Bestiarius 2

Continuamos con el repaso a Bestiarius, el shônen de fantasía ambientado en un Imperio Romano alternativo de Masasumi Kakizaki.

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Bestiarius_2_Kakizaki

Edición original: Tojushi Bestiarius VOL.2, Shogakukan 2013.
Edición nacional/ España: Milky Way Ediciones 2015..
Guión: Masasumi Kakizaki.
Dibujo: Masasumi Kakizaki.
Traducción: Marc Bernabé.
Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 176 páginas.
Precio: 8€.

 

Proseguimos con las reseñas de la serie Bestiarius, de Masasumi Kakizaki, una obra que mezcla historia y fantasía y que destaca por su impresionante apartado artístico. En su primer tomo, Bestiarius sentaba las bases de lo que sería su “trama”, que básicamente se reduce a una interconexión temática y ambiental, pero que realmente no seguía una línea coherente de “planteamiento-nudo-desenlace”. Más allá de eso, la obra nos vendía una historia de valores disfrazada de épica y fantasía, en un Imperio Romano repleto de monstruos de leyenda y gladiadores que acababan con ellos, pero que servía para mandar un mensaje de lo importante de la familia, la amistad o la integración.

Sin embargo, pese a lo descrito anteriormente, Bestiarius 1 quedaba muy lejos de ser un relato profundo de esos temas que conforman su esqueleto. Es cierto que los valores y pecados del ser humano en su aspecto social están presentes en la obra, pero demasiado superficialmente, intentando dar una falsa sensación de continuidad y de creación y desarrollo de personajes que realmente quedaba en nada. Los personajes eran planos, demasiados blancos o negros, sin matices de ningún tipo, y eso convertía la trama en previsible y apresurada. Sin embargo, seguía siendo un manga capaz de entretener, gracias a la habilidad artística de Kakizaki y su buen criterio a la hora de diseñar las páginas y plasmar la acción.

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Estas carencias tenían explicación en el carácter improvisado en materia de creación del primer tomo, un volumen del que no se esperaba tener continuidad y que fue concebido y producido de manera rápida y sin pretensiones. No obstante, y como explica el propio autor, las buenas ventas y acogida entre el público del manga provocaron la necesidad de darle una continuidad a la misma, hecho que evidentemente pedía a gritos un planteamiento más sosegado y preciso a partir de ese momento. Bestiarius 2 es una buena muestra de ello, ya que mantiene todo lo bueno que tenía su precursor e intenta corregir, o al menos pulir o enmascarar, ciertos defectos de los presentes en el tomo original. Y decimos que los enmascara porque si bien es cierto que Kakizaki es capaz de dotar a la obra de un tono, ritmo y línea temática más consistente y lógica, sus evidentes carencias como guionista provocan que sigamos apreciando errores de bulto.

La primera prueba que vemos de esa intención del mangaka de sentar las bases de una serie más coherente consigo misma la encontramos en el planteamiento de la trama. Estamos ante una serie de capítulos que forman el Libro de la Amistad-Parte I, y la historia que nos cuenta en lineal, con cambios espacio-temporales, pero manteniendo una continuidad temática y de personajes, tanto dentro de este nuevo escenario como con la serie general, usando elementos ya presentes en el tomo anterior de una manera mucho más lógica a lo que se intentó en aquel. Estos capítulos nos comienzan a plantear la introducción y parte del nudo de la epopeya de Arthur, Elaine, Galahad y Pan, unos pequeños que viven en una aldea de Britania en el período de conquista de esta por parte del Imperio Romano. La aldea de los muchachos es muy característica debido a que Galahad y Pan son dos subhumanos, que junto a muchos otros conviven sin problemas con los humanos en un clima de armonía. Sin embargo esa utopía de integración racial se ve rota por completo cuando Roma entra en escena, con una legión comandada por Lépido, el gobernador de Britania, masacrando a todos los adultos y haciendo esclavos a los niños.

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Arthur, Galahad y Pan consiguen eludir la captura gracias al sacrificio de Elaine, que es hecha prisionera y llevada a Roma para su venta. Los niños se encontraran con Finn y el guiverno Durandal, los protagonistas de una de las historias del primer tomo, y desde ese momento comenzaran a entrenarse sin descanso con el objetivo de viajar a la capital del Imperio a clamar venganza y liberar a su amiga. El tomo se basa principalmente en ese comienzo de la aventura y en la llegada de los muchachos a Roma, donde se encuentran con alguna desagradable sorpresa y aparece otro personaje conocido por los lectores, el malvado emperador Domiciano.

Como vemos, el mero planteamiento de la trama ya es mucho más eficiente y coherente que en el tomo anterior, con unos personajes bien definidos, un objetivo claro, un inicio de desarrollo de los mismos y de su entorno y acontecimientos y el recurso a personajes recurrentes pero con las dosis justas para simplemente dar una personalidad a la obra sin robar protagonismo a lo que se empieza a gestar en este segundo tomo y que además sirven como un as en la manga del autor para el futuro. La temática implícita también se mantiene fiel a la original. Sigue cayendo en el error de recurrir a la muy marcada moralidad de los personajes, de no aportarles matices en ese sentido, aunque hay un breve intento de ello con Elaine, pero que queda de cara a la galería en lo emocional, pese a funcionar en el plano de la acción. La obra continua ensalzando el sistema de valores que se implantó en el primer tomo, dando una importancia tremenda a la valentía, la amistad, la familia, el esfuerzo y el sacrificio, e introduce otros elementos necesarios en el campo de la multiculturalidad. En una obra en la que Kakizaki dota de una humanidad obvia a muchas de las bestias que aparecen, era necesario incluir dilemas raciales, étnicos y culturales, y aquí lo hace, pero de nuevo cayendo en la superficialidad.

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Esta superficialidad que mencionamos viene provocada por esa tendencia de Kakizaki a no incorporar detalles y matices a sus personajes. Las propias bestias tienen o no humanidad y valores en función de si son buenas o malas, y sería mucho más interesante encontrarnos con subhumanos malvados que sin embargo posean una gran capacidad de raciocinio y carisma y subhumanos bondadosos que, pese a carecer por completo de características humanizadas, logren empatizar con los protagonistas y hacer que nos planteemos ese tema que Kakizaki deja caer pero por el que pasa de puntillas: las apariencias engañan y no hay que juzgar a nadie solo por su origen o su apariencia.

Sin embargo, todos estos detalles pueden pasarse por alto gracias a que el manga no tiene grandes pretensiones, y la capacidad de entretener y la espectacularidad la mantiene sin problemas. Sin embargo, el gran pecado de Kakizaki en el guión es, una vez más, la temporalidad de la trama. En el primer tomo ya comentamos la existencia de ciertos problemas a la hora de manejar el paso del tiempo, los flashbacks, la existencia de los personajes y los hechos en una cronología, etc. El carácter autoconclusivo permitía tener esas inconsistencias, pese al lastre que suponían. Sin embargo, con esta nueva concepción de la historia como mucho más continua, subsanar esos errores era primordial. Kakizaki lo consigue en los primeros compases, hasta la introducción de los personajes de Finn y Durandal. A partir de ese momento se produce un salto temporal de un año que el autor no atina a gestionar de ninguna manera. Eso se aprecia fácilmente en el propio diseño de los personajes, que pasan de ser niños de 9 o 10 años, a unos jóvenes perfectamente crecidos y musculados, prácticamente adultos, mientras que en otros personajes el tiempo no afecta para nada. El caso más sangrante es el de Elaine, que tiene una transformación física excesiva y un desarrollo mental y moral algo cogido por los pelos.

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Todo es muy apresurado, y si se tenía en mente que la historia continuase al menos un tomo más, se podría haber gestionado mejor, porque es algo que desconcierta y saca de situación al lector, rompiendo por completo la suspensión de incredulidad. Esto deja la sensación de que quizá el autor debería centrar la estructura en una serie de capítulos cortos, sin conexión entre sí más allá de la ambientación y mostrar alguna bestia nueva. Aun así, no deja de ser un fallo menor, y es justo decir que Kakizaki aprende bastante de sus errores y debemos darle el beneficio de la duda ya que la serie tiene una continuidad que habrá que ver en qué termina.

Otro de los aspectos que se aprecia en Bestiarius, y en la generalidad de la obra de Kakizaki (Hideout, Green Blood), es la presencia de contrastes. Quizá ahí radique el éxito de sus trabajos, que son capaces de conectar con lectores de corte oriental u occidental. El mangaka mezcla tanto en guión como en arte varios estilos, unos más nipones, otros más europeos o americanos, y dota al conjunto de un exotismo y una personalidad arrolladoras. En el caso del guión, hay muchísimos guiños al mundo occidental, que van desde la propia ambientación y algunos hechos que beben directamente del cine norteamericano de mediados del siglo XX y de la literatura y las leyendas británicas. Así no es difícil observar guiños y referencias a películas como Ben-Hur o Espartaco, a obras como Ivanhoe, leyendas como Robin Hood o incluso referencias directas al ciclo artúrico (Arthur, Galahad y Elaine toman sus nombres de las historias del Rey Arturo y sus caballeros, por ejemplo). En la otra mano tenemos características más orientales, como el apego cultural o el desarrollo de la acción, con desarrollos de “poder” de los personajes al más puro estilo shônen o reminiscencias a la caza de monstruos que podríamos meter en un Monster Hunter.

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En el diseño artístico ocurre algo similar. Los diseños de personajes son marcadamente japoneses, especialmente en los rostros y expresiones, pero la línea angulosa y marcada, la composición de las viñetas y las escenas o los fondos tienen un corte más occidental, y que otorgan también un aire clásico a la obra. Contrastes que también vemos en las técnicas de claroscuro utilizadas por Kakizaki y que son una de sus señas de identidad. Es necesario remarcar el soberbio acabado que tiene la obra, con unas espectaculares splash-pages, una composición que ayuda a resolver la acción y la trama sin confundir al lector, una línea cruda y con fuerza, que se integra de manera perfecta con la dureza y violencia mostradas, un entramado y entintado orgánico muy personal y característico… Una auténtica obra de arte que pone la calidad del autor al servicio de la obra, consiguiendo alcanzar unas altísimas cotas de espectacularidad y preciosismo gráfico.

Este segundo tomo de Bestiarius mejora en muchos aspectos al anterior. Una mejor historia, con personajes bien construidos, una buena integración en el contexto de la obra, y todo ello sin perder espectacularidad, grandes escenas de acción y excelencia artística. Sigue adoleciendo de ciertos problemas de manejo de los tiempos y el ritmo, así como pecar de ser muy plano en muchos aspectos y recurrir a momentos cliché, pero aun así logra mantener la atención, entretiene al lector y deja con ganas de conocer más acerca del destino de Arthur y Elaine al final, gracias a un buen cliffhanger.

  Edición original: Tojushi Bestiarius VOL.2, Shogakukan 2013. Edición nacional/ España: Milky Way Ediciones 2015.. Guión: Masasumi Kakizaki. Dibujo: Masasumi Kakizaki. Traducción: Marc Bernabé. Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 176 páginas. Precio: 8€.   Proseguimos con las reseñas de la serie Bestiarius, de Masasumi Kakizaki, una obra que mezcla…

Valoración Final

Guión - 6.5
Dibujo - 9
Interés - 7

7.5

El segundo tomo de Bestiarius supone un paso adelante por parte de su autor, que se reivindica y consigue solventar gran parte de los errores que cometía en el primer volumen. Manteniendo su genial acabado gráfico, la historia se vuelve más coherente y continua, con unos buenos personajes y una personalidad como obra bastante más definida, pese a arrastrar ciertos problemas en el desarrollo temporal y el ritmo.

Vosotros puntuáis: 7.4 ( 1 votos)
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(Madrid, 1990). Juntaletras aficionado al manga, cómic, cine, videojuegos... y casi cualquier forma de cultura. Crecí devorando tomos de Super Humor y Dragon Ball y capítulos animados de Tintín. Desde entonces he procurado empaparme un poco de todos los autores y estilos posibles. Alan Moore, Naoki Urasawa, Shuzo Oshimi y Neil Gaiman son mis autores de cabecera. Y Taiyo Matsumoto. Y Suehiro Maruo. Y Ken Akamatsu. Y Boichi... Y... Graduado en Periodismo y redactor en Zona Manga.

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