Atom: The Beginning 3

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Edición original: Atom: The Beginning VOL.3 (アトム ザ・ビギニング), Shogakukan 2016.
Edición nacional/ España: Milky Way Ediciones 2017.
Guión: Masami Yūki y Macoto Tezka (supervisión)..
Dibujo: Tetsuro Kasahara.
Traducción: Marc Bernabé.
Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 196 páginas.
Precio: 8,50€.

 

Cuando algo te gusta se hace muy duro tener que esperar para volver a disfrutar de ello. Y cuando es algo que pasa una vez cada dos meses a las ansias de la espera se le junta el que el disfrute se hace demasiado corto. Intenso, pero corto, para volver a empezar de nuevo el ciclo de aguardar. Algo así está ocurriendo con Atom: The Beginning, la magnífica obra de Masasami Yûki y Tetsuro Kasahara que está siendo sin duda una de las revoluciones del año en el mundo manga español, ya que tomo a tomo va construyendo una historia cada vez más grande, mejor hilada y a la que se le nota un mimo y un cariño muy especial. A-106 se está ganando un hueco en el recuerdo de todos los lectores, y con todo merecimiento.

La historia de Atom: The Beginning sigue avanzando a buen ritmo en este tercer volumen, en el que vemos como, poco a poco, lo que parecía una línea argumental recta va tomando ramificaciones y matices que eleva aun más la categoría de este manga. El tomo 3 arranca con los protagonistas aislados en la isla de la enigmática Doctora Roro, en la que acaban de descubrir que algo relacionado con ella y su compañía tiene mucho que ver con el gran desastre que devastó parte del planeta cinco años atrás. Ayudados por el Conde Aaron Bremner, el científico escocés especializado en robótica, buscan arrojar algo de luz sobre ese turbio asunto, algo que Roro ya había previsto, como queda demostrado cuando las instalaciones de la isla entran en proceso de autodestrucción al detectar intrusos en su sistema informático. Tras un momento de extremo peligro, y con la inestimable ayuda de Six, Ochanomizu, Tenma y Bremner consiguen escapar, pero el androide queda atrapado en los escombros. Gracias a la aparición milagrosa de North, el robot del escocés, Six consigue salir a la superficie, pero no sin antes verse gravemente dañado por las explosiones y el agua del mar y tener un extraño sueño en el que es consciente de sí mismo con apariencia humana y abraza la mano de su creador, llamándole “papá”. Una situación y unas palabras que, extrañamente, parecen ser un recuerdo que guarda Six, y que de nuevo establecen un paralelismo entre los recuerdos y la memoria de los humanos y los bugs o fallos en los impulsos eléctricos de las máquinas.

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Avanzamos en el tiempo de la mano de una elipsis temporal que nos lleva al Laboratorio nº 7 de la Universidad Nacional de Nerima, donde Ochanomizu y Tenma trabajan para reparar los daños sufridos por Six y analizan la cabeza de uno de los malvados robots Mars que guardaban la isla de la Doctora Roro. La mala suerte no deja de perseguir a los jóvenes investigadores, ya que antes de conseguir ponerse al día con sus tareas reciben la visita de una inspección de los profesores de la facultad para evaluar nuevamente si los proyectos avanzan de acuerdo con el presupuesto que se les concede. Evidentemente, con todo manga por hombro y Six a medio montar, la revisión resulta un desastre, agravado por la discusión que mantienen Tenma y Ochanomizu acerca del verdadero propósito que tiene desarrollas una inteligencia artificial con el Sistema Bewusstsein. Mientras que para Ochanomizu la meta final del proyecto es conseguir inteligencias artificiales que puedan ser amigas de los humanos y convivir con ellos sacando lo mejor los unos de los otros en armonía, Tenma da por primera vez su visión de los robots como dioses, algo que sea más que los humanos para poder enmendar todo lo malo que estos hacen o realizar aquello que ellos no puedan hacer. Los profesores ven ambas vertientes una chorrada, porque consideran que los robots no son más que herramientas para el ser humano, y dirimen que lo mejor será cortar de una vez por todas el presupuesto del Laboratorio nº 7 para utilizarlo en áreas más importantes. Pero una vez más los protagonistas son salvados por la campana, gracias esta vez a la intervención del profesor Saruta, que les recuerda que se tiene que realizar una nueva presentación antes de votar que laboratorios son cortados… y que discretamente tapa con una manta la cabeza del Mars y conmina a Tenma y Ochanomizu a su despacho.

Sorprendidos y con una actitud cautelosa por el extraño comportamiento del profesor Saruta al ver el Mars, ambos científicos se dirigen a la reunión pero se ven asaltados por unos misteriosos hombres de negro que intentan secuestrarlos, teniendo que ser rescatados por Tsukie Saruta, la hija del profesor, que comienza a huir de ellos en una furgoneta conducida por ella, pero cuyo instrumental está operado por Robbie, una pequeña IA básica que responde a los comandos de voz. Una vez despistados sus perseguidores, los tres comienzan a tener un extenso e interesante debate acerca de qué es la consciencia y cómo se relaciona con el corazón y el libre albedrío, explicando como Robbie no es más que una imitación del comportamiento del ser humano, tan perfecto simulando conversaciones y sentimientos que permite descifrar que no es humano, mientras que Six si es un ente con personalidad propia que actúa según su propia voluntad. Voluntad que se manifiesta totalmente cuando de nuevo son atacados por un grupo de BALT, robots de combate motorizados, ante los que Six, ni corto ni perezoso, decide atacar frontalmente, robarles una de sus motos, y manejarla con pericia para acabar con la amenaza, ante el estupor de sus creadores, ya que ellos en ningún momento programaron en sus circuitos nada ni remotamente parecido a la conducción de vehículos.

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Tenma comienza a sospechar que Six ha adquirido esas capacidades por su cuenta, hecho que el robot confirma diciendo que lo logró al conectarse a la cabeza del Mars del laboratorio sin recibir orden para ello. Pese a que esto supone un paso de gigante en el proyecto de inteligencia artificial del Bewusstsein, ya que nada hay más humano que la curiosidad y la búsqueda de evolucionar y adquirir nuevos conocimientos, esto plantea también un problema: Six es incapaz de medir el riesgo que pone al utilizar sistemas o programas ajenos a los que le fabrican ex profeso Tenma y Ochanomizu, por lo que está poniendo en riesgo su “vida”, además del reparo que siente el segundo a que pueda adquirir conocimientos que no sean adeacuados para él. Comienza de nuevo un debate entre ellos acerca de si es ético o no que un robot evolucione por si mismo conectándose a otros robots, ya que sería como si una persona usase el cerebro de otra para apropiarse de sus habilidades, recuerdos y conocimientos. Tenma defiende que eso es la base de la ciencia, romper barreras y límites que el humano no puede traspasar, mientras que Ochanomizu se enroca en su opinión de que todo lo que suponga poner algo por encima de otra cosa (robots sobre humanos) resulta desagradable. La discusión no dura mucho, ya que se ve interrumpida un par de veces. La primera por Ran y Moriya, que han seguido el GPS de Six preocupados por su integridad… y la segunda por Iván, un enorme robot militar ruso que se planta delante de la puerta de la casa…

Un tomo más y un nuevo salto de calidad de Atom, en el que quizá sea hasta el momento el volumen con mayor profundidad y que más muestra las cartas que el guión de Yûki nos pone sobre la mesa. Combinar en un mismo manga peleas de robots y dudas acerca del libre albedrío y las implicaciones morales de evolucionar a cualquier precio no es nada fácil. Me parece impresionante el enorme trabajo que realiza a nivel argumental y estructural para conseguir la fluidez que consigue a la hora de intercalar momentos de acción y tensión, con momentos de alivio cómico y entre medias colarnos debates filosóficos y de trascendencia vital y humana sin que el ritmo se resienta lo más mínimo. Cada tono del manga está muy bien medido y Yûki sabe en qué momento debe dar rienda suelta a la profundidad argumental, cuando es necesario un poco de relax para el lector, cuando debe entretenerlo con una persecución frenética o cuando dejarle la miel en los labios con cliffhangers entre capítulos o en el mismo final del tomo. Más allá de que la acción sea sublime, los personajes soberbios y la trama interesante y entretenida, la verdadera chicha y lo que se nota que Yûki quiere contar está en torno a la temática de la inteligencia artificial y su desarrollo. Como bien dice el autor en las páginas finales, para realizar esta obra ha realizado una enorme labor de documentación acerca de la historia de la inteligencia artificial (concepto que cumplía 60 años desde que se acuñó por primera vez al mismo tiempo que se gestaba este Atom: The Beginning) y en este tomo hace alarde de ello y nos tira a la cara el verdadero argumento de Atom, la evolución de la inteligencia artificial junto a la vida humana y si eso nos llevará a una utopía o a una distopía.

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No hay mayor homenaje a Tezuka y al tiempo en el que creó Astroboy que esta trama. Astroboy se comenzó a dibujar en 1952 y fue una obra que se adelantó por unos años a su tiempo. En 1956 es cuando John McCarthy usa por primera vez el término “inteligencia artificial” para referirse a aquello que Tezuka ya reflejaba en su manga, la resolución de problemas mediante el raciocinio de un ordenador, que si bien en la vida real se veía frenado por las limitaciones técnicas, en las páginas del manga solo veía el límite de la imaginación. Astroboy, Atom, se desarrollo en unos años que fueron el gran boom de la inteligencia artificial y la tecnología en Japón, algo que se puede ver en muchas obras de la época que inventaban mil y una maneras en las que los robots podían convivir de una manera u otra con la sociedad humana. Sin embargo estas historias no tenían en cuenta la realidad que la ciencia desvelaba en los años 80, la imposibilidad de crear una inteligencia artificial que pudiera alimentarse de conocimientos sin que un humano estuviese constantemente introduciéndoselos, lo que hacía los sueños que leíamos en los mangas algo altamente improbable. Sin embargo, en los últimos años hemos asistido a un nuevo boom, y los medios a nuestro alcance nos permiten acceder a lo que se denomina como “deep learning”, inteligencias artificiales como la famosa Siri de Apple o Cortana en Windows, que son capaces de aprender en base al contacto con un humano sin que sea necesario que esté se vea obligado a suministrarle constantemente conocimientos. Vemos como estas inteligencias, muy lejanas en la época del original de Tezuka, son ahora una realidad, y aunque son como Robbie en Atom, máquinas que solo nos responden en base a lo que nos pueda parecer cercano a lo humano por mimetismo, la creación de una inteligencia más avanzada ya no es una utopía. Yûki hace un paralelismo con la historia de Tezuka por contar “lo mismo” en una época que vive el mismo auge tecnológico, pero con la diferencia de que Atom ahora es mucho más plausible que cuando sólo era una fantasía en los años 60. Y eso hace de esta obra algo muy interesante y esperanzador o inquietante, según quién lo lea.

Por otro lado, y más allá del fenomenal trabajo del guionista introduciendo en todo momento referencias reales a estudios científicos como el test de Turing o la teoría del zombie filosófico, una de las cosas que más me gusta de Atom, y de la mayoría de obras de ciencia ficción que tratan acerca del tema, es la dicotomía que establece entre humanos y robots, y la obligación moral que tenemos de no crear algo que sea tan semejante a nosotros que cometa nuestros mismos errores. Esto es algo que se ve mucho en los debates entre Ochanomizu y Tenma, que buscan varias maneras de solucionar este problema, pero excesivamente polarizadas. Tenma cree que para evitar el mal humano lo necesario es hacer algo superior a él, una especie de gran hermano que nos mantenga a ralla cuando nos pasemos, y nos ayude cuando seamos incapaces de hacer algo. Ochanomizu por su parte pretende usar el corazón del robot para conseguir que se transmitan y prevalezcan los buenos valores, que los robots ayuden a la sociedad y la sociedad ayude a los robots, en armonía. Al final ambos están errados y solo demuestran una cosa que es común a los humanos y que es lo que verdaderamente nos separa de las máquinas: la hipocresía. Ambos no hacen más que utilizar a Six a su conveniencia, para sus propios intereses, y por mucha libertad que den al pobre robot, al final se la retiran cuando les conviene y empiezan a ver con malos ojos que use ese libre albedrío en su favor. Me gusta esta manera que tienen de plantear el que sea imposible crear una inteligencia artificial perfecta ya que, al ser creada por humanos, o bien es imperfecta por imitación, o si es perfecta de verdad la desecharíamos por temor a que se nos escapase de nuestro control.

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Dejando de lado el tema metafísico relacionado con las IA, lo mejor que tiene este tercer tomo es la estructura narrativa, que como ya he dicho consigue una fluidez casi perfecta en los pasos entre diferentes momentos. Yûki y Kasahara forman un dúo perfecto a la hora de narrar, con algunos momentos para enmarcar tanto a nivel argumental como visual. Hay una escena que nos enlaza una elipsis temporal entre la isla de Roro y la vuelta al laboratorio, que va pasando en unas viñetas especialmente bien compuestas del gato de Ran, en un plano secuencia que nos va haciendo seguir su movimiento hasta Six, que está investigando el Mars, y de ahí a la entrada de Ochanomizu a la estancia que es pura magia narrativa, de las mejores composiciones de escena que he visto. No solo porque enlaza perfectamente con la parte anterior, te hace notar la elipsis, te cuenta lo que está pasando ahora mismo y te da pistas acerca de lo que va a ocurrir unas páginas más adelante. Todo ello con solo 2 o 3 bocadillos de narración en off y el resto gracias al trazo de Kasahara. Es complicado realizar un manga con el guión tan denso que en ocasiones tiene Atom: The Beginning, pero los autores se las apañan para intercalar perfectamente momentos más pausados e intelectuales con momentos de pura acción que hacen que no te resulte pesada la lectura. La escena que dura un par de capítulos de la persecución en vehículos es un claro ejemplo de cómo se tiene que repartir el peso argumental y de tono en una obra de estas características.

Narración aparte, y ya metiéndonos a hablar algo del dibujo, destacar que las escenas de acción mejoran paulatinamente, mucho más dinámicas según avanza la historia y con un maravilloso uso de los planos y los ángulos. Asimismo, el diseño de los personajes es excelso, con ese look caricaturizado más propio de una historia más infantil y que sin embargo encaja a la perfección con la ambientación madura pero relajada que tiene la obra. Un contraste realmente excelente. Mención especial en este tomo a la aparición de los hombres de negro que persiguen a los protagonistas, y que inevitablemente recuerdan a los antagonistas de otra obra mítica: Detective Conan. A nivel general, la calidad de Kasahara es altísima, con un trazo muy artesanal y todas las virtudes que ya comentaba en anteriores tomos. Como siempre la sobre cubierta y las páginas a color son excelsas, pero en este tomo están también un punto por encima, con una técnica que parece mezclar acuarela y rotulador para lograr reforzar el trazo y potenciar la iluminación. Y por último, siguen los guiños y homenajes a Tezuka y al Atom original, que demuestran ese mimo y ese cariño que los autores demuestran hacia ambos, en este caso con la presencia de los BALT, que en este caso tienen sus raíces en Cobalt, el hermano menor de Atom. Y no solo la reminiscencia está en el nombre, sino que los autores han hecho que los BALT tengan poca presencia en la obra pero que demuestren esforzarse y ser tenaces, justo como el robot del que toman nombre en la obra original.

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Atom: The Beginning está siendo sin duda la serie manga que más me está atrapando este año por la historia que plantea y por la maestría de sus autores de conjugar un dibujo y una trama en apariencia tan opuestas para que encajen a la perfección. Este tercer tomo es de momento el punto culminante de esta fórmula, con un fluido ritmo narrativo, situaciones interesantes y que animan a conocer más sobre el tema de la robótica y la inteligencia artificial y con ese trasfondo de interpretaciones morales y éticas que tanto pega con la ciencia ficción. Sin duda una obra muy a tener en cuenta con la única pega de esa espera de dos meses que se hace tan larga, señal de lo mucho que gusta.

  Edición original: Atom: The Beginning VOL.3 (アトム ザ・ビギニング), Shogakukan 2016. Edición nacional/ España: Milky Way Ediciones 2017. Guión: Masami Yūki y Macoto Tezka (supervisión).. Dibujo: Tetsuro Kasahara. Traducción: Marc Bernabé. Formato: Tomo manga rústica con sobrecubierta 196 páginas. Precio: 8,50€.   Cuando algo te gusta se hace muy duro…

Valoración Final

Guión - 9
Dibujo - 9
Interés - 9

9

Tercer tomo de Atom: The Beginning, profundo y que nos muestra con toda claridad la trama que guía el argumento por debajo de lo superficial. Muy buena narrativa y dibujo en un volumen que mezcla metafísica, robótica y acción de manera genial.

Vosotros puntuáis: 8.2 ( 1 votos)

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