Caballero Luna: Muerte en la familia

Por
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2030
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Edición original: Marvel Comics – octubre 1993 – marzo 1994
Edición España: Comics Forum – octubre 1995
Guión: Terry Kavanagh
Dibujo: Stephen Platt, Fred Haynes
Entintado: Chris Ivy, Al Vey, Scott Koblish
Color: Dana Moreshead, Ovi Hondru
Portada: Stephen Platt
Precio: 1600 pesetas (tomo de la colección One Shot de 144 páginas)

 

El octavo número de la colección One shot de Forum es, en mi opinión, el peor de los diez que integran esta cabecera. Como recordarán, este formato fue uno de tantos con los que la extinta división “comiquera” de Planeta DeAgostini daba salida a proyectos especiales que recopilaba etapas de series regulares que por diversos motivos –que iban desde el retraso de la versión española hasta la insostenibilidad por falta de ventas- no estaban disponibles en el formato de grapa. En esta ocasión le tocó el turno a Muerte en la familia, el arco argumental que cerraba la más larga de las colecciones protagonizadas por Marc Spector, el Caballero Luna. Como veremos, la saga reflejaba el clásico intento de revivir la colección haciendo todo tipo de experimentos inesperados. Lo que en el pasado había servido a otros personajes, bien podía servir con el viejo Lunita… pero no fue así.

El personaje creado en los años setenta por Doug Moench y Don Perlin constituye uno de esos elementos que, cada cierto tiempo, consiguen cabecera propia. Ora en la forma de serie regular, ora en la de miniserie, el Caballero Luna, al igual que Nick Furia, Estela Plateada, el Doctor Extraño y un largo etcétera, se asoma al proceloso mundo de las aventuras en solitario para ver si esta vez va la vencida. Marc Spector: Moon Knight era la tercera intentona, después del mítico volumen uno (donde la parroquia lectora pudo disfrutar de la evolución gráfica de Bill Sienkiewicz) y del brevísimo volumen dos (donde Alan Zelenezt intentó dar un giro hacia el misticismo). La tercera cabecera aprovechaba la popularidad del personaje obtenida por su presencia en los Vengadores Costa Oeste (en la entrañable etapa comandada por Steve Englehart y Al Milgrom) y volvía a los orígenes urbanitas del puño de Konshu. Sin embargo, a principios de los noventa del siglo pasado, la colección agonizaba. Era tiempo de ejecutar las operaciones a vida o muerte, pero mucho me temo que el equipo quirúrgico elegido para ello garantizaba más el fracaso que el éxito.

El guionista responsable de esta etapa final es Terry Kavanagh, un caballero que, habiendo realizado principalmente labores editoriales, dio el salto a la escritura en aquellos años, convirtiéndose en un autor particularmente prolífico en aquella Marvel de fin de centuria. Sin embargo, y parafraseando al representante del cantautor Manuel Darío, la cantidad de guiones firmados por don Terry no fue en desmedro de su calidad. Todo lo contrario, fue en desmedro. Sus trabajos en personajes como Spider-Man, el Hombre de Hierro o los Vengadores se movieron entre lo olvidable y lo espantoso, aunque en honor a la verdad, hay que indicar que en muchos casos el buen señor operaba siguiendo los mandatos de la superioridad (léase Bob Harras). Cuando complementaba la labor de autores de prestigio contrastado, como Alan Davis (al que acompañó en su periplo por la Patrulla-X) demostraba que no lo hacía del todo mal, pero éste no es el caso.

El dibujo cayó en manos de uno de aquellos jóvenes talentosos que la casa de las ideas sacaba cual churros en día de feria, para compensar la sangría operada por los cantos de sirena de Image y justificando hasta cierto punto la maliciosa opinión de uno de los fundadores de esta compañía –el canadiense Todd McFarlane- según la cual Marvel no era otra cosa que su vivero particular. Stephen Platt era el nombre del dibujante y constituía un raro caso de autor que intentaba hacerse un hueco en la industria por el consabido sistema de arrimarse estilísticamente al sol que más calentaba. La singularidad de su experiencia venía dada por el hecho de que el objeto de su mimesis no era el habitual –esto es, Jim Lee o Rob Liefeld- sino el citado McFarlane. La especialidad del estilo de éste hacía bastante difícil su copia, de modo que fueron muy pocos los ejemplos de “seguidores”, al menos en estos primeros tiempos. Ya veríamos en las colecciones protagonizadas por Spawn que la oscura evolución del trazo de don Todd favorecería las estrategias de copia, pero me estoy saliendo de la línea. Volviendo a Platt, hay que indicar que su estilo podía ser acorde con las modas de esos tiempos, pero se daba de patadas con un personaje como el Caballero Luna.

La historia de la caída final de Marc Spector ha resistido pésimamente el paso del tiempo, sobre todo por el hecho de que ya era mala en sus orígenes. Kavanagh embarca al personaje y su entorno en una historia de reencarnaciones y conflictos centenarios, en las que dos bandos largamente enfrentados parecen evocar el duelo entre el cielo y el infierno. Las denominaciones otorgadas a cada uno indican que una fuente de inspiración pudo ser la guerra daemonita-kerubin de los WildCATS, lo cual ya da una idea de lo bajas que volaban las expectativas. De buenas a primeras, Marc y Frenchie resultan ser los herederos de las dinastías enfrentadas, así como los canalizadores de las presencias de sus ancestros. Si a todo esto unimos el presunto misterio de un socorrido arquitecto en la sombra que responde al nombre de Seth Phalkon, queda el regusto final de un tebeo hecho para tontos y / o con la creencia de que el lector lo es.

El desastre literario está perfectamente a la altura del horror gráfico. La elegancia del Caballero Luna es sustituida por un sucesión de mazacotes musculosos con expresión facial que denota un profundo estreñimiento y que se mueven en poses imposibles. Los pijamas se adueñan de la situación, borrando definitivamente todo rastro de cercanía, lo cual era signo y cifra de una colección de ambientación urbana pero ciertos toques místicos. En resumidas cuentas, que Platt da un cierre penoso a una colección que mereció una despedida más digna.

Vista con perspectiva, hay que indicar que esta historia demuestra la poca capacidad de sus autores para comprender lo que tenían entre manos. Es bien cierto que las herejías respecto del personaje habían empezado bastante antes (con cierta armadura de adamantio) pero lo cierto es que ni el dibujante ni el guionista comprendían el concepto de “sutileza”. El componente sobrenatural del personaje –que solo Moench parece haber podido manejar como corresponde- se convierte aquí en una declaración a las claras, solventado por medio de la copia de un material que ya tenía calidad cuestionable. La elegancia de este caballero nocturno se traduce en un acopio de anabolizante testosterona. Habría que esperar tres años para que el padre literario de la criatura la rescatara de este desaguisado. Pero ésa es otra historia y para otro día quedará.

Luni noventero
El Caballero Luna, por Stephen Platt

  Edición original: Marvel Comics – octubre 1993 – marzo 1994 Edición España: Comics Forum – octubre 1995 Guión: Terry Kavanagh Dibujo: Stephen Platt, Fred Haynes Entintado: Chris Ivy, Al Vey, Scott Koblish Color: Dana Moreshead, Ovi Hondru Portada: Stephen Platt Precio: 1600 pesetas (tomo de la colección One Shot…
Guión - 3
Dibujo - 3
Interés - 1.9

2.6

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2 Comentarios en "Caballero Luna: Muerte en la familia"

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Alejandro Ugartondo

Jaja, muy buena reseña y merecido palo a Kavanagh. Lo curioso es que el primer número de este arco argumental era uno de los más buscados por los especuladores de los 90 debido al dibujo de Platt y ya ves en lo que acabó tanto la serie como el dibujante. Alguien sabe que fue de Platt tras pasarse a Image/Extreme y currarse un par de números de Prophet?

Miki

Estoy en completo desacuerdo con la valoración del guionista, Kavanagh jamás se movió entre lo olvidable y lo espantoso, para mí es inolvidable. Nadie ha dado patadas más grandes a los personajes con más descaro, es a los guiones lo que Jackass a la Nouvelle Vague. Era tan descarado que cometía tropelías a la continuidad porque sí, dentro de lo que pasaba en el propio mes, y al 2099A.D. me remito.
Con Alan Davis creo que ya se le ataba en corto (como a Joe Kelly en X-Men antes que él, si no recuerdo mal) y estaba de dialoguista de apoyo pero nada más, que allí el que mandaba era Davis, que tiene muy mala gaita y buenas ventas.
Pobre Caballero Luna, que te maten es malo pero que lo haga Kavanagh…, uno debe sentirse muy muy mal.

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