Centenario Jack Kirby. Un Top Ten

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Continuamos en este 2017 celebrando el centenario de Jack Kirby. Después de glosar una breve biografía y un primer análisis del Cuarto Mundo, nos detenemos en elaborar un top ten personal sobre el autor. Como reza el título de la entrada, es un top ten, uno de tantos, sin intención de convertirse en canon, ni proponerse como de validez universal. Probablemente, si este post saliera dentro de unos años, este redactor haría cambios y modificaciones en la lista, por lo que poco importa el orden o quién se ha quedado fuera de la misma. Verse en la tesitura de elegir en una trayectoria de casi cincuenta años de carrera, en la que ha tocado todos los géneros habidos y por haber, evolucionando según la época, no es tarea baladí. Jack Kirby comenzó en el campo de la tira de prensa (strip, en su idioma original), donde se permitió el lujo de hacer sátira, humor, western o acción. Ya en el campo del comic-book se especializó en superhéroes y ciencia ficción, siempre sin cerrar la puerta a otras temáticas como crimen o romance. Cierto es que que su adscripción desde los años sesenta a los superhéroes ha sido su parcela preferida y en la que más ha destacado, sin olvidar otras influencias básicas (de nuevo la ciencia ficción o la cuestión mitológica). Sirva el top ten para poner encima de la mesa una parte representativa de la creatividad del autor; una simple excusa para enlazar un punto de unión, de debate entre aficionados; o ya de manera más gratificante, que permita descubrir el mundo del Rey a aquellos que todavía no se han atrevido a aventurarse en sus vericuetos; en definitiva, que sigamos hablando de Jack Kirby, que es lo verdaderamente importante. Sin más dilación, ponemos nuestras cartas al descubierto, a la espera que la selección sea de su agrado.

El Cuarto Mundo

Sin lugar a dudas, su obra más personal. Una que concilia algunos de sus intereses más evidentes: mitología, ciencia ficción y narrativa superheroica. Hay que empezar por aclarar en qué consiste este Cuarto Mundo. No se trata de una serie regular con ese nombre; en realidad es un ciclo que comprende nada menos que cuatro cabeceras orquestadas y manejadas por Jack Kirby. En su llegada a DC Comics, tras poner en marcha la Era Marvel de los cómics, Carmine Infantino (a la sazón, editor jefe) le había conseguido un contrato bastante favorable, con aumento de sueldo incluido y una cláusula de libertad total, encargándose de todo el proceso creativo (guion, dibujo y edición). El Rey llegó con la vitola de estrella del medio, por lo que los mandamases de la compañía le exigirían desde el primer momento una gran cantidad de trabajo y sus consecuentes resultados. Kirby se sentía seguro de sus capacidades, ya que estaba resuelto a que se le reconociese como autor completo, y solicitó a Infantino la colección menos vendida, que resultó ser Superman’s Pal, Jimmy Olsen. Bueno, en realidad no lo era. Esta es una de las típicas anécdotas que se recitan sin que nadie la haya confirmado de primera mano, pero si hasta colaboradores tan cercanos como Mark Evanier la dan por posible, nosotros no vamos a llevar la contraria. El caso es que Jimmy Olsen tenía poco tirón en ventas básicamente por el poco calado de sus historias ya que no contaba con un equipo creativo estable. Por allí pasaba gente que no se implicaba con la colección. Kirby aceptó el reto y se propuso montar una trama que iba a constituir una renovada dirección para la serie, junto a tres nuevas cabeceras ya aprobadas por Infantino: The Forever People, The New Gods y Mister Miracle. Una trama rio que profundiza en una nueva cosmogonía en el entorno DC; una que Jack había comenzado a barruntar mucho tiempo atrás. Volvamos a sus años en Marvel.

El Rey siempre fue un entusiasta de las mitologías y las religiones. Le fascinaban como relatos. Él era judío practicante pero no le temblaba el pulso en acercarse a otros credos para conocer que se podía esconder detrás de ellos. En la Casa de las Ideas sumó fuerzas con Stan Lee para crear una réplica Marvel del Dios del Trueno nórdico. Así nació Thor en las páginas de Journey into Mistery. Conforme avanzaban en tramas e historias, Kirby fantaseaba con la posibilidad de llegar al Ragnarok, la muerte de todos los dioses. En su cabeza se forma la imagen de unos nuevos dioses sustituyendo a los viejos, dando lugar a una compleja cosmogonía. Jack nunca hizo partícipe a Lee de esas ideas; estaba convencido de que la editorial no permitiría la muerte de Thor. Además, la situación empezaba a enfriarse más de la cuenta con Martin Goodman (más conocido como el dueño) y su editor jefe. Esa idea la guardaría para cuando tuviera mejor ocasión. Y se puede decir que llegó en el momento en que desembarcó en DC, aparentemente con libertad total para afrontar sus series, siempre y cuando cumpliera un mínimo de páginas entregadas. Así pues, la maquinaria se puso en marcha.

Jack se ufana en introducir conceptos a lo loco: la Zona Salvaje, Los Peludos, la Intergang, el Boom-Tubo, la todo-nueva Legión de Repartidores, el Guardián Dorado, el Proyecto, los ADNaliens…. Y todo esto solo en Jimmy Olsen. Conforme van debutando el resto de series conoceremos a pintorescos personajes como los que forman los “Jóvenes Eternos”, acompañados por la Madre Caja, y dotados de habilidades sobrehumanas; asistiremos a la visión de Nueva Génesis y Apokolips como dos entornos contrapuestos en los “Nuevos Dioses”, con Orión como protagonista indiscutido; o la habilidades de cierto misterioso escapista, obligado a tomar el puesto del famoso “Mr. Milagro”. Todas las series poseen su trama específica pero hay algo que las une, la presencia maligna de Darkseid, el peligroso enemigo a abatir.

Este era un ciclo que el Rey tenía intención de cocinar a fuego lento. Aun siendo de una espectacularidad evidente en cada capítulo, Kirby lo concibió como un progresivo crescendo de lo épico. Buscaba crear una obra magna, con miles de páginas, hasta llegar al final más epatante jamás contemplado en un cómic. No se puede decir que le faltara ambición. Desgraciadamente, las ventas no acompañaron. En realidad, todo este ciclo aventurero tuvo una más que correcta aceptación, solo que a los jefazos no les pareció lo suficiente, tras haber invertido mucho en Kirby. Resultado, el Cuarto Mundo debía paralizarse, de momento, para focalizar los esfuerzos del Rey en otros proyectos que la compañía estimaba más apremiantes. Ahora sabemos que esa pausa fue definitiva. Nos quedamos con unos cómics repletos de buenos conceptos cósmicos, especialidad de la casa, diseños espectaculares, y acción sin control, con la consabida fuerza y la potencia grafica del artista. Si la lectura de esta obra incompleta es del todo placentera, imaginen en su cabeza el resultado final si se hubiera desarrollado según sus propios términos. Para el que escribe estas líneas, la obra más representativa del autor, más allá de la calidad per se, por lo mucho que se pueden rastrear las inquietudes que subyacen tras cada esbozo, tras cada palabra, tras cada grandilocuente batalla. Todo un reportorio de creatividad desatada. Simplemente genial.

Los 4 Fantásticos

Echemos nuestra vista atrás unos cuantos años. Estamos en 1960, con una crisis importante en el medio, con el género de los superhéroes bastante tocado, y en un clima de censura y reprobación. Muchas editoriales del noveno arte han tenido que cerrar y las que no, sobreviven bajo el férreo mandato del Comics Code Autorithy, un organismo que limitaba muy mucho la capacidad de los artistas en contar historias. Exceptuando al gigante de la viñeta, National Periodical (germen de DC Comics), el resto de compañías vivía agarrado a los géneros de moda. En ese ambiente hosco se perciben unos ciertos brotes verdes, una brizna de luz, que editoriales como Atlas (la nomenclatura anterior a Marvel) quisieron aprovechar con un relanzamiento del superhéroe. Por allí andaba un Stan Lee quemadísimo con el dueño, Martin Goodman, obligado a cumplir con su modus operandi, básicamente, copiar descaradamente y abusar de aquello que vendía. También localizamos a un Jack Kirby sumergido en tebeos de ciencia ficción barata y monstruos varios, totalmente alicaído tras su separación profesional de Joe Simon. Un panorama bastante aciago para los dos creadores. Goodman se acercó a Lee y le instó a que diera salida a un cómic que copiara de forma descarada la Liga de la Justicia de DC Comics. Stan, resuelto a abandonar el medio si la cosa iba mal, se negó a tal requerimiento y le propuso al bueno de Jack perfilar los mimbres de una cabecera que iba a cambiar la forma de concebir la narrativa superheroica. Se trata de un cuarteto que todos conocemos como los 4 Fantásticos.

Es bien sabido que Stan Lee propuso un tratamiento de personajes muy particular. No buscaba una imagen icónica de perfección, más bien trató de ensamblar lo más parecido a una familia. Reed, Susan, Johnny y Ben tienen una relación que se hace próxima al lector, unidos por lazos de cercanía (Johnny y Susan hermanos; Ben y Reed amigos desde la infancia; Reed y Susan enamorados). Incluso, Lee se planteó hacer a Ben Grimm una especie de malvado encubierto, aunque esa concepción se redujo a las continuas peleas con el pequeño Storm y a sus recurrentes intentos de abandonar la formación. Ahora bien, ya sabemos que une al equipo pero ¿cuál era el objetivo de la serie? Esa respuesta es rápidamente respondida por un Kirby amante de la ciencia ficción. Previo paso a Atlas, había dejado en la distinguida Competencia una serie donde un grupo de audaces investigadores van en busca de lo desconocido (Challengers of the Unknown). Los 4F van a tener un forma de actuar muy similar, pues los conocimientos de Reed Richards y sus recién adquiridos poderes les van a permitir embarcarse en una serie de aventuras donde el sentido de la maravilla brilla desde el minuto uno. Poderes, por cierto, que el cuarteto recibe al verse bañados por los rayos cósmicos mientras trataban de adelantarse a los comunistas en la carrera espacial. Todo en Marvel tiene un cómo y un porqué.

Stan Lee y Jack Kirby se mantuvieron en la colección durante 102 números (más anuales), todo un hito para la época. Parece una extraña conexión astral pues el tándem creativo había trabajado de forma conjunta previamente y nunca habían alumbrado una obra de tamaña valía. Bien es cierto que Goodman no les puso impedimento mientras las ventas fueran buenas por lo que Lee y Kirby disfrutaron sacando todo aquello que llevaban en su interior. Para ello dispusieron un torrente de ideas y conceptos que llamaron la atención de un nuevo tipo de aficionado que buscaba algo más que aventuras ligeras y autoconclusivas: imperios alienígenas, viajes en el tiempo, civilizaciones perdidas, dimensiones alternativas… todo ello regado con una dinámica de personajes y tramas para enmarcar. En las páginas de los 4 Fantásticos encontraron la forma de articular todo un nuevo entorno de ficción, algo que ha terminado por llamarse el Universo Marvel. La práctica totalidad de los personajes que surgían en las diferentes cabeceras de la editorial terminaban por aparecer como estrellas invitada en “el mejor cómic del mundo”. Stan y Jack legitimaron toda una época, con la inclusión del Namor de la Era Timely, además de presentar un buen puñado de caracteres en la colección: los Inhumanos, el Doctor Muerte, Pantera Negra, Galactus, el Vigilante, Estela Plateada…

Los 4 Fantásticos consolidó, de manera lenta pero segura, toda una revolucionaria forma de hacer cómics. Sus historias fueron alcanzando cimas creativas reconocibles (por ejemplo, la Trilogía de Galactus) y conformaron uno de los tebeos de ciencia ficción más redondos de todos los tiempos. Un prodigio donde el sentido de la maravilla estaba tan presente que consigue llevar a los lectores, con una facilidad pasmosa, a lugares mágicos e inexplorados, siempre agarrados a la magnificencia gráfica de un Rey en estado de gracia. Solo por alumbrar esta magna obra (Lee y Kirby han dejado un importante legado en el noveno arte) ya les debemos gratitud eterna, por los siglos de los siglos.

Relatos de Asgard

No salimos de Marvel Comics ni de su trabajo conjunto con Stan Lee. Ambos estaban creando mundos de la nada, un nuevo entorno para el desarrollo de personajes; en definitiva, una nueva mitología. La historia de cómo llegaron hasta la tradición nórdica se basa en la leyenda de que a Stan le parecía llamativa la figura de un dios con un martillo. Con esa idea se aproximó a Kirby para dar salida al próximo éxito de la casa. A Jack no le costó en absoluto diseñar al nuevo Thor marvelita, no en vano ya había tratado el concepto de forma previa (por citar un ejemplo, lo tenemos en Tales of the Unexpected, fecha de portada, agosto de 1957). El modus operandi sería el habitual hasta ahora, un héroe con pies de barro. Thor es un ser poderoso pero también altivo, sin empatía hacia los demás. Odín, el padre de todos, decide darle un escarmiento, por lo que opta por mandarlo a Midgard (esto es nuestra Tierra, en lengua asgardiana) como parte de la personalidad de un tullido, pero bondadoso, doctor, Donald Blake, con el que se va intercambiando cuando su bastón mágico golpea el suelo de forma enérgica. La razón para estas medias tintas es que Lee no tenía intención de traspasar ciertas susceptibilidades, por lo que el cómic está protagonizado por un dios….que en realidad no lo era. Eso se constata en sus estadios iniciales cuando la trama no sale de nuestro plano de la realidad, con escaso fondo de caracteres mitológicos (sí, tenemos a Loki pero intrigando desde el Reino Dorado u ocasionalmente desplazado a Midgard), y donde se establece un singular triángulo amoroso entre Blake, el propio Thor y la enfermera Jane Foster (la actual Thor, con todas las de la ley). Poco a poco, los autores fueron conscientes de que no debían ponerse cortapisas en contar tramas e historias con fondo mitológico, por lo que los habitantes de Asgard y del resto de los Nueve Mundos fueron aspectos habituales en el discurrir de la cabecera. Aun así, faltaba algo, un punto extra que dejara bien claro que los dos creadores manejaban con soltura el tema y eso vino de la mano de los llamados “Relatos de Asgard”.

Pequeñas cápsulas (cuatro o cinco páginas) añadidas como extra a partir de Journey into Mistery#97 (y que continuarían con el cambio de nomenclatura hasta The Mighty Thor#145) con el objetivo de explorar la mitología del personaje y del entorno que le rodea. Pura y llanamente. Además, como regalo para el personal, comienzan desde el mismo inicio y formación de todos los dioses nórdicos. Veremos los años de crecimiento y juventud del hijo de Odín, junto con la presentación de personajes que ahora consideramos imprescindibles como Surtur, Ymir, Sif, Hela o los inefables Tres Guerreros, sin olvidarnos de las andanzas del ocurrente Loki, siempre presto a poner la zancadilla a su medio hermano, o conocer de primera mano que significa el tan temido Ragnarok. Todo, absolutamente todo, elementos con enjundia que ayudaban a enriquecer el bagaje de la cabecera, sin necesidad de trastocar su desarrollo natural.

El hecho de que alabemos su interés no quiere decir que sea un tratado de mitología fiel a las mejores tradiciones nórdicas. Lee y Kirby moldearon al Thor de Marvel según sus propias inquietudes, cogiendo elementos de aquí y de allá para estructurar todo su entramado en relación a los Nueve Mundos (Diez en la actualidad, pero por aquellos entonces, para hablar con rigor, debemos señalar nueve). Así, por estas páginas aparecen todo tipo de monstruos y seres mitológicos con los que Kirby puede dar su do de pecho en el aspecto gráfico. Impresionante el arte del Rey presentando dragones, trolls, ogros…..con la vibrante actividad cinética que sabía trasplantar a los combates en cada viñeta. Incluso se permitieron un homenaje al mundo de las Mil y Una Noches, todo ello mezclado con el discurrir habitual que llevaban en los relatos. Hasta ese punto llegaba su osadía, convencidos de que circulaban en la senda correcta.

Nos encontramos ante un ciclo cerrado, que autores posteriores han intentado recuperar como concepto, donde la aventura, el tratamiento de personajes, el dibujo y, sobre todo, la aproximación mitológica se puede considerar de sobresaliente. Volvemos a repetir, no tanto como fidelidad a las fuentes sino como a la confección de un panorama diseñado específicamente para el Thor marvelita, fruto de dos autores en plena expansión creativa. Stan Lee fue capaz de otorgarle una voz particular, con su característica forma de hablar, de tono ampuloso, tratando de emular un cierto sentido “shakesperiano”, lo que se encuentra a varias millas de un tosco dios vikingo. Pero es innegable que hay mucho de Kirby en estas páginas. El propio Stan ha reconocido que muchas veces era Jack el que proponía el tipo de historia a narrar, algo natural y que no nos pilla de sorpresa por otra parte, sabedores de la pasión que ejercían las religiones y trasfondos mitológicos en la cabeza del Rey. Todo un tour de forcé mitológico por parte de nuestros creadores, que enriquece de forma ostensible las historias de la serie regular, donde se moldean entornos y trasfondos con una base que ha perdurado hasta nuestros días.

Sky Masters of the Space Force

Podríamos nombrar como un dicho mayormente aceptado que es en épocas inciertas donde una artista debe estirar si cabe aún más su inventiva para mantenerse a flote. Para Jack Kirby su periodo oscuro se sitúa entre la caída de la editorial que fundó junto a Joe Simon, Mainline (1956), y el comienzo de la Era Marvel (1961). De este periodo, ubicado mayormente trabajando para National (o sea, la editorial DC), hay un par de joyitas que requieren la necesaria atención: Challengers of the Unknown y Sky Masters of the Space Force (alguien debiera recuperar el Green Arrow que se marcó en estos años, que bien merece unas líneas). Entre las dos he decidido quedarme con la segunda, por ser quizás algo menos conocida, y por sus vicisitudes tras las bambalinas. Tenemos a Kirby trabajando codo con codo con el guionista Dave Wood en la Distinguida Competencia cuando una extraña petición recayó en manos del editor Jack Schiff. Una agencia de noticias nacionales (que también se dedicaban al negocio de las tiras de prensa), George Mathew Adam Service, les solicitó alguna aventura de tipo espacial para vender a variados diarios. La razón la tenemos en el momento histórico ya que nos encontramos en plena carrera espacial entre los EEUU y la URRS. Desde 1957, fecha en que los rusos pusieron en órbita el primer vehículo tripulado, la batalla por conquistar las estrellas se había convertido en algo masivo, debido a que todo el fenómeno fue radiado por los medios de comunicación. Había un público para ese tipo de historias y Kirby tenía algo para dar.

Parece mentira pero la idea de Sky Masters es un reciclaje de algo muy anterior. Como ya sabemos, el Rey había transitado de manera habitual por el territorio de la strip durante los años treinta y cuarenta, por lo que se podía considerar un veterano en esas lides. No todo fueron alegrías pues de aquellos años le quedaron proyectos que no consiguió colocar en ninguna agencia. Uno de ellos se llamaba Space Busters, en la que Jack, un adelantado a su tiempo, había imaginado aventuras y desventuras de un grupo de astronautas en modo aventurero. Ni corto ni perezoso fue parte de esas muestras la que enseñó a Schiff para conseguir ser el elegido. Al editor no le disgustaron las páginas pero no era lo que había pedido la agencia, sin duda, algo más realista, por lo que se involucró, junto al guionista Dave Wood, en darle una vuelta a todo aquello. Así lo recuerda Schiff: “planteamos diversas ideas, entre las que estaba el centrarnos en cohetes espaciales, aterrizajes en la Luna y sucesos que parecieran que podían ocurrir de un momento a otro”. De esta manera nace Sky Masters of The Space Force, con Jack Kirby como dibujante titular.

El equipo creativo quedaba finalmente compuesto de la siguiente forma: los hermanos Dave y Dick Wood al guion, Jack Kirby a los lápices, Wally Wood a las tintas (sin relación familiar con los anteriores) y Jack Schiff a la edición. Un grupo heterogéneo que a la larga traerá problemas pero no adelantemos acontecimientos. De momento, debemos disfrutar de la creatividad del Rey con respecto a la carrera espacial, pues no se descubre nada si hablamos de su excelencia con temas que atañen a la ciencia ficción (en este caso, de tipo realista). Simplemente, magnífico, jugando con todas las posibilidades gráficas que le permitía el formato de la tira. Los guiones de los hermanos Wood trataban de mostrar cómo era la vida en el espacio, de la innegable gesta de los valientes astronautas, de su día a día, tanto en la base como en lo profundo de la galaxia. Jack se deleitaba en aspectos tecnológicos, con abundante parafernalia y explicaciones sobre las imponentes naves espaciales. Wally Wood entintaba de forma primorosa y el público recibió con algarabía la tira….. hasta que comenzó un lento declive debido al convencimiento del espectador objetivo de que la llegada a la luna no iba a ser mañana.

La pérdida de popularidad iba a ser el clavo de un ataúd que se veía venir desde su misma concepción; y lo que es peor, por motivos que no eran creativos. El caso es que al ser un producto para prensa dejaba unos dividendos mayores para los implicados. Para evitar molestas disputas se estableció un contrato que dejara claro todos estos menesteres. Jack Kirby era un hacha con el dibujo pero no tanto en los negocios, depositando la confianza en Simon respecto a asuntos pecuniarios. En estos momentos, separados sus destinos, le tocaba lidiar en solitario con este tipo de acuerdos. Los términos costaron en dilucidarse: se empezó con un reparto al 50% entre guionistas y dibujante; rápidamente, Kirby se dio cuenta que al ser una tira semanal necesitaría un entintador; además, se acordó un pago al editor Jack Schiff, por haberles conseguido el encargo. Resultado final : 38% para el Rey, 38% para los guionistas, 20% para el encargado de la tinta (Wally Wood y a su salida, Dick Ayers) y un 4% para el editor. Todo más o menos claro, ¿o no? Las disputas surgieron entre Schiff y Kirby, pues el primero reclamaba su parte del pastel de manera mensual, pero Jack no estaba de acuerdo con ese proceder. Para Kirby el pago al editor debía ser único y cuando estuvieran todas las ganancias sobre la mesa. El nivel de disgusto del dibujante llegó hasta al punto de denunciar a su tocayo, con nefastas consecuencias para el Rey. Su nombre pasó a glosar la lista negra de DC Comics. Poco o nada podría hacer en la compañía a partir de ahora. Los detalles legales de la tira no le restan ni un ápice de interés, ciencia ficción de base realista, bien entendida, con un propósito propagandístico, hay que admitir, y maravillosamente dibujada. Un clásico de la tira de prensa a redescubrir.

Los Eternos

Y llegó el momento en que el hijo pródigo volvió a casa, en que su llegada a la editorial que había cimentado su leyenda se celebró como el gran acontecimiento que fue. Jack Kirby regresaba a Marvel en 1976 y lo hacía en un puesto privilegiado, guionista-editor-dibujante, todo un todoterreno artístico que no se iba a detener ante nada. El staff editorial le ofreció todo aquello demandado por Kirby y entre esas solicitudes se encontraba una cabecera llamada The Eternals, donde el Rey intentaría poner en orden todas aquellas ideas que le habían echado al suelo en DC al paralizar su más estimado ciclo, ya saben, El Cuarto Mundo. Obviamente, su desarrollo va a ser original, pero los pilares que forman su base teórica son muy similares a su macro proyecto anterior. Lo que sí tenía claro Jack Kirby es que quería alejarse de todo lo que estaba aconteciendo en tiempo real en el Universo Marvel. Acompañado por su fiel Mike Royer y John Verpoorten a las tintas, y Glynis Wein al color, su única ambición era completar de manera satisfactoria un intento propio de cosmogonía, que implicaba a personajes como los Celestiales, los Eternos y los Desviantes, con los pobres humanos como testigos mudos de tan fastuosa grandeza. Expliquemos un poco los mimbres de la historia.

Una expedición arqueológica en los Andes, comandada por el profesor Daniel Damian, su hija Margo y el ayudante Ike Harris, da lugar a un descubrimiento que va más allá de los material. El tal Harris se descubre como miembro de los Eternos, una raza mejorada surgida en los tiempos antiguos cuando los Dioses cósmicos, llamados Celestiales, intervinieron el desarrollo evolutivo humano, derivando de los primigenios habitantes de la Tierra dos nuevas especies: los citados Eternos, con una longevidad inusitada y con poderes especiales, y los Desviantes, una escisión depravada y tendente al mal. Casi una escenificación del tríptico de dioses, ángeles y demonios. En ausencia de los primeros, los segundos trataron de ayudar al humano promedio, adoptando diversos papeles pero pasando desapercibidos. Los últimos trataron de conquistar el planeta, recibiendo un fuerte correctivo en una de las ocasionales vueltas a la Tierra de los Celestiales. Durante largo tiempo, las cosas han permanecido calmadas, con los Eternos alejados en ciudades ocultas y los Desviantes mermados y recluidos en muy escasos enclaves. Ahora se aproxima la llegada de la Cuarta Hueste de Celestiales a nuestro mundo y el panorama se torna impredecible, para todos.

El Rey se sentía fascinado por los periodos en blanco que la historia, según su pensamiento, no había podido rellenar: “¿Qué pasó en aquellos días remotos en que el hombre luchaba por primera vez para obtener un estatus privilegiado?…. ¿Acaso los seres de naturaleza extraterrestre aterrizaron entre nosotros e influyeron en nuestras vidas hasta el día de hoy?” Recordamos que estamos en los tiempos que las ideas de Erich von Däniken causaban furor, acerca de alienígenas que habían influido en el discurrir humano, y Kirby supo subirse a la ola de popularidad, pues no es un secreto que ya había fantaseado con esas posibilidades desde los tiempos del Thor de los sesenta. Nuestro autor empezó de una manera contundente, presentando una cosmogonía completa, con su historia y su mitología desde su mismo comienzo. Con las cartas sobre la mesa, con un buen número de conceptos pendientes de concretar, Jack comenzó a dispersarse, tratando la narración de una manera fragmentada, lo que daba lugar a cierta confusión. Los conceptos, las imágenes, la trastienda eran de una calidad incontestable pero la legendaria falta de contención de Kirby lastraba el relato. Tampoco es que las ventas fueran boyantes, estables como máximo, por lo que los editores comenzaron con requerimientos al bueno de Jack. Su intención era mantenerse alejado del entorno compartido, pues su cosmogonía debía respirar y trazar un panorama propio. Aun así, no tuvo reparos en incluir personajes del pasado, como el arqueólogo Daniel Damian (el responsable de descubrir a los Kree), o los recurrentes agentes de S.H.I.E.L.D. Las presiones para que la serie se acabara integrando en el entorno compartido terminaron por enfadar al creador original, que como mucho puso en liza una figura de Hulk, que en realidad era un robot imbuido de poder cósmico. Después de un inicio prometedor, Jack Kirby serpenteó por varios números, con un rumbo esquivo durante muchos de ellos, hasta dar por finalizada la cabecera tras diecinueve ejemplares, más un anual.

Los Eternos es una serie vibrante, a la vez que deslavazada, llena de buenas ideas marca de la casa, con los recurrentes elementos exógenos, personajes fascinantes y nada menos que una mitología fundacional del Universo Marvel. Palabras mayores, sin duda. Pero en la época fue otro de esos productos incomprendidos, que comenzó a revalorizarse pasado su tiempo prudencial. Pese a sus defectos, es la obra más personal y en la que más esfuerzos depositó en su segunda venida a Marvel. Hablamos de Jack Kirby con el traje de autor completo, uno que había deseado desde su separación con Joe Simon, y que ahora le había dejado un sabor de boca tan amargo que le llevaría a abandonar el mundo del cómic.

Kamandi, the Last Boy on Earth

Cambiamos de acera y volvemos a DC Comics, a su etapa en los setenta, donde era el guardián de sus destinos. Su principal interés se hallaba depositado en el Cuarto Mundo, pero su contrato le obligaba a entregar una cantidad determinada de páginas al mes, por lo que obedecía las demandas de los editores, principalmente de un Carmine Infantino ataviado como su principal valedor. Infantino era el editor jefe y estaba realmente preocupado por el implacable ascenso de Marvel Comics. Hace tiempo que la pequeña editorial regentada por Stan Lee, con su peculiar manera de narrar el mundo del superhéroe, había dejado de ser una sorpresa en el terreno empresarial. Y ya en plenos setenta ampliaba su campo de actuación con la inclusión de otros géneros (terror, artes marciales, espada y brujería), además de la obtención de licencias varias. Una de ellas, el Planeta de los Simios, traslación al cómic de la celebérrima cinta protagonizada por Charlton Heston, estaba cosechando un importante éxito en ventas. El resultado es que Carmine se acercó a Jack Kirby para que organizara una colección que pudiera rivalizar con la propuesta de Marvel. A Kirby no le hizo mucha ilusión el ofrecimiento, pero debía cumplir el cupo, por lo que su respuesta fue Kamandi, The Last Boy on Earth.

Como ya hemos señalado, a nuestro autor no le apetecía mucho copiar de manera descarada las ideas de otros, por lo que buscó en su baúl de los recuerdos, donde guardaba un nutrido grupo de historias que no había conseguido publicar en su tiempo como artista de la tira de prensa. Y por allí apareció Kamandi (of the Caves, título original) el último superviviente de un mundo apocalíptico. A Jack le fascinaba el hecho de que fastuosas ciudades del pasado quedaran enterradas por los siglos, demostrando que todo es efímero. Con pequeños toques por aquí y por allá, se podía convencer a los jefazos de que era el contrapunto al Planeta de los Simios, y así mantener una mínima integridad autoral. A Infantino le pareció bien, después de especificar de qué nos encontramos en el Universo DC, tras el llamado Gran Desastre, que ha provocado que la civilización tal y como la conocemos haya quedado en ruinas. Unos cuantos animales evolucionados (lobos, tigres, ratas, etc.) han tomado el control de lo queda del planeta y nuestro intrépido protagonista se las tendrá que ver con muchos de ellos en su búsqueda particular.

Nos encontramos con una serie que tuvo una muy buena acogida en su momento. Llegó a contar con 59 números en su primer volumen, aunque Jack Kirby se desentendió de la misma a partir del 40. Las razones para su buena aceptación es que contiene gran parte de los elementos que hicieron importante a la producción del Rey: aventura frenética, conceptos sugerentes, un dibujo excelso y pura diversión. Es una cabecera que va de menos a más, conforme vamos avanzando la exploración de ese mundo post-apocalíptico del que solo poseemos referencias por el abuelo del protagonista. Kirby, ayudado a las tintas por un clásico como Mike Royer, sigue deleitándonos con esas planchas llenas de inventiva y buen hacer, mostrando al espectador aberraciones de todo tipo, pues el llamado Gran Desastre fue un fenómeno natural cuya verdadera esencia ha quedado enterrada con el paso del tiempo. Únicamente nos apercibimos de los intentos de Superman para intentar evitarlo, de manera infructuosa por otra parte. Ese evento apocalíptico ha cambiado muchos de los procesos naturales básicos, como la evolución, que ha quedado reducida a un proceso ciego, sin ninguna finalidad aparente. Y tampoco podemos obviar de nuevo las implicaciones del legado dejado por la raza humana, donde las actuaciones de la ciencia van mucho más lejos del hecho de ser puros deus ex machina para las tramas, sino que aportan reflexiones acerca del uso de la tecnología y la capacidad científica para alterar nuestro ecosistema. Esto siempre ha sido una constante en el pensamiento de Kirby, el hecho de que la obstinada diatriba de los científicos en pos de un supuesto desarrollo, de una manera o de otra, acarrea consecuencias.

Poco más podemos añadir. Solo alabar las muestras de poderosa ciencia ficción, una de las mejores en el recorrido profesional del artista. Las peripecias de nuestro Kamandi se pueden encuadrar sin problemas en el género, con reflexiones muy cercanas al bueno de Jack, donde incluso se permite introducir cuestiones latentes en torno a la bioingeniería, evolución o conceptos de la física más avanzada. Todo esto suscrito al axioma más antiguo y al que más se sentía apegado el autor, y ese era que el cómic tenía que ser, por encima de cualquier cualidad, pura diversión. Y a fe que la serie consigue su propósito, pues aparte de dar que pensar, es un carrusel de emociones y disfrute de importante calado. Diversión y trascendencia unida en un mismo punto, pues la colección responde a una pregunta que muchos de nosotros nos hemos podido hacer en algún punto, ¿qué haríamos si fuésemos la última persona en la Tierra?

2001. A Space Odyssey

La ciencia ficción. A estas alturas del texto, la cantidad de veces que ha sido nombrada. Un género que ha sido relegado a cierta clase de ostracismo por parte de la crítica, cuando hablamos de literatura o cine, pero es indudable que nos ha dejado una considerable cantidad de joyas por el camino. En el año 1968 el visionario director Stanley Kubrick consigue estrenar en la pantalla grande su personal adaptación de 2001: una Odisea del Espacio, novela homónima de Arthur C. Clarke. Una cinta apabullante en cuanto estilo formal y con una cuantiosa densidad de subtexto, con aspectos que atañen de manera profunda al ser humano. Rápidamente, se convierte en un clásico moderno. A mediados de los setenta Marvel busca en el mercado de las licencias nuevas vías de expansión editorial. Y ciertamente, 2001 es parte del imaginario popular por lo que su adaptación al cómic puede resultar provechosa para la compañía. Con los derechos sobre la mesa, ¿qué artista podía ser el indicado para acometer el proyecto? Nadie como Jack Kirby, enamorado de la ciencia ficción desde tiempo inmemorial, para hacer justicia a la trama original. En enero de 1976 (fecha de portada) se publica un especial, Marvel Treasury Special. 2001: a Space Odissey, con la autoría total de Kirby, ayudado a las tintas por Frank Giacoia y el color de Marie Severin.

Esta obra unitaria tenía unas características especiales. No era el formato del comic-book al uso. Los Treasury Editions eran publicaciones a mayor tamaño y con más páginas de las habituales, por lo que su salida al mercado era toda una apuesta. Jack trata con un enorme respeto el material base, trasladando el desarrollo de la cinta de Kubrick como guion a adaptar, pero simplifica determinadas cuestiones como para hacerle honor. También hay que ser justo con el Rey, estos tebeos estaban dirigidos a una audiencia mayormente juvenil; se sabía ya desde la década anterior que los cómics Marvel se consumían también por universitarios, y poco a poco se acercaban al público adulto (de hecho, es en estos años cuando surgen los magazines para lectores adultos). Aún con estos datos, la principal base de consumidores del comic-book era de tipo infantil-juvenil. Con simplificación incluida y un especial abuso de los textos de apoyo, la adaptación es bien recibida por la audiencia, contando entre sus seguidores con los fans del material ideado por Clarke y trasladado por Kubrick. A finales del mismo 1976 da comienzo una serie regular para seguir explorando toda esta mitología.

En un one-shot unitario no suponía ningún problema para Kirby seguir los designios de otros. Una serie regular ya es otro cantar. Jack no era partidario de caminar por sendas trilladas y más a estas alturas de la vida. Su objetivo era ser original, explotar sus propias ideas. En la flamante colección de 2001 se iba a seguir un esquema parecido al entorno de la película de Kubrick pero el autor tenía previsto ir introduciendo de manera paulatina sus propios conceptos. El Monolito sería un elemento recurrente en la cabecera, algo muy asociado a 2001; también desarrolla a las Nuevas Semillas, con un diseña gráfico muy particular, que le servirá al dibujante para ampliar las miras y el rumbo a adoptar en el futuro. El Monolito y las Nuevas Semillas serán los dos pilares sobre los que sustenta Jack Kirby su historia. Con una imaginería tan espectacular, donde destacan unas planchas repletas de ciencia ficción por los cuatro costados, sobre todo cuando contrapone mundos primitivos con el entorno del Monolito, muchos lectores empezaron a conectar aspectos de esta serie con el resto del Universo Marvel. O eso pensaban. El autor tuvo la clara intención de separarse del entorno compartido, una tónica habitual en su segunda estancia en Marvel. Pero no pudo evitar que el fandom interpretara el tebeo a su manera. Así se plasmaba en el correo del lector: qué si las Nuevas Semillas tenían relación con los Vigilantes, qué si tal personaje era muy parecido a los Rigelianos…. Todas estas misivas terminaron por ser las mayoritarias pues los seguidores de la historia original pronto abandonaron el barco cuando el Rey optó por darle una identidad propia a la serie, separándose de lo establecido como canon. Quizás fuera el #7 el que marca el punto y aparte definitivo. Con unas ventas escasas y con el aficionado bastante divido, Jack Kirby se marca un episodio soberbio donde nos muestra el viaje de autodescubrimiento de una Nueva Semilla a través del universo. Un número con una innegable carga reflexiva que le servía a nuestro autor de fingida despedida. La serie continuaría, sí, pero los derroteros cambiarían hasta hacer la colección irreconocible. Comienzan las peripecias de X-51, una inteligencia artificial en busca de sentido. 2001 se reinventa con un robot de protagonista absoluto, con el Monolito apareciendo de manera esporádica y con una narrativa más próxima a los superhéroes que a la ciencia ficción. Últimos coletazos de una serie que cerraría en el #10 para jamás volver.

Nos hallamos ante las páginas más estrictamente “ciencia ficción” ideadas por Jack Kirby (quizás junto a Kamandi). Con la pesada losa de hacer frente a la interpretación en viñetas de la genial cinta de Kubrick, Jack cumple con nota, siempre teniendo la consciencia de que buscaba trazar su propio camino, alejándose de la sombra que ejerce el material original. Otro aspecto a resaltar es que estamos un mito a nivel editorial, pues hace tiempo que los derechos de 2001 no se encuentran en posesión de Marvel, por tanto, son historias que no se volverán a publicar, nunca jamás. En España solo la sacó Bruguera, allá por el año 1978, y de muy mala manera. Una pena que solo aquellos que atesoramos esa depauperada edición seamos lo únicos que puedan disfrutar con esta oda al género de la ciencia ficción.

O.M.A.C. (One-Man Army Corps)

El Jack Kirby de comienzos de los años setenta tenía una ilusión y un objetivo principal, conseguir dar forma a un ciclo que implicaba a nuevos dioses enfrentados, con la Tierra de fortuito campo de batalla. Hablamos, claro está, del Cuarto Mundo. En DC Comics dio comienzo a este ansiado proyecto, junto con otras series aprobadas por Carmine Infantino, que podía simultanear debido a su innata rapidez. A la altura de 1972 la noticia cayó como un jarro de agua fría sobre nuestro autor: debido a las tibias ventas (según los editores de turno) del Cuarto Mundo, se congelaban esas colecciones hasta encontrar el momento apropiado. Para alguien que consideraba estos cómics como su gran canto al medio, pueden imaginar el estado emocional del Rey con respecto al resto de proyectos que le quedaban por acometer en lo que le quedaba de contrato. Aun así, Kirby fue siempre un profesional. Trataba de imprimir su sello personal en todo aquello que tocaba, por lo que, pese a estar bastante alicaído y poco implicado con esas cabeceras, siempre trató de dar lo mejor de sí mismo. Nos encontramos en octubre de 1974 (fecha de portada) cuando daba comienzo el inicio de la andadura de la última serie puesta en pie en la Distinguida Competencia antes de volver a Marvel. Veamos en qué consistía.

El título de la cabecera es un acrónimo, O.M.A.C. (algo así como el ejército de un solo hombre), y en su interior nos encontramos con una temática conectada a la ciencia ficción, donde el autor se explaya a gusto con temas que unen tecnología y problemática social. Volvemos a ubicarnos en el futuro, sin rastro de conexión con el entorno DC. Existe un organismo oficial que se encarga de velar porque no haya conflictos en nuestro planeta, la Agencia Global de la Paz. De raíz pacifista, o eso declaran sus miembros, piensan que lo mejor para mantener la ley y el orden es encomendar tamaña tarea a alguien realmente preparado, el guerrero definitivo, invencible e indestructible. Para conseguir este objetivo se sirven de medios más bien dudosos, pues se busca la figura de un personaje anodino, un tal Buddy Blank (que trabaja en una gran corporación que se dedica a fabricar esbozos de personas), y lo convierten, mediante cirugía electrónica, en una poderosa máquina de combate, sin más objetivo en la vida que servir a la Agencia. Con esto ya tenemos un esbozo de la contradicciones morales y éticas que supone el uso (y abuso) de la tecnología en un mundo que se precia de ser pacifista.

No se puede negar que el concepto tiene su miga. Desgraciadamente, Kirby no pudo o no quiso desarrollarlo en profundidad pues tras apenas ocho números la cabecera fue cancelada. Las razones se encuentran en la huida de Jack, de vuelta a Marvel, finalizando su estancia en DC. Como hemos dicho líneas arriba, tampoco es que estuviera muy afectado al respecto de una cancelación ya anunciada, puesto que a la altura del año 75 (año por el que discurrió la publicación de O.M.A.C., que tenía carácter bimestral) ya tenía apalabrado su regreso a la Casa de las Ideas. Nuestro dibujante favorito mezcló un poco de tradiciones varias y mucho de su bagaje personal para conformar al protagonista principal. No hay más que acercar un poco la lupa para observar que su desarrollo es muy parecido (con las salvedades de los entornos) al Capitán América, que Simon+Kirby forjaron en la década de los cuarenta. Repasemos los datos para que todo quede más claro: un mundo al borde del colapso (una Guerra Mundial o un entorno apocalíptico) que tiene depositadas las mayores esperanzas en la figura de un joven no apto, elegido por sus cualidades innatas para convertirse en un experimento, el primero de muchos, se supone, y que acaba transformado en un supersoldado. Obviamente, en los años setenta no parecía que hubiera un enemigo como antaño lo habían sido los nazis, por lo que la problemática pasó a ser una sociedad tecnificada, impersonal, capaz de abusar de cualquier recurso para mantenerse en pie. Podríamos decir que eran los propios miedos de Jack Kirby ante el panorama de capitalismo feroz que ya se iba vislumbrando en aquellos lejanos días.

Lo más destacable de esta serie es la cantidad de buenos conceptos que subyacen bajo la aparente imagen de un cómic de entretenimiento. Es, de nuevo, un Kirby desatado en cuanto a ideas: el propio O.M.A.C., el Hermano Ojo, la Cábala del Crimen, la Agencia Global de la Paz, la Era de los Súper-Ricos…. Lo cierto es que el desarrollo no está a la altura de lo esperado con tan sugerentes conceptos sobre la mesa. Se trata de un serie divertida (a estas alturas ya debe quedar claro que Kirby y diversión son sinónimos), que cede muchas de sus planchas a narrar acción sin control, de esa que tanto gustaba al Rey, por lo que mucho del interés en ahondar en esas cuestiones se pierde por el camino. Más que por la calidad per se, se debe apreciar como la obra que pudo ser y no fue. Imaginar que hubiera sido de ella si Jack hubiera tenido el tiempo y las ganas (más el apoyo editorial) de llevarla a su fin desarrollando su potencial. Pero, y eso no se puede obviar, eran instantes de cansancio y hastío en DC. Era el momento de mudarse a pastos más verdes.

El Capitán América

Parece un tremendo dislate que se confeccione una lista sobre las mejores aportaciones de Jack Kirby al mundo del noveno arte y se pase por alto la figura del Centinela de la Libertad. El motivo de que se encuentre tan abajo en el ranking es que el bueno de Jack, a pesar de ser su co-creador original y de cruzarse con él en distintas épocas, no consiguió dejar una etapa de relumbrón que le avale con fastos como el Capi de Kirby, tal como ocurre con el caso de Steve Englehart, el tándem Roger Stern-John Byrne o la etapa de Ed Brubaker. Solo por la importancia histórica de un carácter tan reconocido, parte clara de la cultura de masas (con estatua oficial incluida), la idea de Joe Simon y Jack Kirby ya merece su inclusión. Y es que hace falta vivir muy retirado del mundanal ruido para no apercibir su impronta en camisetas o todo tipo de merchandising. Quién le iba a decir al flacucho chico de Brooklyn, sometido a complicados experimentos para acudir al campo de batalla, que se iba a convertir en el mito que es actualmente.

En 1940 Simon+Kirby son dos creadores preocupados por lo que está ocurriendo allende de los mares. Hitler y su política expansiva causan recelos en los Estados Unidos, más cuando circulan terroríficas historias sobre su tratamiento a los judíos. Es la época del auge del superhéroe, de un género que despunta casi a la vez que un formato, el comic-book. Nos encontramos en los tiempos del pionero, donde los padres fundadores dieron forma y fondo a mucho de lo que hoy conocemos. Unos jóvenes Jack Kirby y Joe Simon presentan a Martin Goodman su versión del héroe patriótico, la moda del momento. A pesar de ser todavía un país neutral, los EEUU ya sienten los tambores de la guerra y acogen con gran algarabía la personificación de sus valores, el Capitán América. En este primigenio estadio, nuestro héroe representa la esperanza en una nación y por eso el Capi se enfrenta a coloridos villanos (que no dejan de ser una representación pulp de los nazis), y a la potente maquinaria de guerra alemana. Simon y Kirby pensaron que los enemigos eran amenazantemente reales, por lo que poco más se podía añadir, más que algún diseño ocurrente como el de Cráneo Rojo. Joe y Jack solo se mantuvieron en la cabecera hasta el #10 USA (fecha de portada 1942), continuando su labor autores como Stan Lee, Syd Shores o Al Avison, siguiendo la senda marca por los creadores originales. Pasado el conflicto, su razón de ser dejó de tener sentido, con lo que inició un lógico declive.

Con la llegada de la Era Marvel, la editorial aprobó que Stan Lee y su inseparable Kirby trajeran de vuelta al Centinela de la Libertad, recuperado en Avengers#4, sin olvidar el inicio de una serie de aventuras en una antigua cabecera antológica, Tales Of Suspense (a partir del #59, con fecha de portada 1964). Estaba claro que la figura patriótica que luchaba en un contexto concreto debe dejarse de lado, por lo que el guionista ideó un nuevo statu quo para Steve Rogers, el hombre fuera de su tiempo. Rogers se vería enrolado en la filas de S.H.I.E.L.D., sorprendido de lo mucho que ha cambiado en aspecto el mundo pero consciente de que ciertos males subyacen y deben ser combatidos. Ese era el enfoque de Stan Lee. A Kirby, sin embargo, le parecía que había algo del viejo patriota que todavía tendría su validez en los sesenta. Una vuelta al agradecido género de la guerra y la aventura. Para ello, el equipo creativo supo introducir interludios donde las aventuras del Capitán se localizaban en plena Guerra Mundial, utilizando el manido recurso del recuerdo. De esta forma, los intereses del Rey eran atendidos, lo que no niega que la trama principal fuera la integración de un personaje capital de la Golden Age en el nuevo panorama Marvel. Y es aquí se ponen las bases para la moderna concepción del abanderado. Tramas repletas de aventura, fuerza y frenética acción. A finales de 1968 Jack Kirby se ve obligado a dejar la colección pero todavía le quedaba un último baile.

En 1976 el Rey retorna a la que había sido su casa tras un periodo en DC Comics. Desde las altas instancias le ofrecen la serie del Capitán América, en un periodo de transición tras la excelente etapa de Steve Englehart. Kirby, ataviado con el traje de autor completo, trató de volver al personaje a la senda de la aventura pura y dura, con algunas tramas cercanas a la ciencia ficción, además de la obligada historia que conmemoraba el bicentenario de la joven nación. Nos hallamos ante el Jack Kirby de los setenta, con conceptos alejados de la mesura o la contención, y líneas colosales. Plato que no fue del gusto de todos en la época. Aun así, es un periodo estimable para todos aquellos seguidores del género y del estilo del Rey.

No se puede negar la conexión entre autor y personaje. Tres importantes etapas dan fe de ello. Ninguna tan brillante como para incluirla en un top ten, pero en este caso la suma de las partes es suficiente bagaje para que recordemos la era Kirby con el Capi. De alguna forma, era necesario rememorar que fueron Joe Simon y Jack Kirby los que crearon a este mito moderno.

Dinosaurio Diabólico

Cerramos el top ten con uno de los experimentos más locos y controvertidos del Rey. Una cabecera protagonizada por un dinosaurio, tal y como reza su hombre, en un panorama prehistórico indeterminado. Estamos en plenos años setenta, durante su última estancia en Marvel. Jack Kirby comenzaba a sentir cierta sensación de hastío, pues muchas de sus propuestas no estaban enamorando al público qué digamos, lo que fue horadando las ganas del dibujante. En el año 1978, año de inicio de la cabecera, Jack ya tenía más o menos claro que no iba a renovar con Marvel, por lo que la última bala que gastó el autor es más que llamativa. Veamos en que consiste.

Hace muchos, muchos años atrás, en el temible Valle de la Llama convivían dinosaurios y un tipo arcaico de humanoides. Devil es nuestro antediluviano protagonista; una tribu bastante desalmada (los Killer-Folk) ha dado muerte a su madre y resto de manada. El destino para él parece sellado si no fuera por un simpático personaje, otro humanoide de una tribu rival llamado Moon Boy (Chico Luna), que libera al dinosaurio. Desde entonces, pasarán a formar parte de un grupo indivisible que vive aventuras y desventuras en este raro entorno prehistórico. Obviando la desquiciada apariencia de la serie, a simple vista claro, se trata de otro intento de nuestro artista con un tema que le era cercano, en este caso, la evolución. Cierto es que Kirby mezcla sin ton ni son tradiciones paleontológicas (vida de los saurios) con una imposible convivencia con primitivos humanos, pero esta era una de las formas que tuvo de afrontar una génesis determinada. Es decir, un intento de establecer y definir una prehistoria, al estilo Marvel. Huelga decir que Jack pronto se saldrá de cualquier convencionalismo, trayendo a la palestra extraterrestres, gigantes, viajes al futuro (nuestra era actual) y demás imaginería tan propia del autor.

La colección comenzó su publicación en abril de 1978 (fecha de portada) y cerró sine die en diciembre de 1978, apenas nueve números después. Esta serie fue uno de los postreros intentos de perdurar que llevaba en danza en aquel año, junto al Hombre Máquina y Pantera Negra. Ambas continuaron a la salida del autor; del Dinosaurio nada más se supo. Fue algo tan incomprendido que apenas tuvo las ventas necesarias para intentar un relanzamiento. Jim Shooter, editor Jefe de Marvel en aquellos días, trató de ampliar el contrato de Kirby, que precisamente expiraba a finales de 1978. El Rey renegó de esa posibilidad y abandonó el mundo del cómic por una buena temporada. El concepto del Dinosaurio Diabólico fue reformulado a posteriori por otros autores, alejando su origen de la Tierra 616, por tanto, de los intereses originales del creador.

Volvemos a resaltar la profesionalidad del Rey, incluso siendo conocedor de que su obra no iba a pasar el corte a su marcha de la editorial. Jack, libre de ataduras, compuso la obra a su forma, siempre fiel a su estilo, con la habitual capacidad gráfica, por momentos espectacular. Si hay algo que destaca siempre es su impecable aporte artístico. Tampoco es nada malo el ritmo que sabe imprimir a la cabecera, lo que deja a estos nueve números como una demencial aventura prehistórica muy disfrutable. Kirby se esfuerza en dejar momentos para el desarrollo de los personajes, un dinosaurio y un homínido arcaico, con la dificultad que eso plantea, pero la acción prevalece sobre cualquier otra faceta, algo habitual en nuestro autor y que se ha podido inferir en todo el artículo.

Esta obra es de lo poco que le queda a Panini por reeditar con respecto a Jack Kirby. Anunciado desde hace largo tiempo, además confirmado en formato Marvel Limited Edition, va pasando el año 2017 y todavía no se ha hecho oficial (ACTUALIZACIÓN- el día 19 de mayo se anuncia en formato HC para agosto-). Esperemos que no haya sido una falsa alarma pues es una producción que merece una ajustada reedición a tamaño original y a todo color. Y es que el Kirby de los setenta nos dejó tal cantidad de conceptos, alguno de lo más sugerente, con calado de gran profundidad, que este Dinosaurio Diabólico no desentona nada de nada en ese personal entramado epistemológico que trató de montar sobre cosmogonía y evolución.

Hasta aquí mi selección personal sobre la producción de Jack Kirby. Han quedado fuera muchas cosas, algunas merecedoras de mención, a saber, Blue Beetle, Boy Explorers, Boy Comandos, Stuntman, sus cómics de misterio en Prize, los románticos en variadas editoriales, Black Magic, Bullseye, Fighting American, los tebeos de Green Arrow, Yellow Claw, Amazing Adventures (como representativo del subgénero de los monstruos), Incredible Hulk, Avengers, X-Men, Demon, Sandman, Black Panther, Machine Man, Silver Surfer Graphic Novel…. Lo cierto es que la obra de Kirby es tan extensa, repleta en muchos casos de clásicos incontestables junto a joyas a redescubrir, que no resulta tarea fácil la confección de dicha lista. Pero el corte hay que establecerlo en algún punto y un servidor ya ha dicho todo aquello que venía a decir. Ahora os queda a vosotros, avezados lectores y lectoras, dejar vuestras impresiones sobre el centenario protagonista. Nos despedimos, pues, hasta la siguiente parada en nuestro recorrido.


Extra, Extra

Con el texto ya finalizado, mandado a “imprenta” y preparado para su publicación, nos hacemos eco de un reciente anuncio de Panini en relación a la próxima salida de material sobre el Rey. En las estivales fechas de agosto, mes exacto del nacimiento de Kirby, saldrá a la luz el King Size Kirby, un gigantesco volumen de más de 800 páginas, al alucinante precio, agarren sus bolsillos, de 100 euros. En él podemos contar con material inédito junto a otro más que reeditado, conformando una extraña mezcla cuyo nicho de mercado parece centrado en coleccionistas y entusiastas del artista. Hay que aclarar que solo incluye material Marvel (o de encarnaciones previas, Timely-Atlas) y que es un calco del publicado en los Estados Unidos por la editorial regentada por Axel Alonso: los primeros pasos en Timely, el Capitán America de la Golden Age, algo de monstruos, romances, western, bastante de la Era Marvel….. Un volumen que, por su contenido, se acerca bastante al espíritu del artículo, motivo más que suficiente para hacerlo saber al personal.

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22 Comentarios en "Centenario Jack Kirby. Un Top Ten"

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AlbierZot
Lector

En solitario para mí KAMANDI es su seña de identidad, y la que más me gusta; un tebeo perfecto para ser serializado con todos los ingredientes necesarios para hacerlo irresistible. Quizá no sea su mejor obra pero me chiflan los mapas con territorios a explorar. Luego me alucina BLACK PANTHER como una especie de Big Trouble in Little China descomunal que es pura magia y diversión; y quizás finalmente me quedaría con LOS ETERNOS como ‘high concept’ Kirbiano.
Junto a Lee: los 4F, las Asgard tales y el Capi me parecen tres maravillas sin cuento. Con el Cuarto Mundo no puedo, me parece una obra prácticamente ilegible.

Forager
Lector

Qué pena que se nos quedase coja en español la edición de Sky Masters, a falta de un solo tomo de los tres que iban a ser…

Muy de acuerdo con el Top Ten, aunque en mi corazoncito me falta en alguna parte Demon, obra que divide un poco a la parroquia pero que a mí me parece simplemente encantadora.

De mi última relectura del Cuarto Mundo, lo que más me sorprendió fue que la serie que al principio más ridícula me parecía, Jimmy Olsen, fuera la que más acabara gustándome, porque está absolutamente llena de conceptos irresistibles y maravillosos — los que menciona el artículo, que es buenísimo: enhorabuena a su autor.

Dynamo
Lector

El tiempo es relativo. Semejante artículo da gusto leerlo, se te puede ir fácilmente media hora de tiempo, tiempo que pasa en un suspiro y menos que un suspiro si lo comparamos con eyl tiempo necesario para escribirlo. Otra vez me quito el sombrero.
Lo que pongo por delante de la obra de Kirby, sin duda los 4 fantásticos, y al cuarto mundo le estoy cogiendo unas ganas tremendas, ya veré si mi chequera me alcanza para pagarlas.

wizard
Lector

Como siempre, un articulo impresionante y enciclopédico don Arturo.
Lo que mas me “tira” son los eternos, sobre todo, por los celestiales, esos seres que desde que los descubrí, de crio,me dejaron fascinado, desde el aspecto, su función universal, su poder, en definitiva, todo me llama de ellos y ser unos de los primeros tomos de la biblioteca marvel que me leí también pesa mucho.
El cuarto mundo es un amasijo, en el buen sentido, de conceptos que te deja loco.
Creo que por último, igualmente me gusta tanto la pantera como el capi y no sabría decir cual prefiero.

Lord_Pengallan
Lector

Pues a ver si ECC se pone con Kamandi. Y Panini podía reeditar los cuentos de Asgard con un color fiel al original…

800 páginas?! Nos hemos olvidado que hablamos de Cómic y comic-book? Menuda cosa más absurda. Así no hay manera de leer y admirar. Menudos tiempos más tontos vivimos.

Daniel Gavilán
Autor

¡Enormidad de repaso, Arturo! Yo en mi caso confieso que le tengo particular aprecio a sus Cuatro Fantásticos y todo lo que rodea a Thor y Asgard

Mimico
Lector

Una vez más, gran artículo y gran selección, sr. Porras. Siempre didáctica e interesante. Sólo una pega… ¿dónde está la Patrulla-X en la encuesta? ¿Y el Fighting American? 😛

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