conclusiones. Cuesta comprender un fenómeno tan importante para el comic-book como la creación de la Primera Familia, no ya de superhéroes exclusivamente, sea etiquetado como algo fortuito, casual y con una evidente falta de planificación. Pero no deja de ser cierto que todos los indicios nos indican que la cuestión circuló por esos derroteros. Quizás es el momento en que deberíamos ponernos en antecedentes.

La curva de popularidad de los superhéroes se encontraba a inicios de los años sesenta en un breve repunte tras la caída en desgracia del género en los años cincuenta. Atlas (originariamente, Timely) es una de tantas editoriales de tebeos que sobreviven en un marcado clima de recuperación, tras una crisis, y censura, debido al tristemente célebre Comics Code Authority, consecuencia directa de aquella. Sus altos mandatarios deciden que tal vez sea el momento de un revival para los empijamados. Propiedad de Martin Goodman, editor implacable que había cimentado su pequeño imperio centrando los máximos esfuerzos en publicaciones de corte pulp, consiguió mantenerse a flote desde su creación en los años treinta debido a la poco estimable práctica de copiar el género de moda: terror, ciencia ficción, romances, superhéroes…cualquier cosa valía para sacarse unos buenos dólares. Los vaivenes editoriales (y de la vida) habían provocado que formaran parte de sus filas autores tan importantes como Carl Burgos, Bill Everett, Joe Simon, Jack Kirby o Steve Ditko. Todo un plantel de lujo pero por aquellos entonces los nombres eran más bien poco valorados. Para el bueno de Goodman los cómics que editaba estaban destinados a niños o adultos poco inteligentes, por lo que el único objetivo que le interesaba en su producción era la acción pura y dura. Se dedicaba a dar misivas a sus empleados (básicamente, un Stan Lee perenne en la editorial desde que entró a formar parte de ella como chico de los recados) del tipo: “prohibidas las palabras de más de dos sílabas, obligatorio simplificar al máximo los argumentos y nada de historias de varios números”. Todo ello, siguiendo su razonamiento, porque sus lectores no serían capaces de continuar los hilos de un mes a otro. No es más que otra muestra irrespetuosa de las que hizo gala el mandamás de Atlas ya que la división del noveno arte no era ni de lejos su preferida. De hecho, con la crisis de 1954 y con problemas graves para la distribución, barajó seriamente el cerrarla. Solo el empeño de su editor jefe y que ciertos cómics daban algunas ganancias permitió que se mantuviera abierto el negocio. Poco podía imaginar entonces que su compañía acabaría volviéndose multimillonaria gracias a esos tebeos que tanto despreciaba.

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En un panorama de costes bajo mínimos, Atlas se sustentaba con una plantilla de lo más escasa. El editor jefe y principal guionista era Stanley Lieber, más conocido como Stan Lee, ascendido al máximo escalafón editorial durante la II Guerra Mundial debido a su persistencia y a su talante. Primo de la mujer de Goodman, Lee llegó como un muchacho dicharachero a la editorial y desde lo más bajo se construyó un nombre en la industria. Tuvo que afrontar la crisis del medio, dio sus primeros pasos en el papel de guionista y fue utilizado por el gran jefe en todos sus delirios; hablamos de auténtico riesgo pues no le tembló el pulso al colocarlo como último responsable cuando apenas tenía conocimiento del negocio. Pero si algo tenía el valiente Stan era empuje y energía por lo que agarró todas las oportunidades que le ofrecieron a la espera de poder convertirse en un escritor respetable, uno que no se dedicase al mundo del cómic. También estaba por allí uno de los dibujantes que más prestigio (nominal y económico) habían adquirido durante la Golden Age, debido a su colaboración con Joe Simon, el Rey de los cómics Jack Kirby. Tras una dolorosa separación creativa, Simon había pasado al más lucrativo negocio de la publicidad con la crisis del género, por lo que Kirby se paseó por todas las editoriales posibles en busca de sustento para su cada vez más abundante familia. La empresa de Goodman no se caracterizaba por pagar tarifas muy altas pero el gran Jack tenía una característica que le hacía destacar por encima del resto, su innata rapidez, por lo que la racanería del jefazo jugaba a favor de Kirby. Hablando en plata, artistas más “lentos” huían de Atlas mientras que el Rey solía entregar unas 79 páginas mensuales, lo que en término globales significaba nada menos que la mitad de toda la producción de la editorial, al completo.

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Aparte de ser un grandísimo artista, Jack era una persona con inquietudes a nivel de historia y conceptos a aportar en las tramas. En un medio que solía dividir el trabajo de forma tajante entre guionistas y dibujantes, su trabajo en Atlas era más reconfortante a nivel personal ya que su colaboración con Lee, que apenas tenía tiempo para realizar guiones completos, se nutría de un importante componente de retroalimentación creativa. Todavía no se había patentado pero empezamos ya a hablar del Método Marvel. O lo que es lo mismo, ponerle un estiloso nombre a una necesidad. Con todos los recortes perpetrados por Goodman durante la década de los 50, el editor y casi único guionista, Stan Lee, se veía sobrepasado por la carga de trabajo, lo que se tradujo en que apenas daba unas guías (el llamado Plot) que el artista interpretaba en viñetas, para que el bueno de Stan rematara la faena poniendo los diálogos. Para Kirby, con unas inquietudes creativas importantes, era un detalle a favor para mantenerse trabajando en la editorial de Martin Goodman, a pesar de que la producción continuaba en una tónica simplista y de géneros. Jack dibujaba todo tipo de tebeo que le pusieran por delante, ya fueran westerns, romances o monstruos, lugar el de estos últimos donde volvió a destacar a inicios de los años sesenta. Otro artista estaría hasta el gorro de hacer siempre lo mismo pero Jack siempre buscó ir más allá: “era un reto hacer algo interesante con aquellos personajes tan ridículos….las historietas de monstruos me dieron la oportunidad de dibujar cosas fuera de lo común. Los títulos de monstruos eran un reto. ¿qué criatura podría fascinar al público? ”.

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Así estaba el panorama en 1961 en la editorial. Con una producción basada en la ciencia ficción (extraños aliens y poderosas criaturas en Tales to Astonish o Amazing Adventures, por poner dos ejemplos), el romance adolescente (Millie the Model y Patsy Walker, entre otras) y el western (Rawhide Kid y Kid Colt como banderas), Goodman advierte que los superhéroes vuelven a dar réditos en DC Comics con la creación de la Liga de la Justicia, con una icónica formación que recoge un nuevo talante e inesperadas variantes con respecto la Sociedad de la Justicia. Siguiendo su modus operandi habitual, Martin se dirige a Stan para instarle a que monte un nuevo grupo de héroes enmascarados. Había que subirse de nuevo a la ola del éxito. La historia tradicional nos habla del hastío de Lee resuelto a abandonar y de cómo una conversación con su mujer le hizo afrontar el reto con renovadas energías. Y aquí viene lo más inexplicable del relato. El hecho de la extraña fusión de talentos entre Lee y Kirby para dar como resultado los 4 Fantásticos es del todo fortuito y casual. Ambos ya tenían experiencia trabajando juntos y nunca habían alumbrado una obra de tamaña valía. Por supuesto, no eran dos jovencitos llegados al medio con ganas de hacerse un nombre y cambiar las cosas. Eran dos veteranos con más de dos décadas a sus espaldas de sinsabores. Jack Kirby llegó a tocar el cielo del éxito, alcanzando la meta de ser editor y máximo responsable de una compañía de cómics (Mainline), y ahora trabajaba innumerables horas al tablero de dibujo para mantener su nivel de ingresos. Stan Lee se sentía totalmente minusvalorado por el gran jefe y sus frustraciones iban en aumento. Llegados a este punto, hay que señalar que incluso la relación entre Stan y Jack no era del todo amigable. Son bien sabidas las palabras de desprecio que le dedicaba el Rey al “primo” del jefe, forma despectiva como se dirigía a él en sus primeros tiempos. Sin embargo, el bueno de Stan apreciaba sobremanera los talentos de Kirby, por lo que, cuando se halló confiado en el nuevo proyecto superheroico, se apresuró a contar con Jack. Éste abrazó la oportunidad como chiquillo con zapatos nuevos. Había hueco para sacar todo ese caudal creativo que llevaba dentro y que desde hacía largo tiempo había quedado silenciado por carecer de ocasión.

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Estamos en pleno meollo del dilema. ¿Quién creó Fantastic Four? Difícil pregunta sin aparente sencilla contestación. Si atendemos al dicharachero Stan, éste presentó una cumplida sinopsis de dos páginas mecanografiadas en las que ponía las bases del nuevo equipo, personajes creados para la ocasión (aunque con reminiscencias de épocas pasadas), con sus personalidades bien definidas y su aventura de origen bien perfilada. Si algo sabemos de Lee es que es una animal de espectáculo, un simpático tunante que hacía de sus defectos virtudes. Nunca escondió la relación entre sus tratamientos de guion y el aporte de sus dibujantes, alabando a partes iguales su burbujeante talento para la escritura como el de sus colaboradores gráficos en los diversos proyectos (el ya citado Método Marvel). Tomemos como ejemplo esta transcripción de la declaración de Lee en el juicio sobre los derechos de los personajes Marvel: “con bastante frecuencia, Jack no solo escuchaba mis ideas sino que aportaba algo…incluía en los márgenes de las páginas pequeñas notas manuscritas para que yo entendiese que sucedía en cada dibujo, en ocasiones incluso sugerencias de diálogo…”. Esta aparente buena sintonía contrasta con las afirmaciones de Kirby, que ha repetido una y otra vez que él “le salvó el culo a la editorial”. En palabras literales extraídas de una entrevista con Leonard Pitts, acaecida en 1986, nos dejaba semejantes perlas: “llegué a las oficinas de Marvel e iban a cerrar esa misma tarde. Stan tenía la cabeza sobre su escritorio y no paraba de llorar. Todo aquello me parecía muy dramático, pero necesitaba el trabajo… le dije a Stan que nosotros mantendríamos este lugar funcionando. Y le comenté que intentará convencer a Martin de ello”. En definitiva, Jack tenía en su cabeza montones de ideas y estaba seguro de que todas ellas serían triunfos incontestables. De hecho, en esas entrevistas (quizás la concedida a Gary Grooth sea la más famosa) no paraba de repetir que Stan Lee no aportó nada al proceso creativo, que él en solitario creó a los Fantásticos, a Hulk, a Spiderman…al fin y a la postre a casi todo el Universo Marvel. Estas incendiarias declaraciones deben ser puestas en cuarentena. No porque Jack no tenga su parte de razón, sino porque todas ellas están realizadas en la época en que Kirby estaba en pleno contencioso con la Casa de las Ideas por la devolución de sus originales. Eso hizo que plantease una campaña (con razón) bastante virulenta en los medios de comunicación contra su antigua compañía. Y eso lo notamos porque no encontramos declaraciones semejantes en los setenta, ni siquiera cuando el Rey se fue a DC Comics, por lo que habría que tener mucho cuidado con el contexto de todas estas entrevistas. También hay ciertos reparos con esos guiones originales presentados por Stan Lee como prueba ya que ciertos elementos del Bullpen de la época no recuerdan haber visto semejante documento. Por lo que no pocos aluden a que fue creado a posteriori. Lee era un agente versado en todo tipo de tareas editoriales, quizás viera a lo lejos un contencioso con Kirby y se cubriera las espaldas. Uno de los que apunta en tal dirección es Mark Evanier: “tengo la seguridad de que Stan me contó reiteradas veces que él y Jack se sentaron juntos a pensar cómo sería Fantastic Four”. Es este mismo autor, ayudante personal de Kirby y conocedor de los entresijos de la industria, uno de los que abogan por la co-creación de los dos autores. En sus propios términos: “las creaciones de Lee y Kirby son creaciones de Lee y Kirby. Algunas ideas me suenan más a Stan, otras más a Jack, y en ocasiones encontramos testimonios que indican que uno participó más activamente que el otro. Aun así, incluso cuando uno contribuyó un 80%, el resultado sigue siendo una creación de Lee y Kirby”.

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Podríamos seguir eternamente con declaraciones de unos y otros pero las pruebas que tenemos están ahí. Existe un guion registrado a nombre de Lee con el plot de Fantastic Four#1, que por cierto solo incluye la descripción de personajes y el origen de la Primera Familia pero no la aventura del Hombre Topo. También está constatada la autoría del guion del #8. En todos ellos podemos ver las adiciones planteadas por Kirby con respecto al material proporcionado por el editor. Además, en muchas planchas originales se pueden ver las famosas anotaciones de Jack, mucho más que simples guías. El ejemplo más antiguo pertenece nada menos que a Fantastic Four#3, donde queda patente la influencia de los aportes del Rey de los cómics. Lo que también nos puede constar como dato fehaciente es que los dos autores circularon en solitario o haciendo equipo con otros autores y nunca, nunca, llegaron a alcanzar las cotas de calidad de estos 4F, por lo que reducir el talento a un único integrante del equipo creativo es algo ciertamente sesgado. Ambos eran perros viejos en el mundo de la historieta y, como repasaremos en un próximo punto, cogieron ideas de aquí y de allá para forjar una de las leyendas más importantes del noveno arte. Porque después de tanta polémica parece que nos olvidamos de lo importante, la salida del primer ejemplar de los Imaginautas el ocho de agosto de 1961.

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El tema es que había que crear un grupo de superhéroes y lo que la pareja creativa preferida del fandom tiene pensado no es nada rutinario. El núcleo es un pequeño grupo de personajes unidos por lazos casi (en algunos casos, del todo) familiares cuyas bases están firmemente asentadas cuando comienza la colección. Así, tenemos el script de Stan Lee donde nos detalla las personalidades de nuestros protagonistas:
  Reed Richards: “es un científico joven, atractivo. Líder del cuarteto. Inventa una nave espacial para ir a Marte. Quiere ser el primer hombre en pisar Marte
  Susan Storm: “es la chica de Reed. Es una actriz. Hermosa, glamorosa
  Ben Grimm: “es un tipo muy rudo, un bruto. Es piloto. También está enamorado de Susan
  Johnny Storm: “es el hermano pequeño de Susan. Un adolescente, 17 años. Estrella del deporte en su instituto”.

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Con estas líneas maestras, Jack Kirby realizó los diseños de los cuatro futuros héroes, añadiendo modificaciones y algo de su propia cosecha. Un grupo que se caracterizaría por sus evidentes lazos familiares y por desarrollar sus aventuras en el ámbito de la ciencia ficción, pues en aquella época ¿qué era si no pensar en un viaje tripulado a Marte? Es bien sabido que el Rey ya había fantaseado con la carrera espacial en la legendaria tira de prensa Sky Masters of the Space Force (1958-1961) pero no podemos abstraernos del contexto real en que se mueve la obra. Se estima que el esquema final del primer número de Fantastic Four estaba totalmente cerrado en abril de 1961….justamente el mes en que se produjo la primera aventura tripulada por el espacio por un ser humano. El doce de abril de 1961 la noticia saltó a los titulares. La URSS obtuvo un gran éxito al lanzar la Vostok 1, en cuyo interior se hallaba el primer humano es traspasar la barrera de la atmósfera, el cosmonauta Yuri Gagarin. Gran triunfo para los comunistas en el año que se considera como punto de inicio a la llamada Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia. Como sabemos, esta batalla por la estrellas sería una constante durante toda la década, llevándose el gato al agua los norteamericanos con la llegada y desembarco en la luna del Apolo 11 en 1969. Ese ambiente de confrontación entre bloques sería trasladado de una manera más o menos realista a las páginas de los cómics Marvel, entre ellas las de los 4F. Allí veríamos otra rivalidad por la llegada a una zona concreta e ignota de la luna, llamada Área Azul, entre el grupo de los Imaginautas y el temible Fantasma Rojo, comunista a más señas y equipado con un ejército de súper simios inteligentes.

Sigamos desentrañando el argumento en cuestión. El grupo se reúne para apoyar a Reed Richards cuyas investigaciones se han centrado en el envío tripulado de una aeronave a las estrellas. Parece que el gobierno ralentiza su trabajo y Richards no quiere esperar. Su gran amigo, Ben Grimm, piloto curtido en mil batallas, es su gran baza para eludir la seguridad y lanzarse al espacio; una misión casi suicida en aras de adelantarse a los comunistas. Pero antes de salir a lo desconocido hay que tomar precauciones. Grimm lo advierte, hay unos rayos cósmicos de los que apenas conocemos nada que podrían alterar todos los planes del impaciente doctor. Esos “rayos”, que en el cómic son la causa por la que nuestros protagonistas adquieran poderes, estaban documentados de forma empírica desde finales de los años cincuenta. Conocidos como Cinturones de Van Allen, por su descubridor James Van Allen, se trata de zonas de radiación ubicadas en la magnetosfera terrestre originadas por el campo magnético de la Tierra como consecuencia del movimiento de Rotación. Su conocimiento data del año 1958 cuando se lanzó el Explorer 1, el primer satélite artificial puesto en órbita terrestre por los EEUU. Todos estos avances salieron a la luz pública ya que la carrera espacial fue un fenómeno retransmitido in situ a todo el mundo, lo que nos hace sospechar que nuestros creadores utilizaron esa información para darle una vuelta de tuerca al concepto de “rayo cósmico”. No en vano, también es un dato documentado que la exposición a radiación puede producir alteraciones en al ADN, es decir, mutaciones. Todo esto no hace más que entroncar a los Cuatro Fantásticos con algunas de las más importantes tradiciones de la ciencia ficción.

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Una vez que se adentran en el peligroso viaje, con su consecuente fracaso por la exposición a radiación cósmica, y terminan por obtener súper poderes, deciden que es el momento de hacer el bien y ayudar a la humanidad. No olvidamos que estamos ante un cómic de superhéroes por lo que Stan y Jack mantendrán esa dinámica en la serie: el bien contra el mal; heroísmo vs villanía. La diferencia es que añadirán sugerentes elementos que convierten Fantastic Four en un producto distinto. Y todo ello lo podemos constatar desde este primer número. Ya hemos hablado del componente ciencia ficción, con el viaje espacial y la obtención de sus poderes. Pero no debemos olvidar la segunda parte de la historia, su enfrentamiento con el Hombre Topo, donde afloran más elementos que entroncan con este género. Mr. Fantástico convoca al grupo porque se están produciendo extraños seísmos que están engullendo hacia el centro de la Tierra centrales nucleares de todo el mundo. Algo fuera de lo común provoca estos desastres y los 4F se proponen descubrirlo. La sorpresa es que desde esos importantes orificios surgen terroríficos monstruos. Bueno, la temática monstruosa era un habitual para los dos autores por lo que ésta no es la novedad. De hecho, La Cosa no es más que otra consecuencia del trabajo de Kirby y Lee con esta temática. La novedad se enclava en que el responsable de estos ataques, el Hombre Topo, ha logrado instaurar un auténtico imperio subterráneo. Esto, que parece fruto de una imaginación febril, tuvo un periodo aceptación importante en ciertos periodos históricos con la llamada Teoría de la Tierra Hueca. Esta creencia vendría a decir que nuestro planeta es hueco en su interior, con aberturas que comunican su geografía de este a oeste, de norte a sur. Ese concepto que nos suena disparatado a día de hoy fue defendido por importantes científicos del siglo XVIII como Edmund Halley (el descubridor del famoso cometa) o el norteamericano John Cleeves Symmes. Conforme la evidencia científica fue arrinconando esta teoría, fue recabando en el terreno de la literatura de ciencia ficción, donde escritores como H.P. Lovecraft o Julio Verne lograron sacarle un gran partido. El equipo creativo evidenció conocimientos del tema y compusieron este díptico, con una importante simbología al ubicar la primera parte de la trama en lo divino, las estrellas, y la segunda en lo profano, el submundo del Hombre Topo. Todo aquel que conozca las inquietudes de Kirby verá rápidamente que es algo del todo intencionado.

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El otro componente vertebrador de la cabecera vendría a señalar la naturaleza humana de los personajes. Hasta ahora los superhéroes no dejaban de ser representaciones ideales de la pureza y la perfección. Lee y Kirby se apresuran a humanizar a sus creaciones. En este primer episodio no visten el típico atuendo superheroico; no sería hasta el tercer número cuando se confeccionan un sencillo uniforme de color azul con el cuatro en su pecho. No visten máscaras, no hay identidad secreta. Míster Fantástico, la Cosa, la Chica Invisible, la Antorcha Humana; sus alter ego están ahí, pero todo el mundo los conoce por su nombre de pila. Es decir, es más importante la persona que el héroe. Y sobre todo, no son cuatro extraños que se han juntado por azares del destino. Todos ellos se conocían de antes; todos están relacionados por lazos; vivieron juntos el traumático proceso de transformación; son una familia. No podemos imaginar cuan rompedor es imaginar ese concepto de partida pero es indudable que lanzaba por los aires una cantidad considerable de estereotipos alrededor del género. Y es algo que los autores se esforzarán en dejar patente conforme vayan avanzando sus aventuras. Los cuatro hacen del Edificio Baxter su hogar, no su cuartel general. Allí es donde viven y donde acogerán a los distintos personajes que se vayan acercando a la Primera Familia, ya sean novias, niñeras o futuros descendientes. Cuando no están inmersos en peligrosas misiones pasan tiempo juntos, celebran cosas, lloran y ríen unidos. También pelean y se crean desavenencias, pero como buena unidad familiar siempre saben solventar la papeleta. Ya desde los tratamientos iniciales del grupo, Lee sugería hacer de Ben Grimm un elemento inestable dentro del equipo, creando recelos y conflictos por doquier. No sabemos si la clara identificación de Kirby con el personaje alejó gran parte de esas ideas iniciales de que la Cosa fuese poco menos que un malvado infiltrado o si se fue desechando de forma natural pero lo cierto es que, a pesar de amagar varias veces con abandonar a los Fantásticos, el bueno de Ben se convirtió en uno de los favoritos del respetable. No es de extrañar pues su dicotomía monstruo-humano daba lugar a sugerentes tramas para ahondar en la profunda frustración e insatisfacción del personaje, a la vez que su carisma natural lograba solventar todos los escollos. No lo hubieran conseguido si no hubiesen actuado desde el principio como lo que son, una familia.

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Aquel Fantastic Four marcó un hito desde su misma salida. Inauguró la Era Marvel de los Cómics y desde esta colección se cimentó el universo cohesionado de ficción más longevo del noveno arte. Durante muchos años fue el buque insignia de la compañía, la colección principal de donde surgían conceptos por doquier para explorar por el resto de la redacción. Un caudal de creatividad difícilmente igualado por ninguna otra colección de su época y por muy pocas de sus sucesoras. Cuesta pensar que el camino se recorrió a base de improvisación, sin un plan maestro a largo plazo, pues nadie podía suponer el innegable éxito que supuso para la compañía los 4 Fantásticos. Y a todo esto, ¿qué pensaba Martin Goodman al respecto? El mandamás comenzó a ver resultados económicos y no se preocupó del proceso creativo. Es más, tenía una teoría al respecto y es que el motivo principal de la venta de un cómic era la portada (sic!): “la portada era el gancho, el gran dibujo de todo el cómic. Cuanta más fuerza tuviera la portada, más altas serían las ventas”. La conclusión para nuestros autores fue una libertad inusitada para poner en danza todas las enseñanzas recibidas y las influencias tomadas durante todos sus años de andadura artística.

Influencias y Confluencias

Jack Kirby nace en 1917 en la populosa ciudad de Nueva York, aunque es la primera generación nacida en USA de una familia judía proveniente de Austria. Stan Lee hace lo propio en 1922, también en la Gran Manzana, hijo de emigrantes rumanos (al igual que la de Kirby, de credo judío) recién llegados a los Estados Unidos. ¿Por qué aportamos estos datos así, de forma tan directa? Por el contexto; vamos a indicar las condiciones, formación y vida editorial, de nuestros dos autores para así comprender mejor cuales fueron sus primigenias influencias. Los dos protagonistas de la historia, con una edad bastante similar, crecen en un tiempo convulso como fue el inicio del S. XX. Una época de guerras, recuperación y crisis importantes.

Kirby, nacido como Jacob Kutzberg, es el que más y mejor ha documentado su vida en diversas entrevistas. Por su condición de emigrantes, la vida de la familia no fue fácil, obligados a subsistir a duras penas en el barrio neoyorkino del Lower East Side. La influencia negativa de esta ambiente pudo pasar factura al muchacho, pues las bandas y la delincuencia campaban a sus anchas por el entorno. Pero Jack era un chico imaginativo, solo necesitaba la chispa que encendiese sus capacidades. Ese detonante fue el fortuito encuentro con una revista pulp de ciencia ficción. El pulp es un concepto despectivo aplicado a un tipo concreto de publicación que se hizo muy popular a inicios del pasado siglo en EEUU. El desarrollo industrial y económico en Estados Unidos propició un alto nivel de alfabetización de la sociedad, lo que se tradujo en una oferta de ocio populista servida a precios bajos. El cine y la lectura se convirtieron en hábitos corrientes en gente de toda clase y condición. Para los sectores más bajos se erigió como estrella de la función las apodadas revistas pulp, por estar impresas en una material barato denominado papel de pulpa. En realidad, se trata de un concepto contenedor, una especie de batidora de géneros donde podemos encontrar terror, misterio, romance o fantasía. El primer acercamiento de Jack a este mundillo es mediante una revista de este tipo relacionada con la ciencia ficción, lo que hizo mella en el pequeño de los Kutzberg. Aquel Wonder Stories, con nada menos que un cohete espacial en su portada, atrapó al bueno de Jack, que además tenía que esconder su afición a la lectura y al cine a sus amigos pandilleros. Recordamos el ambiente hostil en que fue criado el futuro Rey de los cómics.

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El bueno de Stan parece que tuvo una infancia más o menos tranquila para la época. Su familia no es que nadara en la abundancia pero se sabe que pudo asistir al instituto. Su afición a la lectura y al cine, como declarado fan de las películas de Errol Flynn, le llevó a pensar en su futuro como novelista, haciendo sus pinitos en pequeños trabajos en agencias de noticias, escribiendo obituarios de forma modesta. Quiso la suerte de que su prima estuviera casada con un relevante editor de revistas. Martin Goodman aceptó al joven con apenas dieciséis años y lo puso de chico para todo. El resto es historia.

La travesía de Jack fue más compleja ya que si no fuera por una institución de caridad no hubiera salido de las calles. La Boys Brotherhood Republic era una institución social que ayudaba a chicos a con problemas a encontrar un futuro. Y Kirby eligió ser dibujante, después de descartar su sueño de ser actor de Hollywood. Viajar hasta el otro lado del país costaba un dinero que no tenía. Las bondades del dibujo,de todas formas, estaban ahí; cualquiera con un lápiz podía imaginar mundos, podía traer vida, y aquello enganchó al joven Kutzberg para intentar hacerse un hueco en el floreciente negocio de la viñeta. En 1935 el panorama era boyante en cuanto a posibilidades en la ilustración. El nacimiento del comic-book, el boom de la tira de prensa, la cada vez más incipiente industria de la animación….en esta última Jack da sus primeros pasos, más concretamente en los Estudios Fleischer (Betty Boop, Popeye, etc.), entonces localizados en el corazón de Manhattan. Aquí, en palabras literales del artista, “hacíamos animación. Trabajaba en un proceso intermedio de elaboración. Mi espacio de trabajo era una fila de mesas de doscientos metros. Era como una fábrica”. Poco duró esta experiencia pues en 1937 los Hermanos decidieron mover el estudio a Florida y la madre de Kirby no le dejó mudarse de ciudad.

Es entonces cuando comienza en el terreno de la prensa diaria. Haciendo trabajos para pequeñas empresas que apenas le reportaban ganancias. En un momento dado gira su atención hacia las novedosas revistas de cómic. Cuando el formato de tira de prensa comenzó a evolucionar dio lugar al denominado comic-book, un cuaderno con pocas páginas en panorámica vertical donde se incluyen historias completas. Se considera el primero de ellos Famous Funnies (fecha de portada 1934) a cargo de Maxwell Gaines y Harry Wildeberg. El éxito se torna incontestable cuando la proliferación de estos hace evidente que el experimento ha gustado en los lectores. Surgen estudios de dibujantes para abastecer a las compañías y uno que va a centrar nuestro interés es el regentado por Jerry Iger y Will Eisner, dos jóvenes artistas prácticamente arruinados que consiguieron hacerse un nombre gracias al emergente mercado de la revistas de cómic. Con poco dinero, alquilaron un local y buscaron a gente capacitada para dedicarse a la historieta. Allí se plantó Jack Kirby en 1938. La impresión que causó en Eisner fue bastante impactante. No solo por la calidad y la rapidez de las que hacía gala el artista, sino por el empuje del muchacho del Lower East Side. Como ejemplo, Will recordaba una vez que un proveedor le dio graves problemas en la oficina y Jack saltó presto a ajustar cuentas. Este detalle caló hondo en el creador de Spirit y no pudo evitar reflejarlo en una pequeña historia.

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Anécdotas aparte, bajo el amparo de Will Eisner pudo perfeccionar su técnica de dibujo. Sobre todo, trabajó en la narrativa, que le permitía contar la trama sin diálogos, elevando el nivel de poses y retratos psicológicos de personajes. A Jack se le quedaba corto el trabajar en un único estudio por lo que siguió aportando tiras en pequeñas compañías; en algunos casos, ni llegaba a cobrar por el trabajo. Aquello ponía de muy mal humor al pandillero del Lower; encontrar un lugar donde recibir tarifas acorde con su valía le estaba resultando una ardua tarea. Recaló en el taller de Victor Fox, un empresario cortado por un patrón muy específico, nada interesado en las obras, solo en el dinero que generaban. Uno de esos extraños personajes que sacaban petróleo de una situación propicia, a pesar de no tener ninguna valía. Allí, Jack Kirby tuvo su gran revelación, pues la estrella de la casa era el dibujante y guionista Joe Simon, antiguo asalariado de Funnies Inc., donde coincidió con Bill Everett o Carl Burgos. La amistad entre Jack y Joe surgió porque ambos, con gran talento, tenían los mismos pareceres e inquietudes con respecto al mundo de la viñeta. Poco a poco, ese trabajo pasó a ser indivisible, pues los dos trataban de mimetizar sus estilos para guionizar y dibujar las historias que vendían al estudio de Fox, lo que dio lugar a una marca autoral, Simon+Kirby. El prestigio del primero era superior en esta época al de Kirby por lo que pronto llamó la atención de un editor de revistas pulp y recientemente subido al carro del comic-book, Martin Goodman. Simon no dudó en convencer al bueno de Jack para que le acompañara en esta nueva aventura. La vía por la que llegaron a Timely es la relación de Simon con Funnies, principal proveedor de Goodman. Allí se asentaron a la altura de 1940.

La década de los cuarenta fue el momento de eclosión, una temporada de gran crecimiento en el mundo del cómic, que colocó a muchos artistas en posiciones privilegiadas. Tanto Kirby como Lee, por aquellos días con caminos que no podían estar más separados, eran permeables a todo tipo de influencias. Nadie permanecía impasible al trabajo realizado por Alex Raymond, Milton Caniff, Will Eisner o al de Hal Foster en su Príncipe Valiente, donde incluso se atrevió a matar a Aleta, la enamorada del héroe. El medio daba pasos agigantados, con empresas señeras a la cabeza como la montada por Malcolm Wheeler-Nicholson, National Allied Publications. Sí, estamos hablando del germen de la Distinguida Competencia, que con la serie Detective Comics elevó el predicamento de la producción pulp hasta niveles insospechados. Y que podemos decir del camino desarrollado en el terreno de los superhéroes, auténticos pioneros con la creación de Superman, Batman o Wonder Woman, la icónica trinidad DC. La artesana producción de las tiras de prensa ha dado lugar a una industria, con todo lo bueno y con todo lo malo. Las ideas se usan, se copian, se reutilizan; los autores van cambiando de casa, reciclando ideas por la inmediatez del medio. Las modas aparecen, el mercado se satura… y llega la crisis. En este caso debido al puritanismo bajo la América del macartismo, en la figura del psiquiatra Fredic Wertham y su libro “La seducción del inocente”, el mercado del comic-book entra en una recesión importante que va a dejar a mucha gente sin trabajo. Entre ellos, el dúo formado por Simon y Kirby se separa para nunca más volver. Jack debe hacer frente a su camino en solitario.

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A esta alturas, Kirby era un más que versado agente en todo tipo de entramados, al igual que Lee, acostumbrado a guionizar según la moda de rigor. Como hemos dicho líneas arriba, los dos autores comenzaron como soñadores y, llegado el momento, decidieron volver a sus raíces cuando idearon los 4 Fantásticos. Es indudable que los rudimentos del grupo entroncan con la ciencia ficción. Éste era un género literario popular a principios de siglo, trasplantado incluso a otros medios como el cine o el cómic. La mejor definición del mismo es aquella que establece que el elemento determinante es la especulación imaginativa. Es, pues, una narrativa especulativa que además incorpora un sentido de la maravilla, aderezado por el interés en analizar los cambios y descubrimientos científicos que suele conllevar ese condicional especulativo. Todo esto ha derivado en una distinción en diversas partes del género entre las que podemos citar, grosso modo, la space opera, la fantasía o hard Sf (ciencia ficción “dura”). La temática da sus primeros pasos a finales del S.XIX y se considera a H.G. Wells como el padre espiritual del mismo, aunque el gran nombre que la “inventa”, el que define la ciencia ficción, es Hugo Gersnback, ya en pleno siglo veinte.

Siguiendo con las enseñanzas aprendidas gracias a Miquel Barceló y su libro “Ciencia Ficción. Nueva guía de lectura”, para no alargar el tema en exceso, tenemos unos temas básicos que circulan por el género: el viaje por el espacio, por el tiempo, robots, la prospección del futuro o las nuevas sociedades. Como se puede observar, temáticas incluidas en las primeras historias de los 4F. Pero además, hay una serie de obras concretas, además bastante famosas, que nos pueden servir de ejemplo para ilustrar la conexión de los Imaginautas con el género. Así, por empezar a lo grande, tenemos Crónicas Marcianas de Ray Bradbury (1950), cuyo tema central era la colonización de Marte por parte de los humanos. Y Marte fue el anhelo de Reed Richards en su viaje a las estrellas. El Hombre Demolido de Alfred Bester (1952) o Mutante de Henry Kuttner (1953) nos hablan de las peripecias de seres con poderes (telépatas en ambos casos), asimilándolos a entornos distintos pero cuya base es el impacto de tener dones especiales y como esto afecta a la sociedad. En esa misma tesitura podemos citar Más que Humano de Theodore Sturgeon (1953) donde el nacimiento de una nueva especie en el seno del humano corriente y moliente va a traer conflictos y marginación para este nuevo paso de la evolución humana. Es evidente que esta novela es muy parecida al concepto de X Men, que desarrollaron a posteriori los autores, pero es también obvio que los Fantásticos y sus habilidades impactan en un mundo que no está acostumbrado, aunque luego surjan prodigios por doquier. Como enamorados de la temática, es muy probable que Lee y Kirby hubieran devorado con fruición muchas de estas novelas, permeando elementos que luego podrían aplicar a su producción en viñetas.

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Todo este flujo de ideas circulaba en un mundillo que se nutría de la inmediatez y de la asimilación de variados conceptos para dar salida a las revistas de cómic. Jack Kirby, repetimos, era un apasionado de la ciencia ficción; él mismo ha declarado que prácticamente le cambió la vida, por lo que es de suponer que antes de 1961, fecha de salida de los 4F, ya hubiera tocado el tema. Hay dos obras que se acercan especialmente a la colección de los Imaginautas, por lo que es de recibo informar de ellas. La primera de estas series toma forma en DC Comics con el nombre de Challengers of the Unknown. Un cuarteto de aventureros (como los Fantásticos) que se dedican a investigar cuestiones fuera de lo común y sucesos paranormales. El Rey reconoció en su momento dar salida a esta serie por el amor que profesaba a cabeceras clásicas como Buck Rogers o Flash Gordon, donde, de nuevo, se pueden rastrear influencias más que evidentes. La otra gran obra es, en este caso, una tira prensa, bajo el amparo también de DC. Hablamos de Sky Masters of the space force. Obviando los problemas legales que tuvo al respecto el bueno de Jack, la misma versaba sobra la carrera espacial que había dado comienzo en 1957. Nuestra Primera Familia es parte de esa misma carrera espacial, aunque luego la temática gire hacia territorios insospechados. Todas estas aportaciones, en las que Kirby no es autor exclusivo ya que hay citar la colaboración de los hermanos Wood, son previas al segundo desembarco de Kirby en Timely y, muy a pesar del Rey, no pudo dirigirlas por la senda que le hubiera gustado. Stan tampoco era ajeno a este fenómeno pues estaba acostumbrado a dar salida a revistas de corte fantástico, como Tales to Astonish, Amazing Adventures o Journey into Mistery, pero estos relatos suelen ser más bien genéricos por definición.

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En este mundo del noveno arte, donde los calcos o inspiraciones estaban a la orden del día, los 4 Fantásticos surgen gracias a la Liga de la Justicia de DC. Por más que miremos, y a pesar de que la orden Goodman era copiar el nuevo grupo de superhéroes de la competencia, poco reflejo tendremos de la misma en la Primera Familia. Influencias de Challengers of The Unknown, Flash Gordon, el género de los monstruos, personajes de la Era Timely o incluso de Doc Savage podríamos identificar al instante. Pero de la Liga, nada de nada. Quizás la gran novedad sea el camino contrario tomado por Lee y Kirby, totalmente opuesto al que el gran gigante del cómic americano había asentado como canon. La Distinguida Competencia se había forjado un método de trabajo casi industrial, donde el dibujante no podía interferir el trabajo del guionista y viceversa. Para eso estaba la figura del editor, para mediar entre ellos. Por otro lado, las historias publicadas en colecciones grupales se basaban en tres sencillos puntos:
– Los miembros individuales tiene una confrontación inicial con la amenaza
– El equipo se reúne; en pequeños sub-grupos luchan contra distintos aspectos de la amenaza
– El equipo se junta para afrontar el peligro como grupo.

Lee conocía este modus operandi y para nada estaba de acuerdo con él. Al guionista le parecía más interesante que en el colectivo hubiera problemas personales, que existiera un apego a la realidad en cuanto a su composición como equipo, que se dieran disensiones entre los miembros. Lo cierto es que la grandeza del Universo Marvel, que da comienzo con la Primera Familia, supuso algo refrescante no porque sus elementos fueran revolucionarios o nunca vistos. Hasta el hecho de intentar aplicar un tempo continuo ya había sido probado en Gasoline Alley en los ¡¡años veinte!! En esta legendaria tira de prensa el paso del tiempo hace mella en los personajes y estos van creciendo, evolucionando. Lo cierto es que las comparaciones debieran hacerse con el anquilosado sistema DC más que con otro tipo de obras que estaban haciendo historia en el medio, tal y como puede ser el Príncipe Valiente de Hal Foster o Spirit de Will Eisner. A Stan y Jack unas veces les había sonreído la suerte; otras veces se les había mostrado esquiva. Pero siempre supieron asimilar lo aprendido para cuando se dio la necesaria confluencia entre sus dos talentos, dar el golpe en la mesa necesario y dejar impreso, de paso, sus nombres con letras de oro en el panteón del noveno arte.

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El camino a la grandeza

Todo el torrente creativo de los primeros años en la serie fue coronado con un número cincuenta que supone el pináculo de grandeza de la colaboración entre Lee y Kirby, lo que se ha dado en llamar la Trilogía de Galactus, apodo que no establecieron sus autores originales. Pero antes de empezar con ella, veamos un poco con que mimbres se construyó el mito de los 4 Fantásticos.

Un primer número rompedor no te garantiza nada. Había que seguir por la senda marcada para conseguir instaurar a estos nuevos personajes en el panorama editorial. Stan y Jack comprobaron que su planteamiento inicial funcionó por lo que poco a poco irían redondeando el pastel con renovadas guindas. Para seguir con la tónica de la ciencia ficción nada mejor que traer elementos de más allá de las estrellas. Hablamos de los Skrulls, una raza alienígena con intenciones agresivas para con la Tierra. Los autores comienzan la aventura con un golpe de timón totalmente sorpresivo para el aficionado: los Fantásticos cometiendo todo tipo de fechorías y convertidos en enemigos públicos, dando con sus huesos en la cárcel. Bien, ya sabemos que todo era una trampa perpetrada por los Skrulls, unas criaturas espaciales con un plan muy preciso para conquistar la Tierra; y para ello era necesario borrar a los 4F de la ecuación. Elementos venidos de otros planetas, un tema habitual de la literatura fantástica o ¿algo de realidad subyace en esta trama? No, todavía no nos hemos abandonado a teorías acerca de aliens viviendo entre nosotros, al estilo de la celebérrima cinta “La Invasión de los ladrones de cuerpos”. Pero es indudable que en aquellos días se vivía una psicosis social parecida, que se podía reflejar fácilmente en los términos de la ficción: la invasión de los comunistas. Son como nosotros, pueden pasar como un americano de bien pero luego resultan ser peligrosos “rojos” trabajando para derrocar la democracia. Los años del Macarthismo pesaban como una losa todavía a inicios de los sesenta y el pro o anti comunismo eran temas recurrentes en la vida diaria norteamericana.

Descubierto el engaño, el equipo consigue desenmascarar a los metamorfos infiltrados en nuestro planeta. Pero una importante flota skrull se encuentra en nuestra órbita esperando órdenes del escuadrón localizado en la Tierra. Reed y su gente consiguen engañarles, previniendo a la máxima autoridad skrull de las buenas defensas terráqueas con unas fotos sacadas de Strange Tales y de Journey into Mistery (toma recurso meta con dos cabeceras Atlas donde abundaba el tema de monstruos; bien jugado!!). Sacada la conspiración a la luz, los 4F son redimidos y convertidos en celebridades. Los skrulls restantes (¿son tres o son cuatro?) quedan hipnotizados y convertidos en vacas…y no sabremos nada de ellos hasta la Guerra Kree-Skrull. Con la inclusión de esta raza galáctica los autores aumentan las posibilidades hasta el infinito. No solo tenemos un nuevo mundo Marvel donde los distintos héroes interactuarán en el futuro sino que marcan un panorama estelar de lo más suculento para usarse en aventuras venideras. Pero, sobre todo, lo que consigue este segundo número es una sensación de continuidad con respecto al número anterior. Lee y Kirby abandonan el procedimental método de crear las historias como compartimentos estancos. Cada aventura debía de sumarse a la anterior, la evoluciones de los personajes debían mantenerse e incluso, que aventurados, se atrevieron a plantear tramas que durasen más de un ejemplar.

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En Fantastic Four#3 asistimos a su instauración como grandes héroes para la comunidad. Obtienen el Edificio Baxter, se confeccionan uniformes y se mueven con el Fantasti-car. Quitando la amenaza del Hombre Milagro, otro maloso que lleva un concepto como la hipnosis a un nivel superior, y más monstruos (las costumbres son difíciles de quitar), lo más destacado es que somos testigos de auténticas disensiones entre los miembros del equipo. La convivencia entre Johnny y Ben se torna de lo más complicada, hasta el punto de que el fin del capítulo marca la marcha del joven Storm del grupo. Este es un punto sobre el que se volverá una y otra vez. Como grupo imperfecto, los conflictos entre todos ellos estarán a lo orden del día, destacando Ben Grimm y su eterno dilema interior. Las ocasionales vueltas a su humanidad harán si cabe todavía más mella en la inestable personalidad del gigante naranja.

El inicio del número cuatro prosigue con la rivalidad Johnny-Ben, tomando el hermano pequeño de Susan la decisión de alejarse de la acción, ocultándose en un barrio de muy baja estofa. En un hotel de mala muerte localiza a un correoso extraño envuelto en brumas amnésicas. Cuál es su sorpresa cuando ese vagabundo se torna nada menos que Namor, el Príncipe Submarino. La Antorcha Humana comete el error de llevarlo a su hábitat natural, el agua, para a reglón seguido recordar quien es, ver su reino submarino destruido y proclamar venganza contra la superficie, a la que culpa de la caída de los suyos. Namor lanzará un ataque con un importante contingente de bestias marinas con la única oposición de los 4 Fantásticos. Brillante adición al nuevo panorama pues con este movimiento los autores legitiman la producción anterior de la era Timely. Tanto Lee como Kirby, como hemos comentado líneas arriba, llevaban largo bagaje a sus espaldas. Fogueados durante la Golden Age es lógico que supieran apreciar las bondades de la época. Creado por Bill Everett en 1939 como un proyecto para una revista gratuita en blanco y negro, terminó por ser reeditado a color en la mítica Marvel Comics#1 de la editorial de Goodman. Fue uno de los héroes más populares de la compañía, compartiendo galones con la Antorcha Humana original, obra de Carl Burgos, y el Capitán América de Joe Simon y el mismo Kirby. Tal fue su popularidad que fue elegido, junto al androide flamígero, para protagonizar un crossover en Marvel Mistery Comics#9, nada menos que en 1940 (para que luego digan, si está todo inventado). Una puerta se abría pues todas las aventuras superheroicas acaecidas en tiempo Timely eran una realidad y el próximo paso sería fundamental pues consiste en traerse al Capitán América a la actualidad Marvel…pero esa ya es otra historia. El Príncipe Submarino será un secundario recurrente en la cabecera, adoptando el papel de antagonista de Reed Richards, formando un triángulo amoroso más bien complejo con Susan Storm. Su rol en el Universo Marvel se irá conformando poco a poco, pasando por ser un anti-héroe, casi un villano, hasta formar parte de destacados equipos de supers como los Defensores o los Vengadores.

Namor

Pero si hablamos de antagonistas tenemos que hacer referencia al enemigo por antonomasia de la Primera Familia, el soberano de Latveria, el temible y poderoso Doctor Doom. Para la construcción de este villano el tándem creativo perfiló una serie de elementos que dotaban de un trasfondo y una personalidad muy concreta al personaje. Lo que sabemos de él en Fantastic Four#5, su debut oficial, es que Reed y Doom son viejos conocidos desde la universidad. Era un brillante estudiante fascinado a partes iguales por la ciencia y la magia negra, lo que ya nos determina un origen dual para el genial doctor. Expulsado por su mala praxis en la universidad, donde llegó a provocar un accidente que le afectó a la cara, se marchó al Tíbet ansiando secretos prohibidos de magia y brujería. Desde entonces se ha convertido en un gobernante de porte medieval con su fortaleza y su armadura tecnológica. Secuestra a los Imaginautas para que cumplan una misión, recuperar unas piedras mágicas propiedad de Merlín que se encuentran en poder de Barbanegra…..¡¡¡siglos atrás, nada menos que en otra época!!! Nuestros queridos Stan y Jack se dan el lujo de montar una aventura de viajes en el tiempo y nos llevan a un escenario de piratas y filibusteros, todo ello gracias al invento más increíble desarrollado por Muerte, una máquina del tiempo. Los viajes a través del tejido del tiempo son un clásico de la ciencia ficción. Aunque hay numerosas leyendas urbanas acerca del tema, científicos actuales desechan esa posibilidad a corto plazo. Pero el tándem no se detuvo ante nada y los mandó a vivir una curiosa aventura donde el legendario Barbanegra era en realidad Ben Grimm. Como lo oyen. Tanto se identificó con su rol de capitán pirata que incluso en un principio rechazó volver con sus compañeros a su momento histórico. En una imponente viñeta, con un Reed del todo amenazante, vemos a la Cosa volver al redil con el espíritu quebrado. Tal como podíamos esperar, Muerte juega con las cartas marcadas y ha tendido una trampa al grupo a su regreso. Sera la invisible Sue la encargada esta vez de resolver la papeleta en un episodio donde conocimos también los repuestos robóticos de Doom (llamados, como no podía ser de otra forma, Doombots). Conforme avancen los episodios descubrimos la triste historia de Victor, viviendo como un gitano normal y corriente hasta que la tragedia le golpeó (nos referimos a la muerte de su madre, con la pérdida del alma a manos de Mefisto); o cómo se convirtió en monarca absoluto de una región europea (de ahí que su nombre, Victor von Doom, entronque con un marcado acento centroeuropeo), detalles que no hicieron más que aumentar el aura de gran personaje que siempre le acompaña. Como detalle curioso hay que decir que existió realmente un Doctor Doom. Lewis G. Doom es un científico que colaboró en los Proyectos Manhattan desarrollando el ensamblaje de las tristemente famosas bombas nucleares. No sabemos si los autores eran conscientes de ese dato. Nos inclinamos a pensar que es una afortunada coincidencia pero no deja de dar validez a aquella máxima que dice que la realidad a veces supera a la ficción.

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Lo cierto es que la personalidad del doctor es en muchos aspectos el reflejo de la de Richards, lo que provoca que sus recurrentes enfrentamientos sean un auténtico duelo de titanes. Esa guerra fría intelectual es una constante desde el mismo momento en que se conocieron, del que tenemos un mejor desarrollo en el segundo anual de la colección. Uno de los aspectos más debatidos históricamente es el rostro de Doom, de cómo esa herida producida en su rostro afectó a su personalidad para convertirse en lo que es actualmente. Sin contar con el gran misterio tras la máscara, ¿está totalmente desfigurado o es una simple cicatriz? Jack Kirby lo tenía muy claro en su momento y como su co-creador es justo escucharle. Para el Rey que sea una simple cicatriz o algo mayor no es el dato importante, lo importante es que su cara, en su egoísta concepción, ha quedado destruida. Esto concuerda con una personalidad con un ego desbocado y con una tendencia megalomaniaca. En una entrevista en 1988 explicaba algunos de sus rasgos de la siguiente manera: “Doom era un hombre arrogante. El ignoraba a Richards porque sabía que era su igual. No le gustaba eso; no le gustaba que Richards le anduviera diciendo que estaba equivocado. Y por supuesto que estaba equivocado…Mi idea era que Muerte quedara desfigurado por la explosión, pero solo de una manera menor…la explosión le dejó una pequeña cicatriz. No pudo aceptarlo, no pudo vivir con eso. Y culpó a Richard por la cicatriz.”

El Doctor no estaría muy de acuerdo con esa derrota y volvería en el #6 pero esta vez recabando la ayuda de Namor. El Príncipe Submarino es engañado por Doom para que acuda al Edifico Baxter a embaucar a la Primera Familia pero el taimado gobernante aprovecha la ocasión para lanzar la construcción al espacio con los cinco integrantes, poniendo en serio peligro sus vidas. Será el propio Namor el que ponga fin a las intenciones de Muerte en un marco de claro componente cósmico aunque, parafraseando el final de una conocida película, este encuentro se convirtió en el inicio de una bonita amistad. El Atlante y el Doctor unirían sus caminos en repetidas ocasiones, siendo el más fiel reflejo de este dato la colección surgida en los años setenta llamada Super Villain Team Up.

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Estamos en un momento clave pues los datos de venta de los primeros ejemplares comenzaron a llegar a las manos de Martin Goodman y rápidamente se dio cuenta de que tenía un filón. Sin ser lo más vendido de la compañía, estos 4 Fantásticos evidenciaron un salto importante por lo que la colección paso a ser mensual (hasta ahora salía cada 2 meses). Espaldarazo total a la labor de los creadores que siguieron en la misma tónica, presentando más y más conceptos, y desarrollando a los personajes con una mayor profundidad. Y de nuevo recurrirán a aquello que le estaba granjeando frutos: viajes por el espacio exterior, enemigos recurrentes con el carisma necesario (Dr. Doom y Namor), poderosas criaturas extraterrestres (el Hombre Imposible o el Super Skrull) o villanos de nuevo cuño para ampliar la galería de enemigos como el Amo de las Marionetas o el Pensador Loco. Algo especialmente remarcable es la presencia de estrellas invitadas, lo que terminaba por otorgar al recién estrenado Universo Marvel una apariencia de espacio compartido que ha sido una de las señas de identidad de la Casa de las Ideas desde sus inicios. En estos primeros compases disfrutamos de las apariciones de Hulk (no en vano, la similitud con la Cosa en el ámbito de los monstruos ha sido una constante en su larga historia) y el Hombre Hormiga, quizás los dos primeros “fracasos” de Lee y Kirby ya que no gozaron del favor del público en sus respectivas cabeceras. Ninguno de los dos quiso deshacerse de ellos y el tiempo les dio la razón (quién les iba a decir en aquellos días que terminarían por convertirse en estrellas rutilantes del celuloide).

En Fantastic Four#13 debuta por primera vez un personaje esencial para comprender la Trilogía de Galactus. La aventura comienza como una carrera espacial entre los 4F y El Fantasma Rojo por ser los primeros en llegar a la misteriosa Área Azul de la Luna. Causa gran una gran conmoción en los contendientes el descubrir que esta zona inhóspita está habitada por el gigantesco Uatu, de la raza de los Vigilantes. Estos seres cósmicos son una raza con millones de años de evolución a sus espaldas y han logrado un nivel de desarrollo incomparable. Contando con vidas casi inmortales en una sociedad utópica, decidieron compartir su sapiencia con otra civilización conocida como los Prosilicians. Entre esos conocimientos se encontraban también aspectos referentes a la energía atómica. Tras dejar su impronta en el lugar se marcharon a sus quehaceres espaciales y cuando volvieron a visitarlos siglos después se encontraron con un entorno de guerra y hostilidades. Y todo debido a sus enseñanzas sobre la energía atómica. Desde ese momento tomaron la determinación de no intervenir en el devenir de otras civilizaciones. Pasaron a adoptar un papel pasivo como observadores del vasto universo, destinados a ser una especie de cronistas siderales sin opción a alterar los mundos avistados. A nuestro sistema solar fue destinado Uatu, que se instaló en la Luna y desde ahí tuvo un registro de toda nuestra actividad a lo largo de los siglos de una manera silenciosa. Hasta que la llegada de los 4F alteró su tranquila vigilancia. Desde ese instante se crearon vínculos entre el Vigilante y la Primera Familia, rompiendo el primero su juramento de no interferir en los asuntos terrestres en pos de ayudar a nuestros héroes. También se dedicó a otear las distintas líneas y universos alternativos del planeta Tierra, siendo un más que alabado anfitrión de la colección What If..?

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En un ambiente de continua expansión de la ciencia ficción, de aventura frenética sin tiempo que perder, lo que más nos llama la atención es el cuidado tratamiento de personajes. Lee y Kirby son unos auténticos maestros y marcan una evolución en los protagonistas nunca antes vista en el mundo de los superhéroes. Aparte de más villanos que serán clásicos en la editorial como el Hombre Molécula, Diablo o el reverso tenebroso del grupo en la forma de los 4 Terribles, se sacan de la chistera nuevos secundarios que van a aportar sugerentes giros en los protagonistas principales. Podríamos hablar de Alicia Masters, escultora ciega e hijastra de supervillano, cuya relación con Ben Grimm impacta de forma tan contundente en nuestro monstruo preferido; o también de Wyatt Wingfoot, compañero de universidad de Johnny Storm (antes que Peter Parker, fuimos testigos del desarrollo del pequeño de los Storm y su paso del instituto a la universidad) como uno de los primeros intentos de añadir diversidad al Universo Marvel al tratarse de un nativo americano (precedente de su más importante y primigenia aportación a este terreno, el gran Pantera Negra). No es tan redonda su aproximación al género femenino, sufriendo Susan un tratamiento un poco más polémico que sus compañeros. Aunque la Chica Invisible es una heroína por derecho propio, es decir, algo más que la enamorada de uno de los protagonistas, no deja de ser llamativa su tendencia a ser secuestrada una y otra vez. No pocos han analizado la actitud de los personajes masculinos y de la propia Susan para determinar que estos 4 Fantásticos tenían una alta carga de sexismo, dejando el papel de la mujer en mal lugar. Lo que no sabemos es si este aparente sexismo es algo intencionado por parte de los autores, intentando mostrar una realidad no muy agradable pero fiel al signo de los tiempos o pecaban de comportamientos discriminatorios. A este respecto solo podemos añadir que Sue Storm participa en peligrosas misiones desde el mismo inicio y que Kirby la situó en la acción principal desde el primer momento, aunque luego ciertos diálogos añadidos por Lee hacían de menos sus logros (por ejemplo, si luchaba cuerpo a cuerpo y salía triunfante era gracias a que los chicos le habían enseñado artes marciales). Incluso abiertamente, en un pasaje de vida cotidiana de esos que tanto ayudaron a implementar en el aficionado, los autores, en boca de Reed Richards, defendían a capa y a espada el papel de Sue en el equipo, ante “ciertas cartas negativas” que les habían llegado por parte de algunos lectores. El trabajo con la Chica Invisible fue de paulatina mejora y aunque hay partes criticables (bastantes y muy evidentes), se aprecia un intento por parte del tándem creativo en mejorar a todos y cada uno de los personajes principales. Si dejamos de lado los clichés más manidos, tales como sacar a Sue con su delantal, cocinando para el grupo o limpiando el laboratorio de Reed, hay mucho más que analizar al respecto para sacar una conclusión óptima. Y no hay más que mirar de cerca el Fantastic Four#31 para observar la extraña dicotomía en torno a ella.

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Una de las críticas más recurrentes es el papel de Richards para con su enamorada. Pero esto quizás sea una cuestión más profunda con respecto al personaje de Míster Fantástico. Desde el comienzo de la serie Reed parece la encarnación perfecta del héroe Golden Age. Siempre con la solución para cada situación, siempre con la cabeza fría, siempre atento a qué es lo más adecuado para cada momento. Con el paso del tiempo hemos visto que todo era una fachada, que Reed no es infalible. Pero en aquellos lejanos días solo podíamos sentir cierto grado de humanidad en su persistente intento de recuperar la forma normal de su mejor amigo de la infancia. No en vano, hay que recordar que se equivocó en sus cálculos espaciales y que todo el equipo sufrió las consecuencias. Para todo lo demás, apreciamos una especial desidia en las relaciones humanas si no existe el peligro de rigor y eso incluye a la que se supone que es el amor de su vida. Cuando no hay misiones que cubrir, Reed pasa su tiempo libre en el laboratorio, ajeno a lo que ocurre a su alrededor, ensimismado en su mundo. Expertos han intentado ver en su personalidad algún tipo de trastorno que le impide comprender las relaciones sociales, sensu estricto. Incluso hay quien apunta directamente a cierto grado de autismo, lo que es bastante difícil de concretar pues ningún autor encargado de los 4F ha comentado nunca nada a ese respecto. Y es que a veces los aficionados somos más incisivos que los creadores implicados, lo que de nuevo, convierte a la obra en algo más grande de lo que sus creadores nunca pensaron.

A pesar de todo esto, y como consecuencia de una evolución marca de la casa, pudimos asistir a uno de los momentos más emotivos de aquellos sesenta en la forma de espléndida boda entre Reed y Sue. Un acontecimiento único del que todo el mundo quiso ser partícipe, incluidos unos Stan y Jack que rompieron las reglas marcadas, saltándose la cuarta pared antes de que Masacre lo hiciera marca de la casa, y se plantaron como si nada en el feliz evento. Pena que los Comandos Aulladores no les permitieran la entrada.

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A golpe de nuevos conceptos, de genialidad, de excelencia creativa, poco a poco vamos sumando números de la colección. Los autores siguen a la suya, sin despegar un ápice el píe del pedal del acelerador. Tenían que continuar el ritmo de una industria que no se detenía ante nada. Más cuando sobre sus cabezas en aquel año 1965 todavía se erigía Martin Goodman. El mandamás estaba contento, las ventas de sus comic-books eran buenas (sin llegar ni de lejos a ser líderes del mercado) y parecía que los superhéroes vivían buenos tiempos. Pero Goodman era perro viejo; él todavía no sabía que habían llegado para quedarse. Había vivido el auge y caída de todos los géneros vistos y por ver por lo que Stan y Jack sabían que si el gran jefe veía alguna flaqueza no le temblaría el pulso en chapar todo el chiringuito. Y ese momento de flaqueza llegó a inicios del año 65. Todo el bullpen marvelita recibe la noticia de la vuelta de Joe Simon a la arena del noveno arte. Retirado desde finales de los cincuenta, hablamos de una leyenda, de un mito, el creador junto a Kirby de tantos y tantos conceptos de éxito (como el Capitán América), editor con una grandísima experiencia y gestor sin igual. Es contratado por la editorial Harvey que, ante el ambiente favorable, decide probar en el terreno de los superhéroes, hasta ahora ajenos al fenómeno, con la consiguiente preocupación en Goodman. Otro nuevo competidor podía dejarles fuera de juego, más cuando contaban con una acuerdo de distribución tan nefasto con Independent News por aquellos entonces. Al jefe solo se le ocurrió una solución, poner a trabajar a sus dos mejores baluartes para sacar más conceptos a publicar en próximas series. Haría todo lo posible por conseguir que la distribuidora le permitiera sacar más títulos al mercado pero para eso se necesitaba material. Kirby y Lee pasaron una semana infernal, dando lugar a renovados personajes, sacando nuevos conceptos cuando Goodman les dio la mala nueva. Independent, propiedad de DC Comics, no había dado luz verde para distribuir más cabeceras. Solo quedaba encomendarse a la providencia.

Ahora sabemos que la influencia de Simon se disolvió como cual azucarillo y que Marvel asentó su posición. Aquel frenético trabajo no cayó en saco roto y los autores no tuvieron problemas en reciclarlo en la cabecera de los 4 Fantásticos precisamente. De ahí salieron un tal Coal Tiger (germen de Pantera Negra), Rayo Negro o los extraños Inhumanos. Estos debutan en Fantastic Four#44 y en ellos podemos ver confluencias de diversas tradiciones de la ciencia ficción: elementos siderales que interfieren en nuestro desarrollo y mitos sobre civilizaciones perdidas. Rayo Negro será el líder de una dinastía que rige los destinos inhumanos, con Attilan como capital de su reino, de la que forman parte personajes como Tritón, Crystal, Gorgón o Medusa, esta última reciclada pues ya había debutado como parte de los 4 Terribles como Madam Medusa. Un prodigio creativo a cargo de los autores y una larga trama que les llevó casi sin querer a unos números especialmente redondos. En esas, sin medir ni calcular, Kirby y Lee ya habían pensado cuál era su próximo paso; paso que empezaron a preparar en el #48, no sin antes cerrar las tramas pendientes de los Inhumanos en ese mismo ejemplar.

INH!

Ya sabemos que la aceptación de los 4 Fantásticos era buena. Ahora, con las ases bajo la manga, podemos hablar de evolución, saltos hacia la grandeza y demás butades. Pero, ¿cómo lo vivió el lector a tiempo real? El impacto de los 4F y, por ende, del resto del Universo Marvel se convirtió en un ejemplo de arraigo en el imaginario popular. Se conocen anécdotas acerca de utilizar ejemplos de su producción en las clases de Física de la Universidad de Cornell. El propio Lee era recurrentemente invitado a charlas por diversos campus universitarios; Roy Lichtenstein se atrevió a copiar impunemente una viñeta de la Patrulla X en una de sus “obras de arte” e incluso un grande como Federico Fellini tenía mucho interés en cómo funcionaba la editorial. Esto a nivel de fama y prestigio; en el aspecto fundamental para Goodman, es decir, la ventas, la compañía incrementó sus ganancias de forma continuada… y muchos de esos dólares provenían de la Primera Familia, la colección más vendida en la Casa de los Ideas de los sesenta junto con Spiderman ( estimaciones no oficiales hablan de más trescientos mil ejemplares). Podemos cuantificar ese entusiasmo con el valioso correo del lector de la época, donde se estableció una dinámica entre lector y autores, intercambiando pareceres y generando debate, que terminó por traducirse en una cercanía que ninguna otra compañía de cómic había logrado hasta ese momento. Por allí dejaban sus misivas gente como un tal Roy Thomas, un chaval llamado Don McGregor o un jovencito conocido como George R. Martin. La editorial Marvel había llegado para triunfar y no lo hubiera conseguido sin los 4 Fantásticos.

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La Trilogía de Galactus. Cosmos, divinidad y trascendencia

Stan Lee y Jack Kirby a inicios de 1966 se encontraban exhaustos, pero motivados, y con un objetivo claro, seguir aumentando la leyenda. Una falsa alarma en forma de vuelta al ruedo del noveno de arte por parte de Joe Simon había tenido a ocupados a nuestros dos autores en una carrera frenética por crear nuevos conceptos. Todos ellos reciclados en la cabecera de los 4 Fantásticos. Sin duda, los más intrigantes eran los extraños Inhumanos, brillantemente esbozados por un Rey en estado de gracia. Lo importante de estos seres con claras raíces extraterrestres es que suponen la constatación de que el Universo Marvel no parecía tener límites. Aspectos surgidos allende de las estrellas habían llegado para quedarse; una vertiente cósmica interesante y con claros referentes de la ciencia ficción estaba a punto de tocar su techo. Tras introducir a los Inhumanos, ambiguos y físicamente inusuales, Lee y Kirby se habían presentado a las puertas de un número tan importante como el #50 de la colección. Stan había fantaseado en el pasado con traer a colación en alguna historieta algo tan arriesgado como un dios, pero el miedo a represalias por exceder lo políticamente correcto siempre había frenado sus pasos. Ahora se sentía moralmente preparado por lo que se lo propuso a su compañero de fatigas. Jack, un judío apasionado por las cuestiones metafísicas de las religiones, no dudo ni un minuto en abrazar la idea. Pero primero era necesario cerrar las tramas abiertas con respecto a Rayo Negro y su gente. Siete páginas donde se pone punto y aparte a la situación inhumana tras el regreso al trono de su legítimo usuario y la venganza de Máximus, creando con su cañón Atmo una zona negativa alrededor de la ciudad de Attilan, con el objetivo de separar humanos e inhumanos para siempre. Johnny Storm, desolado, se ve separado de Crystal pero ni el intelecto de Reed Richards podrá voltear tal situación. El grupo abandona la escena y a la recién descubierta raza a su suerte.

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Hay que contextualizar la situación de forma efectiva a estas alturas de la función. Lee como editor jefe estaba sobrepasado en cuanto a cantidad de trabajo. Se puede casi afirmar que era Kirby el principal motor de las historias de los Fantásticos. Jack recibe el plot de Stan, en este caso, la aventura del dios de marras, que dibuja y argumenta a su antojo para luego dejar los diálogos al Hombre. El primer síntoma de la llamada Saga de Galactus es la aparición de Estela Plateada al final de la séptima página de Fantastic Four#48. Este personaje es un heraldo, aquel que anuncia la llegada de algo mayor. La génesis de Silver Surfer se la debemos en exclusiva a Jack Kirby, como el propio Stan ha reconocido de forma abierta numerosas veces. Al recibir las pruebas del número en cuestión aprecia una figura plateada que no debía circular por allí. El viejo editor Marvel recuerda dirigirse al dibujante en los siguientes términos: “¿quién diablos es este tipo? Él me respondió: “he pensado que alguien tan poderoso como Galactus debe tener alguna clase de heraldo que vaya por delante buscando planetas”. Me encantó la manera en que Jack lo había dibujado; transmitía cierta nobleza en su persona, así que intenté escribirlo como un personaje espiritual. Para Jack, era simplemente un heraldo, eso es todo, un lacayo” (declaraciones de Stan Lee en Jack Kirby Collector#33).

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Así pues, se perciben síntomas de que algo grande se aproxima. El grupo de superhéroes llega a Nueva York tras dejar el Himalaya y se encuentra un panorama dantesco. Un cielo rojo, llameante, y la populosa ciudad en un estado de nervios que ni los famosos 4F pueden solventar. Con reminiscencias de las plagas bíblicas, este es el escenario que tenemos mientras que Silver Surfer sigue avanzando en su cruzada cósmica, sabedores que tarde o temprano dará con nuestro planeta. Ahora bien, ¿cuál es el motivo por el que Estela viene directo a la Tierra? ¿Casualidad? No, por supuesto que no. Vamos a conectar con la trama inhumana recordando el malvado plan de Máximus. Al final de Fantastic Four#47 el hermano de Rayo Negro pone en marcha su cañón Atmo, un arma muy particular que emite un tipo muy concreto de ondas con las que planea destruir toda vida no inhumana. Su plan fracasa en cierta medida, pero sabe muy bien que ese disparo de cañón ha podido atraer la atención de alguien no deseado. Como consecuencia, decide encerrar a sus congéneres tras una barrera formada por materia negativa. Esto los aleja de cualquier peligro pues se trata, literalmente, de otra dimensión. Los humanos quedan expuestos a lo que está por venir. Ya en Fantastic Four#48 vemos en la página 7 a Estela surcar el cosmos cuando algo llama su atención. No hay texto de apoyo que lo certifique, pues Lee estaba dando pábulo a sus profundas reflexiones pero no hay duda en el dibujo realizado por el Rey.

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Esta idea viene reforzada por la figura del Vigilante, nuestro siguiente elemento a evaluar. Ya que estamos en harinas cósmicas, recordamos que este gigantesco ser fue una de las primeras figuras estelares trascendentes incluidas en el Universo Marvel. Stan y Jack nos habían introducido a los Skrulls, sí, demostrando que existía algo más que nuestra representación del planeta Tierra. Pero con los Vigilantes nos abren la puerta a una raza ancestral, casi tan antigua como el cosmos, que se dedicó a expandir sus conocimientos por todas las áreas de influencia posibles. Pero claro, no todos dieron un uso correcto a esas enseñanzas, generando guerras y destrucción. La conclusión para estos seres es que el hecho de haber alterado la vida de otros ha resultado negativo, por lo que deciden abstraerse de todo para dedicarse a una vida de contemplación. Se repartieron elementos por todo el universo conocido, lo que incluye nuestro sistema solar. Los 4 Fantásticos descubrieron su presencia en una ya comentada aventura en la luna, donde tuvieron constancia de elementos más grandes que la vida. Volvamos al día a día de los Imaginautas. Una Sue muy enfadada por el encierro de su marido en el Edificio Baxter aparece en su laboratorio de trabajo para encontrar al amigable Uatu. Así, descubrimos que había sido él el responsable de los cielos llameantes pues trataba de ocultar el planeta a ojos indeseables. Pero ha fracasado. Tras muchos años tratando de que la Tierra pase inadvertida, el silencioso Vigilante rompe de nuevo su juramento de no interactuar con humanos cuando anuncia a Richards que Estela está próximo a la Tierra y que tras él llegará Galactus. Con el heraldo en nuestro planeta, ni siquiera las acciones de Ben Grimm, que golpea al personaje plateado hasta hacerlo caer, impiden que la llamada llegué a su destino. Galactus llega a nuestro planeta en un suspiro.

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Galactus. The God con una G bien grande en el pecho. El dios imaginado por Stan Lee y diseñado con su estilo particular por Kirby: rotundo, ornamental e imponente. La última viñeta de FF#48 nos deja la súbita revelación del rostro del enemigo, tan superior a todo lo visto que héroes tan poderosos como los Fantásticos se sienten como ínfimas hormigas ante él. Hasta ahora, la dinámica de nuestros protagonistas funcionaba con sus más y sus menos. Por primera vez en su corta existencia, no tendrían nada que hacer contra un Dios y su lacayo si no fuera por la figura del Vigilante. Reed, el prototipo heroico por antonomasia, se ve superado por los acontecimientos. No hay tiempo para pensar un plan, ni tiene los rudimentos para ello. No sirve la empatía de Susan, ni la fuerza de Ben, ni la impulsividad de Johnny. Todo está perdido. Galactus es una entidad que se halla por encima del bien y del mal, que cumple su propósito; una maldición que le lleva a devorar mundos enteros para seguir con vida. La complejidad de este personaje nos va a llevar a detenernos un poco en su esencia cósmica, como parte de un engranaje mayor y más complicado. Para empezar, nada mejor que recurrir a las palabras de sus creadores originales. Oigamos a Lee hablar al respecto: “No queríamos utilizar el cliché gastado de él queriendo conquistar el mundo. Fue entonces cuando nos llegó la inspiración. ¿Por qué tenía que ser una persona malvada? Después de todo, un semidiós debería estar más allá del bien y del mal” (extraído de “Jack Kirby. El Cuarto demiurgo”, Ed. Sportula, 2013, pag.50). Es obvio que los dos autores tiraron de referencias conocidas, entre las que hay que citar a la Biblia, ya que la tradición judeo-cristiana es rica en conceptos jugosos, y la rama estrictamente científica. Kirby, como dato conocido, era un seguidor de la divulgación científica y los referentes más antiguos de la historia de Galactus nos llevan a un universo anterior al popularmente conocido como 616 (descanse en paz).

Antes de ser un dios devorador de mundos era un simple mortal llamado Galán. Tuvo la mala suerte de asistir al fin de su universo. Al entrar en recesión, se fue comprimiendo más y más hasta llegar a la forma de huevo cósmico. En su interior entró en contacto con la Fuerza Fénix para renacer como Galactus, ya provisto de su maldición infernal. Nos encontramos en los momentos iniciales del llamado Big Bang. Bien, toca por un momento ponerse la bata blanca y hablar de algunos términos científicos que nos van a ayudar a comprender la complejidad de Galactus. Hace unos cuantos millones de años, nuestro universo surgió de la nada. Stan Lee y Jack Kirby, siguiendo ese modelo, dieron forma a su recién creado universo de ficción de la misma forma. Reduciéndolo a una explicación muy simple, las partículas fundamentales que conocemos hoy, los componentes esenciales de toda materia ordinaria, fueron adquiriendo su identidad actual. Las partículas se condensaron en átomos y las galaxias empezaron a crecer. Los físicos actuales pueden reproducir la expansión del universo hacia atrás, tratando de encontrar explicación al instante inicial o instante cero. Los razonamientos físicos más aceptados al respecto se conocen como las Grandes Teorías Unificadas. Con ella se trata de evidenciar que las tres fuerzas básicas que gobiernan el comportamiento de toda materia (la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear débil y la fuerza electromagnética) no son más que facetas de una única “superfuerza”. Cada una de ellas surge del intercambio de una partícula mensajera diferente (conocida como bosón). Esa interacción se torna fundamental para la compresión del cosmos al igual que la relación de Galactus con el resto de seres inmanentes del Universo Marvel. Los físicos creen que a temperaturas bastante elevadas como las que imperaban cuando el universo apenas tenía unos segundos de vida, las tres fuerzas eran idénticas ya que su mediador común era una partícula mensajera apodada bosón X. El renovado Galán estuvo allí, en el mismo instante inicial que conformaron nuestros demiurgos favoritos, aunque fuese resultado de algo anterior. Además, vamos a relacionar a esas tres fuerzas elementales con Galactus porque, llegado el momento, se va a configurar todo un repertorio de seres abstractos y el Devorador va a tener un papel prominente en ese panteón cósmico marvelita. Por la especial concepción materialista de Stan y Jack, todas las “energías” y conceptos tendrán representación física con la que interactuar.

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Retornamos al personaje para seguir desgranado aspectos esenciales del mismo. Galactus nace en el mismo huevo cósmico que dio lugar al Big Bang marvelita. Lee y Kirby eran conocedores de las propuestas científicas acerca del citado huevo cósmico. Desde los años veinte del pasado siglo, el físico y sacerdote belga Georges Lemaitre había popularizado una teoría que decía que todo nuestro universo provenía de un átomo primigenio. Ambos asumen tal teoría y se declaran partidarios de la noción de universo cíclico, es decir, que nace, se desarrolla, comienza a contraerse para en un momento dado desparecer. El personaje es perfecto ejemplo de esta concepción, ya que proviene de un espacio que ha dejado de existir por su ciclo natural, convertido en un primigenio del Universo Marvel. Galactus estuvo allí cuando apenas había nada. Ahora bien, nuestro dios, como entidad primordial, no estará solo en el nuevo Universo Marvel. Van a ir surgiendo nuevas encarnaciones, casi todas de corte conceptual, aunque no todas perfiladas por Stan y Jack, hay que decir. Distintos creadores recogieron con algarabía todo ese entramado cósmico para dar salida a sus inquietudes metafísicas y filosóficas. Comencemos por una de las primeras, Eternidad (creada por Lee y Steve Ditko en Doctor Strange) representa la vida, el conjunto de organismos vivos que pueblan el cosmos marvelita. Más adelante, en 1973, Jim Starlin se atrevió a dotar de forma conceptual a la Muerte. Obviamente, nos hallamos ante una representación física de lo efímero; todo debe morir, sin excepción. A pesar de contar con un buen puñado de estos seres puramente abstractos (Tribunal Viviente, Olvido, Entropía, Eón….), se ha determinado que la cúspide del panteón cósmico esté formado por tres de estos seres. De nuevo, recordamos las Grandes Teorías Unificadas, donde se establecía las tres fuerzas que marcan el discurrir del universo (aunque aquí dejamos de lado la fuerza gravitacional, la cuarta pata escindida de las otras tres) para hacer el paralelismo con el Universo Marvel: Galactus, Eternidad y Muerte son los tres elementos que mantienen en perfecta conjunción el aparato cósmico. Los dos últimos son totalmente antagónicos, quedando para el Devorador de Mundos la difícil tarea de marcar el correcto equilibrio entre ambos. No está nada mal para un personaje que apareció luciendo palmito, con unos llamativos shorts y un peculiar casco. Hasta aquí el análisis ontológico de Galactus y el cosmos Marvel; es tan complejo el tema que daría para un libro. Da la casualidad que ese libro existe y se titula “Jack Kirby. El Cuarto Demiurgo” (Ed. Sportula, 2013) donde José Manuel Uría nos hace un amplio repaso del aparato crítico (filosófico y científico) en torno a la figura del Rey de los cómics. Si alguien quiere ahondar en estos aspectos le recomendamos que se dirija a la citada obra. Nosotros, en gran parte, hemos seguido sus directrices, por lo que nos parece de recibo dejar constancia de tal dato.

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Fantastic Four#49 es la parte central del relato, donde encontramos las bases del conflicto y como va a discurrir hacia la resolución final. Comenzamos con un animado debate entre Galactus y el Vigilante. Este último trata de hacer entrar en razón al primero pero, para el Devorador, los mundos y sus habitantes no son nada. La imagen es tranquila pero revela una tensión evidente detrás, pues los contertulios se conocen desde hace eones. Este fragmento tiene visos de interpretarse en clave política, pues fácilmente podrían ser dos líderes mundiales dialogando antes de entrar en guerra. De hecho, en FF#54 se recibe una misiva en el correo de lectores que interpreta la Trilogía de Galactus como una traslación a la actualidad política norteamericana. Greg Jones, el atrevido lector, expone la situación de la siguiente forma: Galactus es el Viet Cong, el poderoso agresor (sic!), los Fantásticos son Vietnam del sur y Silver Surfer representa a los amigables EEUU. Nosotros disentimos abiertamente de esta interpretación (al igual que Stan que, con mucha mano izquierda, le dijo que podía pensar lo que le viniera en gana) y sugerimos una alternativa. Stan Lee y Jack Kirby vivieron en persona el horror de la II Guerra Mundial. Los dos pisaron la Europa ocupada, subyugada por un elemento invasor más “poderoso”. Cuesta no ver esa advertencia en la figura de Galactus refiriéndose a su propio país, pues, como hemos dicho, los dos autores observaron de cerca la cara de una ocupación por motivos mayores y para nada se mostraban de acuerdo con ese proceder.

Mientras que los dos colosos parlamentan, nuestros héroes tratan de atacar al dios espacial con nulos resultados. La conversación entre los entes cósmicos no da para mucho más cuando Galactus se da cuenta de que falta Estela Plateada. El heraldo, tras ser derribado por la Cosa termina, accidentalmente, en la vivienda de un secundario habitual de la cabecera, Alicia Masters, la novia de Ben Grimm. Y aquí nos detenemos. Ya hemos hablado de la inclusión del Surfer como idea de Jack. Un personaje que no debía ni siquiera de aparecer en los planes iniciales se convierte en la clave del evento, junto con la intrascendente Alicia. Los dos caracteres tienen mucho en común ya que ambos rechazan a su “creador”: la muchacha a su padre, el villano conocido como el Amo de las Marionetas; Estela, obviamente, a Galactus. La escultora ciega será la que abra la mente del entonces fiel lacayo; la clave está en las pequeñas cosas, esas que nos definen como humanos. Belleza, bondad…cualidades demasiado insignificantes para entes de raíz cósmica pero que a Estela le recuerdan que una vez fue alguien distinto, que amó y fue querido. Es curiosa la deriva del personaje. Poco a poco sabremos algo más de su biografía, de su verdadero nombre, Norrin Radd, orgulloso habitante del planeta Zenn-La, y de su encuentro con su maestro. El Devorador de Mundos arribó a un tranquilo planeta, presto, como es habitual, a que le sirviera de refrigerio. Norrin se postuló ante el dios cósmico para que dejara en paz a su tierra y a su amada, Shalla Ball, a cambio de prestarle servicios hasta el fin de sus días. Un héroe trágico imbuido de puro poder cósmico perfilado por Stan Lee a pesar de las intenciones de Kirby. Decimos esto porque Lee se enamoró del personaje y lo llevó a su terreno en la serie regular que compartió con John Buscema a finales de los sesenta. Pero el Rey tenía otras ideas para el bueno de Estela. Su planteamiento primigenio es que fuera redimido en la misma Trilogía de Galactus. El contacto con Alicia Masters le haría volverse humano, una especie de tabula rasa, desde la que paulatinamente iría absorbiendo nuevas emociones conforme fuese recorriendo aventuras. Curiosa idea que se perdió en el limbo por el empeño del Hombre en mantener el personaje en su perfil plateado.

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La trilogía tiene estos detalles. Su grandeza no se halla en los hipotéticos protagonistas, sino en secundarios como Alicia, el Vigilante o recién llegados como Galactus o el Silver Surfer. La imagen inicial que tenemos del heraldo no puede más que dirigirnos a la iconografía cristiana. Un dios cósmico que llega con su “hijo” para ajustar cuentas con un mundo y, además, éste es asimilado por los habitantes que deben ser juzgados, tomando partido contra su “padre”. Los paralelismos son más que evidentes. Es cierto que Jack Kirby fue directamente a la Biblia para tomar inspiración en la creación del heraldo pero, por sus palabras, debemos desechar la interpretación más obvia: “Todo el mundo piensa que es un dios pero en realidad es el Diablo. Estela Plateada es el ángel caído.”(Uría, 2013, pág. 50). Los últimos compases de FF#49 dan lugar a ese giro inesperado que ni el Vigilante tenía previsto. El legendario Uatu había jugado con inteligencia sus cartas. Sabedor de que ningún humano podía lastimar a Galactus, sí que conocía un artefacto capaz de desafiar al Devorador de Mundos. Esta arma se localiza a millones de años luz, en el tranquilo hogar del ser antes llamado Galán. El Vigilante envía allí a Johnny Storm con la misión de recuperarlo mientras el resto del equipo trata de poner trabas al operativo montado por el dios cósmico para devorar el planeta, lo que incluye una lucha contra otro esclavo de Galactus, el Castigador. La decisión del heraldo es advertida por Uatu que ve peligrar su calculado plan. Estela va directo a enfrentarse con su creador para salvar a la raza humana en Fantastic Four#50 (la Asombrosa Saga de Estela Plateada). Aquí tenemos la clave para la interpretación del Surfer como un trasunto de Lucifer. Volvamos a Kirby: “¿Qué demonios hizo Dios con el ángel Miguel, que era muy, muy guapo, y pensó que podía tomar el lugar de Dios? De modo que Dios lo electrocutó y le dijo “vas a ir al infierno”. ¿Y donde sino está el infierno para Estela? Pues entre nosotros” (Uría, 2013, pág. 50). El final del Surfer será acabar desterrado en la Tierra pues rebelarse contra su maestro no podía acarrear menos, dejando los autores meridianamente clara la analogía entre el heraldo y el Ángel Caído. No ya en el aspecto de la soberbia, pecado del ángel Miguel, sino porque asume una preocupación por lo humano. Aun sintiéndose sabedor de sus pocas posibilidades, su recién adquirida personalidad piadosa le obliga a evitar el desastre. Ya tenemos el conflicto justo donde se necesitaba. Entre medias de todo ese cruce de rayos cósmicos hay un debate fundamental para el desarrollo de los personajes. Ambos comienzan su singladura editorial como dos entes amorales, plenamente integrados en un ciclo cósmico en el que ejercen su función; no hay moralidad, ni sentido de lamento por sesgar millones de vidas. Silver Surfer, por el contacto con lo humano que representa en esencia Alicia Masters, cambia su manera de ver las cosas: “Amo por primera vez me doy cuenta de la horrible tragedia de lo que pretendes hacer. No debes interferir con otros mundos.” La contestación de Galactus es tajante y clara, para él somos algo insignificante que no merece la atención demandada. Ya hemos dicho que Lee y Kirby idearon al personaje como alguien que se encuentra más allá del bien y del mal. Con tal intención lo autores establecen a Galactus como, según palabras literales de José Manuel Uría, “la metáfora sobre los cataclismos cósmicos que pueden terminar con la vida en un sistema planetario y, en general, con los peligros procedentes de la naturaleza con que se enfrenta el ser humano, sean estos de origen terrestre o extraterrestre. Cuando la investigación astrofísica descubre cataclismos estelares que serían capaces de esterilizar docenas o cientos de planetas habitados, es inevitable pensar en la indiferencia del cosmos frente a lo que acontezca a sus habitantes” (Uría, 2013, pág.55). El subtexto está ahí; asumimos el orden natural de las cosas ante la insignificancia de nuestra influencia o nos rebelamos contra lo inevitable, tratando fútilmente de alterar la realidad científica que se cierne sobre nosotros. Galactus vs Estela. Naturaleza implacable contra humanidad imperfecta.

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Tenemos otro componente de raíz cósmica en este entramado que todavía tiene mucho que decir. El Vigilante, por su origen y su implicación en el panorama estelar, sabe de la existencia del Nulificador Supremo, un arma de poder extraordinario ubicada en el hogar de Galactus. La Antorcha Humana es guiada por Uatu en un viaje sideral donde los autores de nuevo maravillan en su concepción del espacio-tiempo Marvel. Y es que estamos a las puertas de descubrir la Zona Negativa pero no adelantemos acontecimientos. El Nulificador no es más que un deus ex machina de manual y eso no resta un ápice de valor a toda la trilogía, pues su méritos principales, y más que suculentos, han sido resaltados líneas arriba. El Vigilante advierte los valores innatos de la raza humana al Devorador de Mundos y éste no tiene más que claudicar, no antes de despojar a Estela Plateada de la capacidad de surcar el cosmos a su antojo. Ahora queda preso en nuestra atmosfera hasta nuevo aviso. La aparición de Alicia Masters para alabar la actitud del heraldo causa un hondo pesar en su enamorado, Ben Grimm, que tendrá repercusiones en el siguiente episodio. Como final feliz a la historia no está nada mal solo que nos encontramos en la página 13 de 22 por lo que Stan y Jack, siguiendo con la sensación de estar narrando una novela río con los Fantásticos que debe llevarnos a algún lado, nos preparan para todo un acontecimiento, la llegada de Johnny a la universidad.

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¿Acontecimiento? ¿No estamos hablando de relleno del bueno? He aquí el quid de la cuestión pues muchos han tildado esas últimas páginas de FF#50 como innecesarias ante la grandeza de lo narrado previamente. Pero los autores no solo eran capaces de hilar grandes conceptos cósmicos sino también pulsar el tempo de la realidad norteamericana de la época y aquí tenemos un perfecto reflejo de ese interés. También forma parte de un plan para ir evolucionando paulatinamente a los personajes, cuestión en la que los autores pusieron muchos de sus empeños. En definitiva, cada página, cada diálogo en Fantastic Four tiene un sentido y una función. Hablemos del pequeño de los Storm. Desde el inicio de la serie hemos conocido a la joven Antorcha Humana como un temperamental chaval, con las preocupaciones vacuas de la edad. Pensando en coches, chicas o como reírse de la desgracia de Ben Grimm. En esta Trilogía de Galactus se han producido una serie de hechos que van a permitir la maduración de Johnny. Para empezar, el conocer y perder en un breve espacio de tiempo a la Inhumana Crystal consigue que le veamos realmente preocupado por alguien que no es él mismo. Después, es el seleccionado por el Vigilante para realizar un viaje cósmico que ha alterado su percepción de la realidad para siempre. La Universidad es conocimiento y él ha experimentado una especie de epifanía cósmica, un acceso a niveles a los que ningún humano se ha acercado. El caso es que su visita al campus, con toda la imaginería posible que grita en voz alta que estamos en los años sesenta, propicia el encuentro con Wyatt Wingfoot, otro nuevo estudiante de Metro University. La dos niveles, lo cósmico y lo terrenal, confluyen perfectamente en este FF#50 con la introducción de la diversidad racial en la editorial. Sí, diversidad, algo que la actual Marvel se empeña en publicitar día tras otro. En aquel momento nadie lo reclamaba; es más, puede que muchos lo rechazaran, pero Lee tenía claro que había que asimilar los nuevos tiempos que olían a integración e igualdad. Empezamos con Wingfoot, un nativo americano con el propósito de labrarse un futuro universitario. Los autores tenían claro que iban a cimentar la relación con Johnny no en base a una pretendida condescendencia para con el nativo. Es más, es Wyatt el que supone el ancla del pequeño de los Storm en el mundo real, otorgándole el papel de guía en muchas ocasiones. El camino para la llegada de Pantera Negra se abría en el horizonte, a escasos dos episodios.

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Si argumentalmente la historia es un prodigio, que podemos decir del innegable talento a los lápices de Jack Kirby. La historia está establecida a la manera tradicional, con su narrativa en paneles simétricos, que aumentan y decrecen según la necesidad. Personajes de raigambre cósmica y entornos siderales necesitan del espacio necesario para brillar. Un Rey comedido en sus líneas, haciendo gala de la espectacularidad marca de la casa y de su habilidad para trasmitir la acción, nos proporciona todo un deleite gráfico, convenientemente embellecido por el que se puede considerar como el mejor entintador que ha tenido Kirby, Joe Sinnot. Sin desprestigiar el gran trabajo de Mike Royer en los años setenta, nunca han lucido mejor los lápices de Kirby como cuando pasaban por el pincel de Sinnot. No en vano, a la salida de Jack de la colección, fue el bueno de Joe con sus tintas el que mantuvo una identidad gráfica definitoria en la cabecera. Y eso que tuvo que trabajar con dos grandes, de personalidad muy marcada, como eran John Romita y John Buscema.

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La Trilogía de Galactus es la culminación de una travesía nada fácil. Se puede leer y disfrutar de forma independiente pero nunca se podrá comprender sin enlazar con el primer número de Fantastic Four. Durante años hemos visto la evolución de una forma de narrar, con innegables reminiscencias de la Golden Age, pasando de aventuras autoconclusivas con pequeños hilos que conectan con la siguiente, a plantear tramas que requieren más de un número para su resolución. Cuando la principal rival quedaba estancada en fórmulas que a la larga se demostrarían como trasnochadas, Lee y Kirby humanizaban a los héroes y villanos, convertían a secundarios en protagonistas, mostraban personajes principales derrotados e incluso se permitían configurar un panorama mayor a lo inmediato. Como ejemplo, en FF#48 vemos en un par de viñetas a los Skrull, la primera raza interespacial surgida en FF#2. Su incidencia es testimonial pues solo están ahí para recordarnos que existen y, por ende, que son conscientes de la existencia de Galactus. Dos viñetas y mucho texto para personajes que no participan en la trama era algo impensable. Pero así los autores daban la sensación de espacio compartido, interconectado. El Universo Marvel, con mayúsculas. La grandeza de personajes como Galactus o Estela Plateada ha sido testada por autores de todo tipo y condición durante estos largos años, demostrando que Lee y Kirby acertaron con la tecla al acercar a la Tierra toda una epopeya cósmica que sería referenciada y estudiada por el resto de los días. Pues ya en aquellas primigenias apariciones se avistaba con claridad la complejidad y la grandeza de ambos personajes. ¿Y nuestros protagonistas? Los Fantásticos siguen un proceso de evolución brutal desde el inicio de la colección y aquí no será una excepción. La asunción de la derrota por parte de Reed Richards, la epifanía cósmica de Johnny, la sempiterna frustración de la Cosa….

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Ahh, la Cosa, ese sosias de Jack Kirby. No podemos despedirnos de la trilogía sin hacer una breve mención a ese gigantesco epílogo que es Fantastic Four#51, convenientemente titulado “This man….This monster”. Tenemos que volver a FF#50 con la entrada en escena de Alicia Masters, tras la huida de Galactus, mostrando un punto de cariño hacia el Silver Surfer que crea en el bueno de Ben un vacío emocional, haciendo partícipe al entregado lector de sus graves carencias afectivas. La Cosa vaga por la ciudad sin consuelo, advirtiendo rechazo por parte de la gente “normal”. Por otro lado, también en ese número se presenta el villano de la siguiente historia, un tipo corriente y moliente. Después de romper barreras con la creación de un dios, volvemos a poner los pies en la tierra con asuntos mundanos. Un científico ninguneado que pretende cobrarse su venganza a través de los 4F será el vehículo que articule la trama en FF#51. Un magnífico ejemplo de historia cerrada, con su principio y su fin, donde la tragedia de Ben, su dicotomía entre hombre y monstruo, es perfilada con el habitual buen hacer de Stan. Porque aquí tenemos un zas en toda la boca a todos aquellos que ningunean sus capacidades como guionista. La eterna chanza a costa de Funky Flashman debe quedar aparcada cuando nos adentramos en este relato en el que el verbo de Lee iguala en calidad a las potentes imágenes proporcionadas por Jack. Perfecto colofón a nuestra historia trayendo a colación uno de los mejores números autoconclusivos en la trayectoria de Marvel, sin discusión. Y sin olvidar que es aquí donde conocemos la intrigante Zona Negativa, todo un universo paralelo que traerá un buen puñado de alegrías a los aficionados.

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El Futuro de los 4 Fantásticos es pasado

Stan y Jack continuaron haciendo de las suyas durante unos cuantos episodios más. Siempre en un clima de colaboración y concordia, pues ambos sentían que cubrían sus respectivos roles. Jack Kirby tenía por aquellos días una fe inquebrantable en sus capacidades. Sentía incluso que podía hacer diálogos a la altura de los de Lee, aunque era plenamente consciente de que el Hombre era el jefe; Stan tenía la última palabra y había que acatarla de todas formas. La primera ruptura importante entre ambos se da en Fantastic Four#66-67. En esta trama se había estipulado que un grupo de científicos creaba el humano perfecto, llamado simplemente Él (luego Adam Warlock), y los Fantásticos aparecían para observar de cerca a un ser imbuido de pleno poder cósmico que se encontraba por encima del bien y del mal, alguien como Galactus pero a pequeña escala. A Stan no le terminaba de parecer comercial por lo que convirtió al Enclave en malvados que buscaban generar superhombres en cadena para dominar el mundo. Una idea tópica sí, pero con más visos de vender ejemplares. Aquello reventó al Rey hasta niveles nunca vistos. Su decisión pasiva fue no aportar más ideas al proceso creativo. Se acabó el Método Marvel. A partir de entonces dibujó todo lo que le pasó el guionista sin añadir un ápice a las tramas.

Siguiendo con los desencuentros, puede parecer que el principal feudo que pudiera tener Jack era con su editor pero las broncas que tenía con Martin Goodman eran de verdad las que le dolían porque iban directas al bolsillo. A pesar de todo el peso que le podamos asignar a Jack Kirby, a efectos prácticos, era un trabajador externo a la editorial. Ante los aumentos de sueldo y responsabilidades de Lee, Kirby no podía evitar sentirse minusvalorado. Las peticiones del dibujante para obtener seguro médico y plan de jubilación eran denegadas por definición por el dueño de la compañía. Con la entrada de nuevos socios a finales de los sesenta, Cadence Industries, se obligó a los colaboradores a firmar nuevos contratos donde los autores renunciaban a cualquier tipo de reclamación en cuanto a la autoría de los personajes Marvel. Jack estaba enfadado con la nueva situación de forma evidente. Mientras, en la acera de enfrente, Carmine Infantino, antiguo asalariado de Simon y Kirby, había accedido al puesto de editor jefe en DC, lo que facilitó la buena sintonía para un acuerdo propicio para Jack. En 1970 se materializa la bomba, el Rey de los cómics no firma el obligado contrato impuesto por Cadence y abandonaba la Casa de las Ideas. Todo un terremoto que afectaba de lleno a los 4 Fantásticos. Tras dibujar 102 episodios más anuales, Jack Kirby dejaba a su suerte a la Primera Familia. A partir de aquí, comienza un camino de legado pues los Imaginautas debían hacer frente al futuro sin uno de sus valedores. Una larga senda se nos abre en el horizonte.

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La salida de Jack Kirby dirección a DC causó un gran malestar en la editorial. Pocos veían viable un sucesor en una cabecera marcada a fuego por el arte del Rey. Stan, sabedor de que tenía un problema gordo, se refugió en su entonces persona de confianza, el sonriente John Romita. Jazzy se había convertido, sin comerlo ni beberlo, en el más apreciado colaborador de Lee, tras la progresiva separación con respecto a Jack que desembocó en abandono. John Romita llegó para apagar el fuego, para cubrir un espacio vacío y así dar tiempo para encontrar el sustituto necesario. Éste resultó ser el dibujante que había acompañado al editor jefe en la andadura de Estela Plateada, John Buscema. Tras unos pocos números del artista habitual de Spiderman, Big John tomó las riendas de los Fantásticos durante buena parte de los años setenta, con sucesivos cambios de guionista mediante. Y es que esta década vino con renovados bríos para los creadores de la Casa de las Ideas. Poco a poco dejaban su cómoda posición de empresa del montón en el panorama americano para convertirse en un auténtico referente. Stan Lee siguió una temporada en la cabecera tras la huída de Kirby, más concretamente hasta el #125, dejando más historias de raíz cósmica (como la Saga de Galactus/Gabriel), más desarrollo de personajes y más universo interconectado, tal y como había aprendido junto a su añorado dibujante original. En 1972 fue ascendido a presidente, dejando el puesto de editor a su pupilo Roy Thomas que, como buen sucesor, se hizo cargo de la cabecera.

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En el #126 da comienzo la etapa Roy Thomas-John Buscema, un tándem que ha dado abundantes alegrías al respetable, ya fuera en Vengadores o en relatos de espada y brujería. Roy, como estudioso experto del mundo Marvel, plantea una vuelta a los orígenes para desde ahí trazar su propio camino. Desgraciadamente, su periplo se ve interrumpido en Fantastic Four#133, pues sus labores como director editorial le impedían el trabajo habitual de guionista. El sustituto designado por Roy a partir del #134 sería Gerry Conway, recogiendo en casos argumentos ya trazados por Thomas. Nos hallamos ante un joven e impetuoso guionista al que no le tembló el pulso al guionizar personajes Marvel, como fan reconocido de la compañía que era. Junto a Buscema y a Rich Buckler daría vida al cuarteto durante una recordada temporada, hasta el #152. Se da la curiosa circunstancia de que, en un momento dado, ambos invertirán sus papeles pues avanzados los setenta, Conway llegará a ser Editor Jefe y Thomas volvería a guionizar los Fantásticos durante su mandato, tras un breve ínterin de Len Wein.

A finales de la década, allá por 1978, entra en escena otro autor que mantendrá la llama fantástica encendida. Marv Wolfman debuta en el #193, acompañado en labores gráficas por Keith Pollard,y pondrá su energía en reforzar los aspectos esenciales de la Primera Familia. La saga más importante del autor tendrá que ver mucho con Galactus, el gran dios ideado por Lee y Kirby. Durante varios episodios, la búsqueda del Devorador de Mundos llevará a nuestros protagonistas al espacio profundo y, de paso, a verse enrolados en una batalla de proporciones cósmicas, con viejos conocidos del autor ya que se trajo tramas de su cancelada serie Nova y así dar un cierre digno al personaje y a sus circunstancias. Wolfman sería el encargado de capitanear la entrada de la cabecera en los ochenta donde primero tendríamos una anodina etapa con unos Doug Moench y Bill Sienkiewicz irreconocibles (equipo creativo recordado por una fantástica etapa en Caballero Luna), y un repunte de grandeza que sería más que bienvenido por los 4F.

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Los años ochenta son de John Byrne. Tras abandonar la Patrulla X de Claremont, por discrepancias con el guionista titular, el canadiense se encontraba dispuesto a acometer un proyecto como autor completo y la cabecera señera por antonomasia, por sus discretas ventas, se prestaba a ello. Aquello era una culminación de un sueño pues el joven John había conocido de primera mano las historias de Stan y Jack, las había referenciado, y sabía exactamente cuáles eran sus puntos fuertes. Y se propuso recuperarlos. Sencillo, ¿verdad? Byrne se adentró en un largo viaje con la Primera Familia con el propósito de recuperar el sentido de la maravilla y demostrar que el adjetivo de “mejor cómic del mundo” no estaba allí puesto por casualidad. Y para ello tiró de la Biblia fundamental, es decir, las bases asentadas por Lee y Kirby, añadiendo las actualizaciones necesarias en una andadura muy personal, con decisiones polémicas en algunos casos y en otros totalmente acertadas. En esta etapa volveremos nuestra visión a renovados temas cósmicos, asistiremos a importantes revelaciones en secundarios habituales y de nuevo habrá evolución, cambio, en los personajes principales. Huelga decir que estamos en la etapa en la que la Chica Invisible pasó a ser la Mujer Invisible, una renovación materializada en hechos más allá del nombre y un debe histórico para con la buena de Susan. Todo ello narrado gráficamente con la habitual maestría de un grande en su mejor momento de forma. Una etapa fundamental en el devenir de los Fantásticos y de Marvel en general. Desde luego, un placebo para asimilar las siguientes historias perpetradas por el sucesor de Byrne, un Steve Englehart que vino para revolucionar el grupo y acabó liado en una madeja difícil, muy difícil de explicar. Nos quedamos con un periplo realmente extravagante, para fans del guionista y bien puestos de lo que solía tomar en sus tiempos mozos.

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Tras una reivindicable etapa de Walt Simonson, donde la Agencia de Variación Temporal tuvo en vilo a nuestra querida familia, entramos en los noventa con un largo periodo dominado por Tom DeFalco y Paul Ryan, en el que encontramos todos los vicios de la época, incluidos tremendos pistolones y una renovada vestimenta que haría llorar al niño Jesús. La época DeFalco-Ryan nos haría de puente con la célebre trama de Onslaught que llevaría a los héroes más importantes de la compañía hasta Heroes Reborn, el universo de bolsillo que duraría apenas un año (menos mal) a cargo de las mediáticas estrellas Rob Liefeld y Jim Lee. Sería este último, acompañado con la gente de su estudio, el que se pondría al frente de los 4 Fantásticos, adaptando origen y todos los elementos que definen a los Imaginautas en la andadura más potable de todo este invento, aunque muy lejos de la dignidad de las etapas que definieron a nuestros protagonistas. Heroes Return es el nombre escogido para la vuelta a la normalidad y que mejor que buscar a un guionista reputado para llevarla a cabo. Eso hubiera sido lo lógico, pero en aquella época de caos no reinaba la cordura en las oficinas marvelitas. A finales de 1997, Bob Harras designa a su chico de confianza, Scott Lobdell, para que se haga cargo de la Primera Familia, con un gran dibujante como acompañante, el inglés Alan Davis. A los tres números Davis salió huyendo de aquello ante tamaño despropósito. Harras decide un movimiento de timón, poniéndole de co-guionista a un escritor de renombre y del calado de Chris Claremont, el legendario Patriarca Mutante retornado a la editorial como cual hijo pródigo. Pena que Chris volviera con las pilas más bien gastadas. Aun así, terminó por tomar los mandos en solitario y mantuvo con dignidad la cabecera ayudado en el aspecto gráfico por el español Salvador Larroca, hasta la entrada del poderío patrio que representa el equipo creativo compuesto por Rafa Marín, Jesús Merino y Carlos Pacheco. En un caso único en la industria, los españoles tuvieron que sortear todo tipo de imposiciones editoriales y las intromisiones por parte de gente de la “casa” como Jeph Loeb o Karl Kessel. Qué hubiera pasado si hubiesen gozado de auténtica libertad creativa nunca lo sabremos pero su hazaña ahí queda registrada. Como buenos conocedores de la grandeza de los Fantásticos supieron traer a colación algunas de sus mejores virtudes.

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Tras un par de sagas de transición, a cargo de nombres como Karl Kessel o Adam Warren, damos la bienvenida a uno de los grandes equipos creativos que ha dado lustre a la serie, el formado por Mark Waid y el artista Mike Wieringo. Juntos recorrerían el camino que cubre el periodo que va de 2002 a 2005, coronando con un número tan redondo como el quinientos. Espectacular a nivel gráfico, genial a nivel de guion; una auténtica delicia para los seguidores los Fantásticos. Eso sí, sin estar exenta de polémica. Por lo visto, a Bill Jemas le gustaba demasiado meterse en harinas ajenas lo que provocó un enfrentamiento con un perro viejo como Waid. Incluso se contrató tándem creativo para sustituir a la dupla actual, Roberto Aguirre-Sacasa y Steve McNiven (reubicados luego en un proyecto con los personajes en la línea Marvel Knights), pero la indignación de los fans junto con la salida de Jemas nos dieron un tiempo extra para disfrutar. Sirvan estas palabras para honrar a un dibujante al que la parca llamó demasiado pronto, en 2007, a la temprana edad de 44 años.

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Llegamos a etapas bastante recientes, donde guionistas mediáticos han monitorizado la colección y entre ellos es necesario citar a J. Michael Straczynski. Este autor trató de llamar la atención sobre la cabecera a base de golpes de efecto y de interactuar con eventos. Su paso por los 4F es más bien ramplón por lo que lo más recordado es el cruce con Civil War, con insospechadas consecuencias para el cuarteto. La salida del equipo de Sue y de Reed, necesitados de tiempo para arreglar lo suyo, trajo la incorporación de Pantera Negra y Tormenta. Este periodo fue abordado por Dwayne McDuffie, de forma breve hay que decir, pues todo volvería rápidamente a la normalidad preparando la llegada de Mark Millar y Bryan Hitch, el equipo creativo que había deslumbrado al mundo con Ultimates. No hay nadie como Millar para sacar réditos a los ya citados golpes de efecto. Todo aquel que conozca su modus operandi no se verá sorprendido por su recorrido en Fantastic Four. Tras el escocés fue la actual estrella del medio, Jonathan Hickman, el responsable de guiar a los Imaginautas a través de la Edad Heroica y demás landscapes hasta llegar a Marvel Now!, donde otro laureado guionista como Matt Fraction fue incapaz de dar con la tecla de cómo abordar la serie, a pesar de que se los llevó a un viaje interestelar de un año de duración. Hay que reconocerle al creador de Sex Criminals que por lo menos nos dejó una pequeña joya, ayudado en tareas artísticas por Mike Allred, como fueron sus FF, formado por unos sustitutos magistrales, responsables últimos de la protección del Edificio Baxter y la Fundación Futuro. Después del enésimo número uno, en 2015 se volvió a recobrar la numeración original para afrontar el tramo final de la colección. James Robinson había sido llamado para reflotar a los Fantásticos ¿o más bien para enterrarlos para siempre?

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No sabemos de las primigenias intenciones editoriales, pero el arco que cubre el #642 hasta el #645 supone el fin de nuestros protagonistas hasta nueva orden. Un cierre envuelto en teorías conspiratorias sobre derechos cinematográficos y demás zarandajas que al aficionado debieran importarle un soberano pimiento. Como tantas otras, se sabía que el cierre era obligado pues la llegada de Secret Wars, con Hickman como arquitecto, iba a revolucionar el panorama editorial. Tras el discurrir de las recientes Guerras Secretas, donde los Fantásticos tenían un papel determinante, el Universo Marvel volvió a recrearse como Tierra Primordial, con ayuda fundamental de Reed Richards. Pero, mientras otras cabeceras volvían por donde solían, de los 4F no se ha vuelto a saber desde entonces. Ben Grimm, habituado a pisar con sus rocosos pies otros mundos, se ha unido a los Guardianes de la Galaxia, mientras que Johnny Storm anda ocupado entre los Imposibles Vengadores y su papel de enlace con la ciudad de Attilan (y de paso, cerrando el círculo al tener un asunto amoroso con Medusa, la reina inhumana), pero el resto permanecen desaparecidos en combate. Reed, Susan, Franklin y Valeria, la familia Richards, siguen en paradero desconocido y el concepto 4 Fantásticos apagado ante la gran proliferación de personajes de segunda con cabecera propia. No vamos a lamentar desde aquí algo que es más que obvio. Sería un gasto inútil para vosotros lectores pues es bien sabido que tarde o temprano volverán. O eso es lo que cree el que escribe estas líneas. Mientras tanto, hay suficiente material para disfrutar de las aventuras de los 4 Fantásticos. Más de seiscientos números a lo largo de cincuenta años largos desde que debutaron a comienzos de los años sesenta, multitud de apariciones especiales y versiones alternativas varias atestiguan esa aseveración. Toda una historia de legado que comenzó en 1961 y a la que insuflaron vida dos leyendas como Stan Lee y Jack Kirby.

JR

Guía de Lectura

Los tres episodios que componen la Trilogía de Galactus son clásicos del noveno arte y han sido publicados en nuestro país por todas las compañías que han contado con los derechos Marvel. En este punto vamos a dejar constancia de las lecturas que consideramos esenciales y siempre remitiéndonos a la actual editorial que publica el material de la Casa de las Ideas de forma oficial, es decir, Panini. Además de la trilogía, para una adecuada contextualización se recomienda empezar Fantastic Four por el principio, debido a que la citada trilogía no es más que la consumación y perfeccionamiento de la forma de narrar instaurada por Stan Lee y Jack Kirby. Además, por la importancia y relevancia del personaje en la trama, se aconseja echar un vistazo a la serie que le dedicaron Lee y Buscema a Estela Plateada, donde dieron sentido y organizaron gran parte de la información sobre Norrin Radd.

4fGénesis: Aquí tenemos el comienzo de las aventuras del cuarteto más famoso de Marvel. Desde el número uno hasta el #21, más el primer anual y las intrigantes historias del Vigilante, estamos ante un prodigio de imaginación, sentido de la maravilla y trabajo bien hecho. Una demostración práctica de evolución en el cómic de superhéroes, basado en el desarrollo de personajes y una narrativa rompedora para la época. Seremos testigos de los primeros trazos de la confección del universo compartido, de episodios que van a confeccionar una novela río con los personajes. Y por si eso fuera poco, la legitimación de la Era Timely, con la introducción de Namor en la continuidad, la rotura de la cuarta pared y recursos meta, y el nacimiento del Doctor Doom. Con la prometida continuación en formato Omnigold de los números que nos faltan para enlazar con el siguiente tomo, la editorial italiana va a poner fin un debe histórico con la Primera Familia pues tendremos a tamaño original y a color toda la etapa completa de Stan y Jack en la cabecera. Imprescindible.
4f La Edad Dorada: el tomo definitivo de la cabecera forjada por Lee y Kirby (del #44 al #63, más anuales #3 y #4). La almendra central de sus intenciones como creadores y cómics esenciales para comprender el género de los superhéroes. En este volumen tenemos la ya más que citada Trilogía de Galactus, pero también la famosa boda de Reed y Sue, la presentación de los Inhumanos, la llegada de Pantera Negra, villanos com Klaw o el Hombre de Arena, la recuperación de la Antorcha Humana original, la Zona Negativa, más Doom, más Namor…. Un auténtico tour de force creativo que pasados los años conserva su fuerza narrativa y gráfica.Poco más podemos añadir más allá de que tenemos al Rey en plenitud de facultades, en uno de los mejores trabajos de su carrera, entintado por un maestro en la materia como era Joe Sinnott
ESEstela Plateada: esta cabecera surgió como resultado del empeño que puso Stan Lee en un personaje en el que no tuvo decisión creativa. Ahora sabemos que fue Kirby el que pensó en que el Devorador de Mundos debía tener un heraldo, pero fue Lee en esta serie, acompañado de John Buscema, el que configuró su pasado y sus motivaciones. Es en esta serie donde conocemos el planeta natal de Norrin Radd y veremos como la llegada de cierto ser cósmico alteró la vida de este planeta para siempre. También seremos conscientes de la repercusión del forzoso encierro en la Tierra para Estela Plateada, pues no hay que olvidar que Galactus le despojo de su capacidad de surcar el espacio profundo. Tras 18 números de reflexiones cósmicas y metafísicas, la colección fue cancelada pero es indudable su valía como obra definitoria de lo cósmico. Y para todos aquellos que quedaron prendados con la figura del surfero, un importante complemento a la Trilogía de Galactus. En definitiva, trascendental para saber más sobre el Silver Surfer

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14 Comentarios en "Grandes Obras Marvel. La Trilogía de Galactus"

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sombrazul

gran articulazo..Sr Porras..hay muchísimas cosas que no sabia..de los 4 efe solo había leído la etapa de Byrne y poco mas…que exceptuando la etapa clásica es de lo que mas merece la pena…lastima porque el concepto de aventureros cósmicos tiene muchas posibilidades..ojala venga un escritor que este a la altura de un grupo con tanta solera…

Alejandro Ugartondo

Felicidades por este incríble artículo Arturo y gracias por el esfuerzo que has puesto en él. Muchas ganas de leer las siguientes entregas de esta serie de artículos.

La trilogía de Galactus es una de mis historias favoritas de toda la historia de Marvel y me parece la cumbre creativa del tándem Lee/Kirby. Nunca dejará de sorprenderme la génesis de un personaje como Estela Plateada, creado casi por casualidad por Kirby pero desarrollado por Lee para convertirlo en una de las creaciones más fascinantes de la época.

Dynamo

Extraordinario artículo, ingente en cantidad y en calidad, no sobra ni una de las palabras escritas.
Impagable la génesis del grupo, mucho se ha escrito sobre ella, me parece un ejercicio de imaginación sin límites.
Conocí los 4 F cuando conocí los cómics, con la época Fórum y sobre todo la etapa Byrne, que bebió principalmente de los pilares de la colección puestos por la dupla Lee- Kirby, a saber, Galactus, Dr Doom, Skrulls, Inhumanos.
La historia del hombre topo, a quien por supuesto conocí con Byrne, quien también contó una historia con la teoría de la tierra hueca, como también aprovechó el episodio de las vacas Skrulls para introducirnos en un extraño pueblecito producto de la leche de esas vacas, más o menos.
Me voy a inflar a Byrne, pero es que tiró de imaginería Lee Kyrbiesca, también envió el Baxter al espacio, retrató maravillosamente a Muerte, como apuntas, rindió cuentas a la Mujer Invisible para darle más importancia, tiró de Alicia Masters (que no debía ser una Skrulls) y Wyat Wingfoot (¿pie alado?, ¿referencia oculta a Namor?).
Introdujo a Hulka de manera formidable, viendo el camino de adaptación al grupo.
El diseño de Kirby de la nave de Galactus, original y estrambótico pero genial como solo Kirby era capaz de diseñar.
Sigo con la dupla inicial con la trilogía de Galactus, sin añadir mucho, ya lo ha hecho el Señor Porras, el Vigilante(¿cuántas veces ha dejado de lado su juramento para interceder por la Tierra?).
En un tocho Panini descubrí esa pequeña joya Este hombre…este monstruo. Me maravillo como pocos números sueltos lo han hecho, solo otros dos mineros 4F, lo han logrado ,los dos de Burne “Héroe”, y “La pérdida de la inocencia”. Este último en particular me recordó el episodio de Kirby, los protagonistas son Susan y Franklin aparentemente, porque la resolución aporta nuevamente matices sobre la personalidad de la Cosa y su miedo a ser aceptado, pero con una vuelta de tuerca que me parece de genio.
Gracias por descubrir los entresijos de la redacción de Marvel, una pena la marcha de Lirby, que historias se habrán perdido.
La etapa Pacheco-Marín la conozco, me parece una interesante obra, con planteamientos explotables pero muy apresurada, por lo que se, fue por causa ajenas a su voluntad.
No conozco la etapa Waid-Wieringo, pero me la apunto.
Aquí otro a la espera de un relanzamiento de la cabecera, pero con miedo por ver quién se pone al mando y que se hace con estos personajes, con un Richards a mi manera de ver maltratado en varios aspectos en los últimos años.

Juan Luis Daza

Menuda currada Arturo (bueno, como siempre) este es uno de esos artículos que da gusto leer mientras se picotea algo y se bebe un buen brebaje.

Impresionante cantidad de información, alguna la conocía, pero la mayoría no, felicitaciones por el trabajo compañero.

¡Un saludo!

Jose Maria Vicente

Increíble artículo, maestro Porras. Es usted un tesoro nacional y lo digo en serio.

frankbanner49

macho,menudo ejercicio de contención debiste hacer con respecto a esas cuatro páginacas que te marcaste en el MARVEL AGE #7 sobre la primera familia 🙂 (buscadlo antes de que se agote,que es gratís,mangurrianes¡).

y sobre esta “pequeña retrospectiva” solo añadir que has sabido capturar de forma única esa efervescencia creativa de los dos genios en sus primeros tiempos y trasladarla al papel.he tenido la sensación,por momentos,de estar viendo una pelicula en mí cabeza sobre el nacimiento del incipiente universo marvel a cargo de dos genios con una capacidad de trabajo ilimitada,fruto del entusiasmo de aquellos dias donde todo podia ser posible.en mí cabeza, solo ha podido ser comparable a lo que puedo intentar imaginar en un momento y éoca parecidas, donde rafael gonzalez revisaba con el rabillo del ojo el trabajo de conti,segura,peñarroya,ibañez,un vivales que se dejaba caer por allí de vez en cuando.todos juntos.creando.dejando huella en varias generaciones.y sin que apenas se diesen cuenta del legado que estaban dejando.
ah,la magia de la bruguera .
o en ese garaje donde steve y steve,jobs y wozniak,forjaron los cimientos de apple,o en ese otro garaje donde walt y roy disney recrearon un improvisado taller donde dar rienda suelta a sus ideas revolucionarias sobre animación.
yo que sé.dicen que la magia no existe,pero yo no lo tengo tan claro.
suma de talento más el momento adecuado, y et voilá.

stan y jack.jack y stan.y la autoria de los 4-f.unos que si jack era el alma.otros que stan.dejemoslo en la suma de los dos.jack tuvo su propia editorial,fué un más que competente guionista en su regreso a marvel,pero los 4-f son algo más que un número uno y sus diseños.es mantenerlos vivos en el tiempo,y que no se te vayan de las manos como le ocurrió a jack con su cuarto mundo.son uno y otro en un hibrido de proporciones pluscuamperfectas.es pura magia embotellada cuando los planetas se alinean en el momento justo.lo demás son conjeturas para pasar un trato entretenido.

y luego llegó byrne y lo voló todo en pedazos.

a carlos pacheco, rafa merino,y rafa marín,en cambio, la autoria de los4-f les vino grande.

lo siento.se supone que “deberia hacer país”,pero no me dá la gana.huyo del “corporativismo” mal entendido como de la peste bubónica.
fué una etapa convulsa llena de constantes fill-inns que te cortaban el rollo de lo que estabas leyendo,y aunque el dibujo era fantabuloso y las referencias a las etapas de kirby/stan lee/byrne te dejaban con una sonrisa en la boca no ocultaban el hecho de que los autores no parecian encontrar “la voz” en la colección.motivo que derivó en las intromisiones de jeph loeb y karl kesel (que fuesen legitimas o no,eso queda al gusto del respetable) pero la historia es la que és,por mucho romanticismo que queramos meterle a lo que fué ,y aún pudo ser mucho más grande.

seria interesante asistir a un revival de pacheco en la colección de los imaginautas. a un carlos, con su actual bagaje,y con el tiempo suficiente para plantear el escenario adecuado y llevarlo a cabo sin prisas ni interferencias editoriales.seguro que muchos nos sorprenderiamos.
pero aquel no era el momento.y aunque el computo global deja muy buenas sensaciones,tambien te queda la impresión de que el edificio se queda a medio hacer,y elvís hace tiempo que lo abandonó.

sobre “las otras bandas que tocaron en la colección”,su impresión nunca fué tan duradera por lo que a mí concierne.por ejemplo,yo no tengo tan idealizada como lo teneis la mayoria la etapa mark waid/mike wieringo (HEREJIAAA¡¡).

cuestión de gustos,oye,veo buenas ideas,sí,pero tampoco me pareció el summun.y nunca me gustó wieringo,para que os voy a engañar.

pero lo que más me fascina es la fuerza en el tiempo de los diseños e ideas de stan y jack.el como no han envejecido.el como apenas necesitan un minimo “tuneo”.el como han resistido la barrera del tiempo.la fuerza de sus diseños.de su historia.
hecho de menos como lector aquellos dias de aventuras que empezaban y acababan en el mismo número,de villanos bizarros y momentos de pura humanidad en mitad del drama,de imagineria desatada al servicio, no de un “golpe de efecto de mecha corta”,sino de una buena historia con su planteamiento,nudo y desenlace que se alargaba lo justo en el tiempo.

y,coño,es que hacian que pareciese todo tan sencillo…

TheBaldRocker

Pidiendo disculpas por anticipado por no haber podido comentar antes en este maravilloso artículo que te has currado (ya sabes que he estado un poco liado en casa por averías y obras varias, y aun lo estoy) te comento que una vez leído y en cuanto pude disponer de algo de tiempo, volví a recuperar, por enésima, vez este puñado de cuatro tbos. Creo que esto último es lo mejor que te puedo decir al respecto de las sensaciones que me ha dejado tu trabajo.
Su imaginación, sus diálogos, sus conceptos, me siguen sorprendiendo como la primera vez que los leí. Ayer mismo se lo dije a un amigo mutuo que se acaba de poner a leer el tomo de la Edad Dorada: Envidio si es la primera vez que lo va a hacer por las sensaciones que va a descubrir al hacerlo. Y si lo va a releer, haciendo ya mucho tiempo de la última vez,
se reafirmará en esas sensaciones.
Por mi parte, considero que son una Obra Maestra del Noveno Arte y que cualquier amante de los cómics, aunque no lo sea del genero pijamero, debería tener en su colección.

Y ahora a esperar novedades de este proyecto nuevo que tienes para ZN.

Un abrazo, Artur. Y como siempre
Rockeros Saludos.