Cable: Sangre y metal

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Edición original: Marvel Comics – octubre-noviembre 1992
Edición España: Comics Forum – mayo 1993
Guión: Fabian Nicieza
Dibujo: John Romita JR
Entintado: Dan Green
Color: Brad Vancata
Portada: John Romita JR, Dan Green
Precio: 1100 pésetas (tomo de la línea One Shot de 104 páginas)

 

Un año después de que Forum inaugurara la colección One shot con la transición entre los Nuevos Mutantes y X-Force, el sello planetario que editaba los tebeos marvelianos presentaba para el Salón del Cómic de Barcelona de 1993 un producto directamente relacionado con la belicosa agrupación mutante: una miniserie protagonizada por su misterioso y expeditivo líder, Cable. El formato escogido fue el mismo, de manera que la tercera entrega de la colección de números únicos albergó una aventura que era consecuencia directa de las premisas que se habían planteado en el primer número de la colección X-Force. Además, sería el prólogo del evento mutante de aquel otoño: La canción del verdugo.

Pongámonos nuevamente en situación: la franquicia mutante ha quedado en manos de los dibujantes punteros de la casa de las ideas, mientras su arquitecto, Chris Claremont y su principal apoyo, Louise Simonson, han tomado el camino del exilio. El férreo dominio de Bob Harras sobre la escudería-X se nota en todo su esplendor, pero prontamente todo el mundo cayó en la cuenta de que los dibujos impactantes no construían historias. Las cifras de ventas podrían ser impresionantes, pero entre pose y pose no había más guión que unas paupérrimas fotocopias del estilo claremontiano. Veteranos como John Byrne (que duró lo que un merengue en la puerta de un colegio) y currantes literarios (tan eficaces como Fabián Nicieza o tan poco agraciados como Scott Lobdell) asumieron la tarea de dar coherencia a las premisas propuestas por Jim Lee y Rob Liefeld. Sin embargo, esta situación no duraría mucho tiempo: los dos citados artistas y otros cinco caballeros abandonarían sus funciones en las principales empresas del sector para fundar Image Comics. El desafío estaba lanzado y habría que ver qué tenía más fuerza: la firma de estos dibujantes de moda o los personajes que sus contratantes tenían en propiedad. Los argumentos (o algo) y líneas narrativas (o algo) de las series de la Patrulla-X y de X-Force quedaban en el aire y proyectos que se habían anunciado pasaban a estar en el alero. Uno de estos últimos fue una anunciada miniserie en formato prestigio dedicada a Cable, que iba a abarcar cuatro números y cuyo equipo creativo iba a estar compuesto por Rob Liefeld y Fabián Nicieza. Sobre la marcha, el cuarteto de entregas quedó reducido a dos números y el controvertido creador gráfico del protagonista fue sustituido por uno de los mejores dibujantes de la empresa y el sector, entonces y ahora: John Romita JR.

Sangre y metal es una aventura en la que Fabián Nicieza –que hasta ahora había sido el dialoguista de cabecera de Liefeld- revela algunos detalles del pasado de Cable, al tiempo que los enlaza con sus operaciones presentes y con algunos de sus aliados y oponentes. Conocemos algo más acerca de la Media docena, el grupo de mercenarios en el que están integrados él, Dominó, Kane (el nuevo Arma-X), G. W. Bridge, Grizzly y Martillo. Descubrimos que el misterioso señor Tolliver que envió a Masacre a matarle fue también su patrón. Un salto al presente y comprobamos que uno de sus antiguos camaradas, el que antaño fuera el benjamín inexperto, se ha embarcado en la tarea de darle caza. Una medida sucesión de avances y retrocesos permite que la afición vaya construyendo la historia a través de una lectura que se asemeja al proceso de montaje de un rompecabezas: ahora avanzamos algo de la trama del pasado, ahora vemos qué hace Kane en sus pesquisas para dar con Cable, ahora asistimos a las operaciones de éste para dar caza al Frente de Liberación de Mutante. El señor Romita hijo vuelve a dar lo mejor de sí mismo demostrando su enorme talento narrativo y recordando a la parroquia que salimos ganando con el cambio de dibujantes. Este hecho, sin embargo, no debe servir para olvidar el buen trabajo literario de Nicieza, que consigue –¡por fin!- imprimir al personaje protagonista una auténtica personalidad.

Hasta este momento, Cable había sido un desagradable militarote que trataba al cañonazo a propios y extraños. Su carácter expeditivo se demuestra cuando en los primeros compases de X-Force, dispara a la cabeza de Tom Cassidy “el Negro”. Una declaración de principios derivada de una mala copia del trabajo de Alan Moore y Frank Miller durante la década anterior. En esta miniserie, Nicieza no reniega de esa actitud: el amigo Nathan sigue usando fuerza letal cuando lo considera oportuno, pero encontramos algo más detrás de ese ojo brillante y esa expresión ceñuda. Desde el principio, el caballero Dayspring ha tenido su propia agenda de trabajo, relacionada de forma ineludible con Discordia (cuyo rostro, escondido tras un casco pinchudo, sólo conocen los lectores y Kane) y más lejanamente, con Apocalipsis. En su misión primordial, está dispuesto a sacrificar a propios y a ajenos, pero no son decisiones que tome a la ligera y sin coste alguno. Hará lo que sea necesario y demostrará que está por encima o al margen de cualquier regla de juego (lo que redunda en su condición de antihéroe) pero hay una justificación, que se vuelve más patente cuando, por fin, descubre el misterio de la identidad de su enemigo Discordia. Pese a todo su poder, experiencia y recursos, Cable se enfrenta a un desafío que le supera en todos y cada uno de los frentes.

La historia se cierra con la promesa de una próxima continuación, la cual se concretaría en la ya citada reunión de las colecciones mutantes principales de ese año. La canción del besugo recuperaría la tradición de una aventura de la escudería, llamada a revertir el efecto de la espantada imaginera y a presentar a las nuevas estrellas que habrían de sustituir a las que se habían marchado. Siguiendo la tradición inaugurada por papá Claremont, este prólogo y su continuación cerrarían algunos cabos sueltos a costa de abrir cuatro o cinco más. En muchos aspectos, el trabajo de la franquicia mutante en esos años no dejó de ser una pésima copia del estilo de don Chris, pero ahora que ha pasado casi un cuarto de siglo, hay que reconocer a esa versión de la escudería mutante su mérito: sobre su base se desarrolló la serie de animación de los noventa (que abrió la puerta a una serie de productos televisivos basados en personajes de Marvel); a partir de ella la Patrulla-X desembarcó en las recreativas con títulos realmente memorables (me viene a la mente el Children of the atom de CAPCOM). Poco a poco, los tebeos de superhéroes empezaron a romper los márgenes del sector para dar el salto a otros ámbitos.

Sangre y metal sería pues, la primera aventura en la que Cable se asemeja a un personaje de auténtico interés. A través de esta miniserie, Fabián Nicieza se consolidaría como el guionista definitivo del personaje y aquél llamado a contar y cantar las mejores aventuras del mismo.

La Media Docena a la carga
Ilustración del tomo

  Edición original: Marvel Comics – octubre-noviembre 1992 Edición España: Comics Forum – mayo 1993 Guión: Fabian Nicieza Dibujo: John Romita JR Entintado: Dan Green Color: Brad Vancata Portada: John Romita JR, Dan Green Precio: 1100 pésetas (tomo de la línea One Shot de 104 páginas)   Un año después…
Guión - 7.5
Dibujo - 8.8
Interés - 8

8.1

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7 Comentarios en "Cable: Sangre y metal"

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Alejandro Ugartondo
Autor

Gracias por la reseña Luís Javier, ya tenía ganas que llegaras a reseñar estas obras que tanto me marcaron en mis inicios como fan de Marvel.

Esta me impresionó muchísimo cuando la leí por el sobresaliente trabajo de John Romita Jr. que, para mi, supuso un golpe encima de la mesa en toda regla para reclamar la atención que merecía tras el boom de los artistas mediaticos unos años antes. Yo creo que fue a aprtir de este momento que Romita Jr. se convirtió en una de las estrellas indiscutibles de la Marvel de los 90 y eso a pesar de lllevar a sus espaldas más de una década de excelentes trabajos tanto en la franquicia mutante como en otros títulos de la casa.

Por su parte, Fabian Nicieza siempre me pareció un guionista con mucho oficio y que supo mantener la dignidad en una época tan convulsa como los 90. Su trabajo con los mutantes y, sobre todo, con los Nuevos Guerreros es una excelente prueba de ello.

AlbierZot
Lector

El Romita desatado (o intoxicado) de los ’90 ha quedado como una de las experiencias plásticas más alucinantes de la década. Hubo un momento que debió pensar “hasta aquí”, y empezó una regresión de vuelta a sus orígenes como si de un mal viaje se tratara.comment image

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Lector

A mí es la versión de Jr. que más me gusta: la del Hombre sin MIedo con Miller, Los Años Perdidos con DeMatteis o el cruce de Punisher con Batman. Pena que fuera una época tan convulsa para Marvel.

Reverend Dust
Lector

“La canción del besugo”. Ese crossover bueno xD

flashpoint
Lector

Nicietza era un guionista que supo sacar lo mejor de cada personaje. El problema fue la época. Uno lee sus Thunderbolts sus Xforce su cable y su Cable-masacre y estaban muy bien. Divertidos a más no poder.
Por algo todos hablan pestes de Lobdell pero nadie habla mal de este guionista.

Miki
Lector

Eso será ahora (y no te creas que tanto), pero hasta que sus Thunderbolts no llevaban ya un tiempo nadie decía cosas buenas de él. En una Trama venían a hacer esta valoración de que él y Lobdell se pusieran a guionizar Buffy: “¿Que te da igual? Pues imagina la de series que podían haber estropeado y ya verás cómo te alegras”.
Y eso después de haber hecho unos New Warriors decentes hasta el final (y sobresalientes en muchos tramos, como el capítulo en el talk show hablando de la guerra, el capítulo de Vance en la cárcel o el desarrollo de la relación Nova-Namorita o de la amistad de Speedball y Rabia), unos X-Force decentes (aunque lo de Fuego Reinante quedase colgado) y un Nómada notable en su primer año. Sazonado siempre con comentario social y diálogos más que potables (sus X-Men ya no me molan tanto, aunque lo acompañase un Kubert).

dhaldon
Lector

En mí opinión sus 24 primeros números de New Warriors son sobresalientes, a la altura de cualquier serie de grupos de Marvel o DC de cualquier época, después el nivel baja, pero se mantiene como una muy buena serie hasta el final, mucho mejor que otras de la época. A nicieza le cayó el san Benito de mal guionista en parte por asociación (liefeld y compañía para los que guionizaba) y en parte por la gran cantidad de series que llevaba a la vez, que hacia que se resintiera la calidad media de su trabajo.

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