Breach, virtuosismo artístico con brecha comercial

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DC/MartínEn 1983 Tim Zanetti es un alto mando del ejercito americano, casado y con un hijo de 5 años. Participando en un experimento militar sobre portales dimensionales, es absorbido a través de una brecha interdimensional, resultando transformado en un ser de energía pura incapaz de contacto humano que permanecerá en coma durante 22 años.

Despertará obligado a permanecer en un traje de contención, deseado tanto por el ejercito de los Estados Unidos – al que siente que se debe – como por los entes “del otro lado”. Zanetti se ha convertido en un ser de esencia bastarda con un poder que supera al del mismísmo Superman. Pero todo gran poder conlleva… ¿grandes sacrificios? Muchos son los que deberá asumir. Entre ellos, la pérdida progresiva de sus recuerdos y de su identidad a medida que va haciendo uso de sus poderes en beneficio de otra gente. Gente pequeña, gente humilde. Gente sin importancia para los poderes fácticos que suelen considerar su pérdida como simples “daños colaterales”.

DC/Martín

Llegados al número 11 de Breach, DC ha decidido dar por concluida la serie. Me da la impresión a mí que, debido a las bajas ventas, un número antes de lo previsto.

DC/MartínLa primera entrega, publicada en enero del 2005, se abría con un flash-forward que nos transportaba al lago Baikal el día 7 de diciembre de ese mismo año. Doce meses en adelante, pues, respecto de la fecha de portada. Justo hasta un día que sólo hace un mes que hemos dejado atrás. En cuatro breves páginas, en un alarde narrativo, tanto visual como a nivel de diálogos, Harras y Martín conseguían presentarnos a los personajes principales, mostrar qué relaciones había establecidas entre ellos, lograr que el conjunto nos intrigase y presentar de manera colateral una gran amenaza vinculada directamente al personaje protagonista pero que, por la fecha, hacía pensar sin remedio en Infinite Crisis.

Desde ahí la historia daba un salto hacia atrás con un flashback que, desde 1983, cuando todo se inició, iba progresando hasta el presente al final de ese primer número. Hasta ese Enero del 2005, mes en el que la colección aparecía en los puestos de venta por primera vez.

De entonces a ahora se han ido sucediendo las entregas de la obra y han ido transcurriendo los meses también en la trama, al mismo ritmo que en nuestro calendario. El número 11, pues, concluye en Diciembre. Pero no conseguimos llegar hasta ese aparentemente significativo día 7, sino que la historia se detiene a fecha de 3 de Diciembre. Cuatro días antes de lo que aparentaba ser el advenimiento de una batalla total.

La historia queda, por lo tanto, coja. Coja, simple y llanamente, porque concluye sin mención alguna a lo que en ese flash-forward se nos prometía. Por eso no podemos hablar de una obra redonda. Por eso digo que le falta un número. Esclavitudes de los productos de compra-venta.

Tendremos que esperar a Infinite Crisis para saber en qué queda todo. Ya nos lo avisa el texto de despedida que nos brinda el editor:

Y así termina la serie, a pesar de que no todas las preguntas han quedado respondidas. ¿Saldrá a la luz toda la verdad algún día? ¡Eso depende de vosotros, los lectores! Gracias por darnos una oportunidad y aseguraos de regalaros una última dosis de Breach dentro de las páginas de Infinite Crisis.

Se supone, entonces, que serán Geoff Johns y Phil Jiménez quienes nos cuenten el final de esta odisea argumental, con bastante menos arte, a buen seguro, del que han hecho gala durante toda la colección Bob Harras y Marcos Martín… con alguna ayudita de Javier Pulido.

Bob Harras, poco prodigado como guionista a pesar de que sus obras se recuerdan con cariño, nos brinda una historia repleta de detalles, contención y dramatismo. Personajes retratados con pericia se ven arrastrados por una trama que bebe sobremanera de las tragedias griegas, prefijado el destino fatídico de los personajes a través de ese flashforward de arranque. Un humanismo shakespeareano asoma en muchos gestos de los protagonistas y lo doloroso de su peripecia mantiene en vilo al lector. Es ésta una historia de heroísmo, sacrificio, renuncias y ternura. Humana, honda, real. Quizás por eso no ha movido pasiones a su alrededor. Pero muy por encima en cuanto a calidad, lo digo bien alto, que Nick Furia vs. Shield o sus recientes números en la JLA. Lo cual no quiere decir que esos otros guiones sean malos, sino que éste es soberbio.

Marcos Martín, por su parte, ofrece su mejor trabajo hasta la fecha. Recogiendo sus aciertos en Batgirl Year One para llevarlos mucho más lejos. Ofreciendo un mucho de la magia que aquellos diseños suyos para Houdini, cuando la Línea Laberinto, demostraban. Dejando bien claro entonces ya que nos hallábamos ante un artista tremendamente prometedor. En Breach, Martín se sale. Personajes perfectamente diseñados y reconocibles. Cada uno en su estilo, cada uno con su personalidad, cada uno diferente. Seres de otras dimensiones que de veras parecen serlo. Amenazadores y estilizados, inhumanos, que provocan verdadero desasosiego. Y una narrativa visual apabullante, magistral, de las mejores que he visto en el mainstream últimamente. Por desgracia su opción estilística, sin sombras y algo cartoon, ha echado para atrás a más de un lector incapaz de acoger un mundo de líneas claras.

DC/Martín

O sea que Breach acaba. En falso. Pero con estilo. Con un final que, aunque abierto, ejerce de final a la perfección. Funciona. Es coherente con el tono de la serie. Está cargado de poesía. Unas palabras luminosas escritas por el personaje protagonista que, probablemente, podrían suscribir también Bob Harras y Marcos Martín en relación a los logros artísticos y al destino comercial de la colección. Unas palabras que ojalá todos pudiéramos hacer nuestras cuando nos llegue el final

Aviso de Spoiler

No me arrepiento de nada.

PD 1: En el número 3 de Infinite Crisis podemos ver al Mayor Zanetti ya preso del malvado de turno, sin que en ningún lado se nos haya explicado como ha llegado hasta esa situación y también sin que se haya hecho mención a los sucesos del lago Baikal. Claramente a la colección le falta un número.

PD 2: Ponemos a vuestra disposición enlace a una entrevista que le hicieron a Marcos Martín en The Pulse cuando la colección estaba a punto de empezar. Y en Milehighcomics también podréis encontrar muestras de sus páginas para la serie.

PD 3: Algunas menciones algo detenidas a Breach en Zona Negativa. Una y dos.

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“Me llamo Toni Boix y soy un DC-Adicto”. A pesar de que mi niñez esté inundada de Sal Buscema y mi adolescencia de Spirit, Metropol, Cimoc y Zona 84. Porque Zinco me devuelve al redil. Zinco y Wolfman y Perez y Moore y Totleben y Gibbons y Miller y Bolland y García López. Después, el ansía. La escasez. La falta absoluta de alegrías. Mueren las revistas de cómics y Zinco vegeta. Mi ilusión se marcha a hacer las Américas. Suerte del Previews… y de los cómics que se malvenden. Le pido a Raúl López que me deje escribir una reseña en Zona Negativa promocionando Fallen Angel… y el resto es esta historia.

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